El binomio adolescentes-alcohol siempre causa inquietud a los padres, pero esta preocupación se vuelve angustiosa ante noticias de episodios que terminan en tragedia. Y la verdad es que los padres tienen motivos para alarmarse: el Plan Nacional sobre Drogas alerta de que en nuestro país la edad media de inicio en el consumo de alcohol es de 13,9 años, lo que significa que hay niños que comienzan a beber desde antes. Y los resultados de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias 2014/2015 concluyen que el 76,8% de los chavales entre 14 y 18 años ha consumido alcohol en el último año, y el 68,2% en el último mes. Además, uno de cada tres escolares ha tomado alcohol en forma de atracón (binge drinking) en los últimos 30 días, una de las “modalidades” más peligrosas, pues el consumo masivo de bebidas alcohólicas en un periodo corto de tiempo resulta mucho más agresivo para el organismo que el mismo consumo realizado durante un intervalo de tiempo más prolongado.

“El consumo de alcohol en la adolescencia no es un problema de unos pocos, sino un problema social, y para prevenirlo los padres deben mantenerse muy alerta», afirma el doctor Mariano de Iceta, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Sofía (San Sebastián de los Reyes, Madrid). ¿Cómo? «Primero, dando buen ejemplo a su hijo: si el alcohol está presente en la casa, que su consumo sea siempre moderado, nunca masivo. Segundo, prohibiendo su acceso a los menores, pues además de nocivo para la salud, es ilegal. Y tercero, aprendiendo a distinguir los signos de que un menor está consumiendo alcohol, pues detectar que algo pasa desde los primeros momentos en que empieza a ocurrir es el paso inicial para evitar que el problema se agrave y poder solucionarlo con más facilidad”, responden. Estas son algunas señales que pueden alertarle de que tiene un problema en casa:

Su comportamiento es errático cuando llega por la noche: Es habitual que después de salir con los amigos, el menor que ha bebido se escabulla rápidamente a su habitación. Los expertos recomiendan a los padres que, pese a todo, intenten cruzar dos palabras con él. Si el chico o la chica ha estado bebiendo, su aliento le delatará. Lo mismo que si su boca despide un intenso olor a chicle: o es un fanático de la goma de mascar a las tres de la mañana o seguramente estará tratando de camuflar los efluvios del alcohol. Lo que desde luego no hay que hacer es ponerse en el papel de detectives y empezar un interrogatorio intempestivo. «Esto provoca que el niño vea a sus padres como enemigos, y termina siendo contraproducente», dice el psiquiatra.

Llega enrojecido y se mueve con torpeza: Aproveche el momento para buscar signos como enrojecimiento ocular o rubor facial también pueden evidenciar que su hijo le ha dado a la botella. Fíjese también en sus movimientos. El desequilibrio en la marcha y la torpeza motora revelarán que está mareado, lo mismo que una conducta desinhibida y cierta euforia. Al día siguiente puede mostrarse más apático, inapetente, enlentecido y desganado.

Tiene bruscos cambios de humor: David Ribera Jiménez, técnico en conductas adictivas del Centro Can Rosselló (Barcelona), alerta de alteraciones en el comportamiento cotidiano que pueden servirle de pista. “Los padres notarán empobrecimiento del vocabulario, disminución de la comunicación verbal y afectiva, irritabilidad, altibajos de humor, disminución o aumento del apetito, llanto frecuente, ansiedad, trastornos del sueño…”, señala.

“Los padres notarán empobrecimiento del vocabulario, disminución de la comunicación, altibajos de humor…» (David Ribera Jiménez, técnico en conductas adictivas)

Se ha vuelto taciturno y ha cambiado de amigos: «Un cambio súbito de amistades podría ser otra mala señal», según Ribera Jiménez, sobre todo si va acompañado de cierto secretismo. Poco o nada saben los padres de con quiénes se está juntando su hijo, a dónde van, qué hacen… ¿Son de su misma edad o mayores?

Se le ve desmotivado: “El abandono de sus actividades habituales de ocio, la despreocupación por los estudios y la dejadez en sus responsabilidades” también nos estarán indicando, según Ribera Jiménez, que el niño puede estar bebiendo sin que usted lo sepa.

Usted descubre vacíos en su mueble-bar (y en su cartera): ¿Echa en falta la botella de ron de su armarito de bebidas? ¿De un tiempo a esta parte tiene la sensación de que los billetes desaparecen como por arte de magia de su cartera? «También es frecuente que le pidan con insistencia un aumento de la paga», añade Ribera. Puede que la respuesta sea una sola palabra: botellón.

¿Y ahora qué hacemos?

Ante estos signos debemos dejar muy claro al adolescente que rechazamos su conducta de beber alcohol. Como señala MedlinePlus, la web de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, el consumo de alcohol en edades tan tempranas daña las células cerebrales, lo que hace que los chicos rindan menos en el colegio, adopten conductas conflictivas, se vuelvan más vulnerables al consumo de otras drogas y corran más riesgo de sufrir trastornos mentales a lo largo de su vida.

“No sirve de nada regañarle, gritarle ni enfadarse”, advierte David Ribera Jiménez. “Hay que dejar el diálogo para el día siguiente, pero eso sí, nunca obviarlo. Pasar por alto este comportamiento o intentar normalizarlo para evitar una bronca familiar es esconder la cabeza debajo del ala ante una situación que tiende a agravarse con el paso del tiempo”.

Resulta primordial encontrar un porqué, como aconseja el psiquiatra del Hospital Infanta Sofía: “Es fundamental que nos cuente en qué situación estaba cuando bebió, qué tomó y si lo ha hecho más veces. Saber si se siente presionado por su grupo es una circunstancia muy distinta a que el adolescente beba porque no se siente bien consigo mismo, por ejemplo. Conocidas sus razones podemos mostrarle otras soluciones más saludables para resolver sus conflictos e insistirle en los efectos negativos del alcohol y en su inutilidad para solventar problemas. Hecho esto, hay que acabar la conversación con el compromiso por parte del menor de que no va a volver a beber en salidas posteriores y confiar en él. Nuestra misión es acompañarle y apoyarle y, una vez habladas las cosas, dejarle decidir en ciertos ámbitos, puesto que no podemos seguir protegiéndole como cuando era un bebé ni perseguirle a escondidas cuando queda con sus iguales”.

Una respuesta madura para cada excusa

Desde el departamento de salud mental infanto-juvenil del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Sofía nos explican cómo rebatir las falsas expectativas que los jóvenes persiguen al beber alcohol:

“Me relaciono mejor”. No es verdad. En general, cuando beben no controlan lo que dicen, suelen mostrarse irritables y presentan conductas inadecuadas de las que al día siguiente se arrepienten (es posible que ni siquiera las recuerden). Además, las interacciones sociales no tienen continuidad y no son auténticas.

“Me divierto más”. ¿Cómo es posible, si acaban la noche vomitando y mareados? Contrariamente a la idea que tienen de que van a estar más eufóricos y enérgicos, terminan la “fiesta” en un desagradable estado de sopor, faltos de reflejos y con dificultades para darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor.

“Si no bebo, soy un pringao”. La mayoría de los adolescentes sucumben a la presión de su grupo, con tal de sentirse integrados en él. Hay que ponerles ejemplos de compañeros que son muy valorados en su entorno por otras cualidades que no tienen nada que ver con “beber y saber aguantar” o descontrolarse y terminar en la sala de Urgencias de un hospital, tales como ser deportista, actor, músico o voluntario en una ONG.

“Así ligo más”. ¡Imposible! El mal aliento, las dificultades de pronunciación y construcción de frases y la torpeza de movimientos no hacen a nadie más atractivo, sino al contrario. Además, las chicas están más expuestas a situaciones de abuso sexual cuando están intoxicadas.

http://elpais.com/elpais/2016/12/09/buenavida/1481285468_386982.html

Un menor con una visión negativa de sí mismo puede llegar a adoptar conductas perjudiciales. Expertos en terapia con menores dan algunas pautas para ayudarles a valorarse correctamente:

Charla con la psicóloga Cristina Gil el próximo viernes 29 (12h.)

Toma un trozo de arcilla. Moldéalo con delicadeza y construye una base sólida. Coloca luego sobre ella otro de tamaño similar y acarícialo sin tratar de disimular sus imperfecciones. Nuestra identidad se construye sobre esas dos ‘piezas’ de barro: el autoconcepto (quién creo ser) y la autoestima (cómo me siento respecto a quien soy). Todos somos, en cierta medida, alfareros que esculpimos a otros. Y los padres son los primeros que marcan ese molde a través de su forma de educar y de relacionarse con sus hijos.

La adolescencia es una etapa crucial en el proceso de definición personal. Durante ese periodo «los menores tienen que tomar todo aquello que sus cuidadores construyeron en ellos durante la infancia y autoconstruirse», explica el psicólogo Fernando Pineda. Y lo hacen en medio de un auténtico torbellino de emociones. Los chavales deben distanciarse de la seguridad que le ofrecen sus padres para reafirmar su individualidad, sentirse aceptado por un grupo de iguales con los que se compara, combatir los complejos en plena revolución hormonal y resistir el embate de los primeros amores (y desamores). Una auténtica prueba de fuego para la autoestima.

«Si un menor llega a los 14 o 15 años con una autoestima dañada debe destruir esa identidad anterior y construir otra sana»FERNANDO PINEDA, PSICÓLOGO.

Un adolescente que aprende a reconocer sus necesidades, fortalezas y debilidades, se acepta sin condiciones, se valora y se respeta percibe que tiene el control sobre su vida, afronta retos, tolera mejor la frustración, no depende de la voluntad de los demás o de las circunstancias, ni permite que le traten mal.

Sin embargo, cuando la visión que tiene de sí mismo no es positiva puede llegar a adoptar conductas perjudiciales. Se castiga porque cree que no vale la pena. Detrás de unas malas notas, de las discusiones constantes, de la rebeldía y/o agresividad, de la fanfarronería puede haber un problema de falta de valoración personal. Si un menor llega a los 14 o 15 años con una autoestima nociva tiene que destruir esa identidad anterior y «crear otra saludable» porque si no es así puede llegar a «hacerse un daño difícil de sanar», explica Pineda, que advierte a los padres, sin dramatismos, que con el paso del tiempo ese poder para recomponerles «se va de nuestras manos para llegar a las suyas».

COMBATIR EL DAÑO CON UNA APUESTA POR UNO MISMO

Alberto (nombre ficticio) tuvo que reconstruirse durante su adolescencia tras ser víctima de acoso en dos centros escolares diferentes. En el primero sufrió una agresión física y en el segundo, lejos de encontrar refugio, fue sometido a «vejaciones y humillaciones constantes«. Durante aquel curso de 2º de la ESO nunca quería ir a clase, los descansos los pasaba con chicos de cursos inferiores e incluso solo. No jugaba, no practicaba deporte y no se relacionaba porque siempre le perseguía el rechazo como una sombra.

«Uno se ve cada vez más sumido en un pozo del que no cree poder salir, no se siente capaz de llevar nada a cabo y ni mucho menos se esfuerza académicamente pues tu condena diaria es en tu centro», recuerda ya desde la mayoría de edad con el pesar de que no se dé la importancia suficiente a esas situaciones de violencia y se relativicen como «cosas de adolescentes». Él aprendió a combatir los desprecios con una apuesta por sí mismo y nuevas amistades: «Al final, uno debe valorarse, así que comencé a hacer deporte e hice mi pandilla en el baloncesto. Tener una red de seguridad social de ese calibre es más que imprescindible para cualquier adolescente, le da a uno fuerzas para continuar y empiezas a valorarte más, a ir a estudiar con más ganas, y a pasar de los demás con más ganas aún».

La psicóloga María Paz Bermúdez Sánchez, catedrática de la Universidad de Granada, aborda en su libro ‘Déficit de Autoestima. Evaluación, tratamiento y prevención en la infancia y adolescencia’ (Pirámide) las múltiples variables que determinan la creación de una imagen positiva de nosotros mismos. «Algunos de estos factores son internos y están relacionados con la manera de interpretar y afrontar los retos cotidianos. Otros son externos, como por ejemplo, los mensajes de aceptación o aprobación que personas significativas hacen sobre aquello que se dice o se hace. El déficit de autoestima es el resultado de una gran discrepancia entre la idea que la persona se ha formado de cómo debe ser para tener éxito en la vida y la imagen que tiene de sí mismo cuando autoevalúa sus conductas, pensamientos o sentimientos», resume.

Una excesiva auto-exigencia puede convertirse en una fuente de frustración para los chavales porque les hace percibir que no tienen capacidad para superar metas o afrontar cambios en los diferentes ámbitos de su vida y nunca se sienten conformes. Esa imagen negativa de sí mismos surge también a menudo de la tendencia a «realizar una atribución interna del fracaso y externa del éxito. Es decir, sentirse responsable de los fracasos y no responsable de los éxitos», explica esta psicóloga.

SÍNTOMAS DE UNA AUTOESTIMA DAÑADA

¿Cómo podemos saber si un adolescente sufre un problema de autoestima? Roberto García, experto en la atención a menores víctimas de acoso escolar, describe algunas señales en su comportamiento que pueden orientar a los padres:

  • Excesiva autocrítica e insatisfacción permanente.
  • Se sienten permanentemente atacados y experimentan mucho resentimiento.
  • Viven en un estado de indecisión crónica, no tanto por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse.
  • Deseo excesivo de complacer: no se atreven a decir «no» por temor a desagradar.
  • Tratan de hacer todo lo que se proponen a la perfección, lo que les lleva a menudo a la frustración por no conseguirlo.
  • Culpabilidad neurótica: se condena por conductas que no siempre son objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y/o los lamenta indefinidamente, sin llegar a perdonarse por completo.
  • A su alrededor se percibe hostilidad. Siempre está irritable, a punto de estallar incluso por cosas de poca importancia; todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface.
  • Ve sobre todo la parte negativa de la vida y le cuesta disfrutar.

«La baja estima ataca aquello que más valoramos. Si es la inteligencia, se pondrá en tela de juicio la capacidad intelectual, si apreciamos la belleza, no podremos mirarnos al espejo sin ver nuestras imperfecciones…» Y si no nos apreciamos a nosotros mismos, los refuerzos que recibimos de los demás «pierden fuerza». «No nos sirve que los demás nos valoren positivamente», advierte este psicólogo canario.

El desprecio de los adolescentes a su mundo interior puede generar problemas graves en su desarrollo: trastornos en el sueño (insomnio, pesadillas), en la alimentación (anorexia, bulimia, trastornos digestivos, vómitos, náuseas…), dolores de cabeza habituales, dificultad para comunicarse, incapacidad para concentrarse y/o recordar o tomar decisiones. Su capacidad de disfrutar de la vida se ve mermada porque se encuentra sumido en un estado de ánimo triste, ansioso, atrapado por la culpa o esa angustia vital constante que le puede llevar a tener incluso ideas de suicidio. Ese descontento consigo mismo se puede reflejar también en un abandono de su higiene personal, de sus obligaciones y una huida de su realidad a través de la mentira o el consumo de drogas.

Dar a los hijos responsabilidades adaptadas a su capacidad es fundamental para que confíen en sí mismos

Tanto construir una autoestima positiva como sanarla son labores que conllevan mucho esfuerzo y tiempo. «No hay fórmulas mágicas», advierte Fernando Pineda, cuyo canal de YouTube orienta a los padres cada semana en temas claves para el adecuado desarrollo de los menores, pero sí podemos ayudarles a reenfocar su mirada y darse el valor que merecen. Éstas son algunas de las pautas para ese proceso:

1. SANAR LA RELACIÓN SIN CULPA

Durante la infancia, el padre y la madre son la fuente más frecuente y fiable de valoración del comportamiento. «El niño necesita saber si actúa correctamente por lo que el refuerzo o el castigo de los progenitores, la consistencia y la seguridad que perciba de éstos va a influir de manera determinante en la imagen de competencia personal que el menor se va a formar», explica M ªPaz Bermúdez.

Y precisamente por esta influencia paterna, si nuestro hijo llega a la adolescencia con la autoestima dañada, posiblemente la culpa tienda a hacer acto de presencia. Y tal como aparece, debería alejarse. Recomponer la visión que tiene de sí mismo puede conllevar años y mucho esfuerzo, pero un primer paso fundamental es sanar la relación dejando a un lado ese sentimiento de frustración, que sólo obstaculiza los avances, y reflexionar sobre los posibles cambios de actitud. «Si te equivocaste recuerda que todo pasa por algo. Las personas que se tienen que auto-reconstruir son las más fuertes y sabias. Yo agradezco mucho a mis padres todo lo bueno pero aún más todos los errores que cometieron y lo que sufrí pues eso es lo que me permite ayudar y comprender a mucha gente», recuerda Pineda en primera persona.

2. DIÁLOGO Y NORMAS

Una familia «funcional» es esa que fomenta un desarrollo pleno y sano (también de la autoestima) de todos sus miembros y que educa aplicando el estilo democrático, lejos del autoritarismo y la permisividad. El amor, interés , dedicación, comprensión, confianza y escucha activa tienen un lugar prioritario pero no es un paraíso ajeno a los conflictos sino un lugar donde adquirir herramientas para combatir las adversidades, con normas, límites y roles claros, con respeto a la individualidad, comunicación (y negociación) constante y capacidad de adaptación.

3. OBSERVAR SIN INTERVENIR

El instinto de los padres es proteger a sus hijos y esto puede llevarles a tomar la iniciativa ante el más mínimo problema. Es comprensible pero al hacerlo el mensaje que les mandamos a ellos es que «no son lo suficientemente fuertes, inteligentes y capaces de resolver sus propios problemas», asegura Pineda subrayando en rojo que la identidad y la autoestima se construyen con «experiencias no con palabras».

Los adolescentes tienen, pues, que experimentar y hacer frente directamente a sus problemas para creer que son capaces de superarlos. Y los padres, contenerse y permitir que se equivoquen dejando claro que aunque no les vamos a resolver la vida, sí estamos a su lado para apoyarles.

4. HACERLE RESPONSABLE DE SUS LOGROS

Dar a los hijos una responsabilidad adaptada a sus capacidades es fundamental para que se sientan importantes. Si se ven como seres autónomos e independientes tendrán una imagen más positiva de sí mismos. Y para que superen la tarea con éxito, los objetivos tienen que ser realistas (posibles de alcanzar). Hay que tenerles en cuenta siempre a la hora de planificar objetivos. Ellos conocen mejor que nadie sus habilidades y limitaciones. Además, su compromiso será mayor si se siente escuchado. Cuando las expectativas son muy altas o son establecidas por adultos el adolescente puede encontrarse con obstáculos que le abocan al fracaso.

«Facilita a tu hijo experiencias y actividades posibles en las que tenga que implicarse y esforzarse», recomienda la psicóloga María Paz Bermúdez en su libro. De esta manera se le está transmitiendo que es parte esencial y activa de lo que consigue en su vida, de sus logros y éxitos y que lo que le ocurre no es producto de la suerte u otras circunstancias externas. Esto reforzará la confianza en sí mismo.

También hay que dotarles de herramientas para resolver las adversidades y superar retos cotidianos y enseñarles a premiarse a sí mismo cuando consigue objetivos, con ello se consigue que su valor no dependa de agentes externos sino internos.

5. EVALUARLE DE FORMA OBJETIVA

Los padres deben esforzarse en percibir, aceptar y describir al menor como es, no como nos gustaría que fuese. ‘Inflar el ego’ de los hijos no es la mejor forma de brindarles una autoestima sana. Debemos ayudarles a que vean tanto sus fortalezas como los aspectos que pueden mejorar, siempre haciendo énfasis en las capacidades que tienen y en los caminos que pueden tomar para sortear las dificultades. Que sean conscientes de sus virtudes pero también de sus defectos. Pineda nos pone este ejemplo claro: Imagina que te sientes enfermo y vas a la consulta del médico. ¿Qué esperas de él? ¿Que te diga que tienes una salud de hierro o que sea sincero en el diagnóstico? Esa misma honestidad desea encontrar el menor cuando habla contigo.

6. NO COMPARARLE CON NADIE

Aunque el objetivo de los padres al comparar a su hijo con otros jóvenes de su edad sea motivarlo, demostrarle que es posible, el efecto que se consigue es el contrario y afecta negativamente a la autoestima. La clave está en reforzar los intentos, el esfuerzo, y no exclusivamente los éxitos y logros.

7. ELOGIAR Y CORREGIR DE FORMA ADECUADA

Hacer referencia a la conducta concreta en ambas circunstancias. No etiquetar al menor porque de esta manera se puede prolongar la conducta al sentirse incapaz de modificarla porque cree que forma parte de su personalidad. Lo que se busca es corregir un comportamiento negativo, no al menor en su conjunto.

8. APRENDER A EQUIVOCARSE

El error es el requisito indispensable para el aprendizaje y no sirve de nada tratar de esquivarlo con el anhelo (siempre frustrado) de encontrar la perfección o de evitar retos para no fracasar. «Sentirse bien con uno mismo no es algo que hacemos después de corregir todos los errores sino algo que hacemos a pesar de los errores«, recuerda Roberto García.

9. NO DEPENDER DE LOS DEMÁS

Cuando una persona tiene la autoestima dañada busca la aprobación por necesidad, no es sólo un deseo. Y en esas circunstancias se expone a estar bajo un estado de frustración constante. En la adolescencia, la aceptación en el grupo, el ser elegido como amigo, es una de la principales fuentes de bienestar. Y el rechazo, de dolor. De ahí la importancia de quererse sin condiciones para asestar mejor esos posibles golpes y mantenerse en pie.

«Como el sentimiento de lo que vales como persona, se encuentra localizado en los demás, si ellos rehúsan alimentarte con su aprobación te quedas sin nada. No vales», explica García, que da las siguientes pautas para evitar esa nociva dependencia de los demás (recomendable que los adultos también tomen nota):

  • Incentivar en nuestros hijos pensamientos positivos sobre su valía
  • Enseñarles a recurrir a la estrategia del ‘tú’ para responder en caso de conflicto. Por ejemplo, «tu amigo no está de acuerdo contigo y se está enfadando. En lugar de cambiar de postura o defenderte, simplemente contesta : «‘Tú’ te estás enfadando y piensas que yo no debería pensar como pienso».
  • Cuando vaya a comprar ropa o cualquier otro artículo, que confíe en sí mismo y no consulte a nadie su opinión.
  • A la hora de expresarse, que evite buscar respaldo constante en los demás con frases como: «¿No es así?, ¿tengo razón o no?…»
  • Si el adolescente piensa que alguien le está tratando de manipular , que lo haga saber. En vez de ‘ablandarse’ para obtener aprobación, puede decir en voz alta: «Normalmente yo modificaría mi posición para lograr que me aceptes y me quieras, pero realmente creo en lo que acabo de decir».
  • Si nos están diciendo algo que no nos gusta pero puede ser positivo para nuestro crecimiento personal, lo agradecemos. Esto pone fin a cualquier tipo de búsqueda de aprobación.
  • Otra estrategia es buscar expresamente que nos desaprueben y trabajar para que no nos moleste. También, emplear técnicas para ignorar los actos de desaprobación y no prestar atención a los que tratan manipularnos. «Estás hablando en público y alguien no le gusta lo que estás diciendo. Se levanta y trata de forzar una discusión. Respondes, «de acuerdo y continuas.»

10. FOMENTAR LAS RELACIONES PERSONALES Y REALES.

En la adolescencia actual, la búsqueda de aprobación por parte de los demás tiene forma de ‘like’. Y cuando no llega, la autoestima se resiente. Tampoco sale bien parada en esa comparativa constante que los jóvenes hacen de su vida, de sus relaciones o de su cuerpo en plataformas como Instagram. «El problema en las redes sociales no es la exigencia de dar una imagen perfecta sino la evaluación continua a la que es sometida la vida que se expone y, la dependencia que el que la expone tiene de la opinión de los demás. Sin lugar a duda, para evitar los efectos negativos del uso de las redes virtuales lo mejor es reducir su uso, aceptar y transmitir que no es una manera natural de relacionarse y fomentar los vínculos personales y reales».

Incentivar las actividades deportivas, salidas al aire libre o las conversaciones en persona otorga a los menores una fuente de bienestar alternativa que les ayuda a desprenderse del poder actual de las nuevas tecnologías sobre su rutina diaria y que puede provocar, cuando el uso es inadecuado, en aislamiento, ansiedad y depresión.

Esa distancia emocional en Internet facilita, en una de sus vertientes más oscuras, prácticas como el acoso que atentan directamente contra la integridad moral de los menores. Con la experiencia como aval, Alberto pide a aquellos jóvenes que estén padeciendo actualmente una situación de violencia psíquica o física que «exijan que se les respete. Que no se dejen pisotear y mucho menos ser quien pisa a los demás. Y si no es capaz de dar el primer paso solo, que pida ayuda psicológica para poder sentirse cómodo consigo mismo y con los demás».

Y ELLOS, ¿QUÉ OPINAN?

¿Se paran los adolescentes a reflexionar sobre cómo son realmente? ¿Dependen en exceso de lo que piensan otros? Les damos la palabra para que nos expliquen qué circunstancias son las que dañan su autoestima en su vida diaria y cómo recuperan la confianza en sí mismos.

Cómo sanar la autoestima de los adolescentes

Fuente: El Mundo

Hay jóvenes en España entre 16 y 19 años que saben responder con una precisión asombrosa a la pregunta “¿a qué personaje público te gustaría parecerte de mayor?”. Uno dice: “Quiero ser embajador en Londres”. Y otros dos: “Cualquier policía nacional que cumpla con lo ordenado” o “A algún arqueólogo”. No todos ven las cosas tan claras más allá de sus padres: “Al 16 de marzo del 2024… [día de la encuesta] no tengo referentes válidos. Si acaso el aguante y el cariño de mis aitas”. Otros siguen creyendo que la tele es un buen destino y quieren ser como “ese colectivo de personas y programas en los cuales por contar la vida de los demás y no hacer nada cobran unos muy buenos sueldos”.

Los jóvenes tienes aspiraciones quizás parecidas a las de otras generaciones: éxito, fama y dinero, pero también dudas, vocación y desapego. El final de la adolescencia es una etapa difícil en todas las épocas. Una encuesta da Educa 20.20 y Fundación Axa, realizada por Gad3, permite bucear en las inquietudes de futuro de más de 12.000 jóvenes españoles. De todos esos, 5.800 respondieron a la pregunta a quién querían parecerse de mayores. La respuesta era abierta: podían escribir lo que quisieran.

El personaje que más coincidencias suscitó fue Amancio Ortega. La pregunta se respondía tras una encuesta sobre el futuro profesional y 236 jóvenes coincidieron en escoger al propietario de Inditex.

“Yo de mayor quiero parecerme a Amancio Ortega”

Llama sobre todo la atención el éxito de Ortega entre las chicas: es el personaje al que querrían parecerse que más repiten. Las siguientes aspiraciones femeninas son “mi madre”, Emma Watson y Steve Jobs. Los chicos colocaron a Bill Gates y Steve Jobs por delante de Ortega.

Estas primeras elecciones ya muestran algo más sustancial que el personaje elegido: las chicas eligen a hombres como referentes, pero los chicos no escogen a mujeres. Esto explica la enorme disparidad de género: entre los 100 referentes más repetidos hay el triple de hombres que mujeres. La investigadora de la Universidad Carlos III Silvia Claveria no está sorprendida: “Hay una escasez de referentes mujeres en las que puedas reflejarte y por eso es tan importante que haya presencia de mujeres en política, que los premios sean paritarios”, dice. El sesgo se repite cuando los jóvenes miran a sus padres. Muchos chicos (2,3%) y muchas chicas (2,2%) querrían parecerse a su padre. Pero los chicos apenas mencionan a sus madres: hay ocho chicas que tienen a su madre de ejemplo (2,4%) por cada chico (0,3%). La preferencia por la madre es, según los datos, el doble en los colegios concertados o privados que en los públicos.

También hay diferencias de género en la profesión de los referentes. Muchas chicas señalan a empresarios (8%), pero no tantas como chicos (15%). El segundo grupo más popular entre las chicas son los personajes del mundo del espectáculo (7%) —como cantantes y actrices— y luego sus familias (6%). Los chicos prefieren figuras del deporte (5,9%) después de los empresarios. También se fijan mucho más en personajes del mundo de la tecnología y creadores de videojuegos. Las chicas en cambio miran más al ámbito de la cultura, la moda, la arquitectura y la ciencia. Citan más profesiones, quieren ser “abogado de éxito”, investigadoras, médicos y profesoras.

“Yo de mayor quiero parecerme a Amancio Ortega”

El dominio del mundo de la empresa puede deberse a que la pregunta estaba al final de un cuestionario sobre el futuro educativo y laboral de los jóvenes: “Si las preguntas te han hecho pensar en el dinero, la comodidad, la incertidumbre, es más fácil que te venga imágenes de personajes con un éxito indiscutible que con un perfil aventurero o arriesgado”, dice Alberto Penadés, profesor de la Universidad de Salamanca. La formulación de la pregunta quizá hace que no piensen en referentes jóvenes, según Penadés: “El “de mayor” es impreciso. Debe lograrse que todos piensen en lo mismo, no unos en cuando tengan 30 años y otros, 50”, dice.

Algunas respuestas parecen provocaciones adolescentes: hay menciones a Franco, Hitler o Stalin. El actor porno Nacho Vidal o el jugador de póker Dan Bilzerian también son opciones escogidas. Hay comentarios jocosos: “Trump (me gusta su pelazo)”. Este tipo de bromitas casi siempre las hacen chicos. Hay jóvenes que se imaginan un futuro entre dúos tremendos: “Elon Musk o Antonio Gramsci”, “Enrique Jardiel Poncela y/o Juan Carlos Monedero”. Hay pocos políticos y los tres primeros son norteamericanos: Barack Obama, Donald Trump, Michelle Obama. El primer español es Mariano Rajoy, justo por encima de Mandela. Hay más chicas que quieren ser Mandela y los Obama -tanto ella como él-, mientras que el dominio para Trump y Rajoy es claramente masculino. También aparece remotamente la alta cultura: el pintor Gustav Klimt, el músico Gustavo Dudamel o el cineasta Andrei Tarkovski.

Quizá por la percepción de la edad, hay pocos referentes propios de la era de internet: el hacker Chema Alonso, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, o la instagramer Dulceida, que está poco por encima de Coco Chanel. Los jóvenes ya postmillennials tienen incluso algún referente muy querido por los veteranos de la generación X: aspiro a parecerme a “anibal smith me encanta que los planes salgan bien”, dice uno, en referencia al jefe del televisivo Equipo A.

En los últimos años, el vapeo ha ganado popularidad entre los jóvenes de todo el mundo, convirtiéndose en una nueva tendencia en la cultura juvenil. Sin embargo, detrás de la aparente inocencia y modernidad de los dispositivos de vapeo, se esconden riesgos significativos para la salud. En este artículo, exploraremos los peligros asociados con el vapeo y sus consecuencias a largo plazo, con el objetivo de concientizar a los jóvenes y a la sociedad en general sobre los riesgos que implica esta práctica.

Los productos del vapeo no son seguros:

Aunque inicialmente se promocionó como una alternativa más segura al tabaquismo tradicional, numerosos estudios científicos han revelado que los productos de vapeo no son inocuos. Los cigarrillos electrónicos contienen sustancias químicas dañinas como la nicotina, el propilenglicol, el formaldehído y otros compuestos potencialmente tóxicos. La exposición a estas sustancias puede tener efectos adversos en el sistema respiratorio y cardiovascular, especialmente en los pulmones.

Riesgos para la salud pulmonar:

Uno de los peligros más preocupantes del vapeo es el riesgo de desarrollar enfermedades pulmonares graves. Los casos de lesiones pulmonares asociadas al vapeo, conocidas como «enfermedad del vapeo» o «lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos» (EVALI, por sus siglas en inglés), han aumentado significativamente en los últimos años. Estas enfermedades pueden resultar en síntomas como dificultad para respirar, tos persistente, dolor en el pecho e incluso insuficiencia respiratoria.

Adicción a la nicotina:

La nicotina, presente en la mayoría de los líquidos utilizados en los cigarrillos electrónicos, es altamente adictiva. Muchos jóvenes que comienzan a vapear sin darse cuenta de sus consecuencias pueden volverse dependientes de la nicotina en poco tiempo. Esta adicción puede llevar a problemas de salud a largo plazo y dificultar el abandono del hábito.

Influencia en el desarrollo cerebral:

El cerebro de los adolescentes aún está en desarrollo, y la exposición a la nicotina durante esta etapa puede tener efectos perjudiciales. Estudios han demostrado que el vapeo puede afectar negativamente la memoria, la concentración y el rendimiento cognitivo en los jóvenes. Además, existe evidencia de que el uso de cigarrillos electrónicos en la adolescencia puede aumentar la probabilidad de que los jóvenes se inicien en el consumo de tabaco convencional.

Desconocimiento de los efectos a largo plazo:

Dado que el vapeo es una práctica relativamente nueva, todavía se desconocen completamente los efectos a largo plazo en la salud. Los estudios científicos están en curso para comprender mejor los riesgos asociados con el vapeo, pero los resultados hasta ahora han sido preocupantes. Es fundamental recordar que la salud es un bien preciado y que exponerse a riesgos innecesarios puede tener consecuencias irreversibles en el futuro.

Conclusión:

El vapeo se ha convertido en una moda peligrosa entre los jóvenes, y es importante crear conciencia sobre los riesgos asociados con esta práctica. Los peligros para la salud pulmonar, la adicción a la nicotina, la influencia en el desarrollo cerebral y los efectos desconocidos a largo plazo son motivos suficientes para que los jóvenes reconsideren su decisión de vapear. La educación, la información precisa y las políticas de prevención son herramientas clave para combatir esta tendencia y proteger la salud de las generaciones futuras. Es fundamental recordar que siempre es mejor optar por un estilo de vida saludable y libre de adicciones.

El lettering es el arte de dibujar letras a mano de una forma creativa y personal. No es necesario tener ‘buena letra’ para disfrutarlo ya que no se trata de escribir las letras de forma correcta ni tampoco de diseñarlas. Aprende en qué consiste y qué materiales necesitas para adentrarte en el mundo lettering.

Hay personas que encuentran en el dibujo una vía de escape al estrés del día a día. Así, dibujar elementos abstractos como los mandalas, por ejemplo, puede resultar gratificante para poner en marcha la creatividad, la imaginación y relajar la mente a través del color. Pero, ¿sabías que también existe una forma de dibujar y crear letras que puede ser muy relajante? Se llama lettering y es el arte de dibujar letras a mano de manera creativa. 

¿En qué consiste el lettering?

lettering

Lo primero que hay que saber para entender lo que es el lettering es que no se trata de caligrafía (escribir letras de forma correcta) ni tampoco de tipografía (diseñar distintos tipos de letras). 

El lettering es una forma de dibujar y de crear un abecedario propio pero haciendo uso de las letras, dibujándolas de manera creativa. Para empezar, no es necesario tener una ‘buena letra’ para hacer lettering (ya que las propias letras pueden considerarse formas a dibujar), solo hay que tener paciencia, contar con el material adecuado y echar mano de la imaginación ya que es una técnica que se aprende poco a poco. 

También es importante conocer una de sus reglas básicas a la hora de ponerse a dibujar, que está relacionada con el trazado: cuando se dibuja hacia arriba, el trazo debe ser fino, y cuando se hace hacia abajo debe ser grueso: para ello, lo único que hay que hacer es aplicar mayor presión en el momento de realizarlo. 

Tipos de lettering

Existen distintos tipos de lettering, según el material que se utilice. Así, el Brush Lettering hace uso de pinceles o rotuladores acuarelables para dibujar las letras; con el Chalk Lettering se utiliza la tiza; y en el hand lettering se emplean lápiz y rotuladores.

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Por supuesto, también ayuda a practicar los distintos tipos de alfabeto y los diferentes tipos de letras, como la tipografía encriptada o las letras con molde, entre otras. Alrededor de las letras, es habitual incluir elementos decorativos como los dibujos de flores, por ejemplo. 

¿Qué se necesita para comenzar a hacer lettering?

Para adentrarse en el mundo del lettering por primera vez es importante contar con el material adecuado. Algunos de los elementos son muy básicos y suelen encontrarse en casa, como un lápiz, una goma de borrar o una escuadra, sin embargo, resultan útiles para iniciarse en este arte. Pero, además de estos hay que tener en cuenta el papel y los rotuladores.

Papel: folios o blocs especiales para dibujar. Se puede comenzar a practicar con folios normales, pero también existen otras opciones como los blocs de dibujo que cuentan con puntos que sirven de guía.

bloc lettering

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Rotuladores: para dibujar y pintar las letras, los hay de diferentes tipos (si se lleva a cabo brush lettering, por ejemplo, o si se usa plantilla o escuadra). De ellos es importante destacar el tipo de punta (cónica o de pincel), ya que ayuda a realizar la norma básica del trazo fino y el grueso: 

  • Punta cónica
rotuladores

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  • Punta pincel
Punta pincel

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Una vez que se dispone de todos los materiales necesarios, una buena forma de comenzar es utilizando plantillas con letras, tipografías o alfabetos (hay multitud de ellas en Internet) y que sirven de guía o a través de tutoriales con los que llevar a cabo esta técnica paso a paso.

Las madres y padres tememos a la adolescencia de nuestros hijos. Más aún después de ver el primer capítulo de Euphoria. Cualquiera diría que nosotros fuimos adolescentes hace no tanto. O tal vez la temamos precisamente por eso, por ese conocimiento que nos otorga la experiencia de haber sido adolescentes; y también, cómo no, por todos los adjetivos terroríficos con los que acompañamos a esta etapa vital. “Llevo 40 años trabajando con adolescentes y siempre vemos en ellos un problema y no un adolescente”, reflexionaba en una entrevista el psicólogo, educador y periodista Jaume Funes. Sucede algo parecido con los “terribles dos años”. Con la expectativa que genera el adjetivo uno no puede más que esperarlos con el cuchillo de juguete entre los dientes, armado de paciencia para una “guerra” doméstica que, en la adolescencia, si no sabemos gestionarla, puede tener más de guerra en su significado literal, con gritos, caos y trincheras levantadas tras las puertas de las habitaciones.

“Como padres tenemos que ser para nuestros hijos adolescentes, pero también en cualquier otra etapa vital, como puertos de aguas calmas que los acogen y los ayudan a reponerse cuando llegan de sus travesías con las emociones agitadas. El problema es que muchas veces no solamente no sabemos calmarlos, sino que nuestros propios desajustes emocionales desatan o multiplican los suyos”, afirma la pedagoga Eva Bach, que acaba de publicar junto a Montse Jiménez, profesora de secundaria experta en innovación tecnológica, Madres y padres influencers (Grijalbo).

Con el concepto de influencers, las autoras quieren destacar el potencial de madres y padres como ejemplo para sus hijos, ya que en opinión de Bach nuestra capacidad de influencia “es mucho más poderosa que ninguna y de lo que creemos”. No en vano, como se encarga de destacar la experta, nosotros, las madres y padres, “somos los primeros influencers” de nuestros hijos.

El problema es que no siempre somos el mejor ejemplo. Y si creemos serlo, muchas veces nos falta capacidad para comunicarnos con nuestros hijos, no somos capaces de trasladarles el mensaje sin que suene a bronca o a charla vomitada desde un púlpito de superioridad. Por eso, las autoras invitan en el libro a aprender de los jóvenes y de sus ídolos, de esos influencers en el sentido literal de la palabra a los que siguen con devoción, ante nuestro asombro y desconcierto, en YouTube o Instagram.

En el mundo de los influencers hay de todo, pero en general hay dos aspectos fundamentales de los influencers que nos iría muy bien practicar. Por una parte, deberíamos siempre buscar contextos adecuados en los que hablar con nuestros hijos con naturalidad y sin tabúes ni miedos de los temas que les interesan y les preocupan. Otro aspecto muy interesante es el tipo de comunicación. Los influencers utilizan un lenguaje fresco y natural, un tono vital y optimista. Invertir en una comunicación fluida con nuestros hijos e hijas, es invertir en su propio proyecto de vida”, argumenta Montse Jiménez.

Padres influencers en la era de las pantallas

“Tenemos que tomar conciencia de que actuamos como un espejo. No nos tiene que extrañar que los chicos y chicas estén enganchados si nos ven hiperconectados”, suele afirmar el maestro, antropólogo y asesor TIC Jordi Jubany. Y es que, si hay un aspecto en el que, por regla general, los padres y madres erramos en nuestro papel de influencers con nuestros hijos, adolescentes o no, es en el tecnológico. En un mundo de pantallas, redes sociales y egocentrismo desmedido les pedimos a ellos lo que nosotros no somos capaces de hacer: vivir sin estar enganchados a ellas y a las recompensas que nos generan en forma de likes.

Para Eva Bach nuestro trabajo como padres influencers pasa por aprender a congeniar “de una manera inteligente, ética y saludable” las dos realidades que definen el mundo actual, la presencial y la virtual, ya que prescindir de una de ellas “supondría ir cojos por la vida y el futuro”. En ese sentido, Montse Jiménez recuerda que las redes sociales conectan a los jóvenes a la vida, a la comunidad, a su grupo y a lo que les interesa, pero que también pueden desconectarlos de la realidad: “Hay que educar y acompañar en diferentes parámetros como, por ejemplo, en la gestión que hacen los adolescentes del tiempo. Las redes sociales no pueden absorber ni sustituir los tiempos imprescindibles (de desconexión, de actividad física, de juego, de sueño…) para el desarrollo de la persona. Y por encima de todo hay que educar en aspectos fundamentales como el autocontrol, la responsabilidad o la autoestima”.

Y educar pasa necesariamente para Montse Jiménez porque los padres se “involucren” en los procesos de cambio provocados por la aparición de nuevas tecnologías y nuevas formas de comunicación. “No podemos ser meros espectadores de las transformaciones que vivimos y limitarnos a esperar para aplaudir o lamentar. Involucrarse activamente implica estar atento a lo que llega, seguramente despojarse de lo que hasta ahora había y abrir mente y corazón a nuevas maneras de entender el mundo. No se trata de rechazar sino de escuchar, empaparse de la realidad y empatizar para poder guiar. ¿Qué ven nuestros hijos/as? ¿Cómo se comunican? ¿Qué buscan?”, reflexiona la miembro del equipo de innovación, comunicación y formación de la red de centros Vedruna Catalunya Educació.

Un ejemplo de esa invitación a los padres a implicarse, a involucrarse en el mundo digital, es el título del primer capítulo de Madres y padres influencers, Actualiza tu app: “Es fundamental que las madres y padres conozcamos no solo las apps que utilizan nuestros hijos, sino también a los influencers que siguen, los youtubers o instagrammers que les gustan, las páginas que frecuentan. Todo ello nos da pistas de lo que buscan en las redes y en las pantallas”.

Tras encuestar a más de 1500 adolescentes para dar forma al libro, Eva Bach y Montse Jiménez tienen respuesta a esa duda: los adolescentes buscan entretenimiento y diversión, consejo sobre moda y tendencias, pero también buscan puntos de vista y opinión sobre los grandes temas que les preocupan, que no dejan de ser grandes temas de la vida: relaciones personales, amor y enamoramiento, orientación sexual, autoimagen y autoconcepto, igualdad de género, etc.

“Esos temas deberían formar parte de las conversaciones con nuestros hijos. Conocerlos nos da pie a poder conversar con ellos y compartir dudas y puntos de vista para poder guiarles”, concluye Jiménez.

Fuente: De papás y mamás

Educar a los hijos no es cuestión de magia. Si la vida fuera mágica, cambiaríamos muchas cosas.Educar a los hijos, educarles bien: desde el respeto, el amor, la comprensión y la responsabilidad, conlleva un esfuerzo. Un esfuerzo no mágico pero que puede hacer que vuestra relación sea magia.

La pieza principal en el puzzle de la felicidad está en nuestra infancia. Y es precisamente esa esencia que nos dejan impregnada nuestros padres en cada uno de los poros de nuestra piel.

Todo lo que emocionalmente aportes a tus hijos, les acompañará toda la vida

Por todo esto, quiero ofrecerte 7 ingredientes mágicos que te ayudarán a influir positivamente en la vida de tus hijos, que cambiarán, si los llevas a cabo, vuestra vida a mejor:

  1. Sé un buen modelo: todo lo que transmites con tu actitud a tus hijos, hora tras hora, día en-busca-felicidadtras día, año tras año…impacta directamente en su ser, de tal manera, que marca sus actos, sus emociones, sus gustos, sus relaciones…El cómo haces las cosas junto a tus hijos, deja huella en su destino. No hay nada más valioso que tus actitudes y actos ante las situaciones de la vida para crear un buen modelo a seguir por tus hijos. Tu manera de comportarte influye en la suya. Puede que ahora digas: » pues yo no soy igual que mis padres». Seguramente sea cierto, pero no me negarás que gran parte de tu personalidad y tus maneras de hacer, se rigen por cómo ellos hacían/hacen las cosas o por tus dudas interiores tales como: » ¿ qué le parecería esto a mi padre?, ¿ mi madre lo haría de este modo?. Reflexiona sobre aquellas personas que han influido en cómo eres ahora y las decisiones que has tomado en la vida. ¿ Están tus padres en la lista?.
  2. Revisa tus promesas: eso de: » me prometo a mi mismo que mi hijo irá al mejor colegio», «prometo al cielo que conseguiré que mis hijos tengan una carrera universitaria», » te prometo hijo mío que serás alguien de bien». Promesas de este tipo, se basan en tus aspiraciones, no madre-hijo-hablar-sexo-getty_CLAIMA20150320_1485_27en las de tus hijos. Todos esos sueños que tienes para tus hijos deben experimentar varios cambios. Empezando por el darte cuenta que debes substituir tus deseos, por los de tus hijos. Es decir, no exijas a tus hijos que cumplan lo que tú quieres, ayúdales a que cumplan lo que ellos quieren en realidad. Esto marcará la diferencia entre una vida basada en los deseos de sus padres, y una vida basada en sus propias necesidades y sueños. Los hijos no tienen la culpa de nuestros fracasos, de nuestros sueños incumplidos, de nuestros errores…Tienen que vivir los suyos propios, personales y únicos. Sin ninguna carga. Tu promesa ahora debería ser: » prometo dejarte ser, quien tú quieras ser«.
  3. Todo lo suyo es importante: si como madres/padres no damos importancia a todo lo que concierne a nuestros hijos, estamos impactando negativamente en su autoestima, autoconfianza y personalidad. No prestar atención a todas sus situaciones, es una falta de respeto directa hacia su persona. Lo que tus hijos quieren, necesitan, sienten, piensan, desean, anhelan, temen, etc. Es y debe ser muy importante para ti. Y tienes que acompañar, además, las emociones que aportan estos intereses y estar ahí siempre, aunque no sean los mismos intereses que tienes tú.
  4. No compares a tus hijos ni con ellos mismos: una de las maravillas que tenemos los seres humanos, es que somos, precisamente: únicos. Jamás puede haber una persona igual que tú, bajo ninguna condición ni circunstancia. Aunque creas que tus hijos son parecidos epucherontre sí, no son la misma persona, por eso, tienen necesidades e intereses diferentes. Las comparaciones hay que desecharlas de las relaciones humanas. Están tan integradas en la sociedad que se suele comparar: hijos con hijos, suegras con suegras, parejas con parejas, amigos con amigos, etc. Cuando comparamos, hacemos sentir a la otra persona: desconfianza, tristeza, incomprensión, amargura, etc. Y es que comparar fomenta la rabia y la rivalidad ( incluso por el que recibe la mejor parte). Y eso no es lo que quieres para tus hijos, ¿ me equivoco?. Te propongo realizar un pequeño reto de 7 días, en los que permanezcas sin comparar a nadie. Y después, valores los cambios positivos que vas obteniendo, no sólo para los demás, sino para ti mism@.  No compares a tus hijos, ni con ellos mismos. Cosas como: » cuando eras pequeño te lo comías todo, ahora nada de nada, me gustabas más antes». Así, alimentas la rivalidad con su propio yo…y le pones la guinda al pastel :(
  5. Potencia unas costumbres positivas: los hábitos y las costumbres se instalan en nuestra personalidad. No te estoy diciendo con esto que tengas que obsesionarte con las rutinas y normas que tenéis en vuestra familia. Todo lo contrario. Yo hablo de algo mucho más profundo, de tus costumbres reales y personales. Esa costumbre de besar a tu pareja antes de irte al trabajo, la de ducharte siempre después de un día caluroso, tomar el café en la misma taza, pasear cuando el sol baja, a la hora justa, por el paseo marítimo, etc. Tienes que trabajar por predicar con el ejemplo con costumbres positivas, sanas, amables, amorosas y responsables. No es lo mismo tener la mala costumbre de gritar a tus hijos cuando no hacen los deberes, que la buena costumbre de motivar a tus hijos cada día para conseguir que sean lo que quieran ser. Ten la buena costumbre de ser feliz, y ellos lo serán.
  6. fotonoticia_20140626125223_800Transforma tu mente: el pensamiento positivo, la confianza, las ganas de aprender, de progresar, de vivir la vida y saborearla, de superar obstáculos, etc. Es el tipo de pensamiento que debes integrar en tus hijos. Si tus pensamientos están llenos de temores, inseguridades, miedos, rivalidades, etc. Con eso se quedarán. Realiza un trabajo personal y diario para ver siempre el vaso medio lleno.
  7. Motívate y avanza: Muchos padres/madres se sienten mal cuando realizan las cosas de manera incorrecta con sus hijos, pero luego no son capaces de tener la motivación necesaria para cargarse de energía y mejorar. Y es que la motivación está relacionada con el pensamiento del que te hablaba en el punto anterior. Y es que sólo tú puedes decidir cambiar tu vida y la de tus hijos. Sólo tú, nadie más. No esperes a que sea tarde y MOTÍVATE.

http://www.edurespeta.com/7-ingredientes-magicos-para-influir-positivamente-en-la-vida-de-tus-hijos/

¿Necesitas maximizar tu tiempo de estudio?, ¿necesitas aplicar estrategias para aprender mejor? Conseguir enfocarse en el estudio es la clave para poder aplicar todas esas estrategias que seguro conoces. Las técnicas de estudio no son nada si no se consigue impulsar el foco.

Poner énfasis en impulsar el foco de estudio es importante para aquellas personas que compatibilizan el trabajo y/o la familia con el estudio o que vuelven a estudiar después de muchos años. Hace falta mucha fuerza de voluntad y mucha disciplina.

Pero, además, es necesario aprender a aislar todo lo que no tiene que ver con el estudio para poder enfocarse en él. Las técnicas que analizamos a continuación te ayudarán a aumentar tu motivación para el estudio y a enfocarte para alcanzar tus objetivos.

“Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas.”
-Benito Taibo-

Filtra la información que recibes

Vivimos en un mundo saturado de información, desde noticias políticas, económicas y sucesos hasta novedades culturales, estrenos de cine, cotilleos y chismes, pasando por las novedades en nuestro entorno cercano y, como no,redes sociales y otros medios de comunicación masiva. Toda la información que nos rodea nos bombardea y hace que disipemos nuestro foco de atención.

Mujer joven memorizando información

Si quieres enfocarte en el estudio tienes que tomar medidas para filtrar la información que recibes y despejar tu mente. Debes aislarte de recibir información externa en la misma medida que necesites enfocarte. Eso implicará no atender las redes sociales, ver la televisión o escuchar la radio, leer revistas y periódicos y todas aquellas distracciones que te ayudan a procrastinar.

No esperes a tener ganas de estudiar

Si tienes que estudiar, tienes que estudiar, te apetezca o no. El hedonismo al que estamos acostumbrados nos hace pensar que todo hay que hacerlo por gusto y con gusto. Pues no. Independientemente de lo excitante que te parezca, si necesitas estudiar no pienses si quiera en si te apetece. Ponte a ello y no le des más vueltas.

No te sometas a la ideología limitante de que todo en la vida es disfrutar y que necesitas sentir un estímulo motivador y agradable para iniciar algo. Así solo conseguirás sucumbir a las miles de distracciones que encontrarás a tu alrededor.

Concéntrate en tus objetivos

Recuerda cada mañana que tienen grandes motivos para estudiar: tus objetivos. Estudias por algo y para algo. Y solo lo conseguirás si estudias.

 Cada vez que estudias, estás dando un paso hacia sus metas.

Piensa cada mañana: ¿cómo voy a avanzar hacia mis metas hoy? Olvídate de qué te apetece hacer en ese momento, y piensa en lo que podrás disfrutar cuando consigas tus objetivos.

Primero estudia, luego relájate

Hace falta más que tiempo de estudio para asimilar los conocimientos. La información se absorbe y pasa a ser parte de ti cuando te relajas. Por eso, el descanso es fundamental tras el estudio. Necesitas descansar para asimilar la información. Por eso, robarle horas al sueño no es efectivo.

Brazo de una persona que está escribiendo

Además, tendrás que intercalar momentos de relax en tus sesiones de estudio. Además de intercalar unos minutos para moverte cada 30 minutos, deberías hacer una parada 20 minutos para hora y media en la que deberías descansar y relajarte para que la información se asiente en tu cerebro. Cierra los ojos y deja que lo que has aprendido sea absorbido.

Estudia antes de acostarte

Algunas investigaciones aseguran que dormir después de estudiar puede mejorar la memoria de lo que se ha estudiado previamente y consolidar el aprendizaje. Esto tiene mucho que ver con lo que explicamos en el punto anterior.  Leer antes de acostarse también puede hacer maravillas en el fortalecimiento de la memoria a largo plazo.

Pero esto no significa que haya que robar horas al sueño. Se he demostrador que privarse del sueño para aprender disminuye significativamente el aprendizaje obtenido hasta tres días después.

Come bien y haz ejercicio

Estudiar no significa que tengas que olvidarte de la salud de tu cuerpo. Comer bien, evitando el exceso de cafeína y, por supuesto, el alcohol,  es fundamental para rendir en el estudio. Los alimentos ricos en ácidos grasos esenciales son buenos alimentos del cerebro, y parece que ayudan a estimular la memoria y el recuerdo.

El ejercicio también es bueno para el cerebro, ya que se consigue un suministro extra de sangre y oxígeno al cerebro, lo que puede mejorar la función cerebral.

https://lamenteesmaravillosa.com/tecnicas-impulsar-foco-estudio-aprender-mas-rapido/

El 60% se conecta a diario, según una encuesta de Interior a menores de entre 10 y 17 años. El 22,2% admite haber añadido a su lista de amigos o contactos a personas que no ha visto.

Dos de cada tres menores tienen un perfil en las redes sociales y casi un tercio de sus contactos son personas a las que no conocen. La primera elaborada por el Ministerio de Interior sobre hábitos de uso y seguridad de niños y jóvenes de entre 10 y 17 años revela, además, que casi el 60% se conecta a Internet a diario, la mayoría durante más de dos horas. En la otra orilla, la de los padres, uno de cada tres revisa el perfil de sus hijos y qué seguidores tienen. Un que, sin embargo, contrasta con aquello —aseguran— más les preocupa: que los menores contacten con extraños.

La realidad es que tanto como jóvenes interactúan con desconocidos, sobre todo cuando juegan en Internet (25,4%), pero también en las redes sociales (13%) o en chats (10%). El 22,2% de los consultados admite haber añadido a su lista de amigos o personas que nunca ha visto y el 4,1% reconoce haber enviado una foto o vídeo de sí mismo a alguien a quien no ha conocido cara a cara.

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La palabra «extraño», sin embargo, otro matiz en la era 2.0. El investigador Eusebio Megías, director del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, cree que el «primer error» que pueden cometer los padres es no comprender que las reglas son otras. «En Internet cambian los conceptos de intimidad y amistad. Para los adultos, son valores que hay que preservar. Para un adolescente, son algo que acomodan según el momento y objetivo. No hay que olvidar que estar en la red es estar en el escaparate».

La mitad de los padres —un 54%— habla con sus hijos sobre las posibles consecuencias negativas de visitar páginas «inadecuadas» y el 62% revisa los sitios por los que han navegado los menores. Sin embargo, la única medida de seguridad extendida es la instalación  de un software para prevenir virus, sin contar con ningún tipo de programa que bloquee o efectúe un seguimiento de las páginas. Es que, pese a las revisiones, los padres parecen confiar en el uso que sus hijos hacen de Internet. Más de la mitad les autoriza a navegar en cualquier momento, sin supervisión alguna, aunque pocos —menos del 15%— permiten que sus hijos hagan compras en la red.

¿Qué has hecho durante los últimos 12 meses? Las respuestas de los consultados.

Para Raúl de la Cruz-Linacero, experto en hábitos de jóvenes en Internet y fundador de páginas dirigidas a ellos como Keepunto.com, los padres no deben tener miedo de las nuevas tecnologías, mucho menos prohibirlas. «Usan Internet para todo. No solo para buscar información, sino para hacer deberes, jugar, ver películas, divertirse, charlar… Lo hacen absolutamente todo en la red. No puedes poner puertas al campo; tienes que enseñarles a estar dentro del campo».

Lo básico, destaca De la Cruz-Linacero, ya se ha dicho «por todos los medios»: no compartir fotos íntimas ni información sensible, como datos personales, dirección, teléfono, rutinas) o financieros. «Nos guste o no, tenemos que asumir que los jóvenes son animales eminentemente sociales, más que nosotros a su edad: en el mundo online, con 200 amigos virtuales, y en el offline, con 50″.

La frecuencia de uso aumenta con la edad: el 83% de los mayores de 15 años utiliza Internet todos los días y más del 90% tiene redes sociales y correo electrónico. La encuesta se ha dividido en dos cuestionarios: para adultos con hijos de 10 a 17 años (1.006 entrevistas) y para los propios menores (1.506 entrevistas).

http://politica.elpais.com/politica/2014/11/03/actualidad/1415035924_570463.html

 

La oxitocina es una hormona que ayuda a regular el estrés, conocida popularmente por liberarse de forma masiva durante el parto y posteriormente. Su objetivo es aumentar la disposición de la madre a cuidar de sus hijos tras el nacimiento y estimular la producción de leche materna. También puede identificarse junto a la serotonina en los cerebros de los enamorados.

Se ha observado que su presencia y procesos asociados nos hace más solidarios y generosos con los demás, actuando como lo que Paul Zak denomina “pegamento social”. Zak es el Director del Centro de Estudios Neuroeconómicos de la Universidad de Claremont (California), biólogo y principal responsable de numerosos estudios que ponen de manifiesto el papel que juega la oxitocina en las relaciones humanas, y no-humanas

Experimentos desarrollados con humanos, ponen de manifiesto que las personas a las que se administra oxitocina en una concentración determinada, donan casi un 50% más de dinero a obras de caridad que las personas a las que no se les administra. Zak y sus colaboradores han realizado incluso estudios a partir de la extracción de muestras de sangre a los novios y sus familiares, antes y después de una ceremonia de boda. Los mayores aumentos de oxitocina en sangre se han encontrado en las novias y las madres de las novias.

Pues bien, las conclusiones obtenidas por los investigadores han puesto de manifiesto una realidad que a algunos aun sorprenderá: las relaciones que se establecen en internet son procesadas por el cerebro de la misma manera que las relaciones fuera de internet, y se produce del mismo modo la liberación de oxitocina que desencadena las emociones que nos hacen sentirnos más cercanos, solidarios y “conectados” con los demás. Los mensajes que leemos online desencadenan los mismos procesos químicos que los mensajes que recibimos por cualquier otro medio y canal.

Paul Zak realizó para el Servicio de Radiodifusión de Corea (KBS), un estudio obteniendo muestras de sangre de individuos antes de participar en sus redes sociales online, y quince minutos después de estar tecleando frente a su ordenador. Pudo confirmar que en todos los casos se había producido un aumento de los niveles de oxitocina en sangre, y que la magnitud de ésta  correlacionaba con el grado de conexión. En uno de los casos, en los que un joven estaba dejando un mensaje en el perfil de su novia en Facebook, se llegó a medir un espectacular aumento del 150% de su nivel de oxitocina en sangre.

Una vez más llegamos a la misma conclusión que en artículos anteriores: las relaciones en internet, las emociones y los sentimientos que se desatan, no son “recreaciones digitales” de las relaciones humanas. Son reales y “medibles”. Todo se produce en nuestro cerebro y en nuestro organismo, independientemente de que se desate a partir de una carta en papel, un mensaje en una red social, o como consecuencia de una conversación telefónica o presencial. Las relaciones que establecen o mantienen los niños y adolescentes en internet se producen en un entorno digital, pero ni ellos, ni sus pensamientos, emociones o sentimientos son digitales.

Por kidsandteensonline

(1) Paul J. Zak. “The Moral Molecule: The Source of Love and Prosperity”. Hardcover.