Esta es una de las conclusiones del Barómetro ‘Juventud y género’, que analiza la percepción de jóvenes entre 15 y 29 años sobre las desigualdades de género, las experiencias afectivas o las relaciones de pareja y familiares, entre otros.

¿Cómo perciben los jóvenes la desigualdad de género? ¿Creen en la necesidad de la lucha por la igualdad? Estas son dos de las preguntas a las que responde el Barómetro ‘Juventud y Género. Identidades, representaciones y experiencias en una realidad social compleja’, una investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de Fad para la que han realizado 1.200 entrevistas a jóvenes entre 15 y 29 años.

El estudio, además, recoge la percepción de estos jóvenes en ámbitos relacionados con las diferencias y desigualdades de género, las identidades y experiencias afectivas.

Violencia de género y en la pareja

Una de sus principales conclusiones es que hay un amplio porcentaje de chicos que niegan la existencia de la violencia de género. En cuatro años, desde 2017 a 2021, esta cifra se ha duplicado y se sitúa en el 20%. Es decir, uno de cada cinco adolescentes y jóvenes varones de 15 a 29 años cree que la violencia de género no existe y que es solo un ‘invento ideológico’. También aumenta la opinión de que la violencia es inevitable, que es habitual y que, si es de poca intensidad, no supone un problema.

En concreto, el grado de acuerdo en torno a las afirmaciones sobre violencia de género ha tenido una evolución preocupante entre 2019 y 2021. La percepción de que es un problema social muy grave ha pasado de 72,4% al 74,2% para ellas, pero se ha reducido del 54,2% al 50,4% para ellos. Por otra parte, la conciencia de haber presenciado situaciones de violencia de género en su entorno es mucho más habitual entre las mujeres que entre los hombres, si bien es bastante común en ambos casos. Las más habituales, son revisar el móvil (59,7% ellas, 38,7% ellos), controlar lo que hace la otra persona (54,5% ellas, 28,4% ellos), decirle con quién puede hablar o salir (51,6% ellas, 23,5% ellos), insultar y humillar a su pareja (49,8% ellas, 23,5% ellos) y tratar de aislarla de sus amistades (46% ellas, 22,5% ellos).

Falta de educación en igualdad

Por lo que respecta a la percepción de los factores que influyen en la violencia de género, la falta de educación se mantiene desde 2017 como el más importante. Además, aumenta la percepción de factores estructurales como la educación patriarcal y se reduce progresivamente la mención de factores que justifican la violencia, como el consumo de alcohol y otras sustancias o las rupturas sentimentales y otros conflictos de pareja, aunque hay porcentajes significativos que apoyan estas teorías: el consumo de sustancias (23,5% entre ellos y 18% entre ellas) y las rupturas o problemas de pareja (18,3% ellos y 15% ellas).

Las formas de violencia en la pareja sufridas más habituales entre las mujeres son revisar el móvil (21,8%), forzar una relación sexual no deseada (20,5%), controlar toda la actividad (18,2%), controlar con quién puede salir o hablar y dónde (17,2%) e insultar y humillar (16,7%). En el caso de los hombres, únicamente revisar el móvil (15,4%), controlar toda la actividad (11,5%) y tratar de que no vea a sus amistades (10,5%) se sitúan por encima del 10% de casos.

En cuanto a las situaciones de violencia ejercidas, algo más de la mitad de mujeres (53,9%) y hombres (50,8%) declara no haber ejercido ninguna. La única situación habitual es revisar el móvil de la pareja, que es mencionada por el 23,6% de las mujeres y por el 10% de los hombres.

Avances del feminismo

Por el contrario, y de forma más positiva, el barómetro destaca que en este periodo se han producido grandes avances respecto a las visiones tradicionales de género y la lucha por la igualdad entre la juventud española. Así, el porcentaje de mujeres que se consideran feministas ha pasado del 46,1% al 67,1% y el porcentaje de hombres ha pasado del 23,6% al 32,8%, aunque se ha reducido cerca de 5 puntos porcentuales desde 2019. También conviene resaltar que un número relevante declara no saber o no querer contestar (9,1% ellas y 13,4% ellos).

Se considera feminista, porcentaje.

La evolución de la percepción sobre situaciones inaceptables de discriminación también se ha mantenido relativamente estática entre 2017 y 2019. El principal cambio se observa en la valoración de los piropos por la calle como discriminación intolerable por parte de las mujeres, que pasa de un 24,8% en 2017 a un 42,6% en 2021.

Desigualdad laboral y conciliación familiar

Una diferencia significativa entre chicos y chicas se encuentra en cómo perciben la desigualdad: más de 7 de cada 10 mujeres jóvenes participantes en el estudio considera que las desigualdades de género son elevadas en España, frente a solo 4 de cada 10 hombres. De hecho, 1 de cada 10 hombres considera que no existen desigualdades de género. Desde 2017 a 2021, la percepción de desigualdad se ha incrementado entre las mujeres (entre 6 y 7 puntos) pero se ha reducido entre los hombres (de 2 a 4 puntos).

El ámbito en el que mayor desigualdad se percibe para las mujeres es el laboral: la mitad considera que se encuentran en una posición significativamente peor a la hora de acceder a puestos de responsabilidad pero también sienten que a nivel salarial también están en desventaja. Además, un 43,6% percibe estar en una posición peor en cuanto a la conciliación familiar. Los hombres también ven esta desigualdad, pero en 20 puntos porcentuales menos que las mujeres.

Una mayoría opina que el feminismo busca superar barreras tradicionales de las mujeres para acceder a la igualdad (63% entre ellas y 40% entre ellos). Hay otros porcentajes significativos: entre los chicos un 28% destaca que el feminismo no se ocupa de los problemas reales de las mujeres (17% entre las mujeres), un 26,4% que no es necesario (frente al 13% de ellas) y un 24% que busca perjudicar a los hombres (frente al 14% de ellas).

Orientación sexual, pareja, familia y conciliación

Según el barómetro, un 82,9% de los hombres y un 73,4% de las mujeres se definen como heterosexuales. Entre ellas, un 18,5% se definen como bisexuales, frente a un 6,1% de los hombres. La homosexualidad y otro tipo de orientaciones representan entre un 6% y un 8%.

En cuanto a la importancia concedida a tener pareja, para algo menos de la mitad de las chicas (45,4%) y para la mitad de los chicos (50,6%) es un tema muy o bastante importante. Por modalidades de pareja, es ampliamente preferida la pareja tradicional monógama, tanto en ellas (86,3%) como en ellos (78,2%).

También es destacable la mayor propensión al control entre los hombres: un 18,1% destaca que es normal mirar el móvil de la pareja, frente al 12,7% de ellas; así como la percepción de los celos como una prueba normalizada del amor (28% entre ellos, 15% entre ellas). El estudio muestra cómo mientras entre las mujeres avanza la tendencia hacia una percepción más igualitaria de las relaciones de pareja, en el caso de los hombres encontramos una cierta persistencia de las visiones tradicionales de género.

El reparto de tareas domésticas sigue mostrando una desigualdad de género, percibida en mayor medida por las mujeres: un 30,5% de las que viven en pareja declaran hacer ellas las tareas domésticas, frente a únicamente el 14,4% de los hombres. Aun así, entre 2017 y 2021 se ha producido un aumento de entre 5 y 10 puntos en la percepción de que las tareas domésticas y de cuidados se reparten equitativamente, situándose en porcentajes superiores al 50% en todos los casos.

Además, también en este periodo aparece una progresiva reducción de las actitudes más tradicionalistas hacia la conciliación familiar. Especialmente entre las mujeres aparece un gran rechazo al rol de la mujer como cuidadora de los hijos (59,5%).

El consumo de alcohol nunca es bueno, ni aunque sea en muy pequeñas cantidades o de manera esporádica. Esta droga legal puede producir severos problemas a muchos de los órganos del cuerpo humano, en especial al hígado y al cerebro. Lo más preocupante son los datos que arrojan sobre el consumo que se da entre jóvenes: en España, según la Encuesta sobre uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias , el 76,9% de los jóvenes entre 14 y 18 años confiesa haber bebido alguna vez en su vida. En los últimos 30 día, el 21,8% se ha emborrachado y el 31,7% ha bebido cinco o más copas, vasos o cañas de alcohol en un lapso aproximado de dos horas.

Iniciarse en la bebida desde edades tempranas es muy peligroso, sobre todo en la adolescencia, que es la etapa de desarrollo físico y mental. Además, en esta época vital en muchos casos el uso de alcohol es excesivo en un corto periodo de tiempo, como lo podemos ver en las novatadas universitarias y, del mismo modo, se puede llegar a consumir por presión social. Otro dato alarmante, arrojado por la Fundación Alcohol y Sociedad (FAS), revela que el 48% de los menores que beben lo hacen con conocimiento de sus padres.PUBLICIDAD 

El consumo excesivo de alcohol puede afectar a la memoria y la capacidad de una persona joven para procesar y transmitir información

Lo peor es si se adquiere el hábito y finalmente se relaciona el hecho de divertirse con el consumo de alcohol. Al fin y al cabo, se trata de una droga muy social y a la que hay muy fácil acceso, ya sea en un bar o en un supermercado. De ahí la peligrosidad de desarrollar la costumbre de quedar con los amigos y beber cuando se es joven. Las últimas investigaciones apuntan a que el daño que hace al cerebro es crítico. Andy Spickard, profesor emérito de medicina y psiquiatría en la Escuela Universitaria Médica de Vanderbilt, ha escrito un reciente artículo en ‘Psychology Today’ en el que analiza los últimos estudios publicados sobre el riesgo que entraña el consumo continuado de alcohol desde la etapa adolescente.

Un cerebro en continuo cambio

«Cuando empecé en la medicina, se pensaba que las etapas de desarrollo de la infancia es el período más crítico para el desarrollo cerebral», explica el médico. «Hoy sabemos que el desarrollo continúa hasta la edad adulta, y que los jóvenes de entre 15 y 25 años experimentan una remodelación rápida y extensa de sus mentes, más que en cualquier otra etapa excepto en la infancia».

Los adolescentes bebedores en Estados Unidos tienen cinco veces más probabilidades de sufrir abandono escolar que los no bebedores

¿En qué aspectos concretos afecta esta sustancia al tejido neuronal de los jóvenes? «El consumo excesivo de alcohol puede afectar a la memoria y la capacidad de una persona joven para procesar y transmitir información», avisa Spickard. «Y si es frecuente, lo que es la norma para muchos adolescentes y adultos, puede causar daños a largo plazo en la capacidad del cerebro encargada de la toma de decisiones, así como en la atención y la organización o el control de los impulsos».

«Algunas investigaciones también apuntan a que beber en exceso a cualquier edad puede reducir el tamaño del hipocampo, un área del cerebro que desempeña un papel fundamental en la memoria a corto y largo plazo», asevera el médico. «Este daño puede incrementarse con episodios de desmayo o pérdidas de memoria». Otra consecuencia muy grave y llamativa es que, como reconoce Spickard, también puede afectar a la capacidad del cerebro para comunicarse consigo mismo, una tarea relegada a los neurotransmisores. El etanol altera el contenido de los mensajes que envían y disminuye la velocidad a la que estos se transmiten. «Este mal funcionamiento interfiere con la capacidad de aprendizaje, una de las tareas más importantes de la adolescencia», expresa el experto.

Foto: Estudiantes de Bachillerato en un examen. (EFE)

Toque de atención a las familias: el 48% de los menores bebe alcohol sabiéndolo los padres

«Los bebedores adolescentes en Estados Unidos tienen cinco veces más probabilidades de sufrir abandono escolar que los no bebedores», recalca Spickard. Esto también les condena a no desenvolverse tan bien en sociedad o en las actividades deportivas. De igual modo, retrasa mucho el período de graduación académica. Otro aspecto que remarca el médico es la falta de plasticidad cerebral, que se define como «la capacidad de nuestras células neuronales para dar respuesta a un cambio en el exterior«. Esto provoca que el cerebro sea vulnerable a lesiones a largo plazo que pueden ser permanentes. «Pero la plasticidad también permite al cerebro repararse a sí mismo», observa el médico. «Esta cualidad de autocuración permite que aquellos que en algún momento abusaron de esta sustancia se recuperen en unos años, en el caso de que dejen de consumir totalmente».

El consumo de alcohol entraña un grave problema, ya que como decíamos, se trata de una droga social que se asocia a la diversión y cuyos riesgos son enormes. Hay que incidir en la prevención y educación desde edades tempranas para que el adolescente sea consciente de los peligros a los que se expone. Y, en todo caso, predicar con el ejemplo: si el joven ve que sus padres no beben, llevan una vida sana y están bien consigo mismos, seguramente quiera parecerse y no caer en malas conductas que le depararán graves conflictos en el futuro.

Fuente: El Confidencial

La mitad de la destrucción de empleo desde el inicio de la crisis del coronavirus corresponde a menores de 35 años.

Sin duda, la fragilidad irrumpe en el peor instante. Los chicos que salieron al mercado laboral entre 2008 y 2013 (en plena depresión) viven este hundimiento cuando podrían empezar a estabilizarse en sus puestos de trabajo. Y solo parece caer la noche. “El impacto será profundo porque los jóvenes parten de entrada de una situación ya muy vulnerable, marcada por la temporalidad y aún no han terminado de pagar la factura de la crisis anterior”, observa María Ángeles Davia Rodríguez, profesora en la Universidad de Castilla-La Mancha. Y añade: “El tamaño de esa cuenta tendrá también mucho que ver con el nivel de seguridad del puesto de trabajo frente a la pandemia. Es decir, si han podido y pueden seguir teletrabajando o si se enfrentarían a un contacto social intenso cuando se retome la actividad”.

Pero tampoco de ahí parece que lleguen ni luz ni esperanza. La consultora CEPR Policy calcula que actualmente solo el 25,4% de los trabajos en España se puede desempeñar de forma segura desde casa. Un porcentaje que podría llegar al 43% en el escenario de unas restricciones mínimas. Otra vía de agua para que anegue la injusticia. “Hay una separación entre aquellos jóvenes que tienen el privilegio de tener empleos que pueden efectuarse de manera remota (por ejemplo, los financieros o informáticos) y quienes desarrollan profesiones (restauradores, minoristas) basadas en el cara a cara”, alerta David Grusky, director del Centro de Pobreza y Desigualdad de la Universidad de Stanford. Y advierte: “Son nuevas fuerzas de la injusticia”.

Todas las generaciones se han definido por acontecimientos traumáticos. Sucesos escritos, generalmente, por el miedo y la incertidumbre. Sucesos que cambian la forma en la que las personas entienden el mundo, el pasado y el futuro y que afectan a cómo toman decisiones y asumen riesgos. Y en este viaje vital, la relación entre el espacio y la velocidad, o sea, el tiempo, condiciona la vida. “Incorporarse en el mercado laboral en épocas de recesión tiene consecuencias nefastas y persistentes en la trayectoria salarial de los jóvenes españoles. Su repercusión permanece a lo largo de los años y puede durar hasta una década”, describe Nuria Rodríguez-Planas, catedrática de la City University de Nueva York (Queens College).

Infinidad de trabajos atestiguan lo que les espera de prolongarse la recesión causada por el virus. Si eres joven y llegas al mercado laboral en plena depresión o en esta agorafóbica economía vas a sangrar. Los expertos de CaixaBank Research narran que entre 2008 y 2016 el salario medio para los trabajadores de 20 a 24 años cayó un 15% mientras quienes estaban entre los 25 y 29 años perdían el 9%.

Otros informes (Desempleo juvenil en España, publicado por Papeles de economía española) hienden la herida. Sus páginas analizan las vidas de los jóvenes en la horquilla que enlaza los 36 y los 40 años. Un tiempo en el que, pese a haber atravesado la primera fase (2005-2012) de la Gran Recesión, deberían tener sus existencias encauzadas. El resultado es una especie de “envidia demográfica”. Un concepto que imaginó Douglas Coupland en su novela Generación X. Aquel retrato atravesado de inequidad y McJobs de los jóvenes estadounidenses durante los años noventa. Más cerca. El estudio español descubrió —resume María Ángeles Davia— que la probabilidad de caer en el paro para esos adultos era significativamente mayor entre quienes habían engrosado el desempleo antes de los 30 años. Y ese estigma resultaba más intenso cuanto más larga era la experiencia del paro en la juventud.

Sin embargo, es razonable intuir que la frustración de los mileniales que hoy se encuentran en esos tramos de edad será aún superior. Porque además cargan con la devaluación de los salarios que siguió a la reforma laboral de 2011. “Lo que deben sentir es que nunca verán un espacio de seguridad económica en sus vidas”, comenta Markus Gangl, profesor de Sociología en la Universidad Goethe de Fráncfort (Alemania). Porque son el vórtice de una tormenta que arrastra sus existencias hacia la pérdida. “Van a perder salarios, empleo y el ascenso en sus carreras y tendrán que aplazar la educación mientras los trabajadores de mayor edad intentarán trabajar durante más tiempo, lo que limita las futuras ofertas de empleo”, desgrana Jason Dorsey, presidente de la consultora The Center for Generational Kinetics. “Y no solo eso. Deberán soportar buena parte de la carga de impuestos que estos días pagan los beneficios que están recibiendo las personas más mayores”.

Comparación desigual

En el fondo, miles de jóvenes sienten que otras generaciones se han llevado el mejor trozo de la tarta y han colocado alambre de espino alrededor de lo que quedaba. Muchos miran con envidia la situación de sus padres, prejubilados a los 60 años. Sin embargo, esa existencia va quedando lejos y ese número posee hoy un sentido distinto. Unos 60 millones de puestos de trabajo en Europa están en riesgo. Es el porvenir que describe la consultora McKinsey. Su concepto de peligro mezcla reducción de horas de trabajo pagadas, una avalancha de expedientes temporales y despidos definitivos. Y son los jóvenes, una vez más, quienes salen azotados por los vientos. Enhebrado con hilo de seda oscilan los empleos de siete millones de chicos de entre 15 y 24 años. ¿La imagen es dura? “La imagen podría ser peor si en los próximos años los Gobiernos europeos introducen nuevas medidas de austeridad para hacer frente a la presión presupuestaria creada por la crisis. Porque ya sabemos lo que significa: condiciones más débiles para los trabajadores y un recorte profundo en los gastos sociales”, reflexiona Michele Raitano, profesor de Economía Política de la Universidad de La Sapienza de Roma.

Pero urge proteger los empleos. Cada trabajo salvado retiene la productividad y el consumo, reduce la dependencia de los sistemas públicos y tiene un efecto positivo en la salud y el bienestar. Hay que derribar los números. Esta curva no basta con aplanarla. En abril, el paro entre los menores de 25 años aumentó en 31.262 chicos frente al mes anterior. Casi el 11%. Cenizas sobre las cenizas en un país que incluso en los años del milagro dorado ha tenido poblaciones, especialmente en el sur, con un desempleo juvenil del 40%. “La situación de los jóvenes ya era difícil antes de la crisis y ahora han empezado a formar parte del paro estructural; o sea, del desempleo crónico”, advierte Raquel Llorente Heras, profesora de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid.

Amenazas

Acorralados miles de ellos en contratos temporales, los días se cuentan por amenazas. Sobre todo, cuando termine el estado de alarma. Tras el final del confinamiento resulta posible que “se produzca una importante destrucción de empleo temporal”, prevé Llorente. ¿Qué hacer? ¿Les daremos la espalda? “Una opción sería una renta mínima que actúe como trampolín para acceder al mercado de trabajo”, propone Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research. Y matiza: “Pero debería estar diseñada para que el joven no dependa de ella y ser temporal”. Da igual su geometría. Casi todos coinciden en el adjetivo que emplea Raquel Llorente para calificarla: “Necesaria”.

Hay que proteger a las cohortes más jóvenes, especialmente en un mundo donde serán más frecuentes las crisis sanitarias y económicas. Entre 2007 y 2009 el paro juvenil, acorde con la Organización Mundial del Trabajo, aumentó en 7,8 millones de personas. En comparación, durante la década anterior a la Gran Recesión, el número de desempleados jóvenes creció solo en 191.000 chicos de media al año. Es una instantánea en alta resolución de las generaciones desfavorecidas. “Son las menos afectadas por el virus, pero están más expuestas a las consecuencias económicas de la pandemia”, asume Stefano Scarpetta, director de empleo, trabajo y asuntos sociales de la OCDE. “En una segunda fase de la crisis y más adelante habrá que prestar atención a cómo enfrentamos esta desigualdad a través de políticas que vayan al origen. Por ejemplo, las lagunas en los sistemas de protección social o los jóvenes poco cualificados”, añade. Pues los chicos, advierte Jordi Fabregat, profesor de Esade, entre 30 y 35 años que no tengan una buena formación “lo pasarán mal”.

De momento, la crisis de la covid-19 llega a España antes del fin del curso escolar y ha complicado el acceso a la búsqueda de trabajo de miles de jóvenes que deberían licenciarse o acabar sus estudios este año. Nadie sabe con certeza qué consecuencias tendrán en su futuro unas aulas vacías. Semeja esa línea de Cien años de soledad: “El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre”. Otras, sí lo tienen. No acuden por sorpresa. Carlos Martín, director del gabinete económico de CC OO, entiende que se puede evitar el deterioro de las expectativas de los chicos. “Hay que elevar los impuestos hasta homologar la contribución fiscal española con la media europea, suprimir la inmensa flexibilidad de la contratación temporal, que provoca existencias inestables y garantizar el acceso a la vivienda para acabar con ‘las vidas aplazadas’ que padecen jóvenes y no jóvenes”, relata. Y propone respuestas frente a ese aislamiento. Establecer precios máximos en el alquiler, gravar las casas vacías, restringir los apartamentos turísticos y crear un parque público de hogares en alquiler que no se pueda descalificar.

Pero como todos los días son un estado de ánimo, también hay motivos para la esperanza. “En estos momentos debería ser casi delito el tremendismo”, dice el jurista Antonio Garrigues Walker. “Soy optimista. El ser humano, especialmente los jóvenes, es muy resiliente y siempre ha sabido adaptarse. Tendrá que hacer cambios, pero tampoco demasiados. La Humanidad ha atravesado otras pandemias y las ha superado”.

Esa misma fortaleza de los chicos actuales es la que elogia Santiago Íñiguez de Onzoño, presidente ejecutivo de IE University. “Los jóvenes son quienes están sufriendo menores tasas de infección y podría ser el colectivo que antes vuelva al trabajo y ser parte de la solución”, analiza Josep Mestres, economista de CaixaBank Research. “Además es una generación que se adapta muy bien a los cambios estructurales que llegan como el teletrabajo o las nuevas tecnologías”. Dentro de esas trasformaciones, el mundo global vive su propia recesión. Los países van a recuperar fábricas, cadenas de suministros y ciertas actividades vitales —sobre todo las relacionadas con la salud— volverán a casa. Nadie en Europa quiere que China siga fabricando el 80% de los antibióticos. “Vamos a recuperar tejido productivo y esto dará oportunidades profesionales a los jóvenes”, lanza Roberto Scholtes, responsable de estrategia de UBS España. “Tengo esperanza”.

Toda generación se alza, toda generación declina. Entre medias ha habido desde hace décadas un pacto implícito de prosperidad. Las plegarias serán atendidas y cada salto generacional disfrutará de una vida mejor. Incumplir este compromiso es regresar al otoño de la Edad Media o al invierno del Antiguo Régimen. “Pues si no se puede prometer a la gente que su vida será mejor, entonces porqué deberían respaldar el sistema”. Esta reflexión es de Grace Blakeley, una joven economista inglesa de 26 años. Pero es compartida por millones de chicos, sobre todo del sur de Europa, menores de 35 años, que afrontan su segunda recesión mundial en solo 12 años.

Es tentar al abismo. La quiebra del pacto social conduce a la radicalización, los populismos y al enfrentamiento entre generaciones. La miseria económica prende la miseria económica. Bajos salarios ahora conducen a bajos salarios después y, finalmente, a pensiones ínfimas. Mientras, el aire está inflamado con un desempleo que empieza a ser estructural en España. ¿El inicio de la tensión?

División

“En parte, ya existe ese enfrentamiento. Las estadísticas empiezan a mostrar que durante la crisis de 2008 las rentas que mejor evolucionaron fueron las de las personas de mayor edad mientras se debilitaban las de los jóvenes. Esto ha generado una división”, advierte Rafael Doménech, de BBVA Research. El país comienza a pisar una dudosa luz del día. “Una de las secuelas que deja la crisis es una creciente tensión social”, alerta Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales. “Pero no veo una guerra entre generaciones. Lo que sí habrá es una contestación más arraigada frente al sistema. Los jóvenes no serán antisistema. Sin embargo, van a defender con fuerza el espacio público (sanidad, educación)”.

Un 42% de los jóvenes estadounidenses —acorde con el centro de estudios Pew Research Center— tiene una valoración positiva del concepto “socialismo”. A través de su dialéctica se entiende parte de la realidad. “No existe un conflicto generacional sino de clase. La élite económica tiene interés en sustituir uno por otro para salvaguardar su statu quo. Con el fin de evitar medidas de reequilibrio fiscal, laboral o inmobiliario que recorten sus beneficios de manera estructural. Por eso su propaganda promociona ideas del tipo: los viejos les quitan los derechos a los jóvenes y para evitarlo hay que recortar pensiones; o los indefinidos les roban los derechos a los temporales (muchos jóvenes) y la solución es rebajar la indemnización por despido de los fijos”, critica Carlos Martín. Y añade. “Que nadie lo dude. Los hijos y las hijas de la élite no verán mermadas sus expectativas, sino, como mucho, reorientadas”. No sucederá lo mismo con los chicos españoles más desfavorecidos y que antes de que apareciese la Covid-19 ya soportaban un paro del 30%. “Para resolver esa tensión generacional hace falta crear empleo. Nadie en una sociedad puede estar tranquilo sin trabajo, especialmente los jóvenes”, avisa Gonzalo Sánchez, presidente de PwC.

ÁLVARO, 34 AÑOS: “A EMPEZAR DE CERO OTRA VEZ, COMO HE HECHO DESDE QUE TENÍA 18 AÑOS”

Álvaro Alcalde
Álvaro Alcalde

En 2010, cuando la crisis rompía la economía española, Álvaro Alcalde empezaba a cocinar en un restaurante japonés de Madrid después de terminar sus estudios en San Sebastián. Con un grado superior de Hostelería, experiencia en Londres y varios años entre fogones comenzó cobrando 1.200 euros por un trabajo de seis días a la semana, 10 horas al día. “Vivía en un piso en mi barrio de toda la vida, Tetuán, pagando 650 euros más gastos… más de la mitad de mi nómina”. La situación pronto se hizo insostenible, y decidió, en 2011, lanzarse a recorrer el mundo trabajando en el campo, en proyectos agrícolas en Centroamérica y Canadá. “Volví a España en 2013 y volví a trabajar en cocinas con horarios esclavos (más de 60 horas a la semana y 1 día de vacaciones)”, relata. Hasta que, en 2019, se atrevió a montar un bar de vinos en Madrid. No había pasado ni un año y el negocio le iba razonablemente bien. Y estalló la crisis sanitaria. Su local lleva cerrado desde el inicio del confinamiento y calcula que no podrá reabrirlo. “Así que ahora a empezar de cero otra vez, como he hecho desde que tengo 18 años”. Por María Fernández

ALEJANDRO, 34 AÑOS: “HAY QUE LUCHAR, NO QUEDA OTRA”

Alejandro Sánchez.
Alejandro Sánchez.

Alejandro Sánchez (Pontevedra) se lanzó en 2016 a recorrer el Camino de Santiago con una libreta bajo el brazo. Apuntaba todo lo que le decían sus futuros clientes: los peregrinos. Era su forma de salir de una vida como profesor particular que no le llenaba ni el alma ni los bolsillos. Si acaso de dinero en negro, y ese no era plan de futuro. Desde entonces, este licenciado en Ciencias del Mar se ha afanado por convertir la casa de su abuelo, donde pasó los veranos de su infancia, en un albergue. El momento de emanciparse tenía fecha: abril de 2020. Hasta que llegó la pandemia. “Hay que luchar, no queda otra”, dice. Por delante, un préstamo y varias fases de desescalada. Por Marcos Lema

ANDRÉS, 33 AÑOS: “AHORA ESTABA BIEN Y DE REPENTE…PUM”

Andrés Lucía.
Andrés Lucía.

Andrés Lucía (Plasencia, Cáceres) estudió Artes Gráficas cuando las máquinas ‘offset’ estaban a punto de morir, se metió en Sociología en pleno cambio de la licenciatura al grado y acumulaba trabajos precarios en Salamanca durante la Gran Recesión. Nada le salía hasta que decidió formarse como director de cocina. La recuperación económica hizo el resto. “Ahora estaba bien y de repente… pum”, se lamenta. Crisis, ERTE y vuelta a empezar. Pero esta vez es diferente. Sabe que el restaurante bilbaíno en el que trabaja no podrá ofrecerle, si es que reabre, las condiciones que por fin había conseguido. Y no se rinde: “Toca reinventarse”. Con lo que le den de paro montará un servicio de cocina a domicilio. Por M.L.

MOHAMMAD, 29 AÑOS: “NADA DE COBRAR POR NO HACER NADA, TOCA ESPERGURAR”

Mohammad El Kabouri.
Mohammad El Kabouri.

Mohammad El Kabouri (Marruecos) llegó a España en 2007 y hasta 2011 no fue capaz de conseguir su primer trabajo. “Venía en busca de una buena vida, pero no la encontré”, rememora. La Gran Recesión frustró sus expectativas y, como tantos otros, se puso a estudiar. Encadenó varios cursos de cocina y por fin obtuvo un empleo. Ya no le faltaría nunca, pensó. Tras una década de experiencia, la crisis lo dejó en manos de un ERTE y recluido en casa. Demasiado para una persona activa. Estos días ha cambiado Barakaldo (Bizkaia) por los viñedos de La Rioja. Nada de cobrar por no hacer nada, toca espergurar, dice. En septiembre se le acaba el contrato en el restaurante, pero Mohammad es optimista: “Si buscas trabajo, lo encuentras”. Por M. L.

PABLO, 39 AÑOS: “NO ES UNA MALDICIÓN IRSE DE ESPAÑA Y NO DESCARTO VOLVER A HACERLO”

Pablo Sainz-Rosas.
Pablo Sainz-Rosas.

La vida de Pablo Rosado Sainz-Rosas (Bilbao) ha estado marcada por las turbulencias económicas y políticas de dos países: España y México. Tras estudiar Comunicación Audiovisual, vio que esa preparación no le daría ventajas laborales en medio de la crisis. Trabajó en productoras pequeñas que no pudieron sobrevivir. En 2011, estudió un máster en Administración de empresas para ampliar sus opciones y unos meses después una empresa lo fichó para que trabajara en México. “Fue un cambio total, para hacer ventas, algo que yo nunca había hecho, en un sector tecnológico y de educación. Fui uno de los que salieron en 2013”, cuenta. Durante más de seis años trabajó en lograr un acuerdo con la Secretaría de Educación Pública de ese país, pero el cambio de Gobierno, en 2018, terminó con esa posibilidad y se vio obligado a volver a España en noviembre pasado. “En retrospectiva, irme a México fue algo que ayudó muchísimo. No es una maldición irse y no descarto que eso pueda volver a ocurrir ahora”. Por Erika Rosete

INMA, 30 AÑOS: “MI GENERACIÓN JAMÁS VIVIRÁ COMO VIVIERON NUESTROS PADRES”

Inma Arteaga.
Inma Arteaga.

Primero como recién graduada y ahora como emprendedora, Inma Arteaga (Cádiz) ha vivido dos de las situaciones más complejas de la historia de España. En 2012, cuando terminó la carrera de periodismo y comunicación, una pequeña empresa de ‘marketing’ la contrató, mientras veía cómo sus compañeros hacían prácticas no pagadas y tardaban uno o dos años en encontrar un trabajo “decente”. Decidió hacer un máster de dirección de empresas y en mayo de 2019 se unió con un socio para crear Pixitour, una ‘start-up’ que ofrecía sesiones fotográficas a turistas, principalmente asiáticos, en sus viajes por Europa. “Con lo que estoy viviendo ahora que quiero ser empresaria, pienso que aquello de 2008 tuvo que ser horrible”, reflexiona. Arteaga piensa que esto es el “coletazo” de aquella crisis de la que no hubo una recuperación total. “Mi generación jamás vivirá como vivieron las generaciones de nuestros padres”, dice. Desde hace seis semanas Pixitour pasó a ser Batchor, un ‘software’ de edición de fotografía profesional para otras empresas, ahora que, asegura, las ventas en línea cobrarán más importancia. Por E. R.

FRANCISCO, 32 AÑOS: “CUANDO POR FIN EMPIEZAS A VIVIR POR TI MISMO LLEGA ESTA HECATOMBE Y TE BARRE”

Francisco Guillermo Gómez.
Francisco Guillermo Gómez.

Francisco Guillermo Gómez (Cáceres, 1987) dice que es optimista, pero reconoce que la crisis del coronavirus ha roto todas sus expectativas. “Es la época que nos ha tocado vivir. Aunque ya cansa. Es muy duro ver cómo cuando terminas la carrera, durante la recesión anterior, te cuesta horrores salir a flote con trabajos mal pagados y, cuando por fin empiezas a vivir por ti mismo, llega esta hecatombe que se lleva por delante todo el esfuerzo de los últimos tres años”. Francisco se licenció en Derecho y en 2017 montó una empresa de gestión de alojamientos y servicios para estudiantes y turistas extranjeros en Salamanca, donde también abrió su propio despacho de abogados. “La pandemia me ha barrido cuando la empresa iba a comenzar a dar un beneficio reseñable y voy a tener que liquidarla. Si no tuviera que pagar tantos impuestos no tendría que hacerlo”, afirma. Con los juzgados cerrados, tampoco su bufete le da de comer y sí le produce gastos. “Llevo tapando agujeros desde enero y ya no puedo más” [el 70% de sus clientes son asiáticos]. Ahora está viviendo en la finca familiar de Cáceres y no sabe si podrá mantener su casa salmantina. Lo que sí tiene claro es que va a salir adelante, “no me voy a quedar parado esperando la ruina. Tendré que sudar, pero un billetillo no me va a faltar”, sostiene mientras valora varios proyectos. Por Carmen Sánchez-Silva.

ALBA Y JUAN ANTONIO, 27 Y 28 AÑOS RESPECTIVAMENTE : “LA OPCIÓN MÁS VIABLE ES SER TEMPORERA EN FRANCIA”

Alba Martín y Juan Antonio Escañuela.
Alba Martín y Juan Antonio Escañuela.

Alba Martín (Madrid, 1992) y Juan Antonio Escañuela (Vélez de Belaudalla, Granada, 1991) comparten piso en Granada. Ninguno de los dos cree que la Gran Recesión les afectase demasiado, sí a sus familias, y, con esta, ella, titulada en Ciencias Ambientales en 2018 y con un C-1 de inglés, dice que se ha llevado una decepción bastante grande. Pensaba que su carrera iba a tener más salidas, como le prometieron. Pero lleva muchos meses buscando trabajo sin suerte en su profesión y ahora se plantea hacerse temporera en Francia para ganar algo de dinero. Juan Antonio trabaja como celador en el Hospital Virgen de las Nieves desde hace tres años y uno como interino; una suerte, dice, porque sus amigos se han quedado en la calle o sufren un ERTE. Él se ha podido independizar después de trabajar desde los 18 años en el campo, la hostelería, en seguridad o como repartidor y, de momento, sostiene, la pandemia no ha afectado a su proyecto de vida. Alba sí cree que va a tener que esperar más todavía para hallar un trabajo que le permita viajar y formar una familia, aunque no renuncia. Por C. S-S.

BELÉN, 34 AÑOS: «LA REMONTADA SERÁ DURA»

Belén Amoraga
Belén Amoraga

La trayectoria de Belén Amoraga, psicóloga, 34 años, es un viaje hacia el compromiso con los otros. Ha trabajado en Valencia con adictos, migrantes, enfermos de VIH. Personas que la sociedad expulsa hacia los arrabales de la vida. Ha tenido contratos precarios, retrasos de meses en los pagos y ha ido vadeando la existencia. Pasó, en 2018, por la Fundación NovaTerra, que promueve la inclusión social, y da clases en la Universidad de Valencia. “Ocho horas a la semana por 326 euros”. Un año más tarde abrió su gabinete sicológico. Pero irrumpió el virus y descubrió que a la gente le resulta difícil abrirse a través del ordenador. “La remontada será dura”, zanja. Por Miguel Ángel García Vega.

ADAM, 25 AÑOS: «A VECES IMPORTA MÁS A QUIÉN CONOZCAS»

Adam Choukrallah posa en Alcobendas , Madrid.
Adam Choukrallah posa en Alcobendas , Madrid.VICTOR SAINZ

A través del teléfono, la voz de Adam Choukrallah desborda tanta ilusión como una piscina de agua infinita. “Está muy difícil. Sobre todo para las personas que no tengan estudios o que trabajen en la hostelería. Pero hay que intentarlo insistentemente, y no coger el primer trabajo que te ofrezcan, siempre existe otra opción y hay que luchar por ella”. Adam es muy joven. Tiene 25 años y sus palabras llegan cargadas de toda la resistencia que se le presupone a esa fase de la vida. Vive en Alcobendas, a las afueras de Madrid. “Somos gente de barrio, de clase obrera”, sostiene orgulloso. Al igual que muchos chavales de su tiempo se siente muy preparado. Tiene un doble grado superior en Producción Audiovisual (CIFP José Luis García) y Marketing (IES Eslava), ha vivido un año de prácticas en una productora y fue becario durante dos meses. Tiempo suficiente, también, para conocer ciertas injusticias. “Muchas veces resulta más importante estar en el lugar adecuado y conocer a la persona correcta que el currículo”, sostiene. Algunos vicios no los cambia ni una pandemia. Por M. A. G. V. FOTO: VÍCTOR SAINZ

ALICIA, 35 AÑOS: «CUANDO ERES MADRE LA INCERTIDUMBRE ES MAYOR»

Alicia García.
Alicia García.SANTI BURGOS

Quien escoge el camino del corazón, cuenta el Bhagavad-gītā, el libro sagrado hindú, no se equivoca nunca. Alicia García mantiene muy presentes esas enseñanzas. Adora la ciencia. Se licenció en Biología en 2009 por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), ha defendido una tesis sobre el ictus y tiene un contrato temporal en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). También tiene un hijo, Arán, de dos años. Y bastante incertidumbre. “Tengo 35 años y mi currículo aún no resulta suficiente para presentarme a una plaza como profesora universitaria. La gente que se examina ahora supera los 40 años, con más experiencia y publicaciones”, comenta. “No sé qué sucederá dentro de cinco años. Si no me renuevan o consigo financiación para mis investigaciones quizá tenga que cambiar de profesión”. Un camino de piedras. El de una generación que investiga con becas de 1.000 euros y empieza a cotizar en la treintena. Por M. A. G. V. FOTO: SANTI BURGOS

NEREA, 26 AÑOS: «ME SIENTO OLVIDADA»

El currículo que presenta Nerea Gómez es una sucesión de puntos que trazan una línea recta perfecta. Entre otros títulos, en su nutrido expediente académico figura que es licenciada en Economía por la Universidad de Valencia, máster por la Universidad de Alicante. Solo tiene 26 años y anda en su tercer año de doctorado en la Politécnica de Valencia investigando cómo afecta al rendimiento académico el uso de las TIC (tecnologías de la información) en las aulas y hogares. Sin embargo, habita en el descontento. “Como generación, tengo el sentimiento de que siempre hemos tenido la palabra crisis en la boca”, reflexiona. Palabras que esparcen un justificado sentido de desafecto. Temporalidad, imposibilidad de acceder a una vivienda, precariedad. Una ansiedad que el virus ha replicado. “Me siento olvidada como joven, las prioridades suelen ser otros sectores de la población. Nadie está hablando de nuestro futuro y qué harán con nosotros ahora que entramos en el mercado laboral”, critica. / M. Á. G. V.

No es nada fácil aceptar que tu retoño haya crecido tan rápidamente, que prefiera pasar su tiempo libre junto a sus amigos y no contigo, que te quiera y te necesite de manera diferente.

Silencios que incomodan, distancias que se alargan y separan, vínculos que desaparecen. Portazos que rompen el alma, castigos sin sentido, exigencias que ahogan o asfixian. Conversaciones llenas de reproches, amenazas y peros que pesan en el alma.

Que difícil es acompañar a alguien que se muestra rebelde, insolente y desafiante. Que manifiesta poco interés por compartir con nosotros todo aquello lo que le sucede que, para hacer frente a su frustración, para modular la montaña rusa de emociones por la que transita.about:blankPUBLICIDAD

Que complicado es conectar con un hijo que, en ocasiones, nos falta al respeto, nos alza la voz o se muestra desagradecido. Que no reconoce sus errores, le cuesta escuchar nuestros consejos y se siente inseguro y perdido. Una persona en proceso de descubrimiento, de cambio, con altas dosis de ego e impulsividad, donde solo existe el todo o la nada. Lleno de contradicciones, inapetencia, y poca capacidad para la reflexión.

Que frustrante es sentir que en muchas situaciones no sabemos dar respuesta a sus necesidades, que parece que hablamos idiomas diferentes y no logramos encontrar el adecuado equilibrio entre la exigencia y la libertad. Que no somos capaces de entender cuando reaccionan de forma desajustada, impulsiva e impredecible.

No es nada fácil aceptar que tu hijo haya crecido tan rápidamente, que prefiera pasar su tiempo libre junto a sus amigos y no contigo, que te quiera y necesite de manera diferente. Que reclame su espacio y libertad, en ocasiones con mucha insolencia.

La adolescencia es la etapa educativa más difícil de acompañar y en la que nuestros hijos más necesitan de nuestra comprensión, serenidad y empatía. Que les ayudemos a descifrar el mundo cambiante al que se enfrentan, que les digamos a diario que estamos a su lado sin condición aunque parezca que no nos escuchan. Potenciando un lenguaje positivo y utilizando una mirada llena de reconocimiento y cariño.

Una etapa muy convulsa que a menudo nos desconcierta y nos exige nuestra mejor versión. Que nos hace perder la paciencia, contagiarnos del mal humor que muestran habitualmente y nos llena de numerosos interrogantes. Que nos hace sentir culpa e impotencia cuando no logramos sintonizar con lo que viven y sienten.

Que sea una etapa tan agitada no significa que también pueda ser maravillosa. Es un momento para nuestros hijos lleno de oportunidades, de primeras veces, de descubrimientos estimulantes y emociones muy intensas que podemos vivir a su lado. De empezar a conocer el mundo adulto desde la ilusión y la inocencia.

Han crecido mucho, pero siguen siendo nuestros pequeños a los que les gustaba que les achuchásemos y les protegiésemos. Nuestros adolescentes necesitan sentir que les entendemos, respetamos y nos les juzgamos ni les llenamos de etiquetas. Que conectamos con ellos emocionalmente y les acompañamos sin dramatismos y con grandes dosis de sentido común y sentido del humor.

Que entendemos el torbellino de cambios a los que deben hacer frente y lo difícil que es para ellos hacerse mayor. Que les dejamos ser tal y como ellos desean y les ayudemos a construir un buen autoconcepto y una apropiada autoestima. Que les ayudemos a despertar el interés y la curiosidad.

¿Cómo podemos conseguir conectar con nuestros hijos adolescentes?

  1. Estando presentes y disponibles, ofreciéndoles el tiempo y la atención que necesitan. Haciéndoles sentir queridos, valorados y apoyados. Estrechando vínculos nuevos adaptados a su edad para demostrarles nuestra confianza y amor incondicional.
  2. Entendiendo que la adolescencia es una etapa necesaria y temporal para llegar a la adultez, un periodo repleto de cambios y fluctuaciones. Hacer el ejercicio de recordar qué tipo de adolescente fuimos, qué problemas ocasionamos a nuestros padres y qué errores cometimos nos permitirá ser mucho más empáticos con nuestros hijos.
  3. Siendo firmes y flexibles cuando lo creemos oportuno estableciendo normas y límites consensuados. Cuidando mucho la manera en la que les decimos las cosas, acompañándoles en la toma de sus decisiones y en la detección y el desarrollo de sus talentos.
  4. Convirtiéndonos en los mejores referentes que puedan tener convirtiéndonos en el mejor de los ejemplos. Sin miedo a dejarles volar y brindándoles la posibilidad de equivocarse sin sentir culpa.
  5. Permitiéndoles que descubran el mundo a su manera, respetando sus gustos, ritmos de aprendizaje, deseos e intimidad. Dándoles el espacio que necesitan para ir creando su propia identidad.
  6. Ofreciéndoles seguridad y confianza para que puedan probar y arriesgarse sin que el error pueda interpretarse como un fracaso. Estableciendo sobre ellos expectativas acertadas para evitar que se sientan presionados o cuestionados, valorándoles todo aquello que hacen bien.
  7. Apoyándoles con nuestras palabras de aliento, nuestras miradas cómplices y regalándoles a diario nuestros abrazos y besos que tanto siguen necesitando.
  8. Validando emocionalmente lo que sienten, haciéndonos cargo de nuestras emociones y acompañando las suyas desde el respeto y la paciencia. Ayudándoles a identificar y gestionar todo aquello que les recorre por dentro.
  9. Teniendo muy en cuenta sus opiniones, gustos, necesidades y proyectos. Contagiándoles nuestro amor por la vida, nuestras ganas de mejorar a diario. Haciéndoles sentir importantes dentro de la familia y creando espacios y momentos compartidos con ellos.

Nuestros hijos adolescentes necesitan de nuestra calma y confianza para que les ayudemos a capear el temporal por el que transitan. Convirtámonos en el mejor refugio que puedan tener, ayudémosles a buscar su lugar en el mundo, a superar sus dudas y sus miedos con grandes dosis de amor y paciencia. Seamos modelos, guías y acompañantes para ellos.

Fuente: El País

Rafa Guerrero, psicólogo, publica ‘El cerebro infantil y adolescente, claves y secretos de neuroeducación’ que tiene como objetivo explicar las funcionales cerebrales de una forma pedagógica, útil y sencilla.

Existen cuatro cerebros: el rojo, el verde, el azul y el amarillo. Esta es la metáfora que usa Rafa Guerrero, psicólogo infantil y doctor en Educación, en su libro El cerebro infantil y adolescente, claves y secretos de neuroeducación que tiene como objetivo explicar a mayores y pequeños las funciones cerebrales de estas cuatro aéreas de una forma pedagógica, útil y sencilla: “El cerebro funciona como un todo, está interconectado, y el objetivo que tenemos nosotros como padres, madres, profesores y terapeutas es pegar, unir, esas cuatro zonas. Para hacerlo muy sencillo decidí diferenciarlos por colores”, subraya Guerrero. “Primero hablo del color rojo, que representaría la parte más primitiva, más intuitiva y orientada a la supervivencia; este cerebro no siente emociones, no piensa, no coordina, no ejecuta, solo le interesa estar bien alimentado, estar descansado, es muy básico y lo compartimos todos los animales”, prosigue el experto. Luego la cosa se va complicando. “Después, estaría el cerebro verde. Es un cerebro emocional, y es donde se codifican los vínculos, la sociabilidad, la amabilidad, el apego y conceptos muy básicos, como la memoria o el aprendizaje”, explica Guerrero. En resumen, el verde es el cajón de las emociones. Estos dos cerebros forman el subcórtex, anatómicamente hablando, son cerebros automáticos y dirigidos a la supervivencia.

La importancia de los cerebros azul y amarillo

Los cerebros azul y amarillo se encuentran en el neocórtex, que es la parte más externa del cerebro. Las dos terceras partes posteriores serían el azul, “y ahí almacenamos informaciones, nuestra memoria a largo plazo, todos nuestros recuerdos, nuestros conocimientos, el lenguaje, todo lo que hemos ido aprendiendo, los valores que nos han dado nuestros padres, todo el conocimiento que hemos adquirido en la escuela… se le podría llamar nuestra grandísima biblioteca”, incide Guerrero.

“El tercio restante sería el amarillo, y es el más importante, porque es el que se encarga de dirigir la orquesta, coordina todos los demás cerebros. Por ejemplo, tan importante es sobrevivir cuando te va a atropellar un coche como poder expresar una emoción cuando estoy enfadado porque algo no me gusta; como poder pensar y acceder a la información cuando estoy haciendo un examen; como poder coordinar todo eso. Es el CEO de la empresa, está ahí, en la corteza frontal, y es el amarillo, es el ejecutivo”, sostiene el experto. “Y es también el cerebro más influenciable para lo bueno y lo malo, el más influenciable por los medios de comunicación; por los padres, y por los amigos”, añade. “Por ejemplo, mi padre, por muy buena intención que tenga, aunque quiera movilizar el cerebro rojo, solo lo conseguirá si lo pone en riesgo, es el caso de los maltratadores o abusadores, pero recordemos que no es un cerebro a entrenar, es innato”, recalca el psicólogo. “El amarillo es el cerebro más maleable, más influenciable”.about:blankPUBLICIDAD

Según explica el especialista, al amarillo hay que darle mucho cariño, mucha paciencia, se tiene que cuidar, hay que tener un cerebro amarillo sano, “un cerebro insano no puede criar a un cerebro inmaduro, es imposible”. Lo debemos cuidar con mucho cariño, reitera, con mucha mirada incondicional, hay que estar muy presente, conectando con nuestros niños: “Todos los cerebros están interconectados, pero al final el que estructura, y el que es consciente de que lo estamos haciendo muy mal o muy bien, es el amarillo. Es el que le pone consciencia a la acción, el que se concentra, el que regula la inteligencia emocional, por ejemplo, está en esta parte”.

Portada de 'El cerebro infantil y adolescente, claves y secretos de neuroeducación'
Portada de ‘El cerebro infantil y adolescente, claves y secretos de neuroeducación’

El cerebro del niño es maleable e influenciable

Lo bueno y lo malo que tiene el cerebro de nuestros niños es que es muy maleable e influenciable: “Una buena crianza es conseguir que nuestro hijo se relacione bien, que tenga empatía, que tenga pensamiento crítico, que tenga capacidad de autonomía, que sea capaz de proteger a los suyos y un largo etcétera”. ¿Qué sería entonces una madre o un padre sano? Según especifica el experto, el padre sano debe tener “presencia física, capacidad de conectar con sus hijos y ser empático, saber lo que necesita y, en último lugar, ser responsivo”, explica Guerrero. Resumiendo: “Es una manera muy simple de explicarlo, pero creo que así se entenderá. Si yo estoy siempre presente, empezamos bien. Si en segundo lugar conecto contigo y soy capaz de meterme en tu cabeza, meterme en tu corazón y soy capaz de sincronizar contigo, estoy en posición de pasar a la tercera fase que es la responsiva”, añade. “De esta manera, si te duele la rodilla, atiendo tu rodilla. Si tienes hambre, atiendo tu hambre…”.

El ejemplo de este proceso es el manejo de la frustración: “Lo primero que como padre o madre debes saber es qué ocurre en un cerebro cuando se frustra, ya sea el de tu hijo o el tuyo o el de tu pareja”. “Yo haría dos cosas, para hacerlo de forma gráfica”, prosigue, “lo primero conecto contigo, es decir que entiendo que estás enfadado, luego legitimo tus emociones. La siguiente fase sería redirigir… Por ejemplo, mi hijo se está divirtiendo en un parque, pero tenemos que subir a casa. Entiendo que se enfade, pero le explico que mañana hay cole, que tiene que bañarse y cenar, y después de razonarlo, terminamos subiendo, es lo que hay que hacer, pero esto no implica que tu hijo no siga enojado. Obviamente, no va a salir de él: “Sí, papá, yo creo que hay que subir porque hay que cenar y dormir. Pero le he escuchado, he entendido sus sentimientos y se lo he explicado”.

Peculiaridades del cerebro adolescente

“A mí me gusta usar una metáfora que sirve para entender cómo es el cerebro adolescente”, prosigue el experto. “Su cerebro”, continúa, “es como un móvil al que le ha llegado una notificación por la que debe ser actualizado. En el momento que tú le das al OK, el teléfono deja de funcionar. La buena noticia es que cuando recuperes el móvil, este va a ser mucho mejor y más operativo, va a estar mucho más adaptado, te vas a encontrar con unas funciones que antes no tenías, pero que finalmente vas a tener”. Según sostiene, esto es lo que le pasa al adolescente, que no es un niño, pero tampoco es un adulto, está en impasse: “El sunami emocional de la adolescencia es muy complejo. Normalmente los padres y madres lo pasan mal, porque la estructura del cerebro que más se actualiza es la superior, es el córtex, es decir el cerebro azul y el amarillo, lo humano. Lo que provoca que funcionen solo las partes rojas y verdes del cerebro: el instinto y las emociones”.

¿Podemos hacer algo los padres y madres en la infancia, para no llevarnos sorpresas en esta etapa? “Lo bueno que tiene el cerebro es que es acumulativo, toda la inversión que hagamos a todos los niveles [social, operativo, ejecutivo], luego van a ser factores de protección y todo lo que no hagamos en los primeros años de vida, serán factores de riesgo”, concluye Guerrero.

¿Por qué es básico que los padres y madres conozcan el desarrollo y partes del cerebro? Según expone Guerrero, todo el mundo debería tener unas nociones básicas de cómo funciona el cerebro: “Y, ojo, esto no implica que usted se tenga que matricular en medicina. Yo creo que con dedicarle dos horas de nuestra vida a tener unas nociones básicas, y poder aplicarlas en el día a día, es suficiente”.

Fuente: De mamas y papás. El País.

Un estudio reciente dejó en evidencia el vínculo estrecho entre el consumo de alcohol y el cáncer.

De acuerdo a la investigación publicada en The Lancet Oncology, se estima que el alcohol causó más de 740.000 casos de cáncer en todo el mundo en 2020.

Los investigadores hallaron evidencia de esta relación causal en varios tipos de cáncer que incluyen el de mama, boca, garganta, laringe, esófago, hígado, colon y recto.

Si bien se ha hablado mucho sobre el impacto negativo en general del alcohol en la salud, su incidencia en el riesgo de cáncer es menos conocida y se sabe menos aún cómo lo provoca.

Toxina

La clave está en lo que sucede cuando el cuerpo procesa procesa el alcohol, según le explica a BBC Mundo Ketan Patel, director de la Unidad de Hematologia Molecular del Medical Research Council de la Universidad de Oxford, y experto en la relación entre ambos.

La causa «no se ha comprendido del todo, pero hay dos grandes áreas que merecen consideración», dice el científico.

Hombre que ha bebido mucho
Pie de foto,El riesgo exacto de una persona depende además de muchos otros factores ajenos a nuestro control, como la edad, la genética y si somos hombre o mujer.

Una se vincula a «cómo el alcohol se procesa dentro del cuerpo: cuando bebes, el cuerpo transforma el alcohol en energía», dice Patel.

En este proceso, «el alcohol se convierte en una toxina llamada acetaldehídoEsta toxina puede alterar el ADN y causar mutaciones«.

«Y como no puedes desarrollar cáncer sin genes mutantes, lo que sea que promueva la mutación de los genes, promoverá el cáncer», explica Patel.

Un ejemplo clásico de esto es la relación entre la exposición al sol y el cáncer de piel, o el tabaquismo y el cáncer de pulmón.

«Ambos incluyen agentes químicos o factores que dañan y provocan mutaciones en el ADN, que causan la aparición de cáncer debido a que los genes dan instrucciones equivocadas», explica el científico.

El segundo mecanismo del que habla Patel, tiene que ver con la energía metabólica que crea el alcohol y que «reacciona con las células y el cuerpo de forma que estimula a las células cancerígenas a aparecer y crecer, aunque la evidencia de esto por el momento es un poco débil», explica el investigador.

Claro que el beber alcohol no da necesariamente cómo resultado el desarrollo de un tumor cancerígeno, porque el riesgo exacto de una persona depende además de muchos otros factores ajenos a nuestro control, como la edad, la genética y si somos hombre o mujer.

Cientficos miran un modelo de ADN
,Al procesar el alcohol, se produce una toxina llamada acetaldehído que puede alterar el ADN.

Aunque este último factor «es dificil de separar de las diferencias en torno al consumo de alcohol, ya que los hombres tienden a beber más que las mujeres», le dice a BBC Mundo Harriet Rumgay, investigadora de la Rama de Vigilancia del Cáncer de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) en Francia, y coautora del estudio publicado en The Lancet en julio.

Pero reducir la cantidad que consumimos definitivamente reduce el riesgo.

El cuerpo se defiende

Frente al daño que hace el acetildehído, que se genera a partir de la descomposición del alcohol, el cuerpo se defiende con una enzima que elimina esta toxina (la ALDH2) y luego mediante un sistema que repara el daño en el ADN y evita que ocurra una mutación.

«Cada vez que bebes alcohol, estos dos sistemas de protección evitan que el alcohol te haga mucho daño. Y la evidencia de que esto es así es que cuando estos dos mecanismos no están (en humanos o en el laboratorio), se ve una sensibilidad extrema al alcohol y al daño que le hace al ADN, y predisposición al cáncer», explica Patel.

Esta falta o deficiencia, no obstante, es bastante común.

Gente en Asia
Algunas personas, en su mayoría de origen asiático, tienen una deficiencia de una enzima que los hace más vulnerables al alcohol.

Se estima que cerca de un 8% de la población mundial, la mayoría en el este asiático, tienen una deficiencia de ALDH2 -que hace que la piel se les enrojezca cuando beben alcohol- y esto los hace más vulnerables a ciertos tipos de cáncer.

Desde el punto de vista de la evolución, el enrojecimiento en las personas con esta deficiencia actúa como una señal de alarma, para evitar que consuman alcohol.

Cánceres específicos

El por qué afecta a ciertos tejidos en particular y no otros, es difícil de dilucidar.

Algunos cánceres a simple vista parecen más obvios -como el de boca, garganta, etc.- porque son las superficies que están en mayor contacto con el alcohol, pero hay que recordar que una vez «que el alcohol se absorbe en la sangre, puede viajar a otras partes del cuerpo donde se procesa», explica Rumgay.

Ilustración, cáncer de pecho
,Algunas teorías sostienen que alcohol podría aumentar los niveles de ciertas hormonas que aumentan el riesgo de cáncer de mama.

En el caso del cáncer de mama, una hipótesis que se baraja es que el alcohol puede también «aumentar los niveles de ciertas hormonas como el estrógeno, y los elevados niveles de estrógeno pueden incrementar el riesgo de cáncer de mama», señala la investigadora.

Sin embargo, Patel opina que la evidencia de ello no es muy contundente.

Hábitos

Cuando hablamos de tipos de alcohol, de si causa más daño el vino, o la cerveza o las bebidas espirituosas, lo que importante no es tanto de qué bebida se trate sino de la cantidad total de alcohol que consumamos, ya que el daño lo provoca el alcohol en sí mismo.

En cuanto a la cantidad, Rumgay señala que cualquier nivel de alcohol aumenta el riesgo de cáncer, «pero obviamente beber menos significa que el riesgo es más bajo en comparación con beber en grandes cantidades».

Hombre bebiendo y fumando.
Fumar y beber es combinar dos riesgos, que algunos creen que se potencian,.

Sobre las diferencias entre beber mucho en un período de tiempo breve, como por ejemplo el fin de semana, comparado con beber un poquito todos los días, aunque la data no es muy clara, Patel estima que si uno bebe excesivamente en poco tiempo, es mucho más probable que se saturen los mecanismos de defensa y funcionen de forma menos eficiente, que si uno bebe menos pero de forma crónica.

Combinaciones

Otro problema añadido al consumo de alcohol, es cuando se hace en asociación con el tabaco.

«Básicamente, si te sometes a dos riesgos -el alcohol y otro agente que daña tu ADN- va a haber un doble efecto sobre el tejido», epxlica Patel.

Pero además, añade Rumgay, «el alcohol puede hacer que les resulte más fácil a las sustancias químicas dañinas del tabaco penetrar en nuestras células».

El riesgo de cáncer siempre será mayor entre quienes beben, comparados con quienes no lo hacen, pero «la evidencia muestra que este nivel de riesgo elevado se reduce a un nivel similar al de aquellos que nunca consumieron alcohol despues de cerca de 20 años».

Fuente: BBC.com

Con las siguientes aplicaciones se pueden programar todas las tareas de la casa de manera sencilla y con la participación de todos los miembros de la familia.

“¿A quién le toca limpiar la cocina? ¿Poner la mesa? ¿Preparar el desayuno?”. Estas preguntas suelen ser frecuentes en una casa, en la que las tareas domésticas son una parte fundamental para mantener un orden y organización dentro del hogar. Pero ¿qué ocurre con los más pequeños de la casa o con los adolescentes? Estas apps gratuitas para organizar las tareas domésticas pueden servir para que los niños aprendan el valor del trabajo doméstico diario, de una forma organizada y con motivación, ya que disponen de herramientas diversas y publican una notificación cuando la tarea ha sido realizada, entre otras funciones.

Trello

Trello

Sirve para organizar todo tipo de proyectos y dividir las tareas. En el caso del ámbito doméstico, permite crear un tablero con el que asignar a cada miembro de la casa una labor, ubicarla dentro de un plazo, añadirle una descripción e imágenes si fuera necesario y finalizar la asignación desde cualquier dispositivo conectado al programa. Además, la aplicación funciona aunque no haya conexión. Está disponible para dispositivos Android iOS

PlaniFood

PlaniFood

Un planificador inteligente para determinadas tareas del hogar, como preparar la comida semanal o hacer la lista de la compra, con múltiples funcionalidades. Permite elaborar un calendario de la semana o el mes con las comidas que se pretende preparar, organizar los artículos de la compra por secciones o aprender diferentes recetas paso a paso. Está disponible para dispositivos Android e iOS

OurHome

OurHome

Administrar las tareas domésticas, crear listas y cuadrantes compartidos, asignar quehaceres, enviar mensajes y recordatorios o ver el progreso que ha realizado cada miembro del programa son algunas de sus funciones más destacadas. Ofrece también un calendario y un sistema de notificaciones internas cuando las tareas se finalizan. Se puede descargar en dispositivos Android iOS.https://03da92d670401253cf79dab80e88e8a4.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

Cozi Family Organizer

Cozi Family Organizer

Listas de la compra, ingredientes, recetas paso a paso con imágenes, calendarios para organizar las tareas por colores y usuarios… Todas estas funciones son ofrecidas por la aplicación de manera gratuita, pero cuenta también con la versión ‘Gold’, con funcionalidades para planificar los cumpleaños o modificar el sistema de notificaciones. Está disponible únicamente en inglés para Android iOS.

Dommuss

Dommuss

Ofrece un espacio privado en el que compartir calendario, menú semanal, listas de la compra y de tareas, un espacio de notas, mensajería offline… Existe también una versión de pago con funcionalidades adicionales como crear un mayor número de módulos o gestionar las notificaciones. Está disponible para dispositivos Android iOS.

Actividades del hogar

Actividades del hogar

Se plantea como un juego: se añaden las tareas y los miembros de la familia que las van a realizar. Después, por cada ‘misión’ completada, la persona va recibiendo puntos y escalando puestos en un marcador. De este modo, y sobre todo para los más pequeños, es una forma de motivarles para hacer las actividades de la casa sin que les parezca aburrido. Todas se pueden programar y cuentan con recordatorios, además de un chat para que la familia pueda comunicarse en cualquier momento. Dispone de elementos adicionales (de pago) dentro de la aplicación y está disponible en Android

Clean My House

Clean My House

Funciona como un horario con el que se pueden gestionar y planificar las tareas domésticas y los recados asociados a las mismas. Tan solo hay que apuntar las actividades que hay que hacer en la casa (a las que se les puede asignar una repetición semanal o mensual) y establecer un día y una hora para llevarlas a cabo. Una vez realizadas, se marcan como ‘completadas’. También se pueden dividir por distintas categorías (relacionadas con las distintas estancias) e incluirlas en el móvil para que aparezcan como notificaciones. Cuenta con versión premium y está disponible en Android.

Tody

Tody apps gratuitas tareas domésticas

Se trata de realizar un plan de limpieza personalizado en el que a cada encargo se le asigna una periodicidad y qué miembro de la familia tiene que hacerlo. Una vez creado, funciona con indicadores en distintos colores que muestran el retraso en la tarea. De este modo, si el salón es una de las estancias que más se limpian, el indicador aparecerá en verde, pero si, por el contrario, el baño es el que menos aparecerá en naranja o en rojo. Así, todos los miembros de la casa podrán ver cuáles son las partes del hogar más necesitadas de una limpieza ya que, además, puede sincronizarse en todos los dispositivos. Cuenta con versión premium y está disponible en Android e iOS

Housekeeping

Housekeeping apps gratuitas tareas domésticas

El objetivo es crear una lista de tareas en el hogar con recordatorios. De este modo, todas las actividades de limpieza (divididas por distintas estancias) estarán organizadas. Además, la aplicación permite subir fotografías de la lista de la compra o de las cosas que hay que reparar y escribir pequeños textos a modo de notas.  Cuenta con elementos adicionales (de pago) dentro de la aplicación y está disponible en Android

Out of Milk

Out of Milk apps gratuitas tareas domésticas

Es una lista de compra que se puede llevar en el teléfono móvil. Se divide por distintos tipos de alimentos (verduras, frutas, carnes, pescados…) y también por las tres comidas principales del día: desayuno, comida y cena. También cuenta con una opción de ‘despensa’, en la que se puede apuntar todo lo que hay en casa para controlar el gasto y comprar únicamente lo necesario. Se puede compartir o enviar a otras personas. Está disponible en Android e iOS.

Los hijos crecen a un ritmo vertiginoso y casi sin darte cuenta llegan a la adolescencia. Pero todo lo que ocurre antes en su vida marcará esta etapa llena de cambios hormonales. Es por eso que antes de que tu hijo/a llegue a esta edad es necesario que hayas inculcado en él algunos hábitos para que cuando llegue la adolescencia se mantengan y además, perduren.

Cuando un niño se convierte en adolescente el tiempo que se pasa junto a él es bastante más limitado por lo que la influencia de padres a hijos se puede ver disminuida. Pero, si construyes algunos hábitos antes de que lleguen a esta edad, tu influencia servirá exactamente igual que cuando eran más pequeños y además, estarás creando una relación positiva con tu hijo/a adolescente.

Hábitos que deben tener tus hijos antes de llegar a la adolescencia

1. Cenar en familia

El tiempo de comer o cenar en familia es muy importante para cuidar el núcleo familiar. En estos momentos se puede compartir tiempo y ofrecer toda tu atención sobre tus hijos. Establecer el hábito de comer o cenar todos juntos cada día es importante para que todos estéis bien conectados y así cuando llegue la adolescencia, seguirán haciéndolo como una parte normal de sus vidas.

2. Guarda tu teléfono en las comidas y en el coche

Mirar el teléfono o las redes sociales mientras se está comiendo en la mesa compartiendo tiempo en familia es de muy mala educación, además de desagradable para tus hijos. Haciéndolo en el coche mientras conduces además es peligroso para tu vida y para la de tus hijos ya que las distracciones al volante pueden resultar fatales y sufrir un accidente.

Si haces esto tus hijos imitarán tu comportamiento y es un hábito que debes eliminar para que tus hijos no lo imiten. Los momentos de la mesa y del coche son momentos de conversación en familia y deben ser priorizados ante todo.

hijo adolescente

3. Tiempo para conversar

Cuando se trata de adolescentes el mayor desafío es captar su atención y más cuando años atrás ellos intentaban captar la tuya pero no había manera: aprendieron a ignorar. Es necesario que como padre o madre tengas el hábito de escuchar y hablar con tus hijos cada día y de preguntar cómo ha ido el día que han vivido. Cuando tu hijo adulto te llame cada semana para contarte cómo está, agradecerás el esfuerzo invertido años atrás. 

4. Contacto físico

Para afianzar un vínculo afectivo es necesario tener contacto físico. Se necesitan 4 abrazos al día para sobrevivir, ocho abrazos al día para mantenerse y 12 para crecer. Los adolescentes crecen de muchas maneras pero en ocasiones se olvidan de ser agradables y cariñosos. Cuando los niños llegan a la preadolescencia y se ha inculcado el hábito de los abrazos, se podrán mantener el contacto físico posteriormente. Quizá en la adolescencia sea tocar el pelo o hacer cosquillas… Pero el contacto físico no deberá decaer. 

5. Comprender sus intereses

Es importante comprender y respetar sus intereses y saber de qué tratan poder mantener una conversación con ellos. Las cosas que les interesan puede que sea algo aburrido para ti, pero si es importante para ellos, también debe serlo para ti. Por eso, es necesario que estés dispuesto/a a entender lo que es importante para ellos y estar al tanto para saber de qué trata exactamente. 

6. Que fracasen o tengan éxito

Cuando pasa la etapa de ‘supervivencia’, es importante que los padres empiecen a dejar espacio a sus hijos para que empiecen a probar cosas por su cuenta. De esta manera, cuando llegue el momento de dejarles marchar, tendrán práctica suficiente para ser capaces de hacer cualquier cosa por su cuenta, sabiendo que de los errores se aprende y que es necesario pasar por ellos para llegar al éxito.

Fuente:etapainfantil.com

Se acabaron los días a remojo en la piscina y los juegos en la calle hasta tarde. Llegan las horas interminables sentados en el pupitre y los deberes vespertinos. Al igual que los adultos, los niños también sufren el síndrome postvacacional, incluso, en ocasiones, más acusado: se muestran tristes, irritables y ansiosos ante la perspectiva tener que volver a la escuela. «Muchos se enfrentan a situaciones nuevas por primera vez», nuevos compañeros, nuevos profesores, nuevos retos…, explica la psicóloga infantil Sandra Granados, del centro IPSIA Psicología. Además, han estado durante más de dos meses ociosos, relajados y divirtiéndose, y adaptarse a la nueva rutina les cuesta más.

Estos son, según los expertos las 10 maneras que tenemos los padres para que vean la vuelta al cole como un reto emocionante en vez de algo aburrido en la que todo son responsabilidades.

1. Actitud positiva y evitar comentarios negativos

«Es importante hablar con los niños de forma positiva y alegre sobre la vuelta para que vean la parte buena de ello, como el contacto con sus amigos», cuenta Granados. Nuestra actitud les influye más de lo que creemos. «Aunque tu vuelta al trabajo haya sido muy pesada, no es recomendable que lo exteriorices delante de ellos, porque entonces aprenderán que volver siempre trae consecuencias negativas. Los niños aprenden por imitación y al igual que el adulto sufre un estado de ánimo más bajo al retornar al trabajo, estos pueden responder de la misma manera», explica la psicóloga Marta Rebollar.

2. Reforzar en vez de regañar

«Solemos cometer el error de recordarles el fracaso que tuvieron el curso pasado o de avisarles de lo negativo que sería si les fuera mal este año, en vez de señalar los logros obtenidos en años anteriores» y animarles para que lo intenten en otras actividades que se les dan peor, aconseja Granados. Siempre es más fructífero decir «¡qué buena nota sacaste el año pasado en Inglés! Este año a por ello de nuevo», en vez de «¡a ver si éste año lo haces mejor en Matemáticas!».

3. Hacer planes para el curso

«Puede ayudar hacer una lista de propósitos, por un lado académicos, sobre qué les gustaría conseguir este curso o qué actividades extraescolares les gustaría realizar, pero también personales o sociales», argumenta Granados. Es más aconsejable que la lista parta de ellos para que estén verdaderamente comprometidos, no que sean los padres los que los propongan.

4. Establecer una rutina

Fijar unos horarios desde el principio es clave para que los niños se adapten lo antes posible al nuevo curso. «Deberíamos ir adaptando las rutinas, por ejemplo, ir levantándose cada día un poco antes, irse a dormir cada día más pronto, comer a la hora del horario escolar, etc., de forma progresiva, para ir cogiendo el ritmo durante una semana antes o incluso 10 días», explica Granados.

5. No olvidar la diversión

Esto no significa que la vuelta al cole sea el final del divertimento. «Los niños pueden aprender muchísimo mediante el juego y es muy importante que todos los días tengan tiempo para jugar, no sólo para los deberes«, explica Rebollar. Por ello es aconsejable no olvidar introducir actividades lúdicas, sobre todo los primeros días, como seguir yendo a la piscina, lo que hará que no perciban tanto el cambio.

6. La importancia de la comunicación

Su intranquilidad ante el nuevo curso es algo normal, pero ahí entra en papel de los padres para prestarles apoyo y comprensión durante los primeros días. «Explicarles cómo va a ser el nuevo curso, sus nuevos profesores y sus nuevas asignaturas también le puede ayudar a reducir la incertidumbre y por tanto, reducir la ansiedad», dice Rebollar.

«Si sus sentimientos son negativos no hay que mostrar preocupación, sino hay que ver qué necesita para sentirse mejor y ayudar al niño a conseguirlo. Si no quieren hablar del tema, es mejor no agobiarles, y si se muestran muy nerviosos, intentar tranquilizarlos», continúa la psicóloga.

7. Preparar el material escolar

Rebollar aconseja también involucrarlos en la preparación del material escolar. «Ellos van tomando consciencia de que tienen que volver pronto, y al preparar y elegir sus cosas (la mesa de estudio, el estuche…) pueden tener más ganas de empezar», explica. Estrenar algo nuevo siempre apetece, pero no hace falta gastarse mucho dinero para ello.

8. Rememorar lo positivo del año anterior

«Recordar anécdotas divertidas de cursos anteriores o juegos con los que disfruten también motiva a los niños a volver al cole para volver a vivir nuevas experiencias con sus compañeros», cuenta Rebollar.

9. Organizar una quedada previa

También se puede hacer un reencuentro con los amigos del colegio antes de comenzar para perder la timidez de los primeros momentos y facilitar así la adaptación.

10. Primer día sin dramas

En el día de la vuelta al cole, las despedidas deben ser breves. El niño tiene que percibir la seguridad de los padres; si éstos están nerviosos, el niño puede interpretar que el colegio es algo malo. «Es muy importante hacerlo todo con calma y sin prisas para que las sensaciones sean agradables», afirma Rebollar

Las madres y padres tememos a la adolescencia de nuestros hijos. Más aún después de ver el primer capítulo de Euphoria. Cualquiera diría que nosotros fuimos adolescentes hace no tanto. O tal vez la temamos precisamente por eso, por ese conocimiento que nos otorga la experiencia de haber sido adolescentes; y también, cómo no, por todos los adjetivos terroríficos con los que acompañamos a esta etapa vital. “Llevo 40 años trabajando con adolescentes y siempre vemos en ellos un problema y no un adolescente”, reflexionaba en una entrevista el psicólogo, educador y periodista Jaume Funes. Sucede algo parecido con los “terribles dos años”. Con la expectativa que genera el adjetivo uno no puede más que esperarlos con el cuchillo de juguete entre los dientes, armado de paciencia para una “guerra” doméstica que, en la adolescencia, si no sabemos gestionarla, puede tener más de guerra en su significado literal, con gritos, caos y trincheras levantadas tras las puertas de las habitaciones.

“Como padres tenemos que ser para nuestros hijos adolescentes, pero también en cualquier otra etapa vital, como puertos de aguas calmas que los acogen y los ayudan a reponerse cuando llegan de sus travesías con las emociones agitadas. El problema es que muchas veces no solamente no sabemos calmarlos, sino que nuestros propios desajustes emocionales desatan o multiplican los suyos”, afirma la pedagoga Eva Bach, que acaba de publicar junto a Montse Jiménez, profesora de secundaria experta en innovación tecnológica, Madres y padres influencers (Grijalbo).

Con el concepto de influencers, las autoras quieren destacar el potencial de madres y padres como ejemplo para sus hijos, ya que en opinión de Bach nuestra capacidad de influencia “es mucho más poderosa que ninguna y de lo que creemos”. No en vano, como se encarga de destacar la experta, nosotros, las madres y padres, “somos los primeros influencers” de nuestros hijos.

El problema es que no siempre somos el mejor ejemplo. Y si creemos serlo, muchas veces nos falta capacidad para comunicarnos con nuestros hijos, no somos capaces de trasladarles el mensaje sin que suene a bronca o a charla vomitada desde un púlpito de superioridad. Por eso, las autoras invitan en el libro a aprender de los jóvenes y de sus ídolos, de esos influencers en el sentido literal de la palabra a los que siguen con devoción, ante nuestro asombro y desconcierto, en YouTube o Instagram.

En el mundo de los influencers hay de todo, pero en general hay dos aspectos fundamentales de los influencers que nos iría muy bien practicar. Por una parte, deberíamos siempre buscar contextos adecuados en los que hablar con nuestros hijos con naturalidad y sin tabúes ni miedos de los temas que les interesan y les preocupan. Otro aspecto muy interesante es el tipo de comunicación. Los influencers utilizan un lenguaje fresco y natural, un tono vital y optimista. Invertir en una comunicación fluida con nuestros hijos e hijas, es invertir en su propio proyecto de vida”, argumenta Montse Jiménez.

Padres influencers en la era de las pantallas

“Tenemos que tomar conciencia de que actuamos como un espejo. No nos tiene que extrañar que los chicos y chicas estén enganchados si nos ven hiperconectados”, suele afirmar el maestro, antropólogo y asesor TIC Jordi Jubany. Y es que, si hay un aspecto en el que, por regla general, los padres y madres erramos en nuestro papel de influencers con nuestros hijos, adolescentes o no, es en el tecnológico. En un mundo de pantallas, redes sociales y egocentrismo desmedido les pedimos a ellos lo que nosotros no somos capaces de hacer: vivir sin estar enganchados a ellas y a las recompensas que nos generan en forma de likes.

Para Eva Bach nuestro trabajo como padres influencers pasa por aprender a congeniar “de una manera inteligente, ética y saludable” las dos realidades que definen el mundo actual, la presencial y la virtual, ya que prescindir de una de ellas “supondría ir cojos por la vida y el futuro”. En ese sentido, Montse Jiménez recuerda que las redes sociales conectan a los jóvenes a la vida, a la comunidad, a su grupo y a lo que les interesa, pero que también pueden desconectarlos de la realidad: “Hay que educar y acompañar en diferentes parámetros como, por ejemplo, en la gestión que hacen los adolescentes del tiempo. Las redes sociales no pueden absorber ni sustituir los tiempos imprescindibles (de desconexión, de actividad física, de juego, de sueño…) para el desarrollo de la persona. Y por encima de todo hay que educar en aspectos fundamentales como el autocontrol, la responsabilidad o la autoestima”.

Y educar pasa necesariamente para Montse Jiménez porque los padres se “involucren” en los procesos de cambio provocados por la aparición de nuevas tecnologías y nuevas formas de comunicación. “No podemos ser meros espectadores de las transformaciones que vivimos y limitarnos a esperar para aplaudir o lamentar. Involucrarse activamente implica estar atento a lo que llega, seguramente despojarse de lo que hasta ahora había y abrir mente y corazón a nuevas maneras de entender el mundo. No se trata de rechazar sino de escuchar, empaparse de la realidad y empatizar para poder guiar. ¿Qué ven nuestros hijos/as? ¿Cómo se comunican? ¿Qué buscan?”, reflexiona la miembro del equipo de innovación, comunicación y formación de la red de centros Vedruna Catalunya Educació.

Un ejemplo de esa invitación a los padres a implicarse, a involucrarse en el mundo digital, es el título del primer capítulo de Madres y padres influencers, Actualiza tu app: “Es fundamental que las madres y padres conozcamos no solo las apps que utilizan nuestros hijos, sino también a los influencers que siguen, los youtubers o instagrammers que les gustan, las páginas que frecuentan. Todo ello nos da pistas de lo que buscan en las redes y en las pantallas”.

Tras encuestar a más de 1500 adolescentes para dar forma al libro, Eva Bach y Montse Jiménez tienen respuesta a esa duda: los adolescentes buscan entretenimiento y diversión, consejo sobre moda y tendencias, pero también buscan puntos de vista y opinión sobre los grandes temas que les preocupan, que no dejan de ser grandes temas de la vida: relaciones personales, amor y enamoramiento, orientación sexual, autoimagen y autoconcepto, igualdad de género, etc.

“Esos temas deberían formar parte de las conversaciones con nuestros hijos. Conocerlos nos da pie a poder conversar con ellos y compartir dudas y puntos de vista para poder guiarles”, concluye Jiménez.

Fuente: De papás y mamás