A partir de los 18 años –antes, a veces-, muchos jóvenes sueñan con volar del nido, independizarse de sus padres, irse de casa. En España, ese sueño se prolonga, de media, casi durante 11 años. Concretamente, hasta los 28,9 años, que es la edad a la que los jóvenes españoles salen del hogar de sus padres, según datos de Eurostat. No es precisamente España líder de la UE en la juventud de sus jóvenes emancipados. De hecho, ocupa el 21º lugar entre los 28, muy lejos de los 19,1 años a los que se emancipan los suecos o los 21 de los daneses. Las españolas, al igual que las demás europeas, salen del hogar paterno dos años antes que los hombres.

Con estos datos, la tasa de emancipación en España se sitúa en el 20,8% en la población de entre 16 y 29 años. Es decir, casi ocho de cada diez jóvenes españoles viven con sus padres al menos hasta los 30. La crisis económica ha afectado claramente a esta tasa, ya que ha ido cayendo sin pausa desde 2008, cuando alcanzó su máximo por encima del 26%, según el Observatorio de Emancipación que elabora cada seis meses el Consejo de la Juventud de España.

¿Y por qué los jóvenes tardan tanto en irse de casa? La explicación tiene que ver con algunos factores principales. Uno de ellos es la elevada tasa de paro juvenil, que se sitúa en el 46,5% entre los 16 y los 24 años y del 28,39% entre 25 y 29, según los datos de la Encuesta de Población Activa que publica el INE. Sin trabajo, es muy difícil que un joven deje la casa familiar.

Pero es que tener trabajo tampoco asegura la capacidad de pagar una hipoteca o un alquiler. La precariedad laboral ha tocado máximos en los últimos tiempos. Así, el año pasado se firmaron 17 millones de contratos temporales, el 92% del total. Además, 6,4 millones de los contratos firmados fueron por horas. Así, la duración media de los contratos ha descendido de 79 días en 2006 a 53,4 en 2015.

Si de todas formas un joven intenta optar por la emancipación, se va a encontrar con los altos precios de la vivienda y del alquiler. Pese a la caída de los precios de las casas desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, de un 29% según el Ministerio de Fomento (un 26%, según el INE), un joven tendrá que dedicar hasta el 64% de su sueldo a pagar una hipoteca. Por ello, apenas el 15,7% de los jóvenes de entre 16 y 29 años que han logrado finalmente emanciparse viven solos. La inmensa mayoría tiene que compartir casa, bien sea con una pareja o con compañeros de piso.

La tardanza en salir de casa por todas las circunstancias citadas anteriormente lleva necesariamente a otros fenómenos. Por ejemplo, al retraso en la edad de la maternidad en España: Si en 1970 las españolas eran madres por primera vez con una media de 25,2 años, en 2014 las madres primerizas tenían una media de edad de 30,6 años.

http://economia.elpais.com/economia/2016/06/24/actualidad/1466776271_364533.html

En los siguientes enlaces podrás ver la repercusión en medios que ha tenido nuestra campaña de la Asociación Dual «Viven en atracón», financiada por el Plan Nacional sobre Drogas.

En nuestra campaña tratamos el tema de la ingesta compulsiva de alcohol como un juego o una competición para ver quien bebe más- Esta práctica se está popularizando en España entre menores de 14 a 17 años. Para alertar sobre este tipo de consumo al alza, hemos lanzado  la campaña ‘Vive en atracón’,y en los siguientes enlaces podrás ver su repercusión en medios.

Televisón

 

Telecinco

Una campaña alerta del aumento de la ingesta de alcohol como un juego entre menores de 14 a 17 años: https://www.telecinco.es/noticias/sociedad/20240527/campana-aumento-ingesta-alcohol-juego-menores_18_012594238.html

Telemadrid

TELEMADRID – TELENOTICIAS 1 – 14:20h – 00:01:38
#Sociedad. Beber más alcohol en el menor tiempo posible. Es el fenómeno al que cada vez se suman más jóvenes y adolescentes. Una campaña del Plan Nacional sobre Drogas alerta de los riesgos de este consumo impulsivo que, haciendo de la bebida un juego, busca un público cada vez más joven, se conoce como Binge drinking. Declaraciones de Raúl Izquierdo, Psicólogo Asociación Dual; Joan Ramón Villalbí, Delegado de Gobierno para el Paln Nacional sobre Drogas.

TELEMADRID – PRIMERA HORA 120 MINUTOS – 12:22h – 00:07:43
#Sociedad. El 75% de los jóvenes entre los 12 y 20 años reconoce que consumió alcohol en el último año según datos del estudio del Plan Nacional Antidrogas. Conexión en directo con Eva Milla, perito judicial experto en adicciones.

 

Radio

27/05/2024 ONDA MADRID – EL ENFOQUE – 20:11h – 00:00:33

#Sociedad. Menores consumiendo alcohol como si fuera un reto. La ingesta compulsiva de esta sustancia como una competición se está popularizando en españa entre menores de 14 a 17 años. Según la Asociación Dual, financiada por el plan nacional sobre drogas, beber en atracón consiste en tomar cinco o mas vasos de bebidas alcoholicas en unas dos horas.

 

27/05/2024 ONDA MADRID – MADRID DIRECTO – 16:03h – 00:00:48

#Sociedad. Menores consumiendo alcohol como si fuera un reto. La ingesta compulsiva de esta sustancia como una competición se está popularizando en españa entre menores de 14 a 17 años. Según la Asociación Dual, financiada por el plan nacional sobre drogas, beber en atracón consiste en tomar cinco o mas vasos de bebidas alcoholicas en unas dos horas.

 

Online

28/05/2024 SaludaDiario.es
Preocupante aumento del fenómeno ‘binge drinking’ en adolescentes: la ingesta alcohólica se ve como un juego o un desafío
28/05/2024 Onda Cero
Región de Murcia en la Onda 28/05/24
28/05/2024 Antena 3
Alerta sobre el fenómeno del ‘binge drinking’ en adolescentes: ven el alcohol como un juego o un reto

 

 

Desde la Asociación DUAL, hemos lanzado la nueva campaña para la prevención del inicio en el consumo de alcohol en menores. Lo que hemos querido transmitir es la alerta del aumento del fenómeno binge drinking en adolescentes donde la ingesta alcohólica se ve como un juego o un desafío.

  • Nuestra campaña, financiada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, pone el foco este año en al aumento entre los menores del fenómeno binge drinking o bebida en atracón que desencadena situaciones de riesgo sanitarias como comas etílicos y otras emergencias.
  • “Nos hemos familiarizado con el fenómeno del botellón y debemos hacer un esfuerzo colectivo por erradicarlo”, explica Raúl Izquierdo, nuestro psicólogo y director técnico de Asociación DUAL.
  • En palabras de Joan Ramón Villalbí, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD) el binge drinking está favorecido por “los establecimientos que venden alcohol hasta altas horas de la noche a un precio asequible, sin control a los menores”.

CAMPAÑA DE LA ASOCIACIÓN DUAL PARA LOS QUE NO

‘Vive en atracón’ es el lema de nuestra nueva campaña, que alerta sobre el aumento en jóvenes y adolescentes del fenómeno de binge drinking o bebida en atracón, una forma de iniciarse en el alcohol muy peligrosa para su salud, y propone la realización de otras actividades de ocio alternativas e incompatibles con este hábito.

Binge drinking


“El binge drinking consiste en ingerir grandes cantidades de alcohol en muy poco tiempo y se ve facilitado por el fenómeno del botellón donde los jóvenes tienden a integrar la ingesta alcohólica como un juego más de naturaleza competitiva” alerta Raúl Izquierdo, nuestro psicólogo y director técnico de Asociación DUAL.
En ese sentido, el mayor peligro para DUAL es que la ingesta compulsiva se centra más en el juego o el afrontamiento de retos y desafíos que en la bebida como fin en sí mismo. “Esto incrementa el riesgo de desencadenar situaciones críticas como comas etílicos u otros episodios de emergencia sanitaria”, denuncia Izquierdo.
Por ello, desde DUAL planteamos un “esfuerzo colectivo” como sociedad para marginar la práctica del botellón, connotarla como negativa y denostarla. “Entendemos que las autoridades sanitarias y la administración deben liderar un movimiento que ya obtuvo un éxito rotundo con el hábito de fumar: ese es el ejemplo a seguir”, indica Raúl.


Por su parte, Joan Ramón Villalbí, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Droga (PNSD) considera que se trata de “un consumo episódico, intensivo y que se hace en grupo, en un contexto de botellón”.
Para el delegado del Gobierno del PNSD, uno de los principales factores que explican el binge drinking son los amplios horarios de establecimientos de “comercio de alcohol donde se compra y no se bebe, como tiendas de alimentación y supermercados, que venden alcohol al por menor a un precio relativamente barato”.
En esa línea, recuerda que todas las comunidades autónomas tienen prohibida la venta de alcohol a menores y muchas de ellas también la adquisición en comercios alimentarios a partir de ciertas
horas. Según el delegado del PNSD en algunas el horario es más amplio, en otras más restrictivo, pero los controles a la venta de alcohol en menores a veces no se cumplen, por lo que “las
administraciones pueden actuar”, señala.
“Este comercio que antes cerraba a las 20 h ahora está abierto hasta horas muy adelantadas y esto hace que tengamos alcohol muy asequible por la noche, un consumo a muy bajo coste, muy intenso, por el mismo precio que tendría un uso más moderado en un local donde se expenden bebidas o un local nocturno”, explica Villabí.
El delegado añade que esta situación es un fenómeno que “solo se produce en España, ya que muchos países tienen prohibido beber en la calle, fuera de las terrazas de los establecimientos de restauración”, aunque también admite que muchos ayuntamientos se han tomado “en serio” afrontar el problema y prácticamente han conseguido erradicar el botellón.

Cambio en los patrones de consumo y papel de los padres

Para nuestro psicólogo, Raúl Izquierdo, “por desgracia” la sociedad se ha familiarizado con la práctica del botellón y en ocasiones se suma el hecho de que el debut en el consumo de alcohol en menores “arrastra una
connotación de rito de paso de la infancia a la edad adulta”, lamenta.
Además, en los últimos tiempos se ha normalizado y algunos adultos asumen como propia la práctica del botellón en fiestas patronales de pueblos o barrios. “El 80% de los padres cree que el alcohol anima las fiestas”, denuncia Raúl.
A ese respecto, el delegado del PNSD advierte de que los jóvenes que tienen un contacto precoz con el alcohol es más probable que acaben desarrollando dependencia. El inicio del consumo de alcohol más problemático en jóvenes es en situaciones de grupo, sin supervisión y cuando no tienen cosas que hacer como en verano”, incide el delegado.

ANUNCIO DE LA CAMPAÑA

Aquí tienes 10 señales que pueden indicar que estás bebiendo demasiado:

1.- Tu consumo de alcohol se considera de riesgo:
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), si bebes más de 28 UBE a la semana si eres hombre ó 17 UBE a la semana si eres mujer, se considera que tu consumo de alcohol es de riesgo (1 UBE equivale a una cerveza, copa de vino, carajillo o chupito – 2 UBE equivale a un whisky o combinado). Del mismo modo, si tomas más de 6 UBE en un solo episodio, también se considera de riesgo.

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2.- Alternas períodos de abstinencia con períodos de una fuerte ingesta de alcohol (superiores a 6 UBE en un mismo día o noche) y este tipo de consumo cada vez es más habitual.
3.- Te das cuenta de que cada vez que sales o realizas algún acto social bebes grandes cantidades de alcohol. O piensas que si no bebe no te lo pasas tan bien, o no te relacionas con los amigo/as, o te cortas y no ligas…
4.- Alguna vez has pensado: “hoy salgo y no bebo” y no lo has podido cumplir. Y esto cada vez te ocurre más.
5.- Bebes alcohol en contextos o situaciones que son incompatibles con la ingesta de alcohol y no lo haces de forma puntual sino que empieza a convertirse en un hábito (sales del trabajo para beber, bebes aunque tengas que conducir después o antes de manipular o usar maquinaria peligrosa, bebes cuando estas al cuidado de menores…).
6.- Tienes consecuencias legales como consecuencia del consumo de alcohol, como pueden ser controles de alcoholemia positivos, multas de tráfico por haber bebido, peleas bajo los efectos del alcohol…
7.- Empiezas a tener consecuencias laborales como absentismo, o llegar tarde al trabajo por estar bajo los efectos de la ingesta de alcohol o por estar de resaca. Baja tu rendimiento laboral o rendir igual te cuesta mucho más esfuerzo, o bien estas deseando que llegue la hora de acabar para ir a tomar algo.
8.- Te das cuenta de que tus relaciones sociales o sentimentales empiezan a verse deterioradas por el consumo de alcohol. Cada vez tienes más discusiones, haces bromas pesadas o que molestan al otro cuando bebes; los demás te dicen que bebes demasiado o que te pasas cuando bebes.
9.- Te das cuenta de que empiezas a dejar de hacer actividades de tiempo libre que antes hacías y ahora no te apetecen, sin razón objetiva: aficiones, deporte, salidas, etc. Dejas de cumplir con responsabilidades personales, familiares, sociales, laborales y académicas, o te cuesta mucho más esfuerzo realizarlas.
10.- Te ves o te dicen que cada vez estas más irritable, más pasota, más encerrado/a en tí mismo/a, más callado/a, te guardas más lo que sientes, te sientes más apático/a, cada vez más triste, más apagado/a, con menos ilusión sin motivo aparente (debes saber que el alcohol, en contra de lo que la mayoría de personas creen, es un depresor del Sistema Nervioso Central y por tanto, aunque aparezca un efecto euforizante los primeros minutos después de beber, poco después llegan efectos depresores….)

Si cumples alguna de estas señales y además superas el límite de ingesta de alcohol diario o semanal que la OMS señala como normalizado, tu consumo de alcohol sí es abusivo.
Los profesionales que trabajamos en el campo de las adicciones aconsejamos pedir ayuda a tu entorno más inmediato y plantearte la posibilidad de solicitar ayuda profesional si no puedes frenar la situación por tí solo/a.

El binomio adolescentes-alcohol siempre causa inquietud a los padres, pero esta preocupación se vuelve angustiosa ante noticias de episodios que terminan en tragedia. Y la verdad es que los padres tienen motivos para alarmarse: el Plan Nacional sobre Drogas alerta de que en nuestro país la edad media de inicio en el consumo de alcohol es de 13,9 años, lo que significa que hay niños que comienzan a beber desde antes. Y los resultados de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias 2014/2015 concluyen que el 76,8% de los chavales entre 14 y 18 años ha consumido alcohol en el último año, y el 68,2% en el último mes. Además, uno de cada tres escolares ha tomado alcohol en forma de atracón (binge drinking) en los últimos 30 días, una de las “modalidades” más peligrosas, pues el consumo masivo de bebidas alcohólicas en un periodo corto de tiempo resulta mucho más agresivo para el organismo que el mismo consumo realizado durante un intervalo de tiempo más prolongado.

“El consumo de alcohol en la adolescencia no es un problema de unos pocos, sino un problema social, y para prevenirlo los padres deben mantenerse muy alerta», afirma el doctor Mariano de Iceta, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Sofía (San Sebastián de los Reyes, Madrid). ¿Cómo? «Primero, dando buen ejemplo a su hijo: si el alcohol está presente en la casa, que su consumo sea siempre moderado, nunca masivo. Segundo, prohibiendo su acceso a los menores, pues además de nocivo para la salud, es ilegal. Y tercero, aprendiendo a distinguir los signos de que un menor está consumiendo alcohol, pues detectar que algo pasa desde los primeros momentos en que empieza a ocurrir es el paso inicial para evitar que el problema se agrave y poder solucionarlo con más facilidad”, responden. Estas son algunas señales que pueden alertarle de que tiene un problema en casa:

Su comportamiento es errático cuando llega por la noche: Es habitual que después de salir con los amigos, el menor que ha bebido se escabulla rápidamente a su habitación. Los expertos recomiendan a los padres que, pese a todo, intenten cruzar dos palabras con él. Si el chico o la chica ha estado bebiendo, su aliento le delatará. Lo mismo que si su boca despide un intenso olor a chicle: o es un fanático de la goma de mascar a las tres de la mañana o seguramente estará tratando de camuflar los efluvios del alcohol. Lo que desde luego no hay que hacer es ponerse en el papel de detectives y empezar un interrogatorio intempestivo. «Esto provoca que el niño vea a sus padres como enemigos, y termina siendo contraproducente», dice el psiquiatra.

Llega enrojecido y se mueve con torpeza: Aproveche el momento para buscar signos como enrojecimiento ocular o rubor facial también pueden evidenciar que su hijo le ha dado a la botella. Fíjese también en sus movimientos. El desequilibrio en la marcha y la torpeza motora revelarán que está mareado, lo mismo que una conducta desinhibida y cierta euforia. Al día siguiente puede mostrarse más apático, inapetente, enlentecido y desganado.

Tiene bruscos cambios de humor: David Ribera Jiménez, técnico en conductas adictivas del Centro Can Rosselló (Barcelona), alerta de alteraciones en el comportamiento cotidiano que pueden servirle de pista. “Los padres notarán empobrecimiento del vocabulario, disminución de la comunicación verbal y afectiva, irritabilidad, altibajos de humor, disminución o aumento del apetito, llanto frecuente, ansiedad, trastornos del sueño…”, señala.

“Los padres notarán empobrecimiento del vocabulario, disminución de la comunicación, altibajos de humor…» (David Ribera Jiménez, técnico en conductas adictivas)

Se ha vuelto taciturno y ha cambiado de amigos: «Un cambio súbito de amistades podría ser otra mala señal», según Ribera Jiménez, sobre todo si va acompañado de cierto secretismo. Poco o nada saben los padres de con quiénes se está juntando su hijo, a dónde van, qué hacen… ¿Son de su misma edad o mayores?

Se le ve desmotivado: “El abandono de sus actividades habituales de ocio, la despreocupación por los estudios y la dejadez en sus responsabilidades” también nos estarán indicando, según Ribera Jiménez, que el niño puede estar bebiendo sin que usted lo sepa.

Usted descubre vacíos en su mueble-bar (y en su cartera): ¿Echa en falta la botella de ron de su armarito de bebidas? ¿De un tiempo a esta parte tiene la sensación de que los billetes desaparecen como por arte de magia de su cartera? «También es frecuente que le pidan con insistencia un aumento de la paga», añade Ribera. Puede que la respuesta sea una sola palabra: botellón.

¿Y ahora qué hacemos?

Ante estos signos debemos dejar muy claro al adolescente que rechazamos su conducta de beber alcohol. Como señala MedlinePlus, la web de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, el consumo de alcohol en edades tan tempranas daña las células cerebrales, lo que hace que los chicos rindan menos en el colegio, adopten conductas conflictivas, se vuelvan más vulnerables al consumo de otras drogas y corran más riesgo de sufrir trastornos mentales a lo largo de su vida.

“No sirve de nada regañarle, gritarle ni enfadarse”, advierte David Ribera Jiménez. “Hay que dejar el diálogo para el día siguiente, pero eso sí, nunca obviarlo. Pasar por alto este comportamiento o intentar normalizarlo para evitar una bronca familiar es esconder la cabeza debajo del ala ante una situación que tiende a agravarse con el paso del tiempo”.

Resulta primordial encontrar un porqué, como aconseja el psiquiatra del Hospital Infanta Sofía: “Es fundamental que nos cuente en qué situación estaba cuando bebió, qué tomó y si lo ha hecho más veces. Saber si se siente presionado por su grupo es una circunstancia muy distinta a que el adolescente beba porque no se siente bien consigo mismo, por ejemplo. Conocidas sus razones podemos mostrarle otras soluciones más saludables para resolver sus conflictos e insistirle en los efectos negativos del alcohol y en su inutilidad para solventar problemas. Hecho esto, hay que acabar la conversación con el compromiso por parte del menor de que no va a volver a beber en salidas posteriores y confiar en él. Nuestra misión es acompañarle y apoyarle y, una vez habladas las cosas, dejarle decidir en ciertos ámbitos, puesto que no podemos seguir protegiéndole como cuando era un bebé ni perseguirle a escondidas cuando queda con sus iguales”.

Una respuesta madura para cada excusa

Desde el departamento de salud mental infanto-juvenil del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Sofía nos explican cómo rebatir las falsas expectativas que los jóvenes persiguen al beber alcohol:

“Me relaciono mejor”. No es verdad. En general, cuando beben no controlan lo que dicen, suelen mostrarse irritables y presentan conductas inadecuadas de las que al día siguiente se arrepienten (es posible que ni siquiera las recuerden). Además, las interacciones sociales no tienen continuidad y no son auténticas.

“Me divierto más”. ¿Cómo es posible, si acaban la noche vomitando y mareados? Contrariamente a la idea que tienen de que van a estar más eufóricos y enérgicos, terminan la “fiesta” en un desagradable estado de sopor, faltos de reflejos y con dificultades para darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor.

“Si no bebo, soy un pringao”. La mayoría de los adolescentes sucumben a la presión de su grupo, con tal de sentirse integrados en él. Hay que ponerles ejemplos de compañeros que son muy valorados en su entorno por otras cualidades que no tienen nada que ver con “beber y saber aguantar” o descontrolarse y terminar en la sala de Urgencias de un hospital, tales como ser deportista, actor, músico o voluntario en una ONG.

“Así ligo más”. ¡Imposible! El mal aliento, las dificultades de pronunciación y construcción de frases y la torpeza de movimientos no hacen a nadie más atractivo, sino al contrario. Además, las chicas están más expuestas a situaciones de abuso sexual cuando están intoxicadas.

http://elpais.com/elpais/2016/12/09/buenavida/1481285468_386982.html

Un menor con una visión negativa de sí mismo puede llegar a adoptar conductas perjudiciales. Expertos en terapia con menores dan algunas pautas para ayudarles a valorarse correctamente:

Charla con la psicóloga Cristina Gil el próximo viernes 29 (12h.)

Toma un trozo de arcilla. Moldéalo con delicadeza y construye una base sólida. Coloca luego sobre ella otro de tamaño similar y acarícialo sin tratar de disimular sus imperfecciones. Nuestra identidad se construye sobre esas dos ‘piezas’ de barro: el autoconcepto (quién creo ser) y la autoestima (cómo me siento respecto a quien soy). Todos somos, en cierta medida, alfareros que esculpimos a otros. Y los padres son los primeros que marcan ese molde a través de su forma de educar y de relacionarse con sus hijos.

La adolescencia es una etapa crucial en el proceso de definición personal. Durante ese periodo «los menores tienen que tomar todo aquello que sus cuidadores construyeron en ellos durante la infancia y autoconstruirse», explica el psicólogo Fernando Pineda. Y lo hacen en medio de un auténtico torbellino de emociones. Los chavales deben distanciarse de la seguridad que le ofrecen sus padres para reafirmar su individualidad, sentirse aceptado por un grupo de iguales con los que se compara, combatir los complejos en plena revolución hormonal y resistir el embate de los primeros amores (y desamores). Una auténtica prueba de fuego para la autoestima.

«Si un menor llega a los 14 o 15 años con una autoestima dañada debe destruir esa identidad anterior y construir otra sana»FERNANDO PINEDA, PSICÓLOGO.

Un adolescente que aprende a reconocer sus necesidades, fortalezas y debilidades, se acepta sin condiciones, se valora y se respeta percibe que tiene el control sobre su vida, afronta retos, tolera mejor la frustración, no depende de la voluntad de los demás o de las circunstancias, ni permite que le traten mal.

Sin embargo, cuando la visión que tiene de sí mismo no es positiva puede llegar a adoptar conductas perjudiciales. Se castiga porque cree que no vale la pena. Detrás de unas malas notas, de las discusiones constantes, de la rebeldía y/o agresividad, de la fanfarronería puede haber un problema de falta de valoración personal. Si un menor llega a los 14 o 15 años con una autoestima nociva tiene que destruir esa identidad anterior y «crear otra saludable» porque si no es así puede llegar a «hacerse un daño difícil de sanar», explica Pineda, que advierte a los padres, sin dramatismos, que con el paso del tiempo ese poder para recomponerles «se va de nuestras manos para llegar a las suyas».

COMBATIR EL DAÑO CON UNA APUESTA POR UNO MISMO

Alberto (nombre ficticio) tuvo que reconstruirse durante su adolescencia tras ser víctima de acoso en dos centros escolares diferentes. En el primero sufrió una agresión física y en el segundo, lejos de encontrar refugio, fue sometido a «vejaciones y humillaciones constantes«. Durante aquel curso de 2º de la ESO nunca quería ir a clase, los descansos los pasaba con chicos de cursos inferiores e incluso solo. No jugaba, no practicaba deporte y no se relacionaba porque siempre le perseguía el rechazo como una sombra.

«Uno se ve cada vez más sumido en un pozo del que no cree poder salir, no se siente capaz de llevar nada a cabo y ni mucho menos se esfuerza académicamente pues tu condena diaria es en tu centro», recuerda ya desde la mayoría de edad con el pesar de que no se dé la importancia suficiente a esas situaciones de violencia y se relativicen como «cosas de adolescentes». Él aprendió a combatir los desprecios con una apuesta por sí mismo y nuevas amistades: «Al final, uno debe valorarse, así que comencé a hacer deporte e hice mi pandilla en el baloncesto. Tener una red de seguridad social de ese calibre es más que imprescindible para cualquier adolescente, le da a uno fuerzas para continuar y empiezas a valorarte más, a ir a estudiar con más ganas, y a pasar de los demás con más ganas aún».

La psicóloga María Paz Bermúdez Sánchez, catedrática de la Universidad de Granada, aborda en su libro ‘Déficit de Autoestima. Evaluación, tratamiento y prevención en la infancia y adolescencia’ (Pirámide) las múltiples variables que determinan la creación de una imagen positiva de nosotros mismos. «Algunos de estos factores son internos y están relacionados con la manera de interpretar y afrontar los retos cotidianos. Otros son externos, como por ejemplo, los mensajes de aceptación o aprobación que personas significativas hacen sobre aquello que se dice o se hace. El déficit de autoestima es el resultado de una gran discrepancia entre la idea que la persona se ha formado de cómo debe ser para tener éxito en la vida y la imagen que tiene de sí mismo cuando autoevalúa sus conductas, pensamientos o sentimientos», resume.

Una excesiva auto-exigencia puede convertirse en una fuente de frustración para los chavales porque les hace percibir que no tienen capacidad para superar metas o afrontar cambios en los diferentes ámbitos de su vida y nunca se sienten conformes. Esa imagen negativa de sí mismos surge también a menudo de la tendencia a «realizar una atribución interna del fracaso y externa del éxito. Es decir, sentirse responsable de los fracasos y no responsable de los éxitos», explica esta psicóloga.

SÍNTOMAS DE UNA AUTOESTIMA DAÑADA

¿Cómo podemos saber si un adolescente sufre un problema de autoestima? Roberto García, experto en la atención a menores víctimas de acoso escolar, describe algunas señales en su comportamiento que pueden orientar a los padres:

  • Excesiva autocrítica e insatisfacción permanente.
  • Se sienten permanentemente atacados y experimentan mucho resentimiento.
  • Viven en un estado de indecisión crónica, no tanto por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse.
  • Deseo excesivo de complacer: no se atreven a decir «no» por temor a desagradar.
  • Tratan de hacer todo lo que se proponen a la perfección, lo que les lleva a menudo a la frustración por no conseguirlo.
  • Culpabilidad neurótica: se condena por conductas que no siempre son objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y/o los lamenta indefinidamente, sin llegar a perdonarse por completo.
  • A su alrededor se percibe hostilidad. Siempre está irritable, a punto de estallar incluso por cosas de poca importancia; todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface.
  • Ve sobre todo la parte negativa de la vida y le cuesta disfrutar.

«La baja estima ataca aquello que más valoramos. Si es la inteligencia, se pondrá en tela de juicio la capacidad intelectual, si apreciamos la belleza, no podremos mirarnos al espejo sin ver nuestras imperfecciones…» Y si no nos apreciamos a nosotros mismos, los refuerzos que recibimos de los demás «pierden fuerza». «No nos sirve que los demás nos valoren positivamente», advierte este psicólogo canario.

El desprecio de los adolescentes a su mundo interior puede generar problemas graves en su desarrollo: trastornos en el sueño (insomnio, pesadillas), en la alimentación (anorexia, bulimia, trastornos digestivos, vómitos, náuseas…), dolores de cabeza habituales, dificultad para comunicarse, incapacidad para concentrarse y/o recordar o tomar decisiones. Su capacidad de disfrutar de la vida se ve mermada porque se encuentra sumido en un estado de ánimo triste, ansioso, atrapado por la culpa o esa angustia vital constante que le puede llevar a tener incluso ideas de suicidio. Ese descontento consigo mismo se puede reflejar también en un abandono de su higiene personal, de sus obligaciones y una huida de su realidad a través de la mentira o el consumo de drogas.

Dar a los hijos responsabilidades adaptadas a su capacidad es fundamental para que confíen en sí mismos

Tanto construir una autoestima positiva como sanarla son labores que conllevan mucho esfuerzo y tiempo. «No hay fórmulas mágicas», advierte Fernando Pineda, cuyo canal de YouTube orienta a los padres cada semana en temas claves para el adecuado desarrollo de los menores, pero sí podemos ayudarles a reenfocar su mirada y darse el valor que merecen. Éstas son algunas de las pautas para ese proceso:

1. SANAR LA RELACIÓN SIN CULPA

Durante la infancia, el padre y la madre son la fuente más frecuente y fiable de valoración del comportamiento. «El niño necesita saber si actúa correctamente por lo que el refuerzo o el castigo de los progenitores, la consistencia y la seguridad que perciba de éstos va a influir de manera determinante en la imagen de competencia personal que el menor se va a formar», explica M ªPaz Bermúdez.

Y precisamente por esta influencia paterna, si nuestro hijo llega a la adolescencia con la autoestima dañada, posiblemente la culpa tienda a hacer acto de presencia. Y tal como aparece, debería alejarse. Recomponer la visión que tiene de sí mismo puede conllevar años y mucho esfuerzo, pero un primer paso fundamental es sanar la relación dejando a un lado ese sentimiento de frustración, que sólo obstaculiza los avances, y reflexionar sobre los posibles cambios de actitud. «Si te equivocaste recuerda que todo pasa por algo. Las personas que se tienen que auto-reconstruir son las más fuertes y sabias. Yo agradezco mucho a mis padres todo lo bueno pero aún más todos los errores que cometieron y lo que sufrí pues eso es lo que me permite ayudar y comprender a mucha gente», recuerda Pineda en primera persona.

2. DIÁLOGO Y NORMAS

Una familia «funcional» es esa que fomenta un desarrollo pleno y sano (también de la autoestima) de todos sus miembros y que educa aplicando el estilo democrático, lejos del autoritarismo y la permisividad. El amor, interés , dedicación, comprensión, confianza y escucha activa tienen un lugar prioritario pero no es un paraíso ajeno a los conflictos sino un lugar donde adquirir herramientas para combatir las adversidades, con normas, límites y roles claros, con respeto a la individualidad, comunicación (y negociación) constante y capacidad de adaptación.

3. OBSERVAR SIN INTERVENIR

El instinto de los padres es proteger a sus hijos y esto puede llevarles a tomar la iniciativa ante el más mínimo problema. Es comprensible pero al hacerlo el mensaje que les mandamos a ellos es que «no son lo suficientemente fuertes, inteligentes y capaces de resolver sus propios problemas», asegura Pineda subrayando en rojo que la identidad y la autoestima se construyen con «experiencias no con palabras».

Los adolescentes tienen, pues, que experimentar y hacer frente directamente a sus problemas para creer que son capaces de superarlos. Y los padres, contenerse y permitir que se equivoquen dejando claro que aunque no les vamos a resolver la vida, sí estamos a su lado para apoyarles.

4. HACERLE RESPONSABLE DE SUS LOGROS

Dar a los hijos una responsabilidad adaptada a sus capacidades es fundamental para que se sientan importantes. Si se ven como seres autónomos e independientes tendrán una imagen más positiva de sí mismos. Y para que superen la tarea con éxito, los objetivos tienen que ser realistas (posibles de alcanzar). Hay que tenerles en cuenta siempre a la hora de planificar objetivos. Ellos conocen mejor que nadie sus habilidades y limitaciones. Además, su compromiso será mayor si se siente escuchado. Cuando las expectativas son muy altas o son establecidas por adultos el adolescente puede encontrarse con obstáculos que le abocan al fracaso.

«Facilita a tu hijo experiencias y actividades posibles en las que tenga que implicarse y esforzarse», recomienda la psicóloga María Paz Bermúdez en su libro. De esta manera se le está transmitiendo que es parte esencial y activa de lo que consigue en su vida, de sus logros y éxitos y que lo que le ocurre no es producto de la suerte u otras circunstancias externas. Esto reforzará la confianza en sí mismo.

También hay que dotarles de herramientas para resolver las adversidades y superar retos cotidianos y enseñarles a premiarse a sí mismo cuando consigue objetivos, con ello se consigue que su valor no dependa de agentes externos sino internos.

5. EVALUARLE DE FORMA OBJETIVA

Los padres deben esforzarse en percibir, aceptar y describir al menor como es, no como nos gustaría que fuese. ‘Inflar el ego’ de los hijos no es la mejor forma de brindarles una autoestima sana. Debemos ayudarles a que vean tanto sus fortalezas como los aspectos que pueden mejorar, siempre haciendo énfasis en las capacidades que tienen y en los caminos que pueden tomar para sortear las dificultades. Que sean conscientes de sus virtudes pero también de sus defectos. Pineda nos pone este ejemplo claro: Imagina que te sientes enfermo y vas a la consulta del médico. ¿Qué esperas de él? ¿Que te diga que tienes una salud de hierro o que sea sincero en el diagnóstico? Esa misma honestidad desea encontrar el menor cuando habla contigo.

6. NO COMPARARLE CON NADIE

Aunque el objetivo de los padres al comparar a su hijo con otros jóvenes de su edad sea motivarlo, demostrarle que es posible, el efecto que se consigue es el contrario y afecta negativamente a la autoestima. La clave está en reforzar los intentos, el esfuerzo, y no exclusivamente los éxitos y logros.

7. ELOGIAR Y CORREGIR DE FORMA ADECUADA

Hacer referencia a la conducta concreta en ambas circunstancias. No etiquetar al menor porque de esta manera se puede prolongar la conducta al sentirse incapaz de modificarla porque cree que forma parte de su personalidad. Lo que se busca es corregir un comportamiento negativo, no al menor en su conjunto.

8. APRENDER A EQUIVOCARSE

El error es el requisito indispensable para el aprendizaje y no sirve de nada tratar de esquivarlo con el anhelo (siempre frustrado) de encontrar la perfección o de evitar retos para no fracasar. «Sentirse bien con uno mismo no es algo que hacemos después de corregir todos los errores sino algo que hacemos a pesar de los errores«, recuerda Roberto García.

9. NO DEPENDER DE LOS DEMÁS

Cuando una persona tiene la autoestima dañada busca la aprobación por necesidad, no es sólo un deseo. Y en esas circunstancias se expone a estar bajo un estado de frustración constante. En la adolescencia, la aceptación en el grupo, el ser elegido como amigo, es una de la principales fuentes de bienestar. Y el rechazo, de dolor. De ahí la importancia de quererse sin condiciones para asestar mejor esos posibles golpes y mantenerse en pie.

«Como el sentimiento de lo que vales como persona, se encuentra localizado en los demás, si ellos rehúsan alimentarte con su aprobación te quedas sin nada. No vales», explica García, que da las siguientes pautas para evitar esa nociva dependencia de los demás (recomendable que los adultos también tomen nota):

  • Incentivar en nuestros hijos pensamientos positivos sobre su valía
  • Enseñarles a recurrir a la estrategia del ‘tú’ para responder en caso de conflicto. Por ejemplo, «tu amigo no está de acuerdo contigo y se está enfadando. En lugar de cambiar de postura o defenderte, simplemente contesta : «‘Tú’ te estás enfadando y piensas que yo no debería pensar como pienso».
  • Cuando vaya a comprar ropa o cualquier otro artículo, que confíe en sí mismo y no consulte a nadie su opinión.
  • A la hora de expresarse, que evite buscar respaldo constante en los demás con frases como: «¿No es así?, ¿tengo razón o no?…»
  • Si el adolescente piensa que alguien le está tratando de manipular , que lo haga saber. En vez de ‘ablandarse’ para obtener aprobación, puede decir en voz alta: «Normalmente yo modificaría mi posición para lograr que me aceptes y me quieras, pero realmente creo en lo que acabo de decir».
  • Si nos están diciendo algo que no nos gusta pero puede ser positivo para nuestro crecimiento personal, lo agradecemos. Esto pone fin a cualquier tipo de búsqueda de aprobación.
  • Otra estrategia es buscar expresamente que nos desaprueben y trabajar para que no nos moleste. También, emplear técnicas para ignorar los actos de desaprobación y no prestar atención a los que tratan manipularnos. «Estás hablando en público y alguien no le gusta lo que estás diciendo. Se levanta y trata de forzar una discusión. Respondes, «de acuerdo y continuas.»

10. FOMENTAR LAS RELACIONES PERSONALES Y REALES.

En la adolescencia actual, la búsqueda de aprobación por parte de los demás tiene forma de ‘like’. Y cuando no llega, la autoestima se resiente. Tampoco sale bien parada en esa comparativa constante que los jóvenes hacen de su vida, de sus relaciones o de su cuerpo en plataformas como Instagram. «El problema en las redes sociales no es la exigencia de dar una imagen perfecta sino la evaluación continua a la que es sometida la vida que se expone y, la dependencia que el que la expone tiene de la opinión de los demás. Sin lugar a duda, para evitar los efectos negativos del uso de las redes virtuales lo mejor es reducir su uso, aceptar y transmitir que no es una manera natural de relacionarse y fomentar los vínculos personales y reales».

Incentivar las actividades deportivas, salidas al aire libre o las conversaciones en persona otorga a los menores una fuente de bienestar alternativa que les ayuda a desprenderse del poder actual de las nuevas tecnologías sobre su rutina diaria y que puede provocar, cuando el uso es inadecuado, en aislamiento, ansiedad y depresión.

Esa distancia emocional en Internet facilita, en una de sus vertientes más oscuras, prácticas como el acoso que atentan directamente contra la integridad moral de los menores. Con la experiencia como aval, Alberto pide a aquellos jóvenes que estén padeciendo actualmente una situación de violencia psíquica o física que «exijan que se les respete. Que no se dejen pisotear y mucho menos ser quien pisa a los demás. Y si no es capaz de dar el primer paso solo, que pida ayuda psicológica para poder sentirse cómodo consigo mismo y con los demás».

Y ELLOS, ¿QUÉ OPINAN?

¿Se paran los adolescentes a reflexionar sobre cómo son realmente? ¿Dependen en exceso de lo que piensan otros? Les damos la palabra para que nos expliquen qué circunstancias son las que dañan su autoestima en su vida diaria y cómo recuperan la confianza en sí mismos.

Cómo sanar la autoestima de los adolescentes

Fuente: El Mundo

Hoy te presentamos nuestra nueva Infografía de Los Que NO sobre el consumo de alcohol en adolescentes en el 2003.

En el año 2023, el consumo de alcohol entre adolescentes continuó siendo un tema de preocupación tanto para padres, educadores y profesionales de la salud como para la sociedad en general. A pesar de los esfuerzos continuos para educar sobre los riesgos asociados con el consumo de alcohol a una edad temprana, muchos jóvenes aún se ven tentados a experimentar con esta sustancia.

Uno de los factores que contribuyeron a este fenómeno fue la presión social. En un mundo cada vez más conectado a través de las redes sociales, los adolescentes enfrentaron una mayor presión para encajar y ser aceptados por sus pares. El consumo de alcohol, visto a menudo como una forma de «diversión» o «relajación» en eventos sociales, se convirtió en una actividad común para algunos jóvenes que buscaban ser parte de la multitud.

infografia alcohol

Además, la disponibilidad de alcohol también desempeñó un papel significativo. A pesar de las leyes que regulan la venta de alcohol a menores, muchos adolescentes encontraron formas de obtenerlo, ya sea a través de hermanos mayores, amigos mayores de edad o incluso mediante la compra en tiendas que no aplicaban estrictamente la política de verificación de identificación.

El consumo de alcohol en la adolescencia no solo conlleva riesgos a corto plazo, como la intoxicación y el comportamiento imprudente, sino que también puede tener efectos a largo plazo en el desarrollo cerebral y emocional de los jóvenes. La exposición temprana al alcohol puede aumentar la probabilidad de desarrollar problemas de salud mental y adicciones en la adultez.

Para abordar este problema de manera efectiva, se implementaron diversas estrategias. Además de campañas de concientización dirigidas a adolescentes y sus familias, se fortalecieron las leyes y regulaciones relacionadas con la venta y el consumo de alcohol. Se incrementaron los programas de prevención en las escuelas, brindando información sobre los riesgos del consumo de alcohol y enseñando habilidades para resistir la presión de grupo.

En última instancia, la lucha contra el consumo de alcohol en adolescentes requería un enfoque integral que involucrara a toda la comunidad, desde padres y educadores hasta autoridades gubernamentales y líderes comunitarios. Solo mediante un esfuerzo colaborativo y continuo se podría esperar reducir el impacto negativo del alcohol en la salud y el bienestar de los jóvenes en el año 2023 y más allá.

Viajar con los padres en la edad adulta puede ser una experiencia beneficiosa y sanadora para ambas partes. Descubre cómo puede mejorar el bienestar y reforzar los vínculos familiares.

Cuando nos independizamos, estamos deseosos de disfrutar de esa recién adquirida autonomía. Nos centramos en construir nuestra carrera, nuestra familia y rutinas, y el tiempo que pasamos con nuestros padres se reduce considerablemente.

Quizá compartimos los festivos o los visitamos y acompañamos en algunos quehaceres diarios; sin embargo, los momentos de calidad se vuelven cada vez más escasos. Es por esto que te invitamos a viajar con tus padres en la edad adulta y disfrutar de todos los beneficios que conlleva.

Es muy posible que vuestra última experiencia compartida de esta índole se remonte a tus años de juventud, incluso tal vez a tu infancia. Desde entonces, fueron los amigos o la pareja quienes se convirtieron en compañeros de viaje.

Descubrir nuevas culturas, explorar nuevas ciudades y visitar paisajes diferentes de la mano de tus progenitores puede que te resulte extraño; incluso es posible que ellos también se nieguen de entrada a vivir estas aventuras. No obstante, hay varios motivos para hacerlo y queremos compartirlos contigo a continuación.

Padre e hijo adulto de excursión
Viajar con los padres en la adultez ayuda a estrechar lazos.

¿Por qué viajar con tus padres?

Si eres un alma viajera, ya conocerás todos los beneficios que nos aportan esas pequeñas o grandes escapadas. Sin embargo, vivirlas en compañía de tus padres puede ser aún más enriquecedor. Y estos son los principales motivos:

Aumenta el bienestar y la felicidad de ambas partes

Viajar nos hace felices, y esto ha sido comprobado en numerosas ocasiones. Salir de la rutina y vivir nuevas experiencias nos ayuda a reducir el estrés cotidiano y experimentar más emociones positivas. Pero esta felicidad surge incluso antes de salir de casa, y es que se ha visto que planificar un viaje y anticipar todo aquello que viviremos mejora el bienestar subjetivo y la satisfacción con la vida.

Esta dosis extra de ilusión puede ser especialmente beneficiosa para los adultos mayores. Y es que ciertos eventos que tienen lugar en esta etapa (como la jubilación, el síndrome del nido vacío o la pérdida de personas cercanas) pueden incrementar el riesgo de apatía, distimia o depresión. En este contexto, la expectativa de viajar en compañía de los hijos puede suponer un gran aliciente para el estado de ánimo.

Pero no solo los padres se benefician de estas vivencias; para los hijos también puede suponer una gran fuente de gratificación. De hecho, aunque en ocasiones se perciba como una obligación, viajar con los progenitores es una gran oportunidad para conversar con ellos, aumentar la camaradería, hacer cosas de interés compartido y disfrutar de la mutua compañía. Algo que puede resultar muy agradable, estimulante y satisfactorio.

Fomenta el sentimiento de pertenencia y propósito

Uno de los aspectos más duros de envejecer es sentir que ya no se es necesario. Cuando los hijos se independizan, los padres pueden sentir una sacudida en su identidad (seguramente construida de forma estrecha en torno a la paternidad y la maternidad). Poco a poco, van sintiéndose más lejanos a sus vástagos, menos útiles y necesarios para ellos y menos tenidos en cuenta.

Por lo mismo, proponerles un viaje compartido es una excelente forma de expresar cuán importantes siguen siendo para nosotros. Y es que, pese a que ya no dependamos de ellos, seguimos necesitando y valorando su apoyo, sus consejos, su experiencia y su compañía.

Permite estrechar lazos

Como decíamos, el tiempo de calidad que compartimos con los padres en la edad adulta es cada vez más escaso. Las obligaciones laborales, familiares y personales de ambas partes pueden hacer complicado encontrar momentos para convivir. Si queremos seguir nutriendo esos lazos que nos unen a nuestros progenitores, viajar es un excelente medio para lograrlo.

Y es que se trata de una experiencia en la que no hay horarios ni presiones, en la que podemos conversar, generar intimidad, redescubrirnos y, en definitiva, dedicarnos tiempo de calidad mutuamente. Hacer turismo en familia permite mejorar la comunicación, estrechar lazos y aumentar la satisfacción con el vínculo.

Nunca es tarde para aprender

Pese a que los adultos mayores se encuentren en el último tercio de su vida, esto no significa que no puedan disfrutar de unos años enriquecedores y transformadores a nivel personal. Esta etapa es propicia para la reflexión, el análisis de los valores y las prioridades y la ampliación de la perspectiva personal. Y, a este respecto, nada hay más apropiado que viajar para crecer personalmente.

El contacto con otras culturas, lugares y realidades puede ayudar a las personas (de cualquier edad) a desarrollar la tolerancia, la empatía y el pensamiento crítico. Además de resultar interesante y enriquecedor a nivel personal descubrir y experimentar la historia, las tradiciones y los modos de vidas de otros lugares.

Viajar con tus padres en la edad adulta te permitirá generar nutritivas conversaciones y debates con ellos respecto a diversos temas.

Familia en la playa
Viajar con los padres permite compartir opiniones y ampliar (ambas partes) la perspectiva gracias a las experiencias vividas.

Viajar con tus padres en la edad adulta es crear recuerdos imborrables

Más allá de todo lo anterior, viajar con tus padres siendo adulto es una excelente oportunidad para generar memorias que se convertirán en un regalo.

Cuando las obligaciones cotidianas o la distancia dificulten el contacto frecuente, cuando el deterioro propio de la edad impida vivir nuevas experiencias, o cuando ellos ya no puedan seguir acompañándonos en la vida, estos momentos compartidos serán un verdadero tesoro que nos alegraremos de haber experimentado.

«El Principito», la obra maestra de Antoine de Saint-Exupéry, no es solo un libro para niños, sino también una fuente inagotable de sabiduría y enseñanzas atemporales. Entre sus páginas, se encuentran valiosas lecciones sobre el amor, la amistad y, sobre todo, cómo enfrentar los miedos que todos enfrentamos en algún momento de nuestras vidas. Aquí, exploraremos algunas frases emblemáticas del libro que pueden ayudar a los niños a luchar contra sus miedos:

  1. «Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.» Esta famosa frase del zorro nos recuerda que lo más importante no siempre es visible a simple vista. En momentos de miedo, los niños pueden recordar que lo que realmente importa está en su interior: su valentía, su fuerza y su capacidad para superar cualquier obstáculo.
  2. «Todas las personas mayores han sido niños antes, aunque pocas de ellas lo recuerdan.» Esta reflexión del Principito nos muestra que incluso los adultos han experimentado miedos y dudas en su infancia. Los niños pueden encontrar consuelo en saber que no están solos en sus luchas y que los adultos también han pasado por momentos difíciles.
  3. «Lo que hace más hermoso al desierto es que en algún lugar esconde un pozo.» Esta metáfora nos enseña que incluso en los momentos más difíciles y desalentadores, siempre hay esperanza. Aunque los niños puedan sentir miedo en determinadas situaciones, es importante recordarles que siempre hay una salida, una solución o una persona que puede ayudarlos.
  4. «Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás.» A menudo, el miedo surge de la autoevaluación y la autocrítica. Esta frase del Principito puede recordar a los niños que no deben ser demasiado duros consigo mismos. En lugar de centrarse en sus temores o debilidades percibidas, deberían enfocarse en sus fortalezas y en cómo pueden superar cualquier obstáculo que se les presente.
  5. «La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para unos, los que viajan, las estrellas son guías; para otros, solo son pequeñas luces.» Cada persona enfrenta sus propios miedos de manera única. Lo que puede ser aterrador para un niño puede no serlo para otro. Es importante que los niños comprendan que está bien sentir miedo y que no están solos en sus emociones. Todos somos diferentes y enfrentamos desafíos de manera diferente, pero eso no significa que estemos solos.

El Principito» ofrece valiosas lecciones sobre cómo enfrentar los miedos que todos enfrentamos en la vida. A través de sus conmovedoras frases y metáforas, los niños pueden encontrar consuelo, inspiración y motivación para superar cualquier obstáculo que se les presente en su camino.

El lettering es el arte de dibujar letras a mano de una forma creativa y personal. No es necesario tener ‘buena letra’ para disfrutarlo ya que no se trata de escribir las letras de forma correcta ni tampoco de diseñarlas. Aprende en qué consiste y qué materiales necesitas para adentrarte en el mundo lettering.

Hay personas que encuentran en el dibujo una vía de escape al estrés del día a día. Así, dibujar elementos abstractos como los mandalas, por ejemplo, puede resultar gratificante para poner en marcha la creatividad, la imaginación y relajar la mente a través del color. Pero, ¿sabías que también existe una forma de dibujar y crear letras que puede ser muy relajante? Se llama lettering y es el arte de dibujar letras a mano de manera creativa. 

¿En qué consiste el lettering?

lettering

Lo primero que hay que saber para entender lo que es el lettering es que no se trata de caligrafía (escribir letras de forma correcta) ni tampoco de tipografía (diseñar distintos tipos de letras). 

El lettering es una forma de dibujar y de crear un abecedario propio pero haciendo uso de las letras, dibujándolas de manera creativa. Para empezar, no es necesario tener una ‘buena letra’ para hacer lettering (ya que las propias letras pueden considerarse formas a dibujar), solo hay que tener paciencia, contar con el material adecuado y echar mano de la imaginación ya que es una técnica que se aprende poco a poco. 

También es importante conocer una de sus reglas básicas a la hora de ponerse a dibujar, que está relacionada con el trazado: cuando se dibuja hacia arriba, el trazo debe ser fino, y cuando se hace hacia abajo debe ser grueso: para ello, lo único que hay que hacer es aplicar mayor presión en el momento de realizarlo. 

Tipos de lettering

Existen distintos tipos de lettering, según el material que se utilice. Así, el Brush Lettering hace uso de pinceles o rotuladores acuarelables para dibujar las letras; con el Chalk Lettering se utiliza la tiza; y en el hand lettering se emplean lápiz y rotuladores.

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Por supuesto, también ayuda a practicar los distintos tipos de alfabeto y los diferentes tipos de letras, como la tipografía encriptada o las letras con molde, entre otras. Alrededor de las letras, es habitual incluir elementos decorativos como los dibujos de flores, por ejemplo. 

¿Qué se necesita para comenzar a hacer lettering?

Para adentrarse en el mundo del lettering por primera vez es importante contar con el material adecuado. Algunos de los elementos son muy básicos y suelen encontrarse en casa, como un lápiz, una goma de borrar o una escuadra, sin embargo, resultan útiles para iniciarse en este arte. Pero, además de estos hay que tener en cuenta el papel y los rotuladores.

Papel: folios o blocs especiales para dibujar. Se puede comenzar a practicar con folios normales, pero también existen otras opciones como los blocs de dibujo que cuentan con puntos que sirven de guía.

bloc lettering

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Rotuladores: para dibujar y pintar las letras, los hay de diferentes tipos (si se lleva a cabo brush lettering, por ejemplo, o si se usa plantilla o escuadra). De ellos es importante destacar el tipo de punta (cónica o de pincel), ya que ayuda a realizar la norma básica del trazo fino y el grueso: 

  • Punta cónica
rotuladores

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  • Punta pincel
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Una vez que se dispone de todos los materiales necesarios, una buena forma de comenzar es utilizando plantillas con letras, tipografías o alfabetos (hay multitud de ellas en Internet) y que sirven de guía o a través de tutoriales con los que llevar a cabo esta técnica paso a paso.