Cuando la situación con respecto a las consecuencias para el menor se complica y no se puede gestionar desde la familia, expertas de la FAD recomiendan acudir a un especialista.

Las cifras de consumo de alcohol entre los adolescentes son muy elevadas. El 70,5 % de los estudiantes de entre 14 y 18 años han tomado alguna vez alcohol durante los últimos 12 meses del año , según el último estudio al respecto del Ministerio de Sanidad, que también señala que beben más las féminas que los varones menores de 18 años. Concretamente, un 73,3 % frente a un 67,8 %. En cuanto a la media de edad en que los adolescentes comienzan a tomar alcohol, se sitúa en los 15 años y las tiendas del barrio es donde más adquieren la bebida.

Cualquier cifra de consumo del alcohol en jóvenes menores de 18 años debería ser preocupante, “porque a esa edad se están desarrollando y beber puede tener consecuencias a largo plazo, como las dificultades para aprender y recordar. También puede afectar a su rendimiento académico, así como a sus relaciones sociales y familiares. Se pueden mostrar más agresivos tras las borracheras y perder oportunidades propias de su edad, como asistir a cursos o actividades de ocio, porque no han descansado de noche y se encuentran mal por la mañana, explica Celia Prat, jefa del Equipo de Formación de la Fundación FAD Juventud.

Existe mucha permisividad con el consumo de alcohol en la sociedad y trasladamos ese modelo a nuestros hijos. “Les hemos enseñado el patrón de asociar el ocio y la diversión con beber alcohol. Lo ideal, sería ayudar a los jóvenes a desarrollar un pensamiento autónomo y crítico para que puedan contemplar y asumir otras opciones para divertirse que no impliquen beber, a pesar de que a su alrededor sea el modelo social frecuente. Desde casa, se pueden favorecer alternativas relacionadas con el deporte u otro tipo de actividades que les saquen del foco del consumo de alcohol como forma de divertirse y socializar”, añade Celia Prat.

Cómo prevenir el consumo de alcohol en los jóvenes

Las bases para un ocio sano de nuestros hijos cuando son jóvenes se asientan desde la cuna. ”Se trata de un trabajo a largo plazo para fomentar en ellos una autoestima sana, poniendo normas y límites adecuados, con una buena comunicación en casa y dando un ejemplo adecuado como adultos con respecto al consumo de alcohol. Conviene conocer a los chicos y para ello hay que propiciar un espacio de escucha, diálogo y afecto para que tengan confianza a la hora de comentar con sus padres su día a día y lo que les preocupa”, comenta Rocío Paños, responsable de Actuaciones con familias de FAD.

Cómo actuar si mi hijo menor de 18 años llega ebrio a casa

Cuando un joven llega a casa bebido por primera vez, es fundamental que los padres actúen frente a la situación de manera adecuada para sentar un precedente de cara a que su hijo no repita la experiencia. Es aconsejable “no abordar el tema en el momento en que llega ebrio, porque no se va a enterar y va a generar un conflicto. Una vez que se comprueba que está bien y no hay que ir a urgencias, conviene dejar que duerma y hablar del tema al día siguiente con calma y evitando los juicios. Se pueden hacer preguntas abiertas, como, ¿qué ha pasado? ¿Por qué decidiste beber? ¿Cómo te sientes al respecto? También, se pueden comentar las consecuencias de beber, como sentirse mal físicamente y buscar juntos alternativas consensuadas al consumo de alcohol para futuras ocasiones, así como compartir con ellos nuestra experiencia al respecto cuando éramos jóvenes”, añade Rocío Paños.

Señales que indican que un joven consume alcohol

Si conocemos a nuestros hijos, sabremos detectar los indicios que advierten que consumen alcohol con menos de 18 años, como:

  • Disminuye su rendimiento escolar.
  • Se aísla durante más tiempo en su habitación.
  • Cambio el grupo de amigos habitual.
  • Se muestra desmotivado con actividades que antes le gustaban.

Cuando la situación con respecto a las consecuencias para el adolescente del consumo de alcohol se complica y no se puede gestionar desde la familia, se puede contactar con profesionales especializados, como con el servicio de información y orientación de la fundación FAD, en el teléfono anónimo y gratuito 900161515.

¿Por qué mi hijo bebe alcohol?

A los jóvenes les suele llamar la atención consumir alcohol porque lo consideran algo “divertido y transgresor. Es una forma de rebeldía propia de la edad que va contra las normas y rompe lo establecido por los padres. Pero si, anteriormente, se les ha hablado de las consecuencias negativas que tiene beber, hay más posibilidades de que no lo hagan. Conviene tener en cuenta que los adolescentes pueden consumir alcohol por cuestiones como sentirse integrados en el grupo, porque tienen una baja autoestima o necesitan sentirse reconocidos por los demás y no sentirse excluidos. Son aspectos que hay trabajar desde la familia a través del fomento de la adquisición de un sistema de valores sólido, para que no beban alcohol, simplemente, porque no es lo correcto y no me sienta bien; sin buscar más allá. Estamos convirtiendo a los jóvenes en débiles, porque no se quieren mostrar vulnerables y conviene transmitirles que el más valiente es el que se atreve a decir no”, concluye Ana López, pedagoga y especialista en neuropsicología educativa.

Fuente: El País.

El Gobierno ha dado un paso más en la lucha contra el consumo de alcohol en menores. Este martes, el Consejo de Ministros aprobó un proyecto de ley que busca restringir la venta, publicidad y patrocinio de bebidas alcohólicas dirigidas a menores de edad.

El problema del alcohol en la adolescencia

El inicio del consumo de alcohol entre los jóvenes es cada vez más temprano, lo que conlleva graves consecuencias para su salud mental y física, además de aumentar el riesgo de adicción. Según la encuesta Estudes 2023, el 75% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha consumido alcohol en el último año, y más de la mitad lo ha hecho en el último mes. Además, la mayoría de ellos reconoce que acceder a estas bebidas es fácil o muy fácil.

Objetivo de la nueva ley

Para reducir el impacto de este problema, el Ministerio de Sanidad ha impulsado una normativa que regulará el acceso de los menores al alcohol. La ministra de Sanidad, Mónica García, presentó los detalles de la ley tras su aprobación en el Consejo de Ministros.

Este marco legal unifica normativas ya existentes en distintas comunidades autónomas y municipios, con el fin de homogeneizar las restricciones y frenar el consumo entre los más jóvenes o, al menos, retrasar su inicio.

Principales restricciones

La futura legislación prohibirá el consumo de alcohol en determinados espacios, incluso para los adultos. Estos incluyen centros educativos (excepto universidades), residencias de estudiantes con menores, centros de protección de menores y eventos deportivos o de ocio dirigidos a jóvenes.

También se restringirá la publicidad de bebidas alcohólicas en las cercanías de estos lugares, así como en hospitales, parques infantiles y otros espacios frecuentados por menores. Además, no se permitirá el uso de mobiliario de hostelería que haga referencia a marcas de alcohol, como sillas, mesas, toldos o servilleteros.

Otras medidas incluyen la prohibición de publicidad encubierta de bebidas alcohólicas y la restricción del uso de imágenes o voces de personas menores de 21 años, embarazadas o personajes que resulten atractivos para el público juvenil. Asimismo, las máquinas expendedoras deberán contar con sistemas de verificación de edad, similares a los que ya se emplean en la venta de tabaco.

Controles y sanciones

Las fuerzas de seguridad podrán realizar pruebas de alcoholemia en los espacios donde el consumo esté prohibido. Además, en caso de infracciones leves, se contempla la posibilidad de sustituir las multas por la participación en programas de concienciación.

Las sanciones se dividen en tres categorías:

  • Leves: Multas de entre 60 y 600 euros.
  • Graves: Multas de entre 601 y 30.000 euros, suspensión temporal de la actividad y posible cierre del establecimiento hasta tres años. También se podrá prohibir el acceso a ayudas públicas durante el mismo periodo.
  • Muy graves: Multas de entre 30.001 y 600.000 euros, cierre del establecimiento hasta cinco años y exclusión de beneficios fiscales y ayudas públicas por el mismo tiempo.

Con esta nueva normativa, el Gobierno busca reducir el consumo de alcohol en menores y proteger su salud, estableciendo medidas más estrictas para su acceso y comercialización.

Las adicciones a sustancias tóxicas son enfermedades crónicas que afectan al cerebro y a la conducta, caracterizadas por la dependencia a una o varias drogas nocivas para el organismo, en este caso al alcohol. Existen dos tipos de alcoholismo. Te lo recordamos con nuestra infografía.

  • Tipo I: se da en adultos y se caracteriza por tener etapas con grandes ingestas puntuales con intervalos de abstemia, pero estos intervalos son cada vez más pequeños, y pueden comportar una gran dependencia y el desarrollo de enfermedad hepáticas.
     
  • Tipo II: se da en adolescentes y está relacionado muchas veces son un historial violento. El aumento del consumo de alcohol no es progresivo.

¿Qué síntomas presenta el alcoholismo?

  • Los síntomas de la adicción al alcohol son la ansiedad por consumirlo, pérdida del control, incapacidad para parar de beber,  dependencia física, que provoca el síndrome de abstinencia (sudoraciones, fiebre, temblores) cuando se deja de tomarlo, y la tolerancia (necesidad de beber cada vez mayores cantidades de alcohol).
  • Además, el consumo excesivo de esta droga conlleva graves problemas de salud, tanto mentales (depresión, psicosis) como físicos (daños en hígado, cerebro), e incluso la muerte.

DESCUBRE AQUÍ EL PELIGRO DEL ALCOHOL

A continuación, mencionamos cinco señales que alertan de la aparición de la adicción a las bebidas alcohólicas.

1.    Siempre con una bebida en contextos sociales:

Este hecho se cumple en cualquier contexto social, ya sean fiestas, visitas momentáneas o eventos. Cualquier momento en el que no se pueda beber se experimenta como algo que produce malestar, sobre todo cuando hay botellas a la vista.

2.    Se consideran “no alcohólicas” ciertas bebidas:

El consumo de alcohol pasa a ser tan cotidiano que resulta extraño beber algo que no contenga alcohol. Personas con este problema empiezan a considerar que bebidas de poca graduación, como la cerveza, no son bebidas alcohólicas “verdaderas” y, por lo tanto, tienen una excusa para consumir más.

3.    Revisar las reservas de bebida:

Asegurarse de que quedan botellas de sobras se convierte en un quehacer cotidiano. Requiere un cierto tiempo, pero se considera que quedarse sin reserva es lo peor que puede pasar.

4.    Beber muy rápido:

Suele apreciarse en reuniones y es uno de los signos más llamativos que alertan de la adicción al alcohol. La acción de beber, según su opinión, es en sí misma una de las tareas principales de la reunión y no hay tiempo que perder.

5.    Se rompe el contacto con amigos que no beben:

Los adictos al alcohol estructuran su vida social alrededor de las reuniones en las que, por defecto, se bebe. De esta manera, se irá deteriorando progresivamente el contacto con las personas abstemias o que beban poco.

 

El consumo de alcohol en la adolescencia provoca cambios cognitivos y cerebrales que en algunos casos persisten hasta la edad adulta, sugiere un estudio. El estudio ha sido realizado por la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Francisco de Vitoria, la Universidad de Oviedo y la Universidad de Málaga. En concreto, el trabajo, publicado en la revista Addiction Biology, muestra que el consumo de drogas aumenta la ansiedad y el comportamiento compulsivo, lo que se refleja en algunas pruebas con roedores expuestos al alcohol tras 5 semanas de consumo.

Además, a nivel cerebral, la expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), el receptor de glucocorticoides (GR) y el factor liberador de corticotropina (CRF), ambos actores clave en la respuesta al estrés, está alterada e involucrada en regiones del cerebro. involucrados en la respuesta al estrés, la regulación emocional y la cognición. El estudio se realizó en ratones jóvenes y tuvo como objetivo analizar el cerebro y los cambios de comportamiento causados ​​​​por el consumo crónico de etanol (o etanol) durante este período en comparación con su etapa adulta.

De esta manera, se pueden detectar cambios de comportamiento y cerebrales para ver si los efectos inmediatos tienen efectos a largo plazo. El trabajo comenzó con un protocolo de 5 semanas de consumo voluntario de alcohol en sus jaulas, mientras que el grupo control se exponía a beber agua.

 


Con el tiempo, el nivel
 de alcohol aumentó gradualmente del 3% al 15% durante la última semana. Después de este período, ambos grupos se sometieron a un período de abstinencia de 24 horas seguido de una prueba de craving en la que a cada grupo se le proporcionaron dos bebedores: uno con 15% de alcohol y otro con agua.

Luego, los ratones
 se dividieron en dos grupos, uno se sometió a una serie de pruebas cognitivas y emocionales en la adolescencia tardía y el otro permaneció abstinente hasta la edad adulta, cuando se administraron las mismas pruebas. Estas pruebas incluyen, entre otras, pruebas que analizan la memoria a corto plazo, las respuestas de ansiedad, el comportamiento obsesivo-compulsivo o la memoria de trabajo.

De manera similar,
 una prueba de craving (correspondiente a 24 horas) en un grupo de ratones adultos que permanecieron abstinentes hasta esta edad mostró un alto consumo de alcohol. De esta manera, las pruebas mostraron que la memoria de trabajo también cambió, especialmente en los adolescentes. «En los adolescentes, el alcohol tuvo un efecto negativo en la tarea de reconocer la ubicación de los objetos, lo que sugiere cambios en los niveles cognitivos», comentaron los investigadores. Idioma  Espanol English French Italian Romanian Catalan Portuguese Tagalog Dutch 

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Es época de primeras comuniones, y muchos padres están o acaban de pasar por la organización de un evento que supone, además de meses de quebraderos de cabeza, un gasto medio de 2.300 euros, según un informe de KPMG con datos de 2014. En este contexto, no es de extrañar que se haya hecho viral un pequeño comentario del mediático juez de menores Emilio Calatayud titulado: ‘Mesura con los convites oficiales, que se nos está yendo de las manos’.

“Lo que antaño era un chocolate con churros y un relojito, hoy es un almuerzo masterchef, un viaje a Eurodisney y el móvil de última generación. Y eso como mínimo. Estamos poniendo el listón demasiado alto. Dejemos algo para cuando se casen”, escribe Calatayud. En realidad, el gasto medio de hace una década y el actual son similares, sobre los 2.000 euros. Siempre ha habido padres que se han endeudado para ofrecer a sus hijos la celebración soñada —de 1993 es Lloviendo piedras, la película de Ken Loach sobre un padre en paro de un barrio obrero británico que hace lo que sea para que su hija tenga un vestido de primera comunión—, así como los convites con tantos invitados como una boda. Otra cosa es la conveniencia de regalar a niños de 9 y 10 años un smartphone, pero eso es otro tema.

Lo que sí está cambiando en los últimos años es el destino de ese dinero. Si antes la mayor parte se dedicaba al menú de los adultos invitados, ahora se tiende a gastarlo en divertir a los niños: animación, castillos hinchables, barra de golosinas, photocall… cuyo precio ronda entre los 500 y 1.000 euros. En realidad, no es más que otra muestra, quizá la mayor puesto que solo se celebra una vez, de la tendencia a llenar la vida de nuestros hijos de momentos inolvidables: cada mañana de Reyes, cada cumpleaños e incluso la llegada del Ratoncito Pérez, que en muchas casas ya no se limita a dejar una moneda, sino que la acompaña de un juguetito, una camiseta u otro detalle. Incluso los fines de semana se convierten, en vez de en días de hacer el vago y jugar, en frenéticas jornadas de actividades estimulantes, con cines, teatros, museos, excursiones y comidas que te dejan baldado.

Que conste que, como madre moderna, no puedo tirar la primera piedra. Porque también he celebrado cumpleaños en inmensos parques de bolas y he encargado al Ratoncito Pérez bolígrafos de purpurina. Y de la comunión nos libramos por una cuestión de ateísmo, pero si no, no pongo la mano en el fuego porque no acabara yéndoseme la pinza, como advierte el juez Calatayud. No sé qué intentamos compensar o demostrar. Pero puede que, de tantos momentos memorables vividos, nuestros hijos acaben por confundir unos con otros y se olviden de todos.

http://elpais.com/elpais/2017/05/19/mamas_papas/1495204800_852661.html

Te presentamos el Decálogo para padres par ala prevención en el inicio temprano de consumo de alcohol en menores.


DECÁLOGO PARA PADRES

  1. Mostrar cercanía: debemos comunicarnos con nuestros hijos menores, resultar razonables y confiables, mostrarnos compresivos y solidarios.
  • Anticipar: advertir que este año probablemente van a sufrir presión para probar el alcohol por parte de su grupo de iguales y lo difícil que va a ser continuar sin hacerlo. Recordarles que “este verano se la van a jugar”.
  • Posponer: no tienen que hacer ahora mismo algo que podrán hacer más adelante, no hay prisa, ahora no toca.
  • Reconocer: pedir opinión a nuestro hijo sobre este asunto, sin juzgar, valorando su punto de vista y tratando de estimular su espíritu crítico.
  • Repudiar: hay que esforzarse individualmente y en alianza con otros padres por rechazar y marginar la forma de beber mediante botellón o sobreingesta compulsiva.
  • Supervisar: cuando salga de noche, adelantar que le vamos a preguntar qué ha pasado cuando regrese, que nos vamos a fijar en cómo vuelve. Matizar que no es desconfianza en él sino preocupación sincera.
  • Controlar: en las fiestas conviene poner una hora límite de llegada a casa o retorno al amparo paterno. Puede ser buena idea programar encuentros periódicos intermedios (“te quiero ver cada hora aquí, te acercas y luego, si todo está bien, te puedes volver a ir”; o “me haces una videollamada, que yo te vea”).
  • Administrar: es importante limitar la cantidad de dinero que se le da al menor: es mejor dar poco y a menudo que mucho y de golpe.
  • Trabajar en equipo: sigue siendo importante coordinarnos con los padres de los amigos de nuestros hijos y compartir el mismo posicionamiento. De este modo, tendremos otros aliados, nuestro criterio será avalado de forma homogénea por los padres de los amigos de nuestros hijos.

Sancionar: en todo caso, si nuestro hijo transgrede las normas, debemos aplicar consecuencias.  Pero si lo hace bien, también hay que reconocérselo y sancionarlo positivamente

 

El lettering es el arte de dibujar letras a mano de una forma creativa y personal. No es necesario tener ‘buena letra’ para disfrutarlo ya que no se trata de escribir las letras de forma correcta ni tampoco de diseñarlas. Aprende en qué consiste y qué materiales necesitas para adentrarte en el mundo lettering.

Hay personas que encuentran en el dibujo una vía de escape al estrés del día a día. Así, dibujar elementos abstractos como los mandalas, por ejemplo, puede resultar gratificante para poner en marcha la creatividad, la imaginación y relajar la mente a través del color. Pero, ¿sabías que también existe una forma de dibujar y crear letras que puede ser muy relajante? Se llama lettering y es el arte de dibujar letras a mano de manera creativa. 

¿En qué consiste el lettering?

lettering

Lo primero que hay que saber para entender lo que es el lettering es que no se trata de caligrafía (escribir letras de forma correcta) ni tampoco de tipografía (diseñar distintos tipos de letras). 

El lettering es una forma de dibujar y de crear un abecedario propio pero haciendo uso de las letras, dibujándolas de manera creativa. Para empezar, no es necesario tener una ‘buena letra’ para hacer lettering (ya que las propias letras pueden considerarse formas a dibujar), solo hay que tener paciencia, contar con el material adecuado y echar mano de la imaginación ya que es una técnica que se aprende poco a poco. 

También es importante conocer una de sus reglas básicas a la hora de ponerse a dibujar, que está relacionada con el trazado: cuando se dibuja hacia arriba, el trazo debe ser fino, y cuando se hace hacia abajo debe ser grueso: para ello, lo único que hay que hacer es aplicar mayor presión en el momento de realizarlo. 

Tipos de lettering

Existen distintos tipos de lettering, según el material que se utilice. Así, el Brush Lettering hace uso de pinceles o rotuladores acuarelables para dibujar las letras; con el Chalk Lettering se utiliza la tiza; y en el hand lettering se emplean lápiz y rotuladores.

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Por supuesto, también ayuda a practicar los distintos tipos de alfabeto y los diferentes tipos de letras, como la tipografía encriptada o las letras con molde, entre otras. Alrededor de las letras, es habitual incluir elementos decorativos como los dibujos de flores, por ejemplo. 

¿Qué se necesita para comenzar a hacer lettering?

Para adentrarse en el mundo del lettering por primera vez es importante contar con el material adecuado. Algunos de los elementos son muy básicos y suelen encontrarse en casa, como un lápiz, una goma de borrar o una escuadra, sin embargo, resultan útiles para iniciarse en este arte. Pero, además de estos hay que tener en cuenta el papel y los rotuladores.

Papel: folios o blocs especiales para dibujar. Se puede comenzar a practicar con folios normales, pero también existen otras opciones como los blocs de dibujo que cuentan con puntos que sirven de guía.

bloc lettering

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Rotuladores: para dibujar y pintar las letras, los hay de diferentes tipos (si se lleva a cabo brush lettering, por ejemplo, o si se usa plantilla o escuadra). De ellos es importante destacar el tipo de punta (cónica o de pincel), ya que ayuda a realizar la norma básica del trazo fino y el grueso: 

  • Punta cónica
rotuladores

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  • Punta pincel
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Una vez que se dispone de todos los materiales necesarios, una buena forma de comenzar es utilizando plantillas con letras, tipografías o alfabetos (hay multitud de ellas en Internet) y que sirven de guía o a través de tutoriales con los que llevar a cabo esta técnica paso a paso.

Hay personas que se leen hasta la letra pequeña de los manuales mientras que otros se lanzan a pulsar todos los mandos para ver qué ocurre. No es ni bueno ni malo. Simplemente, nos da pistas de nuestra manera de aprender. Veamos los cuatro tipos de aprendizaje que existen para identificar cuál es el tuyo.

Quieres hacer un viaje con tu pareja y uno de vosotros necesita leer hasta el mínimo detalle sobre el sitio a donde vais, mientras que el otro se pone de los nervios porque preferiría lanzarse a la aventura. O en una reunión de trabajo un compañero no para de dar ideas sin concretar nada, mientras que a otro le agobia no trabajar en una sola. ¿Has vivido algo de esto? Si es así, bienvenido a los diferentes modos de aprender y a sus dificultades (y oportunidades).

En 1984 un profesor universitario, David Kolb, descubrió que los adultos tenemos distintas maneras de aprender que dependen de cómo percibamos la realidad y de cómo la procesemos. Hay personas que captan la realidad fundamentalmente a través de la experiencia y otros, creando teorías. Los primeros son más empáticos y tienden a hacer varias tareas al mismo tiempo (multiplicidad). Es más, si no lo hacen se pueden aburrir soberanamente. Los segundos prefieren centrarse en una sola tarea, se manejan muy bien en la teoría y se perderían con varias cosas al mismo tiempo (unicidad).

No todos captamos la información igual: algunos la procesarán si se ponen manos a la obra (acción) y otros si reflexionan sobre lo que observan (pensamiento).

Con respecto a la manera de captar la información, algunos la procesarán si se ponen manos a la obra (acción) y otros si reflexionan sobre lo que observan (pensamiento). Pues bien, las anteriores características definen los ejes de las maneras de aprender y de los cuatro estilos. Veámoslos con algo más de detalle:

Adaptadores o los “hacedores”

Difícilmente leerán un manual. Son el resultado de la multiplicidad y la acción. Prefieren trabajar rodeados de personas y se buscan la vida para conseguir recursos y alcanzar resultados. Les gusta asumir riesgos y saben adaptarse a las circunstancias. En una empresa abundan en los departamentos de ventas. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿cuándo?

Asimiladores o expertos en la conceptualización

Su estilo es opuesto a los adaptadores. Son extraordinarios creando modelos teóricos y definiendo claramente los problemas. Les interesan más las ideas abstractas que las personas, por lo que no es de extrañar que destaquen en el campo de las matemáticas o de las ciencias. En una empresa pueden estar en posiciones de investigación o de planificación estratégica. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿por qué?

Divergentes o los reyes de las mil y una ideas creativas

Todos tenemos un estilo de aprendizaje definido pero para desarrollarnos mejor personal y profesionalmente conviene estar con personas que nos complementen y cuyo estilo esté en el extremo del nuestro.

Disfrutan analizando los problemas en su conjunto y trabajando con personas. Son empáticos, emocionales y ocurrentes. No es de extrañar que lancen un sinfín de propuestas diferentes en una reunión. En este estilo se encuentran artistas, músicos y todos los creativos en el mundo de la empresa. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿y si…? o ¿por qué no?

Convergentes o el poder de la aplicación en una sola cosa

Son los opuestos a los divergentes. Necesitan la aplicación práctica a las ideas para testar teorías o resolver problemas. Se pierden con muchas alternativas. Sin embargo, son excepcionales en situaciones donde haya un único camino para ser resueltas. Muchos ingenieros se enmarcan en este estilo de aprendizaje. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿para qué?

Como es de imaginar hay personas cuyo estilo de aprendizaje está más marcado que otros como, por ejemplo, Sheldon Lee Cooper, protagonista de la serie The Big Bang Theory, quien es un asimilador total. Lo normal es que no sea así y que todos tengamos un poco de los cuatro aunque nos solamos sentir más cómodos con uno.

En definitiva, todos tenemos un estilo de aprendizaje que nos define más que otros y para desarrollarnos mejor en lo personal y profesional sería recomendable estar con personas que nos complementaran y cuyo estilo estuviera en el extremo del nuestro. Por ello, si eres de los que no lees los manuales, estáte cerca de quienes disfrutan haciéndolo (o viceversa). Porque más allá de este hábito, existe una manera interna distinta de percibir y de procesar la realidad que te puede ayudar a mejorar y a superarte a ti mismo en muchos otros ámbitos de la vida.

http://elpais.com/elpais/2016/10/10/laboratorio_de_felicidad/1476119828_530014.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Apague la tele. Controle la carta a los Reyes. Comience con una lista de deseos desde septiembre. Todos estos son trucos que puedes aplicar con tu hijo para que se aleje del consumismo. Y no solo en Navidad, también el resto del año. “La función del niño es pedir. Entra en un supermercado, ve un catálogo de juguetes, ve los anuncios de la televisión y lo quiere todo”, explica por teléfono Inma Marín, asesora pedagógica, experta en juego y educación y miembro del Comité de Expertos de Imaginarium. “En Navidad, los niños se ven más sometidos al consumismo porque todos los juguetes y regalos llegan de una sola vez. Y los fabricantes lo saben y saturan y saturan”, añade la experta. “Si fuéramos capaces de dividir este cúmulo de regalos durante todo el año, sería mucho más fácil lidiar con el consumismo”, reitera. Y dejar de relacionar la cantidad de regalos con la felicidad.

El 24,03 % de los padres españoles considera que la principal causa de la felicidad de sus hijos durante la Navidad son los juguetes que van a recibir durante estas fechas, tal y como desprende el II Estudio sobre Felicidad e Infancia elaborado por Imaginarium. Esta elección es la segunda causa señalada como origen de la felicidad de los niños durante las fechas navideñas, por delante de otras opciones como hacer planes en familia o el hecho de tener vacaciones en esta época del año.

La carta a los Reyes Magos

“Lo mejor para controlar el consumismo en Navidad es con la Carta a los Reyes Magos. Me explico, con unos pequeños trucos se puede conseguir mucho. Por ejemplo, como decirle al niño que él hace una lista, pero luego sus majestades deciden; o que tienen que demostrar lo buenos que son para que los reyes les conozcan y decidan, pueden ser estrategias que pueden ayudar a los padres a controlar lo que sus hijos piden”, incide Marín.

 

Cómo ayudar a tus hijos a escribir la carta a los Reyes sin caer en el consumismo

Listas interminables. Con tachones por todos lados. Que acaban, que no acaban. Sin control. “En mi caso, con mis hijos lo que hago es comenzar a escribir la carta en septiembre, cada vez que se acuerdan de algo lo apuntan, lo que soluciona mucho y que vayan controlando, ellos y nosotros, lo que quieren”, argumenta. “Con los niños más mayores, que ya saben la verdad, es fácil lidiar porque se les puede explicar la situación familiar o con el presupuesto que contamos”, continúa. “Pero con los más pequeños, con ellos hay que mantener la ilusión, mantener lo bonito de la Navidad, por lo que humanizar a los Reyes, hacerles ver que les cuesta un esfuerzo traer los regalos y que sean conscientes es una buena técnica de control”. “Con ellos, convertir el hecho de escribir la carta en un juego divertido y familiar es el objetivo”, concluye la experta. Por ello la Navidad es el momento idóneo para dedicar tiempo al juego real y para jugar bien. El mejor regalo y remedio contra el consumismo son los padres, ya que disponen de tiempo de calidad para jugar juntos

Seis claves para transmitir a los niños ilusión por los regalos y fomentar en ellos un consumo consciente:

  1. Menos edad, menos juguetes. Cuanto más pequeño es un niño, menos juguetes de golpe puede digerir, así que lo idóneo es regalar pocos y repartidos en varias casas. “Por ello, en la primera etapa es mejor recurrir a pocos juguetes, pero que fomenten sus primeras habilidades motrices y sensitivas”, explica Marín.
  2. Comprarlo por y con amor. Esto implica que el regalo se haga pensando en el niño o la niña que va a jugar con ese juguete, teniendo en cuenta su edad, sus gustos y aficiones, aquello con lo que disfruta, lejos del estrés publicitario.
  3. Juguetes que fomenten la creatividad y los sentimientos. La principal función de un juguete es estimular las ganas de jugar, es decir, de imaginar, crear, descubrir, soñar…
  4. Juguetes que favorezcan el movimiento en casa y al aire libre. Ya sea detrás de una pelota, encima de un triciclo o una bicicleta, o siguiendo el ritmo que nos propone un instrumento musical. Nuestros niños necesitan moverse, “¿y qué mejor manera de hacerlo que jugando con un balón de fútbol inteligente que cuenta los toques?”, añade Marín.
  5. Regalar juguetes que fomenten las relaciones sociales. “Si bien a los niños les gusta jugar con los adultos, también necesitan y desean jugar con otros niños con los que aprenderán a interrelacionarse y harán de su universo lúdico un espacio más amplio”, explica la experta.
  6. Y siempre hay que regalar con sentido común. «Y uno de los pasos, es conseguir una carta a los Reyes Magos con sentido común», termina Marín.

https://elpais.com/elpais/2017/12/15/mamas_papas/1513334059_903087.html

«Yo al principio no me di cuenta, no sabía que lo que me pasaba era acoso escolar, entonces no se hablaba de ello. Además, ¿cómo iba a pensar que era acoso escolar, si eran mis propios amigos, a los que conocía desde los tres años?». Nidia Represa cursaba 2º de la ESO cuando se convirtió en diana de las bromas de su pandilla de toda la vida. Bromas cada vez más constantes y pesadas que pronto subieron de nivel: «Me insultaban, me obligaban a darles mis deberes, me tiraban las cosas del pupitre…». Y siempre, siempre, acompañadas de unas risas de fondo: las del resto de alumnos, los espectadores.

Parecía una obra de teatro, cuyo guion se ha plagiado infinidad de veces en cada colegio. El acosador y la víctima como protagonistas, unos cuantos actores secundarios que precisamente secundan, y un público que contempla (cuando no aplaude) desde la distancia, ignorante de que la obra no es una tragedia griega cuyo fin está escrito, sino que es interactiva: cualquiera puede intervenir y cambiar el desenlace.

Por una parte, relata Nidia, estaba «el cabecilla de los acosadores, el típico que no se dejaba ver pero instigaba». Junto a él, el «matón», el ejecutor de las bromas, acompañado por una suerte de secuaces, que le seguían y se reían. Una organización de manual, como explican a EL MUNDO los psicólogos José Antonio Molina y Pilar Vecina, autores de ‘Bullying, ciberbullying y sexting: ¿Cómo actuar ante una situación de acoso?‘.

«Cuando hablamos de grupos de bullies, suele haber un cabecilla que ordena y manda. El grupo comparte formas de pensar y de actuar y, lamentablemente, en muchas ocasiones, su objeto de diversión es la violencia y el hostigamiento a otros. Así perciben que están en el lado del fuerte, del que tiene el poder, del que nadie se ríe porque se impone y hace respetar ‘sus leyes’. Todo eso añadido a la desindividualización y desinhibición que propicia el grupo«.

Y después, están losacosadores pasivos. Esos que son testigos de lo que sucede, incluso lo reprueban, pero permanecen en silencio. Bien porque su ausencia de madurez les impide ser conscientes de la gravedad de los hechos, bien porque piensan que no es asunto suyo, y, sobre todo, por miedo. A represalias o a que los tachen de ‘chivatos’ si alertan a los docentes.

«‘¿Para qué voy a meterme en líos?’, ‘¿Y si luego vienen a por mí?’, ‘¿Y si se enteran de que he sido yo el que lo he dicho al profesor?‘, ‘Yo no quiero pasar por lo mismo, prefiero mantenerme ajeno'». Son algunos de los principales argumentos que esgrimen en consulta, explican Molina y Vecina, que trabajan en diseño e implantación de programas de acoso en escuelas.

Una figura que también estuvo presente en el caso de Nidia: «Eran mis amigos más cercanos. Se quedaban al margen, fingían que no pasaba nada… Uno simulaba que no me conocía y luego, a escondidas, me daba los deberes. Otra intentó defenderme sin que yo lo supiese, y acabó pagando el pato: cuando yo me cambié de colegio -porque la familia de Nidia optó por la solución más habitual: cambiar de centro-, el acoso se volvió contra ella«.

Sin ser psicóloga, aunque está estudiando para ello, Nidia hace una diagnóstico bastante certero. «Hace unos años te habría dicho que no entendía esta actitud. Ahora sí: los que acosan siempre tienen a alguien en su punto de mira. Se desarrolla un miedo global que hace que el resto no quiera intervenir por temor a ser el siguiente, sufrir las bromas… Se guían por un sentimiento de autoprotección que les impide actuar».

El problema es que ese silencio sirve como combustible. «Si el agresor es consciente de que ninguno de los espectadores va a hablar o a informar de lo que está pasando, seguirá en la misma línea porque, a corto plazo, no tiene ningún tipo de consecuencias negativas», explican Vecina y Molina, que ponen el ejemplo de P.G., un menor que llegó a consulta porque fue acosado después de haber defendido a uno de sus mejores amigos. La primera frase que dijo fue: «Si lo sé… no me meto».

Los psicólogos establecen cuatro tipos de espectadores, los cuales, con su actitud y conducta, condicionarán el comportamiento del acosador que está llevando a cabo el hostigamiento:

  1. SEGUIDORES DEL AGRESOR. Implicados de una forma directa en el plan del agresor, además se identifican con los valores y normas del grupo.
  2. REFORZADORES PASIVOS. Están presentes cuando se realizan las acciones intimidatorias, pero no participan directamente en ellas. Son conscientes del daño causado a la víctima y suelen reforzar la violencia mediante sonrisas, aplausos o halagos a los agresores.
  3. OBSERVADORES. Simplemente miran. No se muestran a favor de la violencia, pero al no hacer nada para evitarla acaban por reforzarla. Tampoco defienden a la víctima, optan por mantenerse al margen y se sienten ajenos al problema.
  4. DEFENSORES DE LA VÍCTIMA. Tratan de defenderla, ya sea de manera directa, interponiéndose entre ésta y el acosador, o indirecta, informando a un adulto (profesor, padre, policía…)

No obstante, advierten Molina y Vecina, no siempre que se da un caso de acoso escolar los alumnos son conscientes de lo que sucede. «En talleres que hemos realizado, incluso habiéndose diagnosticado una situación de acoso, los demás miembros de la clase del acosado aseguraron no saber nada de los hechos».

Por eso, muchas veces, el trabajo empieza por hacerles tomar conciencia de que son o han sido testigos de ‘bullying’, de que es algo que no debería asumirse como normal, e invitarles a ponerse en el lugar de la víctima y analizar si, con su silencio o sus risas, han sido cómplices. Ésa es la línea en la que van buena parte de las intervenciones en centros escolares, y también el eje, por ejemplo, de la campaña lanzada la pasada semana por la Fundación ANAR y Mutua Madrileña.

«Con que hubiese uno o dos niños que en lugar de reírse o mostrarse indiferentes, asumieran que así se convierten en cómplices, podría revertirse la situación«, asegura el psicólogo Benjamín Ballesteros, director de Programas de ANAR, que subraya que el objetivo es sensibilizar sobre las consecuencias del acoso y transformar la presión del grupo sobre la víctima en cohesión grupal. «Que se den cuenta de que su acción puede ser muy beneficiosa para cambiar la situación».

En estas situaciones, explican Molina y Vecina, es muy importante empatizar con la víctima y «hablar por ella, ya que no puede hablar por sí misma por el profundo temor que está experimentado». Por eso, en los talleres de prevención que realizan en las aulas, explican la importancia de transmitir lo que está ocurriendo y tratan de desmitificar la idea de que si se comunica al profesor o a un adulto responsable, se es un chivato.

«Los pasivos son la mayoría, y si diesen un paso adelante y se protegieran entre ellos, no habría tanto casos de acoso», se muestra convencida Nidia. «No me refiero sólo a enfrentarse a los que están haciendo daño, sino a apoyar a las víctimas. El niño que sufre acoso se siente solo. No busca que se haga justicia, sino no sentirse tan aislado».

Ella, a sus 22 años y gracias a la terapia, dice haberlo superado. El libro ‘Bajo mi piel‘ está inspirado en su experiencia, y procura ayudar a otros niños a través de su blog. «Siempre que se comunican conmigo, les dedico alguna reseña o dibujo y lo publico para que se sientan especiales y entiendan que pueden seguir adelante y que tienen mucho que dar, aunque no lo crean». Que sepan que no están solos, simplemente eso.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/05/02/572249dd46163f1a638b45af.html