Carles Capdevila es el director del diario catalán Ara y también padre de cuatro hijos. Cualidad personal que no destacaría en su currículo profesional si no fuera porque con sus charlas sobre la paternidad y la crianza, sustentadas en el humor, se ha convertido en uno de los divulgadores más populares de España. Su última ponencia sobre la educación de niños y adolescentes presentanda en el congreso Gestionando hijos, celebrado en Barcelona el pasado julio, ha revivido en la red dos meses después. Su monólogo acumula más de medio millón de reproducciones en YouTube, con un despunte a partir de mediados de septiembre cuando empezó a viralizarse a través de Facebook donde los visionados superan el millón y medio.

Colaborador habitual de la Ser y autor de una colección de la serie infantil Las tres mellizas, Capdevila cuenta a Verne que el éxito de esta charla le ha pillado por sorpresa. “El vídeo en el primer mes llegó a 40.000 visitas y en una semana pasó a 500.000. La gente me para por la calle para hablarme de ello. Tengo amigos que lo han recibido siete veces por WhatsApp”, explica. ¿La clave? “Para entender la paternidad o maternidad no hace falta ser madre, es suficiente con ser hijo. La educación es el tema más universal, es la vida en estado puro”. Unido a su humor habitual o “la ironía como método para no tener que estar enfadado todo el día”.

Con 19 años de experiencia en paternidad ha llegado a la conclusión de que su misión consiste en “espabilar a los pequeños y controlar a los mayores”, en su caso dos niños y dos adolescentes.”Esta noche cuando llegue a casa dos me abrazarán y dos no”, dice en un momento del monólogo, en el que explica los cinco sentidos que componen la base de su manera de educar, con una estructura similar a la de un mónologo propio de El club de la comedia:

1. Sentido Común. Para intentar aproximarse a su meta aplica el sentido común necesario para que un padre se replantee si es necesario repetirle 27 veces a sus hijos que se vayan a dormir, por ejemplo. “Tal vez es que no entiende tu idioma”, dice con retranca durante la ponencia.

2. Sentido del ridículo. El segundo sentido en el que confía Capdevila: “Padres bajitos que llegan al médico y no entienden por qué su hijo es bajito. Esto ocurre. Y claro el pediatra acaba mirando a ambos y diciéndoles: ‘Felicidades, el hijo es suyo”.

3. Sentido del deber y la responsabilidad. Es decir, aquel que debería servir para que una pareja se pregunte si merece la pena verbalizar la frase ‘¿Tener hijos te cambia la vida?’. “Pobrecitos, mejor que no tengan”, termina por decir el periodista en la ponencia. “Esta resistencia a ser padres y no querer cambiar me sorprende, porque es imposible”.

4. Sentido moral. Se refiere a los valores, los que según Capdevila dependen mucho de la imitación. “A veces los roles los confudimos por la excesiva entrega”, plantea.

5. Sentido del humor. Es el que vertebra su filosofía educativa. “Los padres motivados tenemos ciertos complejos o ansiedades fruto de saber tanto”, dice, “y a mí lo que me apetece es que hablemos de educación y que a la vez nos divirtamos”.

Rodeado de madres y padres que han descubierto en internet una nueva manera de compartir sus experiencias, el periodista cree que esta plataforma sirve para difundir experiencias de una manera más rápida y sencilla. “A veces te ayuda más otro padre o madre que un psicólogo o un pediatra”, opina. “Además, estamos más informados, a veces demasiado. Creo que Google es una maravilla y también una fuente de preocupaciones infundadas”. La sobredosis de información, métodos y consejos pueden tener también consecuencias negativas. “Nos puede acomplejar, nos rebaja la autoestima. Es mejor estar informado pero ser padre o madre requiere espontaneidad, alegría, seguridad, sentido común”.

http://verne.elpais.com/verne/2015/09/29/articulo/1443539422_465488.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Ansiedad, irritabilidad, inquietud, pensamientos obsesivos, aislamiento social son algunas de las conductas habituales de un niño con adicción a las pantallas. “La adicción a las pantallas está siendo considerada una enfermedad de salud mental por su alta incidencia en los últimos años en las consultas. Se considera una adicción sin drogas, pero con consecuencias parecidas a la adición a sustancias”, explica Gema José Moreno, psicóloga infanto-juvenil.

El uso incorrecto y desmesurado de las nuevas tecnologías por parte de niños y jóvenes afecta a su bienestar con “respuestas emocionales, como el enfado si se les prohíbe su uso, alteración del sueño, falta de concentración y deterioro del rendimiento escolar y del apetito, debido a que por el uso frecuente de dispositivos tecnológicos se deja de dormir ciertas horas o se retrasan las comidas”, comenta Gema José Moreno. El sobrepeso de niños y jóvenes puede ser otra consecuencia de la adicción a las pantallas, tanto por el hecho del desorden de horarios para comer como por el sedentarismo derivado del exceso de conectividad a las nuevas tecnologías, según afirma el estudio recogido por el organismo Enfermería Comunitaria. Asimismo, “el mal uso de las nuevas tecnologías a través de las pantallas también influye en la falta de concentración y el deterioro del rendimiento escolar”, añade la psicóloga Gema Moreno, que recomienda varias pautas preventivas para evitar adicciones a las pantallas en niños y jóvenes:

  • Ser un ejemplo para nuestros hijos. Las conductas coherentes son un espejo donde se reflejan niños y jóvenes. De forma que, si miramos el móvil mientras cenamos, no podemos exigir que nuestro hijo/a haga lo contrario.
  • Establecer unas normas de uso de las nuevas tecnologías. Unos horarios concretos para la conexión a las pantallas fuera de las cuales no se contemple su utilización, como en la cama, a la hora de dormir o durante los momentos de reuniones familiares, a la hora de comer o cenar.
  • Supervisar el uso de las nuevas tecnologías por parte de nuestros hijos, sin que se sientan controlados por ello.
  • Detectar si existe otra cuestión subyacente que desencadene un aumento del uso de las nuevas tecnologías, como problemas de relación con los compañeros en el centro escolar.

¿Qué hacer cuando se detecta que tu hijo tiene adicción a las pantallas?

El primer paso a seguir desde casa cuando los progenitores descubren que su hijo hace un uso desmesurado e inadecuado de las nuevas tecnologías es “alejarle del estímulo que genera la adicción, aunque no es fácil, porque hoy en día en el móvil o tableta tenemos mucha cantidad de información y es una herramienta para el estudio, el trabajo, las relaciones personales o el ocio. Las claves para un uso correcto de las tecnologías por parte de niños y jóvenes son la confianza, el diálogo y el establecimiento de límites”, explica Cristina de la Rosa Tineo, psicóloga y psicoterapeuta, miembro del centro de psicoterapia Nudos.

La información adecuada de los adolescentes sobre el uso correcto de las nuevas tecnologías es fundamental para evitar dependencias insanas a las pantallas. Conviene que conozcan “los riesgos y los beneficios, así como los usos correctos de las redes. También es clave el establecimiento de límites con respecto al tiempo de utilización de las pantallas y que los padres supervisen el cumplimiento de lo acordado al respecto”, recomienda la psicoterapeuta, Cristina de la Rosa Tineo.

¿Qué tienen las pantallas que tanta adicción crean en nuestros hijos?

El uso de las nuevas tecnologías genera sensaciones agradables por lo que “las pantallas enganchan con facilidad, a los jóvenes y a los mayores. Por un lado, son neurodivertidas porque generan respuestas y sustancias en nuestro cerebro que son excitantes y placenteras, entre ellas, la dopamina. Estar expuesto a estas sustancias continuadamente nos genera, de forma natural, la necesidad de seguir repitiendo las conductas que las producen, por ello usar mucho las pantallas nos crea la necesidad de seguir haciéndolo”, comenta Manuel Ruiz del Corral, ingeniero de telecomunicaciones, compositor musical y autor del libro Ser Digital, hacia una relación consciente con la tecnología

Las pantallas son pequeñas ventanas al mundo “donde los niños y jóvenes depositan sus afectos, relaciones, confidencias y una gran parte de su tiempo de ocio y diversión, a veces casi de forma exclusiva. El teléfono móvil es hoy un objeto preciado que ha conseguido situarse entre las necesidades más fundamentales de cualquier persona y no es solo una cuestión de ocio o comunicación. Los jóvenes encuentran en la Red un lugar donde reforzar cualquier opinión que tengan, por insignificante o extrema que sea. Crean una particular isla de sentimientos de pertenencia, poblada de contactos fáciles y rápidos. Incluso pueden jugar con su identidad, escondiendo fácilmente sus vulnerabilidades. Pueden sentirse exclusivos, acompañados y especiales, sin mover el dedo pulgar de la pantalla”, explica Manuel Ruiz del Corral.

No obstante, las nuevas tecnologías facilitan el aprendizaje de las nuevas generaciones. “Son herramientas fundamentales para la capacitación de los jóvenes en las reglas de la nueva sociedad y economía digital. Hoy, nuestros niños y jóvenes disponen de infinitas posibilidades al alcance de sus manos para aprender y desarrollarse, pero debemos darles herramientas psicológicas y conductuales para decidir cómo utilizar las pantallas de forma saludable. Las nuevas tecnologías ocupan una gran parte del tiempo de nuestros hijos y pueden comprometer el adecuado desarrollo de su atención, su empatía y su concentración. Debemos ser muy conscientes de que estas cualidades dependen muy directamente de la forma que tengan de relacionarse con sus dispositivos digitales, y es fundamental interiorizar pautas saludables para lograrlo”, explica el escritor Manuel Ruiz del Corral, que aconseja no criminalizar las pantallas, ya que no provocan adicciones ni dependencias si se usan de manera adecuada.

Fuente: El pais

Mi niño padece dislexia. ¿Cómo lo has averiguado? En el médico. Esto puede cambiar. La dislexia es la alteración de la capacidad de leer por la que se confunden o se altera el orden de letras, sílabas o palabras. Ahora, según se ha anunciado esta semana, Samsung y Change Dislexia han presentado Dytective para Samsung, “una nueva aplicación gratuita para tabletas que integra por primera vez un test de juegos lingüísticos y de atención con inteligencia artificial para la detección temprana del riesgo de padecer este trastorno”, informa EFE. Es el primer detector en línea de la dislexia.

La aplicación -que está disponible tanto para Android como IOS- consiste en una serie de ejercicios con una duración de un cuarto de hora en las que “tras analizar más de 200 variables y se le notifica al usuario si tiene riesgo o no de padecer dislexia con un 89,5% de precisión”, según explica Change Dislexia en su página web. De uso ilimitado, la prueba está dirigida para familias, profesionales y colegios. Y se ha probado con una muestra de 10.000 personas. “Se puede usar para niños a partir de los siete años y esta prueba no equivale a un diagnóstico médico”, alertan los creadores.

Esta nueva acción forma parte de la campaña ‘Tecnología con propósito’, puesta en marcha por Samsung, cuyo objetivo es eliminar todo tipo de barreras educativas y sociales gracias a la tecnología, como se explica en un comunicado.

Se estima que un 20% de la población padece dislexia, según anunció la Asociación Madrid con la Dislexia el pasado mes de enero. Entre la población infantil, más de 600.000 niños la padecen y muchos ni siquiera llegan a ser diagnosticados. Aunque los menores con dislexia poseen una inteligencia completamente normal, este trastorno está detrás de muchos casos de abandono escolar, según explican los expertos. “Con esta app, podemos ayudar tanto a detectar la dislexia como a mejorar la experiencia y rendimiento escolar de estos niños”, ha declarado el director de Comunicación, Relaciones Institucionales y Ciudadanía Corporativa de Samsung, Francisco Hortigüela.

“Dytective es el resultado de varios años de investigación de Luz Rello, (Premio Princesa de Girona 2016) años duros de trabajo tras los que, finalmente, ha conseguido materializar en una herramienta única”, según explica Asociación Madrid con la Dislexia en su web. Para la investigación, se contó con más de 300 voluntarios de diferentes países (España, Colombia, Argentina y Chile) y la colaboración de más de 100 colegios y centros especializados. El resultado es el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre dislexia en el mundo de habla hispana.

“Hablar de Samsung es hablar de innovación, pero innovación con propósito. Dytective for Samsung es un buen ejemplo de esto. Se trata de una iniciativa que contribuye a romper barreras y a ayudar a las personas a través de la tecnología contribuyendo a hacer una sociedad mejor”, comenta el director de Marketing de Samsung España, Alfonso Fernández.

La app está disponible en Samsung App Store. El vídeo promocional sobre estas líneas se podrá ver en Callao (Madrid) y en cines de toda España en las próximas semanas.

http://elpais.com/elpais/2016/12/22/mamas_papas/1482421874_807579.html?rel=mas

Ay… la hora de irse a dormir. ¡Lo que nos cuesta a los padres mandarles a la cama! Que si un ratito más de juego, que si un cuento, que si una canción… y el tiempo va pasando. Al final, aunque intentes acostarles a las 21 horas, terminan durmiendo a las 22.30 horas. No hay remedio.

Muchas veces me he planteado si no será demasiado tarde. O si tal vez yo insisto en acostarles demasiado pronto. Y aunque sé que cada niños es un mundo y no todos necesitan dormir exactamente lo mismo, he conseguido averiguar mediante diferentes expertos en la materia, cuántas horas deben dormir los niños según su edad. Y lo mejor de todo: a qué hora deben acostarse los niños en edad escolar según su edad.

A qué hora deben acostarse los niños de 5 a 8 años

acostarse para irse al colegio

No todos los niños necesitan dormir lo mismo. Depende de muchos factores. Uno de ellos, por supuesto, es la edad. Así, mientras que un bebé de 18 meses necesita dormir unas 14 horas, a un niño de 10 años le bastan con 9 horas. A partir de este dato, y de la hora a la que se tenga que despertar tu hijo, hemos elaborado una tabla orientativa para padres con dudas sobre cuál es la mejor hora para mandar a su hijo a dormir. Está basada en una tabla que en su día hizo pública el colegio Wilson Elementary School de Kenosha (Wisconsin, EEUU):

– Cinco años
Si tu hijo tiene 5 años, comienza la primera etapa escolar en primaria. Muchos cambios. En los primeros días tal vez esté más nervioso y caiga rendido mucho antes que de costumbre. O al revés… por los nervios no consiga dormir y tengas que ayudarle. Si se levanta muy temprano, a las 6 de la mañana, deberá acostarse a las 18.45 horas, o las 6.45 p.m, como prefieras. Sí, parece un imposible, es muy temprano, pero es la única forma de asegurarte de que duerme lo que debe. Si se levanta más tarde, a las 8, por ejemplo, bastará con que se acueste a las  20.30 horas.

– Seis años
A los 6 años, los niños se inician en un nuevo ciclo escolar: primaria. Por lo general, necesita quince minutos menos de sueño. Si tu hijo se levanta a las 7.30 horas de la mañana para ir al colegio, puede irse a dormir a las 20.30 horas.https://ef07a5c57cfadd2c6d09559f1fef4b2f.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

– Siete años
Con siete años tu hijo necesita casi 11 horas de sueño para rendir de forma adecuada en el colegio. Intenta que duerma más de 10 horas. Aunque recuerda, que luego la actividad de cada niño durante el día es diferente, y sus necesidades de descanso, también. No te agobies si tu hijo con siete años no duerme más de 10 horas. Si le ves activo y feliz… ¡estará bien!

– Ocho años
Según los expertos, a esta edad los niños pueden dormir 10 horas y media. Pero mucho duermen menos. Siempre nos basamos en un promedio. Si tu hijo de ocho años se tiene que levantar muy temprano para ir al colegio (pongamos que a las 6.30 am), tendrá que irse a dormir a las 20 horas o 8 p.m.

Tabla sobre a qué hora deben acostarse los niños para ir a la escuela entre los 9 y los 12 años

A qué hora deben acostarse

Si en tu caso, tienes niños más mayores, ¡no dejes de leer este artículo! Pasamos ahora con los niños que tienen entre nueves y doce años.

– Nueve años
A partir de esta edad los niños ya necesitan menos horas de sueño, y eso que las exigencias académicas aumentan. Aún así, sigue siendo recomendable que duerman al menos 10 horas. ¡Haz el cálculo!

– Diez años
Sí, la edad en la que ya empiezan a sentirse ‘mayores’, también exigirán acostarse más tarde. Sin embargo, siguen necesitando cerca de 10 horas de sueño. Si tu hijo de 10 años se levanta a las 7 am para ir al colegio, debería ir a dormir a las 21 horas.

– Once y doce años
Ahora sí, tu hijo ya no necesita cumplir de forma rigurosa con esas 10 horas de sueño. Pero sí deben dormir más de 8 horas. Puede que con 9 horas de sueño les baste.

Qué actividades NO deberían hacer los niños antes de dormir

Qué actividades NO deberían hacer los niños antes de dormir

Sabemos que esta tabla que te hemos preparado te parece irreal, pero no quiere decir que no fuese lo ideal, ¿verdad? Lo que te aconsejamos de Guianfantil.com es que te acerques, lo máximo que puedas, a las horas de sueño recomendadas: entre 9 y 11 horas como mínimo para niños de entre 5 y 11 años.

La falta de sueño en los niños puede influirles negativamente en su día a día, por eso si notas que tu hijo presenta síntomas de falta de sueño (somnolencia durante el día, excesivo cansancio, problemas de concentración…), revisa sus horarios para ir a la cama.

También te animamos a que cambies algunas de las cosas que hacéis momentos antes de iros a dormir, porque quizás ahí está el problema para mandar al niño a la cama y que tenga un buen descanso. ¿Quieres saber a qué nos referimos?

– Tomar alimentos que les exciten
Existen una serie de alimentos que no debes dar al niño si quieres que duerma a pierna suelta: comidas picantes, bebidas energéticas, chocolate amargo… Tampoco es recomendable que se acuesten con hambre o que beban mucho líquido, porque se levantarán varias veces para ir al baño.

– Hacer unos de dispositivos electrónicos
Según un estudio publicado por la UIC Barcelona, los niños que pasan más de dos horas al día frente algún tipo de pantalla duermen peor por la noche. Si los expertos lo dicen, ¡habrá que hacerles caso!

– Evitar los juegos movidos
El niño debe realizar ejercicio físico para evitar sobrepeso, mantenerse en forma, liberar tensiones… Pero mucho cuidado con hacer esta actividad física momentos antes de irse a la cama porque lo único que hará será volver a ponerle en marcha.

– Hablar de lo que se hará al día siguiente o agendar planes
Si le damos un solo motivo al niño para que piense, ¡su mente se activará y dirá adiós al sueño! Tampoco es conveniente resolver los problemas o hacer planes en el momento de acostarse. Esto se debe dejar hecho antes o realizarlo al día siguiente en el momento del desayuno o de camino al colegio.

Recursos y actividades que favorecen el sueño infantil

Y ahora que ya sabes qué es lo que NO tienes que hacer antes de la hora de irse a acostar, toca mencionar aquellas actividades que favorecen un descanso más placentero.

– Realizar actividades de yoga o meditación que inviten a relajarse o a liberar cualquier tipo de estrés o emoción negativa. Si le cuesta, puedes ayudarte de música tranquila.

– Tomarse un baño calentito ayudará a que niño vaya poco a poco reduciendo su intensidad… Y si lo acompañas con un masaje, ¡mejor que mejor!

– Establecer rutinas y hábitos que permitan al niño identificar que el momento de irse a la cama está cerca y hay que centrarse en eso.

– Como padre y madre, no debes olvidar favorecer un ambiente favorable que invite a cerrar los ojos: bajar la intensidad de las luces de la casa y, sobre todo, de la habitación, y controlar la temperatura de dormitorio (ni mucho calor ni mucho frío).

– Las relaciones entre los padres y su hijo durante el día son importantes para desarrollar los hábitos relacionados con el sueño, según explican en el informe ‘Alteraciones del sueño infantil‘, realizado por el pediatra Ignacio J. Cruz Navarro Pediatra, para la AEPap.

Cuentos para contar antes de dormir a los niños

Da lo mismo que tengas un bebé en casa, un niño en la etapa de infantil, un pre-adolescente o un rebelde sin o con causa, contarles un cuento antes de dormir les ayudará a conciliar el sueño, además de regalaros un momentos para vosotros.

Busca en esta selección de relatos aquel que creas que encaja más con la personalidad de tu hijo o con el momento que está viviendo, meteros en la cama, poned una luz tenue y dejad volar vuestra imaginación. ¡A leer (o escuchar) se ha dicho!

Fuente: Guiainfantil.com

Los miedos infantiles son diferentes según la edad del niños. Algunos se mantienen a lo largo de los años y otros, sin embargo, aparecen y desaparecen según avanza la maduración del niño. Por ejemplo, no es lo mismo el miedo que siente un bebé, más relacionado con los nuevos descubrimientos y lo que aún desconoce,  que el que puede sentir un niño de 12 años, que tienen mucho más que ver con su entorno social y la responsabilidad.

Descubre las cosas que asustan a los niños y que van cambiando a medida que ellos crecen. Esta tabla gráfica te ayudará a seguir la evolución de los miedos de los niños por edades.

Lo que asusta a los niños según la edad que tengan

Miedos de los niños según la edad

Los miedos cambian con nosotros a lo largo de nuestras diferentes etapas evolutivas. En los niños, están muy presentes desde que nacen, pero son diferentes según va creciendo. Te explicamos a qué tienen miedo los niños según su edad:

– De 0 a 6 meses
Durante esta etapa de apego, los bebés sienten una unión muy fuerte con sus padres. Se sienten protegidos y todo lo que les rodea les resulta extraño y supone una amenaza para ellos. Por eso, en los primeros 6 meses, los miedos más comunes son los miedos a los desconocidos, pero también a sonidos fuertes que puedan sobresaltarles. También pueden tener miedo a caerse, ya que aún son frágiles y necesitan sentirse seguros tanto emocionalmente como a nivel físico.

– De 7 a 12 meses
Los bebés comienzan a gatear, a ponerse de pie, a investigar el mundo que les rodea. Es una etapa de descubrimientos apasionantes para ellos, y sin embargo, se generan nuevos miedos. Por ejemplo, siguen necesitando la protección de sus padres. Necesitan sentirse seguros a su lado, y empiezan a temer que desaparezcan. Es la etapa en la que más ‘extrañan’. No entienden que sus padres desaparezcan y vuelvan a a parecer horas después. Piensan con horror que les abandonan. También siguen asustándoles los ruidos fuertes, y comienzan a sentir otros tipos de miedos a estímulos externos. Por ejemplo, al baño. En muchos niños de esta edad también comienzan a darse los primeros miedos a las alturas.https://4415a74df032eb35cec0a34316751dfd.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

– De 1 a 4 años
El vínculo con los padres sigue siendo muy fuerte. Aún no han desarrollado del todo la autonomía necesaria, y por eso continúan sintiendo miedo al abandono. También se generan otros muchos miedos muy comunes en los niños, como el de la oscuridad, un miedo que puede acompañarles durante muchos años, e incluso perdurar hasta la adolescencia.

Existen en esta etapa miedos muy diversos, que dependen de cada niño: a los ruidos fuertes, a los payasos, a personajes de la tele o de ficción con colores fuertes que les asusta… A los animales grandes y fuertes y a las tormentas, por el ruido que generan los truenos. Además, por primera vez los niños comienzan a sentir miedo a los cambios.

– De 4 a 8 años
En esta etapa, el niño es más independiente y comienza a darle más importancia a sus relaciones sociales. De pronto escucha noticias y ve imágenes en la televisión que no entiende y le impactan y asustan. Se dan los primeros miedos a las guerras, los atentados, la muerte y el dolor. También tiene miedo a quedarse solo. Y sobre todo, el miedo más común en esta etapa es a los monstruos y a los seres sobrenaturales, como los zombis, los vampiros o los fantasmas.

– De 8 a 12 años
El niño por fin entiende que sus padres no van a abandonarle. Ese miedo desaparece. También abandona miedos anteriores como el miedo a los ruidos fuertes o a los monstruos, ya que al fin entiende que no existen. Sin embargo, comienzan a generarse otros miedos más profundos, relacionados con su entorno sociales y las responsabilidades que van asumiendo. De pronto sienten miedo a rechazados, a su apariencia física, al fracaso, a defraudar a sus padres, a suspender un examen…

Como ves, los miedos evolucionan junto a los niños. Muchos de ellos, si no se localizan y tratan a tiempo, pueden perdurar en la etapa adulta.

Fuente: Guiainfantil.com