Más de la mitad de los jóvenes de entre 18 y 34 años (del 53 al 55 %) disminuyó el consumo de alcohol durante el confinamiento domiciliario por el estado de alarma, lo que lleva a concluir que «el ocio generalizado y el uso recreativo del consumo de alcohol van de la mano».

Sin embargo, en los grupos de edad de entre 35 y 65 años, alrededor del 50 % no varió su consumo y el 18 % lo incrementó, según los datos preliminares de un estudio coordinado por Lucía Hipólito, profesora de la Facultad de Farmacia de la Universitat de València (UV).

El trabajo también indica que un 2,5 % de la población empezó a consumir benzodiacepinas (tranquilizantes) sin receta y el 5,7 % lo hizo además con alcohol, y reconocieron haber tomado marihuana el 6 % de las mujeres y el 11 % de los hombres.

El proyecto «Impacto del confinamiento por pandemia de COVID-19 en el consumo de alcohol, benzodiacepinas y analgésicos opioides» forma parte de otro proyecto de investigación básica y clínica sobre el incremento en el riesgo de adicción al alcohol y opiáceos derivada de la presencia de dolor.

OBJETIVO DE LA INVESTIGACIÓN

El fin de la investigación, financiada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD) del Ministerio de Sanidad, es conocer los hábitos de consumo de estas drogas durante el aislamiento social por la pandemia.

Más de ochocientas personas han participado en la encuesta que ha servido como base en el estudio y que ahora quieren repetir porque la situación es distinta; después de un año luchando contra la pandemia «se está observando un incremento de problemas relacionados con el estrés», señala Hipólito en declaraciones a EFE.

Además, explica, mientras durante el confinamiento no se podía hacer nada, ahora sí se puede salir a la calle y se hacen fiestas ilegales o quedadas de grupos, lo que puede hacer cambiar bastante los resultados.

Con esta investigación se pretende también conocer la relación entre el estrés y el consumo de drogas en pacientes que no tienen dolor o si lo sufren, ya que estos últimos pueden no haber controlado su tratamiento por la pandemia y al incrementar el sufrimiento, pueden haber experimentado más riesgo al consumo de estas sustancias.

CONSUMO DE ALCOHOL

Según los resultados preliminares del estudio, mientras un 10 % de los encuestados decía que antes del confinamiento no consumía alcohol, el porcentaje se dispara a un 24 % durante esa etapa.

En el caso de aquellos que decían consumir alcohol todos los días, pasa de un 4 % antes del confinamiento a un 7 % durante el aislamiento social, lo que significa que en ambas respuestas el porcentaje se duplica.

Si se analiza en función de si el consumo aumenta, no varía o disminuye, se observa que la población de 18 a 24 años y de 25 a 34 son los que más disminuyen su consumo (un 53 a un 55 % de los encuestados), pero los grupos 35 a 44, 45 a 54 y 55 a 64 o no varían su consumo (alrededor 50 %) o lo aumentan, alrededor de un 18 %.

Según Hipólito, el hecho de que la mitad de los jóvenes dejara de consumir se explica porque viven en casa de sus padres y su uso del alcohol es recreativo, lo que lleva a concluir que «el ocio generalizado y el uso recreativo del consumo de alcohol van de la mano».

«En el momento en que la población joven no ha podido tener relaciones sociales ha dejado de beber», señala la investigadora, que considera que quizá «necesitamos acciones preventivas y otros modelos de ocio para los jóvenes, para que no lo basen solo en el consumo de alcohol».

Destaca que se trata de una proporción muy elevada de gente joven que deja de consumir alcohol, «algo muy importante porque aproximadamente el 12 % de los jóvenes que lo ingieren a esas edades están en riesgo de desarrollar una adicción».

CONSUMO DE TRANQUILIZANTES

Los investigadores también han observado, como resultado de las encuestas, un incremento del consumo de benzodiacepinas (tranquilizantes) sin receta entre la población y, además, un porcentaje elevado que ha mezclado su consumo con el alcohol.

«Es curioso, estamos hablando de un periodo de tiempo en el que la obtención de estos fármacos era más complicado porque no había atención médica física en atención primaria y las recetas se hacían vía telefónica y se acudía directamente a la farmacia a recogerla», señala.

Según Hipólito, «es de esperar que en este caso sea más complejo obtener estos medicamentos sin receta o bien estamos ante pacientes que obtienen estos medicamentos con receta y los comparten con sus convivientes. En cualquier caso, el uso de estos medicamentos debe siempre realizarse bajo control médico».

CONSUMO DE MARIHUANA

La encuesta confirma que los principales consumidores de marihuana son hombres, el 11 % (de los que un 5,8 % afirma haberlo hecho todos los días) frente a un 6 % de las mujeres.

Las personas que no consumían han seguido sin consumir durante la pandemia, aquellas que tenían valores bajos de consumo lo disminuyen y las que tenían valores altos, lo aumentan o lo mantienen.

De hecho, llama la atención que aumentan aquellos que tenían hábitos de consumo más bajos y un 55 % de los consumidores de una vez por semana aumentan su consumo a varios días o todos los días por semana.

Lucía Hipólito también es directora del Laboratorio DOREAL de la UV, el cual estudia la relación entre dolor y adicción en el alcohol y a los opiáceos, así como la relación entre dolor y trastornos de ansiedad y estrés.

En el estudio también ha participado Jesús Lorente Erenas, investigador de DOREAL, y el análisis de los datos ha corrido a cargo de Anabel Forte, profesora de Estadística de la UV.

Fuente: eldiario.es

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