Los hermanos nos vienen dados. No los elegimos. Por esto debemos aprender a socializar con ellos y en el proceso se pueden dar rivalidades, amistades para toda la vida o celos, ya que debemos compartir con ellos el cariño de nuestros padres. La terapeuta familiar y autora del libro ¿Qué le pasa a mi hermano?, Àngels Ponce, responde a varias situaciones que se pueden dar entre hermanos y pautas que nos pueden servir para lidiar con ellas.

PREGUNTA. “Mis hijos se pelean mucho, ¿cómo lidio con ello?”. Muchas veces, los padres son los árbitros de los conflictos entre hermanos, ¿cuál es la mejor manera de actuar? ¿Nos puedes dar algunas pautas?

RESPUESTA. Los padres y madres tienen diferentes formas de manejar las peleas entre hermanos: algunos optan por consolar a los heridos y reprender al agresor. Mientras que otros progenitores piensan que los niños deben aprender a resolver los conflictos por sí mismos. Entre las pautas que nos pueden ayudar a lidiar con estas situaciones están:

  • En primer lugar, hay que priorizar la seguridad: es nuestra responsabilidad evitar que los niños se lastimen. Así que si existe este peligro, debemos intervenir.
  • Enseñar a nuestros hijos a usar palabras (no las manos ni los puños) para defender sus argumentos. Esto, probablemente, lo vamos a tener que repetir muchas veces. No importa si necesitan que se les recuerde continuamente.
  • Reforzar que expresen sus propias emociones con palabras cuando hay un conflicto, como “estoy enfadado”, “estoy triste” o “esto que estás haciendo no me gusta”
  • No tomar partido por uno u otro. Es importante que los niños perciban que no estamos favoreciendo a ninguno cuando hay una pelea (a menos que esté en juego la seguridad de alguien).
  • Aprovechar la calma (que sigue a la pelea) para que todas las partes tengan la oportunidad de hablar y de ser escuchado.
  • Ayudarles a encontrar la solución

P. En el caso de dos hermanas, en la que la pequeña prefiere ir con los amigos de la mayor. La madre está preocupada por los problemas que le puede acarrear a la menor, ¿Es este comportamiento normal entre hermanas? ¿Se resuelve con la edad? ¿cómo lo podemos gestionar como padres?

R. No hay que preocuparse. Es normal que la hermana pequeña esté muy pendiente de la mayor, probablemente la admire y quiera seguir sus pasos muy de cerca. Por otro lado, también puede que entre el grupo de amigas de la hermana despierte cierta simpatía: es más pequeña y quizás por ello le presten ciertas atenciones. Esto reforzaría la preferencia de esta niña por estar rodeada de chicas más mayores, pero también es lógico que a la hermana mayor no le haga mucha gracia. Desde el punto de vista de los padres, es recomendable que a la vez que favorecen la relación entre las hermanas (potenciando juegos compartidos, por ejemplo) también se reconozca y se explique el espacio privado y exclusivo de cada una de ellas, dedicándoles tiempo por separado y preservando la necesidad de que cada una realice actividades adecuadas a su edad al margen del entorno familiar, esto incluye tanto las relaciones sociales como actividades extraescolares, por ejemplo.

P. Los celos, ¿cómo lidiamos con ellos? ¿somos los causantes los padres, qué parte de culpa tenemos?

R. Los celos son algo natural entre hermanos. Todos ellos compiten por la atención de los padres que no pueden recibir en exclusividad (como desearían). Esto no significa que se odien, probablemente sea todo lo contrario. Pero son niños y probablemente no dispongan de las habilidades emocionales y de comunicación necesarias para poder expresarlo de manera civilizada, y, de ahí que aparezcan las peleas. Los padres no somos culpables de eso, somos el motivo por el que rivalizan nuestros hijos y lo único que podemos hacer ante ello es mostrar nuestro afecto a cada uno de ellos por igual, atenderles de manera exclusiva en tantas ocasiones como sea posible y no hacer comparaciones. De manera que sientan que les queremos a cada uno tal como es. Por otro lado, también es importante mantener la calma, probablemente la rivalidad y las peleas se conviertan en una constante en nuestra casa. Debemos recordar también ser un ejemplo para ellos y comportarnos como adultos que no se gritan, ni pelean, sino que son capaces de mostrar diferentes puntos de vista y llegar a un acuerdo de manera pacífica.

P. Hermanos que se llevan mal, no se hablan, ¿con ellos cómo podemos hacerlo?

R. Ante esta situación, sería interesante explorar por qué motivo estos hermanos no se hablan para luego, ayudarles a restablecer la comunicación:

  1. Animarles a que hablen de ello, que expresen cómo se sienten
  2. No tomar partido por ninguno de ellos, mostrando comprensión por ambas posturas.
  3. Apoyarles a que expresen lo que necesitan de la otra persona
  4. Crear un ambiente de calma para fomentar la empatía entre ellos.

P. ¿Cómo lidiamos con la relación filial cuando uno de los hermanos tiene una discapacidad?

R. Los hermanos de niños con alguna discapacidad, naturalmente, también les ven como rivales. Sobre todo porque se llevan la mayor parte de la atención y tiempo de sus padres. De aquí que en ocasiones, tengan que destacar en algo para bien o para mal. Ponen a prueba el alcance de nuestra paciencia, despiertan nuestros más bajos instintos y nos llevan al límite y, como indica Àngels Ponce, “existen pocas personas que sean capaces de sacarnos de nuestras casillas como lo hacen nuestros hermanos”.

Resumiendo

Los ocho consejos fundamentales para fomentar una buena relación entre hermanos que nos recuerda la experta son: evitar comparar y valorar la actitud y habilidades de cada uno en su momento; crear un clima de colaboración en casa; dedicar el mismo tiempo a cada uno de los hijos; hacerles ver que cada uno es especial; dejarles a cada uno su propio espacio; fomentar la comunicación y la escucha en casa; aceptar el conflicto y aprender a reconocer lo que les preocupa.

He escuchado a Mar Romera, maestra y experta en educación emocional, en vivo y en directo en dos ocasiones, ambas en los congresos de educación organizados por el Observatorio de Educación de la Universidad Rey Juan Carlos, de los que ya hablé en un artículo anterior. Cuando la oigo, a ella y a otros expertos en educación, referirse a los padres no puedo evitar ponerme en estado de alerta. Creo que tengo un problema: Estoy harta del discurso de la sobreprotección, de la malentendida cultura del esfuerzo y de la frase “hay que enseñar a los niños a tolerar la frustración”. Y es que, desde hace ya demasiados años para mi gusto, cada vez que se habla de crianza sale el tema de la sobreprotección. Y si además se habla de educación, también resulta inevitable hablar de lo necesario que es el esfuerzo, y tolerar la frustración. Si vas a estrenarte como papá o mamá, ve acostumbrándote a vivir con estas tres cosas.

La situación ha llegado ya hasta el punto de que tal, y como afirma Mar Romera en este vídeo, si eres padre y dices que quieres que tu hijo sea feliz, vas por muy mal camino, tienes muchas papeletas de ser un padre sobreprotector. Yo lo he dicho mil veces, ¿quién no? Y lo repito: yo quiero que mis hijos sean felices, ¿alguien no quiere serlo? Yo quiero ser feliz. ¿Qué tiene de malo? Más bien al contrario, si no ¿por qué a los que están deprimidos los consideramos enfermos? La felicidad, que celebra este martes su día internacional, es un estado natural del ser humano. Y por suerte la valoramos mucho, la buscamos, y cuando la perdemos queremos recuperarla cuanto antes.

Pero claro, si está tan mal visto que digamos que queremos que nuestros hijos sean felices, será por algo. Mi primer impulso al empezar a escribir este artículo ha sido buscar “Qué es la felicidad” en Google lo cual me ha devuelto 18.900.000 millones de resultados. Después he buscado su significado en el diccionario de la RAE. La felicidad tiene tres definiciones en el diccionario de nuestra lengua. La primera de ellas dice: “Estado de grata satisfacción espiritual y física”. Hasta aquí todo bien. Esto es lo que más o menos entiendo yo por felicidad. La segunda definición no dice gran cosa. Y la tercera definición sin embargo es muy interesante: “Ausencia de inconvenientes o tropiezos”. Curiosa manera de entender la felicidad. Y además ¿qué nos pasa cuando encontramos inconvenientes? Que nos frustramos.

Si pensando en esta tercera definición, recuperamos ese momento en el que un papá o una mamá dicen que solo quieren que su hijo sea feliz, es cuando nos damos cuenta del problema. Entender la felicidad únicamente según la tercera definición de la RAE y tratar de mantener esa felicidad en nuestros hijos es lo que nos convierte en sobreprotectores. Si evitamos que se encuentren con inconvenientes o tropiezos por miedo a que dejen de ser felices un rato y que se frustren, no les estamos haciendo ningún favor. Se puede dejar de ser feliz un día, o dos o alguno más, se puede estar triste, frustrado y se debe, como dice Mar Romera en el vídeo, entender y aceptar las emociones, todas, las positivas y las no tan positivas.

¿Es compatible desear que tu hijo sea feliz con no allanarle el camino? Sí, y tanto. De hecho, lo correcto es que nos centremos en la primera definición de felicidad según la RAE, entendiendo que nuestros hijos deben encontrarse en ese estado de satisfacción de manera balanceada. No se trata de que no lloren nunca, no se frustren nunca, no se esfuercen nunca, de que estén todo el día flipados, de que tengan todo lo que se les antoja, y vivan buscando cada día algo nuevo que les haga supuestamente más felices. No hay que confundir felicidad con placer.

El problema, más bien, no está en querer que nuestros hijos sean felices, sino en cómo entendemos la felicidad y en cómo conducimos a nuestros hijos a ella. Los niños tienen que sentirse frustrados muchas veces, y del mismo modo que la felicidad es un estado del que salimos por la razón que sea y al que siempre deseamos volver, la frustración es una emoción que no nos gusta, y por ello podemos sentir la tentación de querer que nuestros hijos no tengan que experimentarla. Pero será pasajera, y finalmente los niños regresarán a su estado de bienestar si todo va bien.

Aceptar la frustración y entenderla es necesario, y así tienen que saberlo nuestros hijos. Pero tampoco podemos convertir una situación frustrante y estresante para un niño en algo cotidiano en su vida con la excusa de que tiene que aprender a tolerar la frustración. Por eso odio la expresión “tolerar la frustración”. Le faltan matices, así que yo prefiero decir que hay que “superar la frustración”. Y esto lleva esfuerzo, y hay muchos esfuerzos que llevan a sentirse bien y feliz. Pero igual que detesto la idea de tolerar la frustración, porque cuando lo pienso me parece que tenemos que enseñar a los niños que deben acostumbrarse a vivir frustrados y fastidiados, como si hubiéramos aceptado desde nuestra perspectiva de adulto que así es la vida, odio también la cultura del esfuerzo sin más.

No entiendo ni comparto la cultura del esfuerzo cuando habla del esfuerzo medido en términos de sufrimiento, en vez de relacionarlo con la satisfacción por el logro y la superación

Yo veo un ciclo en estas tres ideas: la felicidad de nuestros hijos se la roban las frustraciones y el esfuerzo les puede devolver de nuevo a ella. Esforzarse para superar un obstáculo o resolver un problema, y experimentar la satisfacción del logro alcanzado es una emoción por la que deben pasar nuestros hijos. No sería justo robarles esas vivencias. Pero, de nuevo, odio la cultura del esfuerzo porque sí. La humanidad entera busca nuevas formas de afrontar las vicisitudes de la vida con menos esfuerzo cada vez y en lo que en muchos casos a educación se refiere se sigue ensalzando la virtud del esfuerzo sin más: el esfuerzo por aprobar exámenes sobre temas o asignaturas que no llegarán a aplicar jamás en la vida, el esfuerzo para ser capaces de repetir como papagayos sin interiorizar ideas que no han llegado a comprender o por copiar párrafos enteros de libros de texto. No entiendo ni comparto la cultura del esfuerzo cuando habla del esfuerzo medido en términos de sufrimiento, en vez de relacionarlo con la satisfacción por el logro y la superación.

Recuerdo una ocasión en la que un taxista me preguntó que si tuviera que escoger entre ser feliz y ser buena persona qué es lo que elegiría. Yo dije que preferiría ser feliz, porque no creo que pudiera serlo siendo una mala persona; sin embargo hay buenas personas que no son felices. El taxista se quedó pensando mi respuesta, y la rebatió, diciendo que sí hay gente que es mala persona, gente poderosa y adinerada a veces, que es feliz. No creo en ese tipo de felicidad. Por eso para mí la respuesta está clara. Hay tantos conceptos de felicidad como personas, lo dice el psiquiatra Rojas Marcos, pero es cierto que si un padre o una madre viven deseando que su hijo sea feliz, está en el punto de mira de la sobreprotección.

Acabo de decidir que, a partir de ahora, si alguien me pregunta qué quiero que sean mis hijos, les diré que quiero que sean resilientes –la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas–. Es una manera un poco enrevesada de decir que quiero que sean felices, pero al menos espero que así no me tilden de sobreprotectora.

https://elpais.com/elpais/2018/03/20/mamas_papas/1521532331_198316.html

¿Qué es el Día de la Internacional de la Felicidad?

¡Es un día para ser feliz, naturalmente! Desde 2013, las Naciones Unidas han celebrado el Día Internacional de la Felicidad como reconocimiento del importante papel que desempeña la felicidad en la vida de las personas de todo el mundo.

En 2015, las Naciones Unidas lanzaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad y proteger nuestro planeta —tres aspectos primordiales que contribuyen a garantizar el bienestar y la felicidad—. El pasado año, las Naciones Unidas invitaron a todas las personas de cualquier edad, así como a las escuelas, los negocios y los gobiernos, a celebrar el Día Internacional de la Felicidad y alcanzar los 17 objetivos con los Pitufos.

Informe sobre la felicidad mundial

El Informe Disponible en inglés es una encuesta sobre el estado de la felicidad mundial. Hace una clasificación de países, entre 156, por su nivel de felicidad, y otra clasificación (177 países) por la felicidad de sus inmigrantes.

Este año el informe gira entorno, además de su clasificación habitual de los niveles y los cambios en la felicidad en todo el mundo, a la migración, tanto dentro de los países como entre ellos.

 

Hoyes es un día especial donde los haya. Un día para hacer sentir a nuestros papás como los mejores del mundo porque ellos son quienes han dado todo, todo y todo por nosotros!

Ellos nos cambiaron nuestros primeros pañales y nos dieron el biberón con tanto miedo como si de muñecos de porcelana nos tratásemos, jeje. Nos llevaban y recogían de casa de nuestros amigos cuando sólo éramos unos críos cual chófer a tu entera disposición. Expulsaban a los monstruos de nuestro armario cada noche, porque estamos hablando de los mayores super-héroes del mundo!! Que no se nos olvide!!

Siempre han estado ahí, a nuestro lado: esté nevando o haga sol, aunque hayamos sido un poco rebeldes, sea día o noche, en los buenos pero también en los malos momentos y aunque estén cayendo chuzos de punta enormes! Y eso no se paga con nada!

Hoy propongo hacer de cada momento con él un “ratito especial”, que pueda recordar mañana cuando vuelva a trabajar o dentro de 5 años! Que nuestra cena no sea una más, sino hacerle cualquier sorpresa de esas que tanto sabes que le gustarán. Sentarnos todos juntos al sofá y ver un montón de fotos que nos sacarán (seguro, seguro) sonrisas.

Nuestros regalos ya deberían estar más que preparados, pero siempre hay algún despistadillo de última hora al que le falta algún detalle por terminar.  Nada de entregarlo de cualquier manera! Que el envoltorio es muy importante, es lo primero que verá y sólo con él ya podemos alegrar el día a alguien.

Por eso os traigo dos nuevos imprimibles que servirán para que tus regalos sean lo mejor de lo mejor. Envuelve tus regalos con ellos y quedarás genial.

Feliz día a todos los Padres!

 

18 Imprimibles gratis para el Día del padre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Un kit precioso con cajita, tarjetones para pegar fotos, tarjeta de felicitación y etiqueta / 2. Tarjeta imprimible y con espacio para colorear los peques / 3. Papel de regalo ilustrado / 4. Etiquetas personalizables / 5. Papel de regalo (en inglés) / 6. Un topper genial

18 Imprimibles gratis para el Día del padre

 

7. Papel de regalo de dos diseños diferentes: Feliz día papá y Papá hoy te lo mereces todo, todo y todo / 8. Imprimible + DIY para hacer un Rasca y Gana para papá 9. Lámina Diario de papá para dibujar / 10. Imprimible para hacer un acordeón con una historia para papá  11. Láminas imprimibles  / 12. EtiquetasMola mazo que seas un padrazo 

18 Imprimibles gratis para el Día del padre

13. Papel de regalo para imprimir / 14. Imprimible tarjeta Un poco de magia / 15.Imprimible + DIY para hacer una medalla / 16. Lámina imprimible, también en rojo y azul / 17. Tarjeta para imprimir y rellenar por los peques / 18. Guirnalda imprimible

 

 

Fuente:  http://www.thegreatmoustache.com/imprimibles-para-que-nuestros-papas-sonrian/ y http://blog.cosasmolonas.com/18-imprimibles-gratis-para-el-dia-del-padre/

Es ya sabido por todos los que se interesan por la educación que la pedagogía tradicional, la que recibimos en la escuela los que ahora somos padres y profesionales, es un modelo caduco. Procede y obedece a una sociedad que se forjó con la revolución industrial y no ha sido esencialmente revisada. Paradójicamente, si hay algo que debe ser permanentemente cuestionado es cómo educamos en casa y en las escuelas.

Hace poco, el Foro Económico Mundial y otras organizaciones similares, anunciaron cuáles iban a ser las competencias o habilidades imprescindibles para las profesiones del futuro, muchas de las cuales ni siquiera existen en el presente. Es decir, la mayoría de nuestros hijos están recibiendo una educación pensada para convertirles en el tipo de profesional (y de persona) que se demandaba hace un par de siglos.

La era digital nos arrolla con otro reloj y la sociedad va detrás trastabillando y sin aliento, tratando de acompasarse a la velocidad de vértigo que las nuevas tecnologías imponen, para bien y para mal. De forma tal que aquellos que son capaces de mirar hacia el futuro, saben que lo que nuestros niños van a necesitar son determinadas habilidades y competencias, por encima de los conocimientos formales y estructurados, es decir, los puramente académicos.

Hay un consenso en definirlas y, aunque no es difícil intuirlas porque efectivamente se van convirtiendo en una demanda social y profesional clarísima, la mayoría de los centros educativos siguen instalados en el “así se ha hecho siempre”, cómodamente recostados en la rutina de “lo conocido” en su zona de confort.

Las competencias que va a demandar el mundo profesional y personal a los que hoy son nuestros hijos son:

1. Inteligencia EmocionalEste concepto tan de moda desde que el psicólogo Daniel Goleman lo redefinió y difundió, si bien, en la mayoría de los colegios que dicen trabajarlo, se queda más en un postureo teórico que en una parte esencial del currículum cotidiano.

Sin embargo, no es que sea importante, es que va a determinar en gran medida, el éxito o el fracaso en la vida. Hoy, gracias a la neuropsicología, sabemos que las emociones desempeñan un papel determinante en la vida de las personas, que dirigen nuestras decisiones, que condicionan nuestras motivaciones y que siempre son el poderoso motor que guía e impulsa a la razón. La inteligencia emocional no es otra cosa que la efectiva gestión de las emociones, propias y ajenas. No es el positivismo infantil del “todo va a ir bien”, no es el “si quieres, puedes”, no es ninguno de esos conceptos planos, simplistas y cuasi mágicos que los gurús de moda nos quieren imponer para hacernos creer que gestionar la vida es simple.

Es autoconocimiento, es realismo práctico, es superar las frustraciones sin quedarnos atrapados en el fracaso, es regular nuestros estados de ánimo, es empatizar con nosotros mismos y con los demás. Parece obvio pensar que en una sociedad incierta, cuyos registros aún no podemos definir ni conocer, esta resulte ser una competencia imprescindible, en tanto sirve de base para la mejor adaptación a la circunstancia más compleja. Nos empeñamos en enseñar a nuestros hijos los ríos y afluentes de España, pero no sabemos distinguir la ira de la tristeza, o la rabia de la frustración. Si no enseñamos a nombrar las emociones y se quedan en un confuso y angustioso bucle, no es posible habilitar las herramientas para poder gestionarlas. Analfabetos emocionales dando tumbos por la vida sin tener ni la más remota idea de qué me llevó a tal o cual decisión, o peor aún, creyéndome mi propio cuento racional. Cuando un niño es educado emocionalmente, le estamos dando el timón para dirigir su propia vida.

2. Trabajo en Equipo. El ser humano es gregario por naturaleza. Gracias al trabajo cooperativo ha sobrevivido como especie y también gracias a ello, ha aumentado nuestro cociente intelectual. El modelo de sociedad individualista, donde nadie necesite de nadie, enferma a las personas y atenta contra nuestra verdadera esencia. Un recién nacido que no es tocado por otro ser humano puede morir, aunque sea alimentado.

Los precursores del aprendizaje colaborativo, los hermanos David y Roger Johnson, demostraron que la idea de que solo los más aptos sobreviven era falsa y que en cambio el aprendizaje cooperativo era clave para convertirse en un ser social altamente efectivo. A partir de sus exitosos resultados, el modelo se difundió a miles de escuelas por todo el mundo. Saber trabajar en equipo no es juntar niños y pedirles que hagan determinada cosa; para crear las condiciones de cohesión y colaboración necesarias deben interiorizar que para que el proyecto tenga éxito, necesita de todos, es decir, el éxito individual pasa por el éxito del equipo al igual que el fracaso. Este paradigma no es incompatible con ser competitivo, es una forma diferente y psicológicamente más alineada con la condición humana de serlo.

3. Gestión de Personas. Las organizaciones más punteras saben que su principal activo son las personas. Las habilidades relacionadas con la comunicación efectiva, la capacidad para motivar, para influir, para empatizar, son el engranaje que hace que un sistema funcione, ya sea empresarial o familiar. Hablamos de inteligencia interpersonal siguiendo el esquema de Howard Gardner. Si la comunidad se va volviendo cada vez más compleja, se impone dirigir el foco hacia la forma de vincularse de quienes la integran.

4. Pensamiento crítico. Competencia imprescindible para preservar un mínimo de libertad personal en una sociedad donde, tanto la manipulación ideológica con fines económicos entre otros, como la ingente cantidad de información que recibimos por segundo, puede colapsar nuestro propio criterio. Se vuelve entonces un ejercicio esencial aprender a ser capaces de analizar y evaluar, de cuestionar, aquello que se nos sirve en la bandeja del pensamiento manufacturado desde el cómodo sofá de nuestra hipotecada casa. Enseñar en la escuela a ser críticos es enseñar a ser libres, es facilitar las herramientas para que nuestros hijos sean un poco más dueños de su propio futuro, minimizando la capacidad de la maquinaria económica y social para convertirnos en marionetas sin criterio ni libertad de elección. Es una apuesta tan arriesgada como imprescindible.

Nunca cambió nada que no se cuestionara antes, cualquier progreso de la humanidad ha pasado previamente por un cuestionamiento de lo que parecía una verdad absoluta. Sin individuos críticos, cuestionadores, pensantes, no hay evolución.

5. Resolución de problemas complejos. No sabemos cómo será la sociedad en la que nuestros hijos tendrán que desenvolverse, pero lo que sí podemos asegurar es que la velocidad a la que se producen los cambios es de vértigo. Surgen constantemente nuevos interrogantes con un grado cada vez mayor de complejidad. Potenciar la capacidad de resolver problemas complejos es una competencia que va a liderar un mundo donde se valorará más resolver un problema que saberse las respuestas de los que ya pasaron. Igual que las otras, se trata de una competencia que hace al individuo más adaptativo a la sociedad que le toque vivir.

6. Creatividad. Es la madre de la capacidad de adaptación al medio. Y la buena noticia es que puede potenciarse, en la escuela y en casa, pues no se trata de un rasgo genético que se tiene o no, sino que la conforman una serie de características tales como la curiosidad, la asunción de riesgos, el gusto por la dificultad, la imaginación, la independencia del juicio externo, la flexibilidad, el cuestionamiento de la norma y de la autoridad, la tolerancia a la frustración y a la ambigüedad, el entusiasmo, la intuición, la iniciativa, la sensibilidad y la apertura a la novedad.

Volviendo al principio, se impone revisar el modelo educativo desde la base, porque han cambiado y cambiarán aún más no sólo las reglas del juego, sino el juego mismo

7. Velocidad para aprender. Dice José Antonio Marina que Learnability es la palabra del futuro. “Los jóvenes que terminan este año sus estudios tendrán que reciclarse entre 10 y 14 veces en su vida laboral, lo cual exige una capacidad de aprendizaje muy amplia”…Tener el conocimiento será menos valorado que tener la capacidad para aprender rápidamente. Los llamados “nómadas del conocimiento” (knowmad), se caracterizan por ser innovadores, creativos, capaces de trabajar en colaboración con casi cualquier persona, en cualquier lugar y en cualquier momento. Se trata de que las escuelas y las familias enfaticen más el “aprender a aprender” que “lo que se aprende”. En palabras de J.A. Marina: “La sociedad del conocimiento se rige por una ley que no podemos olvidar: “Una persona, una organización, una empresa o una sociedad entera necesitan para sobrevivir aprender al menos a la misma velocidad con que cambia el entorno. Y para progresar, necesitan hacerlo a más velocidad”.

8. Capacidad de Negociación. Somos una generación educada en el concepto “ganar-perder”, es decir, si yo no gano, gana el otro, de forma que atrapados en esa dicotomía mi mejor opción es salir airoso. La sociedad ya no camina en esa dirección, sino en fórmulas de negociación que nunca antes como ahora, implican el concepto “ganar-ganar” como fórmula efectiva y saludable de éxito. Y como todas las otras competencias descritas hay que aprenderlas y entrenarlas para que formen partes de las habilidades y herramientas del adulto que será. Saber negociar es la forma más eficaz de llegar a una meta respetando y cuidando la autoestima y la dignidad de los otros. Es enseñar a nuestros hijos una mirada que contempla el mundo y sus necesidades desde un lugar más amable.

9. Orientación de Servicio. Hay una satisfacción netamente humana en ayudar a otros, un impulso cooperativo que habita en cada niño y que debe ser protegido y estimulado. Ningún profesional será lo suficientemente bueno si no tiene como fin último de su trabajo una misión de servicio que aporte sentido a lo que hace. Es fácil distinguir un profesor con vocación de servicio de otro que no la tiene, aunque tengan la misma formación: cambia radicalmente el resultado. Enseñar a nuestros hijos que la felicidad es diferente del placer hedonista y que en esencia tiene que ver con lo que sean capaces de ofrecer y aportar a los otros, es apoyarles a construir lo que dará sentido a sus vidas. Inculcar en casa y en la escuela el porqué se deben hacer las cosas, alejándonos de la obligatoriedad punitiva y acercándoles en cambio a la satisfacción del apoyo al otro, es el primer paso.

10. Juicio y Toma de decisiones. Para desarrollar la capacidad de juicio y de toma de decisiones es necesario entrenarla desde la cuna. Sin opciones no se produce elección y por tanto, tampoco decisión. El criterio no se desarrolla por ósmosis, necesita entrenamiento de menor a mayor, de acuerdo con cada etapa de la vida. Y necesita libertad para poder elegir y experimentar las consecuencias de cada elección, incluida la renuncia que lleva implícita. Desde muy temprana edad, los niños y niñas muestran capacidad de elección, desde qué zapatos prefieren ponerse a cómo celebrar su cumpleaños. Hay cientos de decisiones cotidianas que es necesario que tomen ellos, porque es la base que trabaja la formación del criterio personal, competencia necesaria en la adolescencia y esencial en la etapa adulta.

Volviendo al principio, se impone revisar el modelo educativo desde la base, porque han cambiado y cambiarán aún más no solo las reglas del juego, sino el juego mismo.

*Olga Carmona es psicóloga.

https://elpais.com/elpais/2018/03/15/mamas_papas/1521112132_001676.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Todas las familias cultas de España, todas las casas en las que alguien ha intentado transmitir un respeto por el conocimiento y por la belleza, todas las personas que han querido reconocerse a sí mismas en sus libros y en su música… Toda esa gente que no sabe qué cara poner cada vez que sus niños suplican por 10 minutos más de tableta, tienen aquí su cachito de autoayuda: los libros viejos que arrastraron en la última mudanza servirán para algo, harán de sus hijos más inteligentes, harán que mejoren sus notas y les abrirán más puertas. No sólo las puertas de la neurosis.

Al mismo tiempo es una obviedad y una sinécdoque, uno de esos juegos verbales en los que la parte (la biblioteca) expresa el todo (la cultura). Pero ahora, por fin, podemos medir con números esa idea tan abstracta que llamamos transmisión de la cultura, indagando en estudios sobre la educación como el Informe PISA de la OCDE que se dio a conocer hace algunos meses.

Hay centenares de variantes entre las que indagar en las tripas de PISA y algunas de ellas retratan la cultura de la familia de los alumnos: número de libros en casa, predisposición a ir al teatro o a exposiciones de arte… Lo bueno es que esos datos se pueden poner en relación con el rendimiento académico de los alumnos.

En España, por ejemplo, los niños de 15 años que vienen de casas con menos de 11 libros obtuvieron en el último examen de PISA 423 puntos. En cambio, los que venían de hogares con más de 500 libros lograron 540 puntos, un 27,65% más. «En PISA consideramos que 40 puntos equivalen a un año académico, de modo que esos 117 puntos de distancia son casi tres años de diferencia», explican, desde París, fuentes de la OCDE, el organismo que elabora el estudio.

Algunos datos complementarios. Primero, los 117 puntos entre un extremo y otro que se dan en España no son ninguna extravagancia. En el conjunto de los países estudiados, la distancia es de 111 puntos. Y segundo: el porcentaje de casas en los que hay menos de 10 libros es el 10%. Al otro lado de la tabla, el 16% de los hogares guarda más de 200 ejemplares y el 8%, más de 500. Los porcentajes son mejores que los de países como Francia, Alemania, el Reino Unido, Estados Unidos… y, además, esta parte del estudio es tan divertida como husmear en el cuarto de estar de los vecinos.

Hay más cifras que van en la misma dirección. Sin salir de PISA, podemos averiguar que los niños españoles que dicen tener libros de literatura clásica en casa reciben 512 puntos. Los que tienen cuadros y otras obras de arte, 510. Y los que tienen más de tres instrumentos musicales, 518.

Además, el informe PIRLS (Progress in International Reading Literacy Study) es otra fuente que insiste en la misma idea: los niños españoles de nueve o 10 años (4º curso de primaria) con más de 200 libros (no se recogen más categorías) en casa leen un 20,8% mejor.

Y ahora, ¿qué hacer con todos estos datos?

Mariano Fernández Enguita es catedrático de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid. Y pone un poquito de contexto: «La biblioteca es, ante todo, un indicador, además de un componente, del capital cultural y escolar de la familia. Si un niño ve a sus padres leer interesados, ensimismados, riendo, etcétera, quiere aprender antes; y estos le incentivan. Y la escuela empieza masivamente por y gira hasta el final en torno a la lectoescritura, que además es el caldo perfecto para el efecto Mateo (eso de que los ricos se hacen más ricos y viceversa). Además, la familia con más libros también va más a museos, ve otra televisión, otro cine, otra música, hace otro turismo, habla más y mejor, valora la escuela, etcétera. Una pescadilla que se muerte la cola. Si en vez de a la escuela los llevásemos a un taller de carpintería tendrían ventaja los niños con más herramientas en casa».

«No estamos en una relación causa-efecto, más bien es una causa difusa. La cultura es un cúmulo de rasgos difusos que crean una predisposición al aprendizaje. La cultura no está encerrada en un libro ni en un cuadro», explica Antonio Rodríguez de las Heras, director del Instituto de Cultura y Tecnología de la Universidad Carlos III de Madrid. «Pero es evidente que un entorno de cultura es una promesa de información de calidad. E insisto en lo de la calidad, porque en este momento, nos sobra la información. Por eso, cada vez va a ser más importante ese entorno cultural»

Las neuronas espejo y el nivel de renta

Álvaro Bilbao, neurólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres(Ed. Plataforma Actual), le toca explicar cómo funciona esa osmosis cultural: «En el cerebro hay una cosa que se llama neuronas espejo y que son circuitos que permiten aprender a través de la observación y crear patrones desde la réplica. Un niño de dos años que ve a sus padres leer no aprende a leer por eso. Pero sí que crea un patrón que le va a acompañar toda su vida. No habrá que convencerle ni que echarle una charla».

¿Y entonces? «El niño que lee accede a información de más calidad, ésa es la primera razón por la que tiene más éxito académico. La otra razón es que se desenvuelve mejor en la expresión oral y escrita». Y eso también vale para las matemáticas. «Claro, porque el lenguaje no sólo es lenguaje verbal. También es lenguaje abstracto», explica Bilbao.

Vienen más datos. Excellence through equity es el título de otro estudio de la OCDE, esta vez elaborado en 2012, que mide entre otras cosas, las habilidades matemáticas de los estudiantes y que también atiende a datos socioculturales como la existencia de libros en el hogar (sin precisar el tamaño). En el caso de España, los niños con libros mejoran un 5,6% el rendimiento en mates de los que no tienen.

Y aquí viene el truco que todo el mundo ve venir desde hace algunos párrafos: la existencia de una biblioteca en casa no sólo es la expresión de la cultura de una familia. También es el indicador de su nivel de renta. No es fácil ser pobre y tener más de 500 libros en el salón. «Normalmente, el número de libros se utiliza como parte de un índice global que mide el nivel económico, social y cultural del hogar de estudiante», explica Alfonso Echazarra, analista de la OCDE. En ese informe de equidad también se señala que el impacto de los niveles de renta sobre el rendimiento de los niños españoles es irrelevante.

Los responsables de PISA, que lo miden casi todo, no han querido estudiar la relación entre el éxito académico y los niveles de renta de las familias. Lo más parecido que existe es un paper que dice que los hijos de los profesionales tienen mejor rendimiento que los hijos de los gestores, que detrás van los hijos de trabajadores industriales y los de empleados en tareas básicas.

No hay más datos. Nos quedamos, de momento, sin saber si importa más ser rico o ser culto.

http://www.elmundo.es/papel/cultura/2018/03/14/5aa808c4268e3e52548b4676.html

La base de la autoestima está en la confianza. Lo primero que tenemos que saber es que la confianza es una característica innata y universal, una fuerza interior que asiste en mayor o menor medida a todos los niños desde su nacimiento y les posibilita que puedan afrontar cualquier tipo de aprendizaje. El objetivo de los padres debe ser mantener y avivar esa confianza, ese fuego sagrado, como si fueran nuevos y benefactores Prometeos, atizar la llama cada vez que sea necesario, en el momento de iniciar nuevos aprendizajes: desde atarse los cordones, hablar una lengua extranjera o encestar una pelota en una canasta.

Cuando más necesitan los pequeños de padres, entrenadores y maestros es precisamente cuando las cosas no les salen bien, momento en el que deben afianzar su confianza. Y esto se consigue a través de la palabra, que puede constituirse en el gran instrumento de aliento y reafirmación o, utilizada torpemente, también podría representar justo lo contrario. Lo que va a determinar el éxito en la vida de estos niños es justamente la imagen que tienen de sí mismos y, para captar dicha imagen, ellos se contemplan en tres fundamentales espejos: los padres, los maestros y sus iguales.

Algunas herramientas para afianzar la confianza

  • Son muchas las herramientas que podemos utilizar para afianzar esta confianza, pero si tenemos que elegir una estrategia infalible esta sería la de poner todo nuestro énfasis en sus aciertos, minimizando los errores.
  • Debemos partir del axioma de que si un niño es más consciente de las cosas que no le salen bien que de aquellas en las que destaca, nunca desarrollará una autoestima saludable o su máximo potencial creativo, por eso hay que priorizar la atención a sus destrezas naturales sobre el tratamiento de sus dificultades y carencias.
  • Un ejemplo que a menudo planteamos en las sesiones de coaching es el siguiente: supongan que su hijo viene a casa con las siguientes notas al final de un cuatrimestre: Literatura 10, Ciencias Sociales 9, Biología 7 y Matemáticas 3, ¿cuál de todas estas notas atrae más su atención? La mayoría de los padres responde lo mismo: ¡Matemáticas¡. Es evidente que el suspenso está en esta asignatura y se requiere una solución de choque para mejorar la calificación. Pero ¿debe ser la que más atención requiera, la que se convierta en el centro de nuestras preocupaciones? Si esto sucediera, ¿cuánto tiempo dedicaríamos a conversar con nuestro hijo acerca de su talento natural para las ciencias sociales y la literatura? Realmente, muy poco, con lo que magnificaríamos y haríamos crecer la preocupación, eclipsando los logros.

Acompañarlos a superar los desafíos de la vida

Lo mejor que podemos hacer desde la más tierna infancia de nuestros hijos es crear espacios y canales de comunicación, de manera que puedan hablar distendidamente de las cosas que les preocupan, de los obstáculos que deben superar o de los desafíos que tienen ante sí.

Para que los niños se animen a ser sinceros y expresivos y que no se limiten a responder con monosílabos –sí y no– a nuestras preguntas deben percibir que estas no son cerradas y que no tienen una finalidad de vigilancia o control. Como por ejemplo: ¿Qué tal te fue en la escuela? ¿terminaste ya la tarea?

Si, por el contrario, formulamos cuestiones abiertas que den lugar al diálogo y a unas respuestas amplias en las que se puedan explayar acerca de los problemas que están enfrentando, la cosa cambia radicalmente: ¿Cuáles fueron tus mejores resultados esta semana? ¿qué te pareció lo más complicado de lo que estudiaste? ¿qué desafíos o pruebas tienes por delante los próximos días, te infunden temor o estás confiado?

Si sabemos que han vivido algún hecho particular y queremos que hablen sobre ello podemos preguntar: ¿cómo viviste esa experiencia? De esa manera, ellos también se animarán a hablar de los obstáculos que estén enfrentando. Y una buena práctica es que luego todos sugieran posibles soluciones o acciones para salir adelante. Así les enseñaremos dos actitudes clave: que es primordial expresar lo que uno piensa y siente frente a las dificultades de la vida y que es muy importante poner el foco en pensar en posibles soluciones.

Ayudarles a fomentar su autoestima

Un componente muy importante de la autoestima es el sentido de la identidad. ¿Saben cuál es uno de los pilares que definen la identidad de un niño? El valor del atractivo físico. En una encuesta con una muestra muy grande se le hizo la siguiente pregunta a miles de chicos: Cuando piensas acerca de ti mismo, ¿qué viene a tu mente? Casi todos los niños encuestados respondieron sobre atributos o defectos físicos. Las heridas a la imagen que un pequeño tiene de sí mismo pueden empezar desde muy temprano. A veces los padres, de manera involuntaria, son los primeros en producirlas. ¿Cómo? A través de comentarios sarcásticos, irónicos, comparativos. Cualquier apodo que los padres pongamos: gorda, enano, vago, puede generar un impacto negativo en los pequeños El uso del sarcasmo y la ironía también es corrosivo para el sentido de identidad de un niño.

¿Cómo puedes saber si tu hijo tiene su autoestima dañada?

Hay ciertos indicios que pueden dar cuenta de un auto-concepto lastimado. Algunos de ellos son:

  • Con frecuencia usa frases negativas para referirse a sí mismo o a los demás.
  • Es hipersensible a la crítica y se avergüenza con facilidad.
  • Le falta confianza en su apariencia o destreza física.
  • Busca complacer a los adultos y suele depender de ellos.
  • Se pone incómodo frente a los elogios: los desestima, niega o se ruboriza con ellos.
  • Le da miedo mostrarse diferente de los demás.
  • A veces usa la ropa de manera exagerada: o se tapa de pies a cabeza o busca llamar mucho la atención con su forma de vestirse.

Algunas técnicas que recomendamos son:

1. Hablar mucho de sus fortalezas. Nunca demos por sentado sus talentos naturales, sus buenos gestos y actitudes y, fundamentalmente, no hagamos de sus debilidades el centro de nuestra atención. Su identidad se fortalece cuando conocen bien sus áreas más favorables.

2. Crear un espacio llamado tu tiempo: puede ser tan breve como cinco minutos. Es el momento donde nuestros hijos pueden contarnos de manera privada y sin ninguna interrupción cualquier desafío, obstáculo o preocupación que tengan. Si no los hay, tu tiempo puede ser usado para hablar de logros. Hace falta decir que en tu tiempo los teléfonos móviles no están invitados a participar.

3. Hablar de ellos de forma positiva delante de los demás. Muchos padres hacen comentarios negativos o irónicos acerca de sus hijos delante de otros. A veces, con la intención de ser graciosos frente a amigos, pueden decir cosas como: “si vieras el desorden que tiene este niño en su habitación Es un desastre”. Cada vez que hacemos un comentario así frente a otros, el niño se siente expuesto y ridiculizado.

4. Animarlos a expresar sus sentimientos: permitirles llorar, enojarse, estar tristes. Preguntar para comprender, no para intentar solucionar de inmediato. Con niños chiquitos, que aún no saben poner nombre a lo que sienten, es muy útil usar cuentos. Si se siente inadecuado en un grupo nuevo de amigos podríamos leerle El patito feo y, al terminar, invitarlo a hacer una reflexión: ¿te sientes como el patito feo alguna vez?

5. Evitar, como si fuera veneno, el uso del sarcasmo, la ironía y el uso de etiquetas.

https://elpais.com/elpais/2018/03/01/mamas_papas/1519915008_182492.html?id_externo_rsoc=FB_CM

El porcentaje de jóvenes que hacen un uso abusivo de las nuevas tecnologías en España ha aumentado de un 16% a un 21% de 2015 a 2017, según ha desvelado en una entrevista con este diario el delegado del Gobierno para la Estrategia Nacional de Adicciones, Francisco Babín. “Hay una preocupación social evidente a la cual hay que dar respuesta: uno de cada cinco chicos y chicas de 14 a 18 años está haciendo un uso inadecuado de Internet”, ha explicado. Estos datos forman parte de la Encuesta Estatal sobre uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias(Estudes) 2016-2017, que se presentará públicamente esta semana.

  • Uno de cada cinco jóvenes de 14 a 18 años utiliza de manera abusiva las nuevas tecnologías

Babín ha subrayado que un uso compulsivo de las nuevas tecnologías no es necesariamente una adicción: “Es un uso medido por una escala previamente validada que nos dice que son chicos o chicas que pueden acabar desarrollando problemas si continúan con esa forma de uso de las nuevas tecnologías”. Son los propios jóvenes los que en las respuestas a las preguntas de la encuesta afirman que no pueden parar de navegar cuando se lo habían propuesto, que cuando no tienen acceso a Internet sufren ansiedad, que han perdido interés por el estudio o que las relaciones familiares y con sus amistades se han deteriorado por el uso de las nuevas tecnologías.

Pese a que “aparentemente” el uso inadecuado va en aumento, Babín ha subrayado que cuando solo se tienen dos puntos de corte hay que hablar del crecimiento con prudencia. “No es como otras series de datos que tenemos desde hace más de 20 años que nos permiten decir con seguridad lo que aumenta y disminuye”, ha declarado.

Pero reconoce que hay una problemática, que “puede devenir en que estos jóvenes se hagan mayores y empiecen a racionalizar ese uso o que sean de esa pequeña proporción de chicos y chicas que acaban recibiendo un tratamiento porque desarrollan una adicción”. Para evitar que ocurra esto último, el Ejecutivo ha incluido por primera vez las adicciones sin sustancia como las nuevas tecnologías, los juegos online y los videojuegos en la Estrategia Nacional de Adicciones. Entre otras medidas, se está trabajando en la elaboración de un real decreto, que verá la luz en los “próximos meses”, para regular la publicidad de los juegos de apuestas en espacios y actividades dedicadas a menores de edad. Además, se ofrecerán programas de “probada eficacia” para las familias y escuelas que permitan instruir mejor a los jóvenes en el uso de las nuevas tecnologías.

https://elpais.com/tecnologia/2018/03/01/actualidad/1519916130_190614.html