Han transcurrido 63 días desde que los más jóvenes de la casa aparcasen los libros y los cuadernos utilizados durante el curso e iniciaran sus vacaciones de verano. Ahora empieza la cuenta atrás y en pocos días, más de ocho millones de alumnos retomarán sus estudios de enseñanza de Régimen General no universitaria, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Esta incorporación de niños y jóvenes a las aulas, tras un dilatado periodo vacacional, se asocia con la aparición de episodios de ansiedad y angustia, al igual que les sucede a algunos adultos. Es el conocido como “síndrome postvacacional”, un proceso de adaptación que presenta unos síntomas bien definidos pero que no está reconocido por la Organización Mundial de la Salud(OMS) como enfermedad. En el grupo de población infanto-juvenil, el síndrome postvacacional puede manifestarse de forma conjunta o aislada y la sintomatología es bastante amplia: tristeza, irritabilidad, alteraciones del sueño, fatiga, pérdida de apetito, aparición de molestias corporales difusas, diarreas o vómitos. Síntomas que hacen que nuestros hijos presenten una conducta alterada.

Arancha Ortiz, psiquiatra infantil del Hospital Universitario La Paz (Madrid), indica que «el síndrome postvacacional es un fenómeno completamente normal, que dura entre uno y tres días. A veces, puede llegar a prolongarse una semana hasta que la persona se adecúa de nuevo a su ritmo de vida normal. Si no remite pasado este tiempo, quizás podrían enmarcarse dentro de los que se denomina trastorno adaptativo y habría que determinar si existen otros factores que están contribuyendo a que el niño no consiga aclimatarse a la nueva etapa”.

Según Yolanda Cuevas Ayneto, psicóloga de la salud y del deporte, “es importante saber diferenciar el síndrome postvacacional de la distimia”. En su opinión, “si el síndrome postvacacional se alarga en el tiempo y persisten pasadas dos semanas hay que acudir a un especialista para poder determinar si se trata de depresión. Detrás de ese estado emocional y físico puede haber dificultades de aprendizaje, miedo a profesores, presión de los padres por los resultados académicos, bullying, problemas de habilidades sociales o dificultades de adaptación al nuevo centro escolar, y no un proceso de adaptación natural a la nueva situación más exigente”. Cuevas Ayneto indica que “si durante un año el niño o adolescente presenta un estado deprimido o irritable la mayor parte del tiempo como criterio principal se trata de distimia, tal como lo marca el Manual de Diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría de los Trastornos Mentales (DSM), y estaría relacionado con otros criterios adicionales como exceso o falta de apetito, falta de energía, problemas relacionados con el sueño, falta de concentración, baja autoestima, dificultad para tomar decisiones o pensamientos negativos”.

Los pediatras explican que el “síndrome postvacacional” es algo normal y muy comprensible, especialmente en niños que llevan desde el mes de junio sin horarios fijos, con menos preocupaciones y responsabilidades y disfrutando de ambientes distendidos. Señalan también que la crisis de adaptación puede ocurrirle a cualquier niño: a aquellos que inician el colegio por primera vez, a los que en verano han variado mucho sus rutinas, a los que cambian de centro y, por lo tanto, también de compañeros y profesores, e incluso a aquellos que cambian de etapa en la escuela.

Por ello, Nieves Nieto, psicóloga y especialista en psicopatotolgía infanto-juvenil y atención temprana, aconseja “tranquilidad y paciencia”, tanto en el entorno familiar como escolar y comenta lo importante que resulta como norma general “la actitud positiva frente a la reincorporación a las rutinas y al colegio”. Asimismo, subraya que “hay que es importante hacerles ver lo positivo de cada época del año y no ser un ejemplo de negatividad frente a nuestra propia reincorporación al trabajo”

Cuevas Ayneto ofrece a los padres una serie de consejos para que sus hijos afronten esta nueva realidad con serenidad y de la manera menos traumática posible.

  1. Ayúdales a que expresen lo que les sucede y respeta el proceso. Muchos niños se encuentran mal y no saben las razones. Su falta de madurez impide que sepan describir lo que sienten y les hace más vulnerables. Observar y hablar de la sintomatología les ayudará a que tomen conciencia. Es importante entender también que cada niño lleva su proceso y que los hermanos, por ser hermanos, no tienen por qué adaptarse igual a una misma situación.
  2. No alimentes sus angustias. Lamentarse de que acaban las vacaciones entrena y favorece un modo de afrontar la situación de manera “tóxica”. Las malas caras y el mal humor potencian un estado negativo y al final la vida familiar se ve afectada.
  3. No des consejos sin saber las razones de su estado y valida sus emociones. Si su miedo es el nuevo profesor de nada sirve que le digas que va a ver a sus amigos. Transmítele tu apoyo. Recibe sus emociones, no le des portazo con expresiones tipo ¿por esa tontería estás así?
  4. El cerebro es teflón para lo positivo, así que enseña a fijar todo lo positivo. La actitud optimista se entrena. Por ejemplo, recuérdales que van a reencontrarse con amigos a los que les van a hacer partícipes de sus vacaciones más allá de compartir fotos por las redes sociales. También, habla con ellos sobre lo divertido que es iniciar su actividad deportiva favorita, disfrutar de sus juguetes, aprender cosas nuevas o hablar de las excursiones que van a hacer este año con el colegio o instituto.
  5. Es importante no volver casi la víspera del comienzo del curso pues esta situación aumenta la probabilidad de padecer “síndrome postvacacional”. A veces con la excusa de que está todo preparado, se pasa directamente del mar al pupitre. Así no se da tiempo para que se adapten. Facilítales ese tránsito permitiendo que forren libros o te ayuden, que pongan su nombre de forma original, diseñen la portada del cuaderno según la asignatura, elijan mochila o estuche. Es importante implicarles en este proceso. Si puedes, recoge el material didáctico la semana anterior para que lo hojeen y se familiaricen. Su cerebro comenzará a conectar con la nueva realidad.
  6. Fomenta los “hábitos de septiembre”. Que se acuesten antes y que los horarios de comidas, meriendas, cenas y baños se aproximen a su horario habitual. Así se facilitará el cambio al cerebro.
 http://elpais.com/elpais/2016/08/19/mamas_papas/1471593536_350119.html

“Todo el mundo tiene su propia vocación. El talento es la llamada”, escribió el filósofo estadounidense Ralph Waldo Emerson en su texto Leyes Espirituales(1841), incluido en Ensayos (Cátedra). Y el talento brota en una fase muy temprana. Tanto que, por ejemplo, los genes de ciertos cromosomas están relacionados con la habilidad para aprender música, como demostró un estudio de 2014 de la Universidad de Melbourne (Australia). Ese mismo año, otro estudio publicado en Nature por científicos británicos encontró que la aptitud para la lectura y las matemáticas en niños de 12 años “tiene un componente genético sustancial”.

Pongamos que su hijo demuestra una gran facilidad para una materia concreta. ¿Destacará en ella el día de mañana, de una manera natural? Algunos pueden venir al mundo siendo un Mozart, Dickens o Einstein en potencia, pero el entorno influye y mucho. “Sabemos que cada niño viene dotado de serie de unos genes que le predisponen para destacar en ciertas habilidades físicas, artísticas, musicales, matemáticas o lingüísticas”, afirma Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres (Plataforma). “Estos genes se van expresando a medida que el cerebro va madurando y que el niño está expuesto a situaciones que estimulan dichas habilidades. Podríamos decir que la potencialidad está ahí desde siempre y se evidencia cuando entra en contacto con el estímulo”.

Según el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, hay genes que predisponen a destacar en ciertas materias, pero solo se expresan si se estimulan

El colegio es una pieza fundamental para fomentar habilidades, desarrollar incipientes talentos y canalizar correctamente la trayectoria académica. Pero el sistema educativo actual no lo hace, opinan expertos en el campo de la educación de todo el mundo. Uno de ellos es el británico Richard Gerver, un profesor que convirtió el desangelado colegio que dirigía a las afueras de Nottingham en un ejemplo de innovación que atrajo a intrigados colegas de 50 países. Fue en 2002, y desde 2007 predica sus apasionadas diatribas sobre la nueva educación en conferencias y en libros como Crear hoy la escuela del mañana (SM). “Todos los individuos tenemos intereses y talentos naturales”, explica desde Londres. “Nuestra labor es educarlos y, junto a los padres, ayudar a cada niño a descubrir qué es lo que le hace único”.

Eso ha sido así desde siempre, pero ahora resulta más necesario que nunca. En los últimos 20 años, la era de la información lo ha transformado todo de forma radical, mientras la educación está anclada en los esquemas de mediados del siglo XX. La consecuencia es que, a grandes rasgos, los niños de hoy aprenden igual que sus padres y abuelos. “El sistema solo aprecia lo académico y necesitamos crear una experiencia educativa más amplia que ayude a los jóvenes a encontrar aquello que les interesa y a descubrir su propio talento”, sostiene Gerver. “Para que esto sea posible, hay que aumentar la cantidad de experiencias que los niños tienen a lo largo de su trayectoria educativa. Eso se consigue proporcionando oportunidades para que dichas experiencias surjan en la escuela, dando a todas el mismo valor”.

Centros de puertas abiertas (literalmente)

Luis Cacho habla de un nuevo paradigma educativo. Este musicólogo riojano preside la Fundación Promete, creada en 2003 con el propósito de “promover un mayor y mejor desarrollo del talento de todas las personas, mediante el diseño y realización de proyectos de innovación educativa y social”, dice su web. Según Cacho, para adecuar la enseñanza a los nuevos tiempos, y poder explotar satisfactoriamente el talento oculto de chicos y chicas, hay que convertir los centros en algo más que en espacios donde uno aprende de memoria la tabla periódica.

Asunto de debate

El análisis de nuevos modelos educativos es objeto constante de foros, jornadas, ponencias y debates. Conozca la agenda de eventos relacionados para este otoño, gratis en nuestra aplicación.

“Hay que abrir los centros, permeabilizarlos a la participación de la comunidad educativa: padres, profesionales, empresas, instituciones del entorno local que estén dispuestas a ceder recursos y enriquecer las experiencias de aprendizaje”, sostiene. “Habría que convertir cada escuela en una comunidad educativa que dedique más atención al interés vocacional de los alumnos de forma complementaria a la pedagogía tradicional. No se trata de quitar asignaturas, sino que con una parte menor del tiempo lectivo se pueda transformar la comunidad educativa”.

Es necesario también motivar al alumno para que no tire la toalla al terminar la ESO como ha hecho un 19,97% de los jóvenes que ahora tiene entre 18 y 24 años, según la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2015. “Debemos implicar al alumno en su aprendizaje ya que se duplican las tasas de éxito escolar. Se logra dejando espacio para su creatividad e intereses genuinos y generando espacios y tiempo para su conexión social”, observa Cacho. Matiz importante: la enseñanza personalizada no se dirige a crear seres individualistas, sino a fomentar lo mejor de cada alumno para que pueda ponerlo al servicio de sí mismo y de la sociedad.

De la teoría a la práctica

“La educación hay que personalizarla cuanto antes por una razón: porque los niños no nacen iguales”, defiende José Antonio Marina, filósofo, pedagogo y autor de libros como La educación del talento (Ariel). Hace ocho años fundó unauniversidad on line de padres. “Estamos en el siglo de la epigenética, que nos dice que todos nacemos con un genoma, pero unos genes se activan y otros no dependiendo del entorno, y dentro de ese entorno está la educación. Hoy debemos estar muy atentos a qué habilidades tienen los niños y adolescentes. El desarrollo del talento se basa en un entrenamiento bien dirigido y muy tenaz”.

“El sistema actual solo aprecia lo académico, pero los jóvenes deben descubrir su talento”, (Richard Gerver, profesor)

La gran pregunta es cómo se llevan estas ideas a la práctica. Marina: “En algunos centros avanzados facilitan que el niño pueda dedicar más tiempo a esa afición o habilidad, en vez de llevarlo a extraescolares a lo loco. Hay niños que tienen altas capacidades para las matemáticas, por ejemplo, y en su clase se aburren y acaban odiando la escuela. ¿Por qué no dejar que ese niño, en matemáticas, pase al curso siguiente? La solución es fácil”.

“Siempre es bueno que el niño que desea aprender y disfruta con una materia tenga algún enriquecimiento”, coincide Álvaro Bilbao, que este junio participó en el ciclo de conferencias La educación que queremos…, organizado por la Fundación Botín en Madrid. “Lo ideal sería tener un modelo educativo más flexible con asignaturas troncales obligatorias, como lengua, matemáticas o ciencias sociales, distribuidas en distintos niveles, y otras optativas, como pintura, fotografía o debate, que permitieran que cada niño vaya trazando su propio itinerario en función de sus propias habilidades e intereses”. Para lograrlo, debe haber “complicidad” entre profesores y padres. “Es fundamental, ya que incentivar estas capacidades suele requerir muchas dosis de tiempo e imaginación”, explica el neuropsicólogo. En definitiva, regar esa semilla para que, en la edad adulta, el talento brille en todo su esplendor.

Excelencia cercana

Para obtener buenos ejemplos de educación personalizada no hay que irse a los países nórdicos. En Alcorcón, localidad al sur de Madrid, está el Colegio Fuenllana, que en el informe PISA para colegios 2016, ha obtenido no solo una puntuación muy por encima de la media de los colegios españoles, sino superior a la de Finlandia, arquetipo de la enseñanza de calidad. Este centro concertado acoge niños desde infantil a bachillerato, con ciclos de formación profesional. Y, según la directora, Virginia González, una de las claves de su éxito es precisamente el seguimiento exhaustivo de cada alumno. “Tenemos un sistema tutorial individualizado que nos permite personalizar su ritmo de aprendizaje. También se detecta en actividades extraescolares y proyectos de enriquecimiento”, explica. Entre ellos, disponen de una escuela de debate, “que ayuda a potenciar habilidades del lenguaje”, y anteriormente desarrollaron un proyecto de excelencia literaria para descubrir talentos en ese ámbito. “Las habilidades no siempre son evidentes: hay niños con un enorme potencial en una asignatura, pero la suspenden en los exámenes”, apunta.

http://elpais.com/elpais/2016/08/18/buenavida/1471535055_752205.html?por=mosaico%3Fid_externo_rsoc%3DFB_CM

Cuando los niños se sienten bien consigo mismos están dispuestos a tomar más riesgos, tanto académica como socialmente. Esto les permite superarse así mismos, tener más amigos y quererse más. Los padres deben comprender qué es la autoestima y las estrategias que construirán de manera efectiva la autoestima de sus hijos.

Nutrir la autoestima de un hijo es una responsabilidad considerable. Al fin y al cabo, el sentimiento de autoestima sienta las bases para su futuro, a medida que se dispone a probar nuevas cosas por su cuenta.

La autoestima: El arte de quererse

Según la terapeuta familiar Jane Nelsen, la autoestima supone tener un sentido de pertenencia e implica la creencia de que somos capaces.

Madre abrazando a su hija sonriendo

“Como cualquier padre sabe, la autoestima es una experiencia fugaz”, dice Nelsen.“A veces nos sentimos bien con nosotros mismos y a veces no. Lo que realmente estamos tratando de enseñar a nuestros hijos son habilidades para la vida, como la capacidad de recuperación.”

Tu meta como padre es asegurarte de que tu hijo desarrolla el orgullo y el respeto hacia sí mismo, así como la fe en su capacidad para manejar los desafíos de la vida

Estrategias para que los niños aprendan a quererse más

Ayudar a aumentar la autoestima de tu hijo es una tarea de todos los días. Integra las siguientes estrategias en tu día a día y no olvides que, si quieres enseñar a tu hijo a quererse más, debes quererte tú también, porque el ejemplo es lo primero.

1 – Dale amor incondicional

La autoestima de un niño florece cuando sus padres sienten verdadera devoción por él, sin condiciones.

Un niño debe sentir que sus padres le quieren tal y como es, por lo que es.Acepta a tu hijo tal y como es, independientemente de sus fortalezas, dificultades,  temperamento o habilidades.

Madre abrazando a su hijo con ramo de flores

2 – Préstale atención

Saca tiempo para darle a tu hijo toda la atención que puedas y toda la que él requiera. Con esto le envías un mensaje clave para su autoestima: que piensas que él es importante y valioso.

Pero no es una cuestión de cantidad. De lo que se trata es de dejar lo que estés haciendo para atender a tu hijo, de preguntarle con interés por sus cosas, de hablar con él cuando estéis juntos, de responder a sus preguntas.

3 – Enséñale límites

Establecer reglas razonables y consistentes para tu hijo es importante para su autoestima. Y si se rompe una regla, asegúrate de que conoces las consecuencias de antemano -y aplícalas-.

Los niños se sienten más seguros cuando hay reglas, las conocen y las entienden. Esto les ayuda vivir de acuerdo a unas expectativas. Lo importante no es que haya muchas reglas, sino de que sean coherentes y respondan a un fin justo.

4 – Apóyale para que asuma riesgos

Anima a tu hijo a explorar algo nuevo, como comer un alimento diferente, hacer un nuevo amigo, practicar un deporte o manejar algo. Apuesta por actividades que promuevan la cooperación y no la competencia. El voluntariado es especialmente útil en la construcción de la autoestima.

Aunque siempre existe la posibilidad de fracaso, sin riesgo  hay pocas oportunidades para el éxito. Por eso debes estar con él para ayudarle a levantarse y a entender que de los fallos se aprende, que eso le hace estar más cerca de hacerlo mejor y que solo el que lo intenta puede conseguirlo.

5 – Deja que comete errores

Tomar riesgos implica la posibilidad de cometer errores. Estas son lecciones valiosas para la confianza de tu hijo. Los errores le permiten pensar, buscar soluciones y enfrentarse al reto de superarse a sí mismo.

Debes dejarle que tome sus propias decisiones y que se confunda. Cuando lo haga mejor, cuando lo consiga, la satisfacción le hará sentirse bien consigo mismo. Esa satisfacción quedará como un recuerdo la próxima vez que se enfrente a un reto.

6 – Celebra los éxitos y los aspectos positivos

Todo el mundo responde bien a los estímulos positivos. Por eso tienes que hacer un esfuerzo para reconocer las cosas buenas que tu hijo hace todos los días y hacérselo saber. Además, debes ser específico. Esto aumentará su sensación de logro y la autoestima.

Hija y madre sonriendo

7 – Escúchale

Si tu hijo tiene que hablar contigo, para y escucha lo que tiene que decirte.Él necesita saber que sus pensamientos, sentimientos, deseos y opiniones importan.

8 – Ayúdale a sentirse cómodo con sus emociones

Ayuda a que tu hijo entienda lo que le ocurre y a que se sienta cómodo con ello. Para ello es muy útil utilizar el etiquetado de las emociones. Y acéptalas tú también. Que aceptes sus emociones sin juicio ayudará a tu hijo a validar sus sentimientos y demostrar que  valoras lo que tiene que decir.

9 – No le compares con otros

Recuerda que tu hijo tiene que luchar contra muchas cosas, incluida la vergüenza, la envidia y la competencia. Incluso, las comparaciones positivas son potencialmente perjudiciales, porque a un niño le puede resultar difícil sentirse la altura y puede sentirse presionado.

Deja que tu hijo sepa que lo aprecias como el individuo único que es. Esto le ayudará también a valorarse a sí mismo.

10 – Enséñale respeto y compasión

Los niños que aprenden a respetar las cosas y las personas y a ser compasivos con ellas aprenden a valorarse a sí mismos y a quererse más. El respeto y la compasión estimulan las actitudes de ayuda a los demás y modela los valores.

11 – Corrige sus creencias erróneas  

Es importante que identifiques las creencias irracionales que tu hijo pueda tener sobre sí mismo para ayudarle a quererse más. Estas creencias pueden tener que ver con su aspectos, sus habilidades o sus capacidades.

Ayúdale ante la frustración y refuerza su perseverancia. Enséñale también a establecer criterios claros y a ser realista.

Los niños practican deportes por diversión. Olvidar esta máxima y generar presión en los hijos es el mejor camino para conducirles a que lo abandonen.

“Me siento triste cuando mi padre me regaña después del partido. Me dice que no he jugado con intensidad, que así no seré nunca un jugador de Primera División, que fallo en los pases porque me falta concentración. Y mi madre le apoya. Dice que juego como si no me importara ganar. También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome del fútbol. A mí me gusta jugar al fútbol, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de gol, estar con amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder, porque eso es lo que nos dice el míster. Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la banda, me dirá que me mueva, que espabile, y a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va el balón. Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto. Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar”.

Son muchos los padres y madres que acompañan a sus hijos a los partidos, competiciones y entrenamientos. Se sientan en la grada, observan, les dan directrices y se involucran en el deporte de sus hijos como si ellos fueran los que dirigen. Existen diferentes especímenes de padres y madres.

Los que asumen papeles positivos. Son aquellos en los que el interés del padre está en que su hijo disfrute de lo que hace.

Habla cuando estés enfadado y harás el mejor discurso que tengas que lamentar”

Ambrose Bierce

El padre taxista. Acompaña a su hijo, le deja en el entrenamiento, le recoge. Suele ser un padre al que los deportes le gustan bastante poco, pero le interesa que su hijo sea feliz.

El padre positivo. Anima, refuerza, se preocupa por cómo han ido los partidos. Le transmite entusiasmo sin presión. Felicita al chaval por el mero hecho de jugar y entrenar.

El padre involucrado. Le gusta participar en las decisiones y propuestas del club. Se interesa por la formación de los chavales o porque el centro obtenga ingresos. Este tipo de padres son activos en la divulgación de valores en el club y participan con cualquier acción que pueda mejorarlo.

Existen otros papeles, los negativos. Son aquellos en los que el comportamiento del padre influye negativamente en su hijo, generándole presión, exigiendo resultados y poniendo unas expectativas por encima de lo que el entrenador o el club esperan del niño.

En buena línea

¡Usted es su padre, no su entrenador!

“Lo más importante del deporte no es ganar,
sino participar, porque lo esencial en la vida
no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo”

 

El padre pesado. Se pasa todo el día hablando de lo bien que juega, nada o corre su hijo y de que apunta maneras. No presiona directamente al niño, pero sin querer le traslada que su valor como chaval está en el juego.

El padre entrenador. Grita directrices desde la banda, corrige a su hijo cuando se monta en el coche, incluso contradiciendo las indicaciones del entrenador. Genera confusión en el niño, que por un lado tiene una idea de juego que el profesional trata de inculcarle, y por otro, la versión de su padre o madre. En deportes como la natación, este padre está en la grada paseando de punta a punta de la piscina, cronómetro en mano, midiendo tiempos y apuntando en una libreta. No es de recibo crear presión en el niño con distintos mensajes. ¿A quién cree que debería obedecer su hijo?

El padre que se cree Cholo Simeone. Trata de motivar, transmitir garra, le pide al hijo que se entregue, que se esfuerce, que se deje la piel en la cancha, que trabaje, que compita como si se le fuera la vida en ello. Pero olvida algo muy importante: ni su hijo es un jugador de Primera División que tenga que ganarse la vida jugando ni él es el entrenador del Atlético de Madrid. Solo consigue que su hijo pierda de vista los valores que le transmite el club, donde normalmente prevalece la generosidad por encima de la individualidad, disfrutar y aprender por encima de los resultados, y el juego limpio por encima de competir a cualquier precio.

El padre que resta en todos los sentidos. Da gritos desde la grada, desacredita al míster, le dice a su hijo que no entiende por qué él no juega cuando sus compañeros son peores que él, se comporta de forma grosera con el rival, insulta al árbitro y otras impertinencias más. Es el padre del que cualquier hijo se sentiría avergonzado.

Los motivos por los que los padres pierden los papeles son diversos. Muchos esperan que sus hijos les saquen de pobres convirtiéndose en Nadales o Cristianos. Otros desean que su hijo gane todo porque sus victorias son sus propios éxitos, es la manera de sentirse orgullosos del chaval y presumir de él delante de sus amigos y en el trabajo. Otros proyectan la vida que ellos no pudieron tener. Otros no tienen ningún autocontrol. No lo tienen en el partido de sus hijos, ni cuando conducen, ni cuando se dirigen a las personas. Y por últimos están los que cruzan los límites sencillamente porque no tiene consecuencias. Saben que está mal, pero su mala educación o ausencia de valores les hace comportarse como personas poco cívicas y desconsideradas.

El valor está en hacer deporte, porque es una conducta saludable, pero sobre todo en ser capaces de divertirse y relacionarse con los amigos. Lo demás no importa. Si no le presiona para que se supere con la consola de videojuegos, ¿por qué lo hace cuando va a los partidos? En el momento en el que la palabra jugar pierde valor –“jugar al baloncesto”, “jugar al fútbol”, “jugar al tenis”–, su hijo dejará de disfrutar y no querrá seguir yendo.

Si es padre o madre, recuerde, por favor, que es un modelo de conducta para su hijo y para sus compañeros de equipo. A los hijos les gusta sentirse orgullosos de sus padres y, en cambio, lo pasan terriblemente mal cuando se les avergüenza. Ser modelo de conducta conlleva mucha responsabilidad, porque sus hijos copian lo que ven en usted. Y su forma de comportarse debe ser la ejemplar para que facilite el aprendizaje de una serie de valores que acompañan al deporte.

Si como padre o madre desea sumar, tenga en cuenta el siguiente decálogo:

1. Recuerde el motivo por el que su hijo hace deporte. El principal es porque le gusta. Existen otros, como practicar una conducta sana, estar con amigos o socializarse. El objetivo no es ganar.

2. Comparta los mismos valores que el club. Busque un centro deportivo afín a su filosofía de vida.

3. No dé órdenes. Solo apóyele, gane o pierda, juegue bien o cometa errores.

Disfruta del viaje, y deja de preocuparte por la victoria y la derrota”

Marr Biondi

4. No le obligue a entrenar más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño. Aunque tenga talento, puede que no quiera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión.

5. No presione, ni dé directrices, ni grite, ni increpe, ni maldiga; no haga gestos que demuestren a su hijo que se siente decepcionado por su juego.

6. Respete a todas las figuras que participan en la comunidad deportiva: entrenador, árbitros, otros técnicos, jardineros…

7. Controle sus emociones. No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente. Las personas educadas no muestran incontinencia verbal.

8. Nunca hable mal de sus compañeros. Los otros niños forman parte del equipo. El objetivo grupal siempre está por encima del individual. Y hablar mal de sus colegas es hablar mal de la gente con la que comparte valores, emociones y un proyecto común.

9. Modifique su manera de animar. No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo.

10. No inculque expectativas falsas a su chaval, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar donde quiera.

La felicidad de los niños está por encima de todo. Siéntase siempre satisfecho con lo que haga, gane, pierda o cometa errores. Felicítele por participar más que por competir. Y recuerde que su hijo hace deporte para divertirse él, no para que lo haga usted.

http://elpais.com/elpais/2014/09/19/eps/1411145614_994965.html

Hay quien sigue pensando aquello de que abrazar mucho a los niños, demostrarles afecto y cariños continuados harán que los más pequeños se malcríen. Que haremos de ellos pequeños tiranos ingobernables.

Quizá por eso, aún seguimos escuchando frases como “que es mejor despegarse lo antes posible de ellos”, o que atenderles por las noches cuando lloran es un error, y que es mejor dejar que se calmen en soledad. Hemos de ir con mucho cuidado ante estas creencias populares, que en ocasiones, no suelen encerrar demasiadasabiduría.

El amor que se ofrece con sabiduría, plenitud, libertad e inteligencia, jamás hará que un niño se malcríe. Porque educar en emociones es educar desde la alegría y no desde el miedo, o la coacción.

El mayor causante de la “malcrianza” de un niño está en realidad en la falta de atención, en la despreocupación o incluso en la comodidad. En recurrir por ejemplo a ofrecerle nuestro teléfono móvil a un niño de 2 años para que se calme, y esté entretenido un rato mientras nos ocupamos de otras cosas. Ofrecer atención, cariño y amor a nuestros hijos jamás hará que se malcríen.

La crianza a través de la Inteligencia Emocional

niña durmiendo en salón de juegos cuidando de que otros niños no se malcríen

Todos tenemos claro también que hay niños exigentes que demuestran un alto nivel de demanda. Quieren atención, reconocimiento, palabras y juegan a desafiar nuestros límites constantemente. Lo creamos o no, el cariño va a seguir siendo nuestra herramienta clave. Ahora bien, desplegaremos un cariño inteligente que sabe de estrategias.

El cariño sabio que sabe reconocer al niño en sus aciertos, que pone límites y que hace uso de la orientación positiva en sus errores, consigue educar a una persona más segura de sí mismo, con menos frustración y mayor autoestima.

Sabemos que educar no es fácil. Que cada niño tiene unas necesidades y que los mismos consejos no sirven ni siquiera para dos hermanos.

Ahora bien, el que no se malcríen no depende en absoluto de las atenciones que les prestemos, sino en ofrecer una  “atención de calidad e inteligente”. Por ello, es necesario tener en cuenta estas pautas:

Sí al apego seguro y coherente

Los niños, en especial en los primeros años, necesitan de un apego con sus padres para desarrollar un vínculo seguro con ese primer contexto social que es la familia.

Un apego seguro implica que siempre vamos a reaccionar igual. Un bebé cuando llora necesita ser atendido, un niño cuando hace una pregunta espera ser respondido.

Si no atendemos, si no respondemos a sus preguntas, el niño intentará llamar nuestra atención de mil formas posibles. Nuestros hijos necesitan hábitos coherentes, y un apego firme y constructivo donde se sienta seguro para descubrir el mundo de nuestra mano. Día a día, irá avanzando con mayor independencia.

Evita caer en la estrategia más fácil

Querer a alguien es preocuparte por ese alguien, en este caso, nuestros hijos. Y preocuparnos e invertir tiempo en nuestros hijos jamás hará tampoco que se malcríen.

  • Hay padres y madres que por ahorrar tiempo y evitar lágrimas o berrinches prefieren “la salida más fácil”: ceder.
  • Si mi hijo llora porque no le he dado la leche en la taza de su hermana mayor, acabo quitándole la taza a uno para dársela a otro. Y en efecto, puede que acabe antes y se terminen las lágrimas, pero lo que estaré haciendo, efectivamente, es ceder: “malcriar”.
  • Y puesto que les queremos, les enseñaremos a gestionar esas emociones.A que uno no siempre puede conseguir lo que desea, y a que la rabia, las lágrimas, no siempre son caminos para conseguir nuestros objetivos.
  • Les diremos que no, y puede que hoy lloren, al igual que mañana y pasado. Pero seremos firmes y seguiremos educando su resistencia a lafrustración hasta que al final, lo entiendan.
niña con unicornio tocando la flauta

No hagas uso del chantaje emocional, utiliza la Inteligencia Emocional

“Es que me vas a matar a disgustos”, “Pórtate bien por que si no ya no te querré”, “Si haces esto todos los niños se van a reír de tí”… este tipo de chantajes emocionales no son una buena estrategia.

  • Recuerda siempre que la palabra tiene poder, y que los niños entienden mucho más de lo que pensamos.
  • Evita el chantaje emocional o daremos al mundo el día de mañana hábiles chantajeadores que harán infelices a otros.
  • Toda norma se argumenta, toda obligación o castigo debe explicarse para que el niño la entienda.
  • Atiende sus emociones e intenta que esa rabia, ese miedo o tristeza, contenida se traduzca siempre en palabras.
Dedicarles tiempo, mirarles a la cara y a su altura cuando te hablan y hacer que cada una de sus palabras sea lo más importante para ti, no hará jamás que se malcríen.

Darles voz, reconocimiento y autonomía en el día a día tampoco hará que se malcríen

Cuando les ofrecemos una responsabilidad y les damos un poco más de libertad, no estamos malcriándolos. Les ayudamos a crecer y asumir nuevos papeles, nuevos retos.

  • El apego en los primeros años de crianza ofrece seguridad al niño para crecer y descubrir el mundo desde nuestra mano.
  • Día a día, esa mano se irá retirando poco a poco para guiarles más con la palabra, con la mirada sincera, con el abrazo de quien sabe ofrecer reconocimiento, amor y ánimos cuando se necesita.
Ayudar a crecer a un niño es darles ejemplo cada día, es ofrecer tiempo de calidad y un amor sabio y pleno que no entiende de chantajes, que busca educar niños felices para dar al mundo adultos capaces, libres y maduros el día de mañana.
madre con hija abrazadas por la espalda evitando que los niños se malcríen

Imágenes cortesía de Nicoletta Ceccoli y Claudia Tremblay

Quizá en muchas ocasiones hemos experimentado sentimientos o emociones desagradables asociadas al estrés, angustia o pánico, que en algunos casos disminuyen o desaparecen con el tiempo. Esto depende de la manera como enfrentamos la situación.

Sin embargo, pueden presentarse situaciones que experimentamos como imposibles de manejar y que producen estados de desequilibrio mental y emocional, generando sufrimiento. Estas sensaciones de inseguridad y limitación pueden paralizar, entorpecer y bloquear el  normal  funcionamiento de las actividades cotidianas.

Nadie escapa al impacto del estrés, por el ritmo de vida acelerado en el mundo contemporáneo. Las exigencias diarias y los altos niveles de violencia, entre otros, provocan un significativo deterioro en nuestra calidad de vida integral. Sin embargo, la técnica de Desensibilización Sistémica puede ser una alternativa de ayuda y solución para este flagelo.

La desensibilización sistemática es una técnica de ayuda que consiste en la evocación o la repetición de la vivencia real de las situaciones que consideramos amenazantes. De manera simultánea se realiza una terapia de relajación profunda para reducir los estados de malestar.

La desensibilización sistemática: una técnica efectiva  

El proceso de desensibilización sistemática está orientado a enfrentar una situación estresante de manera consciente, reviviendo y expresando paso a paso los que piensas y sientes cuando estás expuesto a eso que te estresa. Larelajación producirá un efecto tranquilizante y al tiempo te brindará herramientas para que adquiera un nuevo aprendizaje, el cual irá reduciendo el estado de angustia.

chica llorando

La desensibilización sistemática busca reforzar una conducta aprendida de auto dominio, mediante la repetición, al ritmo que consideres adecuado y respetando tus emociones. Es decir que si durante la sesión se produce mucha angustia, la jornada debe ser interrumpida. Posteriormente debe retomarse el proceso para evitar que se produzca el efecto contrario: mayor rechazo o aversión.

De lo que se trata es de desaprender las respuestas negativas frente a una situación estresante y de trasformar la experiencia. Para lograrlo, se promueve el desarrollo de habilidades y recursos para controlar conscientemente las situaciones que resultan angustiantes. En este caso, la memoria cumple el papel de recordar el nuevo aprendizaje, cuando sea necesario.

Principales beneficios de la desensibilización sistemática

Con la desensibilización sistemática puedes adquirir recursos para poder afrontar cualquier situación que experimentes como fuente de angustia. Pero, además, también aprendes a trabajar sobre el dominio de tu cuerpo y de tu mente, a través de la respiración y la relajación.

Gracias al aprendizaje de la técnica de relajación utilizada en la desensibilización sistemática se obtienen beneficios y resultados muy favorables para tu salud. Es una técnica que te permite adquirir un bienestar completo, que se refleja en la unidad mente-cuerpo y te permite alcanzar un bienestar global.

mente-fantasía

La respiración y la relajación del cuerpo, de manera consciente, hacen posible incrementar el dominio y el autocontrol en el plano físico, mental y emocional. Como consecuencia de ello, las enfermedades y síntomas físicos se vuelven menos frecuentes y progresivamente más leves, hasta que muchos de ellos desaparecen.

Es muy importante que tengas una alta motivación en el momento de iniciar un proceso de desensibilización sistemática. Para que la técnica funcione, resulta indispensable que pongas todo de tu parte, ya que no es fácil, pero genera grandes beneficios. Debes estar dispuesto a ejercitar y poner en orden tu mente y tus emociones.

Los principales pasos a seguir

Aplicar la técnica de desensibilización sistemática implica disponer de un espacio y tiempo suficientes. La comodidad y tranquilidad son importantes, así como contar con el tiempo necesario, sin preocuparte por otros compromisos que perturben tu mente.

Debes comenzar con un entrenamiento moderado de estiramiento, ejercitando la tensión y distensión muscular de todo el cuerpo. Es necesario que lo realices de manera pausada, sin afanes y manteniendo un ritmo de respiración profundo y sereno.

hombre volando en bici

Previamente, o durante la sesión, debes anotar todas las situaciones que te producen estrés o angustia,  preferiblemente del menor al mayor miedo. Luego comienzas a imaginar cómo es cada situación, paso a paso, expresando todo lo que sientas y respirando profundamente. Es necesario repetir cuantas veces sea necesario la técnica y no saltar a otra situación hasta no sentir el manejo y control total sobre la que estás tratando en ese momento.

Lo más importante es que seas constante. Una vez inicies el proceso, no lo concluyas hasta que no sientas que se ha reducido el nivel de estrés. Practica esto al menos un par de veces durante la semana y verás los efectos muy pronto.

Algunas recomendaciones que debes tener en cuenta

Para aplicar adecuadamente la técnica de desensibilización sistemática, es importante que tengas en cuenta algunas recomendaciones que resultan fundamentales a la hora de poner en práctica la teoría. Las más importantes son:

  • Es necesario admitir con humildad que tienes una situación que posiblemente está limitando tu vida. Pero, a la vez, debes comprender que dicha situación es susceptible de ser tratada y mejorada, con voluntad, constancia, compromiso y optimismo.
  • Buscar ayuda si es necesario. Siempre será una opción buscar ayuda profesional, cuando la situación se ha tornado extremadamente problemática y amenaza con salirse de control. Pedir ayuda es señal de sabiduría y salud mental. La resistencia a hacerlo indica cierta negligencia en el autocuidado y falsa independencia.
  • La desensibilización sistemática ha sido recomendada ya que se trata de una técnica que desencadena procesos con efectos inmediatos o, en todo caso, a corto plazo. No obstante, la duración depende del compromiso y los avances logrados de cada persona.

“Debemos procurar una revolución en la tecnología que nos dé invenciones y maquinarias que inviertan las tendencias destructivas que ahora nos amenazan a todos”. Así hablaba Ernst Friedrich Schumacher, en contraposición total a lo que le sucede a un menor que está todo el día pegado a las pantallas.

Porque tener en casa un menor tecnoadicto no es algo perjudicial únicamente para el propio niño, sino para toda la familia. Una adicción excesiva, en este caso a la tecnología, es un cisma grave de difícil solución, pero no es una barrera insuperable.

¿Qué es la adicción a la tecnología?

En los últimos 10 años se ha producido un crecimiento tecnológico del que no encontramos precedentes en la historia. La ciencia ha avanzado y avanza a una velocidad cada vez mayor, sin que esto necesariamente sea un síntoma de progreso.

Para muchos personas, especialmente jóvenes y adolescentes, el estar permanentemente conectado y disponer de las últimas tecnologías ya no es una opción, sino algo indispensable. Así al menos se desprende un informe de los expertos psicólogos de ISEP Clinic, el Instituto Superior de Estudios Psicológicos.

Adolescente con un portatil por la noche

Hasta ahora, realmente no hemos visto nada negativo. Sin embargo, cuando un joven es incapaz de prescindir de sus dispositivos tecnológicos, los consultan constantemente hasta el punto de interferir en su propio rendimiento académico y mental. Incluso sufren ataques de furia injustificados si se les priva de sus terminales o de la conexión a internet, podemos estar hablando de un menor tecnoadicto o una adicción a la tecnología.

Ahora bien, ¿podemos ayudar a un menor tecnoadicto? Obviamente sí, sin embargo, una vez el problema se ha ramificado, es cada vez más complejo. La mejor solución es la prevención. No obstante, trataremos de dar algunas claves para ayudar al joven a superar esta grave afección.

Cómo tratar a un menor adicto a la tecnología

Como hemos dicho, ayudar a un chico con adicción a la tecnología no es sencillo. No obstante, hay claves que podemos poner en práctica para que el joven mejore de su afección. Recuerda que tendrás que tener mucha paciencia, empatía y comprensión antes de hacer nada:

  • Además, ante la menor sospecha de que tu hijo pueda ser adicto tecnológico, habla con un psicólogo. Este debe ser siempre el primer paso. Observa al joven, estudia sus costumbres y trata de crear un cuadro exacto para hablar con el especialista, al que deberás acudir sin el niño. El profesional te dará las pautas a seguir según el nivel de gravedad.
  • Si la afección está en pleno desarrollo o crees que el adolescente aún solo presenta este problema en potencia, puedes limitar el uso de internet y datos. No le ofrezcas tarifas planas en el móvil ni conexión constante. Es preferible establecer horarios y limitaciones.
  • También es conveniente que revises las facturas. Usa tarifas que te permitan establecer el nivel de uso de los distintos terminales tecnológicos. Así podrás compartir los datos con el chico, compararlos con una utilización normal y tratar de hacerle entrar en razón.
  • Si tu niño es excesivamente joven, es buena idea retirar los dispositivos progresivamente. Se conocen adicciones tecnológicas de chicos de apenas 8 años. Tenemos que tener claro que la tecnología para ellos no es mala, se convierte en dañina en el momento en el que empieza a haber un abuso de la misma.
  • Finalmente, si tú te pasas todo el día pegado a los dispositivos es normal que el niño asuma este comportamiento como normal y no se pare a pensar de manera crítica en él. Simplemente será más fácil que te imite y más difícil que tú puedas justificar que él no puede utilizar ciertos aparatos con la misma frecuencia que tú.
Mano con un móvil

Datos de interés respecto a la tecnología

Recordemos que la tecnología no es un enemigo. Es bueno que los niños se familiaricen desde bien jóvenes con el uso de ordenadores y smpartphones. No obstante, debe ser mesurado, siempre bajo supervisión y usando mucho la comunicación para que sean conscientes de los riesgos que implican todos esos aparatos que utilizan a menudo.

También es recomendable educar a los niños en el consumo responsable, tanto de tecnología como de cualquier otra cosa. De esta forma entenderá pronto que el ordenador o el móvil no solo son instrumentos de entretenimiento, también de trabajo, estudio o comunicación.

Tampoco es buena idea una prohibición total. Recuerda que el consumo de la fruta prohibida es una tentación enorme a la que los niños no les resulta sencillo abstenerse. Es mejor fomentar el uso racional antes que el corte por lo sano.

Ayudar a un menor tecnoadicto no es fácil, pero tampoco imposible. Debemos tener en cuenta que la tecnología es parte de nuestras vidas y las suyas. Un uso responsable es la única salida saludable y sensata. No olvides que de lo contrario, el aislamiento social, la incapacidad comunicativa y otras afecciones psicológicas más graves pueden hacer acto de presencia, complicando así una posible intervención.