Muchos niños le tienen pánico a la palabra “ciencia”, pero la verdad es que hay muchas formas de transformarla en pura diversión. Sólo necesitas uno que otro material y podrás enseñar a niños (de varias edades) los fenómenos de su disciplina.  No se aburrirán porque habrá explosiones, movimiento, texturas extrañas, “magia” y mucho, pero mucho color. Lo mejor del asunto es que también será increíblemente divertido para los adultos responsables que se hagan cargo de los entretenidos experimentos.

1. ¡Volcanes hechos con manzanas!

Necesitarás vinagre, polvo para hornear y jabón con olor a manzana. Entra aquí y sigue las instrucciones con las imágenes.

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2. ¿Qué tal unas nubes con crema de afeitar?

Necesitarás crema de afeitar, agua, un vaso y colorante azul. Entra aquí y sigue las instrucciones con las imágenes.

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3. Increíble hacer un rayo con un lápiz

Necesitarás un lápiz con borrador, un envase aluminio, un trapo de hilo, un plato de icopor y unos chinches metálicos. Entra aquí y sigue las instrucciones con las imágenes.

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4. Con leche y papel podrán hacer el experimento de la tinta transparente

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5. Y podrán fabricar sus propias bolas que rebotan

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6. ¡Increíble! Un huevo que brilla en la oscuridad

Necesitarás un huevo, un vaso, vinagre y vitamina B 50. Entra aquí y sigue las instrucciones con las imágenes.

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7. Convierte uvas frescas en pasas y…

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Ponlas a bailar en una bebida gaseosa

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8. Un mundo de cristal hecho de sal, agua y colorantes

Necesitarás sal inglesa o sal Epsom, un frasco limpio, acuarelas, agua, un tenedor, un bowl medidor y un microhondas opcional). Entra aquí y sigue las instrucciones con las imágenes.

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9. ¡Fuegos artificiales en un frasco! Es muy fácil, seguro y además se ve muy bien

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10. Patrones de colores haciendo explotar globos. ¡Que divertido!

Necesitarás globos y pinturas. Tan sólo lánzalas desde distintas alturas y verás lo que pasa.

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11. Hacer bailar a un líquido será como hacer magia

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12. Con dulces que explotan en la boca, aprenderán sobre la presión

Necesitarás bebidas gaseosas, globos y dulces que exploten.

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13. ¡Lámpara de lava hecha de aceite y Alka Seltzer!

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14. Con este frasco arcoíris aprenderán sobre la densidad

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15. ¿Qué niño no querría hacer una sustancia verde y pegajosa con maíz, agua y colorante verde para comidas?

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16. Es como una galaxia hecha de aceite para bebé, agua y colorantes

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17. Aprender sobre la reacción de los colores no podría ser más divertido que con esta leche mágica

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18. Magia, magia. ¡No se sale el agua! (Aunque los niños querrán ver cómo se derrama toda cuando sacan los colores)

Necesitarás una bolsa llena de agua y colores. Entra aquí y sigue los pasos con las imágenes.

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Perfecto para que aprendan lo que de otra forma, sería aburrido. 

http://www.upsocl.com/creatividad/18-experimentos-que-haran-que-los-ninos-suenen-con-ser-cientificos/?utm_source=FBppal&utm_medium=Facebook&utm_campaign=fb

No es posible mantenerse al margen de las emociones incómodas. Los adultos no podemos hacerlo, y los niños tampoco. Aunque quisiéramos meterlos en una burbuja para que no sufrieran, esto sería completamente contraproducente.

Sin embargo, muchos padres se empeñan en evitar que sus hijos experimentan estas emociones incómodas. Pero esto no es bueno a largo plazo. En algún momento, los niños tendrán que enfrentarse a esas situaciones, al dolor y la frustración. Rescatarlos solo hará que su vida adulta sea más difícil.

No hay que proteger a los niños de las emociones incómodas, sino enseñarles a gestionarlas adecuadamente cuando surgen. Los niños necesitan aprender a lidiar con las emociones incómodas de una manera saludable.
Padre cogiendo en brazos a su hijo

Cómo ayudar a los niños a lidiar con las emociones incómodas

Aunque no es una tarea fácil, enseñar a los niños a lidiar con el dolor, la ira o la rabia, entre otras emociones, les preparará para la vida. Estas emociones incómodas serán cada vez más intensas, por lo que aprender a afrontarlas desde pequeños facilitará su proceso de adaptación y maduración. 

Entrenar a los niños para que sepan lidiar con sus emociones es la mejor forma de preparados para hacer frente a las responsabilidades y decepciones de la vida adulta.

Enseñar a los niños a lidiar con el aburrimiento

El aburrimiento es algo que nos puede asaltar a todos. Sin embargo, los niños son muy propensos a sentirse aburridos y a demandar atención. Pero el hecho de que un niño esté aburrido no implica que un adulto tenga que resolver sus problema. Es más, es bueno que los niños se aburran de vez en cuando.

El aburrimiento estimula en los niños su capacidad innata de ser creativos.Por eso hay que animar al niño a que busque la manera de emplear su tiempo y no ofrecerle un entretenimiento constante.

Hay que animar al niño a que sea proactivo frente a su aburrimiento y a pensar de forma positiva qué hacer para solucionarlo
Niña aburrida

Enseñar a los niños a lidiar con la frustración

Querer ayudar a un niño cuando se siente frustrado es una reacción natural, perolos niños necesitan saber cómo lidiar con esa frustración de manera efectiva. No siempre va a haber alguien ahí para hacerlo, por lo que tienen que aprender a afrontar una situación frustrante.

Si un niños está luchando con un ejercicio de las tareas escolares, con la resolución de un puzzle, la construcción de un juego o tiene dificultad para hacer cualquier cosa no hay que hacer el trabajo por él. Con eso solo se consigue que crezca frustrado

En estos casos, hay que hablar con el niño, ayudarle a que se tranquilice y animarle a que busca una solución. Así aprenderá que para resolver una situación frustrante es necesario calmarse primero. 

Si un niño no tiene oportunidades para resolver sus problemas por sí mismos, puede llegar a desarrollar un sentimiento de indefensión aprendida. Es decir, crecerá convencido que de necesita a los demás  para resolver sus problemas por ellos.

Enseñar a los niños a lidiar con la tristeza

La tristeza es una emoción que nos acompañará a lo largo de la vida. Es algo normal que surge como resultado de eventos y situaciones. Los niños deben aprender a identificar la tristeza y a saber que es algo normal, algo que pasa.

Tu hijo debe aprender que en la vida no es todo alegría y fiesta. Dejarle que viva su tristeza con naturalidad le ayudará a sentirse mejor consigo mismo y sus sentimientos. Como dice uno de los personajes de la novela José Ignacio Cordero titulada El peluquero de la División Azul, la tristeza no es mala, solo está mal vista.

Enseñar a los niños a lidiar con la ansiedad

No es saludable para los niños que experimenten ansiedad constante. Sin embargo, es importante que reconozcan cuándo están ansiosos y que tipo de situaciones desencadenas esta emoción. Solo así podrán aprender a identificarla y gestionarla.

También deben aprender a enfrentarse a los temores que generan esa ansiedad y descubrir que esa emoción no les tiene que impedir conseguir lo que desean, ya sea conseguir su juego favorito y sacar una buena calificación en un examen.

Cuando un niño está ansioso es importante ayudarle a entender lo que le pasa y enseñarle a calmarse. A veces es necesario dejar que exterioricen la ansiedad para poder mostrarles lo que ocurre y ayudarles a superar sus miedos. Reprimirlos no soluciona nada.

Enseñar a los niños a lidiar con la decepción

Niña decepcionada

La decepción aparece a menudo en los niños por muchos motivos, la mayoría de ellos incontrolables. Puede ser que su equipo favorito haya perdido un partido, que no encuentre su dulce preferido, que su amigo esté en otro grupo diferente o que su padre o madre no llegue a tiempo para jugar con él antes de cenar.

Sea cual sea el motivo, la decepción es una emoción que experimentamos a lo largo de toda la vida y que hay que aprender a gestionar. En caso contrario, viviríamos en una constante sensación de fin del mundo.

Evitar que los niños no se sientan decepcionados o compensarle constantemente les hará caprichosos y egocéntricos.

Enseñar a los niños a lidiar con la ira

La ira no es una emoción mala. Lo malo es lo que decidimos hacer cuando surge.Los niños necesitan aprender maneras saludables de lidiar  la ira y los sentimientos de enojo, que la agresividad no es necesaria ni saludable.

Cuando un niño está enojado es necesario enseñarle cómo calmar su cuerpo respirando profundamente y esperando. Contar hasta seis es una fórmula que funciona con niños y adultos y que permite tomar distancia y controlar la situación.

Enseñar a los niños a lidiar con la culpabilidad

No se puede permitir que un niño siempre se libre de la culpa con excusas. Los niños deben aprender a reconocer que su comportamiento afecta a los demás y que una disculpa no acaba con eso. No se trata de avergonzarlos, sino de favorecer una culpa saludable que puede provocar cambios constructivos.

Si admitimos la disculpa de un niño sin ayudarle a reconocer su culpa y, por lo tanto, su responsabilidad, el niño no aprenderá que sus acciones pueden herir a los demás.

Cuatro colegios españoles innovadores -públicos y concertados- entran en la red de centros agentes del cambio de Ashoka como ejemplos a seguir

Aulas abiertas, mezclas de edades, integración de niños con disfunciones o trabajos por proyectos distinguen a estos centros.

En la barcelonesa Escola Sadako los alumnos no miran al profesor, se distribuyen por grupos.

No todo en educación son malas noticias. Como dicen desde Ashoka, no hace falta irse a Finlandia a buscar centros innovadores que estén reinventando la educación. Esta organización internacional sin ánimo de lucro dedicada a fomentar el emprendimiento social ha seleccionado a los cuatro primeros colegios de España que pasan a formar parte de su red internacional de Escuelas Changemaker (agentes del cambio), una red de centros que puedan servir a otros de inspiración.

“No son una élite, no es un ranking”, explicó durante el acto de reconocimiento David Martín, director de Educación y Jóvenes de Ashoka España. Ni son únicos. “Por suerte son muchas más las escuelas que podríamos reconocer”, añadió.

Ashoka busca en los centros que reconoce que fomenten la empatía, el trabajo en equipo, el liderazgo o la creatividad. Unas habilidades que agrupan bajo el nombre changemaker (agentes del cambio en inglés) y que promueven tengan el mismo peso en la educación que las competencias académicas tradicionales. Como dice su directora para España, Ana Sáenz de Miera, “del mismo modo que hace 100 años se decidió que todo niño debía saber leer y escribir, hoy tenemos que exigir que todo niño debe aprender a ser una persona con iniciativa, capacidad de innovar y tener empatía”.

Centros públicos y concertados

Un poco de todo esto hay en los cuatro centros reconocidos (son públicos o concertados). Uno puede apostar más por las TIC, otro por el método o por su trato a la diversidad. Pero todos coinciden en algo: el alumno es el centro, el protagonista del aprendizaje, y se le da mucha importancia la empatía, el aprendizaje individualizado, la educación emocional. Estos son los modelos de tres de ellos.

Escola Sadako.  En esta escuela barcelonesa destaca, quizá por encima de todo, el nivel de participación de los alumnos en el sistema educativo y en el aprendizaje. Lo dice su director, Jordi Musons, y lo corrobora Ashoka. En Sadako no hay pupitres individuales, se fomenta el aprendizaje colaborativo, la educación emocional, social y filosófica, y los alumnos están involucrados en su comunidad: realizan proyectos de aprendizaje y lanzan sus propias iniciativas de emprendimiento social dentro y fuera del centro. Y todo ello en un contexto de “gran capacidad de innovación”, explica Musons a eldiario.es. La cuestión tecnológica está muy presente en el centro.

En Sadako la innovación empieza por el diseño de los espacios. No hay ni un aula en toda la escuela —que cubre desde Infantil hasta Secundaria— en la que los alumnos miren al profesor. Están agrupados para fomentar el trabajo cooperativo. Cada alumno del grupo va adquiriendo un rol diferente, y todos participan en su evaluación a través de la autoevaluación o la coevaluación del trabajo desarrollado a lo largo del curso. También es muy frecuente que en una clase se trabaje a la vez con dos profesores que se van intercambiando los roles.

A la hora de estructurar el trabajo, Musons explica que se han ido separando paulatinamente de las asignaturas. “No tiene sentido trabajar con materias, trabajamos con competencias transversales”, explica el director del centro. No es necesario aprender la Lengua y las Ciencias como si fueran elementos extraños e incompatibles, cada uno en su horario. Un proyecto sobre, por ejemplo, las ballenas, puede incluir la búsqueda de información (competencia de la información y digital), la redacción de un texto (competencia lingüistica) y la elaboración de un collage resumiendo las ideas principales (competencia artística o cultural). No hay libros de texto. A Musons le llama la atención que de pequeños los niños tienen una capacidad innata de hacerse preguntas, “pero algo falla en el sistema porque la pierden”. En Sadako intentan que esta capacidad perdure en el tiempo.

El centro insiste mucho en fomentar “la capacidad de implicación, de querer organizar cosas”, explica el director. Se potencia el emprendimiento, la capacidad de tener ideas, de gestionar sus propios aprendizajes. Se utilizan el tiempo y espacio de recreo como espacios innovadores, se promueven en ellos actividades que rompan con la tiranía del fútbol en los patios. Con unos resultados que sorprenden a las familias.

“Esta es la primera generación de padres que lleva a sus hijos a escuelas donde aprenden diferente de lo que lo hicieron ellos. Además, por el momento en el que estamos hay poca confianza entre las familias y las escuelas”, admite. Y un poco más, a priori, ante una como Sadako con métodos innovadores. “Es importante recuperar estos vínculos de antes en los que las escuelas eran Dios, por decirlo de alguna manera”. ¿Cómo se hace? “Con transparencia, abriendo las puertas del centro para que las familias participen”, responde con naturalidad. Han llevado el ejemplo al extremo y la semana pasada metieron a cinco familias en clase a trabajar lo mismo que los chicos, con pequeños matices. “Ha sido precioso, han entendido perfectamente los matices. Y que los alumnos trabajen junto a sus familias crea un vínculo muy positivo”, cierra.

Amara Berri. Amara Berri no es un colegio solo. Es un centro de San Sebastián, pero también es una red de 19 escuelas que cuenta con su propio sistema educativo desde 1979. Destaca de él Ashoka que “capacita a sus alumnos para ser agentes de cambio”. Para ello mezcla edades en clase para que todos “vivan la experiencia de ser pequeño y tener que buscar ayuda o ser mayor y poder ofrecerla”. Además, en Amara Berri no hay exámenes, apenas deberes y en vez de asignaturas tienen contextos de aprendizaje en el aula.

Su jefa de estudios, Maribi Gorosmendi, explica que el principal cambio es “la forma de interpretar a los alumnos”. El niño pasa de ser un receptor de conocimientos al eje del aprendizaje. “Lo importante no es lo que aprendan sino la persona”, argumenta Gorosmendi. Para ello han optado por “las diferencias metodológicas”. Empezando por los contextos y siguiendo por la mezcla de edades.

Uno de los elementos diferenciadores de Amara Berri es cómo articulan las aulas. Cada una de las clases está especializada en una materia. Una en lengua, otra en matemáticas, etc. Y a su vez cada espacio se divide en cuatro contextos o centros de trabajo, especializado cada uno en un área de esa materia. Por ejemplo, en el caso del aula de lengua, dos de los cuatro centros de trabajo son la zona de charlas o la de creación literaria.

En Amara Berri, al contrario de lo que ocurre en la escuela tradicional, los grupos de niños van rotando por las aulas y por los espacios. Cada grupo se divide en cuatro subgrupos (uno por área de trabajo) y cada alumno desarrolla una actividad relacionada con su contexto. Pero a partir de sus intereses, una tendencia cada vez más en práctica. “Los niños deciden qué quieren trabajar. Cada actividad tiene su método de trabajo”, explica Gorosmendi. “Les ayuda a ganar autonomía, saber planificar”, añade.

Además de su método particular, en Amara Berri “la autogestión es clave”, recuerda Ashoka. Alumnos y profesores tienen una reunión semanal para “debatir e identificar lo que funciona o no” en distintos ámbitos como el comedor, la biblioteca o las actividades extraescolares.

La escuela de O Pelouro, en Tui, Pontevedra, es un centro experimental reconocido como Escuela Changemaker de Ashoka.

En O Pelouro los alumnos trabajan a partir de sus propios intereses.

Por ejemplo el centro O Pelouro.Este centro es “una utopía real. Una realidad sintiente, la prevención, una escuela normosana que trabaja desde las múltiples inteligencias”, explica a eldiario.es Teresa Ubeira, confundadora del centro. Situado en una pequeña localidad de Pontevedra, la escuela de O Pelouro es un centro experimental que acoge con los brazos abiertos a niños con Síndrome de Down, Asperger o autistas y los integra con el resto de compañeros. Un modelo único en España, con un decreto exclusivo para él, que utiliza herramientas como la psicodanza, la música o el arte para trabajar la expresión social, relacional y emocional en grupo a diario.

En O Pelouro se huye de los resultados, del “deseo mercantil” que invade la educación y que hace que los niños tengan que tener “una cuenta de resultados”, sostiene Teresa Ubeira, la otra cofundadora. “Esto está haciendo niños a varias bandas, el que no llega y el que margina”, añade. No es su preocupación. Su interés va más por fomentar las habilidades clave para ser una persona consciente de sí misma, activa con el mundo que le rodea a través de proyectos centrados en su identidad y la búsqueda de sus propias pasiones. Eso sí, aclara Ubeira, en O Pelouro no existe el fracaso.

Como ocurre en este tipo de centros innovadores, lo que se busca es encender en el alumno la chispa que le lleve a querer aprender, a querer conocer. El día arranca en el centro con una asamblea que reúne a todo el grupo escolar: desde alumnos a profesores pasando por padres si así lo desean. Una asamblea que marcará la pauta del día, en la que los niños decidirán —literalmente— qué quieren aprender. Dibujo libre los pequeños, un proyecto sobre el arte en la guerra y los surrealismos los mayores, por ejemplo. Cada jornada es diferente en esta escuela.

En O Pelouro no hay clases, hay grandes aulas que son talleres. Los niños hacen grupos y trabajan por proyectos. Se prepara el tema, se hace un mapa mental sobre hacia dónde evolucionará el proyecto y el profesor ejerce de mediador en esta tarea. Un niño puede trabajar el arte pintando un pez, y luego biología averiguando donde viven, cómo son por dentro, cuáles son sus hábitos, etc. Los talleres están intercomunicados, las puertas abiertas, los niños entran y salen. “Aquí no hay síntomas, ni carencias, ni pronósticos ni diagnósticos”, cierra Teresa Ubeira. “Hay picotazos en el cristal. Nosotros estamos atentos y antes de que el pajarito rompa el cristal le abrimos la ventana para que vuele”, completa la metáfora.

Centro de Formación Padre Piquer. El centro Padre Piquer, de los Jesuitas, en Madrid, lleva “décadas en la innovación educativa”, destaca Ashoka. Igual que ocurre en los otros tres centros su método de trabajo se aleja de las asignaturas, estancas, para centrarse en los “ámbitos”.

El método de los Jesuitas, que llaman Aula Cooperativa, se basa en diseñar clases flexibles en las que se trabaja en grupos grandes con la presencia de hasta tres profesores simultáneamente. El trabajo de los alumnos no tiene por qué pasar por los libros de texto. Se aprende en grupo, a través de dinámicas orientadas a la generación de ideas o la búsqueda creativa de soluciones. De nuevo, subyace una idea que se va extendiendo por los centros innovadores: “Queremos que los alumnos cooperen, que se enseñen entre ellos. El profesor sólo facilita material y dinamiza, ellos se organizan, debaten, comparten progreso, etc”, explican desde el centro.

En el Padre Piquer hasta los recreos son momentos para la formación. Estos momentos y espacios se aprovechan para desarrollar juegos, dinámicas colaborativas más relajadas o la gestión de proyectos.

Este colegio no solo exige a sus alumnos. Adoptando lo que ocurre en el sistema universitario, los propios niños evalúan a sus maestros en competencias como la empatía, la asertividad o el trato que tienen con ellos. Para que nadie se relaje.

http://www.eldiario.es/sociedad/Finlandia-falta-hace_0_395111048.html
 

Alguna vez leí que atravesar una tormenta emocional en la vida tenía el sentido mismo de su ocurrencia: las tormentas y sacudidas en la vida de las personas ocurren por algo, para que no vuelvas a ser la misma persona de antes de que ocurriese.

Cuando pasamos por cosas desagradables añoramos nuestro estado emocional anterior, sufrimos muchísimo porque decimos “por qué a mi” y creemos que por ello hemos perdido parte de nuestra esencia e incluso inocencia en el mundo. Nos sentimos raros, confusos, no llegamos a entender el valor terapéutico que el dolor puede llegar a tener.

Con los golpes fuertes de la vida pueden ocurrir dos cosas: o te hundes, o renaces como una persona mejor que la anterior. Da igual cuáles sean tus creencias místicas o si crees en el karma o no. Estamos hablando de algo mucho más pragmático e incuestionable: las experiencias nos cambian.

El valor de iniciar el cambio

Solo los eventos que pasan por nuestro cuerpo y por nuestra mente con intensidad nos harán cuestionarnos cosas que antes jamás hubiéramos hecho. Esto viene a referirse a lo de siempre, cuando le ocurre a mi amigo o a mi vecino lo veo muy claro, pero cuando me pasa a mí sí que me duele y afecta.

Siempre nos dicen frases del tipo “Lo importante no es caerse, sino levantarse” o “Cometes un error, debes de aprender de él“, son la base de muchísimas evoluciones y cambios que nosotros y las personas de nuestro alrededor experimentan.

Ojalá pudiéramos darnos cuenta de todo sin llevarnos “palos“, pero no hay un manual de instrucciones para la vida. Y aunque creas que lo tienes, vives en un mundo en el que las cosas cambian. Las personas más sabias de la vida adoptan el cambio, pues se dice “no sobrevive el más fuerte sino el que se adapta mejor al cambio”. Y el cambio siempre está precedido por ensayo-error, confusión y aprendizaje.

He aprendido más de mis errores que de mis “aciertos”

Pensemos en algún error que hayamos cometido en nuestra vida. Hablamos de errores dentro de un mínimo de lo humanamente comprensible, errores que son delitos no son nuestro tema en este artículo, aunque no todos ellos definen a las personas buenas o malas personas, y es importante decir esto porque también requiere de matices.

Pero tomando como perspectiva los errores que hemos cometido en nuestra vida, elijamos el “peor” para nosotros. ¿Has pensado alguna vez en el valor del aprendizaje de ese error? ¿Has pensado alguna vez de lo que “te has librado” o has asegurado en tu sistema de valores por haberlo cometido?

“Más instructivos son los errores de las grandes inteligencias que las verdades de los ingenios mediocres”
-Arturo Graf-

No te preocupes, te vamos a alegrar la lectura si es que nunca te has parado a pensar en esto. Algunas lecciones de los errores que cometemos los seres humanos son más universales de lo que parecen, así que vamos a hacer un recorrido por ellas.

Mi error “más grande” me enseñó que:

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  • La vida te puede sorprender para bien, y también para mal: Hay que estar preparados para los contratiempos que puedan venir, y no hay nada mejor que poder solventarlos independientemente.
  • No todo el apoyo emocional que te den es válido. Solo importa la calidad, no la cantidad: Creer que estamos arropados en una situación difícil o en un bache emocional es solo eso, una creencia. Es importante ser prudente y no buscar apoyo social de cualquier tipo, sino del tipo que a ti te va a ser útil.
  • En los malos momentos son en los que yo me conozco de verdad y a los demás, también: Dicen que no conoces a alguien hasta que vives con ella pero pasar por un apuro económico, social o emocional puede ser también muy delatador. Ni el príncipe azul que creías es tan apuesto ni tu amiga es la que te abraza. No significa que tengas que cortar esas relaciones, simplemente pasarán al estado de la cordialidad.
  • Vivir la indiferencia de unos te hará emocionarte con la lealtad, la sensibilidad y la pasión de otros: Es terrible cómo solemos subestimar a algunas personas que nos rodean. Solo cuando vienen los momentos difíciles, se puede apreciar su grandeza. Las personas honestas y limpias no se valoran por el tiempo que llevan acompañándote, sino cuando su honestidad y bondad resplandece.
  • Todo pasa, todo cambia, nada es permanente: un dolor o una decepción por más desgarradora que pueda parecer con el tiempo se aplana, se suaviza y se disipa. Que cuando actúas con principios, estos siempre se volverán más firmes para tu futuro y el dolor suponía solo un atrezzo para contemplarnos con mayor claridad.
  • Los errores se superan, pero las decepciones son irreversibles: Los errores se superan y se aprende de ellos. Podrás olvidar a las personas que te decepcionaron pero jamás lo que te hicieron sentir, por lo que quizás ha sido la mejor forma de finalizar algo que no era verdadero.
  • Gracias a todo lo aprendido, hoy soy mejor persona: Gracias a todo lo aprendido, soy otra persona. No menos sensible, ni inocente, ni tampoco más “avispada”. Simplemente soy una persona con las cosas más claras, más autosuficiente y con capacidad de no escuchar lo que no me interesa y de disfrutar de lo que me apasiona.

El sabor agridulce de mi error me ha preparado para otras caídas

Es inevitable que todas las personas volvamos a equivocarnos varias veces en la vida por muy bien controlado que creamos tenerlo todo. El error es parte fundamental de nuestro crecimiento y evolución.

Pero si aprendemos de nuestros errores la próxima vez caeremos con amortiguación y nos levantaremos con mayor rapidez. Porque si en la vida no cometes errores o no te pasan cosas desagradables a veces, es que estás teniendo una vida muy limitada.

Imagen cortesía de Elena Lishanskaya, Lucy Campbell

http://lamenteesmaravillosa.com/7-cosas-me-enseno-error-mas-grande/

Los libros de colorear pueden ser una buena opción para potenciar la creatividad de los pequeños, pero los chicos de Disney piensan que es algo demasiado estático. Por eso, se les ocurrió que gracias a las nuevas tecnologías, podían hacer que estos libros fueran un poco más divertidos e interactivos. Así es como nació esta aplicación que permite que los dibujos pintados en papel cobren vida en 3D gracias a la realidad aumentada.

Basta con una tablet y su cámara para que la magia (porque para mí estas cosas son como magia) ocurra. Una de las cosas que más llaman la atención es que el personaje en 3D va adquiriendo los colores en tiempo real, al mismo tiempo que es coloreado en el libro. ¡Flipante!

De momento, esta tecnología todavía está en desarrollo, pero espero que podamos verla pronto en la calle porque es demasiado genial como para quedarse en un cajón.

Aunque no lo creamos, estamos rodeados de gente con personalidades tóxicas. Personas que nos hacen sentir mal aunque no tengamos la culpa, que nos usan sin que aparentemente podamos evitarlo, que nos tienen a su merced sin que nos demos cuenta. Muchas de estas personalidades las conocemos, pero no somos conscientes de su consecuencia tóxica.

A continuación, os mostramos los siete tipos de personalidades tóxicas más comunes que tenemos cada día, a nuestro alrededor para que podáis identificarlas e intentéis poner algunos límites y estrategias de por medio para no salir malheridos.

“Muchas veces permitimos entrar en nuestro círculo más íntimo a los chismosos, a los envidiosos, a gente autoritaria, a los psicópatas, a los orgullosos, a los mediocres, en fin, a gente tóxica, a personas equivocadas que permanentemente evalúan lo que decimos y lo que hacemos, o lo que no decimos y no hacemos”
-Bernardo Stamatea-
Hombre abriendo puerta

El envidioso

Una persona envidiosa tratará siempre de buscar aliados. Esto le garantizará envenenar a otros con sus palabras y sus malos pensamientos. Este tipo de persona no es feliz. Siempre desean aquello que los demás tienen o consiguen e intentarán boicotearlo.

Es fácil detectar a los envidiosos. Se ven venir. Lo importante es saber alejarnos de ellos, no dejar que nos influyan con sus pensamientos tóxicos. Si somos los afectados, tenemos que intentar ignorarlos. Si nos convertimos en un probable aliado, no debemos dejar que guíe nuestros pensamientos sobre una persona.

Nadie piensa igual sobre alguien y tenemos que tenerlo claro. Que nadie modifique lo que pensamos ni nos ponga en contra de otra persona por sus pensamientos tóxicos.

El autoritario

La persona autoritaria suele ser un jefe. Alguien que tiene bajo su yugo a otros. Suelen ser personas muy inseguras de sí mismas y, por eso, incitan miedo a sus subordinados para dar fe del control y poder que tienen. Pero esto no acaba aquí. Una persona autoritaria llega a humillar, amenazar y goza imponiendo su voluntad. Juega con la necesidad que tienen las personas por conservar un puesto de trabajo.

Nadie debería tolerar esto, ni siquiera aunque sea tu jefe. Actualmente, hay una ley que contempla el acoso laboral. Si te encuentras en un caso como este no temas tomar medidas. Ir al trabajo puede convertirse en una verdadera tortura.

El manipulador

Una persona manipuladora es difícil de detectar. El manipulador es una personalidad tóxica que puede pasar desapercibida durante mucho tiempo sin ser descubierto. Se muestran amables y complacientes. Tienen una gran capacidad para empatizar lo que les viene muy bien. Pero cuando las conoces mejor hay ciertas cosas que tienes que evitar hacia ellas.

Para empezar, nunca seas sincero con una persona manipuladora porque le dará la vuelta. Se sentirá atacada y logrará que te sientas culpable por tu sinceridad. Por lo tanto, tú serás el único culpable y así te hará sentir. Aunque sepas que no tiene razón, acabarás controlando lo que dices para no sentirte mal después.

Los manipuladores juegan sucio y suelen mentir. Si tú tienes un problema el de ellos será peor. Por último, tienen el don de contaminar el entorno. Si están tristes el ambiente se volverá triste.

Mujer quitándole careta a un hombre

El pesimista

Como su propio nombre indica, los pesimistas siempre lo ven todo de forma negativa. Son personas a las que todo les afecta y se rinden con mucha facilidad. Esta negatividad en la que viven atrae más negatividad, por lo tanto, se convierte en un círculo vicioso. Se muestran como víctimas indefensas ante el mundo. Continuamente estarán quejándose por su pasado, su presente y su probable futuro.

Es necesario alejarse de este tipo de personas. Por mucho que intentes hacerles ver que no todo es tan malo como parece, te llevarán la contraria y lograrán alimentarse de tu positivismo para sentirse bien. La consecuencia es que tú no te sentirás tan bien. A estos sujetos también se les denomina “vampiros emocionales“.

El sociopsicópata

Es una de las personalidades tóxicas más peligrosas. Nos encontramos ante personas impulsivas, que no establecen límites afectivos y no sienten remordimientos cuando hacen daño a los demás. Son personas ambiciosas que alcanzan sus objetivos sin importar a quien destruyan por el camino. Son incapaces de decir “lo siento”.

Los sociopsicópatas son personas que se presentan encantadoras, pues te dirán todo lo que querrás oír. Suele interesarse mucho por la persona que tiene enfrente haciéndole muchas preguntas para recabar información que almacenará para utilizarla, luego, en su contra. Con esto, mentirá y engañará para lograr lo que quiere. Fingirá sentimientos que no siente ni padece. Es lo opuesto a una persona empática.

¿Cómo podemos reconocer a un sociopsicópata? Debemos ser muy observadores. Dado que no sienten emociones hay que observar en su rostro su mirada y los músculos faciales. Si fijan los ojos en ti y no mueven ni un solo músculo de la cara, ten cuidado, probablemente te estén manipulando.

El descalificador

El descalificador disfruta menospreciando, manipulando y desestabilizando emocionalmente a los demás. Esto provoca que la otra persona se muestre inseguro y dependa de sus opiniones. Se mostrará como un gran amigo, pero utilizará todo lo que le cuentes para, en el momento adecuado, desvalorizarte ante los demás. De esta manera, finge mostrarse interesado en lo que le cuentan. Juega con el factor sorpresa.

Hombre hablando y manipulando

El neurótico

La persona neurótica suele ser insegura. Por este motivo, intentará conseguir una buena posición social aunque se impondrá objetivos que no podrá cumplir, debido a sus sentimientos de desvalorización que lo bloquean. No soporta que nadie sepa más que él sobre algo, por eso tratará siempre de llamar la atención.

Por este tipo de inseguridades, que sufrió desde niño y no ha podido resolver, el neurótico desarrolla una conducta perfeccionista, conflictiva, egoísta e infantil. Esto le lleva a controlar a la otra persona. Además, sus cambios de humor provocan que sea imposible la convivencia con ellos.

Cualquiera de estas personalidades tóxicas contamina a los que tienen a su alrededor, a través de sus energías negativas. Darse cuenta de con quién nos relacionamos también es importante para nuestra salud. El truco está en anticiparse y elegir de quien nos queremos rodear, evitando a aquellas personalidades tóxicas que nos puedan perjudicar.

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Si tuviera que pasar hoy un test de inteligencia, el talento musical del joven Mozart no estaría entre los números uno de la clase. O, lo que es lo mismo, no superaría los 140 puntos del Cociente Intelectual (CI). Y todo porque, en la calle y en las aulas, el prototipo del ser inteligente, enquistado en nuestra cultura desde los griegos y el Renacimiento, todavía se asocia en exclusiva a las habilidades reconocidas en esta popular puntuación para evaluar el pensamiento abstracto basándose en la lógica y las matemáticas. Sin embargo, los avances de la ciencia de las últimas décadas muestran que hay vida inteligente más allá de unos números.

Más que una buena memoria para recordar nombres y fechas y un hábil razonamiento matemático, la inteligencia es sobre todo adaptación. Las versiones revisadas del CI, que amplían la inteligencia a la experiencia con el medio, rescatan a Charles Darwin y sus teorías evolutivas, como señala Pablo Fernández-Berrocal, catedrático de Psicología de la Universidad de Málaga. “Curiosamente, los neurocientíficos del siglo XXI vuelven a la idea originaria de Darwin demostrando que ser inteligente es la capacidad de adaptarse al entorno de la forma más eficaz. Esa capacidad varía según el contexto, e implica flexibilidad en situaciones muy diferentes”, explica el catedrático.

Así, conceptos como el factor G o las teorías que vinculaban la superación de un determinado tipo de pruebas a una inteligencia todoterreno, ya no obedecen a la evidencia científica. “Hay personas que son inteligentes y se adaptan con facilidad y flexibilidad a ciertos contextos, y en cambio, en otros parecían estúpidos. Y si nos remontáramos 30.000 años atrás, esos considerados inteligentes podrían incluso morir devorados, porque no afrontarían la demanda de su entorno. Cuanto más simple es el mundo, es más probable que nos sirvan los recursos generales, pero en un mundo tan complejo como el nuestro, se necesitan habilidades mucho más específicas, por lo que poco a poco se incluyen otros tipos de inteligencia”, explica este psicólogo especializado en inteligencia emocional, fundador del Laboratorio de Emociones de la Universidad de Málaga.

¿Por qué a un buen orador, con gran capacidad de compresión verbal, o a un genio del piano o el balón, de gran talento físico, no se les considera inteligentes en nuestra cultura occidental? El protagonismo de la inteligencia abstracta-lógica-matemática responde a la herencia del sistema productivo europeo anterior a las dos grandes guerras, cuando el talento abstracto tenía la llave del éxito laboral y social y una rutilante carrera educativa se reconocía en el mercado con un no menos lustroso puesto de trabajo.

En ese contexto nació el CI, un concepto revolucionario acuñado por los psicólogos que se enfrentaron al reto de clasificar a las personas, primero para evaluar los trastornos mentales y luego con propósito educativo, ante la nueva corriente de escolarización en Europa, con el afán de estandarizar las pruebas con criterios objetivos, a diferencia de la entrevista clínica.

“Alrededor de los años setenta, algunos estudios demostraron que no estaba garantizado que las personas que conseguían los mejores trabajos fuesen las que tenían mayor inteligencia abstracta. A partir de ahí, la complejidad del mundo laboral no se vincula tanto a tareas cognitivas, sino a las relacionadas con la gestión de las propias emociones, el estrés, la ansiedad y la capacidad de regular las interacciones sociales en relación con las personas. Lo que marca la diferencia de una persona brillante en el ámbito laboral no es su inteligencia clásica, sino este extra que se refiere a otro tipo de inteligencia”, apunta Fernández-Berrocal.

Sin embargo, la popularidad de las escalas de inteligencia de especialistas como Binet y Wechselr, los nombres de referencia en la medición del CI a nivel mundial, todavía es difícil de superar. Trabajos de psicólogos como Robert J. Sternberg, uno de los impulsores hace tres décadas de la inteligencia práctica o aplicada, o Howard Gardner, quien dinamitó la teoría de la inteligencia única con las inteligencias múltiples (lingüística, ínter e intrapersonal, musical, espacial, naturalista, corporal, además de la lógica-matemática), todavía no han llegado a aplicarse como corriente mayoritaria en las escuelas.

“Los alumnos que se adaptan bien al sistema escolar son los que tienen una inteligencia numérica y lógico-matemática alta. Al resto, que pueden tener otro tipo de inteligencia, les cuesta mucho trabajo adaptarse. La escuela sigue trabajando hoy con un modelo. Hay personas muy inteligentes que no son especialmente brillantes en los aspectos lógico-matemáticos y no acaban de adaptarse, desperdiciando su potencial artístico, lingüístico o de relaciones sociales, la escuela se convierte para ellos en un martirio”, observa este psicólogo.

¿Puede medirse la creatividad?

Superada en el campo de la investigación la existencia de una inteligencia única, cómo detectar el talento en un examen sigue siendo la pesadilla de los científicos, a pesar de innovaciones como el Test de Inteligencia Emocional Mayer-Salovey-Caruso (MSCEIT). “Si se ponen problemas matemáticos o lingüísticos, es más o menos fácil evaluar las respuestas, porque hay una solución correcta. Otra cosa son las respuestas a los problemas de la vida real. Llevamos más de un siglo intentando evaluar la creatividad como proceso, no como producto, y a pesar de las investigaciones, no se terminan de ver resultados”, explica el catedrático.

La evaluación, la clave de todo, también falla en el concepto de CI y los tests clásicos de papel y lápiz. Fernández-Berrocal apunta: “Ahora, el sueño, a través de investigaciones con resonancias magnéticas funcionales, es hallar el indicador del nivel de inteligencia observando, por ejemplo, el porcentaje de materia gris o blanca, teniendo en cuenta el volumen del cerebro y determinadas zonas. Pero eso no se ha conseguido y no sé si se podrá conseguir. Sería como decir que la inteligencia es solo eso, sin tener en cuenta el aprendizaje y la experiencia”.

Aunque hay programas televisivos que siguen impresionando al público con la memoria de los concursantes (una facultad superada por la consulta inmediata de los datos en los medios digitales), para Fernández-Berrocal la capacidad de anticipación debiera ser la inteligencia que hay que potenciar. “Las máquinas no pueden predecir el futuro, pero nosotros somos capaces de innovar y anticipar, y los pueblos siempre han sobrevivido a las adversidades del clima, el hambre o las guerras gracias a eso. En nuestra vida personal pasa igual: los que saben anticiparse a los problemas, en lugar de ser sujetos pasivos, tienen mayor capacidad de adaptación. Pero eso todavía no se enseña en la escuela, y sería una auténtica revolución”, concluye.

http://elpais.com/elpais/2015/09/30/buenavida/1443601806_544864.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Es importante conocer el significado de la palabra autoestima, para no confundirnos con el estado de ánimo. Ya que, a menudo, los confundimos y atribuimos una disminución de nuestra valoración o reconocimiento personal, cuando en realidad es una bajada de nuestro ánimo.

Además, con frecuencia, estos cambios los atribuimos a causas externas a nosotros, como a los demás o a las circunstancias, expresando así “que alguien o algo me ha bajado la autoestima”, cuando en realidad, la autoestima sólo depende de nosotros mismos.

“Sólo podemos amar cuando nos amamos a nosotros mismos”
-Abraham Maslow-

Los componentes de la autoestima

Por definición, “autoestima”, hace alusión a la estima que me aporto a mí mismo, es decir, a lo que me quiero. La autoestima es la capacidad y la percepción que tenemos sobre nosotros mismos. Por lo tanto, no cabe atribución externa en tal concepto, ya que depende completamente de nosotros. Además, se encuentra formada por diferentes componentes, como son:

  • Autoconcepto, se refiere a la definición que tenemos sobre nosotros mismos, en cuanto a las ideas o creencias acerca de nuestra persona.
  • Autorespeto, se trata de la forma en la que respetamos nuestras necesidades y nuestros valores, así como, la forma que tenemos de afrontar y resolver nuestras emociones y sentimientos.
  • Autoaceptación, es aceptarnos como somos, en nuestras diferencias con el resto del mundo, valorando lo bueno y siempre con la posibilidad de mejorar lo menos bueno.
  • Autoevaluación, es la capacidad de evaluar nuestro comportamiento y forma de actuar, siendo sinceros y justos con nosotros mismos, para poder aprender y seguir creciendo.
  • Autoconocimiento, nadie mejor que nosotros mismos, para conocer nuestras capacidades, cualidades y habilidades e incluso nuestras debilidades, defectos y limitaciones.

“No apruebo algunas cosas que he hecho o soy o he sido. Pero soy yo. Es bueno saberlo.”

-Elizabeth Taylor-

¿Cuándo se forma la autoestima?

Sin duda, el concepto que tendremos en nuestra vida de adulto de nosotros mismos, se gestó en nuestra infancia. Nuestra autoestima nació de la imagen que nuestros antecesores proyectaron en nosotros, junto con el tipo de relación que mantuvieron desde que nacimos.

Madre con hijo en brazos

Si nuestros progenitores se mostraron interesados por nuestras necesidades, mostrándonos afecto y amor, proyectándonos lo importantes que éramos para ellos. Sin duda, la imagen que nos vamos generando de nosotros mismos, será positiva, buena, lo que llamamos “alta autoestima”.

Si por el contrario, desde la infancia sufrimos carencias emocionales y afectivas en las relaciones con nuestros adultos, y si además éstos no nos mostraron nada bueno de cómo éramos, es seguro, que la imagen con la que fuimos creciendo de nosotros mismos, no era muy adecuada o positiva, definiéndolo así como “baja autoestima”.

¿Cómo nos relacionamos con los demás si tenemos “baja autoestima?

Nadie puede ser feliz si no tiene un buen ajuste personal, ya que la insatisfacción de no saber quién somos realmente, o de no reconocernos buenos en nada, genera infelicidad. Por ello, “subir la autoestima” se convierte en una necesidad para la superviviencia emocional.

Cuando nuestra autoestima está baja, tendremos la necesidad de buscar en los demás el reconocimiento, valoración y apoyo que no nos damos a nosotros mismos. De tal forma, que cuando obtenemos ese reconocimiento, creemos erróneamente que “sube mi autoestima”, sin embargo, cuando me falta o me fallan los demás en lo que esperamos, erróneamente también creemos que nos “baja la autoestima”.

“La gente que quiere más aprobación consigue menos y la gente que necesita menos aprobación consigue más”
-Wayne Dyer-

Pero nada de ésto es cierto, porque los demás no tienen la capacidad de modificar nada que pertenezca a nuestro interior. No pueden bajar la autoestima, ni subirla, porque si tenemos la necesidad de buscar en los demás cuánto nos estiman, eso significa, que en realidad, nuestra autoestima ya estaba baja.

¿Qué es el estado de ánimo?

El ánimo es un estado emocional fluctuante por momentos, por circunstancias, y por muchos motivos, por eso, podemos sentirnos alegres o podemos sentirnos tristes o desdichados, con relativa frecuencia. Así, el estado ánimo es algo pasajero. Es muy probable, que cuando no hallamos lo que esperábamos de los demás, como es su reconocimiento o valoración, nuestro estado emocional y anímico baje.

Pero, en ningún caso el estado de ánimo bajará nuestra autoestima, ya que probablemente ésta se encuentre baja, desde el momento que necesitamos que otros nos reafirmen en quienes somos, en lo que hacemos bien y en la imagen que tienen de nosotros.

Persona de rodillas con la cabeza baja

La autoestima también varía

Indudablemente, la autoestima, como toda actitud o forma de relacionarnos, puede cambiar, aunque es un constructo más estable y profundo de nosotros mismos que el ánimo o estado emocional, y por ello, para que la autoestima varíe, necesita de un periodo de tiempo, debido al cual, puede modificarse la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Por ejemplo, puedo tener baja autoestima y aprender a subirla, con el trabajo de una terapia que nos enseña a profundizar en nosotros mismos. O bien, es posible, también, que de una buena autoestima, pasemos a tener una mala percepción de nosotros mismos, con frecuencia, relacionado con algún problema, situación o trastorno personal, que deja mella en nuestra valoración personal.

Por lo tanto, asumiendo la responsabilidad y el control que tenemos sobre nosotros mismos, podemos decidir restaurar y mejorar nuestro ajuste personal, sintiéndonos queridos y valorados por nosotros mismos, por quienes somos. Y por ello, disfrutando de una vida plena y feliz, independientemente de que a otras personas no les guste como somos.

Imágenes cortesía de Holly Sierra.

http://lamenteesmaravillosa.com/nadie-puede-bajar-mi-autoestima/

Carles Capdevila es el director del diario catalán Ara y también padre de cuatro hijos. Cualidad personal que no destacaría en su currículo profesional si no fuera porque con sus charlas sobre la paternidad y la crianza, sustentadas en el humor, se ha convertido en uno de los divulgadores más populares de España. Su última ponencia sobre la educación de niños y adolescentes presentanda en el congreso Gestionando hijos, celebrado en Barcelona el pasado julio, ha revivido en la red dos meses después. Su monólogo acumula más de medio millón de reproducciones en YouTube, con un despunte a partir de mediados de septiembre cuando empezó a viralizarse a través de Facebook donde los visionados superan el millón y medio.

Colaborador habitual de la Ser y autor de una colección de la serie infantil Las tres mellizas, Capdevila cuenta a Verne que el éxito de esta charla le ha pillado por sorpresa. “El vídeo en el primer mes llegó a 40.000 visitas y en una semana pasó a 500.000. La gente me para por la calle para hablarme de ello. Tengo amigos que lo han recibido siete veces por WhatsApp”, explica. ¿La clave? “Para entender la paternidad o maternidad no hace falta ser madre, es suficiente con ser hijo. La educación es el tema más universal, es la vida en estado puro”. Unido a su humor habitual o “la ironía como método para no tener que estar enfadado todo el día”.

Con 19 años de experiencia en paternidad ha llegado a la conclusión de que su misión consiste en “espabilar a los pequeños y controlar a los mayores”, en su caso dos niños y dos adolescentes.”Esta noche cuando llegue a casa dos me abrazarán y dos no”, dice en un momento del monólogo, en el que explica los cinco sentidos que componen la base de su manera de educar, con una estructura similar a la de un mónologo propio de El club de la comedia:

1. Sentido Común. Para intentar aproximarse a su meta aplica el sentido común necesario para que un padre se replantee si es necesario repetirle 27 veces a sus hijos que se vayan a dormir, por ejemplo. “Tal vez es que no entiende tu idioma”, dice con retranca durante la ponencia.

2. Sentido del ridículo. El segundo sentido en el que confía Capdevila: “Padres bajitos que llegan al médico y no entienden por qué su hijo es bajito. Esto ocurre. Y claro el pediatra acaba mirando a ambos y diciéndoles: ‘Felicidades, el hijo es suyo”.

3. Sentido del deber y la responsabilidad. Es decir, aquel que debería servir para que una pareja se pregunte si merece la pena verbalizar la frase ‘¿Tener hijos te cambia la vida?’. “Pobrecitos, mejor que no tengan”, termina por decir el periodista en la ponencia. “Esta resistencia a ser padres y no querer cambiar me sorprende, porque es imposible”.

4. Sentido moral. Se refiere a los valores, los que según Capdevila dependen mucho de la imitación. “A veces los roles los confudimos por la excesiva entrega”, plantea.

5. Sentido del humor. Es el que vertebra su filosofía educativa. “Los padres motivados tenemos ciertos complejos o ansiedades fruto de saber tanto”, dice, “y a mí lo que me apetece es que hablemos de educación y que a la vez nos divirtamos”.

Rodeado de madres y padres que han descubierto en internet una nueva manera de compartir sus experiencias, el periodista cree que esta plataforma sirve para difundir experiencias de una manera más rápida y sencilla. “A veces te ayuda más otro padre o madre que un psicólogo o un pediatra”, opina. “Además, estamos más informados, a veces demasiado. Creo que Google es una maravilla y también una fuente de preocupaciones infundadas”. La sobredosis de información, métodos y consejos pueden tener también consecuencias negativas. “Nos puede acomplejar, nos rebaja la autoestima. Es mejor estar informado pero ser padre o madre requiere espontaneidad, alegría, seguridad, sentido común”.

http://verne.elpais.com/verne/2015/09/29/articulo/1443539422_465488.html?id_externo_rsoc=FB_CM