¿SABÍA QUÉ…? Aunque todo el mundo llama Distancia Social a los dos metros que debemos
separarnos unos de otros, en realidad se trata de Distancia Interpersonal, porque
socialmente no nos hemos distanciado nada, al revés, nos seguimos relacionando
mucho o más que nunca.

infografía prevencion covid

…El Covid es muy contagioso -¡se te pega como una lapa!-, a través de gotas,
casi siempre invisibles, que expulsamos al hablar, cantar, gritar o estornudar; y
las más pequeñas pueden desplazarse varios metros viajando por el aire.
o Por eso es tan importante llevar siempre puesta una mascarilla
homologada (no vale ponerse un paño de cocina en la boca).
o Su uso es obligatorio siempre que estemos con otras personas distintas de
aquellas con las que convivamos.

…Si nos juntamos con otras personas es mejor hacerlo al aire libre, y si estamos
en espacios cerrados que no sean nuestra casa con nuestra familia, es muy
importante mantener las ventanas abiertas.
o Por eso te aconsejamos que te abrigues bien, porque además del Covid,
también siguen existiendo el resfriado común y su hermana mayor, la
gripe. Es bueno que hagas las paces con tu gorro y tu bufanda.

…Las personas con más posibilidades de contagiar son las asintomáticas porque,
aunque están infectadas, no notan nada y siguen haciendo su vida normal.
Está claro, en tema Covid, no te puedes fiar ni de tu padre!!!

…Aunque lleves puesta la mascarilla, la probabilidad de contagiar a otras
personas aumenta cuanto más alto hables, por ejemplo, si gritas o cantas.
También cuando respiras más fuerte al correr o hacer otros deportes. Y cuantas
más personas se junten, también.
o Es mejor que hables bajito, pero tampoco en susurros, porque entonces
no vamos a poder escucharte!!!

Los adolescentes tienen aproximadamente el doble de probabilidad de
infectarse: de hecho los jóvenes de entre 12 y 17 años duplican la incidencia de
casos respecto a los menores entre 5 y 11 años.

  • Ya lo dijo Zaratrustra: la adolescencia es muuuuuy dura!!!
    – Así que ten mucho cuidado, porque el Covid te tiene en su punto de
    mira.

Mundos mágicos, historias de amor de todo tipo, guerras, demonios… En ocasiones las novelas son tan exitosas e intrigantes que necesitan una segunda, tercera (¡o incluso séptima!) parte. A continuación ofrecemos algunas de las mejores sagas para enganchar a los adolescentes a la lectura.

Divergente

Divergente de Veronica Roth Sagas adictivas para adolescentes

Beatrice vive en un mundo postapocalíptico, cuyo sistema social se divide en cinco facciones (Verdad, Abnegación, Osadía, Cordialidad y Erudición) para garantizar la paz y la seguridad de todos. Cada ciudadano debe pasar una prueba para establecer quién es y cuál es su sitio dentro de ese nuevo sistema, dependiendo de sus virtudes y aptitudes. Pero los resultados de la joven muestran que ella no encaja en ninguna facción y, por tanto, supone una amenaza para el sistema. Tendrá que elegir una en la que pueda pasar desapercibida, aunque pronto irán a por ella. Llevada a la gran pantalla, la popular saga ‘Divergente’ escrita por Veronica Roth engloba los títulos ‘Divergente’, ‘Insurgente’, ‘Leal’ y ‘Cuatro’. 

  • Autora: Veronica Roth
  • Editorial: Molino
  • Edad recomendada: A partir de 13 años

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Memorias de Idhún

Memorias de Idhún de Laura Gallego

‘La resistencia’, ‘Tríada’ y ‘Panteón’ son los tres títulos que forman una de las sagas fantásticas más leídas entre los adolescentes a nivel mundial. La historia transcurre entre varios mundos: la Tierra, Limbhad e Idhún, un mundo de tres soles y tres lunas. Jack y Victoria lucharán por salvar a los idhunitas del gobierno de Ashran el Nigromante y los sheks, unas terribles serpientes con alas. Magia, héroes y batallas les acompañarán en sus aventuras. 

  • Autora: Laura Gallego
  • Editorial: SM
  • Edad recomendada: A partir de 10 años

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Elliot Tomclyde 

Elliot Tomclyde

Elliot tiene 12 años y vive en Québec. Su vida no tiene nada de extraordinario hasta que, en un campamento de verano, conoce a un hechicero, Goryn, que lo conduce a un extraño mundo llamado Hindewood. Allí, le presentan a los responsables de los cuatro elementos (Agua, Tierra, Aire y Fuego) y éstos le cuentan que él es descendiente de un hechicero muy poderoso y que debe ingresar cuanto antes en la escuela para magos. Pero antes tendrá que averiguar a qué elemento pertenece… A lo largo de los cinco libros, Elliot tendrá que luchar contra el mal para mantener la armonía del mundo. 

  • Autor: Joaquín Londaiz Montiel
  • Editorial: Montena
  • Edad recomendada: Entre 12 y 14 años

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After

After de Anna Todd

Llevada a la gran pantalla, su primer libro narra la historia de la joven Teresa, que conoce a un chico llamado Hardin en su primer año de universidad:  cumple con todos los estereotipos de ‘chico malo’. Acostumbrada a una vida estable y ordenada, es al conocerle cuando su vida cambiará por completo: la que era una chica buena se enfrentará a diferentes situaciones que cambiarán la forma en la que ve el mundo que la rodea.https://fa171ffdde405af1668855657b01bd24.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

  • Autora: Anna todd
  • Editorial: Planeta
  • Edad recomendada:  A partir de 14 años

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Las pruebas de Apolo

Las pruebas de Apolo - Rick Riordan

¿Como se puede castigar a un inmortal? Haciéndolo humano. Tras enfurecer a Zeus, el dios Apolo es desterrado del Olimpo convertido en un niño y enviado a la ciudad de Nueva York, donde tendrá que sobrevivir en el mundo moderno. Del mismo autor que las aventuras de ‘Percy Jackson’, es una colección de cuatro libros ideal para jóvenes a partir de los 12 años que disfruten de la fantasía, la mitología y la acción. 

  • Autor: Rick Riordan
  • Editorial: Montena
  • Edad recomendada: A partir de 12 años

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El Cementerio de los Libros Olvidados 

Cementerio de los Libros Olvidados

La Sombra del Viento, El Juego del Ángel, El Prisionero del Cielo y El Laberinto de los Espíritus son las cuatro historias que giran en torno al ‘Cementerio de los Libros Olvidados’, un lugar secreto y mágico que descubrirá Daniel Sempere de la mano de su padre en la ciudad de Barcelona. Se trata de una saga que recorre la historia de España desde los años 20 hasta la década de los 60, centrándose cada título en épocas y miembros diferentes de la familia Sempere. A pesar de mantener el Cementerio, algunos personajes clave y la localización en cada libro, es cierto que cada obra funciona como historia independiente y todas incluyen, suspense, amor y hechos históricos. https://fa171ffdde405af1668855657b01bd24.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

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Los juegos del hambre

Los juegos del hambre

La Capital de Panem obliga a sus 12 distritos a escoger un ‘tributo’ cada año para representar a su comunidad en los ‘Juegos del Hambre’. Katniss Everdeen, una joven de 16 años, protagoniza la saga que incluye los títulos ‘Los juegos del hambre’, ‘En llamas’ y ‘Sinsajo’. La chica vive en un mundo distópico donde la lucha por la supervivencia, el sacrificio por la familia, la crítica social y el amor (o desamor) son los temas centrales. 

  • Autor: Suzanne Collins
  • Editorial: Molino
  • Edad recomendada: A partir de los 12 años. 

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Trilogía: Canciones para Paula 

Blue Jeans Trilogía mejores sagas lectura

‘Canciones para Paula’, ‘¿Sabes que te quiero?’ y ‘Cállame con un beso’ forman una de las trilogías románticas con más éxito de este autor español, Francisco de Paula Fernández, más conocido como ‘Blue Jeans’. Paula tiene 17 años y a lo largo de esas tres novelas irá conociendo el amor por primera vez (delante y detrás de las pantallas) y pasará por momentos muy duros que le demostrarán quiénes son sus amigas de verdad y cuáles están dispuestas a traicionarla. España, París, Londres… el lector se sumerge entre las calles de cada ciudad mientras acompaña a la protagonista en cada una de sus aventuras y vive con ella una montaña rusa de emociones. https://fa171ffdde405af1668855657b01bd24.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

  • Autor: Blue Jeans
  • Editorial: Planeta
  • Edad recomendada: A partir de los 12 años. 

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Harry Potter

Harry Potter y la piedra filosofal mejores sagas lectura

Harry es un niño huérfano que vive con sus tíos desde que era un bebé. Al cumplir los 12 años recibe una notificación un tanto peculiar: ¡Ha sido aceptado en Hogwarts, la escuela de magia y hechicería! Sin preaviso, su vida dará un giro de 180 grados y comenzará múltiples aventuras en las que descubrirá un mundo mágico que nunca pudo imaginar, conocerá lo que realmente es la familia y la amistad, y todo, mientras se enfrenta a ‘El-que-no-debe-ser-nombrado’. La saga está compuesta por siete libros que se publicaron en este orden: Harry Potter y la piedra filosofal, Harry Potter y la cámara secreta, Harry Potter y el prisionero de Azkabán, Harry Potter y el cáliz de fuego, Harry Potter y la orden del fénix, Harry Potter y el misterio del príncipe, y Harry Potter y las reliquias de la muerte. 

  • Autora: J. K. Rowling
  • Editorial: Pottermore Publishing
  • Edad recomendada: A partir de los 12 años. 

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Los cazadores de sombras

Cazadores de sombras mejores sagas lectura

Clary, una chica que descubre que proviene de un linaje de cazadores de sombras (una especie de demonios), se alía con otros jóvenes cazadores como ella y para averiguar por qué han sido atacadas ella y su madre, conocer quién es su padre o quién les persigue. La saga incluye siete libros que reúnen momentos de amor, sangre, traición y demonios. Ha tenido tanto éxito que recientemente se ha trasladado a la pantalla con una serie de Netflix con el mismo nombre. 

  • Autora: Cassandra Clare
  • Editorial: Destino Infantil & Juvenil 
  • Edad recomendada: A partir de los 14 años.

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Cualquiera que tenga cerca adolescentes de ambos géneros habrá observado que a ellos les pirra jugar con videojuegos y que ellas se decantan por pasar horas chateando y en redes sociales. Pues bien, lo que respondía a una intuición tiene base científica. Así lo corrobora Detección temprana y prevención de adicciones tecnológicas en adolescentesun informe realizado por la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia en colaboración con Fundación Mapfre en el que han participado 3.597 estudiantes de 13 comunidades autónomas de entre 11 y 20 años. Uno de sus autores es Mariano Chóliz, de la Unidad de Juego y Adicciones Tecnológicas de esa universidad: “Efectivamente, los datos nos indican que, tanto en el caso de los videojuegos como en el juego online, son los adolescentes varones los que obtienen puntuaciones significativas de dependencia mucho más altas que las mujeres”. Las razones podrían tener que ver con “las variables más relevantes para el ajuste personal de ellos: demostrar habilidad, competir y ganar”. Aunque tampoco puede despistarse el hecho de que los videojuegos se comercializan para ellos, “usando los principales estereotipos masculinos”, afirma Chóliz.

José Antonio Tamayo, psicólogo sanitario del centro Activa Psicología lo entiende del mismo modo, pero añade “factores socioculturales que inciden en la socialización desde la infancia, aunque tampoco pueden descartarse influencias biológicas, que afecten diferencialmente al comportamiento en función del género”. Porque a ellas les interesan más los servicios de mensajería instantánea. Es decir, comunicarse con sus iguales a través del WhatsApp. “Las adolescentes podrían tener una mayor inclinación por la interacción social y la cooperación; algo que podrían satisfacer en mayor medida a través de tecnologías de carácter interpersonal, como el teléfono móvil o internet”. Tanto es así que su autoestima a menudo depende de los likes conseguidos en redes sociales. A los padres, sin duda, nos puede parecer una pérdida de tiempo (y una soberana estupidez), pero al menos en principio, no supone un problema grave. Los videojuegos y los juegos de azar, si: la adicción.

Una edad peligrosa

Según el psicólogo de Activa Psicología, la adicción a las tecnologías en población adolescente ronda el 5%, con un inicio más precoz en los varones. Es evidente que es una edad complicada. Lo cuenta Marta Marcos, compañera de Chóliz en la Universidad y coautora del estudio: “Son especialmente vulnerables por la etapa evolutiva en la que se encuentran. No están formadas todavía las áreas cerebrales de la planificación y el control y esto influye en la toma de decisiones que les conduce a asumir mayores riesgos sin ser conscientes de las consecuencias derivadas de la forma en que utilizan las tecnologías o el modo de relacionarse con ellas”.

Pero es que lo que les ofrece el juego es muy atractivo para ellos que se asumen como invulnerables, como afirma Marcos: “Es otra forma de asumir riesgos y debe considerarse en el contexto natural de los jóvenes en cuanto al abordaje del interés y la experimentación y deseo de independencia que caracteriza esta etapa evolutiva.” Lo que pasa es que no saben identificar el peligro, aunque sí tienen claro que las adicciones pueden llevar a quien las padece a “perderlo todo”.

A mí no me va a pasar

Claro que eso no va con ellos: “Gran parte de las conductas de juego manifiestas sugieren una combinación de expectativas positivas y negativas en torno al juego que podrían diluir el riesgo general de la adicción. Y lo mismo ocurriría con el resto de las adicciones tecnológicas: videojuegos, móvil y redes sociales, lo que nos sugiere que se trataría de un mecanismo interno para disminuir la disonancia y mantener la autoestima intacta mientras se sigue llevando a cabo la actividad que necesitan y de la cual ya dependen”. Ante esta dicotomía, se decantan por el “eso a mí no me va a pasar”, incluso cuando ya tienen problemas, que los que suelen culpabilizar a otras situaciones o circunstancias.

El problema es mayor con los juegos de apuestas online, un verdadero peligro para los chicos. “Las apuestas deportivas se han convertido en el principal juego al que los adolescentes varones dedican su tiempo y su dinero, debido a que se trata de una actividad que no solamente les resulta atractiva, sino que está ampliamente promocionada y publicitada. Un factor que, junto a la proliferación de salas de juego y apuestas, ha sido crucial para la normalización de una actividad que contribuye sin duda a la adicción entre un público juvenil que, socialmente, ha sido condicionada para no encontrar ningún riesgo en estas actividades disponibles y accesibles dentro del contexto cotidiano”.

Más importante la relación que las horas

Ante esta perspectiva, es evidente que los padres debemos estar muy atentos a los posibles síntomas, que no siempre se corresponden con el tiempo que pasan ante la pantalla, sino con la relación que se establece con ella. “Los criterios de adicción definen una forma de utilización o relación con la tecnología esencialmente adictiva. Es decir, no es tanto el número de horas que la persona pasa conectada, sino la relación que establece la persona con una actividad que se vuelve una afición descontrolada e irrefrenable”, comenta Chóliz.

En ese sentido, los síntomas que denotan esa relación patológica serían los siguientes:

  • Necesidad de uso creciente de la tecnología para conseguir los mismos beneficios que al inicio (tolerancia).
  • Reacciones emocionales negativas ante la imposibilidad de usar la tecnología o ante un tiempo considerable sin poder usarla (síndrome de abstinencia).
  • Uso excesivo de las tecnologías que interfiere con todas las esferas de la vida de la persona.
  • Dificultades para dejar la tecnología a pesar de ser consciente de las consecuencias negativas de esta conducta.
  • Modificación del estado de ánimo como estrategia de escape aprendida para hacer frente a las dificultades propias del curso de la vida.
  • Pérdida de oportunidades académicas y/o laborales.

Fuente: El País

Un menor con una visión negativa de sí mismo puede llegar a adoptar conductas perjudiciales. Expertos en terapia con menores dan algunas pautas para ayudarles a valorarse correctamente:

Charla con la psicóloga Cristina Gil el próximo viernes 29 (12h.)

Toma un trozo de arcilla. Moldéalo con delicadeza y construye una base sólida. Coloca luego sobre ella otro de tamaño similar y acarícialo sin tratar de disimular sus imperfecciones. Nuestra identidad se construye sobre esas dos ‘piezas’ de barro: el autoconcepto (quién creo ser) y la autoestima (cómo me siento respecto a quien soy). Todos somos, en cierta medida, alfareros que esculpimos a otros. Y los padres son los primeros que marcan ese molde a través de su forma de educar y de relacionarse con sus hijos.

La adolescencia es una etapa crucial en el proceso de definición personal. Durante ese periodo «los menores tienen que tomar todo aquello que sus cuidadores construyeron en ellos durante la infancia y autoconstruirse», explica el psicólogo Fernando Pineda. Y lo hacen en medio de un auténtico torbellino de emociones. Los chavales deben distanciarse de la seguridad que le ofrecen sus padres para reafirmar su individualidad, sentirse aceptado por un grupo de iguales con los que se compara, combatir los complejos en plena revolución hormonal y resistir el embate de los primeros amores (y desamores). Una auténtica prueba de fuego para la autoestima.

«Si un menor llega a los 14 o 15 años con una autoestima dañada debe destruir esa identidad anterior y construir otra sana»FERNANDO PINEDA, PSICÓLOGO.

Un adolescente que aprende a reconocer sus necesidades, fortalezas y debilidades, se acepta sin condiciones, se valora y se respeta percibe que tiene el control sobre su vida, afronta retos, tolera mejor la frustración, no depende de la voluntad de los demás o de las circunstancias, ni permite que le traten mal.

Sin embargo, cuando la visión que tiene de sí mismo no es positiva puede llegar a adoptar conductas perjudiciales. Se castiga porque cree que no vale la pena. Detrás de unas malas notas, de las discusiones constantes, de la rebeldía y/o agresividad, de la fanfarronería puede haber un problema de falta de valoración personal. Si un menor llega a los 14 o 15 años con una autoestima nociva tiene que destruir esa identidad anterior y «crear otra saludable» porque si no es así puede llegar a «hacerse un daño difícil de sanar», explica Pineda, que advierte a los padres, sin dramatismos, que con el paso del tiempo ese poder para recomponerles «se va de nuestras manos para llegar a las suyas».

COMBATIR EL DAÑO CON UNA APUESTA POR UNO MISMO

Alberto (nombre ficticio) tuvo que reconstruirse durante su adolescencia tras ser víctima de acoso en dos centros escolares diferentes. En el primero sufrió una agresión física y en el segundo, lejos de encontrar refugio, fue sometido a «vejaciones y humillaciones constantes«. Durante aquel curso de 2º de la ESO nunca quería ir a clase, los descansos los pasaba con chicos de cursos inferiores e incluso solo. No jugaba, no practicaba deporte y no se relacionaba porque siempre le perseguía el rechazo como una sombra.

«Uno se ve cada vez más sumido en un pozo del que no cree poder salir, no se siente capaz de llevar nada a cabo y ni mucho menos se esfuerza académicamente pues tu condena diaria es en tu centro», recuerda ya desde la mayoría de edad con el pesar de que no se dé la importancia suficiente a esas situaciones de violencia y se relativicen como «cosas de adolescentes». Él aprendió a combatir los desprecios con una apuesta por sí mismo y nuevas amistades: «Al final, uno debe valorarse, así que comencé a hacer deporte e hice mi pandilla en el baloncesto. Tener una red de seguridad social de ese calibre es más que imprescindible para cualquier adolescente, le da a uno fuerzas para continuar y empiezas a valorarte más, a ir a estudiar con más ganas, y a pasar de los demás con más ganas aún».

La psicóloga María Paz Bermúdez Sánchez, catedrática de la Universidad de Granada, aborda en su libro ‘Déficit de Autoestima. Evaluación, tratamiento y prevención en la infancia y adolescencia’ (Pirámide) las múltiples variables que determinan la creación de una imagen positiva de nosotros mismos. «Algunos de estos factores son internos y están relacionados con la manera de interpretar y afrontar los retos cotidianos. Otros son externos, como por ejemplo, los mensajes de aceptación o aprobación que personas significativas hacen sobre aquello que se dice o se hace. El déficit de autoestima es el resultado de una gran discrepancia entre la idea que la persona se ha formado de cómo debe ser para tener éxito en la vida y la imagen que tiene de sí mismo cuando autoevalúa sus conductas, pensamientos o sentimientos», resume.

Una excesiva auto-exigencia puede convertirse en una fuente de frustración para los chavales porque les hace percibir que no tienen capacidad para superar metas o afrontar cambios en los diferentes ámbitos de su vida y nunca se sienten conformes. Esa imagen negativa de sí mismos surge también a menudo de la tendencia a «realizar una atribución interna del fracaso y externa del éxito. Es decir, sentirse responsable de los fracasos y no responsable de los éxitos», explica esta psicóloga.

SÍNTOMAS DE UNA AUTOESTIMA DAÑADA

¿Cómo podemos saber si un adolescente sufre un problema de autoestima? Roberto García, experto en la atención a menores víctimas de acoso escolar, describe algunas señales en su comportamiento que pueden orientar a los padres:

  • Excesiva autocrítica e insatisfacción permanente.
  • Se sienten permanentemente atacados y experimentan mucho resentimiento.
  • Viven en un estado de indecisión crónica, no tanto por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse.
  • Deseo excesivo de complacer: no se atreven a decir «no» por temor a desagradar.
  • Tratan de hacer todo lo que se proponen a la perfección, lo que les lleva a menudo a la frustración por no conseguirlo.
  • Culpabilidad neurótica: se condena por conductas que no siempre son objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y/o los lamenta indefinidamente, sin llegar a perdonarse por completo.
  • A su alrededor se percibe hostilidad. Siempre está irritable, a punto de estallar incluso por cosas de poca importancia; todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface.
  • Ve sobre todo la parte negativa de la vida y le cuesta disfrutar.

«La baja estima ataca aquello que más valoramos. Si es la inteligencia, se pondrá en tela de juicio la capacidad intelectual, si apreciamos la belleza, no podremos mirarnos al espejo sin ver nuestras imperfecciones…» Y si no nos apreciamos a nosotros mismos, los refuerzos que recibimos de los demás «pierden fuerza». «No nos sirve que los demás nos valoren positivamente», advierte este psicólogo canario.

El desprecio de los adolescentes a su mundo interior puede generar problemas graves en su desarrollo: trastornos en el sueño (insomnio, pesadillas), en la alimentación (anorexia, bulimia, trastornos digestivos, vómitos, náuseas…), dolores de cabeza habituales, dificultad para comunicarse, incapacidad para concentrarse y/o recordar o tomar decisiones. Su capacidad de disfrutar de la vida se ve mermada porque se encuentra sumido en un estado de ánimo triste, ansioso, atrapado por la culpa o esa angustia vital constante que le puede llevar a tener incluso ideas de suicidio. Ese descontento consigo mismo se puede reflejar también en un abandono de su higiene personal, de sus obligaciones y una huida de su realidad a través de la mentira o el consumo de drogas.

Dar a los hijos responsabilidades adaptadas a su capacidad es fundamental para que confíen en sí mismos

Tanto construir una autoestima positiva como sanarla son labores que conllevan mucho esfuerzo y tiempo. «No hay fórmulas mágicas», advierte Fernando Pineda, cuyo canal de YouTube orienta a los padres cada semana en temas claves para el adecuado desarrollo de los menores, pero sí podemos ayudarles a reenfocar su mirada y darse el valor que merecen. Éstas son algunas de las pautas para ese proceso:

1. SANAR LA RELACIÓN SIN CULPA

Durante la infancia, el padre y la madre son la fuente más frecuente y fiable de valoración del comportamiento. «El niño necesita saber si actúa correctamente por lo que el refuerzo o el castigo de los progenitores, la consistencia y la seguridad que perciba de éstos va a influir de manera determinante en la imagen de competencia personal que el menor se va a formar», explica M ªPaz Bermúdez.

Y precisamente por esta influencia paterna, si nuestro hijo llega a la adolescencia con la autoestima dañada, posiblemente la culpa tienda a hacer acto de presencia. Y tal como aparece, debería alejarse. Recomponer la visión que tiene de sí mismo puede conllevar años y mucho esfuerzo, pero un primer paso fundamental es sanar la relación dejando a un lado ese sentimiento de frustración, que sólo obstaculiza los avances, y reflexionar sobre los posibles cambios de actitud. «Si te equivocaste recuerda que todo pasa por algo. Las personas que se tienen que auto-reconstruir son las más fuertes y sabias. Yo agradezco mucho a mis padres todo lo bueno pero aún más todos los errores que cometieron y lo que sufrí pues eso es lo que me permite ayudar y comprender a mucha gente», recuerda Pineda en primera persona.

2. DIÁLOGO Y NORMAS

Una familia «funcional» es esa que fomenta un desarrollo pleno y sano (también de la autoestima) de todos sus miembros y que educa aplicando el estilo democrático, lejos del autoritarismo y la permisividad. El amor, interés , dedicación, comprensión, confianza y escucha activa tienen un lugar prioritario pero no es un paraíso ajeno a los conflictos sino un lugar donde adquirir herramientas para combatir las adversidades, con normas, límites y roles claros, con respeto a la individualidad, comunicación (y negociación) constante y capacidad de adaptación.

3. OBSERVAR SIN INTERVENIR

El instinto de los padres es proteger a sus hijos y esto puede llevarles a tomar la iniciativa ante el más mínimo problema. Es comprensible pero al hacerlo el mensaje que les mandamos a ellos es que «no son lo suficientemente fuertes, inteligentes y capaces de resolver sus propios problemas», asegura Pineda subrayando en rojo que la identidad y la autoestima se construyen con «experiencias no con palabras».

Los adolescentes tienen, pues, que experimentar y hacer frente directamente a sus problemas para creer que son capaces de superarlos. Y los padres, contenerse y permitir que se equivoquen dejando claro que aunque no les vamos a resolver la vida, sí estamos a su lado para apoyarles.

4. HACERLE RESPONSABLE DE SUS LOGROS

Dar a los hijos una responsabilidad adaptada a sus capacidades es fundamental para que se sientan importantes. Si se ven como seres autónomos e independientes tendrán una imagen más positiva de sí mismos. Y para que superen la tarea con éxito, los objetivos tienen que ser realistas (posibles de alcanzar). Hay que tenerles en cuenta siempre a la hora de planificar objetivos. Ellos conocen mejor que nadie sus habilidades y limitaciones. Además, su compromiso será mayor si se siente escuchado. Cuando las expectativas son muy altas o son establecidas por adultos el adolescente puede encontrarse con obstáculos que le abocan al fracaso.

«Facilita a tu hijo experiencias y actividades posibles en las que tenga que implicarse y esforzarse», recomienda la psicóloga María Paz Bermúdez en su libro. De esta manera se le está transmitiendo que es parte esencial y activa de lo que consigue en su vida, de sus logros y éxitos y que lo que le ocurre no es producto de la suerte u otras circunstancias externas. Esto reforzará la confianza en sí mismo.

También hay que dotarles de herramientas para resolver las adversidades y superar retos cotidianos y enseñarles a premiarse a sí mismo cuando consigue objetivos, con ello se consigue que su valor no dependa de agentes externos sino internos.

5. EVALUARLE DE FORMA OBJETIVA

Los padres deben esforzarse en percibir, aceptar y describir al menor como es, no como nos gustaría que fuese. ‘Inflar el ego’ de los hijos no es la mejor forma de brindarles una autoestima sana. Debemos ayudarles a que vean tanto sus fortalezas como los aspectos que pueden mejorar, siempre haciendo énfasis en las capacidades que tienen y en los caminos que pueden tomar para sortear las dificultades. Que sean conscientes de sus virtudes pero también de sus defectos. Pineda nos pone este ejemplo claro: Imagina que te sientes enfermo y vas a la consulta del médico. ¿Qué esperas de él? ¿Que te diga que tienes una salud de hierro o que sea sincero en el diagnóstico? Esa misma honestidad desea encontrar el menor cuando habla contigo.

6. NO COMPARARLE CON NADIE

Aunque el objetivo de los padres al comparar a su hijo con otros jóvenes de su edad sea motivarlo, demostrarle que es posible, el efecto que se consigue es el contrario y afecta negativamente a la autoestima. La clave está en reforzar los intentos, el esfuerzo, y no exclusivamente los éxitos y logros.

7. ELOGIAR Y CORREGIR DE FORMA ADECUADA

Hacer referencia a la conducta concreta en ambas circunstancias. No etiquetar al menor porque de esta manera se puede prolongar la conducta al sentirse incapaz de modificarla porque cree que forma parte de su personalidad. Lo que se busca es corregir un comportamiento negativo, no al menor en su conjunto.

8. APRENDER A EQUIVOCARSE

El error es el requisito indispensable para el aprendizaje y no sirve de nada tratar de esquivarlo con el anhelo (siempre frustrado) de encontrar la perfección o de evitar retos para no fracasar. «Sentirse bien con uno mismo no es algo que hacemos después de corregir todos los errores sino algo que hacemos a pesar de los errores«, recuerda Roberto García.

9. NO DEPENDER DE LOS DEMÁS

Cuando una persona tiene la autoestima dañada busca la aprobación por necesidad, no es sólo un deseo. Y en esas circunstancias se expone a estar bajo un estado de frustración constante. En la adolescencia, la aceptación en el grupo, el ser elegido como amigo, es una de la principales fuentes de bienestar. Y el rechazo, de dolor. De ahí la importancia de quererse sin condiciones para asestar mejor esos posibles golpes y mantenerse en pie.

«Como el sentimiento de lo que vales como persona, se encuentra localizado en los demás, si ellos rehúsan alimentarte con su aprobación te quedas sin nada. No vales», explica García, que da las siguientes pautas para evitar esa nociva dependencia de los demás (recomendable que los adultos también tomen nota):

  • Incentivar en nuestros hijos pensamientos positivos sobre su valía
  • Enseñarles a recurrir a la estrategia del ‘tú’ para responder en caso de conflicto. Por ejemplo, «tu amigo no está de acuerdo contigo y se está enfadando. En lugar de cambiar de postura o defenderte, simplemente contesta : «‘Tú’ te estás enfadando y piensas que yo no debería pensar como pienso».
  • Cuando vaya a comprar ropa o cualquier otro artículo, que confíe en sí mismo y no consulte a nadie su opinión.
  • A la hora de expresarse, que evite buscar respaldo constante en los demás con frases como: «¿No es así?, ¿tengo razón o no?…»
  • Si el adolescente piensa que alguien le está tratando de manipular , que lo haga saber. En vez de ‘ablandarse’ para obtener aprobación, puede decir en voz alta: «Normalmente yo modificaría mi posición para lograr que me aceptes y me quieras, pero realmente creo en lo que acabo de decir».
  • Si nos están diciendo algo que no nos gusta pero puede ser positivo para nuestro crecimiento personal, lo agradecemos. Esto pone fin a cualquier tipo de búsqueda de aprobación.
  • Otra estrategia es buscar expresamente que nos desaprueben y trabajar para que no nos moleste. También, emplear técnicas para ignorar los actos de desaprobación y no prestar atención a los que tratan manipularnos. «Estás hablando en público y alguien no le gusta lo que estás diciendo. Se levanta y trata de forzar una discusión. Respondes, «de acuerdo y continuas.»

10. FOMENTAR LAS RELACIONES PERSONALES Y REALES.

En la adolescencia actual, la búsqueda de aprobación por parte de los demás tiene forma de ‘like’. Y cuando no llega, la autoestima se resiente. Tampoco sale bien parada en esa comparativa constante que los jóvenes hacen de su vida, de sus relaciones o de su cuerpo en plataformas como Instagram. «El problema en las redes sociales no es la exigencia de dar una imagen perfecta sino la evaluación continua a la que es sometida la vida que se expone y, la dependencia que el que la expone tiene de la opinión de los demás. Sin lugar a duda, para evitar los efectos negativos del uso de las redes virtuales lo mejor es reducir su uso, aceptar y transmitir que no es una manera natural de relacionarse y fomentar los vínculos personales y reales».

Incentivar las actividades deportivas, salidas al aire libre o las conversaciones en persona otorga a los menores una fuente de bienestar alternativa que les ayuda a desprenderse del poder actual de las nuevas tecnologías sobre su rutina diaria y que puede provocar, cuando el uso es inadecuado, en aislamiento, ansiedad y depresión.

Esa distancia emocional en Internet facilita, en una de sus vertientes más oscuras, prácticas como el acoso que atentan directamente contra la integridad moral de los menores. Con la experiencia como aval, Alberto pide a aquellos jóvenes que estén padeciendo actualmente una situación de violencia psíquica o física que «exijan que se les respete. Que no se dejen pisotear y mucho menos ser quien pisa a los demás. Y si no es capaz de dar el primer paso solo, que pida ayuda psicológica para poder sentirse cómodo consigo mismo y con los demás».

Y ELLOS, ¿QUÉ OPINAN?

¿Se paran los adolescentes a reflexionar sobre cómo son realmente? ¿Dependen en exceso de lo que piensan otros? Les damos la palabra para que nos expliquen qué circunstancias son las que dañan su autoestima en su vida diaria y cómo recuperan la confianza en sí mismos.

Cómo sanar la autoestima de los adolescentes

Fuente: El Mundo

¿Consideras que tu hijo adolescente es demasiado joven para una conversación sobre el consumo de alcohol entre menores? Piénsalo dos veces.

La adolescencia temprana es la etapa en la que algunos niños comienzan a experimentar con el alcohol o a sentir presión para beber. Para alentar a tu hijo adolescente a que evite el alcohol, habla con él o ella sobre los riesgos y la importancia de tomar buenas decisiones.

Por qué beben los adolescentes

Los adolescentes son particularmente vulnerables al consumo de alcohol.

En un esfuerzo por ser más independientes, los adolescentes comienzan a tomar riesgos y a buscar situaciones nuevas y emocionantes. Esto podría incluir el consumo de alcohol. Los adolescentes también empiezan a sentirse más cohibidos y buscan pistas en sus amigos y en los medios de comunicación sobre cómo estar a la altura de las circunstancias. Aquellos que no sienten que encajan pueden experimentar con el alcohol para complacer a sus amigos. Los adolescentes también pueden probar con la bebida para lidiar con el estrés de la escuela o las transiciones, como el paso de la escuela intermedia a la secundaria.

Hablar sobre el consumo de alcohol entre menores de edad

Es posible que tú no estés seguro de qué decir y que tu adolescente trate de esquivar la conversación. Para comenzar la conversación, elige un momento en el que ambos estén relajados. No te preocupes por cubrirlo todo. Si hablan con frecuencia, puedes tener una mayor repercusión en tu adolescente que si hablan solo una vez.

Cuando hablas del consumo de alcohol entre menores de edad:

  • Pregúntale a tu hijo cuál es su punto de vista. Averigua qué piensa tu hijo adolescente sobre el alcohol. Si tu hijo adolescente está interesado en beber, pregúntale por qué.
  • Desmiente los mitos. Los adolescentes a menudo piensan que beber los hace populares o felices. Explica que el alcohol puede hacer que te sientas «drogado», pero es un depresivo que también puede causar tristeza e ira.
  • Analiza las razones para no beber. Explica los riesgos del consumo de alcohol por parte de los adolescentes y apela a tu autoestima. Si tienes antecedentes familiares de alcoholismo, sé honesto. Explica que tu adolescente podría ser más vulnerable al uso dañino del alcohol.
  • Planea maneras de manejar la presión de grupo. Haz una lluvia de ideas con tu hijo adolescente sobre cómo responder a las ofertas de alcohol. Podría ser tan simple como decir: «No, gracias» o «¿Tienes un refresco?».
  • Está preparado para las preguntas. Tu hijo adolescente podría preguntarte si tú bebiste alcohol cuando eras menor de edad. Si lo hubieras hecho, podrías admitir un momento doloroso relacionado con la bebida.

Consecuencias del consumo de alcohol entre menores de edad

Comparte con tu hijo adolescente algunos datos sobre los peligros de consumir alcohol en la adolescencia. El consumo de alcohol entre menores de edad puede conducir a lo siguiente:

  • Muertes relacionadas con el alcohol. Los accidentes de tránsito relacionados con el alcohol son una de las principales causas de muerte en la adolescencia. Los ahogamientos, suicidios y asesinatos de adolescentes también se han vinculado con el consumo de alcohol.
  • Actividad sexual. Los adolescentes que beben tienden a volverse sexualmente activos más temprano y a tener relaciones sexuales con más frecuencia que los adolescentes que no beben. Los adolescentes que beben también son más propensos a tener relaciones sexuales sin protección que los adolescentes que no beben.
  • Problemas escolares. Los adolescentes que beben tienden a tener más problemas académicos y de conducta que los adolescentes que no beben.
  • Alcoholismo. Las personas que comienzan a beber en la adolescencia son más propensas a padecer dependencia al alcohol que las personas que esperan hasta la adultez para beber. El consumo compulsivo de alcohol entre los adolescentes también puede aumentar el riesgo de adicción al alcohol más adelante en la vida.
  • Delitos violentos. Los adolescentes que beben son más propensos a ser lastimados en un delito violento, como una violación, un asalto o un robo.

Otras maneras de prevenir el consumo de alcohol entre menores de edad

Además de hablar con tu hijo adolescente:

  • Apoya a tu hijo adolescente. Tener una relación de confianza puede ayudar a prevenir que tu hijo adolescente experimente con el alcohol. Pasen tiempo juntos y haz que tu hijo adolescente sienta que es fácil hablar contigo.
  • Conoce las actividades de tu hijo. Presta atención a los planes y el paradero de tu hijo adolescente. Alienta la participación en actividades supervisadas después de la escuela y durante el fin de semana.
  • Establece reglas y consecuencias. Las reglas pueden incluir dejar las fiestas donde se sirve alcohol y no viajar en un auto con un conductor que ha estado bebiendo. Llega a un acuerdo sobre las consecuencias de romper las reglas con anticipación y hacerlas cumplir.
  • Pon un ejemplo. Si tú bebes, hazlo con mesura y explícale a tu hijo adolescente por qué está bien que los adultos beban responsablemente. Describe las reglas que sigues, tales como no beber y conducir. No le sirvas alcohol a nadie que sea menor de edad.
  • Alienta las amistades saludables. Si los amigos de tu hijo beben, es más probable que tu hijo también beba. Conoce a los amigos de tu hijo y a sus padres. Trabaja con otros padres para monitorear lo que están haciendo sus hijos y mantenerlos a salvo.

Fuente: Mayoclinic, El País, Losqueno.

Los corazones rotos en la adolescencia aportan la experiencia del amor romántico que los jóvenes necesitarán para tener relaciones sanas y satisfactorias de pareja cuando sean adultos. Para un adolescente, los primeros desengaños amorosos se pueden convertir en todo un mundo y el apoyo de sus padres les puede ayudar a gestionar la situación emocional que se desencadena con las experiencias del desamor. “Los adolescentes adquieren un aprendizaje profundo cuando hacen sus primeros pinitos en las relaciones amorosas y también cuando sufren desengaños, ya que las primeras relaciones se caracterizan por un fuerte componente idealizador que va a ir modulándose a lo largo de la vida hasta encontrar una elección de pareja más ajustada y satisfactoria”, explica Gonzalo De Casso, psicólogo del Centro Nudos.

El papel de los padres

Una de las claves para ayudar a los hijos adolescentes en sus amores y desamores es que acepten que este “tiene su propia vida y toma sus propias decisiones, en las que, a veces, se equivoca y no se da cuenta hasta que no lo experimenta por sí mismo, como les ha pasado a los propios padres a lo largo de su vida. Es conveniente que los progenitores den su opinión y ofrezcan su experiencia, pero sin un excesivo intervencionismo y evitando tapar la herida antes de que se produzca para que nuestro hijo no se sienta incapaz y frustrado”, comenta De Casso.javascript:false

Los padres de un adolescente que vive una situación de desamor “pueden aportar cierta sensatez para ayudar a que su hijo tome cierta perspectiva y que a esas emociones tan intensas les acompañe cierta elaboración que le ayude a tomar precauciones en pleno apogeo amoroso y a relativizar la situación del hundimiento del primer amor. El objetivo, como en todos los duelos, es que nuestro hijo elabore la pérdida pasando por diferentes fases, como negación, rabia y tristeza, para, finalmente, aceptar la pérdida y renovar su deseo hacia nuevos encuentros amorosos. El duelo adolescente en el amor no tiene que ser tan prolongado como el de los adultos y si vemos que persiste más de seis meses podemos plantearnos ofrecer una ayuda psicológica a nuestro hijo”, añade el psicólogo.

El enamoramiento, todo un reto para el corazón del adolescente

Enamorarse es una experiencia potente y “la adolescencia es la etapa de las emociones, vivencias y creencias intensas. Es típico el pensamiento en blanco y negro; las convicciones absolutas, las amistades eternas y los amores con total entrega; dramáticos y apasionados. Las vivencias de desamor, desengaños; los corazones rotos se viven de la misma manera. Todo tiende al dramatismo; todo es importante. Al adolescente se le hace difícil relativizar y no tiene la experiencia suficiente como para saber en carne propia que todo pasa y se puede superar”, comenta Tristana Suárez, psicóloga y terapeuta Gestalt.

El enamoramiento es un deporte de riesgo porque “supone una gran exposición; el corazón se abre al amor y al mismo tiempo al dolor. No es algo que se pueda controlar a voluntad. La tendencia a la idealización del otro es notable, casi se puede decir que nos inventamos a la otra persona como necesitamos que sea. En realidad, el enamoramiento es más una proyección de las propias necesidades que un encuentro real entre dos personas. Por ello, cuando acaba es tan doloroso, porque se cae desde muy alto y las carencias propias vuelven a quedar en el vacío”, explica Suárez.

El rechazo amoroso para un adolescente supone “el paso de la relación con el grupo a un nivel mayor de intimidad y compromiso, lo cual requiere un mínimo de madurez y también de fuerza. Se comprueba la capacidad para seducir y gustar, pero también queda más expuesto que nunca al rechazo y al potencial abandono. Cuando esto ocurre y el enamorado no es correspondido, se reabren heridas de la infancia, se confirman temores sobre el propio valor y pueden aparecer sentimientos de vergüenza, culpa o miedo”, añade Tristana Suárez.

El duelo por la pérdida de un amor en los jóvenes y cómo ayudarles

Hay muchos tipos de duelo en la vida y el desamor es uno de ellos. “El adolescente va atravesando las etapas de la pérdida y asumiéndola poco a poco. Por eso es tan difícil ayudar desde afuera. Muchas veces, solo nos queda el papel de acompañantes del camino. Escuchar sin juicios ni consejos, compartir nuestras propias vivencias sobre el asunto, estar disponibles y receptivos, pero sin invadir, servir de hombro para los llantos y las rumiaciones, porque se le dan una y mil vueltas a las mismas situaciones o ver películas y leer libros sobre desamores que sirvan para el desahogo y la conversación. El corazón roto se va curando con tiempo y cariño. Los amigos se vuelven fundamentales, los apoyos sirven para ir soltando y despidiendo lo que no pudo ser y para abrir la mirada hacia lo siguiente que pueda venir”, concluye la psicóloga Tristana Suárez.

Fuente: Carolina Pinedo. El País.

El mensaje es potente y claro, pero eso de poco o nada sirve si no llega a su destinatario. Es lo que parece estar pasando con las repetidas llamadas de autoridades sanitarias y políticos a los jóvenes para que tomen conciencia de que ellos se han convertido ahora (no son los únicos) en principales transmisores en los últimos rebrotes en España del coronavirus.

Prohibir los botellones y anunciar cuantiosas multas para los infractores –como han hecho Catalunya Andalucía, cuando en muchas ciudades esas reuniones remojadas con alcohol están ya prohibidas por las ordenanzas– genera titulares y queda muy bien como declaración o intención política para frenar los contagios. Pero si ese anuncio no viene acompañado de un plan o estrategia para que el mensaje llegue a los que montan esos botellones, toda esa puesta en escena y declaración de intenciones va a servir de muy poco.javascript:falsePUBLICIDAD 

Y el principal problema con esta resucitada pandemia es que el reloj juega en contra. Aquí no valen campañas con resultados a largo plazo. El mensaje tiene que llegar a los jóvenes en horas y eso, ha quedado demostrado, no siempre se consigue con los medios convencionales. La mayoría de adolescentes no leen periódicos, ni están atentos a los informativos de las televisiones o emisoras de información veinticuatro horas de radio. Si se quiere llegar hasta ellos para que entiendan los riesgos y asuman el papel que están jugando en el rebrote de esta pandemia hay que ir a los canales que más utilizan esos adolescentes para comunicarse.

Una iniciativa impulsada por el CAP y el Ayuntamiento de Tàrrega, con el mensaje de una joven de 20 años que perdió a su abuela en el pico de la pandemia, es un ejemplo. Como la campaña protagonizada meses atrás por un médico español, que tuvo también gran repercusión entre los jóvenes al propagarse en canales digitales con un mensaje muy claro: “No sois el centro del mundo”.

Pero ojo, “criminalizar ahora a los jóvenes, considerales como únicos culpables de lo que está pasando, no sería la mejor estrategia si lo que se busca es que respondan con responsabilidad a esta crisis”, alerta Beatriz Martín, directora general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

“Lo que siempre hay que tener presente –afirma Anna Sanmartín, subdirectora del Centro Reina Sofia sobre Adolescencia y Juventud de la FAD– es que esta es una responsabilidad colectiva, del conjunto de la sociedad”. Considerar que el problema ahora es solo culpa de “una practica generalizada de la gente joven sería un error, igual que decir que todo lo que pasa es responsabilidad de los adultos”, añade Sanmartín.

Expertos proponen tres vías para que esa información llegue a su destino: redes, familia y ocio nocturno

Cumplir normas y recomendaciones siempre estará sujeto al nivel individual, y eso vale también para el universo de la adolescencia. Pero con los jóvenes, coinciden Martín y Sanmartín, hay unos actores que deberían implicarse mucho más en la transmisión del mensaje. “Las familias juegan un papel determinante y deben de dar ejemplo, al igual que los responsables de las empresas del ocio nocturno. Esos locales, cuando vuelvan a trabajar con normalidad, pueden hacer mucha pedagogía si obligan a sus clientes a mantener todas las medidas de protección”.

Otra clave en este tema, afirman estas expertas –lo que también comparte la psicóloga clínica infanto-juvenil, Mara Cuadrado– está en elegir muy bien los canales para transmitir el mensaje. “Hay que montar ya campañas expresamente dirigidas a ellos, con la colaboración de youtubers o influencers ”, apunta Cuadrado, “en vez de centrarlo todo en multas por botellones o por no llevar la mascarilla”. Esas sanciones las acaban pagando los padres. “Habría que idear, para los infractores y no responsables con el tema, algún tipo de actividad social o trabajos para la comunidad relacionados con los riesgos de la Covid”, apunta esta psicóloga.

En este sentido, en Catalunya la Generalitat ha puesto en marcha la campaña #Sommaskers para incrementar el uso de la mascarilla entre los jóvenes catalanes y mejorar la prevención de los contagios. Seis influencers publicarán vídeos e historias en TikTok e Instagram con mensajes que piden su uso.

Pretender encerrar en casa a adolescentes y jóvenes en verano es un reto complicado. “Se han comportado de forma ejemplar los tres meses más duros del confinamiento y ahora que han retomado sus relaciones sociales se propone otra vez su asilamiento y eso a estas alturas no se apunta nada fácil”, indica Anna Sanmartín. Así que la mejor receta en estos momentos es desplegar todos los medios para apelar a la responsabilidad de este colectivo que ahora busca alternativas al cierre del ocio nocturno. “La información visual en sus canales y redes que más utilizan tendría que multiplicarse. Con mensajes sobre la importancia de mantener la distancia social, de no compartir copas, ni unas patatas bravas o fumar del mismo porro”, aconseja Cuadrado.

Hacerles entender que ahora deben de cuidar de aquellas personas que les han cuidado a ellos y también cambiar esa percepción que tienen de que este virus no supone ninguna amenaza para su salud, que esto es cosa de gente mayor.

La diferencia entre marzo y abril y ahora (también entre muchos adultos) es que se ha perdido el miedo al coronavirus. Las mismas redes que deberían de servir para que esos adolescentes no bajen la guardia, son canales en los que los jóvenes comparten mensajes con las más disparatadas teorías sobre la Covid, que lejos de ayudarles a tener una visión real del problema fomentan aún más la confusión.

“Hay que convencer para que no fumen del mismo porro, ni compartan la copa o las patatas bravas”

Y la familia. “Es muy importante lo que ven en su casa para que el mensaje tenga coherencia”, reitera Martín. “No puedes pedir a tu hijo que no se reúna con amigos o se vaya de botellón si en casa es testigo de barbacoas y fiestas en la piscina organizadas por sus progenitores. Ese no es el modelo”, alerta Cuadrado.

Estas tres expertas consultadas por La Vanguardia recuerdan que a los jóvenes “siempre les ha gustado transgredir las normas” y si el mensaje no es claro en estos momentos “muchos se dejan arrastrar por lo que hace el grupo: el tonto es el que se pone la mascarilla”. Aunque nunca hay que olvidar que no todos son unos irresponsables. Un alto porcentaje son conscientes de los riesgos y se protegen. Ahora, a esos habría que seguirlos como nunca.

Fuente: La Vanguardia

Si tu hijo se pone nervioso cuando su dispositivo móvil se queda sin batería o se siente mal si no actualiza sus redes sociales de forma continua puede ser que tenga un problema de hiperconexión. La psicóloga Gabriela Paoli ofrece en este artículo un cuestionario para comprobar si existe un ‘enganche’ a la tecnología y ofrece diez claves para mantener una buena ‘salud digital’.

Según el último informe digital 2020 de ‘Hootsuite’ y ‘We are digital’, pasamos de media 6 horas y 43 minutos al día conectados a internet, lo que supone 100 días al año. Sin duda, la crisis suscitada por el coronavirus ha provocado que vivamos ‘más virtuales’ que nunca.

Internet se ha convertido en el ‘analgésico digital’ cuando estamos aburridos o estresados. Y esta situación, que ya viene de lejos, simplemente se ha acelerado. En un mundo de hiperconexión, paradójicamente la soledad se hace más latente y cruel, las redes sociales nos hacen vivir una vida superficial y artificial o el teletrabajo nos vuelve esclavos. En definitiva, la salud se resiente.

La hiperconexión en niños y adolescentes

En cuanto a los pequeños y adolescentes, la situación no es muy diferente. Ellos también han tenido que verse obligados a volcarse en la educación online, con la utilización de diversas plataformas y metodología nueva y desconocida para ellos y para muchas familias, que han hecho que vivamos una verdadera transformación digital en cuestión de meses. Todo esto ha generado mucho estrés, nerviosismo y frustración en casa.

Jóvenes con el móvil hiperconexión

Lo cierto es que a estas edades se necesita de las amistades, experimentar el mundo, atreverse a salir y a vivir experiencias que son fundamentales para la vida. Y no las están pudiendo vivir ‘de manera real’, sino que estas cuestiones se han pasado también al universo virtual. Es decir, no sólo están las clases online, sino además la casi exclusiva forma (virtual) para socializar o entretenerse, y todo ello, va creando las bases de sus valores, creencias e ideas sobre la vida. La sociedad aumentada de las redes sociales les hace sentirse cerca en la distancia, les va haciendo asumir, en muchos casos, personalidades virtuales, identidades idealizadas, exitosas e inalcanzables.https://197121b49835297431a46b6eeeccd1c3.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

«La hiperconectividad a la que estamos expuestos se ha convertido en el agujero negro por donde se escapa nuestro tiempo»

Y es que las imágenes que se comparten en las redes, a menudo poco realistas, les puede hacer sentir incapacidad, falta de confianza, baja autoestima…

Ocho preguntas para saber si tu hijo está ‘enganchado’ al móvil

Con todo esto, ¿crees que tu hijo puede estar enganchado a su dispositivo móvil? Puedes hacer este cuestionario con él para comprobarlo.

joven enganchado al móvil hiperconexión
  1.  ¿Necesitas tener el móvil en la mano o muy cerca de ti, incluso durmiendo?
  2.  ¿Consultas el móvil de forma compulsiva, aún sin recibir notificaciones o emails?
  3. ¿Sientes que si no te conectas te estás perdiendo algo? ¿Sufres ‘FOMO’ (el miedo a perderte algo)?
  4. ¿Recibes quejas de tu familia o amigos porque estás siempre con el móvil en la mano?
  5. ¿Has dejado de hacer las actividades o aficiones que solías hacer porque no tienes tiempo?
  6.  Si tienes el móvil apagado, ¿sientes inseguridad, nerviosismo o incluso ansiedad?
  7.  ¿Sientes molestias si te quedas sin batería, sin señal de datos o sin conexión de Wi.Fi?
  8. ¿Te sientes mal por no poder mantenerte actualizado de lo que ocurre en las redes sociales?

No se trata de demonizar el uso de la tecnología, simplemente es necesario estar alerta puesto que los mensajes y nuestros gestos cotidianos van dejando huella, van creando hábitos y costumbres muy poco favorables para nuestra salud.

La hiperconectividad a la que estamos expuestos se ha convertido en el agujero negro por donde se escapa nuestro tiempo, adormece nuestros sentidos, los deseos, la curiosidad… nos proporciona una sensación falsa de saciedad y gratificación.

Claves para evitar la hiperconexión (tanto en estudiantes como en adultos)

Si en su mayoría se ha respondido con afirmaciones al cuestionario, es vital tener en cuenta estas claves para evitar una sobreexposición o hiperconexión al móvil y las redes sociales.

claves para evitar la hiperconexión
  1. Clases online o teletrabajo: hay que practicar el autocontrol estableciendo franjas de horario de conexión y desconexión.
  2. Vivir conforme a tus valores: son tu brújula porque, además de guiarte, pueden ayudarte a realizar cambios beneficiosos. Prioriza tu bienestar y el de los tuyos.  
  3. Desactivar las notificaciones: interfieren significativamente en tu vida cotidiana porque perturban tus rutinas, te llevan a la multitarea y pierdes concentración y eficacia.
  4. ‘Hacer limpieza’: borra aplicaciones que no uses y perfiles que no te aportan nada. Y busca tu libertad y ‘salud digital’.
  5. Retomar actividades o hobbies: te proporcionarán placer y satisfacción ya que son otras formas de segregar dopamina, la hormona de la felicidad. Así activamos otras áreas del cerebro y le suministramos un disfrute más saludable.
  6. Dedicar tiempo a estar en contacto con la naturaleza.
  7. Utilizar el ‘modo avión’ al llegar a casa.
  8. Evitar la ‘prontomanía’: si no te va bien contestar inmediatamente, hazlo más tarde, no se acaba el mundo.
  9. Activar el ‘tiempo de uso’: consiste en hacer un seguimiento diario y semanal del tiempo de conexión. O si necesitas más ayuda para reforzar tu fuerza de voluntad, existen muchas aplicaciones para controlar el tiempo de conexión y de desconexión.
  10. Utilizar Internet en la medida justa: debe servir para facilitarnos la vida, no para alejarnos del mundo real ni de las personas que nos rodean.

¡Sal de la red y vive una vida real!

Fuente: Educación 3.0

Conviene establecer horarios y espacios claros, evitar alargar la jornada laboral y encontrar momentos para que los progenitores hagan lo que les aporta bienestar en solitario.

Trabajar en casa, lo que para muchos progenitores pudiera ser un deseo inalcanzable, se ha convertido en realidad debido a la pandemia, pero desconectar de las obligaciones laborales en casa cuando llegan los niños del cole puede resultar complicado si no se delimitan con claridad los espacios personales y de trabajo. Para conseguirlo, una de las claves es “la organización y para ello conviene delimitar un espacio físico en casa para el teletrabajo. Aunque se trate de un rincón de alguna estancia, es positivo que esté claro que ese es el lugar de trabajo de papá y mamá, que debe ser respetado por todos, y que no se dedicará a otras actividades. En cuanto a organizar el tiempo, es recomendable establecer horarios claros de trabajo para evitar que se alargue la jornada laboral, porque el hecho de que no exista el límite físico de abandonar la oficina, puede hacer que se extienda el tiempo dedicado a trabajar y sea más difícil ponerle fin”, explica Carla Valverde, psicóloga del Centro de Salud Mental de San Blas en Madrid.

Para conseguir que teletrabajar en casa resulte positivo, tanto para los padres como para sus hijos, conviene que los progenitores “respeten los tiempos de descanso o comidas y dedicar espacio para el autocuidado, con actividades que ayuden a desconectar, sentirse bien y no agotarse, como el deporte, la lectura o un simple paseo. Con respecto a los niños, conviene anticiparles cuánto tiempo estaremos trabajando y darles indicaciones concretas sobre qué esperamos de ellos durante ese momento, como ayudarles a ser conscientes de que necesitamos que lo respeten y por qué, decidir juntos a qué se dedicarán ellos mientras papá y mamá trabajan o señalarles que no deben interrumpirnos”, comenta Valverde.

El papel de los hijos cuando los padres teletrabajan

Los niños juegan un papel fundamental para que el sistema del trabajo de sus padres en casa funcione, pero necesitan que sus progenitores estructuren “la actividad y el tiempo para evitar tiempos muertos. Se puede conseguir estableciendo la hora de los deberes, del juego; de la ducha o de la cena. Es decir, una rutina beneficiosa que evite que interrumpan la actividad laboral de los padres en casa. Una vez finalizadas las obligaciones, conviene buscar una diversidad de actividades lúdicas a las que puedan dedicarse, como jugar con sus juguetes, leer cuentos, investigar sobre algún tema que les despierte curiosidad, hacer manualidades o realizar alguna actividad física o deportiva”, añade la psicóloga Carla Valverde.

La edad de los niños influye en la percepción del teletrabajo de sus padres desde casa

Los niños más pequeños tienen más dificultad para “entender el hecho de que ver a sus padres físicamente, no supone que estén disponibles. Los niños más mayores están más adiestrados en adaptarse a los adultos, comprenden mejor las normas y pueden abstraerse mejor de lo que dicen sus sentidos. Para conseguirlo más fácilmente, conviene que haya espacios físicos distintos dentro de la casa, pero hay veces en que esto no es posible y viene bien, además de marcar horarios los más claros posibles para distinguir el trabajo del ocio, hacer algún cambio físico en la distribución de los muebles, la decoración o, incluso, algún objeto claro y visible que indique si se está en modo trabajo o no”, explica Tristana Suárez, psicóloga y terapeuta Gestalt.

Los niños, en general, están “felices con el hecho de tener a sus padres tan cerca. Es algo que casi todos consideran como un regalo de la pandemia, ya que en general los padres que trabajan fuera suelen estar mucho tiempo ausentes. Sin embargo, esta situación puede requerir de los padres mucha flexibilidad para estar cambiando de tarea y actitud muchas veces en el día; de la atención al trabajo a la de los hijos. Hablarles un poco de lo que el padre o la madre se trae entre manos, también ayuda a los niños a comprender y compartir con más paciencia y a sentir que pueden asomarse a esa cosa misteriosa que suele ser el trabajo de los papás”, Observa Suárez.

Salir a la calle es una opción estupenda para desconectar del trabajo y aprovechar para “dar un paseo con los niños, hacer compras, jugar o respirar al aire libre, aunque muchas veces los padres necesitan un rato a solas antes para hacer el tránsito de modo trabajo a modo familia y cada cual debe encontrar lo que mejor le funcione, como preparar la agenda para el día siguiente, charlar con un amigo, meditar, hacer unos estiramientos o salir a correr un rato”, concluye la psicóloga Tristana Suárez.

Fuente: El País

Elegir los disfraces, decorar las calabazas y recoger ricas golosinas alegra a muchos niños el día de Halloween. Algunas tradiciones de Halloween serán diferentes este año para mantenernos sanos durante la pandemia del COVID-19. Sin embargo, todavía hay muchas maneras en que las familias se pueden divertir sin el miedo de ser expuestos o de esparcir el virus.

Lo más importante es seguir haciéndolo que ha estado haciendo: evitar aglomeraciones de gente, mantener una distancia de dos metros (seis pies) de otras personas, usar cubiertas de tela para la cara (¡piense súper héroe!), y lavarse las manos a menudo. Aquí, algunas ideas para mantener medidas de seguridad mientras celebra: 

Fiestas de disfraces virtuales y desfiles

Use chats de video para hacer una fiesta en línea con amigos y familiares y mostrar los disfraces y jugar juegos. ¡Diviértase con esto! ¡En los climas fríos, esta puede ser la primera vez que su niño se puede poner un disfraz que no esté escondido bajo un abrigo! Los desfiles de disfraces al aire libre son otra opción, si es posible que todos se puedan mantener a por lo menos 2 metros (6 pies) de distancia y usar mascarillas de tela.

Recuerde: una máscara de disfraz no es un sustituto de una cubierta de tela para la cara, a no ser que tenga varias capas de tela de tejido transpirable y que cubra bien y cómodamente la boca y la nariz.

​Si los niños piensan en usar mascarillas como parte de sus disfraces, no deben pintarlas ya que algunas pinturas contienen toxinas.​​

​​​​​Noche de películas de terror/miedo

Celebre con una noche de película y vístase como su personaje favorito. Hágalo en casa con su familia y considere dejar que los niños vean con sus amigos en chats de video, todos empezando a ver la película al mismo tiempo. Para consejos sobre películas apropiadas para la edad del niño, lea más aquí.

Adornar las calabazas

Esta es una tradición de Halloween que sigue siendo tan segura y divertida. Como siempre, tenga cuidado y evite lesiones al tallar la calabaza. Los niños pueden dibujar una ​cara con marcadores. Luego los padres de familia pueden cortar. Cuando terminen de tallar, considere usar una luz de pila en lugar de una vela/llama para ponerla adentro de la calabaza.

Platillos con temas de Halloween

Prepare algunos platillos divertidos para Halloween en familia. Adorne una pizza con aderezos/ingredientes en forma de calabaza linterna, por ejemplo, o haga calabazas con mandarinas (pele la mandarina y ponga una rebanada fina de apio encima para que parezca un tallo). Cerciórese de que sus platillos no presenten un riesgo de asfixia si tiene niños menores de 3 años.

Eventos comunitarios al aire libre 

Busque eventos comunitarios al aire libre en su localidad. Manténgase alejado de las muchedumbres y agrupamientos, y siga la regla de mantener una distancia sana incluso cuando esté al aire libre.

Un bosque embrujado o un laberinto de maíz son mejores opciones, siempre y cuando se use mascarilla, se practique distanciamiento social y se haga cumplir la ruta en una sola dirección. Si cree que va haber gritería, guarde una distancia adicional para disminuir el riesgo de propagar el virus respiratorio. Si usted va a un huerto/parcela de calabazas o a un huerto de manzanas, use también desinfectante para manos antes y después de tocar el fruto que recoge. 

Recuerde a los niños que tengan cuidado con los automóviles ya que los conductores no siempre pueden verlos. Cerciórese de que los zapatos les queden bien y que los disfraces no sean muy largos para prevenir que se enreden o tropiecen o que entren en contacto con llamas.​

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Si dejan pedir dulces en su comunidad…

Este año, pedir dulces de casa en casa puede no ser recomendado o cancelado en algunos lugares. Una búsqueda/caza de tesoros para encontrar golosinas en su casa o patio puede ser una alternativa divertida. Si pedir dulces en su vecindario es una posibilidad, evite grandes aglomeraciones o agrupamientos en las puertas de las casas o en cualquier otro lugar. Si usted va a repartir golosinas, considere sentarse fuera de la casa y poner bolsitas separadas y empacadas individualmente con golosinas para que las familias las recojan (no olvide usar su propia mascarilla). Los regalitos que no son comestibles también son una buena opción, especialmente para niños que sufren de alergias alimentarias.

No está muy claro cuánto el tocar objetos contribuye a la propagación del virus. Pero si su niño recoge golosinas de varios vecindarios alejados, trate de limpiar las envolturas o déjelos a un lado sin tocarlos un par de días antes de dárselos a su niño. ¡Y, por supuesto, siempre es buena idea practicar buena higiene de las manos como lavarse las manos o usar un desinfectante antes y después de pedir dulces!

Recuerde:

¡Halloween durante la pandemia del COVID-19 le brinda una buena oportunidad a usted y a sus niños de ser creativos, e incluso empezar algunas nuevas tradiciones en su familia! También es una gran oportunidad para dar un ejemplo de flexibilidad y una actitud positiva. Si usted se emociona y lo hace divertido, sus niños también se divertirán.

Y lo que es más importante, es una buena oportunidad para enseñarles a los niños la importancia de protegerse, no solo a ellos mismos sino también a otros. Las decisiones que tomamos en este día pueden tener un efecto dominó más allá de nuestras propias familias. Encontrar maneras seguras de celebrar puede crear recuerdos mágicos.