La sociedad construye a través de la educación lo que es. También puede transformarse mediante sus valores y sus hábitos. O al menos intentarlo. Fue su trabajo como educadora con niños que vivían en contextos difíciles lo que llevó a Nora Rodríguez al lugar profesional y humano que ocupa en la actualidad. Pedagoga, escritora y conferenciante en el mundo, lidera el proyecto Happy School Institute sobre neurociencias y educación para la paz. Ahora acaba de publicar ‘Educar para la paz’ (Editorial Kairós), un libro con el que aborda la necesidad de “enseñar a las nuevas generaciones a tener una vida significativa y valiosa pero en la que el propio bienestar no esté reñido con el bienestar de los demás”.

PREGUNTA: ¿Qué es educar y formar para la paz?

RESPUESTA: Es tener en cuenta que la educación no es hoy consecuencia de la necesidad de tener trabajadores para las fábricas sino de una necesidad evolutiva para un mundo que ha cambiado de un modo impredecible en los últimos 10 años –y en el que a más tecnología mayor tiene que ser la educación de la humanidad–. Esto es: enseñar a las nuevas generaciones a tener una vida significativa y valiosa pero en la que el propio bienestar no esté reñido con el bienestar de los demás. Educar para la paz es un derecho de los niños y de los adolescentes. Ya no se trata solo de pensar qué mundo les vamos a dejar a las próximas generaciones, eso en parte ya lo sabemos o lo imaginamos, de lo que se trata es de impedir que se desarrollen en una atmósfera de desconexión humana en la que el bienestar del grupo les resulte indiferente. Hemos de dejarles nuevas herramientas para que puedan ser verdaderos transformadores de la sociedad en que viven.

P: ¿Estamos a tiempo de educar para la paz?

R: Por fortuna, sí. La evolución ha diseñado nuestros cerebros para adaptarnos y para cuidar del grupo. No es una buena decisión evolutiva seguir educando con la ley del «sálvese quien pueda». Y no es inteligente si queremos empezar escribir la historia en una agenda global en la que ya hay cuestiones urgentes.

P: Mencionas en el libro que tu trabajo como maestra de niños que vivían en contextos difíciles fue lo que te condujo hasta el lugar profesional (y humano) que ocupas ahora “y que no es otro que impulsar una pedagogía para la felicidad responsable, la que pone el foco en el cerebro social”. ¿Cómo defines lo que es la “felicidad responsable”?

R: Las nuevas generaciones han crecido en una época caracterizada por la conquista de una forma de felicidad al alcance de la mano, pero esta es una felicidad que dura poco, que depende de estímulos intensos y efímeros, que se sostiene con bienes materiales y en el éxito fácil. Es nuestra sociedad los niños están obligados a adaptarse a cosas que ni siquiera los adultos sabemos hacia dónde nos van a llevar. Los avances de la tecnología pueden ser un ejemplo de esto. Así que creo que es prioritario ayudarles a desarrollar el sentido de pertenencia, que sientan que forman parte de un grupo en una sociedad global, pero también el desarrollo de aptitudes como la empatía, la compasión, el altruismo, el agradecimiento o la generosidad, o tener muy presente el bienestar de los demás en la toma de decisiones. Eso es la felicidad responsable. Esta es la verdadera innovación en las aulas –y fuera de ellas–, porque la pedagogía de la felicidad responsable no solo es educar el corazón, sino hacerlo en sintonía con el cerebro. Somos seres sociales, nuestro cerebro es un órgano social, y la empatía es como el WiFi con el que nos conectamos.

P: Para lograr la transformación de la sociedad, y hacerla mejor, ¿se debe pasar obligatoriamente por un cambio en la educación que reciben las nuevas generaciones?

R: Sí, sin duda. Es necesario educar de otro modo. Si los seres humanos estamos altamente preparados para conectar armónicamente con los demás, si estamos preparados para tener conexiones armónicas por nuestra naturaleza, en lugar de usar la educación como una herramienta para satisfacer únicamente nuestras necesidades competitivas y egoístas –para alcanzar maneras de acumular bienes o metas de poder– ¿por qué no repensar la educación como una herramienta para servir a un bien mayor?

P: ¿Cómo encaja todo esto en un sistema educativo en el que sigue presente la competitividad y las evaluaciones?

R: Con programas transversales que pongan el foco en aptitudes propias del cerebro social y en las emociones. Por ejemplo, por medio de los programas happineers que llevamos a cabo desde Happy Schools Institute se enseña a niños y adolescentes que ellos también pueden ayudar a construir una sociedad mejor y ser transformadores tan solo con unos micromovimientos de felicidad responsable, siendo diseñadores de generosidad, amables, altruistas… De lo contrario nos estamos quedando con programas para un cerebro que no existe.

Los programas educativos deben tener en cuenta las buenas conexiones en el grupo, la importancia de la ayuda mutua, el entusiasmo que nace de la novedad al resolver problemas y avanzar juntos porque el cerebro humano cuenta con un sistema que nos predispone hacia los demás. Pocas veces se tiene en cuenta que desde edades muy tempranas, a los seres humanos estas capacidades nos hacen increíblemente felices –y que esta felicidad dura más tiempo–. La neurociencia social, si bien es una ciencia nueva, estudia cómo se activan los circuitos en el cerebro cuando dos personas interactúan y su increíble efecto en la memoria y en las funciones ejecutivas.

P: Trabajar la solidaridad en el aula puede ser un recurso para educar para la paz y la no violencia…

R: La solidaridad y el altruismo son potentes motores para la prevención de la violencia. Muchas investigaciones científicas lo demuestran. Personalmente he visto cómo los niños de quince meses (de un modo natural) se ayudan unos a otros, o cómo uno de ellos es capaz de partir en dos una única galleta y compartirla si el otro niño no tiene qué llevarse a la boca. Niños de entre uno y dos años que se acercan a aquellos de su edad que lloran desconsoladamente el primer día de guardería y los abrazan o les acarician la cara en un acto de increíble empatía para consolarlos. Algo que resulta fascinante cuando comprobamos que en la mayoría de las especies estamos no solo conectados para la paz sino que contamos con recursos propios y podemos llevar a cabo actos similares de un modo natural cuando se trata de ayudar a otros, de cuidar, de proteger o cooperar… La escuela es uno de los ámbitos de socialización en los que para los niños es posible estar en contacto y relacionarse con personas con experiencias, contextos e incluso culturas muy diferentes.

P: ¿Cómo aprender a vivir juntos?

R: Activando cada día recursos que permitan una pedagogía de la felicidad responsable. Un ejemplo puede ser el de transmitirles que la verdadera generosidad es discreta, silenciosa, se realiza de forma anónima y de manera respetuosa, y de esta manera se convierte en una fuerza poderosa que los hará sentirse fuertes interiormente. Y no importa si se trata de dar una ayuda material, conocimiento, tiempo, cuidado amable y gentil, pueden dar buenos deseos, trabajo social. Entonces la escuela deja de ser un espacio de alumnos desconectados entre sí para convertirse en una mini sociedad global con emociones constructivas en busca el bien común.

P: Además de la escuela, el entorno social y familiar influye incuestionablemente en la educación de los hijos. ¿Hasta qué punto es importante una nueva mirada hacia la infancia y la adolescencia por parte de todos?

R: Hasta el punto en que si no educamos de otro modo, en el que los padres adquieran el compromiso de comprender que la educación necesariamente tiene que empezar en las emociones y en un sentido social diferente del de hoy, va a ser muy difícil erradicar la violencia de las aulas. Hemos sumergido a las nuevas generaciones en un espacio tecnológico donde la sobreexposición y la obsesión por la imagen los somete a sentirse controlados activando el deseo de controlar. ¿Cómo seguir pensando entonces que el bullying no se convertirá tarde o temprano en una respuesta aprendida y natural si es ante todo un mecanismo de control?

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ninguno se nos escapa que Internet y las nuevas tecnologías invaden nuestras vidas más rápido de lo que podemos asimilar. Los expertos dicen que usadas con responsabilidad, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) constituyen una herramienta positiva y estimulante de aprendizaje, socialización y diversión. Sin embargo, el problema está cuando la relación con y a través de la tecnología se vuelve tóxica, dependiente y peligrosa. Internet y sus dos caras: al mismo tiempo que es una gran ayuda, tiene todas las papeletas para convertirse en un enjambre donde se alimentan estas relaciones tóxicas, entendidas como aquellas negativas, en las que nos quedamos atrapados, con consecuencias cognitivas, emocionales y físicas.

Quizá la solución no es resistirse al hecho innegable de que la tecnología forma (y seguirá formando) parte de la vida de nuestros hijos o, al menos, del mundo en el que viven. La psicóloga Pilar Rodríguez, junto a los periodistas Juan Carlos Blanco y Sonia Martín, ha dado forma al libro Familias EnRedadas (Editorial Morata), en el que explica que para combatir esas relaciones tóxicas es necesario conocer y entender la tecnología, en familia, “porque estamos todos en el mismo barco”. El libro nace “para los padres, preocupados por los contenidos que ven sus hijos en Internet, la facilidad con la que acceden a todo y con la que todos acceden a sus datos y fotos. Y el tiempo que dedican a los dispositivos”. Según el estudio estadounidense Monitoring the Future, “el mayor cambio en la vida de los adolescentes entre 2012 y 2016 ha sido el aumento de tiempo que usan soportes digitales”. En España, el Ministerio del Interior contabilizaba ya en 2014, que el 83% de los mayores de 15 años usaba la Red, entre dos y seis horas diarias. La experta recomienda que “dejemos de preocuparnos y empecemos a ocuparnos. La idea es educar a los niños a relacionarse con la tecnología de manera sana, desde las emociones, respetando espacios, pero con normas y límites e identificando los riesgos. No se trata de prohibirla ni quitarla como un castigo”. De su mano, conoceremos dos grandes relaciones tóxicas, la adicción y los delitos telemáticos.

La adicción a la tecnología

“El uso excesivo del smartphone, la tableta o los videojuegos es uno de los temas más consultados”, explica la especialista. “Como toda adicción –explica-, crea dependencia y búsqueda patológica de la recompensa, con un uso abusivo, compulsivo y reiterado en el tiempo de la tecnología”. Lo novedoso es que los mismos jóvenes se están dando cuenta de cómo la tecnología los seduce. “Reconocen ser un segmento vulnerable, que no pueden regular tiempos ni dejar de estar conectados”. Esta sensación parece ser común en todo el mundo. Según un estudio del Pew Research Center, el 54% de chicos de entre 13 y 17 años, siente que pasa demasiado tiempo al móvil y un 41%, que su uso de redes es excesivo. Por su parte, la organización Common Sense Media indica que el 78% de los jóvenes de esa edad revisa sus redes cada hora y un 75% de ellos admite que sienten la necesidad de contestar inmediatamente. Así, uno de cada dos no descarta que se esté volviendo ciberadicto.

Rodríguez advierte que a los muchos tipos de adicción tecnológica como a navegar de una web a otra sin ninguna finalidad (infosurfing; al móvil (nomofobia es el pavor de estar sin él) o a la compra online compulsiva, hay que añadir, el poder adictivo de los videojuegos. “Los menores no pueden desconectar, se despiertan para jugar, se aíslan y no lo identifican como adicción tecnológica”, señala.

Señales para saber si nuestros hijos están enganchados

  • Si observas cambios en sus rutinas diarias
  • Si disminuyen su concentración y rendimiento
  • Si sustituyen sus actividades de ocio y deporte por tecnología
  • Si se levantan por la noche a jugar videojuegos o chatear
  • Si se saltan horas de comer o dormir por usar tecnologías
  • Si se aíslan de amigos
  • Si se enfadan o frustran por no tener conexión

Delitos telemáticos: relaciones tóxicas a través de la tecnología

Según los últimos datos del INE, el 69,8% de los niños de 10 a 15 años posee un móvil, siendo los 10 años la edad a la que lo reciben por primera vez; a los 12, el smartphone. Este pequeño dispositivo abre más el acceso a un mundo infinito de contenidos y a otras personas con quienes establecer una relación indeseada. Aparecen nuevos riesgos: los delitos telemáticos o ciberdelitos.

Reconocer los riesgos más frecuentes

  • Cyberbulling: El acoso no se acaba en las aulas; las burlas, humillaciones y mensajes vejatorios a través de redes sociales se hacen a cualquier hora, desde cualquier lugar. Pilar Rodríguez cuenta que “algunas señales son que el niño no quiere ir a clase, disminuye su atención, tiene pesadillas, está irritable, triste, ausente y se aísla. Y, luego, no quiere saber nada de redes sociales”.
  • Grooming: La víctima es un menor acechado por un adulto que se hace pasar por alguien de su edad en las redes sociales, atrayendo su confianza. “Su finalidad es abusar sexualmente de él”, alerta Rodríguez. No deja de sorprender el dato de Net Children Go Mobile (2015): el 11% de menores afirma haber contactado en la vida real con personas que ha conocido online. Los signos: se retraen socialmente, modifican su lenguaje corporal ante adultos (cabeza baja, falta de contacto ocular, rechazo), empeoran su rendimiento escolar, sienten ira y miedo.
  • Sexting Es el envío de imágenes cuyo origen está en una acción voluntaria (del protagonista o un tercero con su consentimiento), pero que, posteriormente, otro las difunde sin consentimiento. El delito no es mandar la foto, sino difundirla sin consentimiento.
  • Sextorsion y otras versiones Una derivación del sexting, ya que es el chantaje y amenaza de difusión de imágenes íntimas. Otras relaciones peligrosas son el sexcasting, en el que se obtienen imágenes, con una webcam y sin consentimiento, llegando incluso a hacer montajes con ellas. El stalking es el acoso persistente y obsesivo mediante amenazas e intimidación física.

¿Qué hacer para evitar todas estas relaciones tóxicas?

1. Dime cuánto tiempo estás conectado… Y te diré cómo aumentan las posibilidades de que tu hijo esté enganchado a la tecnología. La autora nos da un ligero rapapolvo: “¿cómo exigirle a un menor que deje a un lado su móvil si lo primero que hacemos los adultos es sumergirnos en nuestro mundo digital de nunca acabar?”. Según el Estudio Anual de Redes Sociales, realizado por IAB y Adglow, los adultos españoles estamos conectados a Internet durante una media de 5 horas y 20 minutos al día. La psicóloga hace énfasis en el punto de partida, el ejemplo.

2. Educar en los conceptos. Pilar Rodríguez recomienda definir a qué nos referimos en cada momento. “Un amigo no es lo mismo que un conocido”, dice. “O una foto puede ser comprometida para unos, mientras no serlo para otros”.

3. Limitar el tiempo de uso. Una medida imprescindible. “Siempre dependerá de la edad y de la madurez del niño, pero es recomendable no superar las dos horas frente a las pantallas. Se puede establecer un horario fijo o permitir a los chicos que organicen esas horas a lo largo del día”, aconseja la experta. Hay que evitar que se levante a ver su móvil por la noche o chatear hasta tarde, perdiendo horas de sueño, así como tener el teléfono encima de la mesa a la hora de comer (empezando por los padres).

4. Participar en su vida digital. Conocer las páginas que ven y conocer la tecnología que usan. ¿Por qué no jugar un día una partida de su juego online favorito? No hablamos de fomentar la adicción; tan solo, compartir lo que a ellos les gusta para poder empatizar y enseñar a los niños a manejarse con criterio, a definir los tiempos y a detectar los riesgos.

5. Poner límites y facilitar la autorregulación. Las normas y límites enseñan a gestionar las emociones de los niños, y fomentar pequeñas responsabilidades desde la infancia como hacer su cama o poner la mesa, ayuda. El buen juicio y el autocontrol son habilidades que resultan especialmente difíciles para los pequeños, porque están asociadas al lóbulo frontal del cerebro, que sigue desarrollándose hasta la segunda década de vida. Por eso, somos los adultos quienes debemos orientarlos. “Cuando un niño se violenta porque se le acaba su tiempo de pantallas o se le corta inesperadamente la WiFi, es importante atajar la conducta. No la emoción: el enfado es válido, pero cómo reaccionar frente a él hace la diferencia”.

6. Tener un adulto a quien acudir. Los padres son el referente de los niños, la mayoría de las veces, aunque es cierto que llegados a la adolescencia, lo son sus pares u otros adultos cercanos. En caso de dificultad, la comunicación con un adulto aligerará su carga para que el joven pueda hablar sin miedo a ser juzgado.

7. Recurrir al control parental. Si bien, lo ideal es basar la relación en la confianza, ante señales de alarma, conviene tener presente que la seguridad del menor prima sobre la privacidad. “En ocasiones el control parental puede ser de ayuda. Este, además de revisar contenidos, permite también bloquear webs y limitar el tiempo de uso”.

https://elpais.com/elpais/2019/01/14/mamas_papas/1547479392_019255.html

El Parlamento de Canarias instó la semana pasada al Ejecutivo regional a incluir en la consulta pediátrica de los 14 años —la última antes de pasar al médico de adultos— un análisis de tóxicos para detectar drogas si los padres lo solicitan. En su exposición de motivos, la proposición no de ley aprobada por la Cámara alude a la importancia de la detección precoz. Pero, ¿pueden unos padres obligar a sus hijos a someterse a la prueba? Los pediatras y juristas consultados consideran que existen métodos menos agresivos e invasivos. En cualquier caso, destacan que el consentimiento del adolescente sería vital. ¿Dónde acaba la prevención y comienza la intromisión en la intimidad de los menores?

La proposición no de ley se aprobó por 44 votos a favor y seis abstenciones, de Unidos Podemos. En la exposición de motivos se destaca la “notable reducción de la edad media de inicio en el consumo de alcohol, tabaco y cannabis”, y se apunta a la necesidad de potenciar la prevención en familias y colegios. Añade que entre los jóvenes canarios está “prácticamente generalizada” la idea de que el “consumo habitual de heroína, alucinógenos, anfetaminas, cocaína o éxtasis no conlleva un gran riesgo”. Por ello, se invita a que en “las analíticas de sangre y orina que de forma normalizada” se realizan en las revisiones a los 14 años se incluyan pruebas para la “detección precoz del consumo” de drogas.

En el Programa de Salud Infantil no consta ningún análisis sistemático a los 14 años. “Ni a esa edad ni a ninguna”, puntualizan los pediatras canarios consultados. “Nos ha sorprendido la noticia. No se ha recabado el asesoramiento de las sociedades científicas”, lamenta Agustín Graffigna, presidente de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria en Canarias, que trabaja en un centro de salud en Tenerife. “La indicación de una analítica debe ser bajo criterio médico, no de los padres”, indica.

Los doctores tienen que informar “sin moralina”

El alcohol es la sustancia psicoactiva más extendida entre los estudiantes y adolescentes de 14 a 18 años. El 76,9% ha consumido alcohol en alguna ocasión, según la última edición de la encuesta Estudes, de 2016, del Plan Nacional sobre Drogas. “En la sociedad española, el mayor problema es el alcohol y el cannabis”, explica el pediatra Félix Notario, portavoz de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia.

El estudio revela que en 2016 la prevalencia de consumo de cannabis alguna vez en la vida era del 31,1%, y que en el caso del tabaco era del 38,5%. La edad media de inicio era de 14,8 años para el cannabis; de 14,1, para el tabaco (14,6, en consumo diario), y de 14, para el alcohol (15,1, para consumo semanal).

“La verdadera prevención debe hacerse en la familia, atendiendo a síntomas como la falta de rendimiento escolar, cansancio anormal, poco interés por las actividades, psicopatologías, trastornos del sueño, de la alimentación, signos depresivos, estados de ansiedad, distonía en relaciones con iguales o con la familia…”, apunta el pediatra.

En el Programa de Salud Infantil del Servicio Canario de la Salud se especifica cómo debe actuar el médico al hablar de sustancias nocivas con los adolescentes. Deben ganarse su confianza y respetar la confidencialidad. “Se intentará convencer a los jóvenes, haciéndoles comprender los peligros físicos, psíquicos y sociales, más que amedrentando y prohibiendo, intentando reducir el atractivo social de estas sustancias e informando sobre los efectos perjudiciales más a corto plazo que a largo plazo”, reza el texto. E incluso se recrean posibles entrevistas con los menores.

“Después, parece adecuado seguir las normas del Servicio Canario de la Salud, como si de un adulto se tratase. Si no fuma se dará un consejo rápido, sin moralina”, se indica. En el caso del alcohol, “se informará de la misma forma, rápido y sin moralina”.

“La generalización de esta prueba no se contempla en ninguna de las guías consultadas”, afirma el pediatra. No consta en los protocolos de comunidades como Cataluña, Comunidad Valenciana o País Vasco. “Hay otros métodos de prevención, este no es el correcto”, dice. “Y de practicarse, tendría que ser con la autorización del menor. De lo contrario, estaríamos invadiendo su intimidad con una exploración agresiva como la analítica. Así se quiebra la confianza con el médico. Es muy importante que confíe en nuestros consejos”, continúa.

Fuentes de la Consejería de Sanidad afirman que no pueden pronunciarse sobre la proposición no de ley porque “el Servicio Canario de la Salud aún no dispone del texto final”. El documento con la propuesta original está colgado en la página web del Parlamento. Una de las dos enmiendas incorporadas fue presentada por Coalición Canaria —partido que gobierna en el archipiélago—, e incluyó en la redacción que la prueba se practique “por solicitud expresa” de los padres (inicialmente solo se exigía su “consentimiento”). La otra enmienda, del PSOE, llama a brindar información y asesoramiento orar a los padres, en caso de que los resultados sean positivos.  

“Los menores de edad son titulares de derechos fundamentales como si fueran mayores, lo que ocurre es que en algunos casos su ejercicio se hace a través de otras personas, como los padres o tutores”, explica Miguel Presno, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Oviedo. “Aquí estaría en juego la integridad física y moral del adolescente, el derecho a que no haya una intromisión en su cuerpo sin su consentimiento, su derecho a la intimidad”, añade. “La Ley de Autonomía del Paciente especifica que no se puede hacer ninguna intervención sin informar al paciente y no distingue entre menores y mayores. Incluye algunas excepciones: cuando esté privado de conocimiento o no sea capaz de comprender la intervención que se lleva a cabo. En este caso, ni están inconscientes ni es posible que alguien de 14 años no sepa lo que es un control de drogas”, apunta. “Según nuestra legislación, los menores deben ser escuchados cuando tengan madurez suficiente y, en todo caso, a partir de los 12 años”, prosigue. “Si un niño de 14 años puede hacer testamento, tiene sentido que pueda elegir si se somete a una prueba”, zanja. 

“Los padres no solo tenemos derecho, sino también la obligación de velar por el interés de los menores hasta que cumplen los 18 años”, sostiene la diputada del PP Astrid Pérez, quien presentó la proposición no de ley. “Si no podemos decidir sobre nuestros hijos, bajemos la mayoría de edad”, dice. “Antes de plantear la iniciativa hablé con pediatras y con unidades de drogadicción. La mayoría dice que es una fantástica idea. Esta medida pretende sumar, no ir en contra de nadie. Si alguien tiene una más eficaz, que la proponga, porque los métodos utilizados no funcionan”, añade.

Conocer el entorno

Los médicos consultados insisten en que es más útil analizar el entorno de los menores que un análisis. “Salvo en casos muy concretos, y siempre con su consentimiento, estas pruebas son inútiles y no nos van a decir nada que no nos diga un repaso a sus circunstancias: familia, amigos, estudios, ocio…”, explica José Galbe, especialista en adicciones que trabaja en Zaragoza y es miembro de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.

“Los niños dan muchas pistas. Es muy importante que los padres hablen con ellos y conozcan a la pandilla”, continúa. “Si fuera pertinente el análisis, yo hablaría con el adolescente. Si se negara, no haría la prueba. Le diría al padre que pidiera una orden al juzgado”, señala el doctor. La magistrada de la Asociación Francisco de Vitoria Natalia Velilla ve improbable que un juez accediera. “No es un tema de vida o muerte. Con las vacunas, por ejemplo, es distinto porque es una cuestión de salud pública. Pero aquí hablamos de patria potestad: los padres quieren averiguar si el niño consume, y hay otras formas de saberlo. El juez lo rechazaría por desproporcionado. Es matar moscas a cañonazos”, opina.

Si ahora un padre solicita un análisis de drogas, queda a criterio del médico decidir cómo actuar. “A mí nunca me lo han pedido”, cuenta la pediatra María Eugenia Angulo, que lleva 16 años en atención primaria, ahora en un centro de salud en Las Palmas de Gran Canaria. “Tenemos la obligación de informar al paciente. Hace poco, un chico de 12 años no quiso que lo explorara; intenté convencerlo, pero se negaba y no lo puedo forzar”.

Félix Notario, de la Sociedad Española de la Medicina de la Adolescencia y pediatra en una clínica de Albacete, cree que “los políticos proponen estas pruebas para descargar su conciencia”, pero que no son eficaces. “No hace falta demasiado test. Uno de cada cuatro adolescentes ha consumido sustancias entre los 14 y los 18 años”, apunta. Y pone el foco en la familia: “Si esperamos a que un análisis nos diga que nuestro hijo de 14 años se droga, hemos llegado tarde”.

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Las matemáticas suelen ser el caballo de batalla para los niños en el cole. ¿Por qué se les atragantan los números a los niños en la escuela? La fama precede a esta asignatura de ciencias y “como tienen el mito de ser difíciles, algunos niños se escudan en ello y no se esfuerzan, con la justificación de que son complicadas. Pero, no hay niño que no aprenda, sino un profesor que no sabe enseñarle. Está en manos de los maestros conseguir que los niños dejen de tener miedo y se abran al aprendizaje de las matemáticas, divirtiéndose y sintiendo que pueden adquirir y controlar los conceptos matemáticos que se encuentran en todo lo que hacemos en la vida, por lo que les va a resultar de gran utilidad”, explica una profesora de primaria, que opta por permanecer en el anonimato.

Los números tienen fama de resultar aburridos para niños y jóvenes en colegios e institutos. “Cuando estaba en primaria me resultaban más aburridas y complicadas, ahora en la ESO, lo llevo un poco mejor, pero también porque tengo una profesora particular de la asignatura en casa. Lo que menos me gusta es el cálculo, me parece aburrido y me fastidia que no me salga el resultado. Las clases no son divertidas y muchas cosas no sé para qué me van a servir cuando sea mayor, porque si existen las calculadoras no entiendo para qué tengo que aprender cómo hacer raíces cuadradas. Las clases deberían ser más prácticas y didácticas; no tan mecánicas. Me gustaría que hiciéramos juegos matemáticos y nos explicaran cosas que nos sirvieran de adultos, como hacer la declaración de la renta,” explica Daniella Blaya, estudiante de 3º de la ESO en Madrid.

¿Qué falla en la enseñanza académica de las matemáticas para que muchos estudiantes opinen lo mismo que la joven Daniella? “Esta asignatura está mal planteada porque se parte desde los conceptos abstractos y lejos de lo cotidiano. La matemática es manipulativa; está viva y hay que tocarla, moverla y vivirla. La repetición de tablas, sumas, restas, multiplicaciones o fracciones sin sentido frenan el aprendizaje y alejan del conocimiento debido a la facilidad de cometer errores. Hay que partir desde donde está el alumno para llevarle al aprendizaje que debe hacer y enseñarle la magia de los números”, explica la profesora anónima de primaria.

Quien suspende matemáticas ¿es mal estudiante?

El dicho popular El que vale, vale y el que no para letras, además de denostar el conocimiento que no es matemático, que enriquece la cultura humana de manera determinante, resulta un reflejo del planteamiento social rígido y educativo sobre el conocimiento intelectual. “La música, las artes, la educación física o la filosofía son disciplinas muy necesarias e importantes. Las matemáticas y la lengua necesitan de ellas para ser aprendidas. De hecho, el minimizar su relevancia y potenciar las matemáticas y la lengua de forma aislada ha sido una de las causas principales de este panorama actual de bajos resultados del alumnado en ambas materias ”, comenta María José Lladó Sánchez, psicopedagoga del centro ACIMUT y orientadora psicopedagógica de la editorial Kolima.

Encontrar el potencial y talento de cada niño es fundamental para orientarle de manera adecuada ante su futura actividad profesional. Todos no somos buenos en matemáticas, pero “seguro que lo eres en otras asignaturas. Cada alumno tiene unos dones y habilidades. Descubrirlos y desarrollarlos es parte de la tarea educativa, que es integradora. Ya hemos visto el coste de aislar las matemáticas de las demás disciplinas. Cambiar y visibilizar la importancia de todas las habilidades en las materias educativas e interrelacionarlas es fundamental”, añade la psicopedagoga.

Ayudar a los niños en casa con las matemáticas

Cuando los niños no están llamados por el camino de las matemáticas y se les hace cuesta arriba aprobarlas se les puede echar una mano desde casa con propuestas como las que indica Nuria Ballesteros González, profesora del Instituto Joaquín Turina de Madrid y licenciada en Matemáticas:

  1. Un cuaderno bien organizado con lo que el profesor explica en clase resulta muy útil para no perderse en un mar de números.
  2. Escribir el desarrollo que el profesor hace de los ejercicios en clase.
  3. Adquirir la costumbre de hacer los ejercicios que se mandan para repasar en casa. No importa que salgan mal. La cuestión es trabajar el hábito de pensar de forma matemática y hacer el esfuerzo. Lo incorrecto, se corrige en clase.
  4. A la hora de preparar exámenes, ayuda tener un esquema sobre los contenidos o el tipo de ejercicios que tienen que hay que saber.
  5. La concentración es fundamental para que las cuentas salgan. Las matemáticas requieren comprender bien los razonamientos y para conseguirlo se requiere la atención que permita el desarrollo del pensamiento abstracto. No obstante, cada niño desarrolla estas capacidades a una edad diferente.
  6. El apoyo y el ánimo sin presión cuando el niño suspende las matemáticas es básico para evitar estrés y que los números no se conviertan en un trauma para el resto de su vida.
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El pasado 11 de enero la policía de Layton, una ciudad de Utah (EE UU), informó en su cuenta de Twitter de un accidente. Una joven de 17 años había estrellado su coche contra otro automóvil mientras conducía con los ojos vendados y se grababa para publicarlo en la red. Realizaba el Bird Box Challenge, un reto que se ha hecho viral en las últimas semanas a raíz de la última película de Sandra Bullock. El desafío consiste en llevar a cabo tareas cotidianas como subir escaleras, cruzar una calle o cocinar con los ojos vendados. Este y otros desafíos peligrosos han llevado a YouTube a endurecer sus políticas de control de contenido. La plataforma borrará los vídeos de bromas o retos que pongan en peligro la salud física o psicológica del usuario, según ha explicado la compañía en el apartado de preguntas frecuentes de su web.

En los últimos años, se han hecho virales numerosos vídeos de desafíos en YouTube. Algunos consisten en introducir la punta de un anticonceptivo por la nariz para luego sacarlo por la boca, untarse con alcohol el pecho y prenderse fuego para luego apagarlo con agua o acercarse sigilosamente a un peatón para golpearlo hasta dejarle inconsciente. “YouTube es el hogar de muchos retos y bromas virales, pero debemos asegurarnos de que lo divertido no cruce la línea para que también sea dañino o peligroso”, aseguran sus propietarios en la nueva política de control de contenido.

YouTube eliminará estas publicaciones de la plataforma y castigará a sus autores con una restricción de 90 días en algunas de las funciones de la plataforma como la retransmisión en vivo

La compañía ha incluido en la misma un epígrafe específico para los retos y las bromas peligrosas: “Hemos actualizado las pautas externas para dejar claro que prohibimos los desafíos que presenten un riesgo de peligro grave o muerte, y las bromas que hacen que las víctimas crean que están en grave peligro físico o que los niños experimenten una angustia emocional grave”. Los menores en ocasiones también son afectados por las bromas que se suben a YouTube. Por ejemplo, la de hacer creer a un niño que sus padres han muerto.

YouTube eliminará estas publicaciones de la plataforma y castigará a sus autores con una restricción de 90 días en algunas de las funciones de la plataforma como la retransmisión en vivo. Si se incumplen las políticas en tres ocasiones en ese plazo, se eliminará la cuenta del usuario que haya subido el vídeo. La compañía ha dado a los creadores dos meses para borrar este tipo de contenido de sus canales. Pero después, se eliminará cualquier vídeo que viole estas pautas.

Estas nuevas directrices no solo hacen referencia a los vídeos, sino que afectan a todo el contenido. Es decir, a los comentarios, miniaturas, enlaces o chat en vivo. Por ejemplo, si la imagen en miniatura muestra pornografía o violencia gráfica o los enlaces externos llevan a contenido que pueda incitar a la violencia o al odio, el vídeo también será retirado.Un informe de Buzzfeed publicado este martes denuncia que las imágenes que plasman bestialidad o hacen alusión a ella todavía aparecen en la plataforma pese a que YouTube se comprometió a eliminar ese material en abril del año pasado.

Efectos traumáticos y mortales

Este tipo de vídeos, además de efectos traumáticos en la víctima, pueden tener consecuencias perjudiciales para la salud. Ante el aluvión de personas que han hecho el Bird Box Challenge y han acabado golpeándose o sufriendo pequeños accidentes por ir con los ojos tapados, Netflix ha lanzado un comunicado en Twitter. La compañía ha pedido a los fans de la película que abandonen el reto: “No nos podemos creer que tengamos que decir esto, pero por favor no os hagáis daño con el reto de Bird Box. No sabemos cómo empezó, agradecemos el cariño, pero Boy y Girl [en alusión a los personajes de la cinta] solo tienen un deseo en el 2019 y es que no terminéis en el hospital por culpa de los memes”.

Otro de los retos por el que algunos usuarios han tenido que acudir al hospital es el Tide Pod Challenge. Consiste en tomar cápsulas de detergente para la ropa y compartirlo en Youtube. La Asociación Estadounidense de Centros de Control de Envenenamientos alertó en enero de 2018 de un aumento de intoxicaciones por la ingestión de este producto. El fabricante del mismo, Procter and Gamble, solicitó la ayuda de la estrella de fútbol americano Rob Gronkowski para liderar una campaña de sensibilización pública en las redes sociales .

Hay vídeos que incluso tienen consecuencias mortales. En 2017, Monalisa Pérez, una mujer de 19 años, mató a su novio al dispararle en el pecho para subir un vídeo a Youtube. Ambos intentaban hacer un truco. Una enciclopedia debía parar la bala. Pero su estrategia salió mal. En sus vídeos anteriores, ella le gastaba bromas inofensivas como poner polvos de talco en un donut en vez de azúcar glaseado, rociar cera caliente de una vela encendida sobre su cuerpo o colocar pimienta picante en su bocadillo. Pero esa última vez, se les fue de las manos. La joven era consciente del riesgo que sus acciones conllevaban e instantes antes de disparar a su pareja, lo contaba en Twitter: “Pedro y yo probablemente vamos a grabar uno de los vídeos más peligrosos jamás vistos. Ha sido idea suya, no mía”.

https://elpais.com/tecnologia/2019/01/17/actualidad/1547718558_819241.html?fbclid=IwAR0cDf892qUzAdmPMsQbxf57nvPwf-2o9gQcQWW2kmvs6CEgKQw7aX_iY6k

2019 ha comenzado tal cual terminó 2018: con el mundo recuperando el aliento tras un ciberataque. Si Alemania sufrió a principios de este mes el mayor hackeo de su historia, que dejó al descubierto datos de centenares de políticos, a finales de noviembre fue la gran cadena hotelera Marriott quien reveló un ataque similar, que podría haber afectado a 500 millones de clientes. Pero antes de eso las víctimas habían sido Singapur, Facebook, el sistema bancario de México… no hay blanco a salvo de los piratas informáticos. La amenaza crece al tiempo que empresas e instituciones de todo el mundo hacen frente a otro peligro, igual de acuciante, que es el de la escasez de profesionales expertos en ciberseguridad. Un campo en el que tradicionalmente ha predominado lo autodidacta, pero que comienza a abrirse paso en la formación oficial de universidades y otros centros educativos. Tres opciones para formarse en ‘big data’ (aunque no sepas matemáticas)

‘Blockchain’, la solución para acabar con los títulos universitarios falsos

Se prevé que nueve de cada diez empresas sufrirán un ataque informático en 2019. Y los costes se cifran en 11.500 millones de dólares este año. Los datos resultan abrumadores. Para lo malo, pero también para lo bueno. Y es que el nicho laboral se hace cada vez más grande. De aquí a 2022 las ofertas de trabajo en ciberseguridad se triplicarán, de acuerdo con los cálculos de la publicación especializada Cybersecurity Ventures. Las previsiones apuntan que para entonces habrá 1,8 millones de empleos sin cubrir en todo el mundo, 350.000 de ellos en Europa, según una encuesta del Centro para la Ciberseguridad y Educación (ISC)².

“No es una burbuja, es el nuevo paradigma. Los países ricos ya no van a producir bienes de consumo, sino que generarán riqueza a través de la información. Cualquier empresa tiene que gestionar sus datos, almacenarlos y sobre todo protegerlos”, explica Julien Mur, senior manager del departamento de Information Technology and Life Sciences en la consultora de recursos humanos Hays. El experto señala la causa de ese desfase entre oferta y demanda: “La transformación de la economía se ha producido de forma muy rápida. En una década no se forma una generación de profesionales de la ciberseguridad”.

La velocidad de los cambios se une a la escasez de vocaciones científicas y tecnológicas entre los jóvenes, especialmente en el caso de las estudiantes. “Hace falta promover las titulaciones STEM [las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés], los chicos las ven como difíciles”, explica Maite Villalba, investigadora y directora del máster en Seguridad de Tecnologías de la Información y Comunicaciones de la Universidad Europea. “El inconveniente de la escasez de profesionales en este campo no es igual que en otros sectores. Implica problemas para las empresas, pero también para los ciudadanos y para los Gobiernos. Además, se produce un retroceso en el desarrollo de tecnologías emergentes porque las empresas y los ciudadanos no se van a atrever a utilizarlas”.

La necesidad de profesionales y el crecimiento de los ciberataques conviven con otra contradicción. Y es que aunque Internet está plagado de información y recursos para adentrarse en el terreno de la ciberseguridad, las tareas que realizan estos expertos y lo que hay que saber (y estudiar) para convertirse en uno de ellos siguen siendo una incógnita para muchos estudiantes. A continuación, una guía para disipar las principales dudas sobre cómo formarse para ser un experto en ciberseguridad.

¿Qué hace un profesional de la ciberseguridad?

“Decir que trabajas en ciberseguridad es como decir que trabajas en tecnología. Dentro de eso hay muchísimos perfiles distintos y no todos son tecnológicos”, asegura Marta Beltrán, coordinadora del grado en Ingeniería de la Ciberseguridad de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Lejos de ese estereotipo del hacker que se mueve entre las sombras y la ilegalidad, el campo de la ciberseguridad es mucho más amplio (y en absoluto oscuro): auditores, desarrolladores, analistas, forenses… y sí, también hackers, aunque muy diferentes al tópico que se suele tener en mente.

“Los diferentes perfiles de expertos en ciberseguridad se pueden definir en función de si actúan para evitar los ataques o para dar respuesta cuando se producen”, explica Eduardo Arriols, profesor del grado en Ingeniería del Software en el Centro Universitario U-Tad. El primer grupo, el de los profesionales que se dedican a prevenir los incidentes de seguridad, se divide a su vez en expertos defensivos, que se especializan en asegurar los sistemas, y equipos ofensivos, es decir, auditores que buscan vulnerabilidades, por ejemplo en una web o en una aplicación, para determinar si son seguras o no (lo que se denomina el hacking ético).

Dentro de ese esquema básico caben, por ejemplo, desarrolladores de software seguro; arquitectos, analistas y consultores, que se encargan de definir las necesidades (y soluciones) de seguridad de un proyecto tecnológico; expertos en protección de redes; especialistas en malware, para desarrollar herramientas que los detecten y los eliminen; peritos y analistas forenses, encargados de investigar los ciberataques; criptógrafos y criptoanalistas, que trabajan en el cifrado de la información; directores de seguridad de una empresa —CISO o CSO, según la función que desempeñen—…

El punto en común de todos ellos es que se dedican a resolver problemas. La creatividad y la innovación son dos elementos clave en su caja de herramientas, pues les permiten ir un paso por delante de los atacantes. También es importante la diversidad. “Se necesitan personas de alta cualificación, pero también equipos diversos”, explica Maite Villalba, de la Universidad Europea. “Trabajar en equipo es fundamental y cuando juntas diferentes profesiones y áreas salen ideas que de otra manera no surgirían. Por eso están apareciendo otros perfiles de la rama de ciencias sociales, como los analistas en ciberinteligencia o los juristas expertos en ciberseguridad”.

¿Qué debe saber un experto en ciberseguridad?

A Pablo Ruiz Encinas, que está en su cuarto y último curso del grado de U-Tad, la ciberseguridad siempre le había llamado la atención, pero lo veía casi como una especie de magia incomprensible e inaccesible. “No hay un libro que te puedas leer y decir que ya lo sabes todo. Es todo muy difuso y está desperdigado”, explica. “Hay muchísima información, pero no está concentrada en un punto y cuando quieres empezar hay mucha gente que se abruma porque no sabe por dónde hacerlo”.

Más alumnas en las aulas

El déficit generalizado de vocaciones STEM es un problema que se agrava en el caso de las alumnas, más reticentes a cursar estas carreras, lo que a su vez redunda en la falta de profesionales de la ciberseguridad. “En este campo, solo el 11% de la fuerza laboral mundial son mujeres. En Europa no llegamos al 7%”, asegura Maite Villalba, directora del máster en ciberseguridad de la Universidad Europea.

La experta coordina además un nuevo proyecto de investigación europeo, Be@Cyberpro, que pretende despertar la curiosidad de las alumnas por desarrollar su carrera en el ámbito de la ciberseguridad. “Faltan roles femeninos”, señala Villalba. “Queremos eliminar estereotipos y mostrar mujeres que están trabajando en ciberseguridad, demostrar que hay diversidad y que es una carrera en la que todos podemos entrar y aportar”.

Aunque ese problema se pueda extender a tantas otras profesiones, en la ciberseguridad es especialmente complejo por ser un área de conocimiento de gran carga técnica que, hasta hace poco, no se enseñaba de forma oficial. La incorporación de la ciberseguridad como materia de formación a la oferta de estudios de universidades, escuelas de negocios y otros centros educativos ha obligado a definir qué debe saber un experto en este campo.

La base tecnológica es fundamental, pues para evitar o responder ante un ciberataque es necesario entender cómo se producen. “Se necesita, por un lado, un conocimiento general sobre redes y programación; y por otro, un conocimiento específico en ciberseguridad que abarca la seguridad informática, la legislación, el análisis forense, saber cómo securizar un sistema informático (y no solo analizarlo)…” enumera Paco Marzal, coordinador del grado de U-Tad, en el que los alumnos pueden cursar una especialización en ciberseguridad a partir del tercer curso. “El perfil del estudiante suelen ser personas muy motivadas porque es una carrera muy exigente”.

¿Qué puedo estudiar para trabajar en este campo?

En España hay ya 81 centros que ofrecen formación específica en ciberseguridad, según la guía elaborada por el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe): programas de máster, cursos de especialización, ciclos de FP, grados en ciberseguridad… Entre tanta oferta, ¿qué programa elegir? El itinerario típico es el que apuesta por estudiar en primer lugar una carrera que aporte la base técnica —lo habitual es una ingeniería informática o de telecomunicaciones, aunque también hay expertos que provienen de la rama de las matemáticas o la física—, para después cursar un máster de especialización en ciberseguridad.

La guía del Incibe contabiliza 47 programas de posgrado, con diferentes apellidos según el campo de especialización: informática forense, hacking ético, dirección de seguridad, lucha contra el cibercrimen… El propio instituto colabora con la Universidad de León, ciudad en la que tiene su sede, en su máster en Investigación en Ciberseguridad, que ya va por su undécima edición. El centro acaba de estrenar este curso otros dos másteres en ciberseguridad, uno en el área de Derecho y otro para especializarse en big data en entornos seguros. El foco de su programa estrella es, sin embargo, la investigación. “Para avanzar es necesario conocer todo aquello que está ocurriendo, pero también analizar las nuevas técnicas de los atacantes”, señala Adriana Suárez, coordinadora del máster.

Frente a esta opción, la alternativa de cursar un grado específico en ciberseguridad se va abriendo paso, aunque tímidamente. La Universidad Rey Juan Carlos ha abierto este curso su grado en Ingeniería de la Ciberseguridad, el primero que imparte en España una universidad pública. De este modo pretenden atajar lo que ellos consideran un problema: que la ciberseguridad se aborde como un añadido, y no como una pieza central, en la universidad. “Miramos a nuestro alrededor y vimos que en la mayor parte de los países desarrollados donde la tecnología funciona llevan años impartiendo grados de ciberseguridad. Nuestra apuesta fue crear una ingeniería, muy similar a la informática, en la que se estudiara tecnología segura desde un principio”, explica su responsable, Marta Beltrán.

La primera promoción estudia en sus aulas mientras fuera, las opciones se multiplican. Los ciclos de FP son otra puerta de entrada al mundo de la ciberseguridad. Y los cursos de especialización sirven para profesionales con conocimientos avanzados que quieran profundizar en un área concreta. Sin olvidar la parte autodidacta, fundamental para estar al día en un sector en el que ir por delante de los hackers es una obligación. Internet alberga una gran comunidad de expertos e interesados en la ciberseguridad que comparten conocimientos y recursos: desde grupos en Telegram a webs en las que se proponen retos (como Hack The Box) e incluso competiciones para ponerse a prueba.

Pero aunque el panorama es prometedor —en opciones y oportunidades—, hay quien lo analiza con mirada crítica. “Hasta un punto esa necesidad de profesionales es cierta porque es un campo en el que no ha habido formación específica hasta hace poco. Pero también es verdad que cuando las empresas y la administración hablan de déficit es porque ofrecen puestos muy precarios”, advierte Beltrán. “En muchas ocasiones, la partida para ciberseguridad no es tan alta como debería ser: primero nos preocupamos porque las cosas funcionen bien y luego, si eso, porque funcionen seguras”.

https://elpais.com/economia/2019/01/14/actualidad/1547486152_048652.html

Primero los llamaron Generation Yawn —”generación bostezo”—, denunciando que los nuevos veiteañeros pasaban del alcohol y las drogas para centrarse en su carrera profesional, con Taylor Swift o Ed Sheeran entre sus representantes. “Los 20 son los nuevos 40“, proclamaban algunos titulares. En algún momento, las generaciones previas a estos yawn decidieron erigirse en estandartes de una vida poco saludable que identifican con talentos creativos y la quintaesencia del molar. Pero he aquí una verdad: beber alcohol ya no se lleva, no abre puertas y sigue siendo tan malo como siempre.

En su lugar, movimientos multitudinarios se abren camino en ciudades como Londres y Nueva York, donde desde hace ya cinco años cientos de personas se congregan al alba, convocadas a través de las redes sociales, para una clase de yoga antes del trabajo, comer fruta y escuchar música electrónica. Un cóctel revitalizante como pocos y the place to be —el lugar donde hay que estar— si quiere estar al tanto de las tendencias sociales.

Son eventos caracterizados por la búsqueda de la plena consciencia

Morning Gloryville o Daybreaker son dos de las organizaciones pioneras en este movimiento. Desde 2013 movilizan muchedumbres que “buscan activar su día de una forma diferente”, según explica Matthew Brimer, cofundador de Daybreaker junto a Radha Agrawal: “Estar en el aquí y ahora, rodeados de gente chula, música y muy buenas vibraciones. Se trata de bailar y desconectar antes de ir al trabajo y de sentirse tremendamente sanos y vitales horas antes de iniciar la jornada laboral”. Y todo, con plena conciencia.

Es precisamente la búsqueda de la plena conciencia —lo que en inglés se conoce con un término muy de moda: mindfulness—, que caracteriza a este evento, la que ha traído de la mano toda una corriente, el mindful drinking —beber de forma consciente—, que ha derivado en múltiples formas de ocio por todo el globo.

La hora de los ‘pringados’ del grupo que dicen “no”

En 2015, Laura Willoughby, experta en comunicación y trabajos sociales en Londres, dio un paso más allá en la tendencia. Puso sus energías en fomentar la diversión sin alcohol, la vida sin copas, y la organización de eventos culturales donde lo que se prima, principalmente, es estar cuanto más sobrio, mejor.

Fue entonces cuando, junto a su socio, Jussi Tolvi, fundó el Club Soda. “Somos 15.000 personas seguidoras de la idea, además de pubs, bares, restaurantes e incluso marcas de bebidas asociadas. Todos juntos intentamos desarrollar programas que ayuden a la gente a cambiar sus hábitos de consumo de alcohol”, explica la propia Willoughby.

Lo hacen a través de eventos que promueven el consumo moderado o nulo como algo normal y guay. ¿Las razones de su iniciativa? “Crear un mundo donde nadie se sienta fuera de sitio por el hecho de no estar bebiendo una copa”, dice. Por desgracia, el alcohol está tan integrado en nuestra sociedad que, lamentablemente, no beber resulta absurdo y mal visto. “A muchos jóvenes no les gusta tomarse una copa, pero les da vergüenza convertirse en los pringados del grupo que dicen no”, comenta María Franco, directora de la Fundación LoQueDeVerdadImporta, una institución social cuyos congresos y conferencias inculcan valores positivos, como el de cero alcohol en el ocio.

Saber cuándo parar para disfrutar con plena conciencia

En 2017, los responsables del Club Soda tuvieron la idea de organizar el Mindful Drinking Festival, un macrofestival de dos días donde se pusieran en práctica estos valores y se comunicara a través de charlas, conferencias, juegos, dinámicas, talleres… En solo dos ediciones convocadas —agosto y noviembre— consiguieron reunir a casi 13.000 personas, consolidando así lo que muchos señalan como la nueva modernez social: el Mindful Drinking Movement.

“Podríamos definir el mindful drinking como tomar decisiones conscientes sobre lo que bebes y en qué cantidad. Y, también, saber cuándo parar. Es decir, todo lo contrario a beber sin pensar”, explica la periodista Rosamund Dean, autora del libro Mindful Drinking: How Cutting Down Can Change Your Life (Beber conscientemente: cómo reducir el consumo [de alcohol] puede cambiar tu vida).

“Lo que intentamos —señala Willoughby cuando le preguntamos por el festival—, es cambiar la mentalidad social para que por fin se entienda que una persona a la que no le apetece alterar su estado mental con sustancias tóxicas no es sinónimo de alguien aburrido. Probablemente estemos ante alguien que disfruta mucho más la vida. Con más energía, más en su presente, y sobre todo, libre de hábitos sociales que además afectan a la salud”. Un misión positiva, y por ahora, de éxito, aunque con un largo camino por recorrer del que la propia organizadora es consciente.

“En esta sociedad, que podríamos definir como alcoholcéntrica, dice, el alcohol está bastante ligado al paisaje emocional y social, y eso hace que cuando alguien decide cambiar sus hábitos como bebedor, resulte difícil”. Efectivamente, está tan integrado que irse de vinos es algo tan normal como apuntarse al gimnasio. “Lo hacemos sin pensar y esto se traduce en tomar un vino después del trabajo, abrir una botella en casa para cenar o beber más de lo que de verdad te apetece cuando sales con los amigos”, señala Rosamund Dean.

La explosión de las bebidas sin alcohol

En Reino Unido este movimiento se ha convertido en algo más que una tendencia. “El mindful drinking es parte de un cambio social y cultural para evitar el consumo excesivo de alcohol”, afirma Dean.

“Las generaciones más jóvenes, al menos aquí, beben mucho menos que en cualquier otra época; se organiza el Mindful Drinking Festival en Londres y cada vez se ven más bares y restaurantes que no sirven alcohol; en el mercado, además, se ha producido una explosión de bebidas deliciosas, alternativas al alcohol: diferentes tipos de soda, el kombucha, las bebidas de hierbas, las cervezas sin alcohol, las tónicas botánicas e incluso licores destilados sin alcohol como Seedlip con los que hacer combinados”, describe la periodista. Sin embargo, “este movimiento todavía no ha calado en España”, dice María Franco.

Un 7,1% de los varones entre 25 y 34 años, y un 3,8% de las mujeres de la misma edad confiesan ser bebedores intensivos

De hecho, según cifras del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, el 75,1% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha consumido alcohol en algún momento; seis de cada 10 adolescentes se han emborrachado alguna vez en su vida, y uno de cada tres lo ha hecho en los últimos 30 días.

Con respecto a los adultos, hay cifras que también hacen pensar. La Encuesta Europea de Salud en España 2014 indica, por ejemplo, que un 23,3% de los hombres y un 7,2% de las mujeres afirman beber alcohol todos los días. Y un 7,1% de los varones entre 25 y 34 años, y un 3,8% de las mujeres de la misma edad confiesan ser bebedores intensivos (consumiendo más de 50 gramos de alcohol puro en unas 4 a 6 horas, o lo que es lo mismo el equivalente a unas cinco cañas) al menos tres días a la semana.

“Es una realidad que el alcohol está en nuestras vidas y en la de los jóvenes. Lo utilizan, al igual que otras sustancias, para perder la vergüenza y conseguir ‘superpoderes’“, ratifica Franco. “Por eso hay que informarles para que sepan sus consecuencias —accidentes de tráfico, relaciones sexuales no consentidas, dependencia, etcétera— y fomentar otras maneras de relacionarse y de reforzar su personalidad para saber decir ‘no’ sin sentirse los raros del grupo”.

Ni es extremista ni radical: basta con beber poco

Lo bueno de este Mindful Drinking Movement es que no es extremista ni radical. Ni Laura ni Jussi lo pensaron para quienes solo quieren apostar por convertirse en abstemios totales. Aquí hay cabida para los que quieren aprender a beber con moderación, o practicar, voluntariamente, periodos puntuales de abstinencia, como el famoso ‘Dry January’ (enero seco), un ayuno total de alcohol durante el primer mes del año con el que resarcirse de los excesos realizados en las fiestas navideñas.

Hay generaciones que han crecido en una sociedad donde el alcohol era elemento necesario para cualquier situación; para celebrar algo, para relacionarnos, relajarnos e incluso para aliviar el estrés”, dice Rosamund Dean. Lo importante es que sea cual sea la meta de cada uno, la gente aprenda a cambiar su mentalidad, y se atreva a poner en práctica nuevos hábitos más saludables y comedidos. Porque la diversión y el éxito social sin copas sí son posible aunque, por diferentes razones, para algunos resulte un cambio más arduo que para otros.

De forma particular, por poner un ejemplo, comenta Dean, “las mujeres que entraron en la edad adulta en la década de los 90, o las que fueron seguidoras de Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York, o de Bridget Jones, vieron cómo el alcohol era habitual en la vida de una mujer como la de aquellas. Muchísimo más de que lo que han visto las nuevas generaciones actuales, cuyos iconos son abstemios totales como las Kardashian, o gurús del yoga y el wellness a los que siguen en Instagram”.

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María, profesora de 33 años que prefiere no dar su nombre real, dice que ha vendido su alma al diablo. Da clase de Geografía e Historia a estudiantes de 4º de la ESO en inglés en un instituto público bilingüe de Madrid. “No me causa ansiedad, pero pienso que no estoy haciendo bien mi trabajo. Para resultar cercana a mis alumnos tiro de la ironía y del humor, y eso no lo puedo hacer en inglés porque no es mi lengua materna”, cuenta. En 2013 decidió sacarse la habilitación -el certificado de inglés avanzado (C1) que exige la Comunidad de Madrid– porque no corrían las listas y no la llamaban para dar clase en centros no bilingües. Tardó dos años en preparar el examen y se gastó 3.000 euros en academias. Desde entonces, trabaja como interina a jornada completa todos los años. “Lo he hecho por necesidad: se pierde la riqueza lingüística y todo se traduce, hablamos de Isabella the Catholic (Isabel la Católica), Tagus River (río Tajo) o Wilfred the Hairy (Wilfredo el Velloso)“, explica.

El crecimiento de la red de centros bilingües públicos y concertados en España es imparable. De los 240.154 alumnos matriculados en esos programas en el curso 2010-2011 en las diferentes autonomías (excepto Cataluña que no ofrece datos), se pasó a 1,1 millones en el 2016-2017, un aumento del 360%, según el análisis de EL PAÍS con los datos publicados por el Ministerio de Educación. Los expertos denuncian la falta de análisis y datos objetivos sobre los efectos en el aprendizaje de los alumnos y acusan a las regiones de usar a los estudiantes como banco de pruebas para cumplir sus promesas electorales. El 95% de los alumnos españoles en la red bilingüe ha escogido el inglés como lengua de enseñanza.

“Las familias a menudo toman decisiones desinformadas y eligen esos centros porque socialmente tienen prestigio. Se crean unas expectativas de aprendizaje que no son realistas y hay tantos modelos como autonomías”, apunta Rubén Chacón, profesor de Filología Inglesa en la UNED y coordinador del congreso Biuned, celebrado la pasada semana para revisar los sistemas bilingües con la participación de más de 100 expertos nacionales e internacionales. “El bilingüismo ha venido para quedarse y el profesorado está abocado a adaptarse y formarse para salir adelante”, añade.

Las diferencias entre comunidades son notables. Una de ellas es el nivel que se exige a los docentes para dar clase en la bilingüe. Autonomías como Asturias -que va a la cabeza con el 52,3% de los alumnos de primaria matriculados en inglés y el 33,7% en secundaria- o Andalucía -que ocupa la novena posición con un 30,5% en primaria y la tercera en secundaria con un 28,6%- exigen un nivel intermedio (B2). Otras, como Madrid -cuarta en primaria con un 43,8% de alumnos y en secundaria con un 27,6%- piden nivel avanzado (C1).

“En Andalucía, el programa arrancó en 2004 y el crecimiento no ha sido moderado. No hay suficientes profesores capacitados para hablar bien”, señala Christian Abello, profesor de Filología Inglesa de la Universidad de Sevilla que ha coordinado más de 10 investigaciones sobre bilingüismo. Durante los primeros años, la Junta permitió a algunos docentes dar clase en esos programas con un B1 (nivel intermedio bajo), afirma José Antonio Romero, coordinador del programa bilingüe del instituto público Miguel Servet de Sevilla. “Empezamos sin tener a los profesores preparados y la formación en CLIL –la metodología europea para aprender un nuevo idioma a través de otras asignaturas como las matemáticas– es voluntaria. La Junta no supervisa el progreso de los docentes”, añade Romero.

LENGUA EXTRANJERA COMO IDIOMA DE ENSEÑANZA

Alumnos en programas de aprendizaje integrado en Educación Primaria, ESO y Bachillerato. Curso 2016-17

Fuente: Ministerio de Educación y Educación Profesional. EL PAÍS

Además, hay otro punto que levanta mucha polémica. En la Comunidad de Madriddonde el programa también arrancó en 2004– los alumnos de secundaria se examinan antes de acceder a los institutos y en función de su nivel de inglés se les divide en dos grupos: Programa, donde van los que sacan peores resultados y solo dan una asignatura en inglés, y Sección, que reúne a los más avanzados y reciben, al menos, el 33% de las horas lectivas en la lengua extranjera. 

Sandra, que no da su nombre real, tiene 34 años y es profesora interina de Geografía e Historia en un instituto del barrio madrileño de Vicálvaro, de clase obrera. Ha decidido que no se habilitará para dar clase en inglés porque es una “aberración”. “En mi asignatura hay mucho pensamiento abstracto y me parece una traición para los alumnos, a los que ya les cuesta en español”, cuenta. El hecho de no dar clase en inglés tiene consecuencias: este curso solo la han llamado para impartir media jornada. Tiene dos hijas y gana unos mil euros al mes. Critica que los centros bilingües disponen de más recursos, como por ejemplo el programa Global Classrooms, un simulacro de los debates de la ONU en el que los estudiantes defienden sus puntos de vista y compiten con otros centros. “Aprenden mucho y los no bilingües se quedan fuera”, lamenta.

“Los centros están en una especie de carrera y eso arrastra al profesorado, que, en muchos casos, sufre estrés. Es un experimento social”, apunta Isabel Galvín, responsable de Educación de CC OO de Madrid. De las 365 consultas registradas en el servicio de asesoría laboral del sindicato este trimestre, 185 (cerca del 50%) corresponden a temas de enseñanza bilingüe en la Comunidad de Madrid. “Un problema habitual es el de los interinos que ocupan la plaza de los funcionarios que no tienen la habilitación”, asegura. Ana, de 50 años, que no quiere dar su nombre real, llevaba 12 años en un instituto como profesora de dibujo técnico y hace tres años la trasladaron porque el centro se hizo bilingüe. “No consigo sacarme el C1, veo muy difícil habilitarme”, señala. Cada curso le asignan un centro diferente. Otra de las quejas del profesorado es la tutoría, un encuentro en el que los alumnos cuentan sus problemas académicos y personales que los profesores también deben hacer en inglés. 

Hay docentes que sí se sienten cómodos con el inglés. Javier, profesor interino de Biología y Geología que vivió un año en Estados Unidos, cree que el problema es el planteamiento. “Este modelo segrega a los alumnos en función de sus posibilidades económicas; los que pueden pagar clases de apoyo van bien y los que no van empeorando en los resultados”. Critica que las familias creen que esos centros dan mucho prestigio, pero ignoran que son poco funcionales. “Muchas veces, los alumnos acaban memorizando. Entender materias tan complejas en inglés es un esfuerzo doble”.

LENGUA EXTRANJERA COMO IDIOMA DE ENSEÑANZA

Alumnos en programas de aprendizaje integrado en Educación Primaria, ESO y Bachillerato. Curso 2016-17

Fuente: Ministerio de Educación y Educación Profesional. EL PAÍS

En el informe Magnitud de la segregación escolar por nivel socioeconómico, en el que dos investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona hacen una comparativa de España y el resto de países de la UE, indican que “los centros bilingües están generando procesos de selección” en los que se elige a los estudiantes “con más recursos”, y se deja fuera “a los que más dificultades tienen”. Con gran disparidad entre regiones: Baleares o Galicia presentan una baja segregación -entre Suecia y Finlandia, los países con la tasa más baja-, mientras en Madrid es “altísima” -entre Hungría y Rumanía, los dos países con la mayor tasa de la UE-. El análisis no analiza únicamente a la bilingüe, sino el sistema educativo en general.

“Los alumnos de la bilingüe obtienen peores resultados en la asignatura de conocimiento del medio, un 10% menos que los de la no bilingüe”, indica Antonio Cabrales, investigador de University College London y coautor del informe Evaluating a bilingual education program in Spain (2017), en el que analizaron los resultados de las dos primeras promociones de alumnos de la bilingüe madrileña tras finalizar 4º de la ESO en 2010. Esos resultados se asocian con los niños de familias con niveles de formación inferiores y profesiones menos cualificadas, informa el experto. “Hay un exceso de contenido en las asignaturas y a eso se suma el inglés, hay que prescindir de algo y esa decisión no se ha tomado”, opina Cabrales, en realizó el estudio junto a otros expertos de la Carlos III y la Autónoma de Madrid. Algunos detractores de ese informe señalan que tiene algunas limitaciones, como que los exámenes para medir el conocimiento de los alumnos se realizaron en castellano, cuando esos estudiantes dominan el vocabulario de la asignatura en inglés. 

MÁS INFORMACIÓN

En un informe presentado por la Comunidad de Madrid en junio de 2018, se apuntaba que la tasa de repetidores es superior en los centros no bilingües, un 4,5% en primaria y un 12,5 en la ESO, frente al 3,8% y el 9% en los bilingües. De los 36 millones que el Gobierno madrileño destinó a la red bilingüe en 2016-2017, el 5% se destinó a formación del profesorado y el 69%, la partida más amplia, a los auxiliares de conversación -universitarios de países anglosajones que acompañan una hora a la semana a cada docente en el aula-. Ese mismo documento señala que los alumnos de la bilingüe obtienen mejores resultados en inglés: el 86,5% de los alumnos de 4º de ESO de Sección (el grupo de mayor nivel) tienen un B2, mientras que el 77% de los de Programa tienen un nivel básico (A1), según un análisis de British Council

Asturias, la comunidad con la mayor tasa de alumnos matriculados en bilingüe en secundaria, no divide a los alumnos, tiene un programa “inclusivo”. Allí, los profesores pueden dar clase con un nivel intermedio (B2). ¿Supone eso un problema para los alumnos? “Nuestro objetivo no es que lo hablen como su lengua materna, sino que lo dominen. La figura del profesor ha cambiado; ya no solo es un experto en su campo, tiene que dominar la tecnología y los idiomas”, asegura Francisco Laviana, director de ordenación académica del Gobierno de Asturias. “Es una oportunidad laboral para los docentes y una tendencia imparable”.

Los problemas de formación del profesorado

En su encuesta a más de 100 docentes de centros bilingües de toda España, la investigadora Inmaculada Senra de la UNED, advirtió que el 50% de ellos aseguraba no estar formado en la metodología CLIL (Content and Language Integrated Learning, por sus siglas en inglés), un sistema impulsado por la Comisión Europea que persigue el aprendizaje de un nuevo idioma a través de otras asignaturas como las matemáticas, la geografía o la historia. “La gran mayoría de ellos manifestaron que no tienen tiempo para coordinar las asignaturas con el resto de docentes del centro, y esa parte es esencial para que la enseñanza bilingüe funcione. La idea es coordinar los proyectos para potenciar un vocabulario o una destreza específica”, apunta Senra. Uno de los mayores problemas, según la experta, es que muchos docentes creen que el bilingüismo es dar su clase en inglés. 

Durante los primeros años de implantación del programa, comunidades como Madrid, Andalucía o Asturias ofrecían a los docentes un programa para perfeccionar el inglés de 15 días en Reino Unido. Con los recortes, estas estancias en el extranjero se han eliminado. “Solían ir unos 50 al año, pero por una cuestión financiera, lo hemos suprimido”, reconoce Francisco Laviana, del Gobierno asturiano. 

https://elpais.com/sociedad/2018/12/05/actualidad/1544011044_830446.html

Esta joven parisina de origen español decidió “infiltrarse” en el sistema educativo francés para, tras estudiar cómo aprenden las personas, demostrar que “podíamos tener resultados increíbles si respetábamos más las leyes naturales del niño”.

Céline Alvarez / © Amaya Aznar

“Ah, no soy profesora”, dice Céline Alvarez poco antes de despedirse. Esta parisina de 34 años, de cuyo padre inmigrante español le queda un excelente manejo de la lengua, está presentando Las leyes naturales del niño (Aguilar), un libro donde explica su manera de ver al niño y cómo aprenden. Alvarez sí fue profesora, pero lo considera “una anécdota” que duró tres años y solo para demostrar que sus teorías, basadas en la neurociencia y los últimos conocimientos sobre el desarrollo humano y los mecanismos de aprendizaje, son correctas. El experimento en un aula de infantil del municipio deprimido de Gennevilliers, al noroeste de París, fue un éxito rotundo que ha llevado a cientos de maestros galos a emular su manera de ver la educación. “Pero no es un método”, pide al periodista que no le encorsete. “El método encierra en un sistema fijado, acabado, es la antítesis de lo que pienso. Prefiero hablar de de proceso educativo abierto, científico, evolutivo”.

Si no es profesora, ¿qué es?

No lo sé. Soy una persona que quiere que las cosas cambien, y para eso voy a hacer lo que haga falta. He escrito un libro, quizá haga un documental. Voy a clases, hablo con profesores, con científicos… Soy una persona que nació y creció en un barrio muy desfavorecido de las afueras de París. Es una suerte, aunque al principio no lo consideraba así. Ahí empecé a ver el impacto de un sistema educativo que no era coherente con la manera de ser y desarrollarse del niño, ni con la manera natural de transmitir del adulto. Todos sufrimos esto. Los profesores estaban agotados, deprimidos. Nosotros sufríamos, nos desconectábamos de nosotros mismos, del otro y de la sociedad. Lo he vivido, tuve una escolaridad bastante mala que me provocó rabia, cólera. No entendía esta sociedad. Yo veía que teníamos tanto que dar. Pensaba en cómo podemos gastar estos potenciales cada año. Se volvió una obsesión, quería cambiar el sistema. Yo tenía poco vocabulario, cometía fallos y los psicólogos decían que iba a fracasar en el colegio. Pero tenía algo que nadie me podía quitar: esta envidia, este deseo profundo de que las cosas cambiaran rápidamente. Esto era más importante para mí que todo lo demás. Quiero que el mayor número de niños posibles puedan acceder a esta educación que yo llamo fisiológica, adaptada a la forma de aprender del ser humano.

¿Cómo va esta expansión de sus ideas?

Lo primero que hice fue estudiar las neurociencias afectivas, cognitivas y sociales para ver los grandes principios que se ponían de relieve y que se podían constituir como no negociables, universales y comunes a todos los seres humanos. Empecé a estudiar esto para tener una base científica, objetiva, sobre la que apoyarme y pensar y reflexionar. Cada año en Francia el 40% de los niños sale de Primaria con dificultades en lectura o matemáticas que son tan grandes que no pueden tener una escolaridad normal en Secundaria. Esto es inaceptable. Un niño que no sabe leer bien o hacer matemáticas como se espera no solo falla en el cole, pierde la confianza en sí mismo, empieza a ser agresivo, se desconecta del sistema. Así que decidí hacer una cosa que nunca había pensado hacer, que es infiltrarme en el sistema educativo público francés para enseñar que, sin cambiarlo todo, solo adaptándose, podíamos tener resultados increíbles si respetábamos más las leyes naturales del niño. Estamos fallando proponiendo un sistema que no responde a la forma natural de aprender de las personas.

Céline Alvarez / © Amaya Aznar

Usted ha estudiado el conocimiento científico, sobre todo en las neurociencias. ¿Qué aprendió con sus estudios? ¿En qué consisten sus ideas?

Aprendí que lo que intuíamos era verdad. Son cosas que ya sabemos, pero no ponemos en práctica porque el sistema no es así.

Primero, que lo que más importa es el entorno. El cerebro humano es plástico y las condiciones exteriores son las que lo van a estructurar. No tenemos un potencial o talentos predefinidos determinados. Lo que va a hacer la diferencia entre todos es el entorno social, lingüístico, las experiencias que tengamos o no. Esto nos invita a reorientar la mirada hacia otro sitio que no sean los niños. El ser humano es una máquina de aprender sin esfuerzo y si no puede hacerlo no es por él, es por el entorno.

Segundo, el ser humano está predispuesto a aprender cosas que le motivan y no aprende cosas que no le interesan. Lo que dicen las neurociencias cognitivas es que el ser humano, cuando no es curioso, motivado o entusiasmo, las zonas de la memoria, del hipocampo, se activan poco. Al revés, cuando estamos motivados, curiosos, esas zonas se activan con fuerza. Hacemos que los niños pierdan confianza en ellos cuando les repetimos lo mismo todos los días. Y los deberes, otra vez lo mismo, y cursos particulares…

Tercero, no podemos aprender sin equivocarnos. El error es constitutivo del aprendizaje. Cuando el cerebro hace una predicción y luego ve que hay un desfase entre su predicción y la realidad esto se traduce en una activación muy fuerte de las neuronas y el cerebro reorganiza sus circuitos. Lo que estamos haciendo es pedir a nuestros hijos que aprendan sin equivocarse y estamos provocando en ellos una parálisis cognitiva, es normal que luego haya fobias escolares.

Cuarto, y esto sí que fue un descubrimiento que me transformó, es la importancia de la autonomía. Antes, pensábamos que el cociente intelectual era el indicador del éxito personal, escolar, laboral. Ahora, llevamos diez años sabiéndolo, resulta que el indicador más predictivo del éxito global de un individuo es el nivel de desarrollo de sus competencias ejecutivas, que nos permiten acceder a todos los objetivos que nos marcamos. Esas competencias (son tres, la memoria de trabajo, el control inhibidor y la flexibilidad cognitiva) se van a desarrollar nada más que cuando el niño está en un entorno que le ayude poco a poco a hacer las cosas por sí solo.

Por último, si otro parámetro no es respetado, todo lo anterior no sirve para nada. Lo más importante para el ser humano, que es un ser social, es el vínculo social positivo. Si no, aunque tenga un entorno extraordinario, que le respete, que le permita equivocarse, si el niño siente que está juzgado, que no es amado, le genera un estrés orgánico al ser social que somos que bloquea el aprendizaje y el desarrollo de todas las competencias que tenemos de forma embrionaria en el cerebro. Amor, autonomía y motivación. Con esto cambiamos el mundo.

Con todos esos conocimientos, ¿cómo le fue el experimento en Gennevilliers?

Cuando entré en clase hicimos un test para ver dónde estaban los niños a nivel cognitivo. La literatura científica, con los resultados en memoria de trabajo, etc., puede hacer predicciones de los niveles de fracaso a los seis años. Hicimos los test y eran un desastre. Los niños con cuatro años no conseguían memorizar nada, no prestaban atención, etc. Seis meses después de trabajar esas competencias, solo ayudándoles a ser autónomos en el día a día, a vestirse, a ayudar a la gente, a hablar, resolver los conflictos, a pesar de las predicciones de los psicólogos, un día empezaron a entrar en la lectura y las matemáticas. Leían con tono, alegría, facilidad. Una nena no podía memorizar, pero después de este proceso de la autonomía, decidió que quería leer. Le enseñé un poco los sonidos de las letras y la mandé con su mejor amiga, que ya leía, a que la ayudara. En tres semanas, esta niña con resultados catastróficos leía. Y un año después, cuando tenía cinco e hicimos los test en lectura y matemáticas, tenía los resultados de los mejores niños de ocho años. Subestimamos el potencial de los niños porque miramos en la dirección equivocada. Focalizamos toda nuestra atención en la transmisión de los fundamentales (leer, escribir, contar), pero la mejor forma de que se apropien de ello no es centrarse en eso, sino en el desarrollo de las competencias cognitivas, que les van a permitir acceder a todo lo que quieran.

Céline Alvarez / © Amaya Aznar

Le habrán dicho que esto del “amor” y de no enseñar a los niños cosas que no les interesen es un discurso buenista.

Me encanta cuando me dicen esto porque tengo la alegría de contestar con una experiencia real. Puedo decir, “he llevado un experimento tres años en un barrio desfavorecido, en una clase de 27 niños con grandes problemas, y a pesar de esto tenían año y medio de adelanto en el nivel escolar”. Además, la transformación de los niños fue tremenda. Esto es lo que más chocó a los padres. Lo que pasa en la personalidad de los niños es increíble. Se vuelven seres más empáticos, generosos, con confianza en sí mismos y en la sociedad. Son creativos, perseverantes, radiantes, luminosos, y aunque tengan cuatro o cinco años nos inspiran. No es una personalidad egoísta, competitiva. Al contrario, cuando creas las condiciones lo que se manifiesta es generosidad, empatía, calma, disciplina, sentido crítico, y sin buscarlas específicamente. En centenares de clases y colegios de Francia está pasando y están obteniendo resultados. No es una utopía.

Habla mucho del entorno. Pero una parte del entorno es prácticamente imposible cambiarla. Su familia, dónde nace, las circunstancias.

Yo creo que sí, por eso he escrito este libro. El libro es para todos, pero sobre todo para los padres. Para que se den cuenta de la importancia del entorno, de su rol. No es nada del otro mundo, solo estar más presentes, hablar más con los niños. No creo que nada no se pueda cambiar, aunque sí es verdad que hay niños con un entorno familiar muy complicado. Es lo que pasaba en Gennevilliers, no se imagina los problemas familiares que tenían los niños. Y aún así, cambiando las cosas en el colegio, tuvimos un impacto muy fuerte, los niños cambiaron. Empezaron a aportar otra forma de interactuar en sus casas y se ha extendido a las familias lo que hacíamos en clase. Y las familias, que yo pensaba que no tenían tiempo ni interés por lo que hacíamos en clase, vinieron al final del primer año a preguntar qué estaba pasando en clase porque sus hijos habían cambiado mucho, muy positivamente, y querían hacer algo en casa también. No podemos cambiar todo, pero sí actuar e influenciar desde un lado.

¿En qué consiste el cambio del entorno escolar?

Lo primero es informarse. Justo lo que no hay que hacer es decir, “qué hago”. Porque entonces vas a hacer lo que yo te diga, pero sin saber por qué y vas a caer en un método fijado, dogmático y, al final, seguro que con malos resultados. Lo importante primero es la información. Por eso he escrito el libro, tengo la web con toda la información teórica y práctica. Primero el conocimiento, de manera ligera, inspiradora si es posible. Es importante, porque entonces cada uno podrá hacer elecciones guiado por su conocimiento, por lo que puede hacer, elegir su forma de cambiar las cosas considerando lo que tiene, lo que es y los niños que tiene delante. Hay que permitir al niño que sea más autónomo, nada más. Empezar porque se pueda vestir solo (no elegir la ropa), empezar a cocinar, limpiar lo que quieran, ayudar a los pequeños, ayudarles a hablar y dejarles llegar hasta el final, porque los niños empiezan con una cosa y se lían con otras y se olvidan. Ayudarles a conseguir los objetivos que se fijen. En una clase hay muchas actividades que pueden hacer. Les vamos a presentar esas actividades y una vez que encuentren algo que les guste ponerles una alfombra roja para que lleguen hasta donde quieran. Y siempre van mucho más allá de lo que creemos posible. Otra cosa concreta es dejar de separar al ser humano por edades. ¿Cuándo vamos a dejar de separar a los niños de tres años de los de cinco? Hay que permitir otra vez a los niños crecer juntos mezclando edades. Otra cosa es crear un entorno social alrededor de los niños haciendo un entorno empático que favorezca la ayuda mutua.

Una niña fue liberada este pasado lunes tras llevar varios días raptada. Según la policía, la menor fue embaucada por un adulto a través de un chat de un videojuego. Una situación que entre los padres produce verdadero terror. Ellos deben saber que su labor educativa es crucial a la hora de proteger a sus hijos y, entre otras consecuencias terribles, evitar secuestros. En el caso citado, la chica de 13 años fue engañada por su captor durante días. El hombre consiguió que esta saliera de su casa y se subiera a su coche.

“En mi opinión, se trata de un delito tipificado llamado grooming”, explica la psicóloga infantil Silvia Álava por teléfono. El grooming se define como una serie de conductas y acciones deliberadamente emprendidas por un adulto, a través de Internet, con el objetivo de ganarse la amistad de un menor de edad, creando una conexión emocional, rebajar las precauciones y poder o no abusar sexualmente de él. “Es nuestra responsabilidad como adultos educar a los menores en el uso seguro de la Red. Y hay un mensaje claro: igual que les enseñamos que no se habla con extraños en la calle, ese mensaje tiene que calar necesariamente también con el mundo virtual”, añade la experta.

La sociedad tiene asumido el acceso de los más pequeños a Internet y que este uso es libre. Pero ellos, cuando son pequeños, no reconocen la diferencia entre el bien y el mal. Y por ello, hay que retrasar el acceso a la Red lo máximo posible”, asegura la educadora Cathérine L’Écuyer por teléfono. La autora de Educar en el asombro matizaba en un artículo publicado en EL PAÍS que: “La tecnología en una mente no preparada para usarla, difícilmente será neutra. Y menos si está diseñada para la adicción. Nuestros hijos son hijos de su tiempo, y es cierto que su tiempo no es el nuestro. Pero si deseamos lo mejor para ellos, no podemos dejar que sean esclavos de su tiempo; para ello, necesitamos leyes que no dejen a los padres fuera de juego”.

“Una niña de 13 años tal vez no está preparada, pero Internet está aquí”, prosigue Álava. “Lo fundamental a la hora de la educación virtual es que el padre acompañe al menor en todo momento. Que al igual que le ha explicado que cuando el semáforo está rojo no puede cruzar, tampoco puede entrar a ciertos sitios web”, continúa. “Esencial que no hablen con desconocidos. Está bien que chateen, pero con amigos”, añade.

“Ahora los adolescentes quieren crecer muy rápido, el mundo, la forma de relacionarnos ha cambiado súbitamente, pero su desarrollo cognitivo y madurativo emocional no lo ha hecho a ese ritmo. Sin darnos cuenta, estamos siendo testigos de una sexualización de la infancia que hemos normalizado. Y no puede ser. El joven tiene que entender que su intimidad es suya”, aclara la psicóloga.

Además, el menor no debe colgar ninguna información que apunte a su casa, o a su colegio, entre otros, “y por supuesto ni subir fotos que muestren información personal o comprometida, y el padre tiene la responsabilidad de explicarle por qué es peligroso. La comunicación y cómo se cree la relación de confianza con el menor es fundamental. Es necesario que los progenitores hablen con los niños sobre los posibles peligros reales de relacionarse en la Web como el acoso, el abuso o, incluso, el secuestro. Y además hacerlo lo antes posible”, concluye.

La AEP añade, en su página web que, en caso de duda, los padres deben formarse e informarse para educar a sus hijos en un uso responsable. Recuerde, “sea un modelo para ellos; establezca normas y ponga límites”.

Bulos sobre secuestros

A esto se debe añadir otra preocupación de los progenitores y de las fuerzas de seguridad: los bulos sobre secuestros que a veces llenan los chats de WhatsApp. La policía española ha alertado más de una vez que hay que tener cuidado con este tipo de contenidos. En un comunicado, aseguraban que “los padres estamos conectados todo el día mediante WhatsApp y recibimos todo tipo de mensajes. Debemos tener cuidado con los bulos o informaciones falsas que a menudo recibimos por este medio, chats o correos electrónicos. Hay que confirmar si esas informaciones provienen de una fuente oficial”. “Además, puedes revisar los perfiles sociales de la Guardia Civil o la Policía Nacional donde suelen avisar de esta serie de hechos, que en caso de ser ciertos te ofrecerán información de interés”, terminan.

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