Los expertos animan a padres, instituciones educativas y Administración a practicar las 5C: complementariedad, comunicación, coordinación, confianza y compromiso.

Cada vez más, los departamentos de recursos humanos (RRHH) buscan candidatos que sean capaces de trabajar al mismo ritmo y compartir los mismos intereses que el resto de las empresas. Unos factores que, según las propias compañías, favorecen la productividad. Para ello, una de las cualidades que buscan en los futuros candidatos es que sepan trabajar en equipo; es decir, que cooperen para lograr un fin común. Porque, la cohesión de un equipo de trabajo se expresa a través del compañerismo y del sentido de pertenencia al grupo que manifiestan sus componentes. Cuanta más cohesión exista, mejor trabajarán sus miembros y más productivos serán los resultados de sus acciones.

Por ello, cada vez más expertos animan a padres y madres, instituciones educativas y Administración a que fomenten en sus hijos la destreza del “trabajo en equipo” a partir de la incorporación del esquema de las 5C: complementariedad, comunicación, coordinación, confianza y compromiso.

María Victoria Sánchez, sénior director Page Personnel, manifiesta que, “desde hace algún tiempo, poseer la cualidad de trabajar en equipo es un requisito casi indispensable para cualquier puesto de trabajo. Los expertos en RRHH buscamos esta cualidad en los perfiles de los candidatos porque está demostrado que al trabajar en equipo se ponen más capacidades, inteligencias, ideas y destrezas al servicio de una tarea común, de tal forma que por el hecho de compartir esa actividad los resultados se consiguen de manera sólida y rápida”.

Actualmente, vivimos en una cultura en la que, cada vez más, se tiende hacia la colaboración. Según abundantes estudios, trabajando en equipo se complementan los talentos individuales; aumenta la motivación personal; las personas que trabajan apoyándose en un mismo proyecto aumentan notablemente la productividad; y el aprendizaje que se obtiene cuando se trabaja en equipo, es mayor. En este sentido, Sánchez señala que “cada vez se trabaja más en las aulas según este enfoque. El concepto “equipo” debería, por lo tanto, trabajarse desde que somos pequeños. En el ámbito educativo, estableciendo objetivos para toda una clase o mediante la incorporación de trabajos en grupo. Y también en la familia, por ejemplo a la hora de repartir las tareas del hogar con el objetivo de conseguir un resultado común en menos tiempo y con menor esfuerzo”.

Respecto a la importancia de la labor en los colegios, Dominique Cerri, directora general de InfoJobs, afirma que “es fundamental que desde las aulas se lleven a cabo dinámicas en las que se fomente el respeto a la hora de hablar y de escuchar las opiniones de los demás. También es muy valioso potenciar la escucha proactiva para que los niños y jóvenes se acostumbren a aportar sobre lo dicho en vez de lanzar críticas. Si adquieren estas habilidades cuando son pequeños, les acompañarán a lo largo de toda su vida”.

Sin embargo, familias y colegios tienen actualmente un enorme aliado en la práctica de deportes colectivos, como fútbol, baloncesto, jóquey o rugby, para el aprendizaje del “trabajo en equipo” por parte de niños y jóvenes. En este ámbito, Andrés Parada, preparador físico de FS Valdepeñas de 2ª División y director de la publicación deportiva Futsal360, señala que “desde un punto de vista meramente teórico, el deporte de equipo se caracteriza fundamentalmente por la cooperación, la oposición, la presencia de dos o más jugadores, la interrelación de los mismos, el dominio del espacio o contexto, y el móvil u objeto”. Según Parada, “todos estos aspectos, que el niño trabaja casi de manera inconsciente, podríamos considerarlos como los medios que utilizamos a través del juego para desarrollar una serie de valores o cualidades. Todos ellos se los irá encontrando poco a poco en su camino, tanto en la vida como en cualquier ámbito profesional que pueda desarrollar: “si viajas solo caminarás rápido, si viajas acompañado caminarás lejos”, “nadie puede silbar solo una sinfonía, es necesaria una orquesta” (cooperación), “un caballo nunca corre tan deprisa como cuando tiene otros caballos que alcanzar y adelantar” (oposición), “ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (la interrelación de los jugadores), y mucho más ejemplos en los que no sabemos si hablamos de deporte, del ámbito profesional, o de la vida, porque en cierto modo, es lo mismo”.

Javier Martínez, profesor de Educación Física para Secundaria en el Colegio Los Nogales y profesor asociado del departamento de Ciencias de la Educación en la Universidad de Alcalá de Madrid, añade que, “aunque el deporte es un medio excelente para adquirir aprendizajes aplicables a otros ámbitos y a la vida cotidiana, por sí mismo no es educativo. Hay que saber emplearlo para lograr todos los posibles beneficios que conlleva su práctica. Por tanto, los chavales que aprenden a gestionarse bien dentro de un deporte de equipo son los que muestran una diferencia respecto al resto. De hecho, estos alumnos saben expresarse y escuchar de forma más adecuada e incluso se motivan más trabajando con compañeros”. Martínez añade que “las personas que hayan asimilado bien los aspectos mencionados, podrán integrarse de forma adecuada e incluso ventajosa en el mundo laboral. Destrezas con las que, además, desarrollarán actitudes de liderazgo y capacidad de competición interna, cualidades muy valoradas en la mayoría de profesionales”.

https://elpais.com/elpais/2017/01/30/mamas_papas/1485768165_491520.html?id_externo_rsoc=TW_CC

El Día del Maestro se celebra en España este lunes, 27 de noviembre. Aunque la onomástica del patrón de los docentes, San José de Calasanz, se conmemora el 25 de agosto, desde mediados del siglo XX se decidió traspasar la festividad al 27 de noviembre. Por este motivo, Google dedica hoy un ‘doodle’ a esta celebración, que se festeja en diferentes fechas según los países.

Por ejemplo, el Día del Maestro se conmemora en Estados Unidos el primer martes de mayo, mientras que en Canadá es el 5 de octubre, igual que en Rusia. En China se celebra el 10 de septiembre, en Alemania el 12 de junio y en Francia, el 5 de abril, como muestras de esta disparidad.David Calle, el ‘mejor maestro de España’

El ejercicio de determinar quién es el mejor profesor de España tiene mucho de artificio (miles de docentes hacen una labor impagable cada día en las escuelas de todo el país), pero David Calle se ha hecho merecedor de esa distinción honorífica al convertirse en uno de los 10 finalistas del Global Teacher Prize 2017, considerado el Nobel de los maestros.

David Calle es conocido como ‘el profesor youtuber’ por los tutoriales que publica en la popular plataforma de vídeos. Su inmersión en ella comenzó en el 2011, cuando el profesor de academia fundó el canal Unicoos, pensado originalmente para resolver las dudas de su veintena de alumnos.

Sin embargo, esa pequeña labor social ha dado como resultado el mayor canal educativo de habla hispana en el mundo, con 660.000 suscriptores y unos 700 vídeos de matemáticas, química, física o tecnología que ya han alcanzado los 100 millones de visitas. Se calcula que al menos 30 millones de estudiantes han visto un vídeo suyo.

Para este maestro, la clave es transmitir pasión, energía y mostrar que se puede. “Cuando los alumnos pierden esa imagen de que el profesor es el malo y que es alguien que está allí para ayudarles se gana mucho”, considera. Para este docente, es “alucinante” que una persona de cualquier parte del mundo empiece a entender las cosas o, al menos, “a darse cuenta de que puede”.

David Calle también fue incluido por la revista ‘Forbes’ en su lista de las 100 personas más creativas del mundo. No ganó, en cambio, el Global Teacher Prize 2017, que recayó en la canadiense Maggie MacDonnell por su trabajo en un pequeño pueblo de esquimales con adolescentes en riesgo de exclusión.

José de Calasanz, precursor de la pedagogía moderna

El patrón de los docentes, el pedagogo y sacerdote José de Calasanz, nació en Peralta de la Sal (Huesca) el 11 de septiembre de 1556 o 1557. Se le considera precursor de la pedagogía moderna. Organizó y sistematizó la enseñanza escolar por niveles y ciclos de enseñanza a partir de la primaria y hasta en formación profesional. Calasanz fue partidario de mantener el latín en el aprendizaje de los alumnos, junto con la lengua habitual de su país en la Europa católica, lo que contribuiría a la universalización de la educación, de la que fue un gran defensor.

José de Calasanz fue declarado en 1948 “patrono universal de todas las escuelas populares cristianas del mundo”, por el papa Pío XII, pues fue el creador, en 1597, de la primera escuela pública popular gratuita de Europa. Esto sucedió en Roma, y dio origen a la primera Escuela Pía. Años más tarde, en 1621, el papa Gregorio XV elevó la congregación de las Escuelas Pías al grado de orden religiosa con el nombre de Escolapios. Actualmente, las Escuelas Pías se encuentran esparcidas por todo el mundo.

Murió en Roma el 25 de agosto de 1648, y fue elevado a los altares en 1767. Antes de instituirse su patronazgo el 27 de noviembre, los niños y sus profesores celebraban el Día del Maestro el 30 de mayo, festividad de San Fernando, mientras que las niñas lo hacían el 15 de octubre, día de Santa Teresa.

http://www.elperiodico.com/es/educacion/20171127/dia-del-maestro-6451507

A pesar de esa sensación que empieza a llegarnos a los profesionales que trabajamos con niños de alta capacidad, acerca de padres y profesores que comentan que “ahora todos los niños tienen altas capacidades”, la verdadera realidad es que el grueso de niños que lo son, siguen sin ser detectados y con alta probabilidad no lo serán nunca porque no responden al falso estereotipo de niños académicamente brillantes. Y lo que es peor, puede que hasta sean diagnosticados con diferentes patologías, tales como el Déficit de Atención con Hiperactividad (o sin ella), el trastorno bipolar o el Síndrome de Asperger. Una tragedia para padres y para hijos. Y para todos. Una sociedad que patologiza la sobredotación por pura ignorancia, es muy mal síntoma.

Está comprobado por numerosos estudios que suelen ser los padres quienes son los primeros en darse cuenta de la diferencia de sus hijos, sin embargo, si esta diferencia no responde a unas calificaciones académicas excepcionales, empezarán a sospechar la posibilidad de que su hijo tenga “algo raro”. Algunos de ellos, los más proactivos, acudirán a un psicólogo que muy probablemente no tenga formación en alta capacidad y por ello difícilmente va a ver lo que realmente le pasa al niño. Les hablarán de falta de límites, de necesidad de disciplina y en muchos casos de ser unos padres demasiado tolerantes o sospechosos de narcisismo al pensar que su hijo es “especial”. Con suerte, no saldrán de la consulta con una etiqueta patológica acerca de su hijo aunque en la mayoría de los casos, sí con una sensación de incompetencia personal, de impotencia y angustia.

Y luego están los docentes del “yo no lo veo”. Como si tener alta capacidad llevara implícito una marca reconocible en alguna parte del cuerpo, como si hubiera un único patrón observable, como si tuvieran ciencia infusa a modo de enciclopedia andante…

En definitiva, lo triste es reconocer que no se puede ver lo que no se conoce.

Hablo de los llamados “superdotados invisibles”, los que no parecen destacar en nada, los que solo se comportan de manera disruptiva o peculiar , pero no se interesan por las clases, siempre distraídos, moviéndose sin parar, haciendo preguntas inusuales, negándose a hacer las fichas o los deberes, desafiando al profesor, estallando de rabia por razones incomprensibles, solos en los recreos, incluso con dificultades para entender un texto o una explicación. Hablo del potencial escondido por divergente, por inusual, por excepcional. En un sistema creado para la media, donde se ha confundido igualdad con uniformidad, excelencia como elitismo, salirse del patrón no está bien visto, sobre todo si no tienen un trastorno, entonces ni siquiera les alcanza la compasión o la empatía.

“Cuando se sabe qué buscar, el alto potencial de un niño aparece en los lugares más inesperados y se expresa de las formas más inusuales: Un grafiti lastimero, una razón muy inteligente para no hacer los deberes, un chiste ingenioso, una pregunta fascinante, un juego de palabras, la concienzuda dedicación a una actividad, hacer las cosas de forma inusual, pintarlas del revés, una pasión que perdura, el valor de defender a los indefensos, la capacidad de mantener la calma en los momentos de caos. Todos estos son indicadores cualitativos de la alta capacidad”.

Linda Kreger Silverman es psicóloga clínica. Autora de más de 300 libros, fundadora del Instituto para el estudio del desarrollo avanzado, y El Centro de Desarrollo de la superdotación (GDC) en Denver, Colorado.

Nuestra experiencia del día a día, nos trae a padres angustiados porque no saben qué les pasa a sus hijos: “siempre fue diferente”, “no obedece” “parece sordo” “explota con facilidad de forma muy intensa”, “parece ido, en su mundo”, “le cuesta relacionarse con los niños de su edad”, “nos hace preguntas inusuales” “le angustia la muerte”… y así llegan, esperando un diagnóstico de alguna patología porque han tenido una tutoría en el cole y les han dicho que “algo no va bien”.

La mayoría de los profesionales de la educación o de la psicología desconocen las sobre excitabilidades de los niños y niñas con Altas capacidades

Especialmente difíciles de detectar son los que provienen de entornos socio-económicos pobres, los que tienen además un problema de aprendizaje (doble excepcionalidad), los altamente creativos, los que tienen un estilo de aprendizaje predominantemente viso-espacial (la mayoría de superdotados tienen este estilo), los que tienen bajo rendimiento académico y las niñas.

La identificación de las niñas es especialmente complicada porque por un lado no suelen tener un comportamiento disruptivo en aula y además tienden a asemejarse a su grupo de referencia en cuanto a calificaciones y comportamiento, a fin de ser aceptadas por el grupo de iguales. Para las mujeres, la necesidad de aprobación social es pandemia.

La mirada de los padres y de los docentes es una variable determinante en la imagen que construya el niño (cualquier niño) de sí mismo. En el caso de los niños superdotados no detectados se produce con triste frecuencia el “efecto Pigmalión negativo”, cuando tanto unos como otros, niegan o ningunean la excepcionalidad del niño en un intento erróneo por “normalizarle”. El niño interioriza que ser como es él, no es bueno y tenderá a la desaprobación y al autorechazo. Es común escucharles decir, desde muy pequeños, que “no sirven para nada”.

La mayoría de los profesionales de la educación o de la psicología desconocen las sobre excitabilidades de los niños y niñas con Altas capacidades, de ahí la frecuencia de los diagnósticos erróneos:

  • La sobreexcitabilidad psicomotora se confunde con TDHA: El niño parece tener problemas de atención y su agitación motriz (verbal o física) hace que se piense en este trastorno. Si bien, cuando el niño está motivado en la tarea, inmerso en algo que le atrae y fascina, puede llegar a tener niveles de concentración fuera de lo esperado para su edad, olvidándose incluso de todo lo que le rodea.
  • La sobreexcitabilidad intelectual se confunde con Trastorno de Asperger, en tanto el niño superdotado muestra una curiosidad voraz que a veces proyecta sobre un único tema, obsesionándose y volcando toda su energía en él. El discurso, a veces tangencial, o la dificultad para las relaciones sociales y sus matices, puede llevar a pensar en este trastorno del espectro autista.
  • La sobreexcitabilidad emocional, la más frecuente de todas, la que los padres refieren como “niño muy intenso y extremo”, en algunos casos puede llevar a pensar a los que no conocen cómo es un niño con Alta Capacidad a pensar en un trastorno bipolar. Y nada más lejos de la realidad, son intensos emocionalmente pero no psicóticos, y este será, cuando sean adultos, uno de sus mayores recursos.
  • La sobreexcitabilidad sensorial hace que les moleste sobremanera las etiquetas de la ropa, el ruido de la clase o los olores del comedor, y supone para ellos algo tan invasivo que no pueden pensar en nada más. Incomprendidos casi siempre y juzgados la mayoría de las veces como maniáticos, cuando es algo que no pueden (ni debemos obligarles) a soportar.
  • La sobreexcitabilidad de la imaginación supone una enorme facilidad para inventar, fantasear a un nivel donde llegan a confundir la realidad con la ficción, creando sus propios mundos privados con compañeros imaginarios para escapar del aburrimiento. En aula suelen dibujar, escribir o imaginar historias con el fin de abstraerse de una realidad que la mayoría de veces les aburre profundamente, por rígida y árida.

Estas son solo algunas pinceladas que confío ayuden a algunos padres y docentes a cambiar la mirada hacia nuestros niños altamente dotados.

Es imprescindible la comprensión, la empatía, la canalización de un potencial que a veces amenaza con volverse en contra, el conocimiento de una realidad que es nuestra responsabilidad atender, desterrando tópicos y prejuicios, mirando de frente y sin miedo a los “diferentes”. Son sobre todo y por encima de todo, niños, con el legítimo derecho a ser felices, sin negarles su esencia.

https://elpais.com/elpais/2017/11/20/mamas_papas/1511190751_521756.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Hace ya algunas décadas que dejé de ser niña, una época de mi vida que recuerdo con añoranza y que puebla mi cabeza con multitud de historias, algunas de ellas inolvidables. Hoy, bastantes años después, he dirigido mis pasos hacia un centro educativo para comprobar in situ cuál es el perfil de los niños y niñas que integran la población infantil de nuestra sociedad, en el día en el que se celebra el Día Universal del Niño. Para ello, me reúno con Marta, profesora de uno de los colegios que integran la red de centros de la Cooperativa Gredos San Diego de la Comunidad de Madrid. Junto con ella, inicio una actividad en la que los alumnos de 3º de Primaria de este colegio, situado en el madrileño barrio de Las Suertes (Vallecas). Ellos son los verdaderos protagonistas. Una hora a lo largo de la cual un grupo de 29 alumnos, con edades comprendidas entre 8 y 9 años, hablan sobre la realidad que viven y sus interpretaciones de la misma.

El lema escogido para este año por parte de Unicef es “Un día para los niños, de los niños”, una frase que coincide con la idea que tiene Mateo, de 9 años, quien señala que “me gusta que haya un día dedicado a nosotros. Hay niños que lo pasan mal, que viven en países donde hay guerra o que no pueden comer. A veces, cuando voy con mis padres a un centro comercial, hay sitios donde llevamos comida. También en el colegio traemos arroz o macarrones”, señala Mateo. Una concienciación, la de ayudar a otras personas, que la mayoría de los alumnos manifiesta durante su intervención. “Porque hay que ayudar”, dice Andrea.

En general, los alumnos son conocedores de que hay niños que vienen de otros países a España porque tienen dificultades en sus países de origen. La solución, según Paula, está en que “las personas que tienen más dinero les ayuden y que les den trabajo para que sus hijos puedan comer, vestirse, tener una casa o ir al colegio”.

Una realidad, la de la infancia, que en nuestro país ofrece también datos preocupantes, si nos atenemos a los datos ofrecidos por Unicef Comité Español en su informe “La Infancia en España 2014: El valor social de los niños, hacia un Pacto de Estado por la Infancia”. Este documento apunta que España tiene una de las tasas más altas de pobreza infantil de la UE y es el tercer país, por detrás de Rumanía y Grecia, tanto en pobreza relativa como en “anclada”, que alcanza a casi el 40% de los niños, con un aumento de nueve puntos porcentuales entre 2008 y 2014. También, que 13.818 menores han sufrido potenciales abusos y malos tratos en el ámbito familiar, según la última estadística del Registro Unificado de casos de sospecha de Maltrato Infantil (RUMI), la principal herramienta para medir estos casos de que dispone el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales.

El informe de Unicef recoge, además, que el 27,8% de los niños de 2 a 17 años padecen obesidad o sobrepeso. Sobre este tema, la mayoría de los niños comentan que sus padres suelen incluirles todo tipo de alimentos en las comidas, aunque “en ocasiones especiales”, confiesa Pablo, “también comemos pizzas o hamburguesas”. Porque, según los expertos, la dieta saludable es fundamental para sentirse bien pero siempre acompañada de ejercicio físico, una combinación que, según manifiesta Claudia, una pequeña pecosa y muy risueña, “es importante para encontrarnos bien y si es con amigos, mucho más divertido”.

Asimismo, el texto del organismo de Naciones Unidas incluye, entre otros números, que el 63,4% de niños de 1 a 14 años consumen televisión por lo menos una hora al día entre semana y que el 22,9% de niños de 1 a 14 años usan videojuegos/ordenador/Internet por lo menos una hora al día entre semana. No obstante, el estudio de Unicef también señala que, el 40,1% de niños de 11 a 18 años manifiestan leer libros por lo menos una vez a la semana o que el 62,4%, en estas edades, hace ejercicio físico en el tiempo libre por los menos dos veces por semana.

En relación con el uso de nuevas tecnologías, casi el total de los alumnos consultados disponen en el hogar de ordenadores, tablets o videoconsolas. Además, cerca del 60% de ellos aseguran que tienen móvil propio. Un dispositivo, que en la mayoría de los casos dispone de conexión a internet, a través del cual ven vídeos, escuchan música o juegan y que suelen utilizar, en general, con consentimiento de los tutores un día entre semana y los fines de semana. Aunque, como afirman Carlos, María y Hugo, son ellos los que guardan el smartphone en su habitación. Pese a todo lo que puede ofrecerles las nuevas tecnologías, Pablo dice que “no hay nada como divertirse y jugar con los amigos”.

Una generación de niños y niñas que absorbe todo los que pasa a su alrededor y que es conocedora de temas como la violencia en el deporte, de la existencia del “acoso escolar”, del atentado terrorista que sufrió Barcelona o de que existe un lugar en España que quiere independizarse. Un tema, la independencia, que consiste según Valeria en que “un país se quiere ir de otro, porque dicen que les tratan mal. Por ejemplo, en España, Cataluña se quiere ir”.

María, Penélope, Marcos, Pablo, Claudia o Martín forman parte del futuro de una sociedad, en la que, según las preferencias manifestadas por los alumnos de GSD, serán “profesores, diseñadoras de moda, ingenieros, cantantes, médicos o futbolistas” y para los que Unicef pide que se trabaje diariamente por su bienestar y desarrollo. Un Día que recuerda que todos los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente del lugar del mundo en el que haya nacido.

https://elpais.com/elpais/2017/11/20/mamas_papas/1511164459_318273.html

Francisco Mora / Experto en Neuroeducación

La neuroeducación, la disciplina que estudia cómo aprende el cerebro, está dinamitando las metodologías tradicionales de enseñanza. Su principal aportación es que el cerebro necesita emocionarse para aprender y desde hace unos años no hay idea innovadora que se dé por válida que no contenga ese principio. Sin embargo, uno de los máximos referentes en España dentro de este campo, el doctor en Medicina Francisco Mora, pide cautela y advierte de que en la neuroeducación todavía hay más preguntas que respuestas.

Mora, autor del libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama (Alianza), que ya cuenta con once ediciones desde 2013, es también doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y se empezó a interesar por el tema en 2010, cuando acudió al primer Congreso Mundial de Neuroeducación celebrado en Perú.

Defiende que la educación puede transformarse para hacer el aprendizaje más efectivo, por ejemplo, reduciendo el tiempo de las clases a menos de 50 minutos para que los alumnos sean capaces de mantener la atención. El profesor de Fisiología Humana de la Universidad Complutense alerta de que en la educación se siguen dando por válidas concepciones erróneas sobre el cerebro, lo que él llama neuromitos. Además, Mora es adscrito al departamento de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos

Pregunta: ¿Por qué es importante tener en cuenta los hallazgos de la neuroeducación para transformar la forma de aprender?

Respuesta: A nivel internacional hay mucho hambre por anclar en sólido lo que hasta ahora solo han sido opiniones, y ese interés se da especialmente en los profesores. Lo que hace la neuroeducación es trasladar la información de cómo funciona el cerebro a la mejora de los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, conocer qué estimulos despiertan la atención, que después da paso a la emoción, ya que sin estos dos factores no se produce el aprendizaje. El cerebro humano no ha cambiado en los últimos 15.000 años; podríamos tener a un niño del paleolítico inferior en un colegio y el maestro no darse cuenta. La educación tampoco ha cambiado en los últimos 200 años y ya disponemos de algunas evidencias que hacen urgente esa transformación. Hay que rediseñar la forma de enseñar.

P: ¿Cuáles son las certezas que ya se pueden aplicar?

R: Una de ellas es la edad a la que se debe aprender a leer. Hoy sabemos que los circuitos neuronales que codifican para transformar de grafema a fonema, lo que lees a lo que dices, no terminan de conformar las conexiones sinápticas hasta los seis años. Si los circuitos que te van a permitir aprender a leer no están conformados, se podrá enseñar con látigo, con sacrificio, con sufrimiento, pero no de forma natural. Si se empieza a los seis, en poquísimo tiempo se aprenderá, mientras que si se hace a los cuatro, igual se consigue pero con un enorme sufrimiento. Todo lo que es doloroso tiendes a escupirlo, no lo quieres, mientras que lo que es placentero tratas de repetirlo.

P: ¿Cuál es el principal cambio que debe afrontar el sistema educativo actual?

R: Hoy comenzamos a saber que nadie puede aprender nada si no le motiva. Es necesario despertar la curiosidad, que es el mecanismo cerebral capaz de detectar lo diferente en la monotonía diaria. Se presta atención a aquello que sobresale. Estudios recientes muestran que la adquisición de conocimientos comparte sustratos neuronales con la búsqueda de agua, alimentos o sexo. Lo placentero. Por eso hay que encender una emoción en el alumno, que es la base más importante sobre la que se sustentan los procesos de aprendizaje y memoria. Las emociones sirven para almacenar y recordar de una forma más efectiva.

P: ¿Qué estrategias puede utilizar el docente para despertar esa curiosidad?

R: Tiene que comenzar la clase con algún elemento provocador, una frase o una imagen que resulten chocantes. Romper el esquema y salir de la monotonía. Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga. La atención hay que evocarla con mecanismos que la psicología y la neurociencia empiezan a desentrañar. Métodos asociados a la recompensa, y no al castigo. Desde que somos mamíferos, hace más de 200 millones de años, la emoción es lo que nos mueve. Los elementos desconocidos, que nos extrañan, son los que abren la ventana de la atención, imprescindible para aprender.

P: Usted ha advertido en varias ocasiones de la necesidad de ser cautos ante las evidencias de la neuroeducación. ¿En qué punto se encuentra?

R: La neuroeducación no es como el método Montessori, no existe un decálogo que se pueda aplicar. No es todavía una disciplina académica con un cuerpo reglado de conocimientos. Necesitamos tiempo para seguir investigando porque lo que conocemos hoy en profundidad sobre el cerebro no es aplicable enteramente al día a día en el aula. Muchos científicos dicen que es muy pronto para llevar la neurociencia a las escuelas, primero porque los profesores no entienden de lo que les estás hablando y segundo porque no existe la suficiente literatura científica como para afirmar a qué edades es mejor aprender qué contenidos y cómo. Hay flashes de luz.

Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga

P: ¿Podría contar alguno de los más recientes?

R: Nos estamos dando cuenta, por ejemplo, de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, por eso hay que romper con el formato actual de las clases. Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos. En la práctica, puesto que esos formatos no se van a modificar de forma inminente, los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto… Hace unas semanas la Universidad de Harvard me encargó diseñar un MOOC (curso online masivo y abierto) sobre Neurociencia. Tengo que concentrarlo todo en 10 minutos para que los alumnos absorban el 100% del contenido. Por ahí van a ir los tiros en el futuro.

P: En su libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama alerta sobre el peligro de los llamados neuromitos. ¿Cuáles son los más extendidos?

R: Existe mucha confusión y errores de interpretación de los hechos científicos, lo que llamamos neuromitos. Uno de los más extendidos es el de que solo se utiliza el 10% de las capacidades del cerebro. Todavía se venden programas informáticos basados en él y la gente confía en poder aumentar sus capacidades y su inteligencia por encima de sus propias limitaciones. Nada puede sustituir al lento y duro proceso del trabajo y la disciplina cuando se trata de aumentar las capacidades intelectuales. Además, el cerebro utiliza todos sus recursos cada vez que se enfrenta a la resolución de problemas, a procesos de aprendizaje o de memoria.

Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.
Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Jaime Villanueva

Otro de los neuromitos es el que habla del cerebro derecho e izquierdo y de que habría que clasificar a los niños en función de cuál tienen más desarrollado. Al analizar las funciones de ambos hemisferios en el laboratorio, se ha visto que el hemisferio derecho es el creador y el izquierdo el analítico -el del lenguaje o las matemáticas-. Se ha extrapolado la idea de que hay niños con predominancia de cerebros derechos o izquierdos y se ha creado la idea equivocada, el mito, de que hay dos cerebros que trabajan de forma independiente, y que si no se hace esa separación a la hora de enseñar a los niños, se les perjudica. No existe dicha dicotomía, la transferencia de información entre ambos hemisferios es constante. Si se presentan talentos más cercanos a las matemáticas o al dibujo, no se refiere a los hemisferios, sino a la producción conjunta de ambos.

P: ¿Está influyendo la neuroeducación en otros aspectos de la enseñanza?

R: Hay un movimiento muy interesante que es el de la neuroarquitectura, que pretende crear colegios con formas innovadoras que generen bienestar mientras se aprende. La Academia de Neurociencias para el Estudio de la Arquitectura en Estados Unidos, ha reunido a arquitectos y neurocientíficos para concebir nuevos modos de construir. Nuevos edificios en los que, aún siendo importante su diseño arquitectónico, se contemple la luz, la temperatura o el ruido, que tanto influyen en el rendimiento mental.

https://elpais.com/economia/2017/02/17/actualidad/1487331225_284546.html?rel=mas

Son muchos los expertos que están evidenciando la pérdida de talento en los centros educativos, una pérdida de talento que muchos achacan a la educación tradicional, basada en la obtención de objetivos por cursos, iguales para todos y no valorando a cada alumno como individuo. “Hasta ahora, nuestro sistema educativo ha sido pensado de forma ideológica —a partir de ideas, tradiciones, valores—, pero no lo hemos pensado de forma científica a partir de los grandes principios biológicos que gobiernan el pleno desarrollo de la inteligencia humana”, explica Céline Alvarez, pedagoga y autora de Las leyes naturales del niño. “Desde hace décadas”, prosigue, “imponemos a nuestros hijos clases donde tienen que aprender cosas que no les interesan, y tienen que hacerlo de forma pasiva, siguiendo instrucciones, sin realmente poder equivocarse, rodeados de niños de la misma edad de los cuales no pueden aprenden mucho”.

Somos seres sociales y para favorecer el pleno desarrollo de nuestros potenciales, lo que más nos hace falta es la presencia, la benevolencia y la ayuda del otro. “Cuando nos falta esta conexión, cuando nos sentimos solos, o juzgados, o aislados, o no queridos, nuestro organismo sufre un gran estrés que genera la secreción del cortisol, que estropea estructuras tan fundamentales como las de la memoria o de las competencias cognitivas superiores. Al revés, la relación empática y cálida favorece una increíble floración de las conexiones neuronales en estas regiones. Así que el amor no es una opción. Este vínculo representa un catalizador de inteligencia y de salud”.

“Para fomentar esto, y gracias a la ciencia, sabemos que los niños están muy predispuestos a memorizar lo que les interesa, siendo activos y comprometidos, equivocándose y repitiendo todas las veces que les haga falta, y siendo rodeados de niños de distintas edades para aprender de los mayores y consolidar sus conocimientos compartiéndolos con los más pequeños”. Pero no llega, a pesar de la pasión y del compromiso extraordinario de nuestros profesores, este sistema inadaptado interfiere con el desarrollo de los potenciales individuales, “con los potenciales humanos que todos tenemos al nacer – orales, sociales, lingüísticos, matemáticos, emocionales, cognitivos, creativos- y agota a los profesores que desprenden una energía colosal por un resultado que no es satisfactorio”, añade. Es importante entenderlo: este sistema lo sufrimos todos.

Los profesores se agotan de transmitir de forma colectiva conocimiento fundamental, cuando están predispuestos a hacerlo de forma individualizada.

Por ejemplo, en Francia el 40% de los niños salen de primaria con dificultades en lenguaje y en matemáticas. Por su parte, España tiene pocos alumnos brillantes. El Ministerio de Educación lo considera “la pequeña asignatura pendiente”. En el extremo opuesto, también tiene un 3% menos de alumnos rezagados (10,3%), aquellos con un nivel inferior al que se considera adecuado al terminar la enseñanza obligatoria, así quedó retratado en el último informe PISA con datos de 2015. La muestra incluye más de 37.000 alumnos de 980 centros españoles y participaron por primera vez todas las comunidades autónomas con datos propios.

La comunidad educativa debe saber que el cerebro es potente y está diseñado para aprender sin esfuerzo, no necesita lecciones formales para hacerlo. “En esta educación tradicional, hasta los niños que sacan buenas notas desconectan”, agrega Alvarez. “Se desenganchan de lo que son verdaderamente, dejan de buscar el sentido de las cosas, pierden la curiosidad porque se tienen que pasar los días respondiendo a instrucciones exteriores, intentando satisfacer al adulto. Pero cuando toda esa vida interior tan creativa y luminosa se calla, no solamente pierden los niños; perdemos todos”, continúa.

El sistema de educación tradicional afecta a los niños y a los profesores también. “No solo afecta a la hora de aprender, sino también de transmitir”, añade. Los profesores se agotan de transmitir de forma colectiva conocimiento fundamental, cuando están predispuestos a hacerlo de forma individualizada. “Así que tienen que trabajar en un sistema que va en contra de sus necesidades y, además, lo tienen que hacer con más de 25 niños que también se defienden de un sistema que no les conviene. Es normal que emerjan tensiones, conflictos y que cada uno termine el día exhausto”. Para la experta, necesitamos ya un sistema que pare de interferir y que respete los mecanismos biológicos de todos. Y aquí es donde entra la neurociencia.

“Sabemos que replicar o implementar un sistema fijado sin tener en cuenta las condiciones de cada uno nos lleva al fracaso”

Para Alvarez, hoy las neurociencias confirman muchas de las intuiciones que han tenido grandes pedagogos e invalidan otras, pero aportan – por primera vez en la historia de los sistemas educativos – informaciones objetivas para pensar la educación de manera “fisiológica” y no dogmática, “invitándonos, más o menos, a hacer exactamente lo contrario de lo que estamos haciendo ahora”. “Pero aunque nos de grandes indicaciones que delinean los contornos de un marco pedagógico fisiológico, no pueden dictarnos un método fijado. En este ámbito, cada uno tiene que experimentar las respuestas pedagógicas, las más adecuadas, tomando en cuenta su propia personalidad y la de los niños”. “Sabemos que replicar o implementar un sistema fijado”, prosigue, “sin tener en cuenta las condiciones de cada uno nos lleva al fracaso. Así que estoy convencida de que lo más eficaz sería justamente no tener método, sino conocimiento, buen sentido y flexibilidad”.

Para demostrar su teoría, Alvarez realizó un experimento en 2011 en París con niños de tres, cuatro y cinco años. “El objetivo era demostrar que aunque los pequeños vivan en un barrio desfavorecido -como es el caso de Gennevilliers en la capital francesa- cuando se respeta la manera natural de aprender y de transmitir, no solo aprenden sino que van más allá de lo que creíamos que eran capaces”. También la experta descubrió que aprender de forma natural tenía consecuencias positivas en su personalidad y en cómo se comportan con los demás, mejorando sus habilidades sociales y morales. “Son más generosos, benevolentes, empáticos, autodisciplinados”, explica. Pero este experimento solo es un punto de partida. “Creo que es importante ir más allá, por ejemplo mezclando niños de edades todavía más distintas, ofreciendo más vínculo con la naturaleza, y permitiendo más tiempo de juego libre”, argumenta.

El entorno es la clave en el desarrollo de la inteligencia humana. “El cerebro del recién nacido es muy inmaduro, irá estructurando las experiencias sociales, físicas, lingüísticas, sensoriales, que le ofrece el entorno. Esta plasticidad cerebral representa a la vez una gran oportunidad y una gran vulnerabilidad: el impacto del entorno puede ser muy favorable si nutre y sostiene; pero también puede ser muy desfavorable si interfiere, impide, si es violento o estresante”, explica la explica la experta. “Lo que hay que hacer es parar de interferir con las motivaciones endógenas que empujan a nuestros niños a explorar el mundo. Nuestra única tarea, sencilla pero extremadamente difícil, es permitir que el niño se ponga en contacto -tanto tiempo que la haga falta- con esas situaciones que van a nutrir sus circuitos neuronales en pleno desarrollo”, conclye Alvarez.

https://elpais.com/elpais/2017/11/06/mamas_papas/1509968976_292740.html

Ángel-Pablo Avilés, o Angelucho, como se hace llamar, se ha convertido en el guardián de Internet. Compagina su trabajo de guardia civil con talleres de seguridad en la Red para todos los públicos. “Para estar seguro en Internet no hace falta ser informático”, repite constantemente en sus clases ante la incredulidad de sus oyentes, que suelen creer que es algo que se escapa a su entendimiento. Por ello, Avilés centra sus charlas en casos prácticos y con un lenguaje no técnico, para llegar al mayor número de personas y, sobre todo, de padres, que tienen que afrontar una era en la que los niños y niñas ya nacen con un smartphone bajo el brazo.

“La vida real de los niños ahora es la vida virtual, y los padres deben aprender a adaptarse para no dejarles huérfanos en Internet”, subraya Angelucho. Según él, si no se participa en la vida virtual del niño, le están dejando solo ante el peligro. A veces, avisa, los padres se olvidan de que entre su hijo y los riesgos no hay un dispositivo que lo proteja, sino que el niño o niña está en contacto directo con ellos. “Les estamos dando un Ferrari sin ni siquiera tener carnet, es decir, les damos un móvil de última generación sin que sepan usarlo de verdad”, explica. Para enseñar tanto a los padres como a los niños a conducir este bólido con seguridad, el agente colabora con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en su nueva campaña, que incluye una guía práctica y varios vídeos, algunos enfocados para adultos y otros para menores, que abordan los problemas más habituales.

El concepto de amistad ha cambiado radicalmente desde que Internet se ha adueñado de las relaciones personales. “En los talleres con los menores me presento como personas diferentes a mí y todos se echan a reír porque me ven y saben que es mentira, pero, en cambio, sí que se lo creen cuando conocen a alguien por Internet”, apunta el guardia civil. “Los niños hoy en día buscan el like por encima de todas las cosas y no les importa de dónde provenga”. Por ello, tienden a aceptar en sus redes sociales a todo el que le mande una petición de amistad, sin importarle quién está detrás de la pantalla. Para el experto, esto es tremendamente peligroso porque es cuando los ciberdepredadores se aprovechan, recaban toda la información posible sobre el niño o niña y comienzan el acoso, tanto virtual, como en la vida real, ya que pueden llegar a conocer hasta dónde viven o a qué colegio van gracias a las imágenes o comentarios que cuelgan en sus redes. Ante esta problemática, denominada grooming, la AEPD ha creado este vídeo como parte de los nuevos recursos enfocados a menores para que aprendan a proteger sus datos:

Para que los niños y niñas no compartan demasiada información en sus redes sociales, es necesario practicar con el ejemplo. “Si alguien que no conoces te para por la calle y te pregunta cosas sobre tu vida íntima, te incomodas. Entonces, ¿por qué vas a estar compartiendo todos los detalles de tu rutina en las redes ante millones de desconocidos?”, ejemplifica. Avilés recomienda tener el perfil privado y solo aceptar a los amigos de verdad.

Ante la eterna duda de a qué edad hay que comprarles un móvil, Angelucho lo tiene claro: “Desde el momento en el que nacen hay que dotarlos de tecnología porque es la manera de normalizar las cosas”. El experto añade: “Si tu hijo no la tiene, la va a buscar en otro sitio y no va a tener protección alguna. Es mejor que haya un clima de confianza y que recurra a los padres si le pasa algo en Internet”. Por ello, los adultos no deben sucumbir al miedo, sino que deben acompañar a los niños en su vida virtual, aunque esto no puede confundirse con controlarlos. Según Avilés, no es bueno espiarles o que detecten ese control parental porque tienen derecho a su privacidad. “La solución es integrarnos con ellos en su rutina tecnológica”.

El ciberacoso es otro de los riesgos más comunes en la infancia y adolescencia. Angelucho recomienda que lo primero que hay que hacer cuando tu hijo o hija lo sufre es decirle que no tiene la culpa, que solo está siendo la víctima. Después, se tendría que hablar con el centro educativo si sucede en el ámbito escolar, pero, si el acoso es muy grave, se podría incluso denunciarlo a la policía porque a partir de los 14 años hay medidas penales para los ciberacosadores. Por ello, este vídeo, que la AEPD ha realizado para ser visionado en las aulas, aborda esta situación:

Además, hay otros dos vídeos ilustrativos para las escuelas que tratan sobre el sexting (Un vídeo muy especial) o la dependencia tecnológica (Un crack del BMX). La AEPD considera que la distribución de estos materiales en los colegios es imprescindible para llegar a los más de ocho millones de alumnos escolarizados, por lo que solicita la colaboración de todos los actores implicados en la educación de los menores para que contribuyan a prevenir y concienciar de estos peligros. “Los vídeos responden a situaciones que todos tenemos presentes y donde los datos personales que los menores comparten en las redes sociales son claves para que puedan acontecer estos problemas”, declara Julián Prieto, responsable del Área de Menores de la Agencia.

Para los padres, la AEPD ha extraído de uno de los talleres impartidos por el guardia civil varios vídeos con temáticas concretas, a los que se puede acceder desde la web de la agencia de manera libre y según sus intereses o preocupaciones, como por ejemplo, cómo conseguir una contraseña segura o qué pasa con los depredadores en Internet.

Por último, la organización ha creado una nueva guía de Protección de datos en centros educativos. “Surge de la necesidad de dar respuesta a las dudas más habituales que plantean ante el Canal Joven de la organización, tanto centros docentes como profesores o las propias familias”, explica Prieto. También incluye un decálogo simplificado con los aspectos más relevantes para realizar un uso adecuado de los datos personales de los niños en los centros educativos.

https://elpais.com/elpais/2017/11/03/mamas_papas/1509697037_546234.html

La escuela no enseña a aceptar la frustración. Incluso implanta discursos que conforman la base de futuras frustraciones. La generación que nació en los años 80 y que se topó con la crisis económica justo en el momento en que iba a incorporarse al mercado laboral constituye un ejemplo claro. Actualmente, la cosa no ha cambiado mucho.

Había un contrato verbal: si estudiabas, si te esforzabas, obtendrías frutos. El éxito y el bienestar que alcanzaras de adulto dependía de cuánto te aplicases en clase y de cuánto te preocupases por tu formación. Ese acuerdo se rompió y muchos jóvenes cayeron en la depresión y la ansiedad. Es cierto que, en este caso, la frustración era casi un deber ciudadano de protesta. No obstante, fijarse en este ejemplo extremo ayuda a comprender la manera errónea en que se enfocan las perspectivas de futuro de los alumnos.

Pese a las evidencias de que este contrato es un artificio, la tendencia general es a mantener el argumento: «Esfuérzate para que el día del mañana…». Pero el día del mañana depende de condiciones, limitaciones y casualidades que hacen improbable que se cumplan muchas de las expectativas. ¿No sería mejor convencer a los niños de la necesidad de aprender no porque recibirán una recompensa en el futuro, sino por el disfrute de instruirse? ¿Es decir, estimular la curiosidad como motor del aprendizaje del niño?

Aquel argumento, seductor donde los haya, sigue una lógica de mercado, de inversión, y esa lógica, ahora, lejos de desaparecer, se está sofisticando. Actualmente se equiparan los deseos con las necesidades vitales e incluso con los derechos (no satisfacerlos se convierte en un drama). Es pura lógica de consumo. El bombardeo de este discurso tal vez hoy no nace tanto de los profesores como del mundo virtual y televisivo.

Santiago Moll, docente y autor de Empantallados, lo ha observado en sus alumnos: «Estamos viendo cada vez menor tolerancia a la frustración, más obsesión por el éxito, por ser el mejor, que a veces viene de las redes y a veces de los propios padres», explica a Yorokobu. En su opinión, las redes tienen gran parte de la responsabilidad: «Hay un choque entre el mundo real y el virtual, donde todo el mundo es perfecto, feliz y tiene éxito».

escuela1

Ser youtuber y tener una casa en Los Ángeles

Ahora ese discurso de relacionar el éxito como una recompensa por el esfuerzo está simplificándose todavía más: ya no es necesario hincar tanto los codos, sino ser innovador, creativo, audaz, apostar por uno mismo. Y si es posible triunfar al margen de los cauces marcados, mejor. Las fábulas modernas no cuentan la vida de una cigarra y una hormiga, sino las de millonarios sin corbata que abandonaron la escuela y gracias a su visión y perspicacia ascendieron a la cima.

«La cultura del éxito está tan marcada de forma consciente e inconsciente que todo el mundo quiere ser millonario o ser un youtuber famoso y tener una casa con piscina en Los Ángeles, así, literal. Nos venden un éxito que es la punta del iceberg», lamenta Moll.

Profesores como Moll rehúyen de la dialéctica vacía del éxito. «Hay que ir con cuidado, hay que conseguir que nuestros alumnos sean capaces de generar emociones positivas, pero hay un momento en que hay que ponerse serio y conocer los límites: hasta dónde podemos llegar, conocer nuestra capacidad intelectual, nuestro entorno familiar, nuestro poder adquisitivo, y a partir de ahí, construir nuestro propio ‘yo’ con las herramientas que tenemos a disposición», analiza.

Hoy, la responsabilidad de la escuela en la impregnación de esta idea se da, más bien, por la dejación a la que obliga la estructura del sistema. Para combatirlo, Moll apuesta por unir al currículo habitual de asignaturas algo que llama currículo emocional: «Uno de los grandes desafíos para hoy es poder enseñar en el aula estrategias para que nuestros alumnos aprendan a tolerar la frustración, a gestionar el estrés». La clave sería la visualización: trabajar y conocer esas emociones con anticipación para evitar conflictos mayores al no saber procesarlas cuando aparecen.

Esta ausencia de implicación del sistema educativo en estas áreas agrava el problema. Lo señalaba también el artículo Cómo la escuela nos entrena para fallar en el mundo real publicado en Medium: «En lugar de aprender habilidades vitales clave, a los niños se les enseña principalmente a memorizar información». Y anotaba también el lavado de manos de las instituciones: «Muchas personas ponen estas habilidades de ‘vida’ como responsabilidad de los padres, pero no todos los padres están capacitados para enseñar estas lecciones».

Hay muchos profesores con una voluntad pedagógica que va más allá del programa de asignaturas, pero no disponen de medios, es decir, de tiempo y apoyo. No dan abasto. Estas funciones, en todo caso, se reservan al tutor y él solo no llega a todos. El enemigo, en cambio, no para de crecer.

escuela3

Las fábulas del éxito

Hay relatos de la felicidad diaria y relatos del éxito, y ambos siguen la misma lógica perversa. Los primeros se construyen en Instagram, Facebook, Twitter, Snapchat: posts de amigos haciendo cosas, disfrutando, celebrando; casi siempre se trata impactos positivos, y eso hace inevitable confundir la realidad con lo virtual y sentirse al margen de ese buen rollo generalizado. Uno conoce sus propias tristezas y sus propios ratos muertos, pero apenas habla de ellos en las redes, de manera que quedan invisibilizados. Se instala la exigencia del disfrute constante.

Con el relato del éxito, la dinámica se hace más compleja. Se dice que el talento siempre acaba saliendo a la luz, siendo reconocido por su propia fuerza. Pero la calidad no es un bien tan objetivamente detectable, y menos en ámbitos creativos. Cuando se reconstruye la vida de un gran artista se le ensalza hasta la pompa y el absurdo, y resulta inevitable acabar equiparando el talento con el don. Así, parece que sus trabajos brillaban por sí mismos y que el talento saltaba a la vista de manera incuestionable (incluso para quienes no entendían el género artístico concreto). Sin embargo, es solo una reconstrucción posterior para justificar una adoración que ha dependido, además, de muchas otras cosas: la casualidad, las circunstancias familiares, los intereses económicos, los contactos…

En el artículo de Medium se habla de un estudio sobre procesos de selección de empresas en el que se analizaron 9.000 entrevistas. El entrevistador prestaba más atención a los primeros candidatos y si le gustaba a alguno, desconectaba y, en consecuencia los siguientes quedaban excluidos sin importar su capacidad: el potencial no es un detonante del éxito por sí solo.

Estos dos tipos de relatos afectan también a los jóvenes. Crean un mundo difuso de expectativas. Los chavales no cuentan con herramientas emocionales, lo cual puede complicarlo más: «Tenemos alumnos que son tan analfabetos emocionalmente que se enfadan porque son incapaces de ponerle nombre a la emoción que están experimentando; lloran, no saben lo que les pasa y reaccionan así», apunta Moll.

«Cuando uno conoce sus límites es cuando puede empezar a vivir de manera consciente sin que ese mundo virtual tenga que decirle quién tiene que ser o adónde tiene que llegar», precisa. Una lucha sin cuartel para los docentes.

El denominado “tiempo de pantalla” es una expresión muy relativa que genera bastante discusión. ¿Cuál debería ser el tiempo de uso prudente de las NTIC por parte de los niños? Se trata de una cuestión que resulta un quebradero de cabeza ya no solo entre los padres, que se tornan ansiosos por no querer exponer a sus hijos más de la cuenta a merced de las NTIC, sino que en general, es un asunto complejo para todos.

Para aclarar el tema, Anne Longfield, directora de Children’s Commissioner for England, organización en defensa de los derechos humanos de los niños, ha comparado recientemente el uso excesivo de las redes sociales con la comida basura y ha instado a los padres a regular el tiempo de uso mediante una campaña digital denominada “Digital 5 A Day”, un programa que pretende reflejar las preocupaciones de los padres así como los comportamientos y las necesidades de los niños basándose en cinco claves para mejorar el bienestar mental del NHS (National Health Service) o Servicio Público de Salud del Reino Unido.

¿Cuáles son las claves del bienestar mental?

Estas cinco pautas básicas a seguir para equilibrar la convivencia con la tecnología digital son: la creatividad, la actividad física, la interacción con otros, la conciencia de uso y la importancia de la conectividad. Para su autora, representan el equilibrio que se necesita para llevar una “dieta digital” saludable y equilibrada. Este sistema, además, permitiría establecer unos acuerdos familiares sobre el uso de Internet en los diferentes dispositivos digitales y su tiempo de duración tanto en el momento de las vacaciones como en el tiempo de trabajo o el colegio.

Para Celso Arango, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y jefe del servicio psiquiátrico del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, estas pautas son fundamentales para convivir de manera saludable con los dispositivos tecnológicos. “Es necesaria una educación digital bien desarrollada pues, así como se aprende a montar en bicicleta, se debe aprender a manejar las nuevas tecnologías, sobre todo por parte de los niños”, comenta.

Sin embargo, definir “tiempo de pantalla” es difícil, pues no es lo mismo referirse a la pantalla de un IPad que a la de un ordenador de mesa, un Kindle o una televisión para jugar a los videojuegos. Como la mayoría de las pantallas hoy en día son multifuncionales, sino se especifica su contenido, el contexto y las conexiones involucradas, la definición continuará siendo confusa. Medir el uso de la tecnología en términos de cantidad y no de calidad también es difícil, pues muchas veces los niños pasan tiempo en diferentes dispositivos en múltiples lugares y es complicado calcular el tiempo real que pasan conectados.

En opinión de Arango, la tecnología no es nuestro enemigo, sino que comporta múltiples ventajas, no obstante, tiene que imperar siempre el sentido común para su correcto uso. “Todo conlleva riesgos, hoy en día los niños son usuarios muy activos, por lo que hay que estipular la edad más conveniente para comenzar a usar según qué tipo de dispositivos, así como educarlos mediante un programa de iniciación e introducción a los diferentes dispositivos tecnológicos”, explica.

Riesgos del uso prolongado de las NTIC

Como todo en la vida, el exceso casi nunca es bueno, por lo que con la tecnología ocurre lo mismo. Su uso prolongado es uno de los riesgos que puede resultar contraproducente, como provocar una adicción. Ya sea a una aplicación concreta, a las redes sociales o, a internet en general, los niños son aún más susceptibles de caer en ella si no se les proporciona una orientación. “Cuando el uso de algún dispositivo no resulta placentero, sino que se dejan de hacer otras cosas por la necesidad de estar conectado a internet es cuando existe un problema”, dice Arango.

Sin embargo, no se puede concluir que las tecnologías conlleven serios riesgos para la salud si no los usas de manera adecuada, ya que siempre va a depender del uso personal que se le dé. Para Arango, la adicción es casi el único y mayor riesgo que puede provocar un mal uso de la tecnología. “Ponerse nervioso, pasarlo mal y angustiarse si no se usa un dispositivo tecnológico es un síntoma claro de adicción”, asegura el experto. Sin embargo, hoy en día, su uso es cada vez mayor en las aulas, por ejemplo, las tablets se usan casi todo el tiempo como herramienta educativa, por lo que enseñar también en el manejo de las nuevas tecnologías resultará fundamental.

Un informe realizado por el departamento de comunicación del London School of Economics and Political Science (LSE) detalla y asesora a las familias sobre el tiempo recomendado de uso de las tecnologías que procura mensajes positivos y alentadores sobre el uso de la misma por parte de los niños.

Según Celso Arango, lo más importante para empezar es que exista una adecuada regulación. “El entrenamiento, la supervisión y la comunicación tanto en casa como en el colegio será fundamental para el buen uso y aprovechamiento de las nuevas tecnologías”, concluye.

https://elpais.com/elpais/2017/09/18/mamas_papas/1505731377_996677.html

¿Quién no tiene una opinión hecha respecto a los hechos que han ocurrido en Barcelona esta semana? Solo falta escuchar las noticias en cadenas distintas, o entrar en las redes para constatar hasta qué punto las posturas están polarizadas y para percibir el creciente clima de odio. No faltan insultos y violencia por parte de unos y otros. Pero lo que falta, y mucho, es la reflexión y la contención. Quizás no somos conscientes, porque la velocidad de los acontecimientos no nos ha dejado tiempo para reflexionar sobre ello, pero el odio que se está sembrando en las mentes de esos pequeños espectadores que son nuestros hijos, nuestros alumnos, no tiene marcha atrás, y eso no es menos serio que todo lo que está siendo cubierto ahora por la prensa.

Hoy por hoy, un infiltrado en el patio de Infantil o de Primaria de cualquier colegio de cualquier parte de España, privado, concertado o público, puede escuchar eslóganes políticos, pisoteo de banderas, insultos y amenazas de muerte a políticos, imitación de actos de violencia, y el etcétera es muy largo. ¿Tendremos la sinvergüenza de culpar a otros por la violencia de nuestros hijos?

Si no hemos sabido contenernos, los únicos y exclusivos responsables somos nosotros, sus padres. Quizás nuestra subjetiva objetividad nos hace perder la perspectiva respecto a lo que decimos y dejamos ver a nuestros hijos. Esa subjetiva objetividad de la que presumimos, la contarán los libros de historia cuando nuestros niños tengan edad para ello, con la perspectiva que dará la distancia del tiempo. Mientras esto ocurra, que pensemos o no “tener la razón”, que estemos en Almería, en Vigo, en Madrid o en Barcelona, si no hemos sabido contenernos y filtrar lo que llega a esas inocentes mentes, somos culpables.

Somos culpables por no haber filtrado la violencia; por haberles usado como escudos humanos en una manifestación; por haberles paseado por curiosidad o para hacer bulto en lugares en los que se respiraba odio; por haberles dejado ver las noticias, por haber hecho comentarios ofensivos en voz alta; por haberles vestido de banderas, sea cual sea su color, por haber perdido los papeles cuando todo nos parecía demasiado indignante.

Somos también culpables si les hemos dejado que oigan nuestros comentarios racistas, intolerantes, despectivos, odiosos, aunque lo hayamos hecho bajo la etiqueta de bonitos e inofensivos conceptos como “democracia”, “Estado de derecho”, “convivencia pacífica” o “derecho a votar”. Los niños tienen derecho, tanto en casa como en el colegio, a una infancia libre de ideologías políticas, racismo, odio y fanatismo.

Decía Chesterton que “el fanático no es aquel que está convencido de tener la razón; eso no es fanatismo, sino cordura y sensatez. El fanatismo consiste en que uno esté convencido de que otro debe estar equivocado en todo, sencillamente, porque está equivocado en algo específico”. Parece ser que Chesterton ha dado en el clavo. Hemos de proteger a nuestros hijos de la actitud fanática que está empapando la clase política –y que, queramos o no reconocerlo, nos está contaminando a todos-, en un desordenado afán para conseguir las mayorías que la democracia nunca les ha dado. ¿El poder, para qué?

El fanatismo impide una mirada serena y resolutiva de los problemas, adentrarse en los matices de lo que está equivocado y lo que no lo es, entonar el mea culpa cuando hace falta, entender el contexto y ponderar la situación, en definitiva, abrirse al otro. Desde luego, un niño pequeño aún no tiene la madurez suficiente para hacer ese delicado ejercicio, y nunca la tendrá si el ejemplo que le llega por parte de sus padres, es que el otro “es el malo”, y por lo tanto “está equivocado en todo”.

Decía Milan Kundera que “los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro”. Si no queremos pasar nuestros años de vejez tragándonos un espeso caldo de fanatismo, ya podemos empezar a filtrar la forma en que hablamos con nuestros hijos. Porque sea cual sea el resultado de este caos sin precedentes, es infinitamente más importante el legado humano que cualquier otro legado, sea territorial o político, por el que estamos ahora peleando.

Catherine L’Ecuyer es autora de Educar en el asombro y de Educar en la realidad.

https://elpais.com/elpais/2017/10/05/mamas_papas/1507191945_745470.html