Ángel-Pablo Avilés, o Angelucho, como se hace llamar, se ha convertido en el guardián de Internet. Compagina su trabajo de guardia civil con talleres de seguridad en la Red para todos los públicos. “Para estar seguro en Internet no hace falta ser informático”, repite constantemente en sus clases ante la incredulidad de sus oyentes, que suelen creer que es algo que se escapa a su entendimiento. Por ello, Avilés centra sus charlas en casos prácticos y con un lenguaje no técnico, para llegar al mayor número de personas y, sobre todo, de padres, que tienen que afrontar una era en la que los niños y niñas ya nacen con un smartphone bajo el brazo.

“La vida real de los niños ahora es la vida virtual, y los padres deben aprender a adaptarse para no dejarles huérfanos en Internet”, subraya Angelucho. Según él, si no se participa en la vida virtual del niño, le están dejando solo ante el peligro. A veces, avisa, los padres se olvidan de que entre su hijo y los riesgos no hay un dispositivo que lo proteja, sino que el niño o niña está en contacto directo con ellos. “Les estamos dando un Ferrari sin ni siquiera tener carnet, es decir, les damos un móvil de última generación sin que sepan usarlo de verdad”, explica. Para enseñar tanto a los padres como a los niños a conducir este bólido con seguridad, el agente colabora con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en su nueva campaña, que incluye una guía práctica y varios vídeos, algunos enfocados para adultos y otros para menores, que abordan los problemas más habituales.

El concepto de amistad ha cambiado radicalmente desde que Internet se ha adueñado de las relaciones personales. “En los talleres con los menores me presento como personas diferentes a mí y todos se echan a reír porque me ven y saben que es mentira, pero, en cambio, sí que se lo creen cuando conocen a alguien por Internet”, apunta el guardia civil. “Los niños hoy en día buscan el like por encima de todas las cosas y no les importa de dónde provenga”. Por ello, tienden a aceptar en sus redes sociales a todo el que le mande una petición de amistad, sin importarle quién está detrás de la pantalla. Para el experto, esto es tremendamente peligroso porque es cuando los ciberdepredadores se aprovechan, recaban toda la información posible sobre el niño o niña y comienzan el acoso, tanto virtual, como en la vida real, ya que pueden llegar a conocer hasta dónde viven o a qué colegio van gracias a las imágenes o comentarios que cuelgan en sus redes. Ante esta problemática, denominada grooming, la AEPD ha creado este vídeo como parte de los nuevos recursos enfocados a menores para que aprendan a proteger sus datos:

Para que los niños y niñas no compartan demasiada información en sus redes sociales, es necesario practicar con el ejemplo. “Si alguien que no conoces te para por la calle y te pregunta cosas sobre tu vida íntima, te incomodas. Entonces, ¿por qué vas a estar compartiendo todos los detalles de tu rutina en las redes ante millones de desconocidos?”, ejemplifica. Avilés recomienda tener el perfil privado y solo aceptar a los amigos de verdad.

Ante la eterna duda de a qué edad hay que comprarles un móvil, Angelucho lo tiene claro: “Desde el momento en el que nacen hay que dotarlos de tecnología porque es la manera de normalizar las cosas”. El experto añade: “Si tu hijo no la tiene, la va a buscar en otro sitio y no va a tener protección alguna. Es mejor que haya un clima de confianza y que recurra a los padres si le pasa algo en Internet”. Por ello, los adultos no deben sucumbir al miedo, sino que deben acompañar a los niños en su vida virtual, aunque esto no puede confundirse con controlarlos. Según Avilés, no es bueno espiarles o que detecten ese control parental porque tienen derecho a su privacidad. “La solución es integrarnos con ellos en su rutina tecnológica”.

El ciberacoso es otro de los riesgos más comunes en la infancia y adolescencia. Angelucho recomienda que lo primero que hay que hacer cuando tu hijo o hija lo sufre es decirle que no tiene la culpa, que solo está siendo la víctima. Después, se tendría que hablar con el centro educativo si sucede en el ámbito escolar, pero, si el acoso es muy grave, se podría incluso denunciarlo a la policía porque a partir de los 14 años hay medidas penales para los ciberacosadores. Por ello, este vídeo, que la AEPD ha realizado para ser visionado en las aulas, aborda esta situación:

Además, hay otros dos vídeos ilustrativos para las escuelas que tratan sobre el sexting (Un vídeo muy especial) o la dependencia tecnológica (Un crack del BMX). La AEPD considera que la distribución de estos materiales en los colegios es imprescindible para llegar a los más de ocho millones de alumnos escolarizados, por lo que solicita la colaboración de todos los actores implicados en la educación de los menores para que contribuyan a prevenir y concienciar de estos peligros. “Los vídeos responden a situaciones que todos tenemos presentes y donde los datos personales que los menores comparten en las redes sociales son claves para que puedan acontecer estos problemas”, declara Julián Prieto, responsable del Área de Menores de la Agencia.

Para los padres, la AEPD ha extraído de uno de los talleres impartidos por el guardia civil varios vídeos con temáticas concretas, a los que se puede acceder desde la web de la agencia de manera libre y según sus intereses o preocupaciones, como por ejemplo, cómo conseguir una contraseña segura o qué pasa con los depredadores en Internet.

Por último, la organización ha creado una nueva guía de Protección de datos en centros educativos. “Surge de la necesidad de dar respuesta a las dudas más habituales que plantean ante el Canal Joven de la organización, tanto centros docentes como profesores o las propias familias”, explica Prieto. También incluye un decálogo simplificado con los aspectos más relevantes para realizar un uso adecuado de los datos personales de los niños en los centros educativos.

https://elpais.com/elpais/2017/11/03/mamas_papas/1509697037_546234.html

La escuela no enseña a aceptar la frustración. Incluso implanta discursos que conforman la base de futuras frustraciones. La generación que nació en los años 80 y que se topó con la crisis económica justo en el momento en que iba a incorporarse al mercado laboral constituye un ejemplo claro. Actualmente, la cosa no ha cambiado mucho.

Había un contrato verbal: si estudiabas, si te esforzabas, obtendrías frutos. El éxito y el bienestar que alcanzaras de adulto dependía de cuánto te aplicases en clase y de cuánto te preocupases por tu formación. Ese acuerdo se rompió y muchos jóvenes cayeron en la depresión y la ansiedad. Es cierto que, en este caso, la frustración era casi un deber ciudadano de protesta. No obstante, fijarse en este ejemplo extremo ayuda a comprender la manera errónea en que se enfocan las perspectivas de futuro de los alumnos.

Pese a las evidencias de que este contrato es un artificio, la tendencia general es a mantener el argumento: «Esfuérzate para que el día del mañana…». Pero el día del mañana depende de condiciones, limitaciones y casualidades que hacen improbable que se cumplan muchas de las expectativas. ¿No sería mejor convencer a los niños de la necesidad de aprender no porque recibirán una recompensa en el futuro, sino por el disfrute de instruirse? ¿Es decir, estimular la curiosidad como motor del aprendizaje del niño?

Aquel argumento, seductor donde los haya, sigue una lógica de mercado, de inversión, y esa lógica, ahora, lejos de desaparecer, se está sofisticando. Actualmente se equiparan los deseos con las necesidades vitales e incluso con los derechos (no satisfacerlos se convierte en un drama). Es pura lógica de consumo. El bombardeo de este discurso tal vez hoy no nace tanto de los profesores como del mundo virtual y televisivo.

Santiago Moll, docente y autor de Empantallados, lo ha observado en sus alumnos: «Estamos viendo cada vez menor tolerancia a la frustración, más obsesión por el éxito, por ser el mejor, que a veces viene de las redes y a veces de los propios padres», explica a Yorokobu. En su opinión, las redes tienen gran parte de la responsabilidad: «Hay un choque entre el mundo real y el virtual, donde todo el mundo es perfecto, feliz y tiene éxito».

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Ser youtuber y tener una casa en Los Ángeles

Ahora ese discurso de relacionar el éxito como una recompensa por el esfuerzo está simplificándose todavía más: ya no es necesario hincar tanto los codos, sino ser innovador, creativo, audaz, apostar por uno mismo. Y si es posible triunfar al margen de los cauces marcados, mejor. Las fábulas modernas no cuentan la vida de una cigarra y una hormiga, sino las de millonarios sin corbata que abandonaron la escuela y gracias a su visión y perspicacia ascendieron a la cima.

«La cultura del éxito está tan marcada de forma consciente e inconsciente que todo el mundo quiere ser millonario o ser un youtuber famoso y tener una casa con piscina en Los Ángeles, así, literal. Nos venden un éxito que es la punta del iceberg», lamenta Moll.

Profesores como Moll rehúyen de la dialéctica vacía del éxito. «Hay que ir con cuidado, hay que conseguir que nuestros alumnos sean capaces de generar emociones positivas, pero hay un momento en que hay que ponerse serio y conocer los límites: hasta dónde podemos llegar, conocer nuestra capacidad intelectual, nuestro entorno familiar, nuestro poder adquisitivo, y a partir de ahí, construir nuestro propio ‘yo’ con las herramientas que tenemos a disposición», analiza.

Hoy, la responsabilidad de la escuela en la impregnación de esta idea se da, más bien, por la dejación a la que obliga la estructura del sistema. Para combatirlo, Moll apuesta por unir al currículo habitual de asignaturas algo que llama currículo emocional: «Uno de los grandes desafíos para hoy es poder enseñar en el aula estrategias para que nuestros alumnos aprendan a tolerar la frustración, a gestionar el estrés». La clave sería la visualización: trabajar y conocer esas emociones con anticipación para evitar conflictos mayores al no saber procesarlas cuando aparecen.

Esta ausencia de implicación del sistema educativo en estas áreas agrava el problema. Lo señalaba también el artículo Cómo la escuela nos entrena para fallar en el mundo real publicado en Medium: «En lugar de aprender habilidades vitales clave, a los niños se les enseña principalmente a memorizar información». Y anotaba también el lavado de manos de las instituciones: «Muchas personas ponen estas habilidades de ‘vida’ como responsabilidad de los padres, pero no todos los padres están capacitados para enseñar estas lecciones».

Hay muchos profesores con una voluntad pedagógica que va más allá del programa de asignaturas, pero no disponen de medios, es decir, de tiempo y apoyo. No dan abasto. Estas funciones, en todo caso, se reservan al tutor y él solo no llega a todos. El enemigo, en cambio, no para de crecer.

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Las fábulas del éxito

Hay relatos de la felicidad diaria y relatos del éxito, y ambos siguen la misma lógica perversa. Los primeros se construyen en Instagram, Facebook, Twitter, Snapchat: posts de amigos haciendo cosas, disfrutando, celebrando; casi siempre se trata impactos positivos, y eso hace inevitable confundir la realidad con lo virtual y sentirse al margen de ese buen rollo generalizado. Uno conoce sus propias tristezas y sus propios ratos muertos, pero apenas habla de ellos en las redes, de manera que quedan invisibilizados. Se instala la exigencia del disfrute constante.

Con el relato del éxito, la dinámica se hace más compleja. Se dice que el talento siempre acaba saliendo a la luz, siendo reconocido por su propia fuerza. Pero la calidad no es un bien tan objetivamente detectable, y menos en ámbitos creativos. Cuando se reconstruye la vida de un gran artista se le ensalza hasta la pompa y el absurdo, y resulta inevitable acabar equiparando el talento con el don. Así, parece que sus trabajos brillaban por sí mismos y que el talento saltaba a la vista de manera incuestionable (incluso para quienes no entendían el género artístico concreto). Sin embargo, es solo una reconstrucción posterior para justificar una adoración que ha dependido, además, de muchas otras cosas: la casualidad, las circunstancias familiares, los intereses económicos, los contactos…

En el artículo de Medium se habla de un estudio sobre procesos de selección de empresas en el que se analizaron 9.000 entrevistas. El entrevistador prestaba más atención a los primeros candidatos y si le gustaba a alguno, desconectaba y, en consecuencia los siguientes quedaban excluidos sin importar su capacidad: el potencial no es un detonante del éxito por sí solo.

Estos dos tipos de relatos afectan también a los jóvenes. Crean un mundo difuso de expectativas. Los chavales no cuentan con herramientas emocionales, lo cual puede complicarlo más: «Tenemos alumnos que son tan analfabetos emocionalmente que se enfadan porque son incapaces de ponerle nombre a la emoción que están experimentando; lloran, no saben lo que les pasa y reaccionan así», apunta Moll.

«Cuando uno conoce sus límites es cuando puede empezar a vivir de manera consciente sin que ese mundo virtual tenga que decirle quién tiene que ser o adónde tiene que llegar», precisa. Una lucha sin cuartel para los docentes.

El denominado “tiempo de pantalla” es una expresión muy relativa que genera bastante discusión. ¿Cuál debería ser el tiempo de uso prudente de las NTIC por parte de los niños? Se trata de una cuestión que resulta un quebradero de cabeza ya no solo entre los padres, que se tornan ansiosos por no querer exponer a sus hijos más de la cuenta a merced de las NTIC, sino que en general, es un asunto complejo para todos.

Para aclarar el tema, Anne Longfield, directora de Children’s Commissioner for England, organización en defensa de los derechos humanos de los niños, ha comparado recientemente el uso excesivo de las redes sociales con la comida basura y ha instado a los padres a regular el tiempo de uso mediante una campaña digital denominada “Digital 5 A Day”, un programa que pretende reflejar las preocupaciones de los padres así como los comportamientos y las necesidades de los niños basándose en cinco claves para mejorar el bienestar mental del NHS (National Health Service) o Servicio Público de Salud del Reino Unido.

¿Cuáles son las claves del bienestar mental?

Estas cinco pautas básicas a seguir para equilibrar la convivencia con la tecnología digital son: la creatividad, la actividad física, la interacción con otros, la conciencia de uso y la importancia de la conectividad. Para su autora, representan el equilibrio que se necesita para llevar una “dieta digital” saludable y equilibrada. Este sistema, además, permitiría establecer unos acuerdos familiares sobre el uso de Internet en los diferentes dispositivos digitales y su tiempo de duración tanto en el momento de las vacaciones como en el tiempo de trabajo o el colegio.

Para Celso Arango, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y jefe del servicio psiquiátrico del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, estas pautas son fundamentales para convivir de manera saludable con los dispositivos tecnológicos. “Es necesaria una educación digital bien desarrollada pues, así como se aprende a montar en bicicleta, se debe aprender a manejar las nuevas tecnologías, sobre todo por parte de los niños”, comenta.

Sin embargo, definir “tiempo de pantalla” es difícil, pues no es lo mismo referirse a la pantalla de un IPad que a la de un ordenador de mesa, un Kindle o una televisión para jugar a los videojuegos. Como la mayoría de las pantallas hoy en día son multifuncionales, sino se especifica su contenido, el contexto y las conexiones involucradas, la definición continuará siendo confusa. Medir el uso de la tecnología en términos de cantidad y no de calidad también es difícil, pues muchas veces los niños pasan tiempo en diferentes dispositivos en múltiples lugares y es complicado calcular el tiempo real que pasan conectados.

En opinión de Arango, la tecnología no es nuestro enemigo, sino que comporta múltiples ventajas, no obstante, tiene que imperar siempre el sentido común para su correcto uso. “Todo conlleva riesgos, hoy en día los niños son usuarios muy activos, por lo que hay que estipular la edad más conveniente para comenzar a usar según qué tipo de dispositivos, así como educarlos mediante un programa de iniciación e introducción a los diferentes dispositivos tecnológicos”, explica.

Riesgos del uso prolongado de las NTIC

Como todo en la vida, el exceso casi nunca es bueno, por lo que con la tecnología ocurre lo mismo. Su uso prolongado es uno de los riesgos que puede resultar contraproducente, como provocar una adicción. Ya sea a una aplicación concreta, a las redes sociales o, a internet en general, los niños son aún más susceptibles de caer en ella si no se les proporciona una orientación. “Cuando el uso de algún dispositivo no resulta placentero, sino que se dejan de hacer otras cosas por la necesidad de estar conectado a internet es cuando existe un problema”, dice Arango.

Sin embargo, no se puede concluir que las tecnologías conlleven serios riesgos para la salud si no los usas de manera adecuada, ya que siempre va a depender del uso personal que se le dé. Para Arango, la adicción es casi el único y mayor riesgo que puede provocar un mal uso de la tecnología. “Ponerse nervioso, pasarlo mal y angustiarse si no se usa un dispositivo tecnológico es un síntoma claro de adicción”, asegura el experto. Sin embargo, hoy en día, su uso es cada vez mayor en las aulas, por ejemplo, las tablets se usan casi todo el tiempo como herramienta educativa, por lo que enseñar también en el manejo de las nuevas tecnologías resultará fundamental.

Un informe realizado por el departamento de comunicación del London School of Economics and Political Science (LSE) detalla y asesora a las familias sobre el tiempo recomendado de uso de las tecnologías que procura mensajes positivos y alentadores sobre el uso de la misma por parte de los niños.

Según Celso Arango, lo más importante para empezar es que exista una adecuada regulación. “El entrenamiento, la supervisión y la comunicación tanto en casa como en el colegio será fundamental para el buen uso y aprovechamiento de las nuevas tecnologías”, concluye.

https://elpais.com/elpais/2017/09/18/mamas_papas/1505731377_996677.html

¿Quién no tiene una opinión hecha respecto a los hechos que han ocurrido en Barcelona esta semana? Solo falta escuchar las noticias en cadenas distintas, o entrar en las redes para constatar hasta qué punto las posturas están polarizadas y para percibir el creciente clima de odio. No faltan insultos y violencia por parte de unos y otros. Pero lo que falta, y mucho, es la reflexión y la contención. Quizás no somos conscientes, porque la velocidad de los acontecimientos no nos ha dejado tiempo para reflexionar sobre ello, pero el odio que se está sembrando en las mentes de esos pequeños espectadores que son nuestros hijos, nuestros alumnos, no tiene marcha atrás, y eso no es menos serio que todo lo que está siendo cubierto ahora por la prensa.

Hoy por hoy, un infiltrado en el patio de Infantil o de Primaria de cualquier colegio de cualquier parte de España, privado, concertado o público, puede escuchar eslóganes políticos, pisoteo de banderas, insultos y amenazas de muerte a políticos, imitación de actos de violencia, y el etcétera es muy largo. ¿Tendremos la sinvergüenza de culpar a otros por la violencia de nuestros hijos?

Si no hemos sabido contenernos, los únicos y exclusivos responsables somos nosotros, sus padres. Quizás nuestra subjetiva objetividad nos hace perder la perspectiva respecto a lo que decimos y dejamos ver a nuestros hijos. Esa subjetiva objetividad de la que presumimos, la contarán los libros de historia cuando nuestros niños tengan edad para ello, con la perspectiva que dará la distancia del tiempo. Mientras esto ocurra, que pensemos o no “tener la razón”, que estemos en Almería, en Vigo, en Madrid o en Barcelona, si no hemos sabido contenernos y filtrar lo que llega a esas inocentes mentes, somos culpables.

Somos culpables por no haber filtrado la violencia; por haberles usado como escudos humanos en una manifestación; por haberles paseado por curiosidad o para hacer bulto en lugares en los que se respiraba odio; por haberles dejado ver las noticias, por haber hecho comentarios ofensivos en voz alta; por haberles vestido de banderas, sea cual sea su color, por haber perdido los papeles cuando todo nos parecía demasiado indignante.

Somos también culpables si les hemos dejado que oigan nuestros comentarios racistas, intolerantes, despectivos, odiosos, aunque lo hayamos hecho bajo la etiqueta de bonitos e inofensivos conceptos como “democracia”, “Estado de derecho”, “convivencia pacífica” o “derecho a votar”. Los niños tienen derecho, tanto en casa como en el colegio, a una infancia libre de ideologías políticas, racismo, odio y fanatismo.

Decía Chesterton que “el fanático no es aquel que está convencido de tener la razón; eso no es fanatismo, sino cordura y sensatez. El fanatismo consiste en que uno esté convencido de que otro debe estar equivocado en todo, sencillamente, porque está equivocado en algo específico”. Parece ser que Chesterton ha dado en el clavo. Hemos de proteger a nuestros hijos de la actitud fanática que está empapando la clase política –y que, queramos o no reconocerlo, nos está contaminando a todos-, en un desordenado afán para conseguir las mayorías que la democracia nunca les ha dado. ¿El poder, para qué?

El fanatismo impide una mirada serena y resolutiva de los problemas, adentrarse en los matices de lo que está equivocado y lo que no lo es, entonar el mea culpa cuando hace falta, entender el contexto y ponderar la situación, en definitiva, abrirse al otro. Desde luego, un niño pequeño aún no tiene la madurez suficiente para hacer ese delicado ejercicio, y nunca la tendrá si el ejemplo que le llega por parte de sus padres, es que el otro “es el malo”, y por lo tanto “está equivocado en todo”.

Decía Milan Kundera que “los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro”. Si no queremos pasar nuestros años de vejez tragándonos un espeso caldo de fanatismo, ya podemos empezar a filtrar la forma en que hablamos con nuestros hijos. Porque sea cual sea el resultado de este caos sin precedentes, es infinitamente más importante el legado humano que cualquier otro legado, sea territorial o político, por el que estamos ahora peleando.

Catherine L’Ecuyer es autora de Educar en el asombro y de Educar en la realidad.

https://elpais.com/elpais/2017/10/05/mamas_papas/1507191945_745470.html

El denominado “tiempo de pantalla” es una expresión muy relativa que genera bastante discusión. ¿Cuál debería ser el tiempo de uso prudente de las NTIC por parte de los niños? Se trata de una cuestión que resulta un quebradero de cabeza ya no solo entre los padres, que se tornan ansiosos por no querer exponer a sus hijos más de la cuenta a merced de las NTIC, sino que en general, es un asunto complejo para todos.

Para aclarar el tema, Anne Longfield, directora de Children’s Commissioner for England, organización en defensa de los derechos humanos de los niños, ha comparado recientemente el uso excesivo de las redes sociales con la comida basura y ha instado a los padres a regular el tiempo de uso mediante una campaña digital denominada “Digital 5 A Day”, un programa que pretende reflejar las preocupaciones de los padres así como los comportamientos y las necesidades de los niños basándose en cinco claves para mejorar el bienestar mental del NHS (National Health Service) o Servicio Público de Salud del Reino Unido.

¿Cuáles son las claves del bienestar mental?

Estas cinco pautas básicas a seguir para equilibrar la convivencia con la tecnología digital son: la creatividad, la actividad física, la interacción con otros, la conciencia de uso y la importancia de la conectividad. Para su autora, representan el equilibrio que se necesita para llevar una “dieta digital” saludable y equilibrada. Este sistema, además, permitiría establecer unos acuerdos familiares sobre el uso de Internet en los diferentes dispositivos digitales y su tiempo de duración tanto en el momento de las vacaciones como en el tiempo de trabajo o el colegio.

Para Celso Arango, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y jefe del servicio psiquiátrico del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, estas pautas son fundamentales para convivir de manera saludable con los dispositivos tecnológicos. “Es necesaria una educación digital bien desarrollada pues, así como se aprende a montar en bicicleta, se debe aprender a manejar las nuevas tecnologías, sobre todo por parte de los niños”, comenta.

Sin embargo, definir “tiempo de pantalla” es difícil, pues no es lo mismo referirse a la pantalla de un IPad que a la de un ordenador de mesa, un Kindle o una televisión para jugar a los videojuegos. Como la mayoría de las pantallas hoy en día son multifuncionales, sino se especifica su contenido, el contexto y las conexiones involucradas, la definición continuará siendo confusa. Medir el uso de la tecnología en términos de cantidad y no de calidad también es difícil, pues muchas veces los niños pasan tiempo en diferentes dispositivos en múltiples lugares y es complicado calcular el tiempo real que pasan conectados.

En opinión de Arango, la tecnología no es nuestro enemigo, sino que comporta múltiples ventajas, no obstante, tiene que imperar siempre el sentido común para su correcto uso. “Todo conlleva riesgos, hoy en día los niños son usuarios muy activos, por lo que hay que estipular la edad más conveniente para comenzar a usar según qué tipo de dispositivos, así como educarlos mediante un programa de iniciación e introducción a los diferentes dispositivos tecnológicos”, explica.

Riesgos del uso prolongado de las NTIC

Como todo en la vida, el exceso casi nunca es bueno, por lo que con la tecnología ocurre lo mismo. Su uso prolongado es uno de los riesgos que puede resultar contraproducente, como provocar una adicción. Ya sea a una aplicación concreta, a las redes sociales o, a internet en general, los niños son aún más susceptibles de caer en ella si no se les proporciona una orientación. “Cuando el uso de algún dispositivo no resulta placentero, sino que se dejan de hacer otras cosas por la necesidad de estar conectado a internet es cuando existe un problema”, dice Arango.

Sin embargo, no se puede concluir que las tecnologías conlleven serios riesgos para la salud si no los usas de manera adecuada, ya que siempre va a depender del uso personal que se le dé. Para Arango, la adicción es casi el único y mayor riesgo que puede provocar un mal uso de la tecnología. “Ponerse nervioso, pasarlo mal y angustiarse si no se usa un dispositivo tecnológico es un síntoma claro de adicción”, asegura el experto. Sin embargo, hoy en día, su uso es cada vez mayor en las aulas, por ejemplo, las tablets se usan casi todo el tiempo como herramienta educativa, por lo que enseñar también en el manejo de las nuevas tecnologías resultará fundamental.

Un informe realizado por el departamento de comunicación del London School of Economics and Political Science (LSE) detalla y asesora a las familias sobre el tiempo recomendado de uso de las tecnologías que procura mensajes positivos y alentadores sobre el uso de la misma por parte de los niños.

Según Celso Arango, lo más importante para empezar es que exista una adecuada regulación. “El entrenamiento, la supervisión y la comunicación tanto en casa como en el colegio será fundamental para el buen uso y aprovechamiento de las nuevas tecnologías”, concluye.

https://elpais.com/elpais/2017/09/18/mamas_papas/1505731377_996677.html

 

Spot 2017 – Ojos que no ven

[youtube width=”500″ height=”300″ video_id=”QGNNbAq1cvo”]

El consumo de alcohol durante la adolescencia tiene muchos riesgos. Algunos de ellos son directos porque la ingesta de bebidas alcohólicas es peligrosa para la salud. Otros de los riesgos en el caso de los adolescentes son indirectos y están ligados a los comportamientos derivados del consumo de alcohol.
Con esta campaña: Ojos que no ven; queremos concienciar a los menores pero también a los padres sobre el control de los menores.
Cuando un niño empieza a beber antes de los 15 años, es mucho más propenso a convertirse en un bebedor crónico o en bebedor problemático. Aproximadamente 1 de cada 5 adolescentes se consideran bebedores problemáticos. Esto significa que ellos:

  • Se emborrachan.
  • Tienen accidentes relacionados con el consumo de alcohol.
  • Se meten en problemas con la ley, sus familias, los amigos, el colegio o las parejas con las que salen.

El mejor momento para comenzar a hablar con su hijo adolescente sobre las drogas y el alcohol es ahora. Los niños ya a los 9 años de edad pueden sentir curiosidad respecto al consumo de alcohol y pueden incluso probarlo.
Si a pesar de todo, unos padres descubren que su hijo adolescente es consumidor habitual de bebidas alcohólicas deben buscar ayuda para él. Desde Asociación Dual te podemos ayudar. http://www.patologiadual.com/

La mal llamada caja tonta no es mala. Lo malo es Telecinco. Nunca escucharás a nadie quejarse de cómo Saber y Ganar pervierte las mentes de nuestros jóvenes, y con las nuevas tecnologías pasa algo parecido.

Para intentar reequilibrar el abuso por parte de adolescentes del uso de móviles, redes sociales y demás avances tecnológicos, la Comunidad de Madrid inaugurará un centro especializado para ofrecer asesoramiento, prevención e intervención psicopedagógica a jóvenes entre 12 y 17 años y a sus familias.

El centro, que se ubicará en la Plaza de Santa Cristina, contará con una inversión de 330.000 euros durante dos años y estará dirigido por un equipo de seis terapeutas, un coordinador y un auxiliar administrativo.

Para corregir y/o prevenir consecuencias negativas que puedan derivarse de un mal uso de las nuevas tecnologías, tales como aislamiento social, bajo rendimiento escolar, ciberbulling, etc., los especialistas se servirán de técnicas de terapia grupal que se combinarán con sesiones individuales así como actividades formativas y divulgativas.

La terapia grupal se enfocará a trabajar el área comportamental (horarios, sueño, miedos o complejos), el área cognitiva (toma de decisiones, conflictos o valores) y el área social (identidad social, grupos de referencia, estereotipos o prejuicios).

https://madridistinto.com/madrid-inaugurara-centro-ayuda-jovenes-adictos-las-nuevas-tecnologias/

Muchas veces he leído artículos y estudios que hablan sobre como los bloques de LEGO pueden servir para potenciar la creatividad, aprender matemáticas o mejorar la psicomotricidad, pero hoy me he topado con un proyecto que me ha llamado especialmente la atención. Se trata de “Braille Bricks“, una iniciativa creada por Lew’Lara/TBWA y la Fundação Dorina Nowill para Cegos de Brasil con la que quieren convertir los bricks de LEGO en una herramienta de alfabetización de niños ciegos. Se trataría de un método de aprendizaje complementario a otros ya existentes como los libros.

El proyecto, que viene bien explicadito en el vídeo que dejo por aquí abajo, quiere crear unos bloques adaptados aprovechando los “botones” que las piezas tienen en su parte superior. De este modo, lo que proponen es reproducir todas las letras del alfabeto braille en los bloques para poder formar palabras con ellos. La idea se ha registrado a través de Creative Commons y lo que ahora busca la fundación es hacer ruido a través del hashtag #BrailleBricksForAll para ver si alguna marca de juguetes como LEGO se anima a llevar este proyecto a la realidad.

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[Visto en: B9]

Si amigos papás, en 2018 podréis disfrutar de cinco semanas de permiso por paternidad tras el pacto alcanzado dentro del marco de las negociaciones entre el Partido Popular y Ciudadanos para la aprobación de los Presupuestos de 2018.

Con esta ampliación de baja por nacimiento de un nuevo hijo, ambos progenitores sumarán en conjunto 21 semanas de permiso. Será el segundo año consecutivo que se amplía esta baja paternal, ya que en enero de 2017 se dobló el periodo de la misma, de dos semanas a un mes. Esta medida entrará en vigor previsiblemente el próximo mes de enero, siempre que los presupuestos sean aprobados finalmente en el Parlamento.

La prestación de paternidad tiene algunas particularidades. Al contrario que la de la madre, el permiso del padre es intransferible. Esto es, no se puede ceder total o parcialmente al otro progenitor. La prestación de la madre si se puede ceder en parte, si bien las primeras ocho semanas sólo las puede disfrutar ella. El permiso de paternidad se puede disfrutar de manera simultánea al de maternidad.

Desde Mamichula apoyamos este tipo de iniciativas que fomentan la igualdad entre parejas y entre progenitores y que redundan en una mayor igualdad real entre hombres y mujeres así como en unos mejores cuidados de los hijos.

¿Nuevo cheque Guardería?

Otras de las medidas que se contemplan para los próximos presupuestos en un Cheque Guardería para reducir el coste de estas escuelas a las familias que cuenten con hijos entre cero y tres años.

 

Con cada inicio de curso escolar se reabren viejos debates entre posiciones aparentemente irreconciliables. Está el de los deberes sí o no, el de uniformes sí o no y también, entre otros, el que se centra en la jornada escolar: ¿continua o partida? Hasta hace no tanto, en España primaba la jornada partida. Hoy, como afirma Antonio Tinajas, la balanza está igualada. Según el catedrático de enseñanza secundaria y autor del artículo ¿Jornada escolar continua o jornada escolar partida?, publicado en la Revista Iberoamericana de Educación, “en general, son más las comunidades en las que las escuelas públicas siguen una jornada continua, aunque la población escolar total afectada por un tipo u otro de jornada es muy similar”.

Cabe recordar que las competencias en Educación están hoy cedidas a las Comunidades Autónomas y que son estas las que legislan sobre las características de la jornada escolar y sobre las condiciones en que es posible el cambio de la jornada partida a la continua. En la práctica, siguiendo esas condiciones, es cada colegio, a petición del Consejo Escolar y con la votación favorable del censo del centro, el que decide el paso de una jornada a otra.

Y aquí radica el primer punto de fricción. Para Leticia Cardenal Salazar, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), esta es una decisión que “no debería dejarse a la autonomía del centro, como no se dejan otras cuestiones relevantes, como es la elaboración del currículo de las asignaturas, por ejemplo o el calendario escolar”. Una posición totalmente opuesta a la que defienden desde el sindicato de la enseñanza pública ANPE, para el que la elección del tipo de jornada del centro educativo “debe corresponder a la autonomía de los centros” a través de un proceso “transparente, participativo y con garantías democráticas”. En ese sentido, desde el sindicato del profesorado recuerdan que el Consejo Escolar del Estado ya se pronunció hace años sobre la jornada continuada, “reconociendo el derecho de las comunidades educativas a establecer el tipo de jornada escolar”.

Quién quiere qué

Sea como sea, lo cierto, como la propia Leticia Cardenal reconoce, es que “se está generalizando que sean las comunidades educativas de los centros quienes decidan sobre el tipo de jornada que quieren”, de forma que se han ido incrementando el número de centros que se han acogido a la jornada continua. Un dato que sorprende, cuando desde la principal agrupación de asociaciones de Padres y Madres se muestran reacios al cambio. Según su presidenta, la explicación podría deberse en parte a que los debates sobre el particular “no se realizan en condiciones de igualdad entre familias y profesorado y el profesorado habla de pedagogía cuando lo que hay detrás es un interés de mejora en sus condiciones laborales”.

También señala al profesorado Antonio Tinajas, que señala a la gran diversidad de situaciones particulares que se dan entre las familias de un colegio, una coyuntura que en su opinión aprovecha el equipo directivo y el profesorado, que “tiende a abusar de la autoridad pedagógica que les atribuyen las familias”. Para Mariano Fernández Enguita, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, por su parte, solo existirían dos “grupos de madres” que se inclinan espontáneamente por la jornada intensiva: “las que no tienen ni buscan empleo o tienen uno a tiempo parcial que combina mejor con ella; y las de clase media acomodada y culta que, habiendo optado por la escuela pública, creen que a sus hijos les sobran horas y que podrían emplearlos mejor en otras actividades fuera de las aulas”. El resto, según Enguita, que conformarían la gran mayoría de madres y padres de alumnos, suelen ser sometidos en opinión del catedrático “a una desinformación sistemática y, a menudo, una presión poco escrupulosa desde el profesorado, que no para hasta que se convierten o se rinden”.

¿Tanta fuerza tiene el profesorado entre los padres y madres para que en abril de este año, sin ir más lejos, 215 de los 325 centros educativos de la Comunidad Valenciana que celebraron consultas sobre la organización horaria, votasen a favor de la jornada continua? Al contrario de lo que mucha gente piensa el cambio horario es una reivindicación mayoritariamente de las familias, de hecho, se da el caso de muchos claustros que no apoyan el cambio y ni siquiera se puede llegar a las votaciones de las familias. En el caso de mi centro y en muchísimos más, somos las familias las que hemos instado al centro para que inicien el proceso”, explica Asun Bañón, presidenta de la Asociación Plataforma A Favor de la Jornada Continua por la Libre Elección en la Comunidad Valenciana, una de las asociaciones más activas y reivindicativas en España.

El profesorado también se defiende de las acusaciones de buscar en última instancia una mejora de sus condiciones laborales. Desde ANPE recuerdan que “no se trata de una reducción de la jornada escolar del alumno ni del profesor, sino de una redistribución de la misma” (esta sigue siendo de 25 horas a la semana); y que en todo caso, la compactación de la jornada tiene otro tipo de beneficios para la función docente, que se ejerce “de forma más racional, fomentando una mayor interrelación personal y profesional del profesorado, facilitando la preparación de las clases, mejorando la programación docente y permitiendo el perfeccionamiento profesional de los docentes mediante una mayor posibilidad de acceso a cursos de formación”.

Argumentos a favor y en contra

Para Asun Bañón, la jornada continua también permite poder aprovechar mejor las horas libres de los niños: “Algo tan sencillo como que los niños puedan irse a una actividad (deporte, música, idiomas, cumpleaños) con los deberes hechos o la lección repasada, y no tener que retrasar esto hasta última hora de la tarde cuando los niños están demasiado cansados”. También destaca de ella su “flexibilidad”, lo que permite adaptarla a las necesidades de cada familia (“Las familias tienen diariamente tres opciones para la salida de los niños del cole, a las 14:00, a las 15:30 o a las 17:00 horas”); y la “reducción del absentismo, especialmente en el caso de los niños más pequeños, que se duermen después de comer”, que se produce al tener que ir solo una vez al centro escolar.

Al desarrollo de las actividades extraescolares gracias a la implantación de la jornada continua también aluden desde ANPE, desde donde afirman que “todo los países modernos han comprendido el alcance de las actividades extraescolares como forma nueva, sugestiva y original de prolongar y entender el aprendizaje fuera del ámbito escolar”. Unas extraescolares que deberían ser en todo caso gratuitas, para no caer en la discriminación del alumnado en función de sus posibilidades económicas.

A esa discriminación aluden precisamente desde CEAPA. Recuerda Leticia Cardenal que la escuela es “un espacio de formación integral para todo el alumnado, donde se forman todos sin diferencias de ningún tipo y donde, además se compensan las desigualdades sociales”. Una formación que debería ser entendida en un sentido amplio, más allá de la transmisión de conocimientos o del tiempo exclusivamente curricular; “la escuela es un referente de convivencia, socialización y participación. Por eso, cuanto menos tiempo sea común a todo el alumnado en la escuela, mayores serán las diferencias, ya que estas crecen en las familias porque somos las familias las que marcamos esas diferencias”.

Según Fernández Enguita, por su parte, la intensificación horaria “perjudica especialmente a los alumnos que ya tienen problemas con la escuela, que son muchos”. En ese sentido, aboga por ir hacia horarios flexibles, “con un núcleo central para todos y flexibilidad en las horas de entrada y salida”. En todo caso, en la coyuntura actual considera preferible la jornada partida, “ya que lo que pueden perder con ella algunos (salir antes de una escuela que les aburre y tener tiempo para actividades que les interesan más) me parece menos grave que lo que pueden perder sin ella otros al no poder seguir el ritmo y verse empujados al rechazo o al fracaso escolares”.

¿Existe una alternativa mejor?

Coinciden todas las fuentes consultadas en que no hay ningún estudio de carácter científico que avale que una alternativa es mejor que la otra; o que una de ellas conlleve mejoras significativas en la calidad de la enseñanza. “Ni los hay ni creemos que los haya, porque las mejoras que se pueden producir en la escuela obedecen a múltiples factores y no a uno exclusivamente. Por lo tanto, no podemos decir que un modelo sea mejor”, afirma la presidenta de CEAPA, que no obstante recuerda que ningún argumento de los que se esgrimen para pasar de jornada partida a jornada continua “son objetivables” y que tampoco han demostrado las mejoras con las que, en su día, se convenció a la comunidad educativa: “Podremos hablar del nivel de satisfacción de profesorado o de familias, pero poco más”.

Su opinión la comparte en parte Mariano Fernández Enguita, que aunque reconoce que los horarios escolares en España “no han tenido todavía el estudio sistemático que merecen”, afirma que hay ya “unas docenas de estudios aquí, y muchos más fuera” cuyas conclusiones se distribuyen “entre pocos y muchos, pequeños o grandes, efectos negativos” de la jornada continua. “No existe un solo estudio, ni uno solo, que sustente los beneficios académicos de la jornada continua. He documentado esto en un libro y varios artículos y vídeos”, concluye.

Antonio Tinajas, por su parte, hace referencia a la cronopsicología, una ciencia que intenta comprender qué factores influyen en el mantenimiento sostenido de la atención por parte de los escolares a lo largo de la jornada. “Sabemos que la atención depende de numerosas variables: la edad y la personalidad del individuo, la naturaleza de la tarea a realizar (perceptivo motriz o mental), si se trata de tareas individuales o en grupo, los procesos mentales puestos en juego, la motivación, pero existe un consenso según el cual, en los últimos años de primaria y en la ESO, la atención es baja a primera hora de la jornada y crece hasta alcanzar su máximo entorno a media mañana (la hora del patio). A partir de aquí, desciende a medida que avanza la mañana y decae bruscamente tras la comida. Durante la tarde, vuelve a incrementarse la atención hasta volver a alcanzar otro máximo a media tarde”, argumenta. Una evolución de la atención que, en apariencia, coincide mejor con el horario partido.

“Tal vez pueda influir algo el horario en el rendimiento académico”, conceden desde la Asociación Plataforma A Favor de la Jornada Continua por la Libre Elección en la Comunidad Valenciana, pero en todo caso consideran que esa influencia “sería meramente anecdótica” en comparación con las soluciones que la jornada continua facilita para la adaptación a los horarios “de una sociedad en constante cambio”. Una opinión que también refrendó el estudio A las tres en casa: el impacto social y educativo de la jornada escolar continua, dirigido por Elena Sintes. En él, la doctora en Sociología, en referencia al argumento, utilizado también por la corriente projornada continua de que esta mejoraba el rendimiento académico, concluía que “la causa que marca la mejora de los resultados académicos y escolares de los alumnos, se encuentra en la calidad del proyecto educativo del centro, no en su horario lectivo”. Por tanto, y dado que el horario “no supone una variable fundamental para la obtención de un mejor rendimiento académico”, consideraba “perversa” la asociación entre ambas variables.

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