A veces los adultos decimos cosas a niñas y niños que no son tan inofensivas como parecen. Preguntamos por algunas de ellas a las psicólogas y creadoras del espacio virtual ‘ Mientras Creces’ , Cristina Castaño y Nuria Espinosa, y a la pedagoga y ‘coach’ educativa Ana Roa. Todas ellas saben lo fácil que es tropezar con alguna de estas piedras en forma de frase y por eso recomiendan que, al menos, seamos conscientes de ellas. Y, una vez dichas –también saben que no somos perfectos–, no caer en la culpabilidad, pero sí ser capaces de pedir disculpas y explicar a los más pequeños que los padres también se equivocan.

1. “Llorar es de niñas, no llores que te pones fea”

Las expresiones que establecen diferencias por razones de género solo consiguen dejar en un segundo plano las emociones. Así lo explica Cristina Castaño: “Con estas frases no permitimos a los niños tener emociones como la tristeza, la rabia o el miedo, que suelen estar detrás del llanto”. Y va más allá: “Asociamos que si un niño llora pierde fortaleza, virilidad, lo que fomenta en el futuro hombres que no reconocen lo que sienten, no pueden ponerle nombre ni expresarlo”.

Asociar el llanto a una menor belleza o a feminidad, primar la apariencia sobre las emociones se traduce en que “también las mujeres relegamos las emociones a la esfera de lo privado. Tenemos que ser princesas, comedidas, dar lo que se espera de nosotras”, analiza Castaño. Para Ana Roa este tipo de frases también están “fuera de lugar”, especialmente, cuando, como apunta “socialmente lo que se está trabajando es la igualdad”.

2 . “Princesa, qué bonita y guapa”

Aunque ve lógico que a veces “se nos escapen este tipo de cosas”, Ana Roa cree que hay que ser cuidadosos y que “los elogios deben hacerse a la totalidad de la persona y a las acciones más que al físico”. Para Cristina Castaño, el problema no radica tanto en elogiar a las niñas por su aspecto físico, sino en hacerlo de forma diferenciada con respecto a los niños. Es importante, en su opinión, destacar otro tipo de cualidades como la forma de ser o de actuar, que son las que “más aportan a la persona y las que ayudan a los niños a construir su propia imagen personal”, afirma. Para ella además este tipo de expresiones contribuyen a “encasillar” a las niñas en ciertos comportamientos frente a otros “clásicamente asociados a los hombres”, lo que puede condicionar en un futuro elecciones como los deportes o incluso la profesión.

3. “Mira cómo Fulanito sí se sabe atar los cordones”

Las comparaciones, asegura Ana Roa, “afectan muchísimo a la autoestima” y pueden fomentar la envidia, “un sentimiento muy perjudicial, con el que los niños sufren mucho y que es además muy complicado de reconducir como adultos”. Cristina Castaño recuerda que “cada niño es único y diferente y tiene unos ritmos, un nivel de maduración, una personalidad y unas circunstancias”, por lo que, en su opinión, “más que en comparar deberíamos preocuparnos por comprender realmente a cada niño, permitiendo que sea él mismo, entendiendo lo que siente y ayudándole a comprenderlo y poder expresarlo”. 

4. “Dale un besito a Pepito, anda, dale un besito”

Todos queremos que los niños sean educados, pero deben ser ellos quienes escojan el saludo y si dar o no un beso, pues, como en el caso de los adultos, se trata de un acto voluntario. Así lo explica Nuria Espinosa: “A ti hay gente que te apetece besar, pero a otros no y le das la mano”. “En lugar de forzar a dar un beso es adecuado preguntar a los niños si quieren hacerlo”, sugiere. Se trata, como también afirma Ana Roa, de aceptar que hay otras alternativas educadas como chocar las cinco, lanzar un beso, saludar con la mano, y no enjuiciar al niño por no ser “cariñoso”, respetar su desarrollo, su forma de ser o su apetencia en un momento determinado y “no insistir ni forzar, pues al final lo que podemos conseguir es rechazo”.

Espinosa añade otra idea: es importante que los niños aprendan “que no pasa nada por decir que no educadamente, pues, de hecho, van a tener que hacerlo muchas veces en su vida, también en las relaciones íntimas”. Desde su punto de vista, obligar a los niños a tener contacto físico o intimidad con extraños puede conllevar, en un extremo, “ciertas conductas de permisividad con los adultos que impidan detectar si uno de ellos está sobrepasando los límites”.

5. “¿Y a ti quién te gusta? ¿Tienes novio?”

Desconocidos y familiares insisten desde la broma en hacer preguntas que los niños no solo no están preparados para contestar sino que les pueden llegar a molestar. Para las terapeutas consultadas, no se trata de negarle a los niños la realidad del mundo de relaciones en que viven, ni de convertirlas en un tema tabú, sino, como dice Espinosa, de “no introducirles demasiado pronto en algo que es posible que aún no se hayan planteado y que quizá no tengan capacidad de contestar”. En opinión de Ana Roa es clave respetar el ritmo de maduración de niños y niñas y entender que a medida que crecen, no suelen gustarles este tipo de preguntas y, por tanto, “no son convenientes”.

6. “Que te caes, que te vas a hacer daño, cuidado”

A través de la crianza transmitimos muchos patrones, por lo que es importante que seamos conscientes y sepamos si actuamos, afirma Espinosa, “por nuestros propios miedos o por el bien de nuestros hijos”. “Si los padres ven el mundo como algo peligroso y así lo transmiten continuamente a los hijos, ellos lo verán igual, y esto limitará su aprendizaje y la adquisición de experiencias”, continúa.

Para Roa, esto tiene mucho que ver con la sobreprotección. “Los niños maman las inseguridades y la ansiedad de los adultos”, asegura, y, dado que aprenden por imitación, pueden acabar adoptando patrones y siendo, de hecho, como los padres les hemos transmitido. Roa cree que más importante que las palabras es el tono: “La carga emocional que transmite es muy fuerte y les asusta; les estás transmitiendo tu propio susto, una ansiedad muy elevada”.

No se trata, aclaran ambas, de dejar que los niños se pongan en peligro o de hacer las cosas por ellos, sino de ayudarles, como dice Espinosa, a “tomar decisiones adaptadas a su edad, acompañarles, alentarles y estar ahí sin dar por hecho que los resultados no serán buenos”.

7. “Si te comes todo hay postre”, “Si te portas mal no vienen Los Reyes”

La estrategia del premio y el castigo está desfasada y ya no es efectiva. Así lo cree Ana Roa, que aboga por la disciplina positiva, ser capaces de utilizar un mensaje positivo pero firme frente a la mera negativa. Y es que el chantaje, aunque puede ser efectivo a corto plazo, no lo es si miramos un poco más allá. Para Espinosa lo importante es “c onseguir niños que sepan pensar, que actúen conforme a unas normas sociales y morales y no que acaten las normas por miedo”. Serán entonces, afirma, “adultos sanos capaces de tomar las riendas de su vida de una forma adecuada”.

Como alternativa al premio o al castigo, ambas proponen trabajar sobre comportamientos concretos, enseñarles que algunos son “recompensantes” en sí mismos, tratar, en definitiva, de lograr un acuerdo en el que el niño sea capaz de colaborar e implicarse.

8. “Eres mala, qué torpe eres”

Las frases calificativas del ser afectan directamente a la autoestima. Así lo afirma Ana Roa, que insiste en una máxima: “Califica la acción pero no califiques al niño o niña”. En este sentido, propone frases como “esto puedes hacerlo mejor”, frente a “eres muy torpe” o “esto no se ha hecho bien, te has comportado un poco mal”, frente a “eres malo”. “Cuando un niño está asumiendo y está registrando cerebralmente que es malo, ese mensaje hay que desmontarlo porque es dañino y, a medida que crece, puede desembocar en actos de maldad porque está identificado con ese patrón”.

Nuria Espinosa también está de acuerdo en que no hay que etiquetar y hay que huir de expresiones generales como “pórtate bien” o “no te portes mal”. Y recuerda además que, aunque a veces simplemente tiene que ver con el nivel madurativo, en otras ocasiones, “con el comportamiento el niño nos está mostrando que algo no va bien”.

http://www.eldiario.es/nidos/frases-decimos-ninos-deberiamos_0_718828882.html

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La adaptación a la rutina tras las vacaciones puede ocasionar determinadas alteraciones emocionales y físicas conocidas como el llamado “síndrome de depresión postvacacional”. Este es un trastorno que no solo sufren los adultos, sino que también afecta a los niños que deben recuperar su ritmo habitual en cuanto a horarios, alimentación y actividades en muy poco tiempo y con la dificultad añadida de que, en el caso de los niños, es más complejo identificar el trastorno. Según Marta Campo, jefa del servicio de Psicología del Hospital Sanitas La Zarzuela, ?en realidad no existe una patología de depresiónpostvacacional como tal tipificada en los manuales de clasificación internacionales, pero al regresar del periodo vacacional pueden aparecer reacciones que responden a una dificultad por parte de la persona a retomar su vida diaria?.

Los síntomas de este síndrome de depresión postvacacional en niños pueden incluir insomnio, llanto o somatizaciones digestivas como vómitos o diarreas. Estos síntomas responden a un rechazo al colegio, cuyas causas podrían existir antes de las vacaciones. Los expertos recomiendan a los padres ayudar a identificar los aspectos positivos que tiene el final de las vacaciones, lo que facilitará que el niño se adapte a la nueva etapa sin problemas. Ver a los compañeros de clase, recuperar sus juguetes o dormir de nuevo en su habitación de casa son alguno de estos puntos positivos que los padres pueden utilizar para que los niños tengan ilusión por recuperar su rutina diaria.

http://www.muyinteresante.es/salud/preguntas-respuestas/ilos-escolares-sufren-sindrome-post-vacacional

 Es un momento de pánico. Estás discutiendo con tu hijo sobre alguno de los temas clásicos por los que todo adolescente y sus padres han peleado a lo largo de la historia desde que se inventó el lenguaje. Es posible que estés cansado, un día largo que te pilla con las defensas bajas. Y de repente sucede. Sin pensarlo, casi como un reflejo, salen de tu boca esas palabras que tantas veces escuchaste a tus padres y que, tantas veces también, te juraste no pronunciar nunca si alguna vez tenías tu propia familia. Pero ahí están y es posible que si haces un poco de memoria seas capaz de recordar lo que sentías al oírlas en tu más tierna adolescencia -aunque ahora siendo tú el padre lo de la ternura en la adolescencia te parece una broma-, pero no has podido evitar soltarlas. Y lo peor no es que te hayas convertido en tus padres: lo peor es que la mayoría de esas frases no aportan nada bueno.

Para esta ardua tarea hemos preguntado a tres expertos: Eva Bach, pedagoga, maestra y escritora de varios libros sobre adolescentes; Sonia Cervantes, psicóloga, escritora y terapeuta de programas como Hermano mayor, y Carlos Pajuelo, psicólogo, profesor en la facultad de Educación de la universidad de Extremadura y autor del blog Escuela de padres.

“Una frase como ‘me has decepcionado’ no debería decirse jamás. Le transmitimos que hay un punto de inflexión en el que el joven siente que no sabe si podrá volver a estar a la altura”

Antes de nada nos ofrecen consejos previos. “Con los hijos hay que pelearse, no queda otra”, asegura Pajuelo, que aconseja no olvidar que “los adolescentes son personas que están en formación” y esa educación depende de los padres. Por ello, “el adulto siempre es el que debe mantener la calma”, recalca Cervantes, Así que es mejor esperar un poco antes de enfrentarnos a lo que puede ser un problema. “Es importante que no queramos arreglar las cosas cuando el conflicto está candente”, puntualiza Bach. Y si todo falla, casi siempre hay solución. “A veces en las equivocaciones de los padres encontramos una oportunidad para enseñar”, señala Pajuelo.

Hemos seleccionado, con la ayuda de los especialistas, 15 frases que no se deberían decir…

“Me has decepcionado”

Es una de las frases más duras que pueden escucharse; a veces puede asomar a la punta de la lengua de los padres, pero es ahí donde se debe quedar porque, además, normalmente, no es cierta. Lo explica la psicóloga y escritora Sonia Cervantes: “Esto no debería decirse jamás. Le transmitimos que hay un punto de inflexión en el que el joven siente que no sabe si podrá volver a estar a la altura, y puede ser aún peor”. O sea, el adolescente puede pensar: “Si ya le he decepcionado, de perdidos al río”.

“Te lo dije”

Es posible que sea una de las frases más odiosas que todos hemos escuchado y la gran mayoría de las veces la oímos en nuestra adolescencia aunque lo cierto es que no sirve para absolutamente nada, a juzgar por lo que opinan los adolescentes. “Esta frase es una falta de confianza hacia el adolescente, le estás diciendo que creías que no era capaz”, señala Sonia Cervantes.“Hay que advertir antes. Después lo que habría que hacer es hincapié en el aprendizaje, que el adolescente aprenda del error”, remata Eva Bach.

“Ya lo entenderás cuando seas mayor”

La realidad de esta frase es que los padres no tienen una bola de cristal, así que no pueden saber que sus hijos entenderán en un futuro lo que les dicen ahora. “Es importante que lo que les decimos sea razonable y razonado”, asegura Bach. Y esta argumentación no es ni una cosa ni la otra, y en el fondo lo sabemos.

“Deberías aprender de…”

Si a ningún adulto le gusta que le comparen, y más en esos términos, con otra persona ¿por qué le iba a resultar agradable escucharlo a un adolescente? “Sólo comparamos una parte, la que nos interesa, del comportamiento de otra persona. Hay que demostrarles que tenemos confianza en que sabrán organizar su vida y educarles para ello”, argumenta Carlos Pajuelo.

“No es para tanto”

Quizás en esta frase hay un trasfondo positivo: intentar que nuestro hijo descubra que el que le haya dejado esa novia con la que lleva tres semanas en realidad no es el fin de su vida sentimental. Sin embargo, es una frase que hay que evitar porque puede ningunear los sentimientos del crío. “Para ellos son problemas importantes y serios y a veces es necesario estar mal. Tienen que aprender que hay veces que hay problemas, que no pasa nada por estar tristes ya que es parte de la vida. Y, además, deben aprender a superar los reveses”, afirma Pajuelo. La frase “no es para tanto” también tiene otra vertiente negativa, que señala Cervantes: “No fomenta la comunicación porque la próxima vez que le pase algo no te lo contará porque pensará que para qué”.

“No deberías fumar, beber, o cualquier otra cosa que nosotros sí hacemos”

“Los hijos aprenden con lo que los padres hacen, aprenden de su comportamiento”, asegura Pajuelo. Así que decirles que no deben hacerlo porque sí o utilizando la ya denostada frase “ya lo entenderás cuando seas mayor” no es demasiado útil. ¿La mejor opción? “Hablar. Hay que darles información y no perder los papeles”, sentencia.

“No me gusta ese chico/chica/amigo/amiga para ti”

Si nos retrotraemos a nuestra época de adolescente, recordaremos que oír esa frase de boca de nuestros padres era un aliciente inmediato para querer estar mucho más con esas personas. “Es mejor preguntar qué es lo que encuentra en estos amigos que le hace sentir bien, qué es lo que ellos le aportan. Ahí es donde nos puede dar pistas y podemos encontrar otras maneras de satisfacer esa necesidad”, indica Bach, que además hace de abogado del diablo y asegura: “Nos preguntamos pocas veces si nuestros propios hijos son una buena compañía”.

“Te daba un bofetón…”

Es cierto que, afortunadamente, cada vez es menos habitual encontrar a padres que recurren a la violencia, pero aún existen los que no la usan pero la mentan. “Se transmite que con agresividad y violencia las cosas se arreglan. Si te pegan, el que fracasa es el que da la torta no el que la recibe”, explica Cervantes. Por no hablar de que el aprendizaje en este tipo de situaciones es nulo. “Solo aprende a evitar la agresión de la forma que sea”, explica el especialista.

“Yo a tu edad…”

Tú a su edad pagabas con pesetas, jugabas en la calle hasta la noche casi sin vigilancia y viajabas en un coche sin cinturón de seguridad. “No se pueden comparar los tiempos: antes las cosas no eran mejores, eran diferentes. Nuestra sociedad actual ha generado otra forma de comportamiento”, argumenta Pajuelo. Sin olvidar que “los padres tenemos recuerdos selectivos”. Porque desde luego a ningún padre se le ocurriría ahora meter a sus hijos en un coche sin cinturón porque era lo que se hacía cuando él tenía su edad.

“Eres un maleducado”

Esto, si lo pensamos bien, es tirar piedras contra nuestro propio tejado. “No hay que olvidar que los educamos nosotros. Con esta frase no solo atacamos su autoestima, sino que además nos estamos descalificando a nosotros mismos”, apunta Bach. “Es un etiquetaje que debería corregirse con un ‘has actuado de forma incorrecta”, puntualiza Cervantes.

“Eres un inútil”

Al igual que con la frase anterior, esta no tiene nada de positivo: estamos etiquetando y además lo hacemos con una persona que está en plena formación, como si lo que hay ya fuera definitivo. En general cualquier frase negativa que contenga un “eres un…” es una mala idea. “Hay que centrarse en la conducta no en el individuo”, explica Cervantes.

“Ahí tienes la puerta, pero si sales no vuelvas a entrar”

“Esto es muy típico de padres flamencos que, por cierto, suelen tener hijos igual de flamencos que aceptan el envite y se van de casa”, reflexiona Pajuelo. “Cuando los hijos están descontrolados necesitan padres controlados”, añade. Y ese tipo de amenazas, son la antítesis a estar controlado.

“Como sigas así vas a ser un desgraciado”

“Esa frase solo asusta al que la dice”, asegura Pajuelo. Y volvemos a la premisa anterior: los adolescentes necesitan padres controlados, no que les suelten amenazas vanas y sin sentido. “Después de discutir con un adolescente, él normalmente dormirá sus ocho horas mínimo y sin embargo sus padres estarán desvelados”, observa. Así que cuanto más se conserve la calma, mejor.

“Me sacas de quicio”

Aquí culpabilizamos al adolescente de una reacción nuestra. “Los culpables somos nosotros. No nos sacan de quicio ellos, sino la situación y no sabemos cómo llevarla de una mejor manera”, sentencia Bach. Lo mejor es esperar un poco, calmarnos todos, y hablar cuando sea posible hacerlo de una forma productiva.

“Contigo no hay manera”

Estamos dando por perdida a una persona a la que, seguramente, le queden más de 50 años de vida. Entonces esta frase es, cuanto menos, un poco tajante. “Lo mejor es decir que tiene que haber una manera, lo que pasa es que hay que seguir buscándola. Así responsabilizamos al adolescente para que nos ayude a buscarla”, aconseja Bach.

¿Nos estamos pasando con los regalos? ¿Somos capaces de controlar lo que les damos a nuestros pequeños en estas fiestas? A veces consentimos mucho. Muchas regalamos de mas. Y hacemos que nuestro hijo padezca el síndrome del niño hiperregalado. El pequeño que lo padece “es aquel que sufre ante la avalancha de obsequios y regalos en un mismo día”, explica por correo electrónico la doctora Marisa Navarro, terapeuta y autora de los libros La medicina emocional y El efecto tarta. “Hay tantos focos en los que poner la atención que el niño es incapaz de concentrarse en ninguno. Esto provoca que se disperse y llegue incluso a perder la ilusión. Es por ello que al contrario de lo que se pretende, llegue a frustrarle y así se vuelva apático, se enfade y empiecen las quejas, con el típico “esto no es lo que quería” y otras cosas peores, que tan mal sientan a los padres”, añade.

¿Cuándo se padece este síndrome?

Cumpleaños, días de Navidad y Reyes, son los más propicios para que los niños lo sufran, ya que además de los regalos de los padres, están los de familiares y amigos. En algunos casos, especialmente en los niños que pasan menos tiempo con sus padres, este síndrome puede ser algo habitual, cuando se intenta suplir la falta de atención con regalos, y también cuando se les quiere premiar constantemente y, para ello, se recurre una y otra vez a objetos materiales. “En estas situaciones, el estado de estos niños es peor, pues están ya tan acostumbrados a los regalos materiales, que les llegan en tantas ocasiones y muchas veces sin un motivo concreto, que no son capaces de conectar con la emotividad propia de los días de Reyes o Navidad, e incluso están tan desconcentrados, que no saben ni lo que quieren, ni que pedir”, incide la experta.

¿Los padres somos responsables? “Exactamente, tenemos mucha responsabilidad en esto, pues pensamos que llenar el árbol de regalos y que ellos vean gran cantidad de paquetes cuando se despiertan, es la mejor manera de demostrarles nuestro amor”, explica la doctora. Según la experta, esto es la consecuencia del sentimiento de culpa que tenemos los padres por no tener el suficiente tiempo para estar con ellos, y pensar que no les prestamos la atención que requieren, por lo que les compramos más, incluso, de lo que ellos piden. “Por otro lado, están los padres, que quieren constantemente demostrar, ya sea ante otros padres o familia, lo pendientes que están de sus hijos, o lo mucho que les quieren y. para ello, les llenan de obsequios. O los padres separados, que entran en competencia por a ver quién regala más y en consecuencia quiere más al niño”, argumenta. Pero si nos damos cuenta, el día de Navidad o Reyes no suele ser un día en el que los niños se frustren y se enfaden, por no haber recibido todo lo que han pedido, “sino que simplemente abren lo que tienen y comienzan a disfrutar con ello”, continúa.

Consecuencias del síndrome del niño hiperregalado

Las consecuencias de hiperregalar a los niños son muy perjudiciales, ya que se les transmiten unos valores muy negativos, como dar poco o ningún valor a las cosas, o pensar que todo es fácil de conseguir, y que no necesitan esforzarse para obtener lo que desean. “De esta manera, estos niños se vuelven enormemente cómodos y, en consecuencia, tenemos pequeños frustrados y con falta de imaginación e ilusión por las cosas, o consumistas, caprichosos e indecisos, y que solo dan importancia a lo material”, sugiere la doctora Navarro. “Además, les enseñamos a crearse necesidades que en realidad no tienen. Estas características les acompañarán cuando sean adultos, y se reflejarán en todas las facetas de su vida”, incide.

¿Pautas a seguir?

Lo ideal es recibir como máximo cuatro o cinco regalos, siempre que sea posible.

  • Lo ideal es recibir como máximo cuatro o cinco regalos, siempre que sea posible. Estos deberían consistir en: un libro, siempre; algo útil como un nuevo estuche de pinturas para la escuela; algo necesario como unos nuevos zapatos o algo de ropa y, por supuesto, algún juguete que desee, del que habéis estado hablando al escribir la carta.
  • Si es posible una buena idea es recibir algo para otros niños, ya sea para algún familiar o para algún niño que pueda necesitarlo. Esta es una buena oportunidad para educarles en valores como saber compartir, o la amistad, la solidaridad, la bondad, generosidad, gratitud, empatía y muchas otras capacidades tan positivas, que les acompañarán en su vida adulta.

Consejos prácticos

  1. El mejor consejo es dedicar un rato a escribir la carta a los Reyes para conocer que es lo que más desean y qué les hace ilusión, pero más importante todavía, aprovecharla para estar tiempo con tus hijos, conocerles un poco mejor, cuidar el vínculo de amor que os une y educarles en aspectos tan importantes como la moderación, la solidaridad, la toma de decisiones, o el establecimiento de prioridades.
  2. Enseñarles a razonar, comentarles de antemano que en estas fechas los Reyes o Papá Noel, tienen que atender las peticiones de muchos niños, y es posible que no puedan traer todo lo que desearían.
  3. Háblarles de lo afortunados que son por recibir regalos, pero sobre todo por tener personas que les quieren y les cuidan a su alrededor.
  4. Y si la avalancha de juguetes por parte de familiares y amigos es enorme y no se puede evitar, también puede ir dosificándose la entrega en varios días, para que puedan centrar su atención y disfrutar más de los regalos. Aunque lo mejor, es ponerse de acuerdo con estos para que esta situación no se produzca.

Los expertos animan a padres, instituciones educativas y Administración a practicar las 5C: complementariedad, comunicación, coordinación, confianza y compromiso.

Cada vez más, los departamentos de recursos humanos (RRHH) buscan candidatos que sean capaces de trabajar al mismo ritmo y compartir los mismos intereses que el resto de las empresas. Unos factores que, según las propias compañías, favorecen la productividad. Para ello, una de las cualidades que buscan en los futuros candidatos es que sepan trabajar en equipo; es decir, que cooperen para lograr un fin común. Porque, la cohesión de un equipo de trabajo se expresa a través del compañerismo y del sentido de pertenencia al grupo que manifiestan sus componentes. Cuanta más cohesión exista, mejor trabajarán sus miembros y más productivos serán los resultados de sus acciones.

Por ello, cada vez más expertos animan a padres y madres, instituciones educativas y Administración a que fomenten en sus hijos la destreza del “trabajo en equipo” a partir de la incorporación del esquema de las 5C: complementariedad, comunicación, coordinación, confianza y compromiso.

María Victoria Sánchez, sénior director Page Personnel, manifiesta que, “desde hace algún tiempo, poseer la cualidad de trabajar en equipo es un requisito casi indispensable para cualquier puesto de trabajo. Los expertos en RRHH buscamos esta cualidad en los perfiles de los candidatos porque está demostrado que al trabajar en equipo se ponen más capacidades, inteligencias, ideas y destrezas al servicio de una tarea común, de tal forma que por el hecho de compartir esa actividad los resultados se consiguen de manera sólida y rápida”.

Actualmente, vivimos en una cultura en la que, cada vez más, se tiende hacia la colaboración. Según abundantes estudios, trabajando en equipo se complementan los talentos individuales; aumenta la motivación personal; las personas que trabajan apoyándose en un mismo proyecto aumentan notablemente la productividad; y el aprendizaje que se obtiene cuando se trabaja en equipo, es mayor. En este sentido, Sánchez señala que “cada vez se trabaja más en las aulas según este enfoque. El concepto “equipo” debería, por lo tanto, trabajarse desde que somos pequeños. En el ámbito educativo, estableciendo objetivos para toda una clase o mediante la incorporación de trabajos en grupo. Y también en la familia, por ejemplo a la hora de repartir las tareas del hogar con el objetivo de conseguir un resultado común en menos tiempo y con menor esfuerzo”.

Respecto a la importancia de la labor en los colegios, Dominique Cerri, directora general de InfoJobs, afirma que “es fundamental que desde las aulas se lleven a cabo dinámicas en las que se fomente el respeto a la hora de hablar y de escuchar las opiniones de los demás. También es muy valioso potenciar la escucha proactiva para que los niños y jóvenes se acostumbren a aportar sobre lo dicho en vez de lanzar críticas. Si adquieren estas habilidades cuando son pequeños, les acompañarán a lo largo de toda su vida”.

Sin embargo, familias y colegios tienen actualmente un enorme aliado en la práctica de deportes colectivos, como fútbol, baloncesto, jóquey o rugby, para el aprendizaje del “trabajo en equipo” por parte de niños y jóvenes. En este ámbito, Andrés Parada, preparador físico de FS Valdepeñas de 2ª División y director de la publicación deportiva Futsal360, señala que “desde un punto de vista meramente teórico, el deporte de equipo se caracteriza fundamentalmente por la cooperación, la oposición, la presencia de dos o más jugadores, la interrelación de los mismos, el dominio del espacio o contexto, y el móvil u objeto”. Según Parada, “todos estos aspectos, que el niño trabaja casi de manera inconsciente, podríamos considerarlos como los medios que utilizamos a través del juego para desarrollar una serie de valores o cualidades. Todos ellos se los irá encontrando poco a poco en su camino, tanto en la vida como en cualquier ámbito profesional que pueda desarrollar: “si viajas solo caminarás rápido, si viajas acompañado caminarás lejos”, “nadie puede silbar solo una sinfonía, es necesaria una orquesta” (cooperación), “un caballo nunca corre tan deprisa como cuando tiene otros caballos que alcanzar y adelantar” (oposición), “ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (la interrelación de los jugadores), y mucho más ejemplos en los que no sabemos si hablamos de deporte, del ámbito profesional, o de la vida, porque en cierto modo, es lo mismo”.

Javier Martínez, profesor de Educación Física para Secundaria en el Colegio Los Nogales y profesor asociado del departamento de Ciencias de la Educación en la Universidad de Alcalá de Madrid, añade que, “aunque el deporte es un medio excelente para adquirir aprendizajes aplicables a otros ámbitos y a la vida cotidiana, por sí mismo no es educativo. Hay que saber emplearlo para lograr todos los posibles beneficios que conlleva su práctica. Por tanto, los chavales que aprenden a gestionarse bien dentro de un deporte de equipo son los que muestran una diferencia respecto al resto. De hecho, estos alumnos saben expresarse y escuchar de forma más adecuada e incluso se motivan más trabajando con compañeros”. Martínez añade que “las personas que hayan asimilado bien los aspectos mencionados, podrán integrarse de forma adecuada e incluso ventajosa en el mundo laboral. Destrezas con las que, además, desarrollarán actitudes de liderazgo y capacidad de competición interna, cualidades muy valoradas en la mayoría de profesionales”.

https://elpais.com/elpais/2017/01/30/mamas_papas/1485768165_491520.html?id_externo_rsoc=TW_CC

El Día del Maestro se celebra en España este lunes, 27 de noviembre. Aunque la onomástica del patrón de los docentes, San José de Calasanz, se conmemora el 25 de agosto, desde mediados del siglo XX se decidió traspasar la festividad al 27 de noviembre. Por este motivo, Google dedica hoy un ‘doodle’ a esta celebración, que se festeja en diferentes fechas según los países.

Por ejemplo, el Día del Maestro se conmemora en Estados Unidos el primer martes de mayo, mientras que en Canadá es el 5 de octubre, igual que en Rusia. En China se celebra el 10 de septiembre, en Alemania el 12 de junio y en Francia, el 5 de abril, como muestras de esta disparidad.David Calle, el ‘mejor maestro de España’

El ejercicio de determinar quién es el mejor profesor de España tiene mucho de artificio (miles de docentes hacen una labor impagable cada día en las escuelas de todo el país), pero David Calle se ha hecho merecedor de esa distinción honorífica al convertirse en uno de los 10 finalistas del Global Teacher Prize 2017, considerado el Nobel de los maestros.

David Calle es conocido como ‘el profesor youtuber’ por los tutoriales que publica en la popular plataforma de vídeos. Su inmersión en ella comenzó en el 2011, cuando el profesor de academia fundó el canal Unicoos, pensado originalmente para resolver las dudas de su veintena de alumnos.

Sin embargo, esa pequeña labor social ha dado como resultado el mayor canal educativo de habla hispana en el mundo, con 660.000 suscriptores y unos 700 vídeos de matemáticas, química, física o tecnología que ya han alcanzado los 100 millones de visitas. Se calcula que al menos 30 millones de estudiantes han visto un vídeo suyo.

Para este maestro, la clave es transmitir pasión, energía y mostrar que se puede. “Cuando los alumnos pierden esa imagen de que el profesor es el malo y que es alguien que está allí para ayudarles se gana mucho”, considera. Para este docente, es “alucinante” que una persona de cualquier parte del mundo empiece a entender las cosas o, al menos, “a darse cuenta de que puede”.

David Calle también fue incluido por la revista ‘Forbes’ en su lista de las 100 personas más creativas del mundo. No ganó, en cambio, el Global Teacher Prize 2017, que recayó en la canadiense Maggie MacDonnell por su trabajo en un pequeño pueblo de esquimales con adolescentes en riesgo de exclusión.

José de Calasanz, precursor de la pedagogía moderna

El patrón de los docentes, el pedagogo y sacerdote José de Calasanz, nació en Peralta de la Sal (Huesca) el 11 de septiembre de 1556 o 1557. Se le considera precursor de la pedagogía moderna. Organizó y sistematizó la enseñanza escolar por niveles y ciclos de enseñanza a partir de la primaria y hasta en formación profesional. Calasanz fue partidario de mantener el latín en el aprendizaje de los alumnos, junto con la lengua habitual de su país en la Europa católica, lo que contribuiría a la universalización de la educación, de la que fue un gran defensor.

José de Calasanz fue declarado en 1948 “patrono universal de todas las escuelas populares cristianas del mundo”, por el papa Pío XII, pues fue el creador, en 1597, de la primera escuela pública popular gratuita de Europa. Esto sucedió en Roma, y dio origen a la primera Escuela Pía. Años más tarde, en 1621, el papa Gregorio XV elevó la congregación de las Escuelas Pías al grado de orden religiosa con el nombre de Escolapios. Actualmente, las Escuelas Pías se encuentran esparcidas por todo el mundo.

Murió en Roma el 25 de agosto de 1648, y fue elevado a los altares en 1767. Antes de instituirse su patronazgo el 27 de noviembre, los niños y sus profesores celebraban el Día del Maestro el 30 de mayo, festividad de San Fernando, mientras que las niñas lo hacían el 15 de octubre, día de Santa Teresa.

http://www.elperiodico.com/es/educacion/20171127/dia-del-maestro-6451507

A pesar de esa sensación que empieza a llegarnos a los profesionales que trabajamos con niños de alta capacidad, acerca de padres y profesores que comentan que “ahora todos los niños tienen altas capacidades”, la verdadera realidad es que el grueso de niños que lo son, siguen sin ser detectados y con alta probabilidad no lo serán nunca porque no responden al falso estereotipo de niños académicamente brillantes. Y lo que es peor, puede que hasta sean diagnosticados con diferentes patologías, tales como el Déficit de Atención con Hiperactividad (o sin ella), el trastorno bipolar o el Síndrome de Asperger. Una tragedia para padres y para hijos. Y para todos. Una sociedad que patologiza la sobredotación por pura ignorancia, es muy mal síntoma.

Está comprobado por numerosos estudios que suelen ser los padres quienes son los primeros en darse cuenta de la diferencia de sus hijos, sin embargo, si esta diferencia no responde a unas calificaciones académicas excepcionales, empezarán a sospechar la posibilidad de que su hijo tenga “algo raro”. Algunos de ellos, los más proactivos, acudirán a un psicólogo que muy probablemente no tenga formación en alta capacidad y por ello difícilmente va a ver lo que realmente le pasa al niño. Les hablarán de falta de límites, de necesidad de disciplina y en muchos casos de ser unos padres demasiado tolerantes o sospechosos de narcisismo al pensar que su hijo es “especial”. Con suerte, no saldrán de la consulta con una etiqueta patológica acerca de su hijo aunque en la mayoría de los casos, sí con una sensación de incompetencia personal, de impotencia y angustia.

Y luego están los docentes del “yo no lo veo”. Como si tener alta capacidad llevara implícito una marca reconocible en alguna parte del cuerpo, como si hubiera un único patrón observable, como si tuvieran ciencia infusa a modo de enciclopedia andante…

En definitiva, lo triste es reconocer que no se puede ver lo que no se conoce.

Hablo de los llamados “superdotados invisibles”, los que no parecen destacar en nada, los que solo se comportan de manera disruptiva o peculiar , pero no se interesan por las clases, siempre distraídos, moviéndose sin parar, haciendo preguntas inusuales, negándose a hacer las fichas o los deberes, desafiando al profesor, estallando de rabia por razones incomprensibles, solos en los recreos, incluso con dificultades para entender un texto o una explicación. Hablo del potencial escondido por divergente, por inusual, por excepcional. En un sistema creado para la media, donde se ha confundido igualdad con uniformidad, excelencia como elitismo, salirse del patrón no está bien visto, sobre todo si no tienen un trastorno, entonces ni siquiera les alcanza la compasión o la empatía.

“Cuando se sabe qué buscar, el alto potencial de un niño aparece en los lugares más inesperados y se expresa de las formas más inusuales: Un grafiti lastimero, una razón muy inteligente para no hacer los deberes, un chiste ingenioso, una pregunta fascinante, un juego de palabras, la concienzuda dedicación a una actividad, hacer las cosas de forma inusual, pintarlas del revés, una pasión que perdura, el valor de defender a los indefensos, la capacidad de mantener la calma en los momentos de caos. Todos estos son indicadores cualitativos de la alta capacidad”.

Linda Kreger Silverman es psicóloga clínica. Autora de más de 300 libros, fundadora del Instituto para el estudio del desarrollo avanzado, y El Centro de Desarrollo de la superdotación (GDC) en Denver, Colorado.

Nuestra experiencia del día a día, nos trae a padres angustiados porque no saben qué les pasa a sus hijos: “siempre fue diferente”, “no obedece” “parece sordo” “explota con facilidad de forma muy intensa”, “parece ido, en su mundo”, “le cuesta relacionarse con los niños de su edad”, “nos hace preguntas inusuales” “le angustia la muerte”… y así llegan, esperando un diagnóstico de alguna patología porque han tenido una tutoría en el cole y les han dicho que “algo no va bien”.

La mayoría de los profesionales de la educación o de la psicología desconocen las sobre excitabilidades de los niños y niñas con Altas capacidades

Especialmente difíciles de detectar son los que provienen de entornos socio-económicos pobres, los que tienen además un problema de aprendizaje (doble excepcionalidad), los altamente creativos, los que tienen un estilo de aprendizaje predominantemente viso-espacial (la mayoría de superdotados tienen este estilo), los que tienen bajo rendimiento académico y las niñas.

La identificación de las niñas es especialmente complicada porque por un lado no suelen tener un comportamiento disruptivo en aula y además tienden a asemejarse a su grupo de referencia en cuanto a calificaciones y comportamiento, a fin de ser aceptadas por el grupo de iguales. Para las mujeres, la necesidad de aprobación social es pandemia.

La mirada de los padres y de los docentes es una variable determinante en la imagen que construya el niño (cualquier niño) de sí mismo. En el caso de los niños superdotados no detectados se produce con triste frecuencia el “efecto Pigmalión negativo”, cuando tanto unos como otros, niegan o ningunean la excepcionalidad del niño en un intento erróneo por “normalizarle”. El niño interioriza que ser como es él, no es bueno y tenderá a la desaprobación y al autorechazo. Es común escucharles decir, desde muy pequeños, que “no sirven para nada”.

La mayoría de los profesionales de la educación o de la psicología desconocen las sobre excitabilidades de los niños y niñas con Altas capacidades, de ahí la frecuencia de los diagnósticos erróneos:

  • La sobreexcitabilidad psicomotora se confunde con TDHA: El niño parece tener problemas de atención y su agitación motriz (verbal o física) hace que se piense en este trastorno. Si bien, cuando el niño está motivado en la tarea, inmerso en algo que le atrae y fascina, puede llegar a tener niveles de concentración fuera de lo esperado para su edad, olvidándose incluso de todo lo que le rodea.
  • La sobreexcitabilidad intelectual se confunde con Trastorno de Asperger, en tanto el niño superdotado muestra una curiosidad voraz que a veces proyecta sobre un único tema, obsesionándose y volcando toda su energía en él. El discurso, a veces tangencial, o la dificultad para las relaciones sociales y sus matices, puede llevar a pensar en este trastorno del espectro autista.
  • La sobreexcitabilidad emocional, la más frecuente de todas, la que los padres refieren como “niño muy intenso y extremo”, en algunos casos puede llevar a pensar a los que no conocen cómo es un niño con Alta Capacidad a pensar en un trastorno bipolar. Y nada más lejos de la realidad, son intensos emocionalmente pero no psicóticos, y este será, cuando sean adultos, uno de sus mayores recursos.
  • La sobreexcitabilidad sensorial hace que les moleste sobremanera las etiquetas de la ropa, el ruido de la clase o los olores del comedor, y supone para ellos algo tan invasivo que no pueden pensar en nada más. Incomprendidos casi siempre y juzgados la mayoría de las veces como maniáticos, cuando es algo que no pueden (ni debemos obligarles) a soportar.
  • La sobreexcitabilidad de la imaginación supone una enorme facilidad para inventar, fantasear a un nivel donde llegan a confundir la realidad con la ficción, creando sus propios mundos privados con compañeros imaginarios para escapar del aburrimiento. En aula suelen dibujar, escribir o imaginar historias con el fin de abstraerse de una realidad que la mayoría de veces les aburre profundamente, por rígida y árida.

Estas son solo algunas pinceladas que confío ayuden a algunos padres y docentes a cambiar la mirada hacia nuestros niños altamente dotados.

Es imprescindible la comprensión, la empatía, la canalización de un potencial que a veces amenaza con volverse en contra, el conocimiento de una realidad que es nuestra responsabilidad atender, desterrando tópicos y prejuicios, mirando de frente y sin miedo a los “diferentes”. Son sobre todo y por encima de todo, niños, con el legítimo derecho a ser felices, sin negarles su esencia.

https://elpais.com/elpais/2017/11/20/mamas_papas/1511190751_521756.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Hace ya algunas décadas que dejé de ser niña, una época de mi vida que recuerdo con añoranza y que puebla mi cabeza con multitud de historias, algunas de ellas inolvidables. Hoy, bastantes años después, he dirigido mis pasos hacia un centro educativo para comprobar in situ cuál es el perfil de los niños y niñas que integran la población infantil de nuestra sociedad, en el día en el que se celebra el Día Universal del Niño. Para ello, me reúno con Marta, profesora de uno de los colegios que integran la red de centros de la Cooperativa Gredos San Diego de la Comunidad de Madrid. Junto con ella, inicio una actividad en la que los alumnos de 3º de Primaria de este colegio, situado en el madrileño barrio de Las Suertes (Vallecas). Ellos son los verdaderos protagonistas. Una hora a lo largo de la cual un grupo de 29 alumnos, con edades comprendidas entre 8 y 9 años, hablan sobre la realidad que viven y sus interpretaciones de la misma.

El lema escogido para este año por parte de Unicef es “Un día para los niños, de los niños”, una frase que coincide con la idea que tiene Mateo, de 9 años, quien señala que “me gusta que haya un día dedicado a nosotros. Hay niños que lo pasan mal, que viven en países donde hay guerra o que no pueden comer. A veces, cuando voy con mis padres a un centro comercial, hay sitios donde llevamos comida. También en el colegio traemos arroz o macarrones”, señala Mateo. Una concienciación, la de ayudar a otras personas, que la mayoría de los alumnos manifiesta durante su intervención. “Porque hay que ayudar”, dice Andrea.

En general, los alumnos son conocedores de que hay niños que vienen de otros países a España porque tienen dificultades en sus países de origen. La solución, según Paula, está en que “las personas que tienen más dinero les ayuden y que les den trabajo para que sus hijos puedan comer, vestirse, tener una casa o ir al colegio”.

Una realidad, la de la infancia, que en nuestro país ofrece también datos preocupantes, si nos atenemos a los datos ofrecidos por Unicef Comité Español en su informe “La Infancia en España 2014: El valor social de los niños, hacia un Pacto de Estado por la Infancia”. Este documento apunta que España tiene una de las tasas más altas de pobreza infantil de la UE y es el tercer país, por detrás de Rumanía y Grecia, tanto en pobreza relativa como en “anclada”, que alcanza a casi el 40% de los niños, con un aumento de nueve puntos porcentuales entre 2008 y 2014. También, que 13.818 menores han sufrido potenciales abusos y malos tratos en el ámbito familiar, según la última estadística del Registro Unificado de casos de sospecha de Maltrato Infantil (RUMI), la principal herramienta para medir estos casos de que dispone el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales.

El informe de Unicef recoge, además, que el 27,8% de los niños de 2 a 17 años padecen obesidad o sobrepeso. Sobre este tema, la mayoría de los niños comentan que sus padres suelen incluirles todo tipo de alimentos en las comidas, aunque “en ocasiones especiales”, confiesa Pablo, “también comemos pizzas o hamburguesas”. Porque, según los expertos, la dieta saludable es fundamental para sentirse bien pero siempre acompañada de ejercicio físico, una combinación que, según manifiesta Claudia, una pequeña pecosa y muy risueña, “es importante para encontrarnos bien y si es con amigos, mucho más divertido”.

Asimismo, el texto del organismo de Naciones Unidas incluye, entre otros números, que el 63,4% de niños de 1 a 14 años consumen televisión por lo menos una hora al día entre semana y que el 22,9% de niños de 1 a 14 años usan videojuegos/ordenador/Internet por lo menos una hora al día entre semana. No obstante, el estudio de Unicef también señala que, el 40,1% de niños de 11 a 18 años manifiestan leer libros por lo menos una vez a la semana o que el 62,4%, en estas edades, hace ejercicio físico en el tiempo libre por los menos dos veces por semana.

En relación con el uso de nuevas tecnologías, casi el total de los alumnos consultados disponen en el hogar de ordenadores, tablets o videoconsolas. Además, cerca del 60% de ellos aseguran que tienen móvil propio. Un dispositivo, que en la mayoría de los casos dispone de conexión a internet, a través del cual ven vídeos, escuchan música o juegan y que suelen utilizar, en general, con consentimiento de los tutores un día entre semana y los fines de semana. Aunque, como afirman Carlos, María y Hugo, son ellos los que guardan el smartphone en su habitación. Pese a todo lo que puede ofrecerles las nuevas tecnologías, Pablo dice que “no hay nada como divertirse y jugar con los amigos”.

Una generación de niños y niñas que absorbe todo los que pasa a su alrededor y que es conocedora de temas como la violencia en el deporte, de la existencia del “acoso escolar”, del atentado terrorista que sufrió Barcelona o de que existe un lugar en España que quiere independizarse. Un tema, la independencia, que consiste según Valeria en que “un país se quiere ir de otro, porque dicen que les tratan mal. Por ejemplo, en España, Cataluña se quiere ir”.

María, Penélope, Marcos, Pablo, Claudia o Martín forman parte del futuro de una sociedad, en la que, según las preferencias manifestadas por los alumnos de GSD, serán “profesores, diseñadoras de moda, ingenieros, cantantes, médicos o futbolistas” y para los que Unicef pide que se trabaje diariamente por su bienestar y desarrollo. Un Día que recuerda que todos los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente del lugar del mundo en el que haya nacido.

https://elpais.com/elpais/2017/11/20/mamas_papas/1511164459_318273.html

Francisco Mora / Experto en Neuroeducación

La neuroeducación, la disciplina que estudia cómo aprende el cerebro, está dinamitando las metodologías tradicionales de enseñanza. Su principal aportación es que el cerebro necesita emocionarse para aprender y desde hace unos años no hay idea innovadora que se dé por válida que no contenga ese principio. Sin embargo, uno de los máximos referentes en España dentro de este campo, el doctor en Medicina Francisco Mora, pide cautela y advierte de que en la neuroeducación todavía hay más preguntas que respuestas.

Mora, autor del libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama (Alianza), que ya cuenta con once ediciones desde 2013, es también doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y se empezó a interesar por el tema en 2010, cuando acudió al primer Congreso Mundial de Neuroeducación celebrado en Perú.

Defiende que la educación puede transformarse para hacer el aprendizaje más efectivo, por ejemplo, reduciendo el tiempo de las clases a menos de 50 minutos para que los alumnos sean capaces de mantener la atención. El profesor de Fisiología Humana de la Universidad Complutense alerta de que en la educación se siguen dando por válidas concepciones erróneas sobre el cerebro, lo que él llama neuromitos. Además, Mora es adscrito al departamento de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos

Pregunta: ¿Por qué es importante tener en cuenta los hallazgos de la neuroeducación para transformar la forma de aprender?

Respuesta: A nivel internacional hay mucho hambre por anclar en sólido lo que hasta ahora solo han sido opiniones, y ese interés se da especialmente en los profesores. Lo que hace la neuroeducación es trasladar la información de cómo funciona el cerebro a la mejora de los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, conocer qué estimulos despiertan la atención, que después da paso a la emoción, ya que sin estos dos factores no se produce el aprendizaje. El cerebro humano no ha cambiado en los últimos 15.000 años; podríamos tener a un niño del paleolítico inferior en un colegio y el maestro no darse cuenta. La educación tampoco ha cambiado en los últimos 200 años y ya disponemos de algunas evidencias que hacen urgente esa transformación. Hay que rediseñar la forma de enseñar.

P: ¿Cuáles son las certezas que ya se pueden aplicar?

R: Una de ellas es la edad a la que se debe aprender a leer. Hoy sabemos que los circuitos neuronales que codifican para transformar de grafema a fonema, lo que lees a lo que dices, no terminan de conformar las conexiones sinápticas hasta los seis años. Si los circuitos que te van a permitir aprender a leer no están conformados, se podrá enseñar con látigo, con sacrificio, con sufrimiento, pero no de forma natural. Si se empieza a los seis, en poquísimo tiempo se aprenderá, mientras que si se hace a los cuatro, igual se consigue pero con un enorme sufrimiento. Todo lo que es doloroso tiendes a escupirlo, no lo quieres, mientras que lo que es placentero tratas de repetirlo.

P: ¿Cuál es el principal cambio que debe afrontar el sistema educativo actual?

R: Hoy comenzamos a saber que nadie puede aprender nada si no le motiva. Es necesario despertar la curiosidad, que es el mecanismo cerebral capaz de detectar lo diferente en la monotonía diaria. Se presta atención a aquello que sobresale. Estudios recientes muestran que la adquisición de conocimientos comparte sustratos neuronales con la búsqueda de agua, alimentos o sexo. Lo placentero. Por eso hay que encender una emoción en el alumno, que es la base más importante sobre la que se sustentan los procesos de aprendizaje y memoria. Las emociones sirven para almacenar y recordar de una forma más efectiva.

P: ¿Qué estrategias puede utilizar el docente para despertar esa curiosidad?

R: Tiene que comenzar la clase con algún elemento provocador, una frase o una imagen que resulten chocantes. Romper el esquema y salir de la monotonía. Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga. La atención hay que evocarla con mecanismos que la psicología y la neurociencia empiezan a desentrañar. Métodos asociados a la recompensa, y no al castigo. Desde que somos mamíferos, hace más de 200 millones de años, la emoción es lo que nos mueve. Los elementos desconocidos, que nos extrañan, son los que abren la ventana de la atención, imprescindible para aprender.

P: Usted ha advertido en varias ocasiones de la necesidad de ser cautos ante las evidencias de la neuroeducación. ¿En qué punto se encuentra?

R: La neuroeducación no es como el método Montessori, no existe un decálogo que se pueda aplicar. No es todavía una disciplina académica con un cuerpo reglado de conocimientos. Necesitamos tiempo para seguir investigando porque lo que conocemos hoy en profundidad sobre el cerebro no es aplicable enteramente al día a día en el aula. Muchos científicos dicen que es muy pronto para llevar la neurociencia a las escuelas, primero porque los profesores no entienden de lo que les estás hablando y segundo porque no existe la suficiente literatura científica como para afirmar a qué edades es mejor aprender qué contenidos y cómo. Hay flashes de luz.

Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga

P: ¿Podría contar alguno de los más recientes?

R: Nos estamos dando cuenta, por ejemplo, de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, por eso hay que romper con el formato actual de las clases. Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos. En la práctica, puesto que esos formatos no se van a modificar de forma inminente, los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto… Hace unas semanas la Universidad de Harvard me encargó diseñar un MOOC (curso online masivo y abierto) sobre Neurociencia. Tengo que concentrarlo todo en 10 minutos para que los alumnos absorban el 100% del contenido. Por ahí van a ir los tiros en el futuro.

P: En su libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama alerta sobre el peligro de los llamados neuromitos. ¿Cuáles son los más extendidos?

R: Existe mucha confusión y errores de interpretación de los hechos científicos, lo que llamamos neuromitos. Uno de los más extendidos es el de que solo se utiliza el 10% de las capacidades del cerebro. Todavía se venden programas informáticos basados en él y la gente confía en poder aumentar sus capacidades y su inteligencia por encima de sus propias limitaciones. Nada puede sustituir al lento y duro proceso del trabajo y la disciplina cuando se trata de aumentar las capacidades intelectuales. Además, el cerebro utiliza todos sus recursos cada vez que se enfrenta a la resolución de problemas, a procesos de aprendizaje o de memoria.

Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.
Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Jaime Villanueva

Otro de los neuromitos es el que habla del cerebro derecho e izquierdo y de que habría que clasificar a los niños en función de cuál tienen más desarrollado. Al analizar las funciones de ambos hemisferios en el laboratorio, se ha visto que el hemisferio derecho es el creador y el izquierdo el analítico -el del lenguaje o las matemáticas-. Se ha extrapolado la idea de que hay niños con predominancia de cerebros derechos o izquierdos y se ha creado la idea equivocada, el mito, de que hay dos cerebros que trabajan de forma independiente, y que si no se hace esa separación a la hora de enseñar a los niños, se les perjudica. No existe dicha dicotomía, la transferencia de información entre ambos hemisferios es constante. Si se presentan talentos más cercanos a las matemáticas o al dibujo, no se refiere a los hemisferios, sino a la producción conjunta de ambos.

P: ¿Está influyendo la neuroeducación en otros aspectos de la enseñanza?

R: Hay un movimiento muy interesante que es el de la neuroarquitectura, que pretende crear colegios con formas innovadoras que generen bienestar mientras se aprende. La Academia de Neurociencias para el Estudio de la Arquitectura en Estados Unidos, ha reunido a arquitectos y neurocientíficos para concebir nuevos modos de construir. Nuevos edificios en los que, aún siendo importante su diseño arquitectónico, se contemple la luz, la temperatura o el ruido, que tanto influyen en el rendimiento mental.

https://elpais.com/economia/2017/02/17/actualidad/1487331225_284546.html?rel=mas

Son muchos los expertos que están evidenciando la pérdida de talento en los centros educativos, una pérdida de talento que muchos achacan a la educación tradicional, basada en la obtención de objetivos por cursos, iguales para todos y no valorando a cada alumno como individuo. “Hasta ahora, nuestro sistema educativo ha sido pensado de forma ideológica —a partir de ideas, tradiciones, valores—, pero no lo hemos pensado de forma científica a partir de los grandes principios biológicos que gobiernan el pleno desarrollo de la inteligencia humana”, explica Céline Alvarez, pedagoga y autora de Las leyes naturales del niño. “Desde hace décadas”, prosigue, “imponemos a nuestros hijos clases donde tienen que aprender cosas que no les interesan, y tienen que hacerlo de forma pasiva, siguiendo instrucciones, sin realmente poder equivocarse, rodeados de niños de la misma edad de los cuales no pueden aprenden mucho”.

Somos seres sociales y para favorecer el pleno desarrollo de nuestros potenciales, lo que más nos hace falta es la presencia, la benevolencia y la ayuda del otro. “Cuando nos falta esta conexión, cuando nos sentimos solos, o juzgados, o aislados, o no queridos, nuestro organismo sufre un gran estrés que genera la secreción del cortisol, que estropea estructuras tan fundamentales como las de la memoria o de las competencias cognitivas superiores. Al revés, la relación empática y cálida favorece una increíble floración de las conexiones neuronales en estas regiones. Así que el amor no es una opción. Este vínculo representa un catalizador de inteligencia y de salud”.

“Para fomentar esto, y gracias a la ciencia, sabemos que los niños están muy predispuestos a memorizar lo que les interesa, siendo activos y comprometidos, equivocándose y repitiendo todas las veces que les haga falta, y siendo rodeados de niños de distintas edades para aprender de los mayores y consolidar sus conocimientos compartiéndolos con los más pequeños”. Pero no llega, a pesar de la pasión y del compromiso extraordinario de nuestros profesores, este sistema inadaptado interfiere con el desarrollo de los potenciales individuales, “con los potenciales humanos que todos tenemos al nacer – orales, sociales, lingüísticos, matemáticos, emocionales, cognitivos, creativos- y agota a los profesores que desprenden una energía colosal por un resultado que no es satisfactorio”, añade. Es importante entenderlo: este sistema lo sufrimos todos.

Los profesores se agotan de transmitir de forma colectiva conocimiento fundamental, cuando están predispuestos a hacerlo de forma individualizada.

Por ejemplo, en Francia el 40% de los niños salen de primaria con dificultades en lenguaje y en matemáticas. Por su parte, España tiene pocos alumnos brillantes. El Ministerio de Educación lo considera “la pequeña asignatura pendiente”. En el extremo opuesto, también tiene un 3% menos de alumnos rezagados (10,3%), aquellos con un nivel inferior al que se considera adecuado al terminar la enseñanza obligatoria, así quedó retratado en el último informe PISA con datos de 2015. La muestra incluye más de 37.000 alumnos de 980 centros españoles y participaron por primera vez todas las comunidades autónomas con datos propios.

La comunidad educativa debe saber que el cerebro es potente y está diseñado para aprender sin esfuerzo, no necesita lecciones formales para hacerlo. “En esta educación tradicional, hasta los niños que sacan buenas notas desconectan”, agrega Alvarez. “Se desenganchan de lo que son verdaderamente, dejan de buscar el sentido de las cosas, pierden la curiosidad porque se tienen que pasar los días respondiendo a instrucciones exteriores, intentando satisfacer al adulto. Pero cuando toda esa vida interior tan creativa y luminosa se calla, no solamente pierden los niños; perdemos todos”, continúa.

El sistema de educación tradicional afecta a los niños y a los profesores también. “No solo afecta a la hora de aprender, sino también de transmitir”, añade. Los profesores se agotan de transmitir de forma colectiva conocimiento fundamental, cuando están predispuestos a hacerlo de forma individualizada. “Así que tienen que trabajar en un sistema que va en contra de sus necesidades y, además, lo tienen que hacer con más de 25 niños que también se defienden de un sistema que no les conviene. Es normal que emerjan tensiones, conflictos y que cada uno termine el día exhausto”. Para la experta, necesitamos ya un sistema que pare de interferir y que respete los mecanismos biológicos de todos. Y aquí es donde entra la neurociencia.

“Sabemos que replicar o implementar un sistema fijado sin tener en cuenta las condiciones de cada uno nos lleva al fracaso”

Para Alvarez, hoy las neurociencias confirman muchas de las intuiciones que han tenido grandes pedagogos e invalidan otras, pero aportan – por primera vez en la historia de los sistemas educativos – informaciones objetivas para pensar la educación de manera “fisiológica” y no dogmática, “invitándonos, más o menos, a hacer exactamente lo contrario de lo que estamos haciendo ahora”. “Pero aunque nos de grandes indicaciones que delinean los contornos de un marco pedagógico fisiológico, no pueden dictarnos un método fijado. En este ámbito, cada uno tiene que experimentar las respuestas pedagógicas, las más adecuadas, tomando en cuenta su propia personalidad y la de los niños”. “Sabemos que replicar o implementar un sistema fijado”, prosigue, “sin tener en cuenta las condiciones de cada uno nos lleva al fracaso. Así que estoy convencida de que lo más eficaz sería justamente no tener método, sino conocimiento, buen sentido y flexibilidad”.

Para demostrar su teoría, Alvarez realizó un experimento en 2011 en París con niños de tres, cuatro y cinco años. “El objetivo era demostrar que aunque los pequeños vivan en un barrio desfavorecido -como es el caso de Gennevilliers en la capital francesa- cuando se respeta la manera natural de aprender y de transmitir, no solo aprenden sino que van más allá de lo que creíamos que eran capaces”. También la experta descubrió que aprender de forma natural tenía consecuencias positivas en su personalidad y en cómo se comportan con los demás, mejorando sus habilidades sociales y morales. “Son más generosos, benevolentes, empáticos, autodisciplinados”, explica. Pero este experimento solo es un punto de partida. “Creo que es importante ir más allá, por ejemplo mezclando niños de edades todavía más distintas, ofreciendo más vínculo con la naturaleza, y permitiendo más tiempo de juego libre”, argumenta.

El entorno es la clave en el desarrollo de la inteligencia humana. “El cerebro del recién nacido es muy inmaduro, irá estructurando las experiencias sociales, físicas, lingüísticas, sensoriales, que le ofrece el entorno. Esta plasticidad cerebral representa a la vez una gran oportunidad y una gran vulnerabilidad: el impacto del entorno puede ser muy favorable si nutre y sostiene; pero también puede ser muy desfavorable si interfiere, impide, si es violento o estresante”, explica la explica la experta. “Lo que hay que hacer es parar de interferir con las motivaciones endógenas que empujan a nuestros niños a explorar el mundo. Nuestra única tarea, sencilla pero extremadamente difícil, es permitir que el niño se ponga en contacto -tanto tiempo que la haga falta- con esas situaciones que van a nutrir sus circuitos neuronales en pleno desarrollo”, conclye Alvarez.

https://elpais.com/elpais/2017/11/06/mamas_papas/1509968976_292740.html