En Los Que No hemos lanzado una nueva campaña de comunicación con el fin de advertir sobre el riesgo de iniciarse en el consumo de alcohol en los contextos de veraneo incidiendo está vez en los peligros de las redes sociales y la permisividad familiar.

A continuación os mostramos la entrevista completa a Raúl Izquiero, Coordinador Técnico y Psicólogo de los que no, así como los diferentes vídeos con la entrevista de la nueva Delegada para el PNSD y el coloquio con las chicas adolescentes.

ENTREVISTA A RAÚL IZQUIERDO, COORDINADOR TÉCNICO Y PSICÓLOGO DE LA ASOCIACIÓN DUAL

¿En qué sentido la familia puede convertirse en un factor de riesgo en el inicio del alcohol?
En principio si las familias se convierten en un factor de riesgo es de manera involuntaria, no lo pretenden. Puede suceder por acción, en el caso de algunos padres o madres que hacen uso o abuso habitual del alcohol en el contexto no tanto diario sino como de fin de semana o que lo connotan como algo festivo, como el “reposo del guerrero”, por fin hemos llegado al fin de semana y nos podemos aliviar de esta manera. Eso sería por acción. Por omisión, algo que venimos repitiendo desde hace ya tiempo. En el caso de los contextos de veraneo, en el pueblo, cuando las familias se relajan y ceden el control y la supervisión del hijo pequeño a un tercero que suele ser otro menor del grupo, que es primo u otro familiar un poco más mayor, que se va a encargar de cuidar de él no tenemos constancia de a qué se dedica esa persona.
¿En ocasiones los padres son demasiado permisivos con sus hijos?
Efectivamente, si los padres no tienen claro que tienen que poner límites firmes y que deben poder defenderlos puede suceder que esa laxitud se convierta en un potenciador del inicio del consumo de alcohol. Aquí nos enfrentamos al dilema del modelado. Imaginaos padres que fuman o que hacen uso razonable del alcohol y que se plantean que como le van a prohibir a su hijo lo que ellos hacen. Esto se resuelve de una manera muy sencilla: los padres y madres pueden fumar y beber al amparo de la ley, los menores no, el menor está fuera de la ley y los padres deben hacer valer la ley dentro de su casa.
¿Qué consejos se puede dar a los padres para evitar estas situaciones?
Ante todo mucha calma. Esa es la idea y una vez que ya tenemos bastante calma, insistimos en crear espacios para el diálogo con nuestro hijo, abrirnos a la escucha, sin sorpresas, sin prejuicios, sin dramatismos, que nos pueda contar, que pueda compartir con nosotros por ejemplo si hay algún amigo suyo que bebe o que fuma o este tipo de cosas. Recabar su opinión porque es importante, preguntarle qué opinan otros del grupo sobre eso. Nos parece muy importante configurarnos como agentes honestos, sinceros y confiables y accesibles.
¿Por qué las redes sociales suponen un factor de riesgo?
A nuestro modo ver el riesgo que entraña las redes sociales surge fundamentalmente de que quiebran las defensas o los elementos de protección que el menor o su familia dispone de cara a los agentes de riesgo. Me explico: imaginemos que un menor se queda en casa porque no va a ir a un botellón porque sus padres le dicen que no vaya o porque él decide no ir, bueno pues el botellón va a atravesar las paredes, las puertas y las ventanas de casa y va a aparecer en su teléfono móvil en su habitación de manera que el de manera activa o pasiva va a participar de este fenómeno.
¿Qué efecto causa en el menor que lo recibe?
La persona que lo recibe, en este caso el menor, aparece en su teléfono móvil como una hazaña incuestionable. En otro tiempo, si él no ha ido al botellón y se lo cuentan sus amigos cada uno le contara una visión subjetiva […] En el caso de cuando te mandan un vídeo a través de una red social eso es una verdad absoluta, es una hazaña incuestionable y tú no has participado de ella.
¿Cuáles son las redes sociales potencialmente más peligrosas?
Cualquier red social que deje fuera del control y supervisión a los padres, que en el intercambio de información y contenido, los padres no sepan nada, no puedan participar, cualquier red social que curse así, es especialmente peligrosa. Yo hablaría de las de intercambio de contenidos y de mensajes de forma instantánea probablemente son las más peligrosas en este momento.
¿Cuáles son los contenidos que más se difunden?
Hasta donde sabemos suelen ser en botellón en forma de desafío o reto, de hazaña: cuántas veces me he bebido no sé qué, cuántas cosas me he tomado aparte del alcohol, y qué cosas he hecho luego. Incluso mandan vídeos que a lo mejor podrían resultarnos vergonzantes como alguien cayéndose repetidas veces que ellos lo toman a chanza. Y en vez de ser algo criticado por el menor se convierte en un logro.
¿Cómo funcionan las redes sociales en relación a la presión de grupo?
Tengamos en cuenta que el botellón al final es que la mayoría lo hace con lo cual el que no participa de él se margina. Y tengamos en cuenta que en las redes sociales la presión de grupo se multiplica, ya no son tus amigos de tu localidad, de tu entorno, de tu barrio, muchas veces son los amigos de otra parte de Madrid, del pueblo, de otras partes, los que te están presionando porque tú eres un mojigato, porque tú no participas de eso.
¿Qué pueden hacer los padres ante estas situaciones?
Los padres tienen que poder intervenir y la forma de intervenir adecuada es intervenir y poder pactar con el menor, siempre intentando llegar a acuerdos. Ahora bien, si no hay forma de llegar a acuerdos se interviene. Vamos a ver, los padres compran el teléfono, pagan la línea, tienen que tener derecho a poder ver lo que se hace con los móviles, los ordenadores o las tabletas. Si no podemos negociar solo nos queda el camino de la imposición, que no es un derecho, es un deber, porque los padres deben proteger a sus hijos en controlar lo que hacen, deben poder supervisar, deben tener un papel fundamental en lo que hacen sus hijos en las redes sociales.
El inicio en el alcohol también tiene algo de rito de paso hacia la vida adulta, ¿no es así?
Claro, algo que está intrincado en nuestra cultura, el alcohol forma parte de nuestra cultura, es la idea de que en algún momento hay que empezar a beber y la certeza, probablemente compartida por toda la sociedad, de que eso va a suceder antes de la mayoría de edad. De modo que cuando por primera vez el menor se emborracha o bebe alcohol eso pueda ser interpretado por los padres como algo normal, como la primera piedra hacia la madurez. Un hito hacia la vida adulta. Eso es una auténtica perversión, eso no puede ser así.
Es habitual que las celebraciones se hagan con alcohol
Podemos entender que a lo mejor al acabar los exámenes y al haber aprobado todo se celebra, ¿no?. Siempre repetimos aquí que si España gana el Mundial nos emborrachamos y si pierde, también. Forma parte de nuestra cultura que si has conseguido un éxito todo el mundo piensa que lo tienes que celebrar emborrachándonos.
¿Los padres no tienen autoridad para imponerse?
Deberíamos hacer crítica de si eso es adecuado o no. Lo que ocurre a menudo es que los padres de alguna manera son muy tolerantes con eso que entienden que ellos hicieron bien en su día. De hecho, conocemos padres que presumen de que los jóvenes de antes sí sabían emborracharse y los de ahora no. Eso es una auténtica locura. Nosotros sí sabíamos emborracharnos no tiene nada de positivo, incitamos al menor a que compita con nosotros, a que acepte el desafío. Es una barbaridad: no existe saber beber, no existe saber emborracharse.

Entrevista Plan Nacional Sobre Drogas
María Azucena Martí, Delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas

¿Qué aspectos destacaría como principales factores de protección o riesgo frente al consumo de alcohol en menores de edad?
Cuando hablamos de factores de protección es importantísimo inculcar en la persona el que sabe y puede protegerse, cuidarse, sacar de sí el mejor rendimiento tanto a nivel físico con el deporte, como a nivel intelectual, o como a nivel laboral. Que tenga expectativas de mejora de su capacidad, ponerse pequeños retos, luego más grandes retos y que pueda ir cumpliéndolos. Es muy importante este factor de protección. Y después el otro, el que vive en un entorno donde puede participar, es decir, puede mejorar también aquellas condiciones sociales o aquellas condiciones del entorno donde él participa y mejora.
¿Cree que en ocasiones los padres se enfrentan al dilema del modelado y les resulta difícil prohibir a sus hijos algo que ellos hacen?

Hay que tener en cuenta que el adolescente lo que tiene percibido en el alcohol —porque lo tiene percibido porque es lo que les hemos enseñado a nivel social— es que el alcohol crea euforia, crea fiesta, crea vínculo, crea desinhibición, crea esa experimentación de llegar a ciertos límites… Pero eso no lo ha aprendido porque sí, eso lo ha aprendido porque hay un modelaje a nivel social desde nuestros ritos, desde nuestra cultura, desde nuestra sociedad de que es así. No podemos pedirle a un adolescente que se regule en algo que nosotros no estamos regulándonos a nosotros. Por eso es tan importante la figura de estos padres en las que no es lo habitual beber porque estemos en reuniones o porque sea el vehículo para relacionarnos a nivel social o para relacionarnos incluso con nosotros mismos, es decir, “llego a casa, abro la nevera y me tomo la cerveza y uy, qué bien, así he cerrado el día”. Todos estos son modelajes que tenemos que evitar porque no podemos enseñar a nuestros hijos sin darnos cuenta que el relajarnos es con esa cerveza o esa copa de vino, que buscar ese momento de estar a gusto contigo mismo sea buscado a través de esto, o que encontrarnos con el resto de familia sea con ese alcohol por delante, porque entonces estamos perpetuando esa imagen del alcohol como vehículo social, euforizante o relajante.

¿Qué consejos se le puede dar a los padres? Mira, yo lo diría poniendo un ejemplo que yo creo que ya lo tenemos bastante más interiorizado, que es el del tabaco. Así de claro. Es decir, al igual que ya no fumas delante de tu hijo, al igual que ya no fumas si quieres transmitir y cuidarte en la salud, no fumas ya de una manera habitual aunque hayas sido fumador. Muchos padres que ya no fuman, que ya no fuman delante de sus hijos, que en el entorno más próximo no fuman tampoco y eso hace que cada vez vayan fumando menos, que se vayan dando cuenta de que tienen mejor salud, y por lo tanto cada vez menos, menos, hasta que dejan de fumar si en algún momento han fumado. Si no han fumado tampoco ven normal que haya gente de su entorno que fume delante de sus hijos. Igual que ya lo tenemos interiorizado en el tabaco, pues el trabajo que tenemos por delante es que hagamos lo mismo con el alcohol, es decir, delante de nuestros hijos pequeños no beber, y si en algún momento determinado por alguna circunstancia que sea uno dice “oye, me tomo una copa de champán”, una copa de vino se explica. Es decir, “ya sabes que habitualmente no bebo pero en este momento sí”, se le puede explicar y se le puede decir, tampoco se trata de escondernos o de no hablar de algo que puede ser un momento determinado.

¿En qué sentido las redes sociales suponen un factor de riesgo?

Las redes sociales y la publicidad, en general también, es decir, todo aquello que va a los medios colectivos, a la colectividad, hay una influencia en la adolescencia fundamental. Y en las redes sociales ¿qué vendemos? ¿Qué se vende? Pues se vende pertenencia, se vende que estoy integrado dentro de, que pertenezco a un colectivo, o que pertenezco a una moda. Lo que se está vendiendo es esto.

¿Cuáles son las recomendaciones que deberían seguir los padres en relación a este factor de riesgo?

Buscando, fomentando, también a través de la familia, estando ahí la familia, viendo las redes sociales en las que te mueves, no como una fiscalización, sino como un acompañamiento, cuáles son tus amigos, en qué grupos te estás moviendo y buscar también la familia que grupos son también los más adecuados para este fin del que te estaba hablando, para que este niño o niña tenga ese sentimiento de pertenencia, pero al mismo tiempo desarrollo de capacidad, al mismo tiempo tenga la sensación de que está haciendo algo por él, también por el grupo, por la sociedad, y también está el que es vulnerable, el que tiene unos riesgos.

¿Cómo se debe afrontar la cuestión en casa?

Hay que negociar, hay que llegar a acuerdos, y cuando se llega a un acuerdo que establece unos límites, respetar esos límites, ya no por parte del adolescente, que él, en esos momentos de la vida es transgredir, porque es lo que en esa edad toca por evolución. Es el padre el que tiene que ser el que dice “no se cumple” y yo lo que estoy es acompañándote en el cumplimiento de esa norma. De esa manera vamos enseñando que la norma tiene una serie de compensaciones y que saltarse la norma tiene una serie de grabaciones, es decir, de pérdidas. Pues ahí es donde también los padres tenemos que aprender que establecer normas y hacerlas cumplir es la mejor de las enseñanzas que le vamos a dar a nuestros hijos.

Ya sabe que el anterior equipo del PNSD planteaba multar a los padres de adolescentes que tuvieran episodios reiterados de comas etílicos. ¿Qué le parece esa medida?

Siempre las mejores medidas son las educativas: hacer participar a los padres de qué vamos a diseñar, qué recursos vamos a elegir dentro de los que tenemos para implementar valores, habilidades… Para el mejore desarrollo del niño o la niña que hayan podido tener problemas, es lo que mejor funciona, implicarlos.


Diálogo entre Jimena Alfonso y Teresa Sánchez, adolescentes de 15 años, con el psicólogo Raúl Izquierdo.


Sobre el inicio en el alcohol
Jimena:
Yo conozco gente que empieza a beber antes, tipo 12 ó 13 años.
Teresa:
Yo creo que 13 años empieza la gente a beber.
Raúl:
¿Y dónde beben? ¿En botellones?

Teresa:
Pues muchísima gente ya lo hace en botellones
Jimena:
Nuestro entorno, donde nosotros vamos a fiestas y tal, es en casas, “tengo la casa sola, mi madre no está, mi padre no está, se ha ido de viaje”.
Sobre los botellones
Jimena:
Suele haber gente que no bebe, pero…
Teresa:
Bastante, cuando nosotras vamos a una fiesta hay x personas que beben y x personas que no beben, y cuando la gente se emborracha, ayudan.
Jimena:
Los que no beben suelen ayudar, están ahí para ayudar a los que están mal.
Teresa:
A ver, no están ahí para eso, pero contribuyen a que no les pase nada.

Sobre los abusos de alcohol en los botellones
Raúl:

¿Qué pasa, se descontrolan mucho?
Teresa:
Pues depende de la persona, hay personas que beben, saben beber y saben controlarse. Si yo le digo por ejemplo para ya, paran. Pero hay muchísima gente que me ha pasado, que les digo para ya y que les tengo que quitar la copa o lo que sea, y siguen y siguen, y luego pasa lo que pasa, y acaban mal y somos los que no bebemos los que tenemos que ayudarles.
Contexto de consumo alcohol
Jimena:
Yo conozco gente, sobre todo las fiestas de mi pueblo, gente de 12 ó 13 años que es la primera vez que beben, por decirlo así, y están con gente de 18 o 20 años que les compra el alcohol y es: “venga a que no puedes beberte esto”, “acábate la botella”…
Teresa:
Y lo hacen para quedar bien.
Jimena:
Entonces les incitan, y tener que venir la ambulancia y llevárselo.
Sobre la presión social
Teresa:
Yo creo que eso pasa con la gente que es un poco más pequeña, en plan con 13 o 14 años, que para integrarse socialmente y todo, intentan estar como a la altura de los que son un poco más mayores y tal, pero luego ya cuando han bebido más y tienen más experiencia en esto, simplemente lo hacen para pasar el rato. No hacen coas de haber quién bebe más y tal.
Sobre los vídeos que se comparten de botellones
Raúl:
¿Os llegan vídeos de chavales que están bebiendo y os los mandan?

Jimena
Sí, casi siempre, siempre que hay una fiesta. Siempre llega un vídeo o un audio.
Teresa:
Siempre cae alguna historia de Instagram, algún vídeo que se hace, fotos, audios que graba la gente, así que luego los escuchan o los ven al día siguiente y dicen ¿esto qué es? Y la gente en esas ocasiones lo que hace es reírse. Sí que es verdad que hay gente en algún grupo que ha mandado nuestros amigos cosas así, vídeos de ellos que iban mal o lo que sea, nos hemos reído, ha habido gente que también ha dicho ¿qué hacéis?, tened cuidado. Solemos decirles tened cuidado, que no os pase nada, pero también nos reímos de la situación un poco porque ver a tus amigos así… no nos deberíamos reír pero nos reímos un poco.
Jimena:
La mayoría de veces te ríes porque ves a tu amigo haciendo el tonto, diciendo cualquier chorrada.
Teresa:
Y porque se les ve, en plan, si mandan un vídeo por ejemplo de tus amigos que están mal. Imagínate que te mandan un vídeo de un amigo tuyo vomitando o que no puede andar, pues ahí no me hacen nada de gracia, pero si ves a tus amigos que sabes que están bien…
Sobre los mensajes que se comparten
Teresa:
Como en verano no podemos quedar tanto y tal, porque unos están en la playa, otros están en su pueblo no sé qué, como que para seguir manteniéndonos así  nosotros seguimos hablando por el grupo que tenemos casi todos, como nuestro grupo más cercano. Nos seguimos hablando por ahí casi siempre, nos seguimos mandando vídeos de donde estamos, con quien estamos, tal.
Jimena:
Entonces, yo que sé, una dice “mira lo que hice anoche”, y entonces la otra dice “jajaja, yo mira lo que voy a hacer mañana”, tal.
Teresa:
Y luego también en Instagram la gente lo sube un montón, videos, fotos, boomerangs, cosas así, y lo ves también.
Sobre la opción de no ir a un botellón
Jimena:
La mayoría de la gente yo creo que sí.
Teresa:
A ver, nosotras sí que vamos pero aunque no bebamos ni nada porque nos lo queremos pasar bien.
Jimena:
Claro porque al final te lo pasas bien, tipo bailas, estás con tus amigos.
Teresa:
Estás con la música, conoces a un montón de gente, es lo mejor. Ósea beber no es lo mejor, simplemente es como conocer a gente de otros colegios, del entorno de otros amigos tuyos, estar con música, estar con tus amigos tal.
Jimena:
Luego también te ríes de la gente que va mal, tipo, “venga” yo que sé, empiezan a hacer el chorra, a cantar.
Raúl:
Claro, pero si tú, por ejemplo, si hay una fiesta el sábado y tú no vas, pues ya no tienes plan, ¿o qué?
Jimena:
Sí.
Raúl:
Osea la forma de relacionarte con un grupo es, en este momento, si hay una fiesta con alcohol hay que ir porque si no, no salgo, ¿es así o no?
Jimena:
Sí, bueno.
Teresa:
Bueno no, yo creo que no. Hay muchísimos planes a parte de ir a fiestas con alcohol o con tabaco, cosas así, también se pueden hacer muchísimas cosas. Nosotras hay un montón de fines de semana que hacemos planes que, a lo mejor, no sé, cosas como ir al cine, o ir por Sol, por Fuencarral o cosas así.
Jimena:
Sí, pero yo creo que la mayoría de gente, tipo ¿prefieres ir al cine con dos amigas a verte una peli y a cenar, o prefieres irte de fiesta a bailar, a pasártelo bien con más gente? La mayor parte.
Teresa:
Depende de la personalidad de la gente, hay que gente que prefiere unas cosas.
Raúl:
¿Pero de lo que conocéis que dirías que es lo que elegirían?
Jimena:
Yo creo que ir de fiesta.
Teresa:
Sí, ir de fiesta.
Sobre la permisividad de los padres
Jimena:
“Papá me voy a estudiar esto, papá me voy a la piscina, papá, mamá, nos vamos a dormir a casa de no sé quién”.
Teresa:
La gente coge y si tú por ejemplo le dices a tus padres me voy a casa de “x” personas, luego te puedes ir a otros sitio y pueden enterarse o puedes no enterarse, y si se enteran pues claramente es peor.
Jimena:
Pero la mayoría de veces no se enteran.

Permisividad familiar y redes sociales, factores de riesgo en el inicio del alcohol en menores

Una campaña de Asociación DUAL con la colaboración del Plan Nacional sobre Drogas pone el foco en los factores que desencadenan que los jóvenes se inicien en el consumo temprano en el alcohol.

En ocasiones la familia se convierte de “manera involuntaria” en un factor de riesgo: “si yo bebo, cómo voy a prohibir beber a mi hijo”, algunos padres se enfrentan al dilema del modelado según Raúl Izquierdo, psicólogo y director técnico de Asociación DUAL.

“Muchos padres no son conscientes del daño que puede provocar el alcohol en el desarrollo cerebral de sus hijos adolescentes por lo que no le dan importancia a esa conducta”, María Azucena Martí, delegada del Plan Nacional sobre Drogas.

En las redes sociales la presión de grupo se multiplica: aunque un joven decida no ir a un botellón, el botellón aparece en su teléfono móvil como una hazaña incuestionable. “El que no participa se margina”, señala Raúl Izquierdo.

“Siempre que hay una fiesta llegan fotos, vídeos, audios o historias de Instagram de gente bebiendo”, Jimena y Teresa, adolescentes participantes en la campaña.

Madrid, 27 junio de 2018.- La permisividad del entorno familiar y la sobreexposición y el intercambio de contenidos en redes sociales suponen un factor de riesgo importante en el inicio temprano de consumo de alcohol para menores de edad. Así alerta una campaña impulsada por Asociación DUAL en colaboración con el Plan Nacional sobre Drogas que pone el foco en los factores de riesgo y las situaciones que pueden desencadenar que un adolescente comience a beber alcohol.
En relación al primer factor, “algunos padres sienten que les falta autoridad”, explica Raúl Izquierdo, psicólogo y director técnico de Asociación DUAL. Según el experto se enfrentan al dilema del modelado, “padres que hacen un uso razonable del alcohol y que se plantean cómo van a prohibir a sus hijos algo que ellos hacen”.

En estos casos, la familia se convierte en un factor de riesgo “de manera involuntaria, no lo pretenden”, especifica. “Se trata de padres o madres que hacen un uso habitual del alcohol en un contexto de fin de semana, no necesariamente diario, y lo connotan como algo festivo”, detalla el psicólogo.

En palabras de María Azucena Martí, delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), la familia es el “factor de protección más importante frente a las adicciones, aunque lo contrario también es cierto: cuando la familia no funciona adecuadamente se convierte en un fuerte factor de riesgo”.

En ese sentido, la delegada del PNSD alerta de que vivimos en una sociedad en la que “el consumo de alcohol está muy normalizado”. “Muchos padres no son conscientes del daño que puede provocar el consumo de alcohol en el desarrollo cerebral de sus hijos e hijas adolescentes y eso hace que no den importancia a esta conducta y por esta razón no establecen normas y límites al respecto”, lamenta Martí.

Padres que asumen en algún momento hay que empezar

Otras ocasiones el inicio en el alcohol es interpretado por los padres como “algo normal, un rito de paso hacia la vida adulta”, indica Raúl Izquierdo. Según el psicólogo, estas situaciones suelen darse por ejemplo como motivo de celebración o premio “al acabar los exámenes o en un contexto de verano, en el pueblo o en las vacaciones”, donde “los padres bajan la guardia”. “El alcohol forma parte de nuestra cultura y muchos padres asumen la idea de que en algún momento hay que empezar a beber, lo cual es una auténtica perversión”, afirma Izquierdo.

Hay también casos de padres “muy tolerantes” con algo que entienden que ellos hicieron bien en su día y “presumen de que los jóvenes de antes sí sabían beber y los de ahora no”, advierte. “Esto no tiene nada de positivo y lo que hacemos es incitar al menor a que compita con nosotros: de cara al menor no existe el saber beber, no existe el saber emborracharse”, comenta de forma tajante el psicólogo.

El botellón en el móvil

En relación a las redes sociales, el principal riesgo es que quiebran las barreras de protección del menor. “Imaginemos el caso de un menor que decide voluntariamente no ir a un botellón y se queda en casa, el botellón va a atravesar las paredes de su casa y va a aparecer en la pantalla de su móvil”, detalla Raúl Izquierdo. “De manera activa o pasiva va a participar de él”, añade.

Según afirma el psicólogo, en las redes sociales “la presión de grupo se multiplica”. “Tengamos en cuenta que la mayoría de los adolescentes hacen botellón y el que no participa de él se margina, es un mojigato”, explica el psicólogo. “El adolescente, por lo general, no quiere ser el raro, quiere ser como todos sus amigos”, complementa la delegada del PNSD.

Por eso, aunque todas son potencialmente un riesgo en la medida en que “dejan fuera de control y supervisión a los padres”, las redes sociales más peligrosas son las de “intercambio de contenidos y mensajes de forma instantánea”, alerta.

Para la delegada del Plan Nacional sobre Drogas, las redes sociales son “especialmente susceptibles a la publicidad y el marketing del alcohol”, algo que contribuye a la “normalización del consumo”.

Además, los vídeos se presentan como una “hazaña incuestionable”, concreta el director técnico de Asociación DUAL. “Muchas veces son vídeos de menores borrachos que en muchos casos resultan vergonzantes y que en lugar de ser criticados se convierten en un logro o un motivo de chanza”, lamenta Raúl.

“Siempre que hay una fiesta cae un vídeo, una historia de Instagram, fotos o audios que graba la gente, no nos deberíamos reír, pero la mayoría de las veces, te ríes”, confiesan Jimena y Teresa, dos jóvenes de 15 años, participantes en la campaña de Asociación DUAL.

Escuchar sin dramatismos y llegar a acuerdos

Para evitar situaciones de riesgo, el psicólogo aconseja a los padres poner límites a sus hijos y evitar que esa laxitud se convierta en un potenciador en el inicio en el alcohol. “No hay que perder la calma, hay que buscar espacios de diálogo con nuestro hijo, abrirnos a la escucha pero sin prejuicios ni dramatismos”, recomienda.

También es importante recabar la opinión del menor, “que nos pueda contar si algún amigo de su grupo bebe, preguntarle qué le parece a él, configurarnos como agentes honestos, sinceros, accesibles y confiables”, considera.

En opinión de María Azucena Martí los padres deben apostar por la comunicación y el afecto y reforzar los vínculos familiares. “Hay que interesarse por las cosas que les preocupan, dedicarles tiempo a saber cómo se sienten, cuáles son sus problemas”, aclara la delegada del PNSD.

Asimismo, los padres deben intervenir y pactar con el menor, “siempre llegando a acuerdos”, detalla el experto. “Los padres compran el teléfono, pagan la línea y tienen derecho a poder ver qué se hace con los móviles, los ordenadores o las tabletas”, señala el psicólogo. Y si no se puede negociar, hay que intervenir: “la imposición no es un derecho, llegado el caso es un deber, los padres deben proteger, controlar y supervisar lo que hacen sus hijos en redes sociales”, expresa Raúl Izquierdo.

Para la delegada del Plan Nacional sobre Drogas, los padres deben poner normas y límites claros respecto al consumo y poner los medios para que se cumplan. “En la adolescencia siempre hay conflictos porque es una época de rebeldía pero es importantísimo no enfrentarnos por todo y seleccionar los puntos de conflicto más importantes”, apunta.

Por último, la delegada reclama el papel de los padres en las políticas de prevención. “Las leyes de alcohol han encontrado muchas barreras y pocos apoyos, los padres y madres deben ser agentes activos en el apoyo de estas políticas”, finaliza la delegada del Plan Nacional sobre Drogas.

Asociación DUAL

Es una entidad sin ánimo de lucro, pionera en la creación de programas, servicios y centros específicos para el colectivo de personas afectadas por una Patología Dual (trastorno mental y adicción a sustancias), sus familiares y los profesionales vinculados a su tratamiento.

Desde 2012, desarrolla la campaña ‘Los Que No’ dirigida a jóvenes, padres y educadores a través de una página web y redes sociales donde se promueven actividades alternativas, talleres y valores sin aludir al alcohol. Una de sus iniciativas es la Universidad para Jóvenes Emprendedores Creativos, un sitio web que ofrece contenidos para que los jóvenes desarrollen sus competencias personales y sociales al tiempo que apela a la capacidad creativa y al emprendimiento como motivación.

Más información en www.patologiadual.com .

Natalia De Agustín, de 17 años, no ha acabado este año el curso en su instituto de Madrid. Ha dejado los estudios porque no podía soportar más la situación de acoso que, según ha ido denunciando, sufre desde hace nueve años. Es un relato complejo, de una niña que empieza a tener problemas en un centro, cambia a otro, y luego se traslada también de distrito, pero se encuentra de nuevo con las mismas compañeras que le hostigaban, o con otras que conocen a las primeras y toman el relevo. Así hasta en cuatro centros.

Primero una o dos niñas que la insultaban, luego un grupo, acoso en las redes sociales. Mensajes del tipo:”Me han contratado para matarte”. Persecuciones por la calle, palizas mientras la grababan con el móvil. Pasó dos meses ingresada en el hospital. Un rosario de denuncias en la policía, reuniones en los centros, dos juicios. Todo inútil, según su experiencia. Al final, el pasado mes de febrero, Natalia lo dejó. La historia que cuenta su familia es la de un sistema que no funciona, no sabe atajar el problema y, es más, según ellos, trata de ocultarlo. “El sistema no te da soluciones, y si no aceptas lo que hacen te acaba expulsando, que es lo que ha acabado pasando a nuestra hija”, acusa su padre, Luis De Agustín, que hace tres años, junto a su madre, Raquel Rodríguez, y la propia alumna, ya denunciaron lo que estaba ocurriendo a este periódico.

El suicidio de un menor de 13 años, en Getxo, el pasado 16 de junio, que había denunciado sin éxito acoso escolar durante años ha vuelto a demostrar que a veces estos casos se subestiman. La madre de ese chico ha escrito un duro mensaje en redes sociales contra el colegio: “Yo lo avisaba. Ellos miraron para otro lado. Ahora que no me vengan con chorradas”.

“A ver si te suicidas”

En 2017, cuando dos chicas agredieron a Natalia, una le dijo: “A ver si te suicidas de una vez que es lo que queremos todas”, según su relato. Tras un juicio, las dos menores acabaron condenadas a trabajos sociales e indemnizaciones en 2018. En otro, pendiente ahora del recurso, otras dos menores fueron absueltas. Aunque su padre afirma que siete agentes municipales y la directora del instituto testificaron a su favor, y que una de las menores reconoció que había pegado a su hija y la otra, que había sido expulsada del centro.

¿Qué ha fallado en el caso de Natalia para que deje de estudiar? Para la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, nada. Esto es lo llamativo, muy representativo de los continuos choques entre familias e instituciones sobre el acoso escolar. La consejería cuestiona a la menor y a su familia. No considera que en el episodio del último instituto, el que la ha llevado a dejar de estudiar, se haya producido acoso, y no entrar a valorar lo ocurrido a Natalia en los años anteriores. Asegura que se abrió el protocolo y se cerró al considerar que no existía. Es más, apuntan que la menor “lleva desde febrero sin acudir a clase, sin justificar” y que tuvo problemas en el centro donde estuvo antes.

Se refiere al caso pendiente de sentencia definitiva: precisamente una de las acusadas se matriculó en el centro donde estaba Natalia y pese a sus advertencias, acabó en su misma clase. El centro argumentó que no podía hacer nada porque no había una condena contra ella. Luego empezaron los problemas.

Hay un choque de realidades: la consejería de Madrid cuestiona a Natalia

“La consejería, en el momento en el que tiene conocimiento de un supuesto caso de acoso actúa inmediatamente enviando a los equipos de inspectores y psicólogos a los centros. Y allí es donde se recaba la información y se determina si es un caso de acoso o no. Ni se tapan casos ni se minimizan”, afirma. “Somos los primeros interesados en que esta lacra desaparezca. De ahí el decreto aprobado hace unas semanas sobre convivencia escolar, que determina incluso sanciones para todos aquellos que no desvelen la existencia de un caso de estas características”.

La Comunidad argumenta que los casos bajan, pero porque cree que la mayoría no lo son: en el curso 2015-2016 se presentaron 573 denuncias y solo se admitieron 179, el resto se desestimaron; en 2017-2018 se recibieron 407 y solo se estimaron 83. La conclusión de la consejería es que los casos de acoso escolar se han rebajado en un 54% en la última legislatura.

Al margen de quién tenga razón, es sintomático que un grave problema de menores degenere en un enfrentamiento tan hosco entre una familia y la Administración. Pero son más familias y se repite en toda España. Los cursos con mayor potencial de riesgo son quinto y sexto de primaria y primero y segundo de secundaria.

En 2015, también causó una gran conmoción el caso de Diego, un alumno de un colegio de Villaverde, en Madrid, que se suicidó tras dejar una carta a sus padres: “Ya no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir”. La reflexión de su padre, Manuel González, que en los tribunales no consiguió que se reconociera el acoso escolar, también es muy amarga: “Mi experiencia, como la de los padres de Natalia, como la de la mayoría de la gente, es que la Comunidad de Madrid nunca ve nada, todo les parece bien, solo piensan en taparlo”.

La Asociación Madrileña Contra el Acoso Escolar (Amacae) es igual de contundente: “El caso de Natalia es el más sangrante que hemos tenido en cinco años, es de manual. La consejería de Educación solo quiere tapar todo, es lo habitual”, asegura María José Fernández. Sus datos son muy distintos: en 2016-2017 atendieron 500 casos; al año siguiente, 700; y en el primer trimestre de este año llevan 100, el doble que el año pasado. “Cuando llegan aquí ya están desesperados, porque nadie hace nada. Y si dejan de ir a clase se arriesgan a una multa por absentismo y hasta un expediente de tutela de los servicios sociales. Si denuncias, te persiguen”. En su opinión, hay un problema de fondo: “El sistema culpabiliza a la víctima, minimiza, dicen que hay un conflicto, no lo tratan como acoso, lo disfrazan. Se han gastado un montón de dinero en un programa de convivencia y quieren hacer ver que funciona y bajan las estadísticas. ¿Cómo es posible, si estamos todas las asociaciones de España desbordadas? Estamos como en la violencia de género hace 30 años”.

Igual de severo es el informe que acaba de presentar Amnistía Internacional sobre el acoso escolar en España. Concluye: “Son miles los casos de acoso escolar que no se documentan como consecuencia de la ausencia de datos, una formación inadecuada y una rendición de cuentas deficiente”. Asegura, en resumen, que las cifras oficiales no son reales. “Es totalmente cierto que se tapan los casos. En Extremadura, por ejemplo, el porcentaje oficial de casos es del 0,02%, eso es imposible”, explica Koldo Casla, uno de los autores del informe. Amnistía ve un abismo de cifras según quién las dé: los últimos datos de la OMS, de 2014, hablan de un 7,5% de niños y un 4,3% de niñas, una media inferior a la europea. Pero muy lejos del 0% y el 1% que sostienen las comunidades autónomas. El 96% de las denuncias que llegaron al teléfono de acoso del Ministerio de Educación en 2017 no se remitieron a la inspección. Amnistía realizó 125 entrevistas y dos profesores, uno de Badajoz y otro de A Coruña, les dijeron lo mismo: “Si un director dice que en su centro no hay acoso, es que o no sabe lo que pasa en su colegio o está mintiendo”.

Una asociación de familias acusa a los centros de querer tapar el ‘bullying’

La primera toma de conciencia del problema en España, por su impacto social y mediático, fue el caso del niño Jokin, en 2004, en el País Vasco. A partir de ahí se desarrollaron los protocolos de acoso en todas las comunidades autónomas, aunque pasar del papel a la sensibilidad real ha costado mucho más. “Desde hace cinco años hemos visto un cambio. Antes era un tabú total y los centros no querían hablar de acoso, no querían abrir el protocolo, mucho menos los privados, que son más herméticos. Va cambiando. Ahora ya en algunos casos es casi es al revés, se denuncia enseguida, y a veces lo ven donde no hay, son problemas de convivencia mal gestionados”, explican tres de los 170 agentes tutores de la Policía Municipal de Madrid, que intervienen en estos casos. “Te llegan padres con niños de tres o cinco años que hablan de acoso, y a esa edad es imposible”, certifican especialistas de la Unidad Central de Participación Ciudadana de la Policía Nacional, con 217 delegaciones en España.

“Es más fácil de demostrar el ciberacoso, por los pantallazos, y el físico, por las secuelas, y también si se somatiza o hay testigos. Si es psicológico o de aislamiento, es más difícil”, reflexionan las agentes de Policía Nacional. La parte más difícil es implicar en la solución a todos los involucrados en el problema. “Los padres del presunto acosador lo niegan siempre y no aceptan que su hijo puede necesitar ayuda. Luego les enseñas los whatsapp y se desmoronan o le dan un guantazo allí mismo. Y eso que a veces estos niños tienen rasgos de líder, con habilidades sociales, pero mal canalizadas”, explican los agentes municipales. Al final, si no hay avances, la solución de muchos padres simplemente es cambiar de colegio, como ha hecho Natalia De Agustín durante años.

Muy pocas condenas

Una instrucción de la Fiscalía General del Estado de 2005 aconsejó resolver los casos en el propio centro, pero cuando los padres presentan una denuncia el asunto se judicializa. Entonces entra en otra dimensión, la penal, más árida y que habitualmente crea más descontento. Porque además de ser una experiencia desagradable, solo una pequeña parte de lo que llega acaba en condenas. “Nos llega una avalancha de denuncias, pero el acoso escolar no existe en el Código Penal. Hay que probar otras cosas: lesiones, delitos contra la integridad moral…”, explican portavoces de la Fiscalía de Menores de Madrid. Su último informe anual apuntaba con preocupación que en 2017 tramitó 192 denuncias y archivó 81, el 42%, porque los implicados eran menores de 14 años y, por tanto, sin responsabilidad penal. Aunque consideraba que estos casos no eran acoso, sino “conflictos propios de la convivencia en el ámbito escolar e, incluso, desavenencias de los progenitores de los menores con el centro escolar”.

Por eso la Fiscalía de Menores también es objeto de fuertes críticas de los padres: “Te sientes tratado como un delincuente, están acostumbrados a asuntos más graves y para ellos esto son tonterías de críos”, acusa Luis De Agustín. Natalia relata que la primera vez que fue a declarar el fiscal vio su voluminoso expediente y le dijo: “Mira, yo no me voy a leer el Quijote”. Su padre contó el episodio en un programa de televisión y el funcionario le llamó para disculparse. La Fiscalía asegura que su personal está formado y es sensible al problema. En cuanto al fiscal que atendió a Natalia, dejó el puesto tras la polémica.

Y Natalia, ¿qué va a hacer ahora? “No sé, vivir, curarme, y no callarme más. Fue duro dejar el instituto, pero decidí no sufrir más. Ahora pienso en volver a pisar un instituto y es muy doloroso, verte rodeada de gente y sentirte indefensa”.

“Hay una enorme ligereza de los padres con los móviles”

Policía Nacional y Policía Municipal de Madrid coinciden: “Los móviles han cambiado todo”. Según su experiencia, la mayoría de los casos de bullying derivan en ciberacoso. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que tienen móvil el 45,2% de los menores de 11 años, el 75% de los de 12 y el 92% de los de 14. El propio hecho de no tener móvil puede ser motivo de aislamiento. “Antes en las charlas preguntábamos quién tenía móvil. Ya no, los señalas”, explican los agentes tutores de Madrid. “La charla que antes dábamos a chavales de 15 años la damos ya en primaria. El móvil es regalo de primera comunión. Hay una enorme ligereza de los padres con los móviles, es como si les dieran un ciclomotor sin explicarles las reglas y cómo se conduce”.

La Policía Nacional ofrece charlas de ciberacoso, y aunque son de diez horas los centros las piden, porque están muy preocupados. De 2014 a 2018, el cuerpo ha impartido más de 24.600 charlas sobre acoso y más de 59.800 sobre los riesgos de internet. La adicción a los videojuegos es otro problema: “No saben distinguir la ficción de la realidad y el acoso a veces empieza en el chat del propio juego”.

https://elpais.com/sociedad/2019/07/07/actualidad/1562516513_480279.html?ssm=FB_CM&fbclid=IwAR0u1SbK-Yz8DEF4r_9ll0S2H1YLR_-ua9ixPRa0QZnyXouBTQgiBC1-fp4

El curso escolar 2019/2020 comenzará entre la primera  y la segunda semana de septiembre de 2019, en función de cada comunidad autónoma. Aquí van las fechas de inicio del curso en cada región.  

Andalucía

Educación infantil y primaria 10 de septiembre

ESO, Bachillerato y FP, el 16 de septiembre

Cada provincia tiene su propio calendario escolar: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga, Sevilla

Aragón

Las clases de Educación Infantil, Primaria y Educación Especial se iniciarán el martes 10 de septiembre de 2019

Educación Secundaria Obligatoria, incluidas las enseñanzas para adultos, y Bachillerato se iniciarán el viernes 13 de septiembre de 2019

Consulta aquí el calendario escolar oficial.

Asturias

Educación Infantil, Primaria y Educación Especial: 10 de septiembre

Secundaria Obligatoria, Bachillerato: 13 de septiembre

Consulta aquí el calendario escolar oficial.

Baleares

En infantil, primaria, secundaria, bachillerato y educación especial, el curso comenzará el 11 de septiembre de 2019

Consulta aquí el calendario oficial.

Canarias

Educación Infantil y Primaria: 9 septiembre

ESO, FP y Bachillerato: 11 septiembre

Consulta aquí el calendario escolar oficial.

Cantabria

Infantil y primaria: 9 de septiembre

ESO y Bachillerato: 11 de septiembre

Consulta aquí el calendario escolar oficial.

Castilla-La Mancha

Segundo ciclo de educación infantil, primaria y educación especial comenzarán el día 9 de septiembre

Las enseñanzas de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato comenzarán el día 12 de septiembre de 2019.

Consulta aquí el calendario escolar oficial.

Castilla León

Segundo ciclo de educación infantil, educación especial y primaria: 9 de septiembre

Educación secundaria obligatoria y bachillerato: 16 de septiembre.

Consulta aquí el calendario escolar oficial.

Cataluña

Segundo ciclo de educación infantil, Primaria, ESO, Bachillerato y Ciclos formativos de grado medio empezarán el 12 de septiembre

Consulta aquí el calendario escolar.

Extremadura

Segundo ciclo de Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Especial y Educación Secundaria Obligatoria: 12 de septiembre

Bachillerato, FP: 13 septiembre

Consulta aquí el calendario escolar oficial.

Galicia

Segundo ciclo de Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Especial: 11 septiembre

ESO, Bachillerato y FP: 16 septiembre

Consulta aquí el calendario escolar.

La Rioja

Educación Infantil y Primaria, Centros de Educación Obligatoria y Centros específicos de Educación Especial 6 de septiembre

ESO, FP: 9 septiembre

Consulta aquí el calendario escolar.

Madrid

Centros de Educación infantil y primaria empiezan el 9 de septiembre.

Los centros de educación secundaria y bachillerato, Ciclos de FP básica y Ciclos Formativos de grado medio y superior, el 10 de septiembre

Consulta aquí el calendario escolar.

Murcia

Segundo ciclo de Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Especial: 6 septiembre

ESO, Bachillerato y FP: 16 septiembre

Consulta aquí el calendario escolar.

Navarra

Cada centro educativo aprueba en base a unas determinadas normas su propio calendario, y puede por ello haber variaciones de un centro a otro.

Segundo ciclo de Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Especial: no antes del 4 de septiembre y no después del 6 de septiembre

ESO, Bachillerato: ESO y 1º de Bachillerato: 5 ó 6 de septiembre. 2º Bachillerato: 5 de septiembre

FP: 6 septiembre

Consulta aquí las normas para fijar el calendario en cada centro.

País Vasco

Segundo ciclo de educación infantil y Primaria, ESO y Bachillerato en centros públicos: las actividades lectivas no podrán comenzar antes del día 9 de septiembre de 2019.

Consulta aquí las normas para fijar el calendario escolar

Valencia

En Educación Infantil y Educación Primaria, se iniciarán el 9 de septiembre de 2019
En Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato se iniciarán el 9 de septiembre de 2019

Consulta aquí el calendario escolar

Los alumnos de secundaria que aprenden Música se desempeñan mejor en otras asignaturas como Matemáticas, Ciencia y Lengua que sus compañeros sin estudios musicales, según un análisis que publica este lunes la revista Journal of Educational Psychology.

“En los sistemas de educación pública de América del Norte, los cursos de artes, incluidos los de música, comúnmente reciben menos recursos que aquellos considerados como ‘académicos’, incluidas las Matemáticas, la Ciencia y el Inglés”, señaló uno de los autores del estudio, Peter Gouzouasis, de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá.

Para el análisis se tuvieron en cuenta cursos como jazz vocal, piano de conservatorio o orquesta, entre otros

Para esta investigación, los expertos usaron los registros académicos de 112.916 alumnos que comenzaron el primer grado entre 2000 y 2003; completaron los tres últimos años del secundaria e hicieron el examen estándar de Matemáticas, Ciencia e Inglés (en el décimo o el duodécimo grado). De esos alumnos, sólo el 13% había participado por lo menos en un curso de música entre los grados décimo y duodécimo.

Además, para el análisis se tuvieron en cuenta cursos como banda de concierto, piano de conservatorio, orquesta, banda de jazz, coro de concierto y jazz vocal. Los autores del estudio no consideraron cursos de música general o de guitarra porque no requerían de una experiencia musical previa, y en el caso del primero, no exigían crear música o practicarla.

No consideraron cursos de música general o de guitarra porque no requerían de una experiencia musical previa

“Los estudiantes que participaron en Música, que obtuvieron un mayor desempeño en Música y estuvieron muy implicados en Música tuvieron mejores notas en los exámenes de todas las asignaturas, mientras que estas asociaciones fueron más pronunciadas para aquellos que tomaron Música instrumental más que vocal”, dijo Gouzouasis.

El investigador subrayó que “de media los menores que aprendieron a tocar un instrumento musical durante muchos años y ahora tocan en una banda y orquesta del instituto de secundaria tienen el equivalente a un año de adelanto respecto a sus compañeros en capacidades de Inglés, Matemáticas y Ciencia”.

“Los estudiantes que participaron en Música, tuvieron mejores notas en los exámenes de todas las asignaturas”

Peter Gouzouasis, uno de los autores del estudio

Un dato que sorprendió a los académicos fue la consistencia de la relación entre la música y esas tres asignaturas, que se mantuvo en alumnos de diferente sexo, etnia y antecedentes socioeconómicos, entre otros.

“Aprender a tocar un instrumento musical y tocar en un grupo es muy exigente. Un estudiante que tiene que aprender a leer las notas musicales desarrolla la coordinación ojo-mano, capacidades de escucha y de equipo para tocar en un grupo y desarrolla disciplina para practicar”, destacó Gouzouasis. “Todas estas experiencias de aprendizaje desempeñan un papel en promover las capacidades cognitivas de los menores y su autoeficacia”, indicó el experto.

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Probablemente te has dado cuenta de que muchos niños hablan solos mientras están jugando. A veces incluso decimos que están hablando con su amigo invisible, pues parece que mantengan una conversación muy interesante con alguien que sólo ellos pueden ver.

Esto es algo muy beneficioso para su desarrollo intelectual, ya que en esta situación de juego estará practicando maneras de comunicarse de forma efectiva con los demás.

¿Quieres saber cuáles son los beneficios de que los niños hablen solos mientras juegan?

10 beneficios de que los niños hablen solos mientras juegan

No te preocupes si tu hijo habla solo mientras juega, ya que esto puede tener muchas ventajas para su maduración en el futuro.

1- Practica diferentes maneras de comunicarse. Especialmente cuando utiliza diferentes personajes que interactúan entre ellos.

2- Empatiza con estos diferentes personajes y se pone en otros puntos de vista para entender mejor cómo la misma situación afecta de diferentes maneras.

3- Usa diferentes roles, entendiendo que tendrá que actuar con más o menos firmeza si representa, por ejemplo, ser un profesor o ser un alumno.

4- Se autocorrige, ya que no hay nadie que le diga si lo dice bien o mal. Además necesita hacerse entender para que los demás personajes con los que interacciona puedan participar también (de no ser así, no tendría ningún sentido continuar hablando en voz alta).

5- Organiza y estructura mejor las frases, ya que no hay prisa en dar una respuesta y se concede el tiempo que necesita para elaborar el discurso.

6- Utiliza el turno de palabra. La imposibilidad de que los personajes se interrumpan mientras hablan crea la necesidad de que el niño establezca unos tiempos marcados para que cada uno de los hablantes pueda expresarse y ser escuchado.  

7- Es más flexible y encuentra fácilmente soluciones para que sus personajes favoritos se pongan de acuerdo.

8- Estimula su creatividad a través de la invención de diversos conflictos y soluciones, necesarios para que el juego tenga sentido y se alargue tanto como desee.

9- Se escucha a sí mismo, siendo más consciente de lo que está diciendo. Este punto es básico para comprendernos y deberíamos hacerlo todos, niños y adultos, así que cuanto más practique, más facilidades tendrá para defender sus ideas en un futuro.

10- Aprende más vocabulario, ya que cuando prueba nuevas fórmulas de comunicación surgen maneras distintas de decir lo mismo pero desde diferentes perspectivas. Y en el momento en que no sepa cómo explicar algo, le aparecerá una duda que deberá resolver, con lo que estará muy atento, después del juego, a lo que se diga a su alrededor para encontrar la solución, memorizando más fácilmente las palabras nuevas que utilizará otro día cuando se encuentre jugando nuevamente con sus personajes favoritos.

Como ves, hay muchos beneficios en que los niños hablen en voz alta mientras juegan. Por eso, si le encuentras hablando a solas te recomiendo que evites interrumpirle en la medida de lo posible y que respetes su espacio para que se pueda expresar libremente.

https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/aprendizaje/los-beneficios-de-que-los-ninos-hablen-solos-mientras-juegan/

Cristina tiene 12 años. A diario piensa en el día de Reyes. Aunque con suerte, y la ayuda de su padre, igual sucede en una tarde de este verano. Cristina no tiene móvil y no lo tendrá hasta Reyes porque su madre así lo ha decidido. Solo tres compañeros más de su clase están en la misma situación. ¿Cómo lo resiste? ¿Acabará siendo la última?

La última de la clase en tener móvil

“Mis amigas tienen el móvil de mi madre y así nos comunicamos”, dice. Ni móvil ni redes sociales. Por supuesto, ni pensar en Instagram. Primero de secundaria y Cristina va y vuelve del cole sin necesidad de estar pegada a una pantalla. Ella se muestra resignada y comprensiva, quizás porque sabe que la fecha se acerca. Quizás también porque no quiere dejar mal a su progenitora ante la prensa.

“Entiendo un poco a mi madre, ella me dice que para todo hay que esperar un poco, que si cojo un teléfono me engancharé y que no miraré el mundo. La verdad es que no me siento apartada, pensaba que iba a ser peor”. Su padre es su mejor aliado y quien presiona en casa para que el aparato se entregue en verano. “Él sufre más cuando voy fuera y no puedo llamarlos”. La madre de Cristina es lo que se podría denominar madre resistente. “No creo que a esta edad les beneficie, y no están preparados para todo lo que puede hacer un móvil hoy en día. Yo le ofrecí un móvil, no un smartphone, solo para llamadas, pero no lo quiso. Además, no me considero del todo radical porque tiene Ipad en casa con el que se puede comunicar con las amigas si es necesario”, explica Pilar.

El mejor momento

En España uno de cada cuatro niños de 10 años tiene móvil, según una reciente encuesta del Instituto Nacional de Estadística. A la edad de Cristina, ya lo tienen el 75% de los chavales. John Hoffman es el principal responsable del Mobile World Congress, el congreso de telefonía móvil más importante del mundo. Pero, además, es padre de cuatro hijos de entre 26 y 12 años. Los mayores recibieron su primer móvil con 12 años; sin embargo, el pequeño contó con el aparato a los siete. “Depende del niño y de los padres. No es necesario que sea el primero de la clase, pero ser el último es realmente duro porque tienes mucha presión del entorno”, opina.

¿Cuándo es el mejor momento? Berta Saliner es psicóloga infantil y también madre. Como madre, opta por los 20 años. Y sonríe. Como experta explica: “Entre los 12 y los 14 años, junto con el inicio de la pubertad o adolescencia, se dan una serie de cambios neurofisiológicos que permitirán al niño ser capaz de iniciarse en la comprensión de las funciones de esa tecnología”.

“También es, en ese momento, cuando se despierta la necesidad psicológica más álgida de identificación y pertenencia de su grupo de iguales o de referencia… el cual se concentra y fomenta en gran parte hoy en día a través del móvil (chat, redes sociales, compartir fotos…)”, afirma. Su buen uso, añade Saliner, dependerá de la madurez del niño y de la enseñanza de las funciones de la tecnología, además de las limitaciones que impongan los padres.

SOBRE ESTE PROYECTO

Este reportaje es la séptima entrega de Crecer Conectados, una serie de artículos que explora la vida de niños y adolescentes en un mundo digital. Los códigos han cambiado, los chavales aprenden, juegan y se relacionan a través de redes y pantallas, rodeados de algoritmos y big data, nativos en entornos en los que sus mayores se mueven con desconcierto. Crecer Conectados reflexiona sobre los retos a los que se enfrentan y las posibilidades que se abren para estas generaciones. ¿Qué hacen, dónde están y cómo usan los menores la tecnología? Tienen entre 3 y 18 años: ellos serán nuestros guías.

https://elpais.com/sociedad/2019/05/11/actualidad/1557574247_036276.html

Ser feliz en la adolescencia está asociado con una mejor salud durante la vida adulta, según diversos estudios

birthdaySegún un reciente estudio, los jóvenes que viven una adolescencia feliz tienen una mayor probabilidad de disfrutar de una mejor salud psicológica y física cuando sean adultos. Además, los adolescentes felices se implican con menos frecuencia en conductas peligrosas como el consumo excesivo de alcohol, tabaco o drogas ilegales, y comen menos comida basura. En este artículo se explica cómo influye la felicidad de los adolescentes en su salud cuando alcanzan la edad adulta y qué necesitan para ser felices.

Son numerosos los estudios que señalan que ser optimistas y felices es una garantía de salud. El informe ‘La felicidad y la percepción de la salud’, realizado por científicos de la Universidad Complutense de Madrid, indica que las personas optimistas sufren menos problemas físicos y psicológicos. La felicidad ayuda a fortalecer el sistema inmune y, por tanto, protege de enfermedades. Si se está dominado por emociones negativas, aumenta la producción de cortisol (la hormona del estrés), que perjudica al sistema inmune.

 Hay que empezar cuanto antes a cultivar el optimismo y la felicidad. Según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad del Noroeste, en Evanston (EE.UU.), y publicado en el ‘Journal of Adolescent Health’, ser feliz en la adolescencia está asociado con una mejor salud durante la vida adulta. Asimismo, los adolescentes felices no cometen tantas conductas de riesgo como quienes se sienten infelices o tienen problemas psicológicos.

Para realizar este análisis, los investigadores entrevistaron a más de 10.000 jóvenes a partir del año 1994. Luego, volvieron a preguntarles en el año 2001, cuando ya eran adultos. Y observaron que quienes habían sido felices de adolescentes gozaban de mejor salud física y psicológica. Los jóvenes felices fuman menos, hacen más deporte, beben menos alcohol y comen menos comida basura, lo que les protege de futuros problemas como ictus o infartos. Pero la felicidad durante la adolescencia también es una buena manera de protegerse contra riesgos psicológicos en la vida adulta. Según datos de Unicef, el 70% de los trastornos mentales comienzan antes de los 24 años de edad.

Pero este no es el único estudio que pone el acento en la adolescencia como una época de vital importancia para el futuro adulto. La Universidad de Cambridge (Reino Unido) publicó en el año 2011 los resultados de una investigación realizada con voluntarios de entre 13 y 15 años de edad. Y se dieron cuenta de que al alcanzar la edad adulta, quienes habían sido más felices durante la adolescencia tenían mejores relaciones personales, más satisfacción en su trabajo, una mejor salud mental y una vida social más rica.

La importancia de cultivar el bienestar
La adolescencia es una época que se caracteriza en muchos casos por la angustia, intensos cambios hormonales y una complicada transición entre la seguridad de la infancia y las responsabilidades de la vida adulta. Pero los investigadores de la Universidad del Noroeste, en Evanston, identifican varios factores psicológicos que facilitan el paso a la adultez y permiten que el adulto futuro afronte la vida con mejor salud. Uno de esos factores es la felicidad, pero también señalan disfrutar de la vida, la confianza, sentirse capaz, el optimismo y la esperanza con respecto al futuro.

El problema radica en que, según citan los expertos en su artículo, “muy pocos estudios de la salud en los adolescentes han examinado las características psicológicas positivas. La mayoría de los estudios tienden a enfocarse en factores negativos. Nosotros estamos a favor de una perspectiva positiva de la salud en la adolescencia y creemos que promover y educar a los adolescentes en el bienestar es una forma de aumentar la probabilidad de gozar de una vida adulta sana durante muchos años”.

¿Qué necesitan los adolescentes para ser felices?
¿Son felices los adolescentes españoles? Es difícil responder a esta pregunta, pero según el Estudio de la Conducta sobre Salud de los Jóvenes en Edad Escolar (HBSC-2010), que realiza la Organización Mundial de la Salud (OMS), los adolescentes españoles puntúan su satisfacción vital, en una escala del 0 al 10, con una nota media de 7,29. Comparada con los resultados del resto de la Unión Europea, están entre los más felices.

El estudio señala que “no existen diferencias destacables en la satisfacción vital de chicos y chicas. Sin embargo, se observan niveles de satisfacción más bajos en los de mayor edad”. Por otro lado, también se desprende que los adolescentes cuyas familias presentan un nivel adquisitivo más bajo tienen un nivel de satisfacción vital claramente menor.

No hay una fórmula de la felicidad que funcione a todo el mundo. Pero sí que hay una serie de factores que contribuyen a que estos disfruten de una transición a la vida adulta saludable, con calidad de vida y feliz. Los siguientes factores se han extraído del mencionado estudio y del informe ‘Bienestar y felicidad de la juventud española’, realizado por el Instituto de la Juventud (Injuve):

Para los jóvenes españoles, la felicidad se asocia primero a la satisfacción con la situación económica, segundo con las relaciones de pareja, tercero con el trabajo y cuarto, y en menor medida, con el físico.

Las actividades sociales con pareja y amigos y leer son frecuentes, inducen placer y son fuente de felicidad.
Los jóvenes felices tienen personalidades de mayor asertividad e implicación, de mayor control del entorno y le atribuyen más sentido a la vida, son más estables emocionalmente, optimistas y creen que el mundo es justo.

 VIA: www.consumer.es – José A. Rodriguez

Bárbara Serrano es la fundadora de la editorial independiente La Casita Roja. Después de trabajar durante más de quince años en el sector editorial. Le encanta su oficio y sobre todo editar libros para el público infantil y juvenil. Por eso decidió emprender su propia editorial en 2016. Para ella es toda una aventura buscar y editar libros que conecten con los niños. Su mayor objetivo es poder fomentar la lectura entre los más pequeños y sobre todo que se diviertan y se rían leyendo. Libros mayoritariamente de cómic cuidados hasta el último detalle e impresos en nuestro país.

PREGUNTA. ¿Por qué lanzaste una editorial especializada en libros visuales y de cómic?

RESPUESTA. Después de quince intensos años en el sector editorial, sentí la necesidad de iniciar un proyecto que me permitiera aunar dos aspiraciones: por un lado, dedicarme a este oficio, que me apasiona, al ritmo y del modo que creo que requiere cada aspecto del proceso de edición; por otro lado, dar salida a mis inquietudes sociales. Así, decidí invertir mi experiencia en crear una editorial de narrativa infantil con el objetivo último de contribuir, aun a pequeña escala, a fomentar la lectura. Siempre me ha fascinado este género y trabajar libros en color, y además tengo la suerte de conectar con el humor y la lógica de los más pequeños. A fin de atraer a los niños, dado que su cultura es esencialmente visual y muchos se abruman si ven mucho texto, decidí que todos los libros, incluso los dirigidos a primeros lectores (que a menudo son a una tinta o con un número limitado de ilustraciones), fueran completamente ilustrados en color, y apostar con fuerza por el cómic, un género a reivindicar. La oferta de cómic infantil es todavía bastante reducida en nuestro país (aunque hay editoriales y publicaciones fantásticas que lo trabajan con mimo) y, sobre todo, tiene aún una presencia demasiado limitada en el punto de venta y en las escuelas, cuando sin embargo constituye una gran puerta de entrada hacia la lectura y sabemos que a la inmensa mayoría de los niños les gustan. Por eso le consagramos una de nuestras tres colecciones: La casita n.º 9, porque se lo considera el noveno arte.

P. ¿Cuáles son tus referentes del cómic? ¿Qué te gusta leer en formato cómic?

R. En mi caso, mis referentes son el cómic europeo: de pequeña devoraba los volúmenes de Tintín y Astérix, con los que sigo disfrutando, y me encantaban el TBO, Ibáñez, Jan y Escobar. Como adulta, digamos que voy picoteando: hace muchos años que tengo menos tiempo del que querría para leer por placer, y dado que mis intereses son muy diversos, abordo el cómic de forma algo caótica, digamos que voy picoteando: he leído los clásicos Maus y Persépolis, y hay novelas gráficas que me han impactado y no me canso de releer, como Aquí, de Richard McGuire. Pero sé que tengo mucho que descubrir.

“El humor en el cómic es el gancho ideal para aficionar a los niños a la lectura”

Bárbara Serrano es la fundadora de la editorial independiente La Casita Roja

P. ¿Cómo das con nuevos títulos?

R. Para lanzar la editorial contratamos varios títulos de la prestigiosa colección norteamericana Toon Books, creada en 2008 Françoise Mouly (fundadora de la revista Raw, entre otras cosas), quien, también consciente del poder del género para iniciar a los más pequeños en la lectura, decidió encargar a grandes nombres de la novela gráfica adulta libros concebidos específicamente para niños, de modo que tienen una calidad incontestable. Después, selecciono títulos que contengan todos los elementos comunes en los libros de nuestro catálogo: humor (para que los niños disfruten leyendo y, con suerte, adquieran este hábito tan esencial para nuestro desarrollo), una estructura narrativa clásica (planteamiento, nudo y desenlace) y un mensaje o aprendizaje, aunque sea sutil. Y que no contengan elementos sexistas ni violentos. Como soy medio alemana, sigo de cerca el mercado germánico y puedo valorar yo misma los libros; y así he tenido la suerte de poder editar varias joyitas, como Caja, Las aventuras de Lester y Bob y El buhito Bu. Por ahora solo traemos títulos del extranjero, pero en un futuro me encantaría publicar proyectos con autores locales.

P. ¿Qué elementos se tienen que dar para encontrarse delante de un buen cómic? ¿Y que este tenga nuevos volúmenes y llegue a ser una serie-colección?

R. Un buen cómic es para mí aquel el que tiene un buen guion, una historia que incita a pasar página y cuyo final no defrauda; el que mantiene el equilibrio perfecto entre ilustraciones y textos, hace un buen uso del espacio y carece de elementos que entorpezcan la lectura; el que sabe sacar todo el jugo a los numerosos recursos del género pero sin abusar de ninguno; el que permite varios niveles de lectura y es rico en detalles sutiles, el que tiene un ritmo adecuado… en definitiva, el que te atrae a primera vista y luego te engancha.

Respecto a la serialización, o bien se concibe de entrada un proyecto como tal, o son necesarios unos personajes carismáticos que puedan dar juego en diversos contextos para, si tienen éxito, hacerles vivir nuevas aventuras. En nuestro caso, salvo uno de los títulos (Caja), todos son de hecho novelas gráficas obras cerradas, no concebidas para serializar. (Aunque Caja es una historia autoconclusiva, puede leerse independientemente del hecho de que tenga una continuación).

P. ¿En el mundo del cómic es fácil conseguir el equilibrio entre texto e ilustración?

R. Como ocurre también con el álbum ilustrado, no siempre se logra, puesto que no es fácil. Creo que por eso hay todavía muchos prejuicios respecto al género: a veces pesan demasiado las imágenes y los textos parecen casi prescindibles, cuando deben ir de la mano de la ilustración y aportar contenido. El hecho de que sean breves, evidentemente, no significa que no sean buenos. Pero está extendida la idea de que no tienen el nivel necesario de una lectura de iniciación y formación. Puede ocurrir a la inversa: la historia y los textos son muy intensos o divertidos, pero las imágenes cojean o no son eficaces por sí solas.

P. ¿Qué elementos influyen en el cómic, la tipografía, la imagen, las expresiones de los personajes?

R. La tipografía es siempre esencial (¡en todos los libros, o incluso en un manual de instrucciones!): debe ser perfectamente inteligible (y en ello no influye solo el tamaño), fluir; las expresiones de los personajes refuerzan los mensajes y las ilustraciones contextualizan los textos, de forma que se puede introducir nuevo vocabulario. Pero, además, la fuerza narrativa del cómic reside también en que en él conviven otros lenguajes: los símbolos (notas musicales, la bombilla de cuando tiene una idea o las serpientes y signos mezclados de cuando un personaje suelta juramentos), carteles, señales, signos cinéticos, el uso del color con valor semántico (un color puede marcar, por ejemplo, el tiempo o el espacio de la narración) y por supuesto las onomatopeyas. Todo ello estimula la interpretación de símbolos, el desarrollo del lenguaje visual, la capacidad de abstracción, la asociación de ideas… También las expresiones son importantes, claro: están cargadas de contenido y ayudan a desarrollar la interpretación de los gestos y la empatía.

El cómic es precisamente ideal para aprender a leer: los más pequeños pueden seguir de forma autónoma la historia de principio a fin interpretando solamente las imágenes, y adquieren el hábito de mirar de izquierda a derecha y de arriba abajo, tal como hacemos al leer.

P. ¿Dirías que el cómic vive a caballo de la literatura y el cine?

R. Sin duda. Es un género muy potente y, como el cine, se fundamenta en imágenes en secuencia, los juegos de planos, de puntos de vista, la dosificación del ritmo… Con la literatura comparte el hecho de que el lenguaje constituye sus mimbres, en su versión más sintética, directa y variada, y las infinitas posibilidades de estructurar la narración y de abordar temas.

P. ¿Qué relación hay entre cómic y humor? ¿Siempre van de la mano?

R. No, no siempre. Hay cómics que tratan cuestiones serias, cómics fantásticos, sobre hechos históricos, adaptaciones de novelas… Pero los infantiles sí suelen estar cargados de humor, y también en todos los que publica La casita roja, como decía, está presente, porque creemos en él como gancho para aficionar a los más pequeños a la lectura.

P. ¿Cuál es la mejor edad para empezar con un cómic? ¿Se puede aprender a leer con un cómic?

R. El cómic es precisamente ideal para aprender a leer: los más pequeños pueden seguir de forma autónoma la historia de principio a fin interpretando solamente las imágenes, y adquieren el hábito de mirar de izquierda a derecha y de arriba abajo, tal como hacemos al leer. A partir de allí es fácil que se despierte su curiosidad por saber qué pone dentro de los bocadillos, y el hecho de que sean frases breves o incluso palabras sueltas los animará…

P. ¿El cómic también es la lectura perfecta para a los que no les gusta leer?

R. Sí, por ese componente esencialmente visual, y porque hay cómics de gran calidad con los que los jóvenes lectores pueden fijar un buen lenguaje, no solo visual, y desarrollar las competencias que he comentado antes. Por otro lado, es absurdo considerarlo un género residual y menor: siempre que esté cuidado, es tan digno como cualquier otro.

P. ¿Se puede fomentar el gusto por la lectura a través del cómic?

R. Sí se puede. Sin ir más lejos, la directora de Toon Books, francesa afincada en Nueva York, fue nombrada Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura francés y también le concedieron la Legión de Honor por su labor de fomento de la lectura. A nosotros nos gustaría que en las aulas y las bibliotecas los cómics fueran un recurso del mismo modo que lo son los álbumes ilustrados y los libros para primeros lectores, y que en el punto de venta se los expusiera junto a estos, y no, como ocurre a menudo, en un rincón al que solo se acercará el que sabe exactamente qué busca. No me cabe duda de que los compradores de álbum ilustrado que no hayan prestado atención a este género se sentirían igualmente atraídos por los cómics infantiles si los encontraran fácilmente en la librería, y comprobarían cómo entusiasman a los más pequeños.

P. ¿Qué tiene el cómic que tanto gusta a los adolescentes?

R. En general, la adolescencia es una etapa que suele estar algo reñida con la lectura, porque es una época complicada, de dispersión, prisas por ser adulto, desconcierto, y en la que resulta difícil concentrarse. El cómic es accesible y puede ser de lectura tan rápida como satisfactoria; si además permite proyectar la propia personalidad en los personajes y sentirse reflejados en ellos, y por tanto acompañado, se conjugan todos los elementos para que les atraiga. Y quizá influya también la rebeldía, el querer llevar la contraria: en nuestro país no es muy común que los padres sean aficionados a este género, es posible que incluso lo desprecien.

P. ¿Hay cultura de cómic en España?

R. En España el género tiene una larguísima tradición de (pensemos en el TBO, nacido en 1917; hasta hace poco, no hablábamos de cómics, sino de tebeos) y grandes autores, y se encuentra en crecimiento: en todas las librerías la novela gráfica cuenta ahora con espacios reservados a las novelas gráficas. Pero, paradójicamente, todavía hay bastantes prejuicios: entiendo que a muchos les cueste entrar en el género y que lo asocien a las ediciones baratas de quiosco o a series muy consolidadas, como Tintín o las de superhéroes, o el manga, y crean que no da más de sí. No obstante, invitaría a padres y profesores a analizar la oferta actual: se sorprenderán y verán que en ocasiones la línea que separa el álbum infantil (tan en auge) del cómic es muy fina, que pueden ser igual de hermosos, y que el cómic incluso supera al primero, pues en este el hilo argumental queda dividido entre texto e ilustración, mientras que en el cómic van completamente de la mano, por lo que, como decía, dan independencia a los más pequeños a la hora de seguir una historia.

P. ¿Para hablar de según qué temas el cómic puede ser una buena opción?

R. Claro. Hoy en día encontramos muchísimos álbumes ilustrados que tratan de temas complejos como los problemas de los refugiados, la enfermedad y la muerte, el control de las emociones… El cómic, con su rico y versátil arsenal de recursos, y por el hecho de que puede resultar más atractivo a los lectores reacios por la presencia reducida de texto, puede abordar cualquier cuestión que queramos hacer llegar a los lectores.

P. ¿La forma de escribir y el lenguaje usados en el cómic (abreviaturas, monosílabos, etc.) hacen daño a la lengua?

R. Lo único que hace daño a la lengua es el descuido, el uso impropio de los términos, y la tendencia a simplificarla (y no pienso solo en la LIJ). Los niños son esponjas que absorben léxico nuevo; la clave está siempre en el registro: todos debemos aprender a discriminarlo, diferenciar el oral del escrito, el informal del formal, el propio de cada género y momento; saber cuándo hay que aplicar una norma gramatical y cuándo es imprescindible ser laxo o incluso introducir algún error. Leyendo cómics se pueden aprender abreviaturas que quizá aparezcan en otra clase de obras: los niños solo deben aprender que en según qué textos no deben emplearlas. Eso sí, nosotros siempre buscamos las onomatopeyas propias del idioma y, aunque sé que no es práctica común en el género, siempre ponemos el signo de apertura de exclamación y de interrogación. Los niños están fijando el idioma y necesitan un criterio unificado.

https://elpais.com/elpais/2018/01/04/mamas_papas/1515056359_739630.html

No hay forma más eficaz para comprobar lo potente que puede ser la imaginación que sentarse una tarde a estudiar. Es ponerse delante de un libro o de unos apuntes y las excusas para levantarse de la silla se multiplican: voy a estirar las piernas para despejarme, tengo que contestar a ese mensaje de WhatsApp urgente que me acaban de enviar, un vistazo a Instagram no le hace daño a nadie… Pero el advenimiento del examen es tan inevitable como esa sensación de agobio y descontrol que va creciendo conforme se acerca la fecha. Gestionar de forma eficaz el tiempo de estudio es una asignatura pendiente para muchos estudiantes, especialmente en la universidad. Pero también es la fórmula perfecta para prevenir el estrés y la ansiedad antes de los exámenes, sin olvidar el impacto directo que tiene sobre las notas.

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Y aunque el mundo a veces parece estar lleno de procrastinadores capaces de sacar un sobresaliente con unas pocas horas de estudio la noche anterior, la realidad es muy diferente. “La variable clave de los resultados académicos es la suma del número de horas que uno dedica a estudiar y el conjunto de actividades que acompañan a ese tiempo de estudio”, enumera Francisco Pérez González, profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universitat de València (UV).

La receta parece sencilla: hincar codos durante horas y hacerlo de tal manera que ese tiempo se convierta en aprendizaje efectivo y no en minutos perdidos frente al libro. Pero entre medias se cuelan las clases, el móvil, las tardes perdidas en un infinito “en cinco minutos me pongo” y esa lista de lo que los expertos llaman distractores o ladrones del tiempo. Es entonces cuando aparece la sensación de no llegar a todo. “La universidad es la primera etapa en la que tú te marcas los tiempos y tu agenda”, explica Modesta Pousada, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “Los alumnos suelen ser conscientes de lo importante que es aprender a gestionar su tiempo, pero no saben ponerlo en acción”.

Organizarse para llegar a todo y llegar bien exige una reflexión concienzuda de cómo usas tu tiempo, una planificación hecha con suficiente antelación y un compromiso con uno mismo para cumplir con lo prometido. La buena noticia: como todo hábito se puede aprender, pulir y mantener en el tiempo. La mala: no hay fórmulas mágicas ni atajos. Pero sí es posible seguir este proceso en cinco pasos para conseguirlo.

1. Empieza cuanto antes a planificarte

Si no sacas la agenda hasta que no termina el cuatrimestre, probablemente tengas un problema. Aunque lo habitual es empezar a organizar el estudio cuando los exámenes comienzan a asomarse en el horizonte, lo recomendable es preocuparse por ello mucho antes. Y aquí, nunca es demasiado pronto. Si te organizas ya desde el primer día del cuatrimestre o del curso, mucho mejor. “Es entonces cuando tenemos la posibilidad de intervenir y mejorar el uso que hacemos de nuestro tiempo”, señala Pérez González.

Planificar desde el primer día es importante también por lo que los psicólogos denominan la práctica distribuida. “Los estudios sobre el funcionamiento de nuestra memoria demuestran que distribuir el tiempo de estudio en sesiones más cortas de duración y más prolongadas a lo largo del tiempo aumenta el rendimiento”, asegura Pousada. Es decir, que si piensas dedicarle 10 horas a preparar un examen, es mucho más efectivo emplear dos horas cada día durante una semana que concentrarlas en dos sesiones de cinco horas el fin de semana anterior.

2. Analiza cómo usas tu tiempo (y en qué lo pierdes)

Para aprender a aprovechar el tiempo, primero hay que saber en qué lo invertimos (o dónde lo perdemos). “La gestión del tiempo es una toma de conciencia sobre la realidad que tengo entre manos”, resume Noemí Merchán, coach y experta en talento que acaba de impartir un taller sobre este tema en la Universidad Carlos III de Madrid. Allí, les pidió a los alumnos que calcularan cuántos minutos que podían haber dedicado a estudiar terminaban desapareciendo por el desagüe de las actividades poco importantes (contestar wasaps, mirar Netflix por enésima vez en busca de una serie para ver…). ¿La respuesta? Hora y media. Cada día.

Con los alumnos que llegan a su despacho, Francisco Pérez González pone en práctica una táctica similar. Les pide que durante una o dos semanas vayan anotando todas las cosas que hacen para que así puedan analizar cómo distribuyen sus tiempos. “A partir de ese seguimiento, uno puede ser consciente de todo lo que hace en un día, más allá del estudio. Después, al gestionar y planificar, hay que considerar todas esas actividades”.

Este análisis inicial sirve también para identificar todos esos ladrones del tiempo y eliminarlos o reducir su impacto tanto como sea posible. El más habitual es, por supuesto, la tecnología. Y si bajamos al detalle, el móvil e Instagram. “También los planes de última hora y la falta de agenda, el no tener una planificación concreta e ir a la deriva”, explica Merchán. “Ese ‘después de comer, si eso, me pongo’. Si tienes que estudiar y nunca lo haces, esa es una idea bomba que te ametralla la cabeza”.

3. Márcate objetivos y aprende a diferenciar lo urgente de lo importante

Echar horas delante del libro o navegar entre trabajos pendientes de entregar durante toda una tarde de poco sirve si antes no te has marcado un objetivo. “Debemos dejar de poner la mirada en cuánto tiempo estudio y centrarnos en cuáles son los resultados y el objetivo de ese tiempo que vas a dedicarle a estudiar”, asegura Elena López Cobeñas, profesora de Psicología de la Intervención Educativa en la Universidad Camilo José Cela (UCJC).

Antes de empezar con cada sesión de estudio o de trabajo, pregúntate qué quieres conseguir cuando termines: ¿avanzar dos temas?, ¿buscar toda la documentación que necesitas? El objetivo debe ser concreto y asumible, ya que si es demasiado ambicioso terminará generando frustración. Y si la planificación se está haciendo a largo plazo (un trabajo de fin de grado o preparar una asignatura desde el principio del cuatrimestre), Modesta Pousada, de la UOC, recomienda delimitar hitos sencillos en el camino e ir ampliándolos. “Un hito pequeño puede ser que, durante el próximo mes, vas a dejar el móvil en otra habitación cuando te pongas a estudiar”, ejemplifica. “Cuando lo consigas, puedes establecer un objetivo más ambicioso: además, me voy a planificar estudiar todos los días una hora. Si establezco objetivos pequeños que puedo alcanzar, esto refuerza mi compromiso y mi percepción de autoeficacia”.

Saber priorizar las tareas pendientes es otro punto importante a la hora de marcarse objetivos. Aquí es fundamental aprender a distinguir lo urgente de lo importante, dos conceptos que no siempre van de la mano y que pueden provocar que se dedique demasiado tiempo a tareas poco relevantes. Los universitarios suelen tener problemas para navegar en esta distinción, sobre todo porque las asignaturas suelen venir acompañadas, además del examen final, de trabajos y prácticas que tienen que entregar a lo largo del cuatrimestre. “Sienten que tienen que entregar muchos trabajos y que eso merma el tiempo de estudio. No son capaces de hacer la transferencia de que el trabajo es una vía para interiorizar los conocimientos”, explica López Cobeñas.

4. Planifica con papel y reloj

Todos esos objetivos y listas de tareas pendientes, bien priorizadas, se tienen que plasmar en una planificación. Y no valen las cábalas mentales de que el lunes estudio un rato y el martes termino esa práctica pendiente. Hay que sacar papel y reloj para pintar el mes, la semana y el día e ir ubicando en cada hueco las tareas, con un tiempo asignado. “Si a una tarea no le pones fecha de caducidad, tu mente busca postergarla”, explica López Cobeñas. Se trata de perder algo de tiempo planificando para luego ganarlo. “En una hora de planificación ahorramos entre tres y cuatro horas de gestión”, asegura María Jesús Martínez Silvente, directora de alumnos de la Universidad de Málaga, que el pasado octubre organizó su primer curso de gestión del tiempo.

Hay dos niveles de planificación, según explica Francisco Pérez González, de la UV. Y los dos actúan en paralelo. Por un lado, la organización a largo plazo. “Es una ventana abierta a lo largo de un periodo extenso, como un curso o un cuatrimestre, en el que hay que colocar todas aquellas actividades que ya desde el inicio del curso se conocen: inicio y fin del cuatrimestre, fechas de exámenes…”, cuenta el profesor. Por otro lado, la planificación semanal y diaria. Se realiza a partir del análisis inicial y distinguiendo dos tipos de obligaciones: las fijas (clases, deportes, citas o compromisos…) y las flexibles, que pueden aumentar o disminuir en función del tiempo disponible (el tiempo dedicado a estudiar, a quedar con los amigos, a hacer las tareas de casa…). “Esta planificación se va revisando para generar poco a poco el hábito. No es más que una automatización de un procedimiento”, explica el experto.

5. No te olvides del descanso

Tan importante como reservar tiempo para el estudio es planificar los momentos de descanso. Durante las sesiones de trabajo y fuera de ellas, para equilibrar el estudio con otras actividades: deporte, ocio… Los expertos recomiendan huir de las jornadas maratonianas y de los atracones. “Estudiar requiere estar concentrado y atento. No somos capaces de estar así de una manera sostenida e infinita en el tiempo”, explica Modesta Pousada, de la UOC, que recomienda planificar sesiones de 45 minutos con descansos de 15 minutos entre medias. “Los descansos también ayudan a ser flexible porque los planes siempre hay que cambiarlos sobre la marcha, pero incorporar un imprevisto sobre algo que ya está pautado es más fácil”, añade.

Elena López Cobeñas, de la UCJC, recomienda incluso reservar una semana entera en Navidad para el descanso, a pesar de que este suele ser el momento de apretar el acelerador antes de los exámenes. “Si programas tu mente sabiendo que vas a tener unos días de descanso, cuando vuelves al estudio lo haces desde otra perspectiva”, explica. “Lo fundamental, de todos modos, es inculcar en los estudiantes que no pueden decir: ‘No me da tiempo’. Esa no puede ser una respuesta porque ahí cabe de todo”.

“¿Cuánto dura esto?” Esta es la pregunta que, con más frecuencia, me plantean los padres y madres de adolescentes en mis talleres y es que la mayoría de ellos desconocen tres cuestiones que, a mi entender, son importantes. La primera de ellas es que la adolescencia es una etapa, y como tal, no dura toda la vida, aunque a algunos, se les haga interminable. La segunda es que no saben cuándo comienza, tan solo advierten algunos cambios de conducta en sus hijos e hijas pero, a menudo, lo interpretan como algo que está fallando “¡con lo bien que iba todo…!”, y por último, todos padecen una especie de amnesia y no recuerdan que ellos también pasaron por esa etapa de la vida.

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Con respecto al comienzo de la adolescencia, aunque esta sociedad se empeñe en adelantarla cada vez más, podemos decir que comienza entre los 11 y los 13 años, con una variación dependiendo del sexo, ya que los estudios confirman que las niñas comienzan y acaban el proceso de maduración un poco antes que los niños, pero cuidado, no podemos pensar que una niña de ocho o nueve años es una preadolescente o una adolescente es tan solo una niña, a pesar de la hipersexualización a la que se ven cada vez más sometidas.

¿Cuándo finaliza?

Entre los 19 y 21 años, aunque algunos psicólogos afirman que a los 25. Por lo tanto, dura una media de ocho años, existiendo una diferencia por sexo. Se trata por tanto, de una etapa un poco larga, sobre todo si carecemos de herramientas para una comunicación efectiva y una convivencia sana. ¿Recuerdas cuándo eras adolescente? ¿eres capaz de reflexionar sobre alguna cosa que hiciste durante esa etapa y que nunca le contaste a tus padres? Recordar tus años de adolescente te ayudará a calmar un poco las preocupaciones y a recobrar la confianza en tu hijo.

¿Qué ocurre en el cerebro durante este proceso?

La maduración cerebral: aunque el cerebro se desarrolla de manera gradual durante la infancia es, al final de esta cuando alcanza su tamaño máximo. Por lo tanto, se llega a la adolescencia con el cerebro prácticamente desarrollado pero falta la última fase, la maduración. Es la base del cerebro adulto. Este es un periodo donde se produce una extraordinaria reorganización cerebral, comparable a los tres primeros años de vida, por tanto, los cambios más importantes no están relacionados con el desarrollo cerebral, si no con un proceso de reorganización de las diferentes regiones cerebrales que mejora la comunicación entre las mismas. Es la base del cerebro adulto, donde empieza a formarse la identidad.

Se trata de un proceso biológico que está fuera de su control y que la doctora en Educación y terapeuta Jane Nelsen, identifica con el proceso de individualización. Este se caracteriza por una serie de cambios en la conducta de nuestros hijos que, todos los padres y madres de adolescentes, somos capaces de identificar…

Los adolescentes tienen la necesidad de descubrir quiénes son.

  • Atraviesan por enormes cambios físicos y emocionales (Un día no paran de hablar y al día siguiente se limitan a contestar con monosílabos).
  • Exploran y ejercitan su poder personal y su autonomía. Necesitan sentir su poder e importancia en el mundo. Dirigir, sin ser dirigidos.
  • La relación con los amigos tiene prioridad sobre las relaciones familiares. Necesitan construir relaciones con personas de su misma edad. Por tanto, empezarán a querer desmarcarse de los planes familiares.
  • Tienen una gran necesidad de privacidad. Sobre todo dentro de su entorno familiar.
  • Se trata de una etapa en la que subestiman a los padres, que pueden llegar a convertirse en “una vergüenza” para ellos (“No me dejes en la puerta”, “No me des la mano”, “No me beses”).
  • Se ven a sí mismos como omnipotentes y sabiondos.

El proceso de indvidualización a menudo parece rebeldía a los ojos de los padres. Esta es la causa principal por la que muchos padres reaccionan en lugar de actuar de forma reflexiva y auto modelando.

En mi opinión, este es un momento decisivo en la crianza de nuestros hijos ya que va a afianzar el patrón educativo que hayamos empleado con ellos hasta ahora. Si, hemos sido muy autoritarios, puede que se distancien, se vuelvan dependientes emocionalmente o bien se vean incapaces de madurar, ya que carecerán de habilidades para hacer sus propias decisiones. Si por el contrario, fuimos permisivos, se verán muy perdidos, sin límites e inseguros. Por tanto, esta etapa quizá nos remueva la conciencia y seamos conscientes de la necesidad de cambiar nuestro estilo educativo, lo que no implica cambiar de valores.

Las terapeutas, Jane Nelsen y Lynn Lott, afirman que los padres avivamos las llamas de la rebeldía de los adolescentes cuando:

  1. No comprendemos, respetamos o apoyamos el proceso de individualización.
  2. Tomamos este proceso, como algo personal (“Con todo lo que he hecho por ti…”)
  3. Nos sentimos culpables. (En Disciplina Positiva siempre decimos que no es cuestión de culpabilidad sino de responsabilidad).
  4. Nos asustamos de los errores de nuestros hijos. (Cuando es inevitable que los cometan. Y no solo ellos, nosotros, como padres, también).
  5. Tratamos de impedir la individualización a través de la culpa, el castigo, la humillación, la sobreprotección o la negligencia.
  6. Pensamos que la forma en la que se comportan nuestros hijos será para siempre.
  7. No respetamos el hecho de que nuestro hijo sea diferente y pueda elegir un estilo de vida con el que no estemos de acuerdo.

Se trata por tanto, según las terapeutas, de dejar de ser el piloto y convertirse en el copiloto. No importa si te dicen constantemente que les dejen en paz, necesitan tu apoyo y sentir que estás a su lado.

*Yolanda Alfonso Arias. Socióloga y Educadora de Disciplina Positiva de Familias y de Aula

https://elpais.com/elpais/2019/05/17/mamas_papas/1558084171_008966.html