No es ningún secreto que vivimos inmersos en una cultura del alcohol. Lo vemos en nuestras fiestas más emblemáticas, en las celebraciones familiares o sociales y en la mayoría de series y películas que encontramos en los suculentos catálogos de Netflix o HBO. El alcohol está por todas partes. Sin olvidarnos, por supuesto, de las vallas publicitarias, de YouTube y de redes sociales como Twitter, Instagram o Facebook. No es de extrañar, por tanto, que si el alcohol forma parte de nuestras vidas, también sea la sustancia psicoactiva más consumida entre los jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años. Así lo recoge el último informe del Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías (2017), que sitúa la edad media de inicio en su consumo entre los 13 y los 16 años.

Para Xavier Pons, profesor del Departamento de Psicología Social de la Universitat de València, a esta cultura del alcohol y a las costumbres del mundo adulto, que incorpora el alcohol a todas sus actividades sociales, se une un factor más: el de la cultura de la despreocupación. “Nuestra sociedad ha creado una cultura de la banalidad y la despreocupación, que también es argumento para el consumo alcohólico en los jóvenes. La mayoría de niños son educados, cuando son niños, en los valores de la moderación, la prudencia, el autocontrol, el rigor, la responsabilidad… Esos valores deberían desembocar, más adelante, en actitudes y conductas consecuentes, tales como no beber alcohol y no abusar, si sabes (y lo sabes) que es perjudicial. Sin embargo, ese niño va creciendo y haciéndose adolescente en una sociedad que le transmite otro tipo de realidad: si es divertido es bueno. Da igual si es sano, ético, razonable, veraz, prudente, bello, inteligente, o si es todo lo contrario; mientras sea divertido será aceptable. No hay reparo alguno para la diversión en la sociedad de la despreocupación; todo lo que interfiera en la diversión será apartado u olvidado, y todo lo que la facilite será bien recibido”, explica.

Sumemos dos cuestiones más. Por un lado, el deseo de descubrimiento innato de la propia adolescencia, una etapa en la que, según Miguel Fuster, psicólogo clínico, “no se tiene la misma sensación de peligro a la hora de tomar decisiones; lo que lleva a un mayor aprendizaje pero, también, a ser más vulnerables como individuos ante los riesgos por falta de capacidad de evaluación de las consecuencias negativas”.

En el Grupo de Trabajo Alcohol y Alcoholismo de la Sociedad Española de Medicina Interna se hace hincapié en la neurotoxicidad y neuroinflamación que ejerce el alcohol en jóvenes, sobre todo en la modalidad de consumo en “atracones” o binge drinking (“botellón”). Su coordinador, Francisco Javier Laso apunta que cualquier consumo de alcohol es de “riesgo”, y tiene especial impacto en la adolescencia, “ya que han podido observar que implica consecuencias estructurales y funcionales en el sistema nervioso cuya “maduración” se está desarrollando, lo que promueve la aparición precoz de dependencia alcohólica”. Lo sugieren múltiples estudios, uno de los más recientes el publicado por investigadores suecos en enero en la revista Journal of Hepatology, en el que a través de un seguimiento a 40 años de 43.000 varones en Suecia, se asoció el consumo de alcohol en la juventud con un mayor riesgo de hepatopatía grave. Un riesgo que, aunque dependiente de la dosis, se encontraba desde el primer gramo de alcohol.

¿Permitir o prohibir?

Con un panorama tan desolador y complicado, cabe preguntarnos si como familia está en nuestra mano convertirnos en un “factor” de protección y prevención, o si por el contrario podemos acabar añadidos a la lista de factores de riesgo mencionados sin que tengamos conciencia de ello.

Un reciente trabajo publicado en el Journal of Adolescent Health y dirigido por la investigadora Jennifer L. Maggs, Parents Who Allow Early Adolescents to Drink, nos plantea la cuestión de que una actitud más relajada y permisiva con respecto al alcohol, con la creencia de que esto enseñará a nuestros hijos a beber con sensatez, puede ser un factor de riesgo para una iniciación temprana en el consumo de alcohol, incluso de problemas más graves a posteriori. La investigación, además, pone en evidencia que el nivel socioeconómico y cultural de los padres no es un factor protector sino más bien al contrario: un mayor nivel social y económico puede ser un factor de mayor riesgo para el consumo, ya que ese poder económico puede suponer una mayor disponibilidad económica también para los hijos, y con ello el acceso más fácil a esta sustancia.

“La sociedad ha creado una cultura de la banalidad, que también es argumento para el consumo alcohólico en los jóvenes”

Si la permisividad mantenida por los padres incrementa la probabilidad de consumo en los hijos adolescentes, ¿es la prohibición del alcohol la solución? Señala Xavier Pons que niños y adolescentes tienen que aprender a convivir con ciertas restricciones conductuales, “porque se van a encontrar con muchísimas en su vida adulta y tendrán que adaptarse a ello”. Por eso, entiende que las restricciones razonables ayudan a educar la tolerancia a la frustración y la responsabilidad. Y, muchas veces, la salud. Añade el profesor e investigador que, aunque está muy arraigada la idea de que lo prohibido resulta más atractivo “y acaba haciéndose más”, no hay ninguna evidencia de que eso sea así. “Las cosas son mucho más complejas que eso. Por ejemplo, siguiendo esa lógica, podríamos decir “prohibido estudiar” y a todos los chavales les entrarían unas ganas enormes de ponerse a estudiar, pero nada es tan simple. De hecho, lo prohibido suele acabar desapareciendo a largo plazo, siempre que junto con la prohibición haya un control de la conducta que se restringe”, argumenta.

Para Pons, además, lo que convierte al alcohol en algo atractivo no es que los adultos lo prohíban, sino que “los adultos lo consumen” y que los adultos “lo califican de peligroso para los jóvenes”. Por tanto, estamos aportando valor positivo y atractivo al consumo de alcohol sin darnos cuenta. “Para un adolescente abstenerse de hacer algo “peligroso” por el hecho mismo de serlo supondría manifestar indecisión o debilidad, mientras que hacerlo significa ser alguien “enrollado”, valiente, atrevido,… Es eso, más que ser “rebelde”, lo que motiva al adolescente. Realmente, hay poca rebeldía en hacer lo mismo que se ve que hacen los adultos, que son los que han institucionalizado el alcohol y lo comercializan”.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de hablar y actuar con un niño de 15 años sobre el alcohol? ¿Qué herramientas tenemos para hacerles resistentes ante la cultura del alcohol? La respuesta del investigador valenciano es clara: “No pensar que es un niño, porque, aunque para nosotros lo parezca, él o ella no lo va a ver así y no lo va a admitir. A los 15 años es normal creer que uno lo sabe todo de la vida y son sus padres los que no se enteran. Pero, al mismo tiempo, uno es consciente de estar sumido en una vorágine de dudas, que le cuesta mucho admitir, porque esas dudas no son congruentes con la imagen de fortaleza que desea proyectar. Esto no es malo, en el sentido de que se irá ajustando con la edad. Lo que pasa es que esa incertidumbre es terreno abonado para que los que comercializan el alcohol saquen beneficio”.

Para el psicólogo Miguel Fuster la idea de la prohibición como alternativa lleva a un problema igual que el que acarrea la permisividad, y opina que todo va a depender más de qué relación tengan los padres con el uso de sustancias como el alcohol y las drogas. “La mejor manera de hablar y de actuar es que haya una consistencia en mi manera de relacionarme con el alcohol y lo que yo les pido a mis hijos. Si hay una consistencia entre lo que yo digo como padre y lo que yo hago como padre el mensaje calara en mis hijos. Si hay una inconsistencia, mis hijos aprenderán de lo que yo hago y nunca de lo que yo digo. El mensaje verbal pierde toda su fuerza”.

Revisar nuestros hábitos y actitudes

La mayoría de nosotros, además de una baja percepción del riesgo que entraña el consumo de alcohol, no tenemos conciencia de cuándo y cuánto bebemos delante de nuestros hijos. “El 75 % de los individuos que bebe excesivamente cree que toma una cantidad “normal” de alcohol. Aunque frecuentemente en los medios surgen noticias sobre las bondades del consumo de pequeñas cantidades de alcohol, los estudios rigurosos demuestran que no hay ningún efecto saludable, y como indica la OMS: alcohol, cuanto menos mejor”, explica F. Javier Laso. En este sentido, el coordinador considera que si los padres tienen “información incompleta y sesgada”, no es de extrañar que se obvie hablar con los hijos sobre los riesgos del alcohol y que se considere su consumo como algo socialmente “natural”. Y es esa actitud permisiva parental “por ignorancia de riesgos” la que considera un hecho determinante para el consumo de alcohol en los adolescentes.

Preguntémonos honestamente cada uno de nosotros: ¿Qué pasaría si preparo una fiesta con adultos en mi casa en la que NO hubiese alcohol?

Y es que, además, muchos padres beben delante de sus hijos de manera habitual. Quizás los fines de semana, en bares, en el propio hogar. Señala Xavier Pons que hay muchos estudios que comprueban que en familias de padres bebedores habituales (no necesariamente alcohólicos) es más probable encontrar adolescentes bebedores abusivos, que en familias de padres abstemios. “Los hijos adquieren muchas conductas y actitudes por imitación de los padres. También los hábitos saludables/insaludables. Y, efectivamente, tiene más influencia en el hijo lo que ve que hacen sus padres que lo que estos dicen”, cuenta Pons.

Poca utilidad encuentra el psicólogo Miguel Fuster en las campañas centradas en las consecuencias del alcohol si no son acompañadas de coherencia en el uso que hacemos como adultos del alcohol. “Preguntémonos honestamente cada uno de nosotros: ¿Qué pasaría si preparo una fiesta con adultos en mi casa en la que NO hubiese alcohol? ¿Cómo reaccionaríamos todos y cada uno de nosotros? Desde ese planteamiento, ¿qué podemos hacer si asumimos que el alcohol es algo presente en nuestra vida? Seamos coherentes y el mensaje tendrá sentido”, plantea.

Opina Xavier Pons que las campañas de prevención que comenzaron en los primeros años ochenta del siglo XX han servido para crear a lo largo de todo este tiempo una actitud más crítica hacia el alcohol en la sociedad (“Somos más conscientes de sus riesgos que en generaciones anteriores, esa idea ha calado en la sociedad”), pero sabe que una campaña preventiva no va a servir para disminuir drásticamente el consumo juvenil de alcohol. “Conocer los riesgos que supone el abuso de alcohol no disuade a los jóvenes de iniciar y mantener su hábito de consumo; eso está totalmente comprobado por casi 40 años de investigación al respecto. Además, los que publicitan y comercializan el alcohol han sabido conectar con los adolescentes mejor que los que diseñan campañas preventivas”, se lamenta y vuelve a incidir en lo que señalábamos al principio: el consumo de alcohol responde a un modelo cultural arraigado y a un modelo de sociedad determinado por lo que, según concluye Pons, tendríamos que modificar radicalmente los valores culturales imperantes. Y no es nada fácil, no, salvo que empecemos por nuestras propias trincheras familiares.

https://elpais.com/elpais/2018/02/12/mamas_papas/1518421876_113910.html

Cuando se tiene un hijo, muchas veces se echa de menos un manual de instrucciones para saber qué hacer. Además, como los niños van creciendo, lo que te servía en un momento puede quedar caducado y obligarte a reinventarte. Casi todos lo hacemos lo mejor que podemos y no existe ningún padre o madre perfecta (¡para eso somos humanos, que no personajes de cuentos de hadas!). Pero, dicho todo lo anterior, con un reto de estas dimensiones, ¿qué está en nuestras manos para mejorar en nuestra paternidad de ahora y la de un futuro? El mejor camino es trabajar en nuestra actitud, según Elisabeth Fodor y Montserrat Morán, que se encuentran entre las principales pioneras en educación infantil de España. Aunque el contexto se mantenga igual, si nosotros cambiamos, la relación con nuestros hijos también se transforma. Basándonos en la experiencia de Fodor y Morán, veamos qué podemos entrenar como padres para ayudar a nuestros hijos en su desarrollo y disfrutar de esta parte de nuestra vida.

Primero, necesitamos conocernos mejor. ¿Cómo vamos a enseñarles inteligencia emocional si no sabemos hablar de lo que nos ocurre, si caemos en el reproche, en el silencio o en sentimientos que nos superan? El primer paso para gestionar algo es conocerlo. Por ello, dediquemos tiempo para la autorreflexión. Hagámonos preguntas sobre qué nos está ocurriendo realmente, tengamos personas de confianza para conversar sobre ello y encontrar nuevos puntos de vista.

Segundo, demos rienda suelta a la ternura. Es el primer lenguaje con el que nos comunicamos con nuestros hijos y el que se ha de mantener a lo largo de los años. La ternura significa desear que la otra persona esté bien y cuidarla desde nuestra vulnerabilidad y cercanía, sin corazas. Y para ello una vez más, necesitamos aprender a tratarnos bien a nosotros mismos. Si caemos en la culpabilidad constante o en la autoexigencia, la ternura desaparece por arte de magia… Por ello, cuando nos asalte un pensamiento dañino, relativicémoslo y busquemos la manera de darnos cariño también a nosotros mismos.

Tercero, dejemos los juicios de lado. Nuestros hijos serán lo que quieran ser, no lo que nosotros nos empeñemos en que sean. Si estamos continuamente comparándolos con lo que nos gustaría que fueran, les estamos haciendo un flaco favor. Aceptarles sin expectativas es darles la libertad para ser ellos mismos. Por tanto, aparca lo que “podría haber sido” y valora lo que es.

Cuarto, recuperemos el valor de la lentitud. Posiblemente sea uno de los grandes desafíos. Los móviles y la velocidad son una tentadora distracción para todos. Pero es difícil educar a golpe de WhatsApp. Las emociones requieren su tiempo para ser digeridas y construir una relación sana exige paciencia. Busquemos recursos para entrenar la paciencia y evitar que salten nuestros botones calientes.

Quinto, escuchemos activamente. Cuando nuestros hijos son pequeños, muchas veces nos cuesta escucharles con interés. Sus temas no siempre atrapan nuestra atención, pero si no lo practicamos, será más difícil que de mayores nos cuenten sus problemas. Necesitamos, por tanto, preguntarles por sus cosas con sinceridad y darles un tiempo de calidad de conversación a nuestros hijos.

Sexto, juguemos y pensemos en positivo. Necesitamos retomar el juego, disfrutar, sacar esa parte infantil que todos llevamos dentro. Y, por supuesto, construir una forma de pensar amable. A todos nos asaltan algunos momentos de victimismo o pesimismo. Y un rato puede estar bien. Pero si caemos constantemente en ello, les estamos entregando un lastre, que les vaciará de fuerza y de vitalidad. Comencemos a mirar el vaso medio lleno y a reírnos un poco más de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

Y séptimo, orientémonos al aprendizaje. Como dicen Fodor y Morán, “la vida no es solo esperar a que pase la tormenta, sino aprender a bailar bajo la lluvia”. Y esto lo conseguimos cuando encontramos el aprendizaje en aquello que no nos gusta y conseguimos reinventarnos a pesar de la dificultad. De este modo, les estaremos dando pistas para entrenar la resiliencia. Por tanto, pregúntate: ¿qué me está enseñando este acontecimiento ahora?

En definitiva, los mejores regalos que podemos dar a nuestros hijos se resumen en dos: raíces para crecer y alas para volar, y esto solo lo logramos cuando cultivamos una actitud cercana, sin juicios y orientada al aprendizaje y con ternura. Aunque hagamos todo lo anterior, seguramente nos equivocaremos mil y unas veces, porque seguiremos siendo humanos; pero si consideramos a nuestros hijos maestros de nosotros mismos o espejos en los que nos vemos reflejados, podremos aprovechar esta relación como entrenamiento para completarnos mejor como personas.

https://elpais.com/elpais/2018/01/15/laboratorio_de_felicidad/1515999819_313501.html

Cuando mi hijo tenía 5 años, atravesaba una época en que siempre me hacía preguntas: “Mami, ¿por qué las nubes se mueven?” y “¿Por qué a veces llueve y otros días hay mucho sol?” Yo me esforzaba por darle respuestas inmediatamente — y a veces no tan correctamente. Emilio tenía una piel delicada que frecuentemente se irritaba. En una visita a la dermatóloga, ella me recomendó una crema muy eficaz, que le quitó la picazón e irritación. A partir de entonces, esa crema no faltó en casa. Sin embargo, una noche mientras lo ayudaba a prepararse para ir a la cama, con la curiosidad que lo caracteriza, Emilio me preguntó: “Mami, ¿por qué esa crema funciona para quitarme el rojo de la piel y la picazón?” Yo, ya cansada y sin conocer la razón científica detrás de la eficacia de la crema, le respondí: “Ay, no tengo idea! ¡Yo no soy científica ni médico, soy sólo tu mamá!”

Esa respuesta me salió muy natural, pero luego me preocupé de haber decepcionado a mi hijo. Al ver su sonrisa, supe que no lo había defraudado. De hecho, nos empezamos a reír, y desde ese día me sentí con completa libertad de no saberlo todo. Esto ha sido una herramienta poderosa de enseñanza, ¡y se la recomiendo a todos los docentes!

En estos tiempos de cambios exponenciales gracias a la velocidad en la evolución de las tecnologías y la transformación digital, el rol del docente también se está transformando vertiginosamente. Y todos sabemos que los cambios, si bien pueden traer muchos beneficios, pueden ser también – y frecuentemente los son – desestabilizadores para quienes los sufren.

En América Latina y el Caribe, diversos países están introduciendo tecnologías en las aulas, algunos a pequeña escala y otros a nivel nacional. Todos sabemos que los niños y niñas rápidamente se entusiasman y adaptan a estos instrumentos, y que muchas veces a los docentes – quienes no crecieron en la era digital – les toma un poco más de tiempo adaptarse y aprovechar la tecnología para potenciar sus métodos de enseñanza.

Lo maravilloso del mundo en que vivimos es que no necesitamos memorizar sino saber cómo buscar la información que necesitamos; de nada nos vale saber de memoria la geografía mundial, pero sí nos sirve entender la forma en que los seres humanos y sus acciones afectan a nuestro planeta y cómo podemos conservar lo valioso de nuestros países, culturas y ambientes geográficos. Esto cambia la naturaleza de lo que pasa en las aulas, del maestro que enseña al maestro que construye un ambiente de aprendizaje. Porque ya no hace falta que el maestro sea el dueño del conocimiento y lo imparta. El maestro efectivo hoy es aquél que hace buenas preguntas y presenta problemas reales guiando a sus alumnos a que conjuntamente construyan respuestas y soluciones.

Así, nuestros niños y jóvenes aprenderán desde la escuela aquellas habilidades que tanto buscan los empleadores: la creatividad, la colaboración, la curiosidad, y la capacidad analítica para resolver problemas reales.

Además, como descubrí gracias a mi Emilio, es mucho más divertido aprender que enseñar, buscar respuestas que tenerlas todas… Creo firmemente que ese ejercicio constante de la mente, al igual que el ejercicio físico para el cuerpo, es indispensable para mantenernos saludables a lo largo de la vida.

https://elpais.com/elpais/2018/06/19/mamas_papas/1529419099_294211.html?rel=str_articulo#1532334401969

Casi el 100% del alumnado de los centros del País Vasco sigue trabajando tras estudiar una de las 134 titulaciones ofertadas.

Andrea Belamendia y Garbiñe Prado estudian y trabajan. Después de un curso entero en el centro de Formación Profesional de los Salesianos, en Deusto, Bilbao, ahora alternan las clases en el instituto con un empleo en la empresa Dival de Derio, Bizkaia. Con la ayuda de un instructor están diseñando una báscula de grandes dimensiones y varios detectores de partículas de metales. Además, preparan los exámenes en el instituto. Las dos empezaron una carrera de ingeniería, pero no resultó lo que pensaban. Ahora tocan con las manos lo que fabrican, manejan los programas de diseño más modernos y, cada día, se sumergen en el mundo laboral con proyectos concretos. Ese sistema de aprendizaje se llama FP Dual y combina la formación en el centro con la práctica remunerada y tutelada en alguna de las 1.122 empresas vascas que, solo este año, se han comprometido con el programa. En el curso 2017-2018 han participado 1.913 alumnos de 97 centros formativos públicos, privados y concertados del País Vasco en esta modalidad, de un total de 40.000 alumnos matriculados en FP.

Andrea, 22 años, y Garbiñe, 25, están en el segundo curso de Diseño en Fabricación Mecánica y pasan cada vez más tiempo en las oficinas técnicas de la empresa. “Cada vez vamos más sueltas con los proyectos, la decisión de la FP ha sido un acierto”, reconoce Garbiñe, mientras modela una pieza con el ratón del ordenador. El nivel medio de inserción profesional tras finalizar la FP Dual en el País Vasco es del 87%, que se eleva al 94% cuando se adhieren al programa dual de especialización que incorpora un tercer año, este exclusivamente de formación en la empresa. “Y el restante 6% no se va al paro, es porque sigue estudiando”, advierte al viceconsejero de FP del Gobierno vasco, Jorge Arévalo.

Lo que piden los empresarios

Todo va a ser necesario. El responsable de la patronal vasca, Confebask, Asier Aloria, asegura que el tejido industrial en el País Vasco demanda unos 30.000 empleos anuales, de los que el 50% son de FP, grado medio y superior, y de ellos el 70% están vinculados a la industria, en especialidades como Fabricación Mecánica, Electricidad, Electrónica, Instalación y Mantenimientos e Informática. “Cuando les preguntamos a los empresarios qué valoran en los candidatos, coinciden en que lo primero es la actitud para afrontar tareas diferentes, lo que denominan competencias transversales, y después la formación y especialización que tienen en competencias técnicas”, explica Aloria.

Pero esta demanda laboral creciente no es exclusiva del País Vasco donde la industria representa el 25% del PIB. También se está disparando en el resto de España. Según el último estudio de la Fundación Atresmedia y la Fundación Mapfre sobre la FP, la contratación de titulados en grados medios subió un 17,7% en 2015, los últimos datos disponibles, y entre los superiores un 19,7%. Sin embargo, según ese estudio, España, en comparación con Europa, presenta una notable escasez de cualificaciones intermedias (23,1% frente al 48,9%). “Esta situación presenta sin duda un gran reto para la FP, puesto que este tipo de cualificaciones le son propias”, concluye el informe.

Cabe pensar que esta debilidad tiene los días contados. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha renombrado el Ministerio de Educación como de Educación y Formación Profesional. Curiosamente, la nueva ministra, la socialista vasca Isabel Celaá, fue quien en 2011 implantó la FP Dual en Euskadi, durante el Gobierno de Patxi López. Además, los empresarios están aprendiendo de la versión vasca de este tipo de formación. El pasado día 13 de junio, representantes de los empresarios de diversas comunidades autónomas se reunieron con la patronal vasca, Confebask, en Bilbao, para conocer de primera cómo funciona en Euskadi, donde, por necesidad y por convicción, se ha convertido en un modelo de éxito.

Yeray Varela tiene 30 años. Acaba de terminar la FP Dual de dos años este mes de junio y la empresa en la que seguía su formación, Erreka, especializada en plásticos complejos para la automoción, le contrató al día siguiente. “Es duro, porque llega un momento en el que, entre la formación en el centro, los exámenes y la media jornada en la empresa se hace duro, pero aprendes mucho, y acabas conociendo la empresa muy bien”. Yeray completó el ciclo de Mecatrónica Industrial y se desenvuelve en un entorno laboral de robots y mucha máquina herramienta. “Buscamos este tipo de perfiles con conocimientos de robótica, de Industria 4.0, del Internet de las cosas”, explica Javier Olaizola, el director de negocio de la empresa. “Es un esfuerzo extra porque requiere de un instructor en la planta y seguimiento con el instituto, pero es una inversión y una oportunidad. Atraes al talento a la empresa, redondeas y especializas su formación, y al final tienes la opción de quedártelo”, explica.

Un instructor y un tutor

Cada alumno tiene un instructor en la empresa y un tutor en el centro de estudios. El coordinador de la formación dual del Instituto Miguel Altuna, Alberto Larrea, uno de los centros de referencia enclavado en la comarca del Alto Deba, en la cuna del cooperativismo y de la formación profesional que está en el origen de Mondragón Corporación, explica que, de los 200 alumnos que se matricularon el pasado año en FP, en torno a 100 mostraron interés en la formación dual. Después de un proceso de selección en base al expediente de primer curso y a la actitud que mostraron, 62 de los candidatos lograron un contrato laboral para seguir su formación en las empresas. “Empezamos hace siete años con dos”, recuerda satisfecho.

La única financiación pública que reciben las empresas asociadas se eleva a 2.000 euros anuales por cada contrato —a través del Servicio Vasco de Empleo Lanbide—. La ayuda está destinada a compensar a la empresa por las horas que los instructores dedican a cada alumno.

“Cada estudiante es un proyecto”, afirma Larrea. Antes de comenzar la formación en la empresa, esta nombra a un instructor con el que planifican un programa ad hoc para cada alumno, con un itinerario formativo en la empresa y un calendario laboral. El tutor visita al alumno en la industria al menos cuatro veces durante el curso, pero además le evalúa con el instructor cada mes y entre ambos le puntúan. “El instituto aporta el 75% de la calificación y la empresa el 25% restante en base a las competencias técnicas adquiridas y otros parámetros como la capacidad para trabajar en equipo, limpieza y orden en el puesto de trabajo, e iniciativa”, completa Larrea.

Amplio catálogo de títulos

La oferta vasca de FP es de 134 titulaciones en 22 sectores diferentes y con varias modalidades. La mayoría son industriales, pero cada vez cobran mayor importancia los servicios y el sector primario. El catálogo para el próximo curso se puede consultar en la web del Gobierno vasco.

En el ciclo dual de dos años —entre 2.400 y 2.800 horas— los alumnos pasan entre 800 y 1.200 horas en la empresa. En los ciclos de tres años se puede llegar a 4.700 horas, de las que entre 1.800 y 3.100 se invierten en la empresa, el tercer año íntegro. Existe una última modalidad denominada FP Dual to the World. “Los alumnos continúan su aprendizaje en empresas fuera de España”, remata Arévalo.

Rocío Romero, estudiante de FP Dual en Bergara.
Rocío Romero, estudiante de FP Dual en Bergara. Javier Hernández

El próximo curso comenzará la séptima promoción de FP Dual en Euskadi. Durante este tiempo se han formado 4.719 alumnos en 2.969 empresas, en torno al 12% de quienes se matricu­lan en FP y el interés de los alumnos crece a un ritmo anual de dos dígitos. Saben que las empresas asociadas, que les cogen con contrato de aprendizaje, asumen que no son trabajadores sino que están aprendiendo. El regulador es el Consejo Vasco de la FP, en el que concurren el Gobierno vasco, la patronal y los sindicatos UGT y CC OO y vigila para que el seguimiento de cada alumno sea individualizado. “El consenso es una garantía para seguir avanzando en este tipo de formación y para seguir mejorando y revisando los itinerarios formativos”, sostiene el viceconsejero vasco.

“Intentamos además no dejar descolgado a nadie”, precisa Julen Elgeta, el presidente de Hetel, la asociación de centros de FP vascos. La gran mayoría de los alumnos que eligen dual firman un contrato de formación y aprendizaje, pero este tipo de contrato excluye a los mayores de 30 años, tampoco es aplicable si la actividad de la empresa requiere turnos o nocturnidad, como panadería o repostería o restauración, y también está excluido si el tipo de formación no está en el catálogo del Sepe. “Cuando no se puede aplicar, las empresas conceden una beca al alumno en las mismas condiciones que el contrato. Intentamos que nadie se quede atrás en su proceso de formación permanente”, explica. La única diferencia es que la beca no genera derechos en materia de desempleo, pero iguala al contrato en remuneración —no puede ser menor del SMI— y en el resto de obligaciones con la Seguridad Social. El 75% de los contratos son de formación y el 25% restante se hace con becas en el País Vasco.

Rocío Romero tiene 30 años. Y se salvó por unos días de tener que hacer la formación en la empresa con una beca. Estudió ingeniería técnica en Obras Públicas en Córdoba pero no encontró trabajo y, en plena crisis, y decidió matricularse en el ciclo de FP de Automatización y Robótica industrial. La empresa en la que acaba de terminar su formación, IDS de Bergara, especializada en soluciones informáticas para empresas, le ha contratado. “Ahora no cambio esto por nada”, dice agradecida a sus profesores, tutores e instructores. “Te lo tomas en serio porque mucha gente se lo toma en serio para que tengas una oportunidad”, dice convencida.

Extenderse a la universidad

Andrea Belamendia y Garbiñe Prado, en la empresa donde trabajan en Derio, Bizkaia.
Andrea Belamendia y Garbiñe Prado, en la empresa donde trabajan en Derio, Bizkaia. Javier Hernández

Las tres universidades vascas, la pública UPV (Universidad del País Vasco), Mondragon Unibertsitatea, y Deusto, ya han actualizado su oferta para extender, también en las licenciaturas y máster, el concepto de formación dual en alternancia. Los ciclos de cuatro años serán dos en las facultades y otros dos en alternancia con contrato en el seno de la empresa. A partir del próximo curso 15 grados y siete másteres, la mayoría en ramas de ingeniería, contarán con el sello de formación dual, en la que 371 alumnos harán un mínimo de horas remuneradas en las empresas al mismo tiempo que estudian en las facultades.

De las tres universidades vascas, Mondragón es la que mayor oferta tiene: 10 grados y cinco másteres. Además de los relativos a las ramas de ingeniería, también cuenta con títulos de Administración de Empresas, Tecnologías Biomédicas y Diseño Estratégico de Productos y Servicios.

La UPV contará con cuatro grados y dos másteres de formación dual con grados como Ingeniería de Automoción, Ingeniería en Innovación de Procesos y Productos, Administración de Empresas y Relaciones Laborales y Recursos Humanos y los másteres de Ingeniería de Sistemas Empotrados y Periodismo Multimedia.

Por su parte, la Universidad de Deusto dispondrá este curso de un grado dual en Relaciones Laborales.

Si en titulaciones Mondragón se impone, también lo hace, aunque no con tanta diferencia, en el número de alumnos que el año que viene seguirán el itinerario dual para completar su licenciatura. Su oferta es de 204 plazas, mientras que la universidad pública cuenta con 157 y Deusto, 10. “Es el comienzo, lo más difícil. Ahora ya, a crecer y mejorar”, dice Asier Aloria, de la patronal vasca. La oficialización de las titulaciones es, en parte, un reconocimiento al modelo que ha impulsado desde sus orígenes el grupo cooperativo vasco cuyos alumnos, que compatibilizan teoría y práctica, logran una empleabilidad del 80%.

https://elpais.com/economia/2018/07/06/actualidad/1530870962_901515.html?id_externo_rsoc=FB_CM


Laurent Simons , un niño de 8 años, de Bélgica, acaba de recoger su diploma de graduado en lo que equivaldría al Bachillerato en nuestro país rodeado de familiares y otros estudiantes, de 18 años, y está a punto de entrar en la universidad .
El niño belga ha logrado graduarse en la escuela secundaria a la edad de 8 años después de completar seis años en aproximadamente 18 meses. Su siguiente paso es entrar en la universidad, pero lo hará en septiembre, después de pasar dos meses de formación.
Según explicaron sus padres a la radio belga RTBF, el menor tiene un coeficiente de inteligencia de 145 , lo que ha facilitado a terminar sus estudios antes de tiempo. De acuerdo con la declaración de sus progenitores, el niño ya apuntaba maneras de pequeño cuando sus padres empezaron a notar que no tenía mucho interés en los juguetes y le costaba relacionarse con otros niños de su edad.
Si se le pregunta por su asignatura favorita , Simons no tiene duda: las matemáticas y la explicación es sencilla: “porque es muy amplia, hay estadística, geometría, álgebra…”.

De momento, baraja decantarse por seguir una carrera como cirujano, astronauta o algo relacionado con la informática , pero a sus padres esto no les supone una gran preocupación. “Si decide mañana convertirse en carpintero, eso no supondría un problema para nosotros, siempre y cuando él sea feliz”, dijo su padre a BBC .

http://www.europapress.es/desconecta/curiosity/noticia-nino-prodigio-anos-comenzara-universidad-despues-completar-estudios-18-meses-20180703115035.html

La adolescencia es una de las fases de la vida más importantes. En ella, el cuerpo humano experimenta los grandes cambios que llevan a la aparición de los rasgos de la adultez, tanto física como mentalmente.

Ahora bien, la adolescencia no es una etapa única en la que todos los cambios se vayan produciendo en el mismo ritmo. Es por eso que es posible distinguir diferentes etapas de la adolescencia, que van marcando el ritmo del proceso de maduración.
Las distintas fases de la adolescencia

Existen diferentes criterios para establecer en qué momento termina una etapa de la adolescencia y en qué momento empieza otra. De hecho, no hay ningún criterio enteramente objetivo y definitivo para establecer esas fronteras temporales, ni lo puede haber; todo depende de en qué parámetros nos fijemos.

Sin embargo, eso no significa que no exista un cierto consenso acerca de cuáles son estas fases. A continuación puedes verlas explicadas y descritas.
1. Pre-adolescencia

La pre-adolescencia va de los 8 a los 11 años, y consiste en la etapa en la que se produce la transición entre la infancia y la adolescencia. Por eso, existe cierta ambigüedad acerca de si esta fase pertenece a la infancia a la adolescencia. Lo que sí es seguro es que en la mayoría de los casos, la pre-adolescencia coincide con el inicio de la pubertad.
Cambios físicos

Los cambios físicos que se dan en esta etapa son notables y afectan a muchas partes del cuerpo. Por ejemplo, es en este punto cuando los huesos empiezan a crecer de forma rápida y de manera desigual, lo cual puede hacer que cueste un poco más coordinar los movimientos (aparece una sensación de torpeza) y que aparezcan ligeras molestias en algunas articulaciones.
Cambios psicológicos

En esta etapa de la adolescencia se producen grandes progresos en la capacidad para pensar en términos abstractos. Es por eso que se es más capaz de reflexionar sobre situaciones hipotéticas o sobre operaciones lógicas y matemáticas. Sin embargo, normalmente al abandonar esta fase no se tiene un total dominio en estos ámbitos.

Del mismo modo, se tiende a tratar de encajar en los roles de género, para no salirse de los estereotipos relacionados con la apariencia y los comportamientos diferenciados del hombre y de la mujer.
2. Adolescencia temprana

La adolescencia temprana ocurre entre los 11 y los 15 años, y en ella se dan los principales cambios súbitos de tipo hormonal, hasta el punto en el que al abandonar esta fase el cuerpo es muy distinto al que se tenía durante la pre-adolescencia.
Cambios físicos

La adolescencia temprana es la fase en la que se producen los mayores cambios en la voz. Del mismo modo, se desarrolla la musculatura y los órganos sexuales hasta tener una apariencia mucho más adulta. El hecho de disponer de unos músculos más grandes hay que se necesite comer más y dormir durante mayor tiempo.

Del mismo modo, en muchos casos empieza a manifestarse el acné por la cara, debido a un aumento de segregación de sustancia grasa en la piel.
Cambios psicológicos

En la adolescencia temprana se llega a conquistar la total capacidad para pensar en términos abstractos, aunque esto solo se produce si se ha practicado esta habilidad y se ha gozado de una buena educación.

Del mismo modo, el gregarismo ocupa pasa a tener un papel muy importante tanto a la hora de relacionarse con los demás y de buscar referentes fuera de la familia, como a la hora de construir la propia autoestima y autoconcepto. En esta época se experimenta con diferentes elementos que pueden conformar una identidad, como la estética relacionada a tribus urbanas.

Del mismo modo, tiende a valorarse mucho la opinión que los demás tienen de uno mismo. Se considera que la imagen y la estética es un componente primordial de la propia identidad y bienestar.
3. Adolescencia tardía

Esta es la tercera y última de las etapas de la adolescencia, y ocurre aproximadamente entre los 15 y los 19 años, según la Organización Mundial de la Salud.
Cambios físicos

Las personas que se encuentran en esta fase suelen mostrar más homogeneidad en sus características que las que se encuentran en la adolescencia temprana, porque la gran mayoría ya ha pasado por los cambios más bruscos. Esto ha llevado a algunos investigadores a concluir que esta fase no se diferencia sustancialmente de la adultez, y que tan solo es un constructo social existente en ciertas culturas y no en otras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el impacto psicológico de los constructos sociales es totalmente real y, por consiguiente, puede influir en el proceso de maduración, como veremos.

Durante la adolescencia tardía se acostumbra a alcanzar la altura máxima marcada por el propio crecimiento, y la complexión del cuerpo pasa a ser totalmente adulta. Por otro lado, las aparentes desproporciones que podían darse en la primera fase de la adolescencia desaparecen dando un aspecto mucho más cohesionado a las dimensiones de brazos, piernas, etc. Por otro lado, el cuerpo también gana masa muscular y la propensión a acumular grasas se mantiene más o menos estable o incluso se reduce un poco, si bien la adopción de mejores hábitos alimenticios también cumple un papel en esto.
Cambios psicológicos

En esta etapa termina de desarrollarse la conciencia social y se empieza a dedicar mucho tiempo a pensar en situaciones y procesos que no están limitados a lo que se puede ver, oír y tocar en el entorno inmediato. Es una renuncia al egocentrismo típico de las etapas anteriores, si bien no desaparece del todo.

Los planes a largo plazo pasan a ocupar un papel mucho más importante que antes, y la imagen que se da, aunque sigue siendo relevante, empieza a dejar de ser uno de los principales pilares de la propia identidad. Se abandona buena parte del egocentrismo que definía la infancia y el resto de etapas de la adolescencia, lo cual hace más probable que estos jóvenes se interesen por la política y los procesos sociales en general, pues sus objetivos pasan a estar más relacionados con aquello que está más allá de sus círculos sociales.

A pesar de que la importancia de la estética suele decaer, en algunos casos la estética sigue siendo tan importante que en ciertos casos se puede llegar a desarrollar un Trastorno de la Conducta Alientaria.

https://psicologiaymente.net/desarrollo/etapas-adolescencia

 

Me duele la mano. Desde hace días. Concretamente, los dedos. El dolor se vuelve intenso cuando sostengo el móvil, cosa que hago 16 de las 24 horas que tiene el día. Hace días que lo pienso. Y entonces el móvil se calienta. Debe ser por su uso intensivo. No es normal. Algo le pasa. Y entonces pienso en la niña de dos años, que ya me roba el móvil para ver Bebé jefazo o Pocoyó. Sube y baja los vídeos de YouTube como si nada. A ella también se le calienta el teléfono. A los cinco minutos el aparato arde. No es normal. Es el aparato que me proporciona la empresa, vaya por delante y sin querer insinuar nada.

Mientras pienso en el dolor de mis dedos, oigo a otra madre que dice: “No deberías dejarle el móvil, provoca autismo”. Le quito el móvil. Y pienso en que queda muy poco para que la mayor, de 12, tenga uno de estos aparatos. Ya lo pide. Insistentemente, cada día. Sabe el modelo y el color que quiere. Desde hace años. Evidentemente, es uno muy superior al mío. Le he propuesto uno de prepago, sin Internet. Pero, ¿qué le voy a decir… si no deja de verme a mí siempre enganchada al móvil? Miro Twitter, y veo uno que dice: “Respiramos oxígeno, nitrógeno y WiFi”. Así estamos.

Eton College confisca el móvil de sus alumnos por la noche

En España, uno de cada tres niños de 10 años tiene móvil. En el caso de los de 13, el 78,4%, y entre los de 15, el 90%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2014.

¿Qué estamos haciendo? Y ¿qué estamos enseñando? La gestión familiar del móvil es complicada. Lo cuenta Maria Pi-Figueras, madre y médico, que, como otros muchos de la generación del fijo, reflexiona: “En nuestra época, sin tanto avance tecnológico, jugábamos en la calle y en los parques, y lo pasábamos bien”. Parece que eso no basta hoy en día. Entre las últimas noticias, Francia anuncia que prohibirá los teléfonos en los institutos. Pero no se asusten. El corresponsal de EL PAÍS en París, Marc Bassets, me cuenta: “La novedad es que la prohibición es la norma, y que cada escuela podrá aplicarla como considere mejor y hacer las excepciones, sobre todo para usar las tecnologías con finalidad pedagógica”. Eton College, famoso internado de niños en Reino Unido, ha decidido “confiscar” el móvil de sus alumnos por la noche. Simon Henderson, el director del internado, asegura en declaraciones a The Guardian: “Pensé que los chicos se pondrían furiosos, pero en realidad la medida ha sido muy bien acogida”.

Pues si hay normas en la escuela, ¿por qué no establecerlas en casa? ¿Si hay normas y horas para ver la tele, por qué no para ver el móvil?

“Hemos perdido la batalla”. Lo dice el juez de menores de Granada, Emilio Calatayud. Sus declaraciones hace menos de un año en un programa de televisión causaron cierto revuelo. Así lo explicaba a este diario: “He dicho, hablando de los peligros que pueden encerrar las redes sociales para los menores, que hay niñas que se fotografían como putas y luego suben esas fotos a las redes sociales. Olvidé decir, pero lo digo ahora, que también hay niños que hacen exactamente lo mismo”. Coge el teléfono a esta periodista y bromea: “Espera, que estoy abriendo el ordenador y no me aclaro con las nuevas tecnologías”. Señor juez, ¿cuándo hay que comprarle el móvil a un hijo? “Siempre digo que la edad buena es la edad en que se lo pueda pagar. Es una barbaridad que niños con 12, 10, 8 años, tengan móvil”.

Calatayud aboga por establecer una edad mínima, 14 años, y que todos los móviles incluyan en su letra pequeña los perjuicios que pueden ocasionar, como los paquetes de tabaco. Consumir este aparato a edades tempranas provoca, según el juez, tres problemas: “Primero, es una droga. Si al despertarte lo primero que haces es mirar el WhatsApp, es que está enganchado. En segundo lugar, es un instrumento muy peligroso para cometer delitos. Todo trasciende a las redes, a un público amplísimo. Y una tercera cuestión, es un aparato muy sencillo para convertir a alguien en víctima de un delito”. Calatayud es pesimista: “Hemos llegado tarde”. Y cuando se le insinúa, con voz tímida, que se le da el móvil pronto para que el niño/niña pueda ir solo por la calle, responde tajante: “Pero si los niños de hoy están más localizados que el ministro del Interior. Yo prohibiría el móvil en los colegios, pero también en las Cortes”. El juez participó hace unos días en una charla con 70 chavales de 8 años, solo tres no tenían teléfono. “Así estamos”. Además de insistir que la clave es la EDUCACIÓN en mayúsculas, el juez ironiza sobre un futuro esperanzador: “Como el móvil de última generación es el regalo estrella en las comuniones y ahora vamos a ser laicos, igual…”.

Antes de acabar, Calatayud, que tiene un blog con el periodista Carlos Morán, lanza un último consejo: “Los padres tienen que violar la intimidad de sus hijos”. Si antes los padres miraban los bolsillos del pantalón o registraban los cajones, ahora tienen que revisar cada día el contenido del móvil. Y, sin embargo y pese a todo, ahora me toca lo peor: ¿Le compro o no le compro el móvil? A la de 12 años, claro.

https://elpais.com/ccaa/2018/06/22/catalunya/1529673884_123066.html?id_externo_rsoc=FB_CM

“Ojos que no ven” es nuestra campaña de prevención del inicio del consumo de alcohol en menores.

https://youtu.be/q1i64zTE6e4

“Ojos que no ven” es una campaña de prevención del inicio del consumo de alcohol en menores de Asociación Dual que denuncia precisamente eso: nunca se puede bajar la guardia.Las vacaciones de verano son un momento crítico en el inicio del consumo del alcohol para los adolescentes. Las fiestas de los pueblos, las peñas, el entorno más seguro y familiar origina que los padres se relajen.En vacaciones es frecuente además que los padres sufran la presión de otros familiares o amigos para que dejen mayor libertad a sus hijos adolescentes.Los últimos datos del Plan Nacional sobre Drogas muestran que aumenta el número de jóvenes que consumen alcohol aunque se retrasa la edad de inicio hasta los 14. Hay medidas como sancionar a los padres que han sido muy polémicas.

El psicólogo y director técnico de Asociación Dual, Raúl Izquierdo, ha avisado, con motivo del lanzamiento de la campaña ‘Ojos que no ven’, de que las vacaciones de verano son un “momento crítico” en el que muchos jóvenes se inician en el consumo de alcohol.

Desde las clásicas fiestas de los pueblos hasta las peñas, los chiringuitos de playa o celebraciones donde el alcohol es protagonista, el periodo estival favorece que muchos jóvenes menores debuten en el consumo de alcohol o reincidan si lo han probado el año anterior.

“Los padres no pueden relajarse en vacaciones por más que interpreten que el entorno donde veranean es más seguro y familiar que la ciudad, precisamente es al contrario: hay que aumentar la guardia”, ha destacado el psicólogo.

En este sentido, desde Asociación Dual han abogado por el diálogo “sincero, claro y honesto” entre padres e hijos sin perder la firmeza. Y es que, tal y como ha recordado, el menor no debe elegir los riesgos que asume, sino que son los padres los que deben ejercer la función de administrar su exposición a estos, cumpliendo con su obligación de ser garantes de la seguridad de sus hijos menores.

En ese sentido, la propuesta del Proyecto de Ley contra el consumo de alcohol contempla la posibilidad de sancionar a los padres de jóvenes que sufran varios comas etílicos lo que supone, a juicio de la organización, una “inequívoca” forma de llamar la atención sobre un problema que es “enormemente grave”.

Otra medida defendida por Asociación Dual es sancionar a los establecimientos que venden alcohol a menores. “Hay que ser muy tajantes con estos negocios. El proyecto de ley plantea el cierre por reincidencia, nosotros creemos que no hay que esperar a la reincidencia y proceder al cierre cautelar en cuanto se dé el caso”, ha dicho Izquierdo.

No obstante, ha lamentado que haya una “cierta tibieza” entre la población general a la hora de denunciar a estos establecimientos, avisando de que esto no ocurrió con los bares que se declararon en rebeldía contra la Ley del Tabaco. CAMPAÑA DE PREVENCIÓN ‘OJOS QUE NO VEN’

En el spot de la campaña se ve a una joven que termina de hacer los deberes en su habitación, queda con sus amigos a través de un grupo de mensajes de móvil, mientras su padre prepara algo de cena.

Tras esto, cambia el uniforme del colegio por ropa de calle, se maquilla y se marcha haciendo un gesto que los padres no perciben porque están distraídos cenando. Junto con sus amigos, la joven compra alcohol en un comercio del barrio y todos juntos se marchan a un parque a hacer botellón.

Entre tanto los padres ven la televisión y se acuestan. Acto seguido se pueden apreciar los desperdicios que la reunión juvenil ha dejado tras de sí. Mientras, en la habitación de los padres, ya dormidos, entra una llamada de los servicios de emergencia 112.

“Hemos querido dirigirnos principalmente a los padres, tutores o adultos referentes de los jóvenes, sin olvidar el resto de agentes y elementos implicados en esta problemática: el grupo de iguales, los responsables de los comercios que venden alcohol a menores, las redes sociales, y en concreto las aplicaciones de mensajería instantánea, así como la transformación de los hábitos de vida de jóvenes y adultos”, ha zanjado el director técnico de Asociación Dual.

Puedes descargarte el vídeo en alta calidad en el siguiente enlace: https://video4.europapress.net/ep/H264/398000/398260_1_21.mp4

O acceder a nuestro canl de youtube:

 

 

Nuestra noticia está siendo muy arropada en los medios, aquí te ponemos los enlaces de algunos de los medios que lo han compartido:

http://www.europapress.es/videos/video-asociacion-dual-alerta-inicio-consumo-alcohol-adolescente-verano-20180620094002.html

https://www.centralcharts.com/es/news/1566440-asociacion-dual-alerta-del-inicio-de-consumo-de-alcohol-adolescente-en-verano

Constato una y otra vez cómo algunos padres y docentes utilizan el término consecuencia cuando lo que en realidad están haciendo es imponiendo un castigo. El argumento es algo así como que determinadas “malas” conductas deben tener una consecuencia para que se produzca aprendizaje.

Dado que Consecuencia y Castigo no son sinónimos, primero voy a exponer la definición de ambas:

El castigo

Algunos de los castigos comunes impuestos por los padres, tutores o maestros o abuelos (aunque las costumbres varían de un lugar a otro así como de época en época):

  • Llevar a cabo tiempos fuera, ya sea cierto período en una esquina o en un lugar oscuro.
  • Escribir planas o un ensayo con un tema acorde a la falta.· Aplicar detención, es decir que el faltista no salga al receso o recreo según sea el caso. A menudo combinado con diferentes tareas como el estudio, tareas extras, etc.
  • Recluir ya sea general o simplemente negar el permiso para hacer una actividad divertida o para ver a un amigo.
  • Restringir de manera temporal de algunos privilegios, tales como uso el del teléfono, mirar la televisión o el uso del ordenador y sus variantes lúdicas.
  • Confiscar (generalmente de manera temporal) un juguete o un artículo personal, o la separación de una mascota.
  • Revocar ciertos convenios como el postre, la comida favorita o incluso la cena.
  • Asignar deberes extra en la casa.
  • Cortar la cantidad de dinero que se le da al niño.

La consecuencia:

  • Hecho o acontecimiento derivado o que resulta inevitable y forzosamente de otro.
  • Proposición o idea que se deduce lógicamente de otra o de un sistema de proposiciones dado.

Es decir, el castigo es una acción artificialmente creada que está orientada a cambiar un comportamiento mediante algún tipo de dolor emocional, físico o psicológico, que coloca el control fuera del niño (locus de control externo) y cuyo principal motor es el miedo.

La consecuencia es natural, fluye de determinadas acciones y no la impone nadie. También produce aprendizajes, el sufrimiento que también puede acarrear no es infringido por otra persona, no produce humillación ni atenta contra la dignidad, el niño interioriza que de él depende el cambio (locus de control interno) y el aprendizaje es a largo plazo.

Paro hay algo infinitamente más importante que todo eso, se trata de cómo aprendemos: por miedo o por la comprensión del error.

Dependiendo de que utilicemos un tipo u otro de aprendizaje, hay una comprensión del funcionamiento de las cosas, de las relaciones, es decir, de cómo el niño dibuja su mapa del mundo y construye interacciones que van a acompañarle durante toda su vida. 

¿Nos ponemos el cinturón de seguridad por miedo a la multa o porque es importante cuidarnos y protegernos? ¿Qué tiene más poder? En el primer caso, cuando nadie nos vigila no nos lo pondremos y ese comportamiento nos pone en riesgo, con multa o sin ella. En el segundo caso, no necesitamos ser vigilados: hemos entendido el porqué de esa acción. Lo haremos de todos modos.

Este ejemplo es extrapolable al día a día cuando tratamos de corregir una conducta inadecuada, cuando en lugar de adiestrar, preferimos educar. En el adiestramiento hay obediencia ligada al premio y al castigo, en la educación hay comprensión del porqué es necesario o importante hacer lo que haya que hacer.

Y además de la ineficacia a largo plazo que representa el castigo en educación está también la ética: el fin no justifica los medios. No tienes derecho a dañar, ni a faltarle el respeto o la dignidad a nadie, mucho menos a un niño, con el fin de que cambie una conducta. Hay otros caminos, otras herramientas que no dañan la autoestima, que cuidan al niño en su búsqueda y aprendizaje del mundo, que potencian sus cualidades, que aluden al compromiso basado en la palabra y en la confianza, que construyen vínculos en lugar de desgastarlos.

Siguiendo el ejemplo que ha inspirado este artículo, me gustaría plantear esta pregunta: ¿qué parece más eficaz, dedicar dos o tres minutos a hablar con ese niño y explicarle el porqué es necesario acordarse de nuestros compromisos y qué ocurre cuando no lo hacemos y desde ese lugar, ver de qué manera podemos hacer para acordarnos la próxima vez, incluso acordar un compromiso mutuo para encontrar una solución, o dejarle sin recreo una semana?

Seguramente muchos van a contestar que la segunda opción hará que no vuelva a olvidarse del examen. Es verdad. Como también es verdad, que se pagarán precios: resentimiento, desmotivación, ausencia de vínculo, incluso rechazo a ese adulto, que en este caso además, es un docente. ¿Y de verdad alguien piensa que eso no va a incidir sobre el rendimiento del niño o niña en el aula o asignatura que imparte esa persona, o no va a influir sobre cómo hacer que los otros te obedezcan sin importar nada más?

“Como te has olvidado de traer el examen te quedas sin patio una semana”, le dice el docente al niño. Y el niño a su hermano menor, y el hermano menor al gato… y así en una cadena infinita que perpetua el lado más oscuro del conductismo radical y que dice pretender enseñar, cuando lo que verdaderamente está haciendo es adiestrar.

No, no les confundas: el castellano es muy rico y tiene una palabra exacta para cada cosa: diles la verdad, que les vas a castigar. Y asume tú las consecuencias.

https://elpais.com/elpais/2018/06/18/mamas_papas/1529317400_544843.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Series como The Big Bang Theory han demostrado que la población general podía interesarse por el mundo de la ciencia si se le ofrecía en un formato ameno y divertido. Incluso que podía aprender qué era lo que pasaba con el gato de Schrödinger o con la teoría de cuerdas.

Sin embargo, en las aulas, la ciencia no parece terminar de conquistar a los alumnos. Quizás por eso, David Calle, un ingeniero madrileño que se transformó primero en profe de academia y luego en el «profe de Youtube» y finalista del Global Teacher Price, ha conseguido ganarse a sus miles de alumnos de todo el mundo. Porque ha logrado no solo que entiendan la ciencia, sino que la disfruten.

La ciencia puede y debe apasionar a los jóvenes

Lo hizo primero en el aula, luego a través de su canal Unicoos de Youtube, y lo hace ahora en su nuevo libro ¿Cuánto pesan las nubes? (Plaza & Janés) con el que intenta demostrar a jóvenes, y no tan jóvenes, que la ciencia puede ser apasionante.

«Es una pena que, en el tiempo en el que estamos, sigamos todavía insistiendo en que los alumnos se conviertan en máquinas repetitivas de hacer ecuaciones de segundo grado, raíces cuadradas, derivadas o integrales, porque la ciencia es mucho más», cuenta Calle a Yorokobu.

El autor insiste en que su propósito con este libro es que sus alumnos y seguidores se acerquen a la ciencia con menos prejuicios. «Si les relacionamos lo que estudian en clase con el mundo real y les decimos que las mates están en los videojuegos, en Whatsapp, en Google, en las series, en los superhéroes, etc., probablemente captaríamos muchas vocaciones científicas que se están perdiendo por el camino».

Sin olvidarse del papel

David Calle ha conseguido crear ese enganche a través de Youtube creando vídeos educativos, pero reconoce que muchas veces internet puede ser un arma de doble filo. «Es muy difícil encontrar información fiable», explica, reconociendo que ese ha sido uno de los retos a la hora de documentarse para su último libro:

«Te encuentras la misma información escrita con diferentes datos, según el autor que elijas, y es muy difícil encontrar información que esté contrastada». Algo a lo que también se enfrentan sus alumnos cuando han de documentarse o buscar información fiable.

Aunque es un detractor de los libros de texto, puesto que «en este siglo no deberíamos obligar a nuestros niños a ir con 10 kilos a la espalda», reconoce que cierta información se sigue encontrando en los libros, y que, aunque Internet es el futuro, no hay que perder el romanticismo del papel. «Hay que conseguir que estas nuevas generaciones lean y que también lo hagan en papel para no excedernos en el uso de las pantallas».

De hecho, David Calle sabe que muchas veces ha de moverse entre lo tradicional y la innovación, también con los ejercicios que explica en sus clases virtuales. «A veces también soy cómplice del sistema, porque me tengo que centrar en lo que les entra en el examen, el típico ejercicio repetitivo, que es lo que les ayuda y lo que necesitan», pero eso no quiere decir que la forma de explicarlo sea la misma de siempre.

Esa es la fórmula con la que también se acerca al mundo analógico del papel en este libro, que puede servir casi como libro de consulta sobre datos científicos, o como lectura de verano para curiosear sobre preguntas como por qué tu vecino de abajo vivirá más que tú o cuánto pesa el martillo de Thor.

Las generaciones del futuro

Más allá de recopilar las respuestas de la ciencia del pasado, el profesor de Youtube tiene la vista puesta en el futuro. No solo respecto a cómo va a cambiar la forma de ejercer la Educación, sino también respecto a cuál va a ser el futuro que les depare a sus alumnos. «Hace falta tratar de convencerles de que gran parte de las oportunidades laborales que van a tener en su carrera, van a pasar de algún modo por la ciencia».

En este sentido, cita conceptos que ya forman parte del presente como «la inteligencia artificial, el machine learning o el big data» que están cambiando la forma de entender el mundo, y que «también deberían empezar a cambiar la forma de estudiar».

Por ello Calle insiste en que «cuanto más preparadas estén las nuevas generaciones en el campo de la ciencia, más oportunidades tendrán de ser protagonistas de lo que nos espera, y es mucho más divertido ser protagonista que ser espectador».

Precisamente, uno de los retos es que las mujeres tengan un papel más relevante en esa aventura. En su libro no se olvida de citar nombres como los de Heidi Lamarck, «que fue la descubridora del WiFi», Grace Murray Hopper, «precursora de la informática y los lenguajes de programación» o Vera Rubin, «que descubrió la materia oscura y nunca fue Premio Nobel de Física».

Mencionar estos nombres es necesario para destacar que las mujeres también han aportado mucho a la ciencia pese a que «hasta hace 50 años muchas de ellas no se podían matricular en carreras de ciencias en Estados Unidos».

La realidad hoy es que «mis alumnos más brillantes, si por brillantes entendemos sacar las mejores notas, son chicas». Según Calle, es hora de eliminar todos los prejuicios que existen en cuestión de género en la ciencia, ya que hombres y mujeres «tienen exactamente la misma capacidad» para esta área del saber.

Por último, matiza que la ciencia avanzará más si hay más diversidad en las personas que la desarrollan, lo que le aportaría «un poco más de alma y corazón». Porque no hay que olvidar que la ciencia no son solo cálculos y fórmulas, sino también «una forma de mejorar la vida de las personas».