La curiosidad explica la búsqueda de información nociva por parte de los menores. Pero, los datos que están revelando las investigaciones alertan sobre la necesidad de poner cotos ante el riesgo serio que supone para la salud y la vida de los más desprotegidos, los menores. Así lo pone de manifiesto el estudio “Actividades, mediación, oportunidades y riesgos online de los menores en la era de la convergencia mediática”, elaborado por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), que advierte del incremento del porcentaje de adolescentes que consultan páginas peligrosas en los últimos ocho años, especialmente las chicas. Según este trabajo, el 45% de las menores de entre 14 y 17 años visitan webs que enseñan a autolesionarse, un 38% otras que fomentan la anorexia y la bulimia y el 59%, páginas con mensajes de odio hacia el diferente.

Este trabajo forma parte del la iniciativa europea para el estudio de los menores y la tecnología (EU Kids Online), ha contado con el apoyo institucional de INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad), dependiente del Ministerio de Economía y Empresa. El informe se basa en la respuesta de 2.900 menores: el 47% de entre 13 y 17 años y el 53% restante, entre 9 y 12 años.

Uno de cada tres menores ha sido víctima de acoso y uno de cada cinco ha sido acosador

La investigación constata que los niños y adolescentes de entre 9 y 17 años dedican la mayor parte del consumo online a comunicarse con sus familias y amistades (70%), seguido del consumo de ocio (escuchar música, 63% o ver videoclips, 55%) y, a cierta distancia, la práctica de juegos online (46%) y realizar tareas escolares (43%).

Más allá del uso que realizan del smartphone, se destaca los comportamientos de riesgo que realizan. “En los aspectos más preocupantes, cabe destacar que uno de cada tres menores ha sido víctima de bullying, que uno de cada cinco menores ha ejercido esta práctica en alguna de sus modalidades y que afecta más a las niñas que a los niños”, indicó Maialen Garmendia, investigadora principal del grupo EU Kids Online de la UPV.

El visionado de imágenes sexuales y el sexting (envío de mensajes sexuales, eróticos o pornográficos) son otras de las prácticas que se están implantando en estos colectivos. Así, el 42% de chicas y chicos de entre 11 y 17 años han visto imágenes de carácter sexual y tres de cada diez menores han recibido mensajes de contenido sexual o sexting. Una frecuencia que es mayor según aumenta la edad de los menores analizados.

Un tercio de los niños de entre 11 y 12 años contacta con desconocidos; la mitad, en el caso de los preadolescentes de 12 y 13 años

La práctica de contactar online con desconocidos está significativamente extendida entre los menores de 9 a 17 años, algo que se incrementa en la medida que aumenta la edad del grupo. Así, entre 11 y 12 años: uno de cada tres lo practica; de 12 a 13 años: son más de la mitad (53%) y 2 de cada tres jóvenes de entre 15 a 17 años lleva a cabo estos contactos. Es de destacar que el 83% se mostró satisfecha con estos encuentros.

Los menores combinan diversas estrategias para afrontar las experiencias negativas: los amigos son la principal fuente de apoyo (70%) y también es importante la mediación de las madres y de los padres (46%). En ocasiones intentan que la persona que les molesta les deje en paz (57%), la bloquean (56%), cambian su configuración de privacidad (24%) y, en menor medida, denuncian el problema (16%).

El INCIBE, con el objetivo de fomentar un uso seguro y responsable de Internet y las tecnologías, y como servicio público, pone a disposición de ciudadanos, empresas y padres, menores y educadores, la Línea de Ayuda en Ciberseguridad, gratuita y confidencial. A través del 900 116 117, un grupo de expertos en ciberseguridad atienden de lunes a domingo las consultas y preocupaciones de los usuarios.

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Probablemente te has dado cuenta de que muchos niños hablan solos mientras están jugando. A veces incluso decimos que están hablando con su amigo invisible, pues parece que mantengan una conversación muy interesante con alguien que sólo ellos pueden ver.

Esto es algo muy beneficioso para su desarrollo intelectual, ya que en esta situación de juego estará practicando maneras de comunicarse de forma efectiva con los demás.

¿Quieres saber cuáles son los beneficios de que los niños hablen solos mientras juegan?

10 beneficios de que los niños hablen solos mientras juegan

No te preocupes si tu hijo habla solo mientras juega, ya que esto puede tener muchas ventajas para su maduración en el futuro.

1- Practica diferentes maneras de comunicarse. Especialmente cuando utiliza diferentes personajes que interactúan entre ellos.

2- Empatiza con estos diferentes personajes y se pone en otros puntos de vista para entender mejor cómo la misma situación afecta de diferentes maneras.

3- Usa diferentes roles, entendiendo que tendrá que actuar con más o menos firmeza si representa, por ejemplo, ser un profesor o ser un alumno.

4- Se autocorrige, ya que no hay nadie que le diga si lo dice bien o mal. Además necesita hacerse entender para que los demás personajes con los que interacciona puedan participar también (de no ser así, no tendría ningún sentido continuar hablando en voz alta).

5- Organiza y estructura mejor las frases, ya que no hay prisa en dar una respuesta y se concede el tiempo que necesita para elaborar el discurso.

6- Utiliza el turno de palabra. La imposibilidad de que los personajes se interrumpan mientras hablan crea la necesidad de que el niño establezca unos tiempos marcados para que cada uno de los hablantes pueda expresarse y ser escuchado.  

7- Es más flexible y encuentra fácilmente soluciones para que sus personajes favoritos se pongan de acuerdo.

8- Estimula su creatividad a través de la invención de diversos conflictos y soluciones, necesarios para que el juego tenga sentido y se alargue tanto como desee.

9- Se escucha a sí mismo, siendo más consciente de lo que está diciendo. Este punto es básico para comprendernos y deberíamos hacerlo todos, niños y adultos, así que cuanto más practique, más facilidades tendrá para defender sus ideas en un futuro.

10- Aprende más vocabulario, ya que cuando prueba nuevas fórmulas de comunicación surgen maneras distintas de decir lo mismo pero desde diferentes perspectivas. Y en el momento en que no sepa cómo explicar algo, le aparecerá una duda que deberá resolver, con lo que estará muy atento, después del juego, a lo que se diga a su alrededor para encontrar la solución, memorizando más fácilmente las palabras nuevas que utilizará otro día cuando se encuentre jugando nuevamente con sus personajes favoritos.

Como ves, hay muchos beneficios en que los niños hablen en voz alta mientras juegan. Por eso, si le encuentras hablando a solas te recomiendo que evites interrumpirle en la medida de lo posible y que respetes su espacio para que se pueda expresar libremente.

https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/aprendizaje/los-beneficios-de-que-los-ninos-hablen-solos-mientras-juegan/

Cristina tiene 12 años. A diario piensa en el día de Reyes. Aunque con suerte, y la ayuda de su padre, igual sucede en una tarde de este verano. Cristina no tiene móvil y no lo tendrá hasta Reyes porque su madre así lo ha decidido. Solo tres compañeros más de su clase están en la misma situación. ¿Cómo lo resiste? ¿Acabará siendo la última?

La última de la clase en tener móvil

“Mis amigas tienen el móvil de mi madre y así nos comunicamos”, dice. Ni móvil ni redes sociales. Por supuesto, ni pensar en Instagram. Primero de secundaria y Cristina va y vuelve del cole sin necesidad de estar pegada a una pantalla. Ella se muestra resignada y comprensiva, quizás porque sabe que la fecha se acerca. Quizás también porque no quiere dejar mal a su progenitora ante la prensa.

“Entiendo un poco a mi madre, ella me dice que para todo hay que esperar un poco, que si cojo un teléfono me engancharé y que no miraré el mundo. La verdad es que no me siento apartada, pensaba que iba a ser peor”. Su padre es su mejor aliado y quien presiona en casa para que el aparato se entregue en verano. “Él sufre más cuando voy fuera y no puedo llamarlos”. La madre de Cristina es lo que se podría denominar madre resistente. “No creo que a esta edad les beneficie, y no están preparados para todo lo que puede hacer un móvil hoy en día. Yo le ofrecí un móvil, no un smartphone, solo para llamadas, pero no lo quiso. Además, no me considero del todo radical porque tiene Ipad en casa con el que se puede comunicar con las amigas si es necesario”, explica Pilar.

El mejor momento

En España uno de cada cuatro niños de 10 años tiene móvil, según una reciente encuesta del Instituto Nacional de Estadística. A la edad de Cristina, ya lo tienen el 75% de los chavales. John Hoffman es el principal responsable del Mobile World Congress, el congreso de telefonía móvil más importante del mundo. Pero, además, es padre de cuatro hijos de entre 26 y 12 años. Los mayores recibieron su primer móvil con 12 años; sin embargo, el pequeño contó con el aparato a los siete. “Depende del niño y de los padres. No es necesario que sea el primero de la clase, pero ser el último es realmente duro porque tienes mucha presión del entorno”, opina.

¿Cuándo es el mejor momento? Berta Saliner es psicóloga infantil y también madre. Como madre, opta por los 20 años. Y sonríe. Como experta explica: “Entre los 12 y los 14 años, junto con el inicio de la pubertad o adolescencia, se dan una serie de cambios neurofisiológicos que permitirán al niño ser capaz de iniciarse en la comprensión de las funciones de esa tecnología”.

“También es, en ese momento, cuando se despierta la necesidad psicológica más álgida de identificación y pertenencia de su grupo de iguales o de referencia… el cual se concentra y fomenta en gran parte hoy en día a través del móvil (chat, redes sociales, compartir fotos…)”, afirma. Su buen uso, añade Saliner, dependerá de la madurez del niño y de la enseñanza de las funciones de la tecnología, además de las limitaciones que impongan los padres.

SOBRE ESTE PROYECTO

Este reportaje es la séptima entrega de Crecer Conectados, una serie de artículos que explora la vida de niños y adolescentes en un mundo digital. Los códigos han cambiado, los chavales aprenden, juegan y se relacionan a través de redes y pantallas, rodeados de algoritmos y big data, nativos en entornos en los que sus mayores se mueven con desconcierto. Crecer Conectados reflexiona sobre los retos a los que se enfrentan y las posibilidades que se abren para estas generaciones. ¿Qué hacen, dónde están y cómo usan los menores la tecnología? Tienen entre 3 y 18 años: ellos serán nuestros guías.

https://elpais.com/sociedad/2019/05/11/actualidad/1557574247_036276.html

La pequeña Ruth, de siete años, tiene claro cómo actuar en la piscina este verano: “Es importante aprender a nadar, estar bajo la supervisión de un adulto y sin hacer juegos peligrosos cerca del agua, porque te puedes caer”, cuenta, aún mojada, tras salir de la piscina del Colegio Litterator de Aranjuez (Madrid). Allí se acaba de celebrar un simulacro de ahogamiento y rescate en piscina del que esta estudiante de Segundo de Primaria ha sido la protagonista. Y algo más: “Tampoco se puede molestar al socorrista, porque él está para ayudar, no para jugar con nosotros”.

Puede que el colectivo infantil no sea el que más ahogamientos sufra, “pero sí es el más evitable. Si la persona adulta asume su responsabilidad, el accidente se puede evitar”, sostiene Laura Muñoz, responsable de Comunicación de la Asociación DIA de Víctimas de Accidentes, organizadora de este simulacro celebrado el pasado 4 de junio y que contó con la colaboración del SUMMA 112 y de la Policía Municipal. En los primeros cinco meses de 2019, han fallecido 85 personas por ahogamiento; cifra que ascendió a 373 el año pasado, según la Federación Española de Salvamento y Socorristas.

¿Qué hacer en caso de accidente? Lo primero es avisar a los servicios de Emergencias, es decir, marcar el 112: “Cuando se lo explicamos a los niños pequeños, les insistimos mucho en esto, y la verdad es que funciona muy bien”, explica Julián Sánchez, coordinador de Equipos Técnicos del SUMMA 112. “Luego, valorar los signos vitales: si se mueve, si tose o si intenta respirar, algo que cualquier persona puede valorar y que le servirá al SUMMA para saber rápidamente si la víctima está viva. Y, por supuesto, explicar lo que ha pasado y dónde se está”.

Las precauciones de los adultos

A lo largo de los últimos cuatro años (de 2015 a 2018), el número de fallecidos ha alcanzado los 1.706, de los que 111 eran niños y 595 ancianos. Y aunque pueda parecer que las piscinas de casa son más seguras, uno de cada tres ahogamientos sucede en piscinas privadas. Por eso, se esté donde se esté, es fundamental que los padres tomen una serie de precauciones: “Los niños siempre tienen que estar con un responsable adulto; hay que respetar las horas de máximo calor; no dejar juguetes en la piscina o cerca de ella, porque nos podemos despistar, que el niño vaya a por ellos y se pueda caer; y también evitar las comidas copiosas en la piscina”, recuerda Julián Sánchez. Y es que la labor del padre o madre comienza en el mismo momento en que llegamos al recinto:

  • Examina los posibles peligros que haya en la piscina, especialmente si no estás familiarizado con ella: qué profundidad tiene, si hay desagües o algún mantenimiento en curso, por ejemplo.
  • Ponte en el lugar de tu hijo y mira la piscina con sus ojos, incluyendo sus rutas de acceso y el estado de la valla instalada en el perímetro (que, según el Ministerio de Sanidad, ha de tener una altura mínima de 1,2 metros)
  • Tu vigilancia ha de ser permanente mientras estéis cerca del agua (sea piscina, río o playa); nunca la delegues en el socorrista o en otro menor (aunque sea mayor y responsable).
  • Observa la regla del 10/20: mira hacia la piscina al menos cada 10 segundos, y asegúrate de que podrías agarrarle del brazo en no más de 20 segundos.
  • No dejes que se bañen solos.
  • Mejor chaleco que flotadores o manguitos, ya que estos podrían salirse al tirarse al agua, y comprueba que tienen el logotipo “CE” que certifica que está homologado.
  • Enseña a los niños a flotar y nadar cuanto antes, ya que esto incrementará las posibilidades de que no se ahoguen.
Consejos para evitar que los niños se ahoguen en la piscina

¿Qué es lo que no debes hacer?

Socorrer a una persona en apuros es una reacción lógica que, por supuesto, también tenemos cuando estamos en la piscina o en la playa. Pero conviene pensar primero si se está capacitado para prestar esa ayuda: se han dado muchos casos de personas que, queriendo ayudar, acabaron pereciendo junto a la persona que estaba en peligro.

Si hay un socorrista y este no se ha percatado, lo mejor es avisarle y dejarle actuar; si no lo hay y la víctima está activa (es decir, aún se está moviendo), facilitarle un flotador o pértiga a la que se pueda agarrar. Pero si no la tenemos ni estamos entrenados para socorrer a la víctima, “lo mejor es esperar. Si estamos en un lugar donde no hacemos pie, conviene ponerse cerca de la víctima y dejar que se ahogue, es decir, que pase a ser víctima pasiva”, afirma Marcos Andrés, socorrista y trabajador social de Fundtrafic, la fundación de la Asociación DIA. “Entonces ya se le puede abordar y sacar del agua, para iniciar la valoración” y, en su caso, reanimación.

En cualquier caso, la rapidez de acción (siempre con sentido común) es fundamental. Ante un ahogamiento, hay que aplicar la regla del 10%: “Desde que pierde el conocimiento, cada minuto que pasa sin que se actué reduce en un 10% las posibilidades de recuperación de la víctima”, explica Andrés. Puede que, si pasa demasiado tiempo y no hemos hecho nada, la posible recuperación deje secuelas importantes.

También hay otra serie de actuaciones que siempre conviene evitar:

  • No permitas que los niños jueguen con el material de salvamento; no son juguetes.
  • Evita minusvalorar las caídas que puedas sufrir en la piscina, ya que hasta un golpe en apariencia inofensivo puede tener consecuencias serias.
  • No consumas alcohol ni drogas en la piscina, ya que te dan una falsa sensación de control, haciendo que te sobrevalores y no analices bien la realidad.
  • No dejes que tus hijos se metan en la piscina con los cordones del bañador sueltos. Se han dado casos en los que este cordón se ha encajado en alguna rejilla al fondo de la piscina.
  • Es mejor que evites el baño en las dos horas siguientes a la comida, y muy especialmente si el agua está especialmente fría. Lo que nos contaban de pequeños y que nos parecía una exageración tiene su razón de ser: el contraste de temperaturas hará que el cuerpo mueva sangre del estómago, donde está concentrada durante la digestión, a las extremidades. El corte de digestión no causa la muerte, pero sus síntomas (vómitos, mareos) pueden provocar un accidente con consecuencias graves.

Y los niños, ¿qué pueden hacer?

Como padres, es esencial asegurarse de que los niños son conscientes de las medidas de precaución que han de tener siempre presentes, entre ellas ejercer el máximo cuidado al caminar por el borde o áreas aledañas a la piscina (la denominada “zona de playa”), para evitar caídas imprevistas; respetar el tiempo de digestión; que, si ven a alguien que ha sufrido un accidente, o pierden de vista a un hermano o a un amigo, avisen rápidamente a un adulto; y, finalmente, no tirarse de golpe al agua, porque pueden hacerse daño.

Bárbara Serrano es la fundadora de la editorial independiente La Casita Roja. Después de trabajar durante más de quince años en el sector editorial. Le encanta su oficio y sobre todo editar libros para el público infantil y juvenil. Por eso decidió emprender su propia editorial en 2016. Para ella es toda una aventura buscar y editar libros que conecten con los niños. Su mayor objetivo es poder fomentar la lectura entre los más pequeños y sobre todo que se diviertan y se rían leyendo. Libros mayoritariamente de cómic cuidados hasta el último detalle e impresos en nuestro país.

PREGUNTA. ¿Por qué lanzaste una editorial especializada en libros visuales y de cómic?

RESPUESTA. Después de quince intensos años en el sector editorial, sentí la necesidad de iniciar un proyecto que me permitiera aunar dos aspiraciones: por un lado, dedicarme a este oficio, que me apasiona, al ritmo y del modo que creo que requiere cada aspecto del proceso de edición; por otro lado, dar salida a mis inquietudes sociales. Así, decidí invertir mi experiencia en crear una editorial de narrativa infantil con el objetivo último de contribuir, aun a pequeña escala, a fomentar la lectura. Siempre me ha fascinado este género y trabajar libros en color, y además tengo la suerte de conectar con el humor y la lógica de los más pequeños. A fin de atraer a los niños, dado que su cultura es esencialmente visual y muchos se abruman si ven mucho texto, decidí que todos los libros, incluso los dirigidos a primeros lectores (que a menudo son a una tinta o con un número limitado de ilustraciones), fueran completamente ilustrados en color, y apostar con fuerza por el cómic, un género a reivindicar. La oferta de cómic infantil es todavía bastante reducida en nuestro país (aunque hay editoriales y publicaciones fantásticas que lo trabajan con mimo) y, sobre todo, tiene aún una presencia demasiado limitada en el punto de venta y en las escuelas, cuando sin embargo constituye una gran puerta de entrada hacia la lectura y sabemos que a la inmensa mayoría de los niños les gustan. Por eso le consagramos una de nuestras tres colecciones: La casita n.º 9, porque se lo considera el noveno arte.

P. ¿Cuáles son tus referentes del cómic? ¿Qué te gusta leer en formato cómic?

R. En mi caso, mis referentes son el cómic europeo: de pequeña devoraba los volúmenes de Tintín y Astérix, con los que sigo disfrutando, y me encantaban el TBO, Ibáñez, Jan y Escobar. Como adulta, digamos que voy picoteando: hace muchos años que tengo menos tiempo del que querría para leer por placer, y dado que mis intereses son muy diversos, abordo el cómic de forma algo caótica, digamos que voy picoteando: he leído los clásicos Maus y Persépolis, y hay novelas gráficas que me han impactado y no me canso de releer, como Aquí, de Richard McGuire. Pero sé que tengo mucho que descubrir.

“El humor en el cómic es el gancho ideal para aficionar a los niños a la lectura”

Bárbara Serrano es la fundadora de la editorial independiente La Casita Roja

P. ¿Cómo das con nuevos títulos?

R. Para lanzar la editorial contratamos varios títulos de la prestigiosa colección norteamericana Toon Books, creada en 2008 Françoise Mouly (fundadora de la revista Raw, entre otras cosas), quien, también consciente del poder del género para iniciar a los más pequeños en la lectura, decidió encargar a grandes nombres de la novela gráfica adulta libros concebidos específicamente para niños, de modo que tienen una calidad incontestable. Después, selecciono títulos que contengan todos los elementos comunes en los libros de nuestro catálogo: humor (para que los niños disfruten leyendo y, con suerte, adquieran este hábito tan esencial para nuestro desarrollo), una estructura narrativa clásica (planteamiento, nudo y desenlace) y un mensaje o aprendizaje, aunque sea sutil. Y que no contengan elementos sexistas ni violentos. Como soy medio alemana, sigo de cerca el mercado germánico y puedo valorar yo misma los libros; y así he tenido la suerte de poder editar varias joyitas, como Caja, Las aventuras de Lester y Bob y El buhito Bu. Por ahora solo traemos títulos del extranjero, pero en un futuro me encantaría publicar proyectos con autores locales.

P. ¿Qué elementos se tienen que dar para encontrarse delante de un buen cómic? ¿Y que este tenga nuevos volúmenes y llegue a ser una serie-colección?

R. Un buen cómic es para mí aquel el que tiene un buen guion, una historia que incita a pasar página y cuyo final no defrauda; el que mantiene el equilibrio perfecto entre ilustraciones y textos, hace un buen uso del espacio y carece de elementos que entorpezcan la lectura; el que sabe sacar todo el jugo a los numerosos recursos del género pero sin abusar de ninguno; el que permite varios niveles de lectura y es rico en detalles sutiles, el que tiene un ritmo adecuado… en definitiva, el que te atrae a primera vista y luego te engancha.

Respecto a la serialización, o bien se concibe de entrada un proyecto como tal, o son necesarios unos personajes carismáticos que puedan dar juego en diversos contextos para, si tienen éxito, hacerles vivir nuevas aventuras. En nuestro caso, salvo uno de los títulos (Caja), todos son de hecho novelas gráficas obras cerradas, no concebidas para serializar. (Aunque Caja es una historia autoconclusiva, puede leerse independientemente del hecho de que tenga una continuación).

P. ¿En el mundo del cómic es fácil conseguir el equilibrio entre texto e ilustración?

R. Como ocurre también con el álbum ilustrado, no siempre se logra, puesto que no es fácil. Creo que por eso hay todavía muchos prejuicios respecto al género: a veces pesan demasiado las imágenes y los textos parecen casi prescindibles, cuando deben ir de la mano de la ilustración y aportar contenido. El hecho de que sean breves, evidentemente, no significa que no sean buenos. Pero está extendida la idea de que no tienen el nivel necesario de una lectura de iniciación y formación. Puede ocurrir a la inversa: la historia y los textos son muy intensos o divertidos, pero las imágenes cojean o no son eficaces por sí solas.

P. ¿Qué elementos influyen en el cómic, la tipografía, la imagen, las expresiones de los personajes?

R. La tipografía es siempre esencial (¡en todos los libros, o incluso en un manual de instrucciones!): debe ser perfectamente inteligible (y en ello no influye solo el tamaño), fluir; las expresiones de los personajes refuerzan los mensajes y las ilustraciones contextualizan los textos, de forma que se puede introducir nuevo vocabulario. Pero, además, la fuerza narrativa del cómic reside también en que en él conviven otros lenguajes: los símbolos (notas musicales, la bombilla de cuando tiene una idea o las serpientes y signos mezclados de cuando un personaje suelta juramentos), carteles, señales, signos cinéticos, el uso del color con valor semántico (un color puede marcar, por ejemplo, el tiempo o el espacio de la narración) y por supuesto las onomatopeyas. Todo ello estimula la interpretación de símbolos, el desarrollo del lenguaje visual, la capacidad de abstracción, la asociación de ideas… También las expresiones son importantes, claro: están cargadas de contenido y ayudan a desarrollar la interpretación de los gestos y la empatía.

El cómic es precisamente ideal para aprender a leer: los más pequeños pueden seguir de forma autónoma la historia de principio a fin interpretando solamente las imágenes, y adquieren el hábito de mirar de izquierda a derecha y de arriba abajo, tal como hacemos al leer.

P. ¿Dirías que el cómic vive a caballo de la literatura y el cine?

R. Sin duda. Es un género muy potente y, como el cine, se fundamenta en imágenes en secuencia, los juegos de planos, de puntos de vista, la dosificación del ritmo… Con la literatura comparte el hecho de que el lenguaje constituye sus mimbres, en su versión más sintética, directa y variada, y las infinitas posibilidades de estructurar la narración y de abordar temas.

P. ¿Qué relación hay entre cómic y humor? ¿Siempre van de la mano?

R. No, no siempre. Hay cómics que tratan cuestiones serias, cómics fantásticos, sobre hechos históricos, adaptaciones de novelas… Pero los infantiles sí suelen estar cargados de humor, y también en todos los que publica La casita roja, como decía, está presente, porque creemos en él como gancho para aficionar a los más pequeños a la lectura.

P. ¿Cuál es la mejor edad para empezar con un cómic? ¿Se puede aprender a leer con un cómic?

R. El cómic es precisamente ideal para aprender a leer: los más pequeños pueden seguir de forma autónoma la historia de principio a fin interpretando solamente las imágenes, y adquieren el hábito de mirar de izquierda a derecha y de arriba abajo, tal como hacemos al leer. A partir de allí es fácil que se despierte su curiosidad por saber qué pone dentro de los bocadillos, y el hecho de que sean frases breves o incluso palabras sueltas los animará…

P. ¿El cómic también es la lectura perfecta para a los que no les gusta leer?

R. Sí, por ese componente esencialmente visual, y porque hay cómics de gran calidad con los que los jóvenes lectores pueden fijar un buen lenguaje, no solo visual, y desarrollar las competencias que he comentado antes. Por otro lado, es absurdo considerarlo un género residual y menor: siempre que esté cuidado, es tan digno como cualquier otro.

P. ¿Se puede fomentar el gusto por la lectura a través del cómic?

R. Sí se puede. Sin ir más lejos, la directora de Toon Books, francesa afincada en Nueva York, fue nombrada Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura francés y también le concedieron la Legión de Honor por su labor de fomento de la lectura. A nosotros nos gustaría que en las aulas y las bibliotecas los cómics fueran un recurso del mismo modo que lo son los álbumes ilustrados y los libros para primeros lectores, y que en el punto de venta se los expusiera junto a estos, y no, como ocurre a menudo, en un rincón al que solo se acercará el que sabe exactamente qué busca. No me cabe duda de que los compradores de álbum ilustrado que no hayan prestado atención a este género se sentirían igualmente atraídos por los cómics infantiles si los encontraran fácilmente en la librería, y comprobarían cómo entusiasman a los más pequeños.

P. ¿Qué tiene el cómic que tanto gusta a los adolescentes?

R. En general, la adolescencia es una etapa que suele estar algo reñida con la lectura, porque es una época complicada, de dispersión, prisas por ser adulto, desconcierto, y en la que resulta difícil concentrarse. El cómic es accesible y puede ser de lectura tan rápida como satisfactoria; si además permite proyectar la propia personalidad en los personajes y sentirse reflejados en ellos, y por tanto acompañado, se conjugan todos los elementos para que les atraiga. Y quizá influya también la rebeldía, el querer llevar la contraria: en nuestro país no es muy común que los padres sean aficionados a este género, es posible que incluso lo desprecien.

P. ¿Hay cultura de cómic en España?

R. En España el género tiene una larguísima tradición de (pensemos en el TBO, nacido en 1917; hasta hace poco, no hablábamos de cómics, sino de tebeos) y grandes autores, y se encuentra en crecimiento: en todas las librerías la novela gráfica cuenta ahora con espacios reservados a las novelas gráficas. Pero, paradójicamente, todavía hay bastantes prejuicios: entiendo que a muchos les cueste entrar en el género y que lo asocien a las ediciones baratas de quiosco o a series muy consolidadas, como Tintín o las de superhéroes, o el manga, y crean que no da más de sí. No obstante, invitaría a padres y profesores a analizar la oferta actual: se sorprenderán y verán que en ocasiones la línea que separa el álbum infantil (tan en auge) del cómic es muy fina, que pueden ser igual de hermosos, y que el cómic incluso supera al primero, pues en este el hilo argumental queda dividido entre texto e ilustración, mientras que en el cómic van completamente de la mano, por lo que, como decía, dan independencia a los más pequeños a la hora de seguir una historia.

P. ¿Para hablar de según qué temas el cómic puede ser una buena opción?

R. Claro. Hoy en día encontramos muchísimos álbumes ilustrados que tratan de temas complejos como los problemas de los refugiados, la enfermedad y la muerte, el control de las emociones… El cómic, con su rico y versátil arsenal de recursos, y por el hecho de que puede resultar más atractivo a los lectores reacios por la presencia reducida de texto, puede abordar cualquier cuestión que queramos hacer llegar a los lectores.

P. ¿La forma de escribir y el lenguaje usados en el cómic (abreviaturas, monosílabos, etc.) hacen daño a la lengua?

R. Lo único que hace daño a la lengua es el descuido, el uso impropio de los términos, y la tendencia a simplificarla (y no pienso solo en la LIJ). Los niños son esponjas que absorben léxico nuevo; la clave está siempre en el registro: todos debemos aprender a discriminarlo, diferenciar el oral del escrito, el informal del formal, el propio de cada género y momento; saber cuándo hay que aplicar una norma gramatical y cuándo es imprescindible ser laxo o incluso introducir algún error. Leyendo cómics se pueden aprender abreviaturas que quizá aparezcan en otra clase de obras: los niños solo deben aprender que en según qué textos no deben emplearlas. Eso sí, nosotros siempre buscamos las onomatopeyas propias del idioma y, aunque sé que no es práctica común en el género, siempre ponemos el signo de apertura de exclamación y de interrogación. Los niños están fijando el idioma y necesitan un criterio unificado.

https://elpais.com/elpais/2018/01/04/mamas_papas/1515056359_739630.html

No hay forma más eficaz para comprobar lo potente que puede ser la imaginación que sentarse una tarde a estudiar. Es ponerse delante de un libro o de unos apuntes y las excusas para levantarse de la silla se multiplican: voy a estirar las piernas para despejarme, tengo que contestar a ese mensaje de WhatsApp urgente que me acaban de enviar, un vistazo a Instagram no le hace daño a nadie… Pero el advenimiento del examen es tan inevitable como esa sensación de agobio y descontrol que va creciendo conforme se acerca la fecha. Gestionar de forma eficaz el tiempo de estudio es una asignatura pendiente para muchos estudiantes, especialmente en la universidad. Pero también es la fórmula perfecta para prevenir el estrés y la ansiedad antes de los exámenes, sin olvidar el impacto directo que tiene sobre las notas.

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Y aunque el mundo a veces parece estar lleno de procrastinadores capaces de sacar un sobresaliente con unas pocas horas de estudio la noche anterior, la realidad es muy diferente. “La variable clave de los resultados académicos es la suma del número de horas que uno dedica a estudiar y el conjunto de actividades que acompañan a ese tiempo de estudio”, enumera Francisco Pérez González, profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universitat de València (UV).

La receta parece sencilla: hincar codos durante horas y hacerlo de tal manera que ese tiempo se convierta en aprendizaje efectivo y no en minutos perdidos frente al libro. Pero entre medias se cuelan las clases, el móvil, las tardes perdidas en un infinito “en cinco minutos me pongo” y esa lista de lo que los expertos llaman distractores o ladrones del tiempo. Es entonces cuando aparece la sensación de no llegar a todo. “La universidad es la primera etapa en la que tú te marcas los tiempos y tu agenda”, explica Modesta Pousada, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “Los alumnos suelen ser conscientes de lo importante que es aprender a gestionar su tiempo, pero no saben ponerlo en acción”.

Organizarse para llegar a todo y llegar bien exige una reflexión concienzuda de cómo usas tu tiempo, una planificación hecha con suficiente antelación y un compromiso con uno mismo para cumplir con lo prometido. La buena noticia: como todo hábito se puede aprender, pulir y mantener en el tiempo. La mala: no hay fórmulas mágicas ni atajos. Pero sí es posible seguir este proceso en cinco pasos para conseguirlo.

1. Empieza cuanto antes a planificarte

Si no sacas la agenda hasta que no termina el cuatrimestre, probablemente tengas un problema. Aunque lo habitual es empezar a organizar el estudio cuando los exámenes comienzan a asomarse en el horizonte, lo recomendable es preocuparse por ello mucho antes. Y aquí, nunca es demasiado pronto. Si te organizas ya desde el primer día del cuatrimestre o del curso, mucho mejor. “Es entonces cuando tenemos la posibilidad de intervenir y mejorar el uso que hacemos de nuestro tiempo”, señala Pérez González.

Planificar desde el primer día es importante también por lo que los psicólogos denominan la práctica distribuida. “Los estudios sobre el funcionamiento de nuestra memoria demuestran que distribuir el tiempo de estudio en sesiones más cortas de duración y más prolongadas a lo largo del tiempo aumenta el rendimiento”, asegura Pousada. Es decir, que si piensas dedicarle 10 horas a preparar un examen, es mucho más efectivo emplear dos horas cada día durante una semana que concentrarlas en dos sesiones de cinco horas el fin de semana anterior.

2. Analiza cómo usas tu tiempo (y en qué lo pierdes)

Para aprender a aprovechar el tiempo, primero hay que saber en qué lo invertimos (o dónde lo perdemos). “La gestión del tiempo es una toma de conciencia sobre la realidad que tengo entre manos”, resume Noemí Merchán, coach y experta en talento que acaba de impartir un taller sobre este tema en la Universidad Carlos III de Madrid. Allí, les pidió a los alumnos que calcularan cuántos minutos que podían haber dedicado a estudiar terminaban desapareciendo por el desagüe de las actividades poco importantes (contestar wasaps, mirar Netflix por enésima vez en busca de una serie para ver…). ¿La respuesta? Hora y media. Cada día.

Con los alumnos que llegan a su despacho, Francisco Pérez González pone en práctica una táctica similar. Les pide que durante una o dos semanas vayan anotando todas las cosas que hacen para que así puedan analizar cómo distribuyen sus tiempos. “A partir de ese seguimiento, uno puede ser consciente de todo lo que hace en un día, más allá del estudio. Después, al gestionar y planificar, hay que considerar todas esas actividades”.

Este análisis inicial sirve también para identificar todos esos ladrones del tiempo y eliminarlos o reducir su impacto tanto como sea posible. El más habitual es, por supuesto, la tecnología. Y si bajamos al detalle, el móvil e Instagram. “También los planes de última hora y la falta de agenda, el no tener una planificación concreta e ir a la deriva”, explica Merchán. “Ese ‘después de comer, si eso, me pongo’. Si tienes que estudiar y nunca lo haces, esa es una idea bomba que te ametralla la cabeza”.

3. Márcate objetivos y aprende a diferenciar lo urgente de lo importante

Echar horas delante del libro o navegar entre trabajos pendientes de entregar durante toda una tarde de poco sirve si antes no te has marcado un objetivo. “Debemos dejar de poner la mirada en cuánto tiempo estudio y centrarnos en cuáles son los resultados y el objetivo de ese tiempo que vas a dedicarle a estudiar”, asegura Elena López Cobeñas, profesora de Psicología de la Intervención Educativa en la Universidad Camilo José Cela (UCJC).

Antes de empezar con cada sesión de estudio o de trabajo, pregúntate qué quieres conseguir cuando termines: ¿avanzar dos temas?, ¿buscar toda la documentación que necesitas? El objetivo debe ser concreto y asumible, ya que si es demasiado ambicioso terminará generando frustración. Y si la planificación se está haciendo a largo plazo (un trabajo de fin de grado o preparar una asignatura desde el principio del cuatrimestre), Modesta Pousada, de la UOC, recomienda delimitar hitos sencillos en el camino e ir ampliándolos. “Un hito pequeño puede ser que, durante el próximo mes, vas a dejar el móvil en otra habitación cuando te pongas a estudiar”, ejemplifica. “Cuando lo consigas, puedes establecer un objetivo más ambicioso: además, me voy a planificar estudiar todos los días una hora. Si establezco objetivos pequeños que puedo alcanzar, esto refuerza mi compromiso y mi percepción de autoeficacia”.

Saber priorizar las tareas pendientes es otro punto importante a la hora de marcarse objetivos. Aquí es fundamental aprender a distinguir lo urgente de lo importante, dos conceptos que no siempre van de la mano y que pueden provocar que se dedique demasiado tiempo a tareas poco relevantes. Los universitarios suelen tener problemas para navegar en esta distinción, sobre todo porque las asignaturas suelen venir acompañadas, además del examen final, de trabajos y prácticas que tienen que entregar a lo largo del cuatrimestre. “Sienten que tienen que entregar muchos trabajos y que eso merma el tiempo de estudio. No son capaces de hacer la transferencia de que el trabajo es una vía para interiorizar los conocimientos”, explica López Cobeñas.

4. Planifica con papel y reloj

Todos esos objetivos y listas de tareas pendientes, bien priorizadas, se tienen que plasmar en una planificación. Y no valen las cábalas mentales de que el lunes estudio un rato y el martes termino esa práctica pendiente. Hay que sacar papel y reloj para pintar el mes, la semana y el día e ir ubicando en cada hueco las tareas, con un tiempo asignado. “Si a una tarea no le pones fecha de caducidad, tu mente busca postergarla”, explica López Cobeñas. Se trata de perder algo de tiempo planificando para luego ganarlo. “En una hora de planificación ahorramos entre tres y cuatro horas de gestión”, asegura María Jesús Martínez Silvente, directora de alumnos de la Universidad de Málaga, que el pasado octubre organizó su primer curso de gestión del tiempo.

Hay dos niveles de planificación, según explica Francisco Pérez González, de la UV. Y los dos actúan en paralelo. Por un lado, la organización a largo plazo. “Es una ventana abierta a lo largo de un periodo extenso, como un curso o un cuatrimestre, en el que hay que colocar todas aquellas actividades que ya desde el inicio del curso se conocen: inicio y fin del cuatrimestre, fechas de exámenes…”, cuenta el profesor. Por otro lado, la planificación semanal y diaria. Se realiza a partir del análisis inicial y distinguiendo dos tipos de obligaciones: las fijas (clases, deportes, citas o compromisos…) y las flexibles, que pueden aumentar o disminuir en función del tiempo disponible (el tiempo dedicado a estudiar, a quedar con los amigos, a hacer las tareas de casa…). “Esta planificación se va revisando para generar poco a poco el hábito. No es más que una automatización de un procedimiento”, explica el experto.

5. No te olvides del descanso

Tan importante como reservar tiempo para el estudio es planificar los momentos de descanso. Durante las sesiones de trabajo y fuera de ellas, para equilibrar el estudio con otras actividades: deporte, ocio… Los expertos recomiendan huir de las jornadas maratonianas y de los atracones. “Estudiar requiere estar concentrado y atento. No somos capaces de estar así de una manera sostenida e infinita en el tiempo”, explica Modesta Pousada, de la UOC, que recomienda planificar sesiones de 45 minutos con descansos de 15 minutos entre medias. “Los descansos también ayudan a ser flexible porque los planes siempre hay que cambiarlos sobre la marcha, pero incorporar un imprevisto sobre algo que ya está pautado es más fácil”, añade.

Elena López Cobeñas, de la UCJC, recomienda incluso reservar una semana entera en Navidad para el descanso, a pesar de que este suele ser el momento de apretar el acelerador antes de los exámenes. “Si programas tu mente sabiendo que vas a tener unos días de descanso, cuando vuelves al estudio lo haces desde otra perspectiva”, explica. “Lo fundamental, de todos modos, es inculcar en los estudiantes que no pueden decir: ‘No me da tiempo’. Esa no puede ser una respuesta porque ahí cabe de todo”.

“¿Cuánto dura esto?” Esta es la pregunta que, con más frecuencia, me plantean los padres y madres de adolescentes en mis talleres y es que la mayoría de ellos desconocen tres cuestiones que, a mi entender, son importantes. La primera de ellas es que la adolescencia es una etapa, y como tal, no dura toda la vida, aunque a algunos, se les haga interminable. La segunda es que no saben cuándo comienza, tan solo advierten algunos cambios de conducta en sus hijos e hijas pero, a menudo, lo interpretan como algo que está fallando “¡con lo bien que iba todo…!”, y por último, todos padecen una especie de amnesia y no recuerdan que ellos también pasaron por esa etapa de la vida.

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Con respecto al comienzo de la adolescencia, aunque esta sociedad se empeñe en adelantarla cada vez más, podemos decir que comienza entre los 11 y los 13 años, con una variación dependiendo del sexo, ya que los estudios confirman que las niñas comienzan y acaban el proceso de maduración un poco antes que los niños, pero cuidado, no podemos pensar que una niña de ocho o nueve años es una preadolescente o una adolescente es tan solo una niña, a pesar de la hipersexualización a la que se ven cada vez más sometidas.

¿Cuándo finaliza?

Entre los 19 y 21 años, aunque algunos psicólogos afirman que a los 25. Por lo tanto, dura una media de ocho años, existiendo una diferencia por sexo. Se trata por tanto, de una etapa un poco larga, sobre todo si carecemos de herramientas para una comunicación efectiva y una convivencia sana. ¿Recuerdas cuándo eras adolescente? ¿eres capaz de reflexionar sobre alguna cosa que hiciste durante esa etapa y que nunca le contaste a tus padres? Recordar tus años de adolescente te ayudará a calmar un poco las preocupaciones y a recobrar la confianza en tu hijo.

¿Qué ocurre en el cerebro durante este proceso?

La maduración cerebral: aunque el cerebro se desarrolla de manera gradual durante la infancia es, al final de esta cuando alcanza su tamaño máximo. Por lo tanto, se llega a la adolescencia con el cerebro prácticamente desarrollado pero falta la última fase, la maduración. Es la base del cerebro adulto. Este es un periodo donde se produce una extraordinaria reorganización cerebral, comparable a los tres primeros años de vida, por tanto, los cambios más importantes no están relacionados con el desarrollo cerebral, si no con un proceso de reorganización de las diferentes regiones cerebrales que mejora la comunicación entre las mismas. Es la base del cerebro adulto, donde empieza a formarse la identidad.

Se trata de un proceso biológico que está fuera de su control y que la doctora en Educación y terapeuta Jane Nelsen, identifica con el proceso de individualización. Este se caracteriza por una serie de cambios en la conducta de nuestros hijos que, todos los padres y madres de adolescentes, somos capaces de identificar…

Los adolescentes tienen la necesidad de descubrir quiénes son.

  • Atraviesan por enormes cambios físicos y emocionales (Un día no paran de hablar y al día siguiente se limitan a contestar con monosílabos).
  • Exploran y ejercitan su poder personal y su autonomía. Necesitan sentir su poder e importancia en el mundo. Dirigir, sin ser dirigidos.
  • La relación con los amigos tiene prioridad sobre las relaciones familiares. Necesitan construir relaciones con personas de su misma edad. Por tanto, empezarán a querer desmarcarse de los planes familiares.
  • Tienen una gran necesidad de privacidad. Sobre todo dentro de su entorno familiar.
  • Se trata de una etapa en la que subestiman a los padres, que pueden llegar a convertirse en “una vergüenza” para ellos (“No me dejes en la puerta”, “No me des la mano”, “No me beses”).
  • Se ven a sí mismos como omnipotentes y sabiondos.

El proceso de indvidualización a menudo parece rebeldía a los ojos de los padres. Esta es la causa principal por la que muchos padres reaccionan en lugar de actuar de forma reflexiva y auto modelando.

En mi opinión, este es un momento decisivo en la crianza de nuestros hijos ya que va a afianzar el patrón educativo que hayamos empleado con ellos hasta ahora. Si, hemos sido muy autoritarios, puede que se distancien, se vuelvan dependientes emocionalmente o bien se vean incapaces de madurar, ya que carecerán de habilidades para hacer sus propias decisiones. Si por el contrario, fuimos permisivos, se verán muy perdidos, sin límites e inseguros. Por tanto, esta etapa quizá nos remueva la conciencia y seamos conscientes de la necesidad de cambiar nuestro estilo educativo, lo que no implica cambiar de valores.

Las terapeutas, Jane Nelsen y Lynn Lott, afirman que los padres avivamos las llamas de la rebeldía de los adolescentes cuando:

  1. No comprendemos, respetamos o apoyamos el proceso de individualización.
  2. Tomamos este proceso, como algo personal (“Con todo lo que he hecho por ti…”)
  3. Nos sentimos culpables. (En Disciplina Positiva siempre decimos que no es cuestión de culpabilidad sino de responsabilidad).
  4. Nos asustamos de los errores de nuestros hijos. (Cuando es inevitable que los cometan. Y no solo ellos, nosotros, como padres, también).
  5. Tratamos de impedir la individualización a través de la culpa, el castigo, la humillación, la sobreprotección o la negligencia.
  6. Pensamos que la forma en la que se comportan nuestros hijos será para siempre.
  7. No respetamos el hecho de que nuestro hijo sea diferente y pueda elegir un estilo de vida con el que no estemos de acuerdo.

Se trata por tanto, según las terapeutas, de dejar de ser el piloto y convertirse en el copiloto. No importa si te dicen constantemente que les dejen en paz, necesitan tu apoyo y sentir que estás a su lado.

*Yolanda Alfonso Arias. Socióloga y Educadora de Disciplina Positiva de Familias y de Aula

https://elpais.com/elpais/2019/05/17/mamas_papas/1558084171_008966.html

Los expertos animan a padres, instituciones educativas y Administración a practicar las 5C: complementariedad, comunicación, coordinación, confianza y compromiso.

Cada vez más, los departamentos de recursos humanos (RRHH) buscan candidatos que sean capaces de trabajar al mismo ritmo y compartir los mismos intereses que el resto de las empresas. Unos factores que, según las propias compañías, favorecen la productividad. Para ello, una de las cualidades que buscan en los futuros candidatos es que sepan trabajar en equipo; es decir, que cooperen para lograr un fin común. Porque, la cohesión de un equipo de trabajo se expresa a través del compañerismo y del sentido de pertenencia al grupo que manifiestan sus componentes. Cuanta más cohesión exista, mejor trabajarán sus miembros y más productivos serán los resultados de sus acciones.

Por ello, cada vez más expertos animan a padres y madres, instituciones educativas y Administración a que fomenten en sus hijos la destreza del “trabajo en equipo” a partir de la incorporación del esquema de las 5C: complementariedad, comunicación, coordinación, confianza y compromiso.

María Victoria Sánchez, sénior director Page Personnel, manifiesta que, “desde hace algún tiempo, poseer la cualidad de trabajar en equipo es un requisito casi indispensable para cualquier puesto de trabajo. Los expertos en RRHH buscamos esta cualidad en los perfiles de los candidatos porque está demostrado que al trabajar en equipo se ponen más capacidades, inteligencias, ideas y destrezas al servicio de una tarea común, de tal forma que por el hecho de compartir esa actividad los resultados se consiguen de manera sólida y rápida”.

Actualmente, vivimos en una cultura en la que, cada vez más, se tiende hacia la colaboración. Según abundantes estudios, trabajando en equipo se complementan los talentos individuales; aumenta la motivación personal; las personas que trabajan apoyándose en un mismo proyecto aumentan notablemente la productividad; y el aprendizaje que se obtiene cuando se trabaja en equipo, es mayor. En este sentido, Sánchez señala que “cada vez se trabaja más en las aulas según este enfoque. El concepto “equipo” debería, por lo tanto, trabajarse desde que somos pequeños. En el ámbito educativo, estableciendo objetivos para toda una clase o mediante la incorporación de trabajos en grupo. Y también en la familia, por ejemplo a la hora de repartir las tareas del hogar con el objetivo de conseguir un resultado común en menos tiempo y con menor esfuerzo”.

Respecto a la importancia de la labor en los colegios, Dominique Cerri, directora general de InfoJobs, afirma que “es fundamental que desde las aulas se lleven a cabo dinámicas en las que se fomente el respeto a la hora de hablar y de escuchar las opiniones de los demás. También es muy valioso potenciar la escucha proactiva para que los niños y jóvenes se acostumbren a aportar sobre lo dicho en vez de lanzar críticas. Si adquieren estas habilidades cuando son pequeños, les acompañarán a lo largo de toda su vida”.

Sin embargo, familias y colegios tienen actualmente un enorme aliado en la práctica de deportes colectivos, como fútbol, baloncesto, jóquey o rugby, para el aprendizaje del “trabajo en equipo” por parte de niños y jóvenes. En este ámbito, Andrés Parada, preparador físico de FS Valdepeñas de 2ª División y director de la publicación deportiva Futsal360, señala que “desde un punto de vista meramente teórico, el deporte de equipo se caracteriza fundamentalmente por la cooperación, la oposición, la presencia de dos o más jugadores, la interrelación de los mismos, el dominio del espacio o contexto, y el móvil u objeto”. Según Parada, “todos estos aspectos, que el niño trabaja casi de manera inconsciente, podríamos considerarlos como los medios que utilizamos a través del juego para desarrollar una serie de valores o cualidades. Todos ellos se los irá encontrando poco a poco en su camino, tanto en la vida como en cualquier ámbito profesional que pueda desarrollar: “si viajas solo caminarás rápido, si viajas acompañado caminarás lejos”, “nadie puede silbar solo una sinfonía, es necesaria una orquesta” (cooperación), “un caballo nunca corre tan deprisa como cuando tiene otros caballos que alcanzar y adelantar” (oposición), “ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (la interrelación de los jugadores), y mucho más ejemplos en los que no sabemos si hablamos de deporte, del ámbito profesional, o de la vida, porque en cierto modo, es lo mismo”.

Javier Martínez, profesor de Educación Física para Secundaria en el Colegio Los Nogales y profesor asociado del departamento de Ciencias de la Educación en la Universidad de Alcalá de Madrid, añade que, “aunque el deporte es un medio excelente para adquirir aprendizajes aplicables a otros ámbitos y a la vida cotidiana, por sí mismo no es educativo. Hay que saber emplearlo para lograr todos los posibles beneficios que conlleva su práctica. Por tanto, los chavales que aprenden a gestionarse bien dentro de un deporte de equipo son los que muestran una diferencia respecto al resto. De hecho, estos alumnos saben expresarse y escuchar de forma más adecuada e incluso se motivan más trabajando con compañeros”. Martínez añade que “las personas que hayan asimilado bien los aspectos mencionados, podrán integrarse de forma adecuada e incluso ventajosa en el mundo laboral. Destrezas con las que, además, desarrollarán actitudes de liderazgo y capacidad de competición interna, cualidades muy valoradas en la mayoría de profesionales”.

https://elpais.com/elpais/2017/01/30/mamas_papas/1485768165_491520.html?id_externo_rsoc=TW_CC

La adolescencia es una de las fases de la vida más importantes. En ella, el cuerpo humano experimenta los grandes cambios que llevan a la aparición de los rasgos de la adultez, tanto física como mentalmente.

Ahora bien, la adolescencia no es una etapa única en la que todos los cambios se vayan produciendo en el mismo ritmo. Es por eso que es posible distinguir diferentes etapas de la adolescencia, que van marcando el ritmo del proceso de maduración.
Las distintas fases de la adolescencia

Existen diferentes criterios para establecer en qué momento termina una etapa de la adolescencia y en qué momento empieza otra. De hecho, no hay ningún criterio enteramente objetivo y definitivo para establecer esas fronteras temporales, ni lo puede haber; todo depende de en qué parámetros nos fijemos.

Sin embargo, eso no significa que no exista un cierto consenso acerca de cuáles son estas fases. A continuación puedes verlas explicadas y descritas.
1. Pre-adolescencia

La pre-adolescencia va de los 8 a los 11 años, y consiste en la etapa en la que se produce la transición entre la infancia y la adolescencia. Por eso, existe cierta ambigüedad acerca de si esta fase pertenece a la infancia a la adolescencia. Lo que sí es seguro es que en la mayoría de los casos, la pre-adolescencia coincide con el inicio de la pubertad.
Cambios físicos

Los cambios físicos que se dan en esta etapa son notables y afectan a muchas partes del cuerpo. Por ejemplo, es en este punto cuando los huesos empiezan a crecer de forma rápida y de manera desigual, lo cual puede hacer que cueste un poco más coordinar los movimientos (aparece una sensación de torpeza) y que aparezcan ligeras molestias en algunas articulaciones.
Cambios psicológicos

En esta etapa de la adolescencia se producen grandes progresos en la capacidad para pensar en términos abstractos. Es por eso que se es más capaz de reflexionar sobre situaciones hipotéticas o sobre operaciones lógicas y matemáticas. Sin embargo, normalmente al abandonar esta fase no se tiene un total dominio en estos ámbitos.

Del mismo modo, se tiende a tratar de encajar en los roles de género, para no salirse de los estereotipos relacionados con la apariencia y los comportamientos diferenciados del hombre y de la mujer.
2. Adolescencia temprana

La adolescencia temprana ocurre entre los 11 y los 15 años, y en ella se dan los principales cambios súbitos de tipo hormonal, hasta el punto en el que al abandonar esta fase el cuerpo es muy distinto al que se tenía durante la pre-adolescencia.
Cambios físicos

La adolescencia temprana es la fase en la que se producen los mayores cambios en la voz. Del mismo modo, se desarrolla la musculatura y los órganos sexuales hasta tener una apariencia mucho más adulta. El hecho de disponer de unos músculos más grandes hay que se necesite comer más y dormir durante mayor tiempo.

Del mismo modo, en muchos casos empieza a manifestarse el acné por la cara, debido a un aumento de segregación de sustancia grasa en la piel.
Cambios psicológicos

En la adolescencia temprana se llega a conquistar la total capacidad para pensar en términos abstractos, aunque esto solo se produce si se ha practicado esta habilidad y se ha gozado de una buena educación.

Del mismo modo, el gregarismo ocupa pasa a tener un papel muy importante tanto a la hora de relacionarse con los demás y de buscar referentes fuera de la familia, como a la hora de construir la propia autoestima y autoconcepto. En esta época se experimenta con diferentes elementos que pueden conformar una identidad, como la estética relacionada a tribus urbanas.

Del mismo modo, tiende a valorarse mucho la opinión que los demás tienen de uno mismo. Se considera que la imagen y la estética es un componente primordial de la propia identidad y bienestar.
3. Adolescencia tardía

Esta es la tercera y última de las etapas de la adolescencia, y ocurre aproximadamente entre los 15 y los 19 años, según la Organización Mundial de la Salud.
Cambios físicos

Las personas que se encuentran en esta fase suelen mostrar más homogeneidad en sus características que las que se encuentran en la adolescencia temprana, porque la gran mayoría ya ha pasado por los cambios más bruscos. Esto ha llevado a algunos investigadores a concluir que esta fase no se diferencia sustancialmente de la adultez, y que tan solo es un constructo social existente en ciertas culturas y no en otras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el impacto psicológico de los constructos sociales es totalmente real y, por consiguiente, puede influir en el proceso de maduración, como veremos.

Durante la adolescencia tardía se acostumbra a alcanzar la altura máxima marcada por el propio crecimiento, y la complexión del cuerpo pasa a ser totalmente adulta. Por otro lado, las aparentes desproporciones que podían darse en la primera fase de la adolescencia desaparecen dando un aspecto mucho más cohesionado a las dimensiones de brazos, piernas, etc. Por otro lado, el cuerpo también gana masa muscular y la propensión a acumular grasas se mantiene más o menos estable o incluso se reduce un poco, si bien la adopción de mejores hábitos alimenticios también cumple un papel en esto.
Cambios psicológicos

En esta etapa termina de desarrollarse la conciencia social y se empieza a dedicar mucho tiempo a pensar en situaciones y procesos que no están limitados a lo que se puede ver, oír y tocar en el entorno inmediato. Es una renuncia al egocentrismo típico de las etapas anteriores, si bien no desaparece del todo.

Los planes a largo plazo pasan a ocupar un papel mucho más importante que antes, y la imagen que se da, aunque sigue siendo relevante, empieza a dejar de ser uno de los principales pilares de la propia identidad. Se abandona buena parte del egocentrismo que definía la infancia y el resto de etapas de la adolescencia, lo cual hace más probable que estos jóvenes se interesen por la política y los procesos sociales en general, pues sus objetivos pasan a estar más relacionados con aquello que está más allá de sus círculos sociales.

A pesar de que la importancia de la estética suele decaer, en algunos casos la estética sigue siendo tan importante que en ciertos casos se puede llegar a desarrollar un Trastorno de la Conducta Alientaria.

https://psicologiaymente.net/desarrollo/etapas-adolescencia

 

Los hermanos nos vienen dados. No los elegimos. Por esto debemos aprender a socializar con ellos y en el proceso se pueden dar rivalidades, amistades para toda la vida o celos, ya que debemos compartir con ellos el cariño de nuestros padres. La terapeuta familiar y autora del libro ¿Qué le pasa a mi hermano?, Àngels Ponce, responde a varias situaciones que se pueden dar entre hermanos y pautas que nos pueden servir para lidiar con ellas.

PREGUNTA. “Mis hijos se pelean mucho, ¿cómo lidio con ello?”. Muchas veces, los padres son los árbitros de los conflictos entre hermanos, ¿cuál es la mejor manera de actuar? ¿Nos puedes dar algunas pautas?

RESPUESTA. Los padres y madres tienen diferentes formas de manejar las peleas entre hermanos: algunos optan por consolar a los heridos y reprender al agresor. Mientras que otros progenitores piensan que los niños deben aprender a resolver los conflictos por sí mismos. Entre las pautas que nos pueden ayudar a lidiar con estas situaciones están:

  • En primer lugar, hay que priorizar la seguridad: es nuestra responsabilidad evitar que los niños se lastimen. Así que si existe este peligro, debemos intervenir.
  • Enseñar a nuestros hijos a usar palabras (no las manos ni los puños) para defender sus argumentos. Esto, probablemente, lo vamos a tener que repetir muchas veces. No importa si necesitan que se les recuerde continuamente.
  • Reforzar que expresen sus propias emociones con palabras cuando hay un conflicto, como “estoy enfadado”, “estoy triste” o “esto que estás haciendo no me gusta”
  • No tomar partido por uno u otro. Es importante que los niños perciban que no estamos favoreciendo a ninguno cuando hay una pelea (a menos que esté en juego la seguridad de alguien).
  • Aprovechar la calma (que sigue a la pelea) para que todas las partes tengan la oportunidad de hablar y de ser escuchado.
  • Ayudarles a encontrar la solución

P. En el caso de dos hermanas, en la que la pequeña prefiere ir con los amigos de la mayor. La madre está preocupada por los problemas que le puede acarrear a la menor, ¿Es este comportamiento normal entre hermanas? ¿Se resuelve con la edad? ¿cómo lo podemos gestionar como padres?

R. No hay que preocuparse. Es normal que la hermana pequeña esté muy pendiente de la mayor, probablemente la admire y quiera seguir sus pasos muy de cerca. Por otro lado, también puede que entre el grupo de amigas de la hermana despierte cierta simpatía: es más pequeña y quizás por ello le presten ciertas atenciones. Esto reforzaría la preferencia de esta niña por estar rodeada de chicas más mayores, pero también es lógico que a la hermana mayor no le haga mucha gracia. Desde el punto de vista de los padres, es recomendable que a la vez que favorecen la relación entre las hermanas (potenciando juegos compartidos, por ejemplo) también se reconozca y se explique el espacio privado y exclusivo de cada una de ellas, dedicándoles tiempo por separado y preservando la necesidad de que cada una realice actividades adecuadas a su edad al margen del entorno familiar, esto incluye tanto las relaciones sociales como actividades extraescolares, por ejemplo.

P. Los celos, ¿cómo lidiamos con ellos? ¿somos los causantes los padres, qué parte de culpa tenemos?

R. Los celos son algo natural entre hermanos. Todos ellos compiten por la atención de los padres que no pueden recibir en exclusividad (como desearían). Esto no significa que se odien, probablemente sea todo lo contrario. Pero son niños y probablemente no dispongan de las habilidades emocionales y de comunicación necesarias para poder expresarlo de manera civilizada, y, de ahí que aparezcan las peleas. Los padres no somos culpables de eso, somos el motivo por el que rivalizan nuestros hijos y lo único que podemos hacer ante ello es mostrar nuestro afecto a cada uno de ellos por igual, atenderles de manera exclusiva en tantas ocasiones como sea posible y no hacer comparaciones. De manera que sientan que les queremos a cada uno tal como es. Por otro lado, también es importante mantener la calma, probablemente la rivalidad y las peleas se conviertan en una constante en nuestra casa. Debemos recordar también ser un ejemplo para ellos y comportarnos como adultos que no se gritan, ni pelean, sino que son capaces de mostrar diferentes puntos de vista y llegar a un acuerdo de manera pacífica.

P. Hermanos que se llevan mal, no se hablan, ¿con ellos cómo podemos hacerlo?

R. Ante esta situación, sería interesante explorar por qué motivo estos hermanos no se hablan para luego, ayudarles a restablecer la comunicación:

  1. Animarles a que hablen de ello, que expresen cómo se sienten
  2. No tomar partido por ninguno de ellos, mostrando comprensión por ambas posturas.
  3. Apoyarles a que expresen lo que necesitan de la otra persona
  4. Crear un ambiente de calma para fomentar la empatía entre ellos.

P. ¿Cómo lidiamos con la relación filial cuando uno de los hermanos tiene una discapacidad?

R. Los hermanos de niños con alguna discapacidad, naturalmente, también les ven como rivales. Sobre todo porque se llevan la mayor parte de la atención y tiempo de sus padres. De aquí que en ocasiones, tengan que destacar en algo para bien o para mal. Ponen a prueba el alcance de nuestra paciencia, despiertan nuestros más bajos instintos y nos llevan al límite y, como indica Àngels Ponce, “existen pocas personas que sean capaces de sacarnos de nuestras casillas como lo hacen nuestros hermanos”.

Resumiendo

Los ocho consejos fundamentales para fomentar una buena relación entre hermanos que nos recuerda la experta son: evitar comparar y valorar la actitud y habilidades de cada uno en su momento; crear un clima de colaboración en casa; dedicar el mismo tiempo a cada uno de los hijos; hacerles ver que cada uno es especial; dejarles a cada uno su propio espacio; fomentar la comunicación y la escucha en casa; aceptar el conflicto y aprender a reconocer lo que les preocupa.