A finales de mayo y principios de junio de cada año, una realidad sé presenta a los estudiantes que acaban Bachillerato: ¿qué camino de estudios tomar tras la Evaluación para el Acceso a la Universidad (EvAU)? La falta de un consenso legislativo e institucional entre todos los agentes implicados en España desde la década de los ochenta, también repercute en esa cruda circunstancia. Los bachilleres españoles, sobre todo del Sistema Público, carecen de orientadores y maestros que a modo de consejeros les orienten sobre ello.

Los miles de psicopedagogos que hay en los IES -uno por centro- son insuficientes porque no dan abasto entre sus múltiples tareas, así lo confirma la profesora Gracia Vinuesa, con más de 30 años de servicio en institutos públicos de Secundaria, Bachillerato y Ciclos Formativos en Castilla y León y la Comunidad Valenciana, “¿qué facilidades les damos? Muy pocas en la enseñanza pública porque por centro hay un psicopedagogo que debería informarles, pero como el alumnado es súper amplio, no da abasto y no tiene tiempo para ver qué capacidades tiene mejores cada alumno, en qué sé encontraría más cómodo. Sé que en centros concertados en Palencia sí que ha habido un seguimiento más personal a la hora de facilitarles salidas en función de sus cualidades. En la escuela pública sé les lleva un día a la Universidad de Palencia o a la Universidad de Valladolid para que les den pequeñas charlas y vean la carrera que les gustaría hacer, y que les cuenten desde dentro, pero está muy limitado. Si a un chaval le gusta Medicina, va solo a la charla de Medicina y el resto de charlas no las escucha”.

¿Cómo viven los jóvenes este horizonte? ¿Qué tipo de orientación necesitan para continuar con su formación?

Inés Ruiz, que acaba de terminar Bachillerato en el IES Antonio Machado de Soria, expresa las incertidumbres de su generación: “Considero que debían de orientarnos de forma más amplia con una orientadora sobre qué podemos hacer con nuestro futuro. Qué vamos a estudiar, no solo la Universidad, hay más opciones y no nos las dicen. El Instituto orienta en que tenemos que hacer la carrera que más nos guste, pero hay personas que o no sé lo pueden permitir o no quieren hacer eso. La mayoría de mis compañeros quieren hacer una carrera e irse a estudiarla a Madrid. Y las dudas que suelen generarse son si lo que van a estudiar es lo que quieren y si realmente van a poder, dependiendo de la nota de la EvAU.”

La nota de corte desde que fue implantada hace décadas para acceder a unos estudios universitarios en numerosas ocasiones sé convierte en otro lastre: corta vocaciones. ¿Qué piensan los bachilleres sobre ese método de selección?

Para Ruiz entiendo que la nota de acceso sea de un nivel mínimo y que el acceso a esa carrera tenga que tener un cierto control, pero sí que considero que cada año están complicándolo más y nos reducen más las oportunidades y opciones que tenemos.”

Desde las universidades públicas españolas, salvo honrosas excepciones, tampoco sé hace mucho por despertar y cuidar esas vocaciones nacientes. Así lo confirma Vinuesa: “Sí, que alguna vez han venido de alguna Facultad de Palencia pero sobre todo para asegurar una cantidad de matrículas no porque a los chavales les interese lo que les ofertan. Y los han llevado una vez, pero solo a algo muy concreto y cerrando las posibilidades a pensar otras cosas.

¿Qué debate es necesario realizar entre centros educativos, asociaciones de padres y madres, Administraciones Públicas, alumnado y empresas?

La falta de tiempo y el acelerar los plazos repercuten en perjuicio de los estudiantes. Ruiz habla con rotundidad sobre “lo que nos proponen ¿creen realmente que es algo que se pueda sacarlo de una manera humana? Este año por primera vez sé ha acortado en casi 15 días para prepararnos la EvAU. Es un tiempo indispensable y necesario, ni mis compañeros ni amigos sabemos cómo podremos afrontarlo porque acabamos el Bachillerato con estrés y cansancio considerable, y nos metemos en una prueba complicada con 10 días de estudio. Creo que se solucionaría un poco más la vida con tiempo porque lo necesitamos para hacer bien las cosas.”

En esta sociedad de hoy, excesivamente acelerada, las prisas afectan para mal a la mayoría. Repercute a diario en la calidad de vida y en esa posibilidad que reclaman los adolescentes de hacer bien cada tarea. Por eso es necesario un debate nacional que de respuestas coherentes, inteligentes y responsables a esta cuestión: ¿qué Pacto Educativo necesita España para las próximas generaciones?

Con el conocimiento que dan los años de experiencia y las tomas de decisiones dentro del sistema público, Vinuesa propone“cuando ha terminado el chaval la ESO no orientar a que todo el mundo vaya a Bachillerato porque no creo que sea la mejor salida por cómo está orientada nuestra sociedad. Hay gente que no tiene capacidades para enfrentarse con una carrera o hacerla por la inercia de que mi padre quiere que haga esto: eso lo hacen muchos.”

Junto a esa realidad, Vinuesa sugiere otros caminos “otra buena salida sería también orientarlos a sus competencias manuales para que desarrollen sus capacidades en los Grados. He tenido una alumna que sé ha pasado cuatro años en Bachillerato porque los padres querían. Y ella quería hacer un Ciclo Formativo de Grado Medio de asistente farmacéutica, al final lo ha conseguido y está estudiando encantada, y ha perdido tres años de su vida por complacer a los demás. Hay que preguntarles qué les gusta, qué no. Con qué capacidades se ven. Cuántos años se ven estudiando.”

Los jóvenes no solo requieren formación en competencias y profesiones, también necesitan educación emocional como atestigua Ruiz a nivel emocional creo que mucha comprensión y apoyo porque muchas familias creen que lo que hacemos no es tan difícil y que lo ha hecho todo el mundo, pero no en las mismas condiciones, porque cada día se van complicando más. Necesitamos mucho apoyo porque muchas familias exigen y no comprenden al adolescente que tienen al lado.”

Esta es la realidad de los bachilleres españoles, ¿qué sucede en otros países europeos de nuestro entorno? Desde hace años en Dinamarca, sus bachilleres al completar esta etapa tienen dos años por delante para ir a otro país, aprender o perfeccionar esa lengua, conocer esa cultura de vida y trabajar en los empleos que les salgan para afrontar los gastos. Pasado ese tiempo, su país les permite ingresar en los estudios universitarios u otros que elijan una vez madurado qué quieren hacer.

¿Qué les parece esta opción a la bachiller Ruiz y a la profesora Vinuesa?

Para Ruiz, que sé ha informado de esa práctica, “además de ser una muy buena opción para que el estudiante durante un cierto periodo de tiempo se relaje y pueda ver otras cosas, a la vez es una manera de ganar dinero porque no todas las familias al terminar el Bachillerato se pueden permitir el ingreso en la Universidad sin ningún tipo de problema económico. Es bueno que el estudiante a la vez mejore un idioma, trabaje para ayudar a su familia, y descubra otro mundo. No es un año sabático, es un año de meditación y aprendizaje, y es una opción que valoro para mi futuro.”

Desde la óptica de Vinuesa, la joven alega: Me parece muy bien porque una persona con 18 años no tiene su cabeza formada para tomar una decisión tan importante para su vida. Esa decisión la puede cambiar cuando quiera. Es estupendo que se formen en lenguas, y que salgan de sus casas y se sepan manejar. Esas cosas son más importantes que las habilidades que les estamos inculcando de memorizar y ser <<ratón de biblioteca>>, y no tener una aptitud para saber rellenar una instancia, irse a un piso y saber poner una lavadora, para pagar un recibo, y encontrar y enriquecerse con otras culturas.”

La cuestión económica también repercute en las opciones con las que pueden o no contar los bachilleres españoles. Como apunta Vinuesa “en Dinamarca me imagino que tendrán un respaldo económico para los estudiantes, aquí no lo hay. Si no lo hay, el dinero sale del bolsillo de sus padres, o de fregar platos que no sé si es muy enriquecedor y productivo.”

¿Qué otras preocupaciones tienen nuestros bachilleres sobre su porvenir?

Ruiz, describe los asuntos que preocupan a su generación, “las relaciones entre profesorado y alumnos. El profesorado no entiende al ballicher. Sí, debemos estudiar, pero tiene que ser compatible con vivir. Son personas que nos están inculcando ciertas materias y ellas han estado en la misma posición que nosotros ahora, pero no empatizan con nosotros suficientemente. Nos exigen unas cosas que ellos ven que son muy complicadas y no se dan cuenta de que tenemos vida más allá del IES o de cualquier otro tipo de Educación”.

Tras conocer la mirada de la estudiante, es preciso conocer la perspectiva de la profesora, ¿qué otros asuntos tienen en mente los docentes respecto al alumnado?

Vinuesa ofrece una reflexión profunda, “no dar importancia a tener una carrera universitaria porque la vida te pide muchas otras cosas. Y en caso de que quieras hacer una carrera universitaria estar bien asesorado por un buen equipo en tu centro, que ahora no hay, no tenemos psicopedagogos suficientes. Primero, el Bachillerato no es la panacea. Segundo, tener personal formado para que te oriente. Tercero, el año sabático para madurar tus ideas”.

Hay personas que se leen hasta la letra pequeña de los manuales mientras que otros se lanzan a pulsar todos los mandos para ver qué ocurre. No es ni bueno ni malo. Simplemente, nos da pistas de nuestra manera de aprender. Veamos los cuatro tipos de aprendizaje que existen para identificar cuál es el tuyo.

Quieres hacer un viaje con tu pareja y uno de vosotros necesita leer hasta el mínimo detalle sobre el sitio a donde vais, mientras que el otro se pone de los nervios porque preferiría lanzarse a la aventura. O en una reunión de trabajo un compañero no para de dar ideas sin concretar nada, mientras que a otro le agobia no trabajar en una sola. ¿Has vivido algo de esto? Si es así, bienvenido a los diferentes modos de aprender y a sus dificultades (y oportunidades).

En 1984 un profesor universitario, David Kolb, descubrió que los adultos tenemos distintas maneras de aprender que dependen de cómo percibamos la realidad y de cómo la procesemos. Hay personas que captan la realidad fundamentalmente a través de la experiencia y otros, creando teorías. Los primeros son más empáticos y tienden a hacer varias tareas al mismo tiempo (multiplicidad). Es más, si no lo hacen se pueden aburrir soberanamente. Los segundos prefieren centrarse en una sola tarea, se manejan muy bien en la teoría y se perderían con varias cosas al mismo tiempo (unicidad).

No todos captamos la información igual: algunos la procesarán si se ponen manos a la obra (acción) y otros si reflexionan sobre lo que observan (pensamiento).

Con respecto a la manera de captar la información, algunos la procesarán si se ponen manos a la obra (acción) y otros si reflexionan sobre lo que observan (pensamiento). Pues bien, las anteriores características definen los ejes de las maneras de aprender y de los cuatro estilos. Veámoslos con algo más de detalle:

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Adaptadores o los “hacedores”

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Difícilmente leerán un manual. Son el resultado de la multiplicidad y la acción. Prefieren trabajar rodeados de personas y se buscan la vida para conseguir recursos y alcanzar resultados. Les gusta asumir riesgos y saben adaptarse a las circunstancias. En una empresa abundan en los departamentos de ventas. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿cuándo?

Asimiladores o expertos en la conceptualización

Su estilo es opuesto a los adaptadores. Son extraordinarios creando modelos teóricos y definiendo claramente los problemas. Les interesan más las ideas abstractas que las personas, por lo que no es de extrañar que destaquen en el campo de las matemáticas o de las ciencias. En una empresa pueden estar en posiciones de investigación o de planificación estratégica. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿por qué?

Divergentes o los reyes de las mil y una ideas creativas

Todos tenemos un estilo de aprendizaje definido pero para desarrollarnos mejor personal y profesionalmente conviene estar con personas que nos complementen y cuyo estilo esté en el extremo del nuestro.

Disfrutan analizando los problemas en su conjunto y trabajando con personas. Son empáticos, emocionales y ocurrentes. No es de extrañar que lancen un sinfín de propuestas diferentes en una reunión. En este estilo se encuentran artistas, músicos y todos los creativos en el mundo de la empresa. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿y si…? o ¿por qué no?

Convergentes o el poder de la aplicación en una sola cosa

Son los opuestos a los divergentes. Necesitan la aplicación práctica a las ideas para testar teorías o resolver problemas. Se pierden con muchas alternativas. Sin embargo, son excepcionales en situaciones donde haya un único camino para ser resueltas. Muchos ingenieros se enmarcan en este estilo de aprendizaje. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿para qué?

Como es de imaginar hay personas cuyo estilo de aprendizaje está más marcado que otros como, por ejemplo, Sheldon Lee Cooper, protagonista de la serie The Big Bang Theory, quien es un asimilador total. Lo normal es que no sea así y que todos tengamos un poco de los cuatro aunque nos solamos sentir más cómodos con uno.

En definitiva, todos tenemos un estilo de aprendizaje que nos define más que otros y para desarrollarnos mejor en lo personal y profesional sería recomendable estar con personas que nos complementaran y cuyo estilo estuviera en el extremo del nuestro. Por ello, si eres de los que no lees los manuales, estáte cerca de quienes disfrutan haciéndolo (o viceversa). Porque más allá de este hábito, existe una manera interna distinta de percibir y de procesar la realidad que te puede ayudar a mejorar y a superarte a ti mismo en muchos otros ámbitos de la vida.

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Habrá a quien le parezca un exceso folclórico, pero sus padres no pudieron elegir mejor nombre para ella, aunque solo sea por la razón shakespeariana de que “todo viajero curioso guarda a Granada en su corazón, aun sin haberla visitado”. Sí, ella se llama Alhambra. “Tengo un nombre raro y me dedico a un deporte raro, no es extraño que haya llamado la atención. Cuando hice el curso para árbitro, mis compañeros ya me llamaban La Mediática porque de algún modo preveían que me iba a convertir en una imagen del rugby”, resume la exjugadora y árbitro nacida en Granada en 1983.

Tuvieron ojo, sí, pero el camino hasta ser elegida, hace un año, Mejor Árbitro del Mundo por World Rugby, no puede ventilarse en cuatro líneas ni explicarse solo desde la peculiaridad. Como tantos otros en España, ella descubrió ensayos y melés en la universidad (en este caso, la de Málaga), donde estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones y “fue un auténtico flechazo”.

No le dieron miedo los placajes, tampoco la etiqueta de “marimacho” –ya había practicado kárate, tras probar con fútbol, tenis, baloncesto y voleibol–. A partir de ahí, ascensos a División de Honor, brazaletes de capitana, ligas, copas e incluso la selección española, con la que debutó en un partido del Torneo VI Naciones femenino ante Inglaterra, en 2006.

Tan enganchada estaba que esa misma temporada empezó a arbitrar. “Pero durante los primeros años mi prioridad era jugar y arbitraba muy poco”, recuerda. “El salto lo di cuando dejé de jugar, en septiembre de 2012. Ese diciembre ya fui como asistente a las series mundiales de rugby 7”.

Desde entonces su progresión ha sido imparable: debutó en el XV en el mismísimo Eden Park de Auckland pitando a las All Blacks en 2013; al año siguiente se convirtió en la tercera mujer en dirigir una final de la Copa del Rey masculina y entró en el Mundial femenino por la baja de una compañera. Luego, debut en el Seis Naciones femenino y final en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y, de nuevo rompiendo el techo de cristal, hace unas pocas semanas, fue la primera árbitro en dirimir un encuentro oficial entre combinados nacionales masculinos (Finlandia y Noruega).

“Me dicen que tengo más mérito por ser mujer, y me molesta. No me están tratando como a una igual”

“Todo árbitro quiere ir creciendo, y cuando ya has llegado al tope en la competición femenina, ya has pitado hasta un Mundial, no hay más retos… Entonces piensas en arbitrar partidos masculinos, y en llegar también a la Copa del Mundo. Esa es, de momento, mi meta”, señala.

Una meta que ha recibido enorme atención mediática, incluso en España, donde las mujeres apenas protagonizan un 5 % de las noticias deportivas. ¿Cómo lo lleva? “Preferiría que fuese solo por mis méritos, la verdad, pero siempre que mejore las cosas, para el rugby y para mí, estupendo. A veces me dicen que tengo más mérito por ser mujer, y me molesta, porque no es así. No lo tengo, y si me lo dan, entonces no me están tratando como a una igual”, dice, justo antes de declararse feminista sin ambages. “Tenemos que conseguir las mismas oportunidades para todos, y para ello es necesario generar las coyunturas que aseguren que las mujeres podamos alcanzar iguales objetivos que los hombres. Oportunidades reales para lograr la igualdad”, señala. Utiliza el plural, pero de ningún modo escurre el bulto; un principio básico del rugby es que, por muy fuerte que uno sea, la verdadera fortaleza está en el equipo.

“Sé que, en mi posición, tengo una gran responsabilidad, porque soy un referente. Muchas chicas al verme piensan que su sueño raro ya no lo es tanto, y que por qué no va a poder cumplirse. Que se puede ser feliz haciendo cosas diferentes, rompiendo moldes. En este sentido, ser un modelo es algo que me ilusiona y me llena de satisfacción. Pero no es algo que yo haya buscado, simplemente me ha pasado. La sociedad es la que busca crear esos modelos para visibilizar determinadas cosas”, reflexiona. Y Alhambra nunca se ha escondido. Ni sobre la hierba ni delante de un café. Sus padres no se equivocaron: una cosa es hacer historia y otra, escribirla.

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Lady Gaga, Mark Zuckerberg y Sergey Brin (cofundador de Google) tienen una cosa en común: los tres pasaron por el Centro de Juventud con Talento (CTY) de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore (EE UU), abierto a adolescentes que sacan notas excepcionalmente altas. El CTY es solo un complemento de un proyecto todavía más ambicioso: el Estudio de la Juventud Matemáticamente Precoz (SMPY), creado en 1971, al mismo tiempo que una escuela para superdotados (integrada en la Universidad Vanderbilt, en Nashville) y un estudio longitudinal de 50 años que aún está en marcha.

“Durante 45 años, el SMPY ha hecho un seguimiento de las carreras y los logros de unos 5.000 individuos —recoge un reciente artículo de la revista Nature—, muchos de los cuales se han convertido en científicos de primer nivel. Los datos del estudio, en constante crecimiento, han generado más de 400 ensayos y varios libros, y proveen de claves para detectar y desarrollar el talento en ciencias, tecnología, ingenierías, matemáticas y otros campos”.

Que el SMPY sea una factoría de cerebritos da que pensar: ¿entonces, lo determinante para triunfar en el ámbito profesional es el talento y no el esfuerzo y la experiencia, como nos habían dicho hasta ahora? “Ambas cosas van de la mano”, explica la psicóloga Alicia Banderas, autora del libro Niños sobreestimulados (Cúpula, 2017). “El talento no se desarrolla si no hay esfuerzo y constancia para brillar”.

Camilla Belbow es codirectora del SMPY, y en el citado artículo de Nature da ocho pautas para que los padres expriman al máximo el potencial de sus hijos:

Si se le da bien escribir, no lo apunte a piano

Lo primero es darse cuenta de que su hijo tiene intereses o talentos fuertes. “Si lo observamos, veremos que esa actividad la hace casi sin esfuerzo, su habilidad es reconocida por los demás, continuada en el tiempo y siente placer al realizarla”, describe Banderas. A partir de ahí, refuerce las que están en consonancia con su talento. “Si se le da bien escribir, no le apunte a piano”, añade.

Anímele a que duerma en casa de amigos

Por muy buen estudiante que sea, convertirlo en un ratón de biblioteca no le hará ningún favor. “Debemos permitir a los niños que exploren”, dice Alicia Banderas. “Así reconocerá qué le gusta y se le da bien”. Las experiencias idóneas varían en función de la edad. “En la etapa infantil, cuando aprendemos por los sentidos, recomendaría paseos por la naturaleza, jugar con diferentes texturas (arena, plastilina…). En primaria, es importante el desarrollo psicomotriz, que hagan mucho ejercicio. Otra experiencia muy buena es que duerman en casa de amigos: les sorprenderá ver que desayunan otra cosa, que tienen otros valores familiares… Y ya en la adolescencia, viajar les abrirá la mente”.

Deje que se ponga triste cuando toque

No descuidar el plano sentimental es para Antonio Labanda, psicólogo educativo y director técnico del Instituto de Orientación Psicológica EOS, uno de los retos de la educación. “Eso se traduce en tener un mayor conocimiento de las emociones, el trabajo de la empatía, la autoestima, o las conductas prosociales [comportamientos positivos para socializar y comunicarse]”, enumera. Para Banderas, cuando los niños con altas capacidades se enfadan, tienden a utilizar la ira: “Hay que enseñarles a sacar la tristeza que ha desencadenado esa ira. Deben aprender a reconocer sus emociones y las de los demás”.

No lo etiquete jamás

Un 67% de los niños superdotados ha sufrido algún grado de acoso escolar, según un estudio de 2006. Muchos de ellos esconden su talento o inteligencia para pasar desapercibidos, y eso no es una solución, como tampoco lo es el extremo opuesto: que sus padres o profesores les cuelguen el sambenito de empollones. “En los colegios, hemos visto cómo los niños identifican incluso ciertos estereotipos de imagen con víctimas potenciales de burlas e insultos. Igual que restregarle a un estudiante que tiene dificultad en la comprensión no ayuda mucho, tampoco es recomendable señalarlo como el listo de la clase”, aclara Labanda.

Si pierde un partido de fútbol, réstele importancia

Al alabar el ahínco y no la habilidad, su hijo aprenderá que esforzarse está bien, y eso le ayudará a cosechar mayores éxitos, aseguran los psicólogos. “Al niño hay que marcarle objetivos realistas, que puedan superarse a base de esfuerzo”, sostiene el psicólogo educativo. “Todo lo que se haga con tesón, supone que ese aprendizaje se va a consolidar más”.

Anímelo a asumir riesgos intelectuales

Según los expertos, fracasar ayuda a aprender. “Esa recomendación es muy correcta”, subraya Labanda. “Los niños tienen que ser felices. Y eso se consigue a base de equivocarse y generar resiliencia; es decir, capacidad, ante una situación más o menos dolorosa o frustrante, de seguir hacia delante y no abandonar”.

Trabaje con los maestros

La profesora Belbow afirma que, a menudo, “los estudiantes inteligentes necesitan material más avanzado, apoyo adicional o la libertad de aprender a su propio ritmo”. El psicólogo lo suscribe: “La relación familia-escuela debe ser primordial. Cada uno tiene su papel, pero ir en paralelo, consensuando metas, límites y normas, creo que es correcto y ayuda mucho a la estabilidad escolar y emocional”.

Haga que sus habilidades sean probadas

“Hay niños con depresión, irascibilidad, y emociones desbordadas, y eso puede deberse a que se sienten frustrados porque su capacidad no se ha destapado”, explica Banderas. ¿A qué evaluaciones debe someterse? “En España se realizan pruebas de capacidades cognitivas en las que aparece un cociente intelectual; también de creatividad y personalidad. Con eso se hace un diagnóstico, y se sugieren medidas que pueden ir de la conveniencia de pasar de curso a la ampliación en alguna materia”, concluye Labanda.

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El amor romántico con altas dosis de sufrimiento está cada vez más de moda entre los adolescentes. En esta época de desarrollo y extrema vulnerabilidad, el papel de las redes sociales y las nuevas tecnologías está modelando una forma de entender y de ser en el mundo entre los más jóvenes que en gran medida se escapa de la esfera escolar y familiar.

   Según explica a Infosalus Nora Rodríguez, pedagoga y autora de ‘El nuevo ideal del amor en adolescentes digitales’ (Desclée De Brouwer, 2015), los más jóvenes deben aprender a socializarse en dos mundos muy distintos, el real y el virtual, pero en el segundo, al haber menos contacto físico y más emocionalidad, acaban siendo muy permeables a los estereotipos, lo que les lleva a los extremos.

   La autora cuenta que en la actual sociedad digital existen nuevas formas de entender el amor, que se han integrado a la mercadotecnia, como un producto.Son creencias que comparten muy rápido a través de las redes sociales, se asocian a conseguir experiencias intensas y que les proporcionan un gran placer.

   “Es la búsqueda del impacto rápido, un gran baño de dopamina para el cerebro, se valen de actitudes muy estereotipadas en relaciones breves, explosivas y pasionales”, explica Nora Rodríguez, directora del programa ‘Happy Schools, Neurociencias y educación para la Paz’.

   La pedagoga defiende que hacia los 9 años es posible ya educar en la afectividad a través de estrategias y el desarrollo de fortalezas para que los más pequeños puedan conseguir estar motivados y sentirse bien de forma mantenida y no brusca e intermitente, lo que a largo plazo ocasiona frustración. De lo contrario, en la pubertad y en la adolescencia, la idealización romántica, la exposición a la intimidad ante los extraños a través de las redes sociales y el contagio emocional seguirán siendo lo más buscado en las redes sociales.

   “Con la dopamina que se libera en estas situaciones sociales se consigue un placer rápido para el cerebro, una estimulación intensa que lleva a la dependencia POR estas relaciones breves y placenteras”, apunta la autora. Cuando ya los niños alcanzan los 12 años pueden entender que el amor es unir pasión con intimidad más reflexión.

   “El amor es un estado de fascinación, tenemos que hacer que recuerden cuándo se sintieron fascinados, explicarles que eso es el enamoramiento, una fascinación que empieza y termina”, añade.

EDUCAR EN FORTALEZAS Y ESTRATEGIAS

   Para Rodríguez educar en la afectividad es absolutamente necesario ya que nos hemos olvidado de hacerlo y en la actualidad cuenta más el currículo académico que los afectos.

   “Educar en las emociones y cómo progresan se ha dejado de lado, hay que explicarles qué pasa desde que la emoción les inquieta, cómo se transforma en sensaciones corporales como el calor y cómo la conducta es una reacción ante la emoción por lo que hay que enseñarles a reflexionar”, adelanta.

   Además, la autora afirma que educar en la afectividad supone un medio de prevención de la violencia de género. Cuanto más estereotipos y más relaciones rápidas se establecen más conexiones entre la posesión, los celos y la violencia se desarrollan y el amor idealizado se convierte en una droga que hace sentir a los adolescentes que no se pueden privar de ello.

   “Desde que los niños tienen 5 años se puede enseñar a gestionar las emociones y no esperar al traspiés de la afectividad que llega mal y tarde y se confunde con la educación a la sexualidad”, comenta Rodríguez, para quien es básico ayudar a los más pequeños a tener conexiones positivas con los demás.

   Hay que educar desde muy temprana edad en la sexualidad y la afectividad. Entre los 12 y los 17 años se produce un gran cambio físico y antes se deben empezar a trabajar las fortalezas emocionales entre los más pequeños.

   Las estrategias que se pueden utilizar para educar en la afectividad son, según la autora, la construcción de una idea personal del amor basada más en la fascinación que en los estereotipos hombre/mujer; que aprendan a conocer los sentimientos y emociones que emanan de sus actividades cotidianas para saber leer en su interioridad y estar más atentos a sus percepciones; enseñarles a proyectarse en el futuro para que imaginen cómo se ven en él, lo que incluye la relación de pareja.

http://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-san-valentin-adolescentes-digitales-evitar-amor-virtual-20160212070235.html?platform=hootsuite

El sistema educativo en general, y el español en particular, no se adecua al modelo de sociedad en la que vivimos. Una conclusión que se extrae del análisis realizado por profesores, neuropsicólogos, especialistas en neurociencia, estudiantes, pedagogos o políticos y que recoge el investigador estadounidense Jürgen Klaric en el documental “Un crimen llamado educación”. Se trata de un estudio realizado en más de catorce países en el que muestra la realidad del sistema educativo ante un modelo que no logra cubrir las necesidades de esta época. Un hecho, la falta de sintonía entre los modelos educativos actuales y las sociedades en las que se aplican, del que se hace eco en un momento de la película Pepe Múgica, expresidente de Uruguay, quien afirma que “la educación en el mundo está en crisis. No encaja demasiado, al parecer, con las exigencias del mundo contemporáneo”.

El modelo educativo en nuestro país está desarrollado en la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa o LOMCE, que gira alrededor de la evaluación y que no tiene en cuenta tanto el proceso como los resultados. Un programa que, según los expertos consultados, se basa en que todos aprendan lo mismo, al mismo tiempo, y en el mismo lugar, no dando opción a que un niño vaya madurando y avanzando en su aprendizaje de forma distinta. Todos tienen que ser iguales: no se entiende que algunos aprendan de otra manera o más despacio. Una estandarización de la educación a la que algunas voces definen ya como bullying institucional.

Según Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y Doctor en Psicología de la Salud, “el sistema educativo tiene muchos problemas y el más grave de todos ellos es el bullying institucional. No hay más que ir a una consulta de psicología infantil en cualquier lugar de España y escucharemos casos de niños a los que la escuela invitó a cambiarse de colegio porque no encajaban o no daban el nivel”. Asimismo, Bilbao manifiesta que, “en ocasiones, la escuela está más interesada en conseguir resultados que en educar” y señala que “es un grave error que el centro educativo no se esfuerce más en integrar a los niños a los que les cuesta más o para que los que van mejor ayuden a los que van peor, porque de esta manera se pierde una oportunidad muy valiosa de enseñar a los niños a construir una sociedad mejor”.

Un modelo educativo “antinatural”

Montse Hidalgo, directora de la Universidad de la Felicidad, speaker motivacional y experta en Neurociencia e Inteligencia Emocional, coincide en que el actual sistema educativo obliga a que todos aprendan lo mismo, al mismo tiempo, y de la misma forma. Una propuesta que, según Hidalgo, es “antinatural, porque si observamos cómo aprendemos, vemos que no todos aprendemos a andar al mismo tiempo, ni a hablar a la misma edad. El sistema en lugar de enseñarnos a pensar lo que hace es llenarnos de conocimientos. No desarrollan en los jóvenes la capacidad de pensar por sí mismos”.

Pero, pese a las importantes contradicciones en las que incurre nuestro actual modelo educativo, Bilbao no es partidario de desechar todo lo antiguo frente a un modelo íntegramente nuevo. En este sentido, el autor del libro “El cerebro del niño explicado a los padres” (Plataforma Editorial) señala que “sabemos que algunas de las habilidades más importantes para el cerebro son la creatividad y la curiosidad que van en sintonía con las nuevas corrientes de educación. Sin embargo, también sabemos que la persistencia y el autocontrol (presentes en los modelos educativos anteriores) son igual de importantes”. Por ello, en palabras de Bilbao, “no se trata de elegir sino de integrar. Los cerebros más inteligentes son aquellos capaces de integrar información aparentemente contradictoria. Si queremos un buen modelo educativo, debemos tomar ejemplo del cerebro e integrar distintos conocimientos”.

Una transformación del actual modelo implantado en los colegios que pasa porque todos los agentes implicados en el desarrollo del programa educativo se pregunten: ¿Para qué se estudia? Administración, empresas, centros educativos y universitarios, expertos en las distintas áreas vinculadas con la educación y, también, las familias.

Nora Rodríguez, creadora del programa Educar para la Felicidad Responsable y fundadora y directora de Happy Schools Institute, señala que “en un mundo global, dominado por la técnica y la economía, es necesario que niños y adolescente se pregunten, indaguen y creen su propio aprendizaje, pero también que aprendan que necesitan tener conexiones sociales positivas porque eso es lo que les va a permitir desarrollarse y sacar lo mejor de sí”. En este sentido, es necesario según Rodríguez, que los colegios “pongan el acento en habilidades evolutivas como el altruismo, la empatía o la compasión. Educar en sintonía con el cerebro”. Para lograrlo, es fundamental que los niños y adolescentes se pregunten para qué estudian, porque según Nora Rodríguez, “no se trata de que repitan lo mismo que dicen sus padres. Es necesario que encuentren sus propias respuestas, porque ahí está la verdadera motivación”. Una motivación que pasa por el placer de estudiar, percibir el placer de aplicar lo que aprenden, que en opinión de Rodríguez, “es lo que se ha perdido”.

¿Para qué educamos?

Y la forma de educar en sintonía con el cerebro, según la Fundadora de Happy Schools Institute, consiste en ser conscientes de que primero está el ser, después el saber y finalmente el tener. Pero, ¿cómo incorporar este pensamiento a nuestro actual sistema educativo? Según Nora Rodríguez, “primero hay que ver despertar el cerebro social, educar para la paz, y a partir de ahí, hay que poner el acento en los conocimientos, para poder después experimentar con las habilidades, los talentos o los conocimientos adquiridos, y compartirlos con los demás, construyendo ideas y proyectos con los que transformar la sociedad”.

Una transformación de la sociedad que pasa obligatoriamente por un cambio en la educación que reciben las nuevas generaciones, más acorde con su realidad. Hoy, además de las habilidades y capacidades que tenga una persona para realizar un determinado tipo de tarea o actividad, son necesarias una serie de competencias conductuales: autonomía, autoliderazgo, coherencia, integridad, capacidad de atención y de escucha, autorregulación, interés, curiosidad, autenticidad, responsabilidad personal y social, capacidad de reflexión, proactividad, pasión, motivación intrínseca, lógica divergente, humildad, aprendizaje continuo, empatía, capacidad de síntesis y de argumentación, gestión del tiempo o confianza. Es decir, las conocidas como “habilidades blandas”.

Montse Hidalgo cree imprescindible que nos preguntemos para qué educamos. “¿Educamos para generar personas que sean creativas, resolutivas, que posean habilidades sociales, que puedan emprender, etc.? Porque si lo que pretendemos es que las personas tengan empatía, habilidades sociales, resiliencia, sepan gestionar la incertidumbre, el cambio continuo o motivar a los equipos, entonces, el actual sistema educativo no es válido”, afirma Hidalgo.

Por ello, una sociedad tan compleja, cambiante y volátil como la actual tiene, en opinión de Álvaro Bilbao, su cara y su cruz: “La cara es que la mortandad infantil casi ha desaparecido y tenemos unas cotas de seguridad ciudadana y bienestar sin precedentes. La cruz es que una sociedad cada vez más compleja requiere de más conocimientos y habilidades para sobrevivir”.

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A veces los adultos decimos cosas a niñas y niños que no son tan inofensivas como parecen. Preguntamos por algunas de ellas a las psicólogas y creadoras del espacio virtual ‘ Mientras Creces’ , Cristina Castaño y Nuria Espinosa, y a la pedagoga y ‘coach’ educativa Ana Roa. Todas ellas saben lo fácil que es tropezar con alguna de estas piedras en forma de frase y por eso recomiendan que, al menos, seamos conscientes de ellas. Y, una vez dichas –también saben que no somos perfectos–, no caer en la culpabilidad, pero sí ser capaces de pedir disculpas y explicar a los más pequeños que los padres también se equivocan.

1. “Llorar es de niñas, no llores que te pones fea”

Las expresiones que establecen diferencias por razones de género solo consiguen dejar en un segundo plano las emociones. Así lo explica Cristina Castaño: “Con estas frases no permitimos a los niños tener emociones como la tristeza, la rabia o el miedo, que suelen estar detrás del llanto”. Y va más allá: “Asociamos que si un niño llora pierde fortaleza, virilidad, lo que fomenta en el futuro hombres que no reconocen lo que sienten, no pueden ponerle nombre ni expresarlo”.

Asociar el llanto a una menor belleza o a feminidad, primar la apariencia sobre las emociones se traduce en que “también las mujeres relegamos las emociones a la esfera de lo privado. Tenemos que ser princesas, comedidas, dar lo que se espera de nosotras”, analiza Castaño. Para Ana Roa este tipo de frases también están “fuera de lugar”, especialmente, cuando, como apunta “socialmente lo que se está trabajando es la igualdad”.

2 . “Princesa, qué bonita y guapa”

Aunque ve lógico que a veces “se nos escapen este tipo de cosas”, Ana Roa cree que hay que ser cuidadosos y que “los elogios deben hacerse a la totalidad de la persona y a las acciones más que al físico”. Para Cristina Castaño, el problema no radica tanto en elogiar a las niñas por su aspecto físico, sino en hacerlo de forma diferenciada con respecto a los niños. Es importante, en su opinión, destacar otro tipo de cualidades como la forma de ser o de actuar, que son las que “más aportan a la persona y las que ayudan a los niños a construir su propia imagen personal”, afirma. Para ella además este tipo de expresiones contribuyen a “encasillar” a las niñas en ciertos comportamientos frente a otros “clásicamente asociados a los hombres”, lo que puede condicionar en un futuro elecciones como los deportes o incluso la profesión.

3. “Mira cómo Fulanito sí se sabe atar los cordones”

Las comparaciones, asegura Ana Roa, “afectan muchísimo a la autoestima” y pueden fomentar la envidia, “un sentimiento muy perjudicial, con el que los niños sufren mucho y que es además muy complicado de reconducir como adultos”. Cristina Castaño recuerda que “cada niño es único y diferente y tiene unos ritmos, un nivel de maduración, una personalidad y unas circunstancias”, por lo que, en su opinión, “más que en comparar deberíamos preocuparnos por comprender realmente a cada niño, permitiendo que sea él mismo, entendiendo lo que siente y ayudándole a comprenderlo y poder expresarlo”. 

4. “Dale un besito a Pepito, anda, dale un besito”

Todos queremos que los niños sean educados, pero deben ser ellos quienes escojan el saludo y si dar o no un beso, pues, como en el caso de los adultos, se trata de un acto voluntario. Así lo explica Nuria Espinosa: “A ti hay gente que te apetece besar, pero a otros no y le das la mano”. “En lugar de forzar a dar un beso es adecuado preguntar a los niños si quieren hacerlo”, sugiere. Se trata, como también afirma Ana Roa, de aceptar que hay otras alternativas educadas como chocar las cinco, lanzar un beso, saludar con la mano, y no enjuiciar al niño por no ser “cariñoso”, respetar su desarrollo, su forma de ser o su apetencia en un momento determinado y “no insistir ni forzar, pues al final lo que podemos conseguir es rechazo”.

Espinosa añade otra idea: es importante que los niños aprendan “que no pasa nada por decir que no educadamente, pues, de hecho, van a tener que hacerlo muchas veces en su vida, también en las relaciones íntimas”. Desde su punto de vista, obligar a los niños a tener contacto físico o intimidad con extraños puede conllevar, en un extremo, “ciertas conductas de permisividad con los adultos que impidan detectar si uno de ellos está sobrepasando los límites”.

5. “¿Y a ti quién te gusta? ¿Tienes novio?”

Desconocidos y familiares insisten desde la broma en hacer preguntas que los niños no solo no están preparados para contestar sino que les pueden llegar a molestar. Para las terapeutas consultadas, no se trata de negarle a los niños la realidad del mundo de relaciones en que viven, ni de convertirlas en un tema tabú, sino, como dice Espinosa, de “no introducirles demasiado pronto en algo que es posible que aún no se hayan planteado y que quizá no tengan capacidad de contestar”. En opinión de Ana Roa es clave respetar el ritmo de maduración de niños y niñas y entender que a medida que crecen, no suelen gustarles este tipo de preguntas y, por tanto, “no son convenientes”.

6. “Que te caes, que te vas a hacer daño, cuidado”

A través de la crianza transmitimos muchos patrones, por lo que es importante que seamos conscientes y sepamos si actuamos, afirma Espinosa, “por nuestros propios miedos o por el bien de nuestros hijos”. “Si los padres ven el mundo como algo peligroso y así lo transmiten continuamente a los hijos, ellos lo verán igual, y esto limitará su aprendizaje y la adquisición de experiencias”, continúa.

Para Roa, esto tiene mucho que ver con la sobreprotección. “Los niños maman las inseguridades y la ansiedad de los adultos”, asegura, y, dado que aprenden por imitación, pueden acabar adoptando patrones y siendo, de hecho, como los padres les hemos transmitido. Roa cree que más importante que las palabras es el tono: “La carga emocional que transmite es muy fuerte y les asusta; les estás transmitiendo tu propio susto, una ansiedad muy elevada”.

No se trata, aclaran ambas, de dejar que los niños se pongan en peligro o de hacer las cosas por ellos, sino de ayudarles, como dice Espinosa, a “tomar decisiones adaptadas a su edad, acompañarles, alentarles y estar ahí sin dar por hecho que los resultados no serán buenos”.

7. “Si te comes todo hay postre”, “Si te portas mal no vienen Los Reyes”

La estrategia del premio y el castigo está desfasada y ya no es efectiva. Así lo cree Ana Roa, que aboga por la disciplina positiva, ser capaces de utilizar un mensaje positivo pero firme frente a la mera negativa. Y es que el chantaje, aunque puede ser efectivo a corto plazo, no lo es si miramos un poco más allá. Para Espinosa lo importante es “c onseguir niños que sepan pensar, que actúen conforme a unas normas sociales y morales y no que acaten las normas por miedo”. Serán entonces, afirma, “adultos sanos capaces de tomar las riendas de su vida de una forma adecuada”.

Como alternativa al premio o al castigo, ambas proponen trabajar sobre comportamientos concretos, enseñarles que algunos son “recompensantes” en sí mismos, tratar, en definitiva, de lograr un acuerdo en el que el niño sea capaz de colaborar e implicarse.

8. “Eres mala, qué torpe eres”

Las frases calificativas del ser afectan directamente a la autoestima. Así lo afirma Ana Roa, que insiste en una máxima: “Califica la acción pero no califiques al niño o niña”. En este sentido, propone frases como “esto puedes hacerlo mejor”, frente a “eres muy torpe” o “esto no se ha hecho bien, te has comportado un poco mal”, frente a “eres malo”. “Cuando un niño está asumiendo y está registrando cerebralmente que es malo, ese mensaje hay que desmontarlo porque es dañino y, a medida que crece, puede desembocar en actos de maldad porque está identificado con ese patrón”.

Nuria Espinosa también está de acuerdo en que no hay que etiquetar y hay que huir de expresiones generales como “pórtate bien” o “no te portes mal”. Y recuerda además que, aunque a veces simplemente tiene que ver con el nivel madurativo, en otras ocasiones, “con el comportamiento el niño nos está mostrando que algo no va bien”.

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 Es un momento de pánico. Estás discutiendo con tu hijo sobre alguno de los temas clásicos por los que todo adolescente y sus padres han peleado a lo largo de la historia desde que se inventó el lenguaje. Es posible que estés cansado, un día largo que te pilla con las defensas bajas. Y de repente sucede. Sin pensarlo, casi como un reflejo, salen de tu boca esas palabras que tantas veces escuchaste a tus padres y que, tantas veces también, te juraste no pronunciar nunca si alguna vez tenías tu propia familia. Pero ahí están y es posible que si haces un poco de memoria seas capaz de recordar lo que sentías al oírlas en tu más tierna adolescencia -aunque ahora siendo tú el padre lo de la ternura en la adolescencia te parece una broma-, pero no has podido evitar soltarlas. Y lo peor no es que te hayas convertido en tus padres: lo peor es que la mayoría de esas frases no aportan nada bueno.

Para esta ardua tarea hemos preguntado a tres expertos: Eva Bach, pedagoga, maestra y escritora de varios libros sobre adolescentes; Sonia Cervantes, psicóloga, escritora y terapeuta de programas como Hermano mayor, y Carlos Pajuelo, psicólogo, profesor en la facultad de Educación de la universidad de Extremadura y autor del blog Escuela de padres.

“Una frase como ‘me has decepcionado’ no debería decirse jamás. Le transmitimos que hay un punto de inflexión en el que el joven siente que no sabe si podrá volver a estar a la altura”

Antes de nada nos ofrecen consejos previos. “Con los hijos hay que pelearse, no queda otra”, asegura Pajuelo, que aconseja no olvidar que “los adolescentes son personas que están en formación” y esa educación depende de los padres. Por ello, “el adulto siempre es el que debe mantener la calma”, recalca Cervantes, Así que es mejor esperar un poco antes de enfrentarnos a lo que puede ser un problema. “Es importante que no queramos arreglar las cosas cuando el conflicto está candente”, puntualiza Bach. Y si todo falla, casi siempre hay solución. “A veces en las equivocaciones de los padres encontramos una oportunidad para enseñar”, señala Pajuelo.

Hemos seleccionado, con la ayuda de los especialistas, 15 frases que no se deberían decir…

“Me has decepcionado”

Es una de las frases más duras que pueden escucharse; a veces puede asomar a la punta de la lengua de los padres, pero es ahí donde se debe quedar porque, además, normalmente, no es cierta. Lo explica la psicóloga y escritora Sonia Cervantes: “Esto no debería decirse jamás. Le transmitimos que hay un punto de inflexión en el que el joven siente que no sabe si podrá volver a estar a la altura, y puede ser aún peor”. O sea, el adolescente puede pensar: “Si ya le he decepcionado, de perdidos al río”.

“Te lo dije”

Es posible que sea una de las frases más odiosas que todos hemos escuchado y la gran mayoría de las veces la oímos en nuestra adolescencia aunque lo cierto es que no sirve para absolutamente nada, a juzgar por lo que opinan los adolescentes. “Esta frase es una falta de confianza hacia el adolescente, le estás diciendo que creías que no era capaz”, señala Sonia Cervantes.“Hay que advertir antes. Después lo que habría que hacer es hincapié en el aprendizaje, que el adolescente aprenda del error”, remata Eva Bach.

“Ya lo entenderás cuando seas mayor”

La realidad de esta frase es que los padres no tienen una bola de cristal, así que no pueden saber que sus hijos entenderán en un futuro lo que les dicen ahora. “Es importante que lo que les decimos sea razonable y razonado”, asegura Bach. Y esta argumentación no es ni una cosa ni la otra, y en el fondo lo sabemos.

“Deberías aprender de…”

Si a ningún adulto le gusta que le comparen, y más en esos términos, con otra persona ¿por qué le iba a resultar agradable escucharlo a un adolescente? “Sólo comparamos una parte, la que nos interesa, del comportamiento de otra persona. Hay que demostrarles que tenemos confianza en que sabrán organizar su vida y educarles para ello”, argumenta Carlos Pajuelo.

“No es para tanto”

Quizás en esta frase hay un trasfondo positivo: intentar que nuestro hijo descubra que el que le haya dejado esa novia con la que lleva tres semanas en realidad no es el fin de su vida sentimental. Sin embargo, es una frase que hay que evitar porque puede ningunear los sentimientos del crío. “Para ellos son problemas importantes y serios y a veces es necesario estar mal. Tienen que aprender que hay veces que hay problemas, que no pasa nada por estar tristes ya que es parte de la vida. Y, además, deben aprender a superar los reveses”, afirma Pajuelo. La frase “no es para tanto” también tiene otra vertiente negativa, que señala Cervantes: “No fomenta la comunicación porque la próxima vez que le pase algo no te lo contará porque pensará que para qué”.

“No deberías fumar, beber, o cualquier otra cosa que nosotros sí hacemos”

“Los hijos aprenden con lo que los padres hacen, aprenden de su comportamiento”, asegura Pajuelo. Así que decirles que no deben hacerlo porque sí o utilizando la ya denostada frase “ya lo entenderás cuando seas mayor” no es demasiado útil. ¿La mejor opción? “Hablar. Hay que darles información y no perder los papeles”, sentencia.

“No me gusta ese chico/chica/amigo/amiga para ti”

Si nos retrotraemos a nuestra época de adolescente, recordaremos que oír esa frase de boca de nuestros padres era un aliciente inmediato para querer estar mucho más con esas personas. “Es mejor preguntar qué es lo que encuentra en estos amigos que le hace sentir bien, qué es lo que ellos le aportan. Ahí es donde nos puede dar pistas y podemos encontrar otras maneras de satisfacer esa necesidad”, indica Bach, que además hace de abogado del diablo y asegura: “Nos preguntamos pocas veces si nuestros propios hijos son una buena compañía”.

“Te daba un bofetón…”

Es cierto que, afortunadamente, cada vez es menos habitual encontrar a padres que recurren a la violencia, pero aún existen los que no la usan pero la mentan. “Se transmite que con agresividad y violencia las cosas se arreglan. Si te pegan, el que fracasa es el que da la torta no el que la recibe”, explica Cervantes. Por no hablar de que el aprendizaje en este tipo de situaciones es nulo. “Solo aprende a evitar la agresión de la forma que sea”, explica el especialista.

“Yo a tu edad…”

Tú a su edad pagabas con pesetas, jugabas en la calle hasta la noche casi sin vigilancia y viajabas en un coche sin cinturón de seguridad. “No se pueden comparar los tiempos: antes las cosas no eran mejores, eran diferentes. Nuestra sociedad actual ha generado otra forma de comportamiento”, argumenta Pajuelo. Sin olvidar que “los padres tenemos recuerdos selectivos”. Porque desde luego a ningún padre se le ocurriría ahora meter a sus hijos en un coche sin cinturón porque era lo que se hacía cuando él tenía su edad.

“Eres un maleducado”

Esto, si lo pensamos bien, es tirar piedras contra nuestro propio tejado. “No hay que olvidar que los educamos nosotros. Con esta frase no solo atacamos su autoestima, sino que además nos estamos descalificando a nosotros mismos”, apunta Bach. “Es un etiquetaje que debería corregirse con un ‘has actuado de forma incorrecta”, puntualiza Cervantes.

“Eres un inútil”

Al igual que con la frase anterior, esta no tiene nada de positivo: estamos etiquetando y además lo hacemos con una persona que está en plena formación, como si lo que hay ya fuera definitivo. En general cualquier frase negativa que contenga un “eres un…” es una mala idea. “Hay que centrarse en la conducta no en el individuo”, explica Cervantes.

“Ahí tienes la puerta, pero si sales no vuelvas a entrar”

“Esto es muy típico de padres flamencos que, por cierto, suelen tener hijos igual de flamencos que aceptan el envite y se van de casa”, reflexiona Pajuelo. “Cuando los hijos están descontrolados necesitan padres controlados”, añade. Y ese tipo de amenazas, son la antítesis a estar controlado.

“Como sigas así vas a ser un desgraciado”

“Esa frase solo asusta al que la dice”, asegura Pajuelo. Y volvemos a la premisa anterior: los adolescentes necesitan padres controlados, no que les suelten amenazas vanas y sin sentido. “Después de discutir con un adolescente, él normalmente dormirá sus ocho horas mínimo y sin embargo sus padres estarán desvelados”, observa. Así que cuanto más se conserve la calma, mejor.

“Me sacas de quicio”

Aquí culpabilizamos al adolescente de una reacción nuestra. “Los culpables somos nosotros. No nos sacan de quicio ellos, sino la situación y no sabemos cómo llevarla de una mejor manera”, sentencia Bach. Lo mejor es esperar un poco, calmarnos todos, y hablar cuando sea posible hacerlo de una forma productiva.

“Contigo no hay manera”

Estamos dando por perdida a una persona a la que, seguramente, le queden más de 50 años de vida. Entonces esta frase es, cuanto menos, un poco tajante. “Lo mejor es decir que tiene que haber una manera, lo que pasa es que hay que seguir buscándola. Así responsabilizamos al adolescente para que nos ayude a buscarla”, aconseja Bach.

Hay jóvenes en España entre 16 y 19 años que saben responder con una precisión asombrosa a la pregunta “¿a qué personaje público te gustaría parecerte de mayor?”. Uno dice: “Quiero ser embajador en Londres”. Y otros dos: “Cualquier policía nacional que cumpla con lo ordenado” o “A algún arqueólogo”. No todos ven las cosas tan claras más allá de sus padres: “Al 16 de marzo del 2017… [día de la encuesta] no tengo referentes válidos. Si acaso el aguante y el cariño de mis aitas”. Otros siguen creyendo que la tele es un buen destino y quieren ser como “ese colectivo de personas y programas en los cuales por contar la vida de los demás y no hacer nada cobran unos muy buenos sueldos”.

Los jóvenes tienes aspiraciones quizás parecidas a las de otras generaciones: éxito, fama y dinero, pero también dudas, vocación y desapego. El final de la adolescencia es una etapa difícil en todas las épocas. Una encuesta da Educa 20.20 y Fundación Axa, realizada por Gad3, permite bucear en las inquietudes de futuro de más de 12.000 jóvenes españoles. De todos esos, 5.800 respondieron a la pregunta a quién querían parecerse de mayores. La respuesta era abierta: podían escribir lo que quisieran.

El personaje que más coincidencias suscitó fue Amancio Ortega. La pregunta se respondía tras una encuesta sobre el futuro profesional y 236 jóvenes coincidieron en escoger al propietario de Inditex.

“Yo de mayor quiero parecerme a Amancio Ortega”

Llama sobre todo la atención el éxito de Ortega entre las chicas: es el personaje al que querrían parecerse que más repiten. Las siguientes aspiraciones femeninas son “mi madre”, Emma Watson y Steve Jobs. Los chicos colocaron a Bill Gates y Steve Jobs por delante de Ortega.

Estas primeras elecciones ya muestran algo más sustancial que el personaje elegido: las chicas eligen a hombres como referentes, pero los chicos no escogen a mujeres. Esto explica la enorme disparidad de género: entre los 100 referentes más repetidos hay el triple de hombres que mujeres. La investigadora de la Universidad Carlos III Silvia Claveria no está sorprendida: “Hay una escasez de referentes mujeres en las que puedas reflejarte y por eso es tan importante que haya presencia de mujeres en política, que los premios sean paritarios”, dice. El sesgo se repite cuando los jóvenes miran a sus padres. Muchos chicos (2,3%) y muchas chicas (2,2%) querrían parecerse a su padre. Pero los chicos apenas mencionan a sus madres: hay ocho chicas que tienen a su madre de ejemplo (2,4%) por cada chico (0,3%). La preferencia por la madre es, según los datos, el doble en los colegios concertados o privados que en los públicos.

También hay diferencias de género en la profesión de los referentes. Muchas chicas señalan a empresarios (8%), pero no tantas como chicos (15%). El segundo grupo más popular entre las chicas son los personajes del mundo del espectáculo (7%) —como cantantes y actrices— y luego sus familias (6%). Los chicos prefieren figuras del deporte (5,9%) después de los empresarios. También se fijan mucho más en personajes del mundo de la tecnología y creadores de videojuegos. Las chicas en cambio miran más al ámbito de la cultura, la moda, la arquitectura y la ciencia. Citan más profesiones, quieren ser “abogado de éxito”, investigadoras, médicos y profesoras.

“Yo de mayor quiero parecerme a Amancio Ortega”

El dominio del mundo de la empresa puede deberse a que la pregunta estaba al final de un cuestionario sobre el futuro educativo y laboral de los jóvenes: “Si las preguntas te han hecho pensar en el dinero, la comodidad, la incertidumbre, es más fácil que te venga imágenes de personajes con un éxito indiscutible que con un perfil aventurero o arriesgado”, dice Alberto Penadés, profesor de la Universidad de Salamanca. La formulación de la pregunta quizá hace que no piensen en referentes jóvenes, según Penadés: “El “de mayor” es impreciso. Debe lograrse que todos piensen en lo mismo, no unos en cuando tengan 30 años y otros, 50”, dice.

Algunas respuestas parecen provocaciones adolescentes: hay menciones a Franco, Hitler o Stalin. El actor porno Nacho Vidal o el jugador de póker Dan Bilzerian también son opciones escogidas. Hay comentarios jocosos: “Trump (me gusta su pelazo)”. Este tipo de bromitas casi siempre las hacen chicos. Hay jóvenes que se imaginan un futuro entre dúos tremendos: “Elon Musk o Antonio Gramsci”, “Enrique Jardiel Poncela y/o Juan Carlos Monedero”. Hay pocos políticos y los tres primeros son norteamericanos: Barack Obama, Donald Trump, Michelle Obama. El primer español es Mariano Rajoy, justo por encima de Mandela. Hay más chicas que quieren ser Mandela y los Obama -tanto ella como él-, mientras que el dominio para Trump y Rajoy es claramente masculino. También aparece remotamente la alta cultura: el pintor Gustav Klimt, el músico Gustavo Dudamel o el cineasta Andrei Tarkovski.

Quizá por la percepción de la edad, hay pocos referentes propios de la era de internet: el hacker Chema Alonso, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, o la instagramer Dulceida, que está poco por encima de Coco Chanel. Los jóvenes ya postmillennials tienen incluso algún referente muy querido por los veteranos de la generación X: aspiro a parecerme a “anibal smith me encanta que los planes salgan bien”, dice uno, en referencia al jefe del televisivo Equipo A.

Ángel-Pablo Avilés, o Angelucho, como se hace llamar, se ha convertido en el guardián de Internet. Compagina su trabajo de guardia civil con talleres de seguridad en la Red para todos los públicos. “Para estar seguro en Internet no hace falta ser informático”, repite constantemente en sus clases ante la incredulidad de sus oyentes, que suelen creer que es algo que se escapa a su entendimiento. Por ello, Avilés centra sus charlas en casos prácticos y con un lenguaje no técnico, para llegar al mayor número de personas y, sobre todo, de padres, que tienen que afrontar una era en la que los niños y niñas ya nacen con un smartphone bajo el brazo.

“La vida real de los niños ahora es la vida virtual, y los padres deben aprender a adaptarse para no dejarles huérfanos en Internet”, subraya Angelucho. Según él, si no se participa en la vida virtual del niño, le están dejando solo ante el peligro. A veces, avisa, los padres se olvidan de que entre su hijo y los riesgos no hay un dispositivo que lo proteja, sino que el niño o niña está en contacto directo con ellos. “Les estamos dando un Ferrari sin ni siquiera tener carnet, es decir, les damos un móvil de última generación sin que sepan usarlo de verdad”, explica. Para enseñar tanto a los padres como a los niños a conducir este bólido con seguridad, el agente colabora con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en su nueva campaña, que incluye una guía práctica y varios vídeos, algunos enfocados para adultos y otros para menores, que abordan los problemas más habituales.

El concepto de amistad ha cambiado radicalmente desde que Internet se ha adueñado de las relaciones personales. “En los talleres con los menores me presento como personas diferentes a mí y todos se echan a reír porque me ven y saben que es mentira, pero, en cambio, sí que se lo creen cuando conocen a alguien por Internet”, apunta el guardia civil. “Los niños hoy en día buscan el like por encima de todas las cosas y no les importa de dónde provenga”. Por ello, tienden a aceptar en sus redes sociales a todo el que le mande una petición de amistad, sin importarle quién está detrás de la pantalla. Para el experto, esto es tremendamente peligroso porque es cuando los ciberdepredadores se aprovechan, recaban toda la información posible sobre el niño o niña y comienzan el acoso, tanto virtual, como en la vida real, ya que pueden llegar a conocer hasta dónde viven o a qué colegio van gracias a las imágenes o comentarios que cuelgan en sus redes. Ante esta problemática, denominada grooming, la AEPD ha creado este vídeo como parte de los nuevos recursos enfocados a menores para que aprendan a proteger sus datos:

Para que los niños y niñas no compartan demasiada información en sus redes sociales, es necesario practicar con el ejemplo. “Si alguien que no conoces te para por la calle y te pregunta cosas sobre tu vida íntima, te incomodas. Entonces, ¿por qué vas a estar compartiendo todos los detalles de tu rutina en las redes ante millones de desconocidos?”, ejemplifica. Avilés recomienda tener el perfil privado y solo aceptar a los amigos de verdad.

Ante la eterna duda de a qué edad hay que comprarles un móvil, Angelucho lo tiene claro: “Desde el momento en el que nacen hay que dotarlos de tecnología porque es la manera de normalizar las cosas”. El experto añade: “Si tu hijo no la tiene, la va a buscar en otro sitio y no va a tener protección alguna. Es mejor que haya un clima de confianza y que recurra a los padres si le pasa algo en Internet”. Por ello, los adultos no deben sucumbir al miedo, sino que deben acompañar a los niños en su vida virtual, aunque esto no puede confundirse con controlarlos. Según Avilés, no es bueno espiarles o que detecten ese control parental porque tienen derecho a su privacidad. “La solución es integrarnos con ellos en su rutina tecnológica”.

El ciberacoso es otro de los riesgos más comunes en la infancia y adolescencia. Angelucho recomienda que lo primero que hay que hacer cuando tu hijo o hija lo sufre es decirle que no tiene la culpa, que solo está siendo la víctima. Después, se tendría que hablar con el centro educativo si sucede en el ámbito escolar, pero, si el acoso es muy grave, se podría incluso denunciarlo a la policía porque a partir de los 14 años hay medidas penales para los ciberacosadores. Por ello, este vídeo, que la AEPD ha realizado para ser visionado en las aulas, aborda esta situación:

Además, hay otros dos vídeos ilustrativos para las escuelas que tratan sobre el sexting (Un vídeo muy especial) o la dependencia tecnológica (Un crack del BMX). La AEPD considera que la distribución de estos materiales en los colegios es imprescindible para llegar a los más de ocho millones de alumnos escolarizados, por lo que solicita la colaboración de todos los actores implicados en la educación de los menores para que contribuyan a prevenir y concienciar de estos peligros. “Los vídeos responden a situaciones que todos tenemos presentes y donde los datos personales que los menores comparten en las redes sociales son claves para que puedan acontecer estos problemas”, declara Julián Prieto, responsable del Área de Menores de la Agencia.

Para los padres, la AEPD ha extraído de uno de los talleres impartidos por el guardia civil varios vídeos con temáticas concretas, a los que se puede acceder desde la web de la agencia de manera libre y según sus intereses o preocupaciones, como por ejemplo, cómo conseguir una contraseña segura o qué pasa con los depredadores en Internet.

Por último, la organización ha creado una nueva guía de Protección de datos en centros educativos. “Surge de la necesidad de dar respuesta a las dudas más habituales que plantean ante el Canal Joven de la organización, tanto centros docentes como profesores o las propias familias”, explica Prieto. También incluye un decálogo simplificado con los aspectos más relevantes para realizar un uso adecuado de los datos personales de los niños en los centros educativos.

https://elpais.com/elpais/2017/11/03/mamas_papas/1509697037_546234.html