La Comunidad de Madrid ha aprobado este martes tres asignaturas nuevas destinadas a “fomentar la convivencia, el respeto y la tolerancia” y para promover la creatividad y el emprendimiento entre los alumnos de Primaria de la región, y que serán incluidas en el currículo a partir del curso 2019-2020.

Las nuevas asignaturas son Convivencia; Convivencia, respeto y tolerancia; y Creatividad y emprendimiento. Según el Gobierno regional, “podrán ser impartidas por los centros públicos, concertados y privados que así lo decidan, dentro de su autonomía”, y siempre y cuando respeten el horario mínimo de sus asignaturas troncales.

Dado que en una de estas asignaturas se trabaja “el respeto a las víctimas del terrorismo”, el vicepresidente y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Pedro Rollán, ha respondido en la rueda de prensa posterior al consejo de Gobierno, a una pregunta acerca del rechazo hace una década por gobiernos del PP a implantar la asignatura Educación para la Ciudadanía, aprobada por el Gobierno del PSOE.

Según Rollán, el “malestar” del PP con esa asignatura tenía que ver con que “lo que pretendía principalmente, que era un adoctrinamiento” o la defensa de “un principio único”, mientras que las aprobadas ahora, ha dicho, son “de absoluto sentido común, con unos contenidos fundamentales que emanan de la Constitución española”.

Con respecto a la parte de las víctimas del terrorismo, ha dicho Rollán, se trata de “asuntos troncales que hoy no puede permitirse que formen parte del pasado, sino del presente y tienen que ser conocidos en el futuro”, puesto que -ha añadido- hay niños de entre doce y quince años de edad que “prácticamente no conocen lo que fue la historia de la relación entre España y la banda terrorista ETA”.

“Eso hay que ponerlo encima de la mesa por dignidad, reconocimiento y respeto a todos aquellos a quienes les arrebataron su vida”, ha dicho Pedro Rollán.

La materia de Convivencia será impartida en los cursos, primero, segundo y tercero; la de Convivencia, respeto y tolerancia en los cursos cuarto, quinto y sexto, y la asignatura de Creatividad y Emprendimiento se dirigirá a alumnos de quinto y sexto “para mejorar su capacidad de iniciativa y el trabajo en equipo”, según el decreto que ha aprobado este martes el Consejo de Gobierno.

Estas materias se unen a la de Tecnología y recursos digitales para la mejora de aprendizaje que ya se ofertaba como área de libre configuración en Primaria.

En los casos de las asignaturas de Convivencia y la de Convivencia, respeto y tolerancia, en ambos casos los contenidos se distribuirán en siete bloques: Valores, Inteligencia emocional y Habilidades sociales, Convivencia, Derechos humanos fundamentales, Comunicación, Respeto y tolerancia en el juego, y Violencia y acoso escolar.

En los contenidos se trabajará para que los alumnos conozcan los principales valores humanos, se les ayudará a comprender las emociones, empatizar y ser asertivos, y se les enseñará a convivir con los demás en una sociedad regida por el respeto y la paz, explica la Comunidad de Madrid en una nota.

Además, los alumnos tendrán que estudiar la regulación de los derechos humanos, comprender la importancia de saber comunicarse en la vida social y aprender a identificar y distinguir el acoso escolar de otras situaciones que puedan presentarse en su entorno.

También se trabaja el respeto a las víctimas del terrorismo y se apuesta por los valores del deporte, fomentando el juego limpio y respeto en los actos deportivos.

La asignatura opcional de Creatividad y Emprendimiento estará dividida en tres apartados: Competencia emprendedora y espíritu creativo, Cualidades y valores del emprendimiento y Plan de emprendimiento.

https://elpais.com/ccaa/2019/02/20/madrid/1550660905_114778.html?id_externo_rsoc=FB_CM&fbclid=IwAR1oHJ4sSG3zuArZ2WgO6iYQM3M6ki3i_-oQgQECJy7CwgmvIo9RAC8mbR0

La mayoría de los niños españoles, el 80%, considera que la herramienta más eficaz para atajar el acoso escolar es la mediación de los compañeros que son testigos de este. Sin embargo, según un estudio de la Fundación ANAR, una de las más activas abordando este drama, solo el 23,7% reconoce actuar cuando presencia un caso en el colegio. Por ello, la Fundación Mutua Madrileña y Disney España estrenan este miércoles una campaña dirigida a todos los menores con el lema #ActivaTuPoder, y que pretende sensibilizar a los niños para aumentar el porcentaje de chavales que decide romper el silencio, que es “cómplice”, según el director general de la Fundación de la Mutua, Lorenzo Cooklin, y ponerse del lado de la víctima.

Los datos del estudio de ANAR y Mutua Madrileña reflejan que la edad media de las víctimas de acoso escolar se sitúa en los 10 años, aunque este alcanza a los chavales entre 8 y 14. Y lo sufren más los chicos (53,2%) que las chicas (46,8%). Además, los menores tardan alrededor de 13 meses de media en pedir ayuda, y en el 75% de los casos la violencia que sufren es diaria. Las formas más recurrentes de maltrato son insultos; golpes y patadas; empujones y zarandeos y aislamiento. Aunque, como ha precisado Cooklin, “el aislamiento puede ser más hiriente que un puñetazo”.

Para evitar que los más vulnerables sufran esta violencia, Disney aporta a la campaña los personajes animados más populares de la compañía. “Pretendemos que los héroes sirvan de inspiración a los testigos del acoso y estos se pongan del lado de las víctimas”, ha dicho José Vila, vicepresidente de la compañía de animación en España y Portugal. En el anuncio, que han dirigido los cineastas César y José Esteban Alenda, dos niños se topan con un caso de acoso en el pasillo del colegio y en ese momento recuerdan a todos los héroes de la factoría Disney, que les inspiran para detener y señalar al abusador. Estos hermanos, nominados este año al Goya en la categoría de mejor dirección nobel por Sin Fin, han asegurado que el anuncio persigue “que todos los niños cuando lo vean piensen que ese puede ser su instituto”.

El 80% de los menores cree que la movilización de los compañeros es la mejor arma contra el acoso escolar

El maltrato que sufren los pequeños por parte de los acosadores les deja importantes secuelas psicológicas. Según el estudio de ANAR, el 68% manifiesta síntomas de depresión, ansiedad, sensación de miedo permanente y de soledad. Ese es el motivo por el que los responsables de la campaña han hecho un llamamiento a los padres para que permanezcan vigilantes si observan estos sintomatogía en sus hijos. También si sus hijos son los acosadores. La campaña de Disney se emitirá a través de todos los canales de comunicación de la compañía, entre ellos la cadena de televisión Disney Channel que, según la propia compañía, alcanza al 86% de la población infantil en España. Además, participarán en ella protagonistas de programas españoles dirigidos a adolescentes y líderes de opinión para ellos como Rebeca Terán, Hugo Marker y Alberto TM a través de las redes sociales.

El 80% de los menores cree que la movilización de los compañeros es la mejor arma contra el acoso escolar



https://elpais.com/sociedad/2019/02/13/actualidad/1550061896_811046.html

No tuve la suerte de poder crecer con un ordenador. Cuando era niña, jamás hubiese podido imaginar ni la mitad de cosas asombrosas que los ordenadores o los teléfonos inteligentes llegarían a hacer hoy en día, por no hablar del hecho de que estuvieran al alcance de casi todo el mundo, pudiendo llegar a tener incluso más de uno

Hoy no nos sorprende el hecho de que los niños crezcan teniendo la tecnología a su alcance. Algo que puede tener un uso muy positivo: Internet es un espacio creativo donde los jóvenes pueden tener voz, desarrollar su imaginación y también buscar apoyo y asesoramiento cuando sea necesario. Sin embargo, todos tenemos la responsabilidad de garantizar que Internet y la tecnología, en general, puedan usarse de manera segura. Como proveedor de tecnología, la responsabilidad de Google es garantizar la seguridad y funcionalidades para reportar un mal uso en nuestros productos, así como educar a las personas sobre cómo hacer un uso más seguro de la Red.

Parte del trabajo que hacemos es ayudar a los padres a sentirse seguros y con confianza de cara a enfrentar cualquier conversación sobre seguridad online con sus hijos. Al igual que me sucede a mí, la mayoría de los progenitores no han crecido rodeados de altavoces inteligentes, asistentes virtuales y ordenadores que caben en un bolsillo, así que en este sentido, sus hijos están a años luz de ellos en capacidad para entender el funcionamiento de estas herramientas digitales.

Sin embargo, los padres siempre van a saber mejor que nadie cómo enfocar conversaciones especialmente complicadas y qué es lo más apropiado para sus hijos, por lo que queremos ayudarles a hacerlo también en el ámbito online. Por ejemplo, a través de Family link pueden, de manera sencilla, crear ese ecosistema de uso y consumo digital saludable y conocer de qué manera sus hijos navegan en el entorno de Internet.PUBLICIDAD

Creemos que la tecnología e Internet van a estar cada vez más presentes en nuestras vidas, por lo que es responsabilidad de los agentes tecnológicos, donde se encuentra Google, proporcionar las mejores herramientas a padres, profesores y niños para que comprendan cómo utilizan Internet y para que las familias estén seguras en la Red.

Aquí van algunos consejos para que los padres puedan enseñar a sus hijos a tomar las mejores decisiones y mantenerlos más seguros en Internet:

1. Inculca buenos hábitos en el uso de contraseñas

Muéstrales cómo convertir una frase memorable en una contraseña que sea segura. Utiliza al menos ocho caracteres que alternen el uso de mayúsculas y minúsculas e intenta que algunos de ellos sean símbolos y números. Ayúdales a comprender qué es lo que hace que una contraseña sea débil, como utilizar tu propia dirección, fechas de cumpleaños, 123456 o “contraseña”, todas ellas muy fáciles de adivinar. Enséñales que es preciso pensárselo dos veces antes de introducir su contraseña en cualquier lugar y que deben comprobar que se trata de una app o sitio web seguro. Además, puedes animarles a tener distintas contraseñas para sitios o apps diferentes. Pueden tener una contraseña principal a la que añadir algunas letras dependiendo de la aplicación.

2. Crea normas en la familia sobre lo que se puede compartir

Establece unas reglas claras en la familia sobre lo que no se puede compartir online, como fotos o información privada. Podéis practicar y haceros algunas fotos juntos y comentar cómo compartirlas de manera responsable. Por ejemplo, invita a tus hijos a pensar antes de compartir cualquier fotografía, no solo las suyas, sino también aquellas en las que aparecen otras personas. Recuérdales que deben pedir permiso si no están seguros. Háblales sobre los inconvenientes de compartir demasiado y ayúdales a comprender los efectos a largo plazo de publicar información en la Red. Se trata de una práctica que deberías aplicar tú mismo, pensando detenidamente qué información sobre tus hijos compartes online y lo que pensarán de ello cuando sean adultos.

3. Fomenta el diálogo sobre el acoso online

Habla sobre el ciberacoso y sobre casos en que algunas personas han empleado plataformas online para dañar intencionadamente a otras personas. Planea de antemano a quién deben acudir tus hijos si presencian o experimentan estas situaciones. Pregúntales si ellos o sus amigos han pasado por una experiencia similar. Algunas de las preguntas que les puedes plantear son: ¿qué ocurrió exactamente? ¿cómo te sentiste? ¿pensaste que podías pararlo si se lo contabas a alguien? Debes dejar claro lo que esperas de ellos en la Red. Un buen punto de partida es enseñarles a tratar a los demás tal y como quieres que te traten a ti, y mostrarles que solo deben decir online aquello que también dirían frente a frente.

4. Ser respetuoso, con uno mismo y con los demás

Todos necesitamos que nos recuerden que detrás de cada nombre de usuario y de cada foto de perfil hay una persona real, con sentimientos reales que debe ser tratada como tal. Una buena norma a aplicar en la vida digital es “tratar a los demás como te gustaría que te tratasen a ti”. Los niños también pueden dar un buen ejemplo en la Red, convirtiéndose en una influencia positiva para sus amigos, sin fomentar malos comportamientos ni responder o dar “me gusta” a comentarios o posts potencialmente dañinos.

5. En caso de duda, dialoga

Cuando tus hijos se encuentren con un tema sensible, deben poder sentirse cómodos para hablarlo con un adulto de confianza. En este sentido, es fundamental que exista siempre una vía de diálogo abierta en casa. Es importante que sepan a quién pueden dirigirse si se encuentran en Internet con algo que pueda hacerles sentir incómodos, es decir, una persona de confianza que les ayude a procesar esa información.

No es ningún secreto que vivimos inmersos en una cultura del alcohol. Lo vemos en nuestras fiestas más emblemáticas, en las celebraciones familiares o sociales y en la mayoría de series y películas que encontramos en los suculentos catálogos de Netflix o HBO. El alcohol está por todas partes. Sin olvidarnos, por supuesto, de las vallas publicitarias, de YouTube y de redes sociales como Twitter, Instagram o Facebook. No es de extrañar, por tanto, que si el alcohol forma parte de nuestras vidas, también sea la sustancia psicoactiva más consumida entre los jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años. Así lo recoge el último informe del Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías (2017), que sitúa la edad media de inicio en su consumo entre los 13 y los 16 años.

Para Xavier Pons, profesor del Departamento de Psicología Social de la Universitat de València, a esta cultura del alcohol y a las costumbres del mundo adulto, que incorpora el alcohol a todas sus actividades sociales, se une un factor más: el de la cultura de la despreocupación. “Nuestra sociedad ha creado una cultura de la banalidad y la despreocupación, que también es argumento para el consumo alcohólico en los jóvenes. La mayoría de niños son educados, cuando son niños, en los valores de la moderación, la prudencia, el autocontrol, el rigor, la responsabilidad… Esos valores deberían desembocar, más adelante, en actitudes y conductas consecuentes, tales como no beber alcohol y no abusar, si sabes (y lo sabes) que es perjudicial. Sin embargo, ese niño va creciendo y haciéndose adolescente en una sociedad que le transmite otro tipo de realidad: si es divertido es bueno. Da igual si es sano, ético, razonable, veraz, prudente, bello, inteligente, o si es todo lo contrario; mientras sea divertido será aceptable. No hay reparo alguno para la diversión en la sociedad de la despreocupación; todo lo que interfiera en la diversión será apartado u olvidado, y todo lo que la facilite será bien recibido”, explica.

Sumemos dos cuestiones más. Por un lado, el deseo de descubrimiento innato de la propia adolescencia, una etapa en la que, según Miguel Fuster, psicólogo clínico, “no se tiene la misma sensación de peligro a la hora de tomar decisiones; lo que lleva a un mayor aprendizaje pero, también, a ser más vulnerables como individuos ante los riesgos por falta de capacidad de evaluación de las consecuencias negativas”.

En el Grupo de Trabajo Alcohol y Alcoholismo de la Sociedad Española de Medicina Interna se hace hincapié en la neurotoxicidad y neuroinflamación que ejerce el alcohol en jóvenes, sobre todo en la modalidad de consumo en “atracones” o binge drinking (“botellón”). Su coordinador, Francisco Javier Laso apunta que cualquier consumo de alcohol es de “riesgo”, y tiene especial impacto en la adolescencia, “ya que han podido observar que implica consecuencias estructurales y funcionales en el sistema nervioso cuya “maduración” se está desarrollando, lo que promueve la aparición precoz de dependencia alcohólica”. Lo sugieren múltiples estudios, uno de los más recientes el publicado por investigadores suecos en enero en la revista Journal of Hepatology, en el que a través de un seguimiento a 40 años de 43.000 varones en Suecia, se asoció el consumo de alcohol en la juventud con un mayor riesgo de hepatopatía grave. Un riesgo que, aunque dependiente de la dosis, se encontraba desde el primer gramo de alcohol.

¿Permitir o prohibir?

Con un panorama tan desolador y complicado, cabe preguntarnos si como familia está en nuestra mano convertirnos en un “factor” de protección y prevención, o si por el contrario podemos acabar añadidos a la lista de factores de riesgo mencionados sin que tengamos conciencia de ello.

Un reciente trabajo publicado en el Journal of Adolescent Health y dirigido por la investigadora Jennifer L. Maggs, Parents Who Allow Early Adolescents to Drink, nos plantea la cuestión de que una actitud más relajada y permisiva con respecto al alcohol, con la creencia de que esto enseñará a nuestros hijos a beber con sensatez, puede ser un factor de riesgo para una iniciación temprana en el consumo de alcohol, incluso de problemas más graves a posteriori. La investigación, además, pone en evidencia que el nivel socioeconómico y cultural de los padres no es un factor protector sino más bien al contrario: un mayor nivel social y económico puede ser un factor de mayor riesgo para el consumo, ya que ese poder económico puede suponer una mayor disponibilidad económica también para los hijos, y con ello el acceso más fácil a esta sustancia.

“La sociedad ha creado una cultura de la banalidad, que también es argumento para el consumo alcohólico en los jóvenes”

Si la permisividad mantenida por los padres incrementa la probabilidad de consumo en los hijos adolescentes, ¿es la prohibición del alcohol la solución? Señala Xavier Pons que niños y adolescentes tienen que aprender a convivir con ciertas restricciones conductuales, “porque se van a encontrar con muchísimas en su vida adulta y tendrán que adaptarse a ello”. Por eso, entiende que las restricciones razonables ayudan a educar la tolerancia a la frustración y la responsabilidad. Y, muchas veces, la salud. Añade el profesor e investigador que, aunque está muy arraigada la idea de que lo prohibido resulta más atractivo “y acaba haciéndose más”, no hay ninguna evidencia de que eso sea así. “Las cosas son mucho más complejas que eso. Por ejemplo, siguiendo esa lógica, podríamos decir “prohibido estudiar” y a todos los chavales les entrarían unas ganas enormes de ponerse a estudiar, pero nada es tan simple. De hecho, lo prohibido suele acabar desapareciendo a largo plazo, siempre que junto con la prohibición haya un control de la conducta que se restringe”, argumenta.

Para Pons, además, lo que convierte al alcohol en algo atractivo no es que los adultos lo prohíban, sino que “los adultos lo consumen” y que los adultos “lo califican de peligroso para los jóvenes”. Por tanto, estamos aportando valor positivo y atractivo al consumo de alcohol sin darnos cuenta. “Para un adolescente abstenerse de hacer algo “peligroso” por el hecho mismo de serlo supondría manifestar indecisión o debilidad, mientras que hacerlo significa ser alguien “enrollado”, valiente, atrevido,… Es eso, más que ser “rebelde”, lo que motiva al adolescente. Realmente, hay poca rebeldía en hacer lo mismo que se ve que hacen los adultos, que son los que han institucionalizado el alcohol y lo comercializan”.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de hablar y actuar con un niño de 15 años sobre el alcohol? ¿Qué herramientas tenemos para hacerles resistentes ante la cultura del alcohol? La respuesta del investigador valenciano es clara: “No pensar que es un niño, porque, aunque para nosotros lo parezca, él o ella no lo va a ver así y no lo va a admitir. A los 15 años es normal creer que uno lo sabe todo de la vida y son sus padres los que no se enteran. Pero, al mismo tiempo, uno es consciente de estar sumido en una vorágine de dudas, que le cuesta mucho admitir, porque esas dudas no son congruentes con la imagen de fortaleza que desea proyectar. Esto no es malo, en el sentido de que se irá ajustando con la edad. Lo que pasa es que esa incertidumbre es terreno abonado para que los que comercializan el alcohol saquen beneficio”.

Para el psicólogo Miguel Fuster la idea de la prohibición como alternativa lleva a un problema igual que el que acarrea la permisividad, y opina que todo va a depender más de qué relación tengan los padres con el uso de sustancias como el alcohol y las drogas. “La mejor manera de hablar y de actuar es que haya una consistencia en mi manera de relacionarme con el alcohol y lo que yo les pido a mis hijos. Si hay una consistencia entre lo que yo digo como padre y lo que yo hago como padre el mensaje calara en mis hijos. Si hay una inconsistencia, mis hijos aprenderán de lo que yo hago y nunca de lo que yo digo. El mensaje verbal pierde toda su fuerza”.

Revisar nuestros hábitos y actitudes

La mayoría de nosotros, además de una baja percepción del riesgo que entraña el consumo de alcohol, no tenemos conciencia de cuándo y cuánto bebemos delante de nuestros hijos. “El 75 % de los individuos que bebe excesivamente cree que toma una cantidad “normal” de alcohol. Aunque frecuentemente en los medios surgen noticias sobre las bondades del consumo de pequeñas cantidades de alcohol, los estudios rigurosos demuestran que no hay ningún efecto saludable, y como indica la OMS: alcohol, cuanto menos mejor”, explica F. Javier Laso. En este sentido, el coordinador considera que si los padres tienen “información incompleta y sesgada”, no es de extrañar que se obvie hablar con los hijos sobre los riesgos del alcohol y que se considere su consumo como algo socialmente “natural”. Y es esa actitud permisiva parental “por ignorancia de riesgos” la que considera un hecho determinante para el consumo de alcohol en los adolescentes.

Preguntémonos honestamente cada uno de nosotros: ¿Qué pasaría si preparo una fiesta con adultos en mi casa en la que NO hubiese alcohol?

Y es que, además, muchos padres beben delante de sus hijos de manera habitual. Quizás los fines de semana, en bares, en el propio hogar. Señala Xavier Pons que hay muchos estudios que comprueban que en familias de padres bebedores habituales (no necesariamente alcohólicos) es más probable encontrar adolescentes bebedores abusivos, que en familias de padres abstemios. “Los hijos adquieren muchas conductas y actitudes por imitación de los padres. También los hábitos saludables/insaludables. Y, efectivamente, tiene más influencia en el hijo lo que ve que hacen sus padres que lo que estos dicen”, cuenta Pons.

Poca utilidad encuentra el psicólogo Miguel Fuster en las campañas centradas en las consecuencias del alcohol si no son acompañadas de coherencia en el uso que hacemos como adultos del alcohol. “Preguntémonos honestamente cada uno de nosotros: ¿Qué pasaría si preparo una fiesta con adultos en mi casa en la que NO hubiese alcohol? ¿Cómo reaccionaríamos todos y cada uno de nosotros? Desde ese planteamiento, ¿qué podemos hacer si asumimos que el alcohol es algo presente en nuestra vida? Seamos coherentes y el mensaje tendrá sentido”, plantea.

Opina Xavier Pons que las campañas de prevención que comenzaron en los primeros años ochenta del siglo XX han servido para crear a lo largo de todo este tiempo una actitud más crítica hacia el alcohol en la sociedad (“Somos más conscientes de sus riesgos que en generaciones anteriores, esa idea ha calado en la sociedad”), pero sabe que una campaña preventiva no va a servir para disminuir drásticamente el consumo juvenil de alcohol. “Conocer los riesgos que supone el abuso de alcohol no disuade a los jóvenes de iniciar y mantener su hábito de consumo; eso está totalmente comprobado por casi 40 años de investigación al respecto. Además, los que publicitan y comercializan el alcohol han sabido conectar con los adolescentes mejor que los que diseñan campañas preventivas”, se lamenta y vuelve a incidir en lo que señalábamos al principio: el consumo de alcohol responde a un modelo cultural arraigado y a un modelo de sociedad determinado por lo que, según concluye Pons, tendríamos que modificar radicalmente los valores culturales imperantes. Y no es nada fácil, no, salvo que empecemos por nuestras propias trincheras familiares.

https://elpais.com/elpais/2018/02/12/mamas_papas/1518421876_113910.html

Durante años, Pablo se hizo la misma pregunta: ¿cómo puede una persona estar tan enganchada a la tragaperras? Se refería a un hombre que veía todas las mañanas en la cafetería donde iba a desayunar. Siempre estaba jugando. Tiempo después se lo volvió a encontrar, esta vez en una terapia de rehabilitación para ludópatas. Ambos eran adictos al juego, con la diferencia de que los 340.000 euros de deuda de Pablo no venían de gastar dinero físico, sino de apostar online, un mercado que atrapa a cada vez más jóvenes y que crece a doble dígito en España, impulsado por unos anuncios que han invadido todos los soportes a la espera de que se apruebe un decreto definitivo que regule su emisión, pendiente desde 2011.

Los anuncios del juego ‘online’ se disparan y los más jóvenes se enganchan

“Pensaba que no era como él”, confiesa Pablo, de 33 años y empleado de banca. Pide usar un nombre ficticio antes de empezar a contar lo poco que tardó en engancharse. Gran aficionado al fútbol, empezó a jugar online con 20 años. “Apostar por internet es muy accesible y extremadamente adictivo”, asegura, en un país donde el 93% de la población ya tiene móvil a los 14 años, según el Instituto Nacional de Estadística. Ahora ve los partidos con cuentagotas y solo cuando ya han arrancado, para evitar tragarse la publicidad de apuestas, que le genera profundo rechazo.

En 2017, se emitieron más de 2,7 millones de anuncios de juego online en todos los soportes, según la consultora InfoAdex, frente a los 128.000 de 2013. Aunque todavía represente un segmento pequeño sobre el conjunto de la industria, el sector digital crece tanto en ingresos como en inversión en marketing, destinada sobre todo a anuncios y bonos, otra estrategia que hace mella en públicos de todas las edades.

“Quienes más sufren este bombardeo publicitario son los jóvenes y los que padecen alguna patología del juego”, comenta Susana Jiménez, psicóloga clínica y coordinadora de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Bellvitge, que cada año atiende entre 350 y 400 nuevos casos de relacionados con la adicción al juego. “Son los más sensibles a iniciarse o recaer con la publicidad”. Según el informe de percepción del juego de la Universidad Carlos III, alrededor de 230.000 personas menores de 35 presentan un “alto riesgo” de adicción en España, y los jóvenes se inician cada vez antes a esta actividad.

La prevalencia de jugadores problemáticos en España es sin embargo tan solo del 0,3%, según los estudios clínicos disponibles. Bayta Díaz es psicóloga en la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL) donde Pablo lleva tres años en terapia. Explica que no existe relación directa entre publicidad y ludopatía, reconocida oficialmente como una adicción del comportamiento sin sustancia, pero señala que los anuncios están dirigidos a aumentar el consumo, y con ello el riesgo. “Es como si vendieran cerveza en un colegio”, ejemplifica. “En el Plan Nacional contra las drogas se habla de consumo como variable de riesgo para desarrollar una patología; igual deberíamos de tenerlo en cuenta con el juego también”.

Un negocio que crece año tras año

El canal virtual se ha convertido en la joya de la corona de un mercado que en su conjunto, sumando el juego físico, mueve menos dinero que hace diez años. En 2017, el segmento online ingresó 560 millones de euros —descontados premios y reapuestas—, cinco veces más que en 2013. Las apuestas deportivas son las grandes protagonistas de esta evolución, según datos de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) y el Consejo Empresarial del Juego (Cejuego), que aclara que, pese a su auge imparable, el negocio digital todavía supone una pequeña parte de la facturación total de la industria.

La ley de 2011 que regula el juego online establecía que se adoptara una norma específica para los anuncios, que todavía no ha visto la luz. De momento, la referencia han sido la Ley General de Comunicación Audiovisual y un código de conducta cuya adhesión es voluntaria y cuya aplicación está supervisada por Autocontrol, organismo independiente integrado por firmas del sector, medios y agencias de comunicación, anunciantes y otras empresas. A finales de 2017, el Ministerio de Hacienda redactó un segundo proyecto de decreto ley —el primero fue en 2015, pero no llegó a aprobarse— que todavía está en tramitación.

Entre otras limitaciones, el borrador prohíbe que se traslade la idea de que el juego se relacione con el éxito personal y profesional, y obliga a incluir la coletilla Juega con responsabilidad en los mensajes, frase que también tendrán que pronunciar los rostros conocidos que protagonicen los anuncios. Asimismo, veda la emisión en horario infantil, tal y como establece la ley audiovisual, prohibición que sin embargo no se está respetando según los datos facilitadas por Infoadex. El texto tampoco tiene la capacidad de regular los anuncios en Internet más allá de los filtros presentes en las redes sociales, confirman fuentes del Ministerio de Hacienda, quienes no concretan una fecha para la aprobación de la norma.

Los anuncios del juego ‘online’ se disparan y los más jóvenes se enganchan

“Esperamos que el decreto no ponga patas arriba el sector”, comenta Miguel Ferrer, portavoz de la Asociación Española del Juego Digital, Jdigital. Ferrer confía en que la regulación final no sea excesivamente restrictiva y que las condiciones sean iguales para todos, también para las Loterías del Estado. “La publicidad y el marketing son la única vía de captación que tenemos porque no contamos con tiendas físicas”, mantiene.

Iconos de los jóvenes

Hibai López, investigador en la Universidad de Deusto, explica que la exposición prolongada al bombardeo publicitario y la elección de deportistas de elite o personajes famosos como protagonistas de los reclamos, a menudo íconos para el público más joven, contribuye a normalizar esta actividad. “Es preocupante. La gente que está en tratamiento dice que es difícil pensar que haya consecuencias negativas si lo promociona una persona a la que respetas”.

Alberto (nombre ficticio) tiene 29 años y hasta hace unos meses nadie de su entorno sabía de su problema con las apuestas. Empezó con 19 años y acumuló 60.000 euros de deuda. “Los anuncios refuerzan la idea de que jugar es normal”, cuenta en la sede de Apal después de salir de terapia. “Soy un apasionado del fútbol desde pequeño y cuando empezaron las apuestas deportivas pensé que había llegado una oportunidad. Ahora me afecta cuando veo anuncios en la tele”.

Solo en los tres primeros meses de 2018, previos al Mundial de fútbol, las empresas gastaron casi el 40% de los 112 millones que destinaron a anuncios en todo 2017, según el anuario del juego de la Fundación Codere, frente a los 70 millones de 2013 contabilizados por la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ). Esta inversión, en conjunto, supera a la que realizan gigantes como El Corte Inglés, según InfoAdex. “Hicimos un esfuerzo adicional”, asegura Ferrer.

Un voluntario de la asociacion APAL para tratar la ludopatía.
Un voluntario de la asociacion APAL para tratar la ludopatía. Samuel Sanchez

A finales de 2017, el Consejo Audiovisual de Andalucía pidió que se prohibiera cualquier tipo de publicidad de juego online por radio y televisión en horario de protección de menores, tras constatar que varios anuncios se emitieron en esta franja y que en otros casos no se pudo distinguir entre los reclamos y la narración de los locutores durante las retransmisiones deportivas.

Manuel es voluntario en Apal y asegura que en los últimos tres años llegan cada vez más personas de entre 20 y 30 años adictos al juego online, muchos de ellos enganchados a las apuestas deportivas disponibles en cualquier momento en un mundo cada vez más conectado. “Siempre cuentan lo mismo: que es cada vez más rápido”, asegura este hombre de 53 años que también pide usar un nombre ficticio y que hace poco salió del túnel en el que cayó a golpe de apuesta. “Llegas a perder la perspectiva del deporte; para mí se convirtió en algo que ya no disfrutaba”, confiesa.

Diferentes estudios sobre el juego elaborados por la DGOJ y la Universidad Carlos III señalan que alrededor de 900.000 usuarios habían jugado online al menos una vez en junio, y casi un millón y medio se había conectado durante 2017 para hacer apuestas deportivas. Pero son los más asiduos, entorno al 20% los que generan el 80% del beneficio. José Antonio Gómez Yáñez, sociólogo de la Universidad Carlos III, sostiene que los anuncios son muy visibles y deben regularse. “Se tiene que restringir el horario de emisión”, recomienda.

“Es una enfermedad más oculta que otras adicciones” al no tener consecuencias físicas visibles, reflexiona Pablo, quien ha logrado recuperar su vida tras años obcecado por la adicción. “Lo que más me preocupa es que se perciba como algo normal, y los padres no vean mal que sus hijos jueguen”.

https://elpais.com/sociedad/2018/09/11/actualidad/1536676950_651442.html

La sociedad construye a través de la educación lo que es. También puede transformarse mediante sus valores y sus hábitos. O al menos intentarlo. Fue su trabajo como educadora con niños que vivían en contextos difíciles lo que llevó a Nora Rodríguez al lugar profesional y humano que ocupa en la actualidad. Pedagoga, escritora y conferenciante en el mundo, lidera el proyecto Happy School Institute sobre neurociencias y educación para la paz. Ahora acaba de publicar ‘Educar para la paz’ (Editorial Kairós), un libro con el que aborda la necesidad de “enseñar a las nuevas generaciones a tener una vida significativa y valiosa pero en la que el propio bienestar no esté reñido con el bienestar de los demás”.

PREGUNTA: ¿Qué es educar y formar para la paz?

RESPUESTA: Es tener en cuenta que la educación no es hoy consecuencia de la necesidad de tener trabajadores para las fábricas sino de una necesidad evolutiva para un mundo que ha cambiado de un modo impredecible en los últimos 10 años –y en el que a más tecnología mayor tiene que ser la educación de la humanidad–. Esto es: enseñar a las nuevas generaciones a tener una vida significativa y valiosa pero en la que el propio bienestar no esté reñido con el bienestar de los demás. Educar para la paz es un derecho de los niños y de los adolescentes. Ya no se trata solo de pensar qué mundo les vamos a dejar a las próximas generaciones, eso en parte ya lo sabemos o lo imaginamos, de lo que se trata es de impedir que se desarrollen en una atmósfera de desconexión humana en la que el bienestar del grupo les resulte indiferente. Hemos de dejarles nuevas herramientas para que puedan ser verdaderos transformadores de la sociedad en que viven.

P: ¿Estamos a tiempo de educar para la paz?

R: Por fortuna, sí. La evolución ha diseñado nuestros cerebros para adaptarnos y para cuidar del grupo. No es una buena decisión evolutiva seguir educando con la ley del «sálvese quien pueda». Y no es inteligente si queremos empezar escribir la historia en una agenda global en la que ya hay cuestiones urgentes.

P: Mencionas en el libro que tu trabajo como maestra de niños que vivían en contextos difíciles fue lo que te condujo hasta el lugar profesional (y humano) que ocupas ahora “y que no es otro que impulsar una pedagogía para la felicidad responsable, la que pone el foco en el cerebro social”. ¿Cómo defines lo que es la “felicidad responsable”?

R: Las nuevas generaciones han crecido en una época caracterizada por la conquista de una forma de felicidad al alcance de la mano, pero esta es una felicidad que dura poco, que depende de estímulos intensos y efímeros, que se sostiene con bienes materiales y en el éxito fácil. Es nuestra sociedad los niños están obligados a adaptarse a cosas que ni siquiera los adultos sabemos hacia dónde nos van a llevar. Los avances de la tecnología pueden ser un ejemplo de esto. Así que creo que es prioritario ayudarles a desarrollar el sentido de pertenencia, que sientan que forman parte de un grupo en una sociedad global, pero también el desarrollo de aptitudes como la empatía, la compasión, el altruismo, el agradecimiento o la generosidad, o tener muy presente el bienestar de los demás en la toma de decisiones. Eso es la felicidad responsable. Esta es la verdadera innovación en las aulas –y fuera de ellas–, porque la pedagogía de la felicidad responsable no solo es educar el corazón, sino hacerlo en sintonía con el cerebro. Somos seres sociales, nuestro cerebro es un órgano social, y la empatía es como el WiFi con el que nos conectamos.

P: Para lograr la transformación de la sociedad, y hacerla mejor, ¿se debe pasar obligatoriamente por un cambio en la educación que reciben las nuevas generaciones?

R: Sí, sin duda. Es necesario educar de otro modo. Si los seres humanos estamos altamente preparados para conectar armónicamente con los demás, si estamos preparados para tener conexiones armónicas por nuestra naturaleza, en lugar de usar la educación como una herramienta para satisfacer únicamente nuestras necesidades competitivas y egoístas –para alcanzar maneras de acumular bienes o metas de poder– ¿por qué no repensar la educación como una herramienta para servir a un bien mayor?

P: ¿Cómo encaja todo esto en un sistema educativo en el que sigue presente la competitividad y las evaluaciones?

R: Con programas transversales que pongan el foco en aptitudes propias del cerebro social y en las emociones. Por ejemplo, por medio de los programas happineers que llevamos a cabo desde Happy Schools Institute se enseña a niños y adolescentes que ellos también pueden ayudar a construir una sociedad mejor y ser transformadores tan solo con unos micromovimientos de felicidad responsable, siendo diseñadores de generosidad, amables, altruistas… De lo contrario nos estamos quedando con programas para un cerebro que no existe.

Los programas educativos deben tener en cuenta las buenas conexiones en el grupo, la importancia de la ayuda mutua, el entusiasmo que nace de la novedad al resolver problemas y avanzar juntos porque el cerebro humano cuenta con un sistema que nos predispone hacia los demás. Pocas veces se tiene en cuenta que desde edades muy tempranas, a los seres humanos estas capacidades nos hacen increíblemente felices –y que esta felicidad dura más tiempo–. La neurociencia social, si bien es una ciencia nueva, estudia cómo se activan los circuitos en el cerebro cuando dos personas interactúan y su increíble efecto en la memoria y en las funciones ejecutivas.

P: Trabajar la solidaridad en el aula puede ser un recurso para educar para la paz y la no violencia…

R: La solidaridad y el altruismo son potentes motores para la prevención de la violencia. Muchas investigaciones científicas lo demuestran. Personalmente he visto cómo los niños de quince meses (de un modo natural) se ayudan unos a otros, o cómo uno de ellos es capaz de partir en dos una única galleta y compartirla si el otro niño no tiene qué llevarse a la boca. Niños de entre uno y dos años que se acercan a aquellos de su edad que lloran desconsoladamente el primer día de guardería y los abrazan o les acarician la cara en un acto de increíble empatía para consolarlos. Algo que resulta fascinante cuando comprobamos que en la mayoría de las especies estamos no solo conectados para la paz sino que contamos con recursos propios y podemos llevar a cabo actos similares de un modo natural cuando se trata de ayudar a otros, de cuidar, de proteger o cooperar… La escuela es uno de los ámbitos de socialización en los que para los niños es posible estar en contacto y relacionarse con personas con experiencias, contextos e incluso culturas muy diferentes.

P: ¿Cómo aprender a vivir juntos?

R: Activando cada día recursos que permitan una pedagogía de la felicidad responsable. Un ejemplo puede ser el de transmitirles que la verdadera generosidad es discreta, silenciosa, se realiza de forma anónima y de manera respetuosa, y de esta manera se convierte en una fuerza poderosa que los hará sentirse fuertes interiormente. Y no importa si se trata de dar una ayuda material, conocimiento, tiempo, cuidado amable y gentil, pueden dar buenos deseos, trabajo social. Entonces la escuela deja de ser un espacio de alumnos desconectados entre sí para convertirse en una mini sociedad global con emociones constructivas en busca el bien común.

P: Además de la escuela, el entorno social y familiar influye incuestionablemente en la educación de los hijos. ¿Hasta qué punto es importante una nueva mirada hacia la infancia y la adolescencia por parte de todos?

R: Hasta el punto en que si no educamos de otro modo, en el que los padres adquieran el compromiso de comprender que la educación necesariamente tiene que empezar en las emociones y en un sentido social diferente del de hoy, va a ser muy difícil erradicar la violencia de las aulas. Hemos sumergido a las nuevas generaciones en un espacio tecnológico donde la sobreexposición y la obsesión por la imagen los somete a sentirse controlados activando el deseo de controlar. ¿Cómo seguir pensando entonces que el bullying no se convertirá tarde o temprano en una respuesta aprendida y natural si es ante todo un mecanismo de control?

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