Experto en Inteligencia Artifical y exprofesor en Yale, aboga por un cambio radical en la educación con programas abiertos.

Roger Schank (Nueva York, 1946) cree que el actual sistema educativo se creó hace más de un siglo para la élite y los ricos; que se ideó para los intelectuales. Critica que en el instituto se estudie la obra de Cervantes o de Shakespeare que, en su opinión, no ayudan en nada a lo largo de la vida, y no se enseñe a saber buscar un trabajo. Su objetivo es tumbar el actual sistema educativo y construir una escuela online global con más de 500 programas académicos que permitan al alumno escoger lo que le interesa.

Roger Schank
Roger Schank Gianluca Battista

Sus palabras no serían tomadas en serio de no ser por los más de 30 años que dedicó a la docencia en universidades como Stanford. Considerado uno de los principales investigadores del mundo en Inteligencia Artificial, fue profesor de Ciencias de la Computación y Psicología en Yale y en los setenta se dedicó a investigar cómo educar a los ordenadores para que se comportasen como humanos. Cuando sus hijos comenzaron la escuela cambió el foco de su trabajo; se dio cuenta de que el verdadero reto era descubrir la mejor fórmula para educar a los humanos. A finales de los ochenta creó el Instituto de Ciencias de la Educación en la Universidad de Northwestern, en Chicago.

Hoy ofrece sistemas alternativos de aprendizaje basados en la enseñanza virtual desde su empresa Socratic Arts y dirige Enginees for Education, una organización sin ánimo de lucro que asesora a los estudiantes en la búsqueda de su vocación.

Pregunta. ¿Cuál es su principal crítica al sistema educativo actual?

Respuesta. La mayoría de la gente cree que las materias que se estudian en el colegio son las que hay que aprender y eso no es así. El programa académico de los institutos en Estados Unidos fue diseñado en 1892 por el entonces presidente de Harvard, Charles Eliot. Escogió biología, química, física, álgebra, trigonometría, geometría, literatura, historia y lengua extranjera. ¿Te resulta familiar? Esos eran los campos que se estudiaban en Harvard y la intención de Eliot era hacer la vida más fácil a los profesores de esa universidad, garantizando que los alumnos que entrasen lo harían con una buena base. Hoy se enseñan más de 150 programas en Harvard pero en los institutos todavía no hay asignaturas de programación o ingeniería medioambiental. ¿Cómo se explica eso?

P. ¿Cree que habría que eliminar contenidos como el álgebra?

R. El álgebra es como una religión, todo el mundo cree que tiene beneficios pero no existe evidencia científica. No te podría decir la cantidad de personas que me han dicho que el álgebra enseña a pensar mejor, cuando no existe ninguna investigación que lo demuestre. Por eso digo que es como una religión; te dicen que Jesús visitó una montaña y, aunque no hay evidencias, la gente lo cree. Una vez terminado el instituto, nadie recuerda esos temas porque son inútiles y el 99% de los adultos nunca los han utilizado. Muchos estudiantes se sienten idiotas por no entender ese tipo de contenidos, genera frustración, hace a la gente llorar e incluso abandonar la escuela.

P. ¿Qué contenidos cree que se deberían enseñar en la escuela?

R. Te tienen que enseñar cómo tener una vida mejor y ser más feliz. Sin embargo, el sistema te dicta erróneamente lo que debes saber. Por poner un ejemplo, estudiar El Quijote en el instituto es un error. No te ayuda ni un segundo en tu vida, más allá de poder mantener una conversación sobre Cervantes. Es un sistema pensado para los intelectuales, pero hoy hacen falta otras competencias, como saber programar o conseguir un trabajo. Es importante ayudar a los niños a descubrir lo que más les gusta y para ello hay que ofrecerles programas abiertos y dejarles que decidan. Si un estudiante quiere ser médico, con programas de realidad virtual se pueden simular operaciones con pacientes reales y así puede descubrir si realmente le apasiona.

P. ¿Cuál es el principal freno para la modernización de la escuela?

El 99% de los adultos no ha usado el álgebra para nada en su vida

R. Siempre digo que todos los problemas de la educación empiezan por p: políticos y padres. Una vez tuve una discusión con el ministro de Educación de Italia porque presumía de ser el único país de Europa que exigía saber latín. Yo le dije que ese era el motivo por el que estaban tan atrasados. Si hablamos de los padres, se echarían a la calle si les decimos que sus hijos ya no van a estudiar trigonometría. Evitan el cambio porque presumen que la escuela que tenemos es la correcta. Que me enseñen la evidencia de que ayuda al mejor desarrollo del cerebro.

P. Universidades como la de Texas, Rutgers o la de Mondragón en México ya están utilizando sus plataformas online de aprendizaje. ¿En qué se diferencian de la metodología tradicional?

R. Soy psicólogo y he estudiado el funcionamiento de la mente toda mi vida. Los humanos comunican mejor las historias reales, son las que recuerdan, por eso las clases magistrales no funcionan. En las conversaciones reales se toman turnos y cada uno de los participantes no suele hablar más de dos minutos. Eso explica por qué somos capaces de mantener la atención. He analizado cómo funciona el aprendizaje y la base es hacer preguntas, intentar hacer cosas, fallar, pedir ayuda e intentarlo otra vez. Es lo que llamamos learning by doing (aprender haciendo) y es lo que hace mi plataforma; simula experiencias que permiten a la gente practicar, identificar qué hacen mal y corregirlo. Nadie quiere ser enseñado. Los niños aprenden solos, simulan construir ciudades con bloques, imaginan cómo ser padres con muñecos y ocasionalmente piden ayuda. En nuestra plataforma se trabaja por proyectos en lo que llamamos Story Centered Curriculum -programa basado en historias-. Tenemos ya uno de análisis de datos y ahora estamos diseñando otro en ciberseguridad.

P. Critica la fórmula de las universidades y sin embargo trabaja con ellas.

R. Tengo que confesarte que ya no queremos seguir trabajando con universidades porque no quieren romper con lo establecido, quieren continuar con las clases magistrales y los exámenes. Ahora nos interesa más ofrecer los programas directamente a grandes empresas que quieren enseñar a sus empleados a hacer bien su trabajo y ponerse al día con nuevas técnicas de análisis de datos. Esta es mi forma de ganarme la vida, pero mi interés real es destruir el sistema educativo.

P. ¿Cómo casa su forma de pensar con la cantidad de años que dedicó a docencia en universidades de élite como Yale?

R. Cuando llegué a Yale, pensaba que era uno de los mejores lugares del mundo para trabajar. Con los años, renuncié como profesor porque me di cuenta de que estábamos generando un perjuicio intentando ir de algo que no éramos. Un docente de Yale es sobre todo un investigador que publica en revistas científicas y da charlas. Su misión es hacer de los estudiantes futuros investigadores y si ellos no quieren serlo, se equivocaron de universidad. Ellos no saben que están en la mejor escuela, pero de investigación.

El sistema educativo en Estados Unidos se ha arruinado por universidades como Harvard, que recomienda ser muy bueno en materias como álgebra o trigonometría para sus pruebas de admisión, basándose en el programa de 1892. Los institutos mantienen ese programa para intentar generar potenciales alumnos para Harvard. Es una fórmula que hace mucho más fácil cribar entre 30.000 solicitudes anuales, pero está desfasada.

P. ¿Qué le recomendaría a un chaval de 18 años?

R. Que se tome unos años antes de la universidad para descubrir todo lo que no le ha permitido el sistema educativo, para que entienda quién es y qué le gusta. Cuando llegan con 23 o 24 años son mejores estudiantes porque saben por qué están ahí. Mientras tanto, cualquier opción es buena: voluntariados en otro país, trabajo o prácticas. En mi país hablamos de sexo, drogas y rock & roll, eso es lo que les toca a esa edad. ¿Alguien cree que tiene sentido pagar 50.000 dólares de matrícula para hacer eso?

Roger Schank visitó España la pasada semana para impartir una charla sobre Inteligencia Artificial a los alumnos de la Code Academy Ubiqum de Barcelona.

http://economia.elpais.com/economia/2016/07/26/actualidad/1469530199_692638.html?id_externo_rsoc=FB_CM

A partir de los 18 años –antes, a veces-, muchos jóvenes sueñan con volar del nido, independizarse de sus padres, irse de casa. En España, ese sueño se prolonga, de media, casi durante 11 años. Concretamente, hasta los 28,9 años, que es la edad a la que los jóvenes españoles salen del hogar de sus padres, según datos de Eurostat. No es precisamente España líder de la UE en la juventud de sus jóvenes emancipados. De hecho, ocupa el 21º lugar entre los 28, muy lejos de los 19,1 años a los que se emancipan los suecos o los 21 de los daneses. Las españolas, al igual que las demás europeas, salen del hogar paterno dos años antes que los hombres.

Con estos datos, la tasa de emancipación en España se sitúa en el 20,8% en la población de entre 16 y 29 años. Es decir, casi ocho de cada diez jóvenes españoles viven con sus padres al menos hasta los 30. La crisis económica ha afectado claramente a esta tasa, ya que ha ido cayendo sin pausa desde 2008, cuando alcanzó su máximo por encima del 26%, según el Observatorio de Emancipación que elabora cada seis meses el Consejo de la Juventud de España.

¿Y por qué los jóvenes tardan tanto en irse de casa? La explicación tiene que ver con algunos factores principales. Uno de ellos es la elevada tasa de paro juvenil, que se sitúa en el 46,5% entre los 16 y los 24 años y del 28,39% entre 25 y 29, según los datos de la Encuesta de Población Activa que publica el INE. Sin trabajo, es muy difícil que un joven deje la casa familiar.

Pero es que tener trabajo tampoco asegura la capacidad de pagar una hipoteca o un alquiler. La precariedad laboral ha tocado máximos en los últimos tiempos. Así, el año pasado se firmaron 17 millones de contratos temporales, el 92% del total. Además, 6,4 millones de los contratos firmados fueron por horas. Así, la duración media de los contratos ha descendido de 79 días en 2006 a 53,4 en 2015.

Si de todas formas un joven intenta optar por la emancipación, se va a encontrar con los altos precios de la vivienda y del alquiler. Pese a la caída de los precios de las casas desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, de un 29% según el Ministerio de Fomento (un 26%, según el INE), un joven tendrá que dedicar hasta el 64% de su sueldo a pagar una hipoteca. Por ello, apenas el 15,7% de los jóvenes de entre 16 y 29 años que han logrado finalmente emanciparse viven solos. La inmensa mayoría tiene que compartir casa, bien sea con una pareja o con compañeros de piso.

La tardanza en salir de casa por todas las circunstancias citadas anteriormente lleva necesariamente a otros fenómenos. Por ejemplo, al retraso en la edad de la maternidad en España: Si en 1970 las españolas eran madres por primera vez con una media de 25,2 años, en 2014 las madres primerizas tenían una media de edad de 30,6 años.

http://economia.elpais.com/economia/2016/06/24/actualidad/1466776271_364533.html

Todas las madres, padres y abuelos creen que sus hijos y nietos son muy inteligentes, pero lo cierto es que no todos los niños poseen altas capacidades (AACC), por mucho que sus familiares crean que sí. La ciencia los define como “aquellos que muestran una gran capacidad de aprendizaje y curiosidad; que se interesan por aprender y entender; que preguntan; que tienen la capacidad para resolver problemas y que son capaces de hacer deducciones y de cuestionarse”, explica Olga Carmona, psicóloga de Ceibe especializada en el diagnóstico y atención a estos niños. La OMS considera que un 2% de la población es superdotada. Mientras, los niños inteligentes son “los interesados en multitud de cuestiones y que necesitan entender los cómos y los porqués de las cosas”, diferencia.

La inteligencia no es un concepto abstracto ni que se aplique a una sola capacidad, sino a muchas, de hecho, la ciencia ha ido ampliando el concepto hacia otros más diversos donde no existe uno, sino múltiples tipos. Así, hoy podemos hablar de las inteligencias múltiples propuestas por Howard Gardner, premio Príncipe de Asturias a las Ciencias Sociales, y que plantea nueve diferentes: lingüística, lógico-matemática, corporal-kinestésica, espacial, musical, interpersonal, intrapersonal, naturalista y existencial. Otras posibles clasificaciones hablan de inteligencia emocional, cognitiva, social, y biológica. “Todos están de acuerdo en que no es una capacidad fija e inamovible, sino que nacemos con un potencial determinado genéticamente que luego se verá potenciado o disminuido en función del ambiente social y familiar”, explica Carmona.

¿Cuáles son las señales de que un niño tiene altas capacidades?

Un gran error, bastante generalizado, es creer que es lo mismo ser inteligente que tener altas capacidades. Todos los que las tienen son muy inteligentes, pero no todos los muy inteligentes las poseen. “La diferencia radica en el coeficiente intelectual, que en el caso de los superdotados debe ser igual o superior a 130 en la Escala Wechsler. También difieren en la creatividad. Además, el niño con altas capacidades tiene unas características de personalidad muy concretas y comunes a todos ellos en mayor o menor medida”, dice Carmona.

Tienen una memoria prodigiosa, suelen aprender a leer y a escribir de forma autodidacta. Son extremadamente distraídos y aparentemente caóticos en las rutinas y tareas cotidianas”

Es arriesgado hacer un listado aislado de tales características, explica, porque siempre quedarán fuera niños con altas capacidades que no las cumplen al 100%, pero rasgos comunes son que “suelen ser bebés extraordinariamente demandantes y se sobreestimulan con facilidad; muy hábiles a nivel psicomotriz, levantan la cabeza y fijan la mirada antes del mes de vida y dicen sus primeras palabras con sentido hacia los cinco o seis meses. Además, son niños muy intensos emocionalmente, muy extremos en su expresión emocional, con muy baja tolerancia a la frustración y muestran una gran capacidad empática a edades muy tempranas. Tienen un gran sentido de la justicia y la equidad. Además, son niños cuestionadores y desafían la autoridad. Suelen tener algún tipo de hipersensibilidad sensorial, es decir, alguno de los sentidos o todos muy aumentados”, añade. “Sin olvidar que se interesan por cuestiones poco infantiles, como la muerte o la existencia. Tienen una memoria prodigiosa, aprenden a leer y a escribir de forma autodidacta. Son extremadamente distraídos y aparentemente caóticos en las rutinas y tareas cotidianas”.

¿Qué hago si sospecho que mi hijo tiene altas capacidades?

Si sospechas que tu hijo tiene altas capacidades, lo adecuado es acudir a un psicólogo especializado en detección e intervención, ya que no cualquier profesional de la psicología lo está, o ponerse en contacto con alguna asociación de altas capacidades de tu comunidad autónoma para que te oriente.

Desde hace poco, también se puede hacer a través del médico de familia de la Seguridad Social, al menos en Madrid, pero con una gran lista de espera.

Una vez detectado, hay que ponerlo en conocimiento del centro escolar, que a través de los Servicios de Orientación de Zona, validará o no el diagnóstico. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, el informe de los profesionales privados no es vinculante, “aunque en mi experiencia ahorra mucho tiempo y es más fiable”, explica Carmona.

“En definitiva, la alta capacidad es una manera diferente de entender y procesar la realidad. Es un funcionamiento neurológico distinto, con estructuras y funciones cerebrales que difieren de los niños normotípicos, por muy inteligentes que estos sean”, añade. Como en tantas otras cuestiones referidas a las inteligencias múltiples, hay infinidad de estereotipos que no se corresponden con la realidad, y muchas personas desconocen aspectos básicos”. Por ejemplo, explica Carmona, “muchos creen que son niños con notas excelentes, que no tienen dificultades de aprendizaje, que aprenden todo y de todo a la primera, que no necesitan apoyo”.

Al contrario, la psicóloga asegura que “permanentemente se confunde a los niños con altas capacidades con los que tienen Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) porque estos se aburren soberanamente en clases repetitivas y lentas. Lo que ocurre es que aprenden a mucha más velocidad que el resto y por lo tanto, lo normal es que se ausenten, que se inquieten, que molesten o, en el mejor de los casos, que protesten. No es que el niño no pueda atender, es que ya no hay nada que atender, no es que el niño no logre concentrarse, es que no hay motivación para ello”, explica. “Es como si a un niño de cinco años le pones en un aula de guardería con los lactantes y le pides que se adapte al ritmo y necesidad de los de pañal. Obviamente, no puede y, además, no debe porque él no es el problema. El problema es un sistema que le da la espalda y que no valora el mejor de sus activos, porque está oxidado, obsoleto y lleno de prejuicios” concluye.

La familia es quien suele iniciar la detección y, posteriormente, es, o debería ser, el principal sostén y referente emocional del niño

“Generalmente, los padres son los primeros en detectar que su hijo es diferente, pero no se atreven a consultar por miedo a lo que van a pensar de ellos, es decir, atrapados por un sentido de falsa modestia no consultan y dejan al niño sin diagnosticar. Los padres suelen darse cuenta desde que su hijo nace de que su evolución es diferente, sus gustos, sus manías, su conducta. Es común que los padres interpreten como una manía que le moleste determinada ropa o tejido, que no quiera pisar la arena de la playa, que detecte olores que nadie detecta y le produzcan rechazo, que parezca sordo muchas veces o que parezca incansable y con energía siempre. Que se aburra con lo que otros niños disfrutan, que devore libros o legos o sudokus o que tenga miedos a estímulos que los adultos no entendemos”, explica Carmona.

Muy excepcionalmente es el centro escolar el que detecta al niño, pero es un porcentaje casi insignificante. Lo habitual es que el niño empiece a tener problemas por lo que los padres acuden a un psicólogo y si este es un profesional experimentado, sabrá verlo y hacer el diagnóstico correspondiente”, explica la experta.

El desarrollo de un niño superdotado

Es obvio que crecer en una familia donde los padres poseen un mayor interés por la cultura y el aprendizaje y que, además, tienen estudios y amplia formación, favorecerá el buen desarrollo de ese niño con altas capacidades. “Estas vienen determinadas genéticamente, pero para poder expresarse, explica Carmona, son necesarios estímulos ambientales y es aquí donde la familia tiene un peso determinante. Obviamente, hay excepciones donde a pesar de tener todo en contra y pertenecer a un grupo socioeconómico bajo, estos niños sobresalen de forma llamativa, pero siempre van a necesitar recursos que faciliten el desarrollo de ese potencial. La familia es quien suele iniciar la detección y, posteriormente es, o debería ser, el principal sostén y referente emocional del niño. La realidad puede llegar a ser extremadamente hostil para un niño superdotado y la familia tiene el papel de amortiguador. Es también el principal agente de estimulación, especialmente en los primeros años. En el caso de familias con un perfil cultural muy bajo, es altamente probable que se pierda el potencial y no llegue nunca a expresarse”.

Altas capacidades y fracaso escolar suelen ir de la mano. La falta de detección o de recursos para tratar a estos niños hace que terminen suspendiendo todas o casi todas las asignaturas. Es decir, que fracasen en el colegio. Carmona tiene claro que “las personas con altas capacidades se saben diferentes, aunque no tengan el diagnóstico, conocen su necesidad de canalizar un potencial que, de no serlo, se les vuelve en contra”. “Además”, añade, “si de adultos trabajan en algo rutinario y desprovisto de reto y motivación, no se resignarán y serán profundamente infelices”.

Un sistema educativo poco preparado

¿Qué sucede cuando un niño con altas capacidades se enfrenta a un sistema educativo como el español que, quizás, no está del todo preparado para atenderlo? La psicóloga Olga Carmona lo tiene muy claro. Para ella, “poco o nada, ya que es una sociedad donde las altas capacidades permanecen todavía en un lugar oscurantista, donde serlo o decir que tu hijo lo es se percibe como un ejercicio de soberbia y de afán de superioridad”.

De hecho, agrega, los padres con hijos con alta capacidad aún lo ocultan socialmente y lo viven con confusión, “ya que la respuesta social es negativa y recelosa. El sistema educativo es el resultado de una sociedad que hace apología de la mediocridad, donde todo está orientado a la media, a lo estadísticamente normal, por lo que aquellos que se salgan del percentil 50 hacia arriba o hacia abajo están destinados a ser la minoría extraña y desatendida”. Si bien es cierto que hay una mayor sensibilidad hacia la integración social y escolar de los niños con dificultades por déficit, también es verdad que va en detrimento de los niños con necesidades especiales por exceso de potencial, por lo que muchos de ellos fracasarán académicamente. “Un niño con alta capacidad necesita atención diferenciada y así lo recoge la ley en nuestro país. Esto, en la realidad, no se cumple”, sostiene.

Carmona denuncia que “no hay ni sensibilidad ni recursos ni competencia profesional en los centros públicos ni en la mayoría de los privados para atender la demanda educativa que estos niños requieren. Quedan expuestos a la suerte de que su profesor sea alguien con vocación de servicio y quiera involucrarse con ellos”. En el caso de los padres, tampoco mejora mucho el panorama: “Requiere dedicar mucho tiempo, dinero y energía a buscar alternativas extraescolares que solo son un parche para paliar la verdadera necesidad, en aras de que sus hijos no se desmotiven y enfermen con trastornos de ansiedad, depresiones y problemas de conducta”.

¿Cuál sería el mejor sistema educativo para este tipo de niños?

“En líneas muy generales”, sostiene Carmona, “sería un sistema lo menos normativo y rígido posible, que potencie y facilite la investigación, la iniciativa, la creatividad; un sistema radicalmente flexible que permita acelerar al niño si es lo que este necesita, que le impulse a llegar hasta donde quiera sin caer en la repetición, en la memorización, en la rigidez de metodologías y contenidos, y donde la educación emocional sea piedra angular sobre la que orbite todo lo demás, un lugar donde pueda convivir con otros niños con altas capacidades y puedan trabajar en grupo; un sistema capaz de observar la forma idiosincrática de aprender de cada niño y ofrecérselo en ese envase. La equidad en la escuela no consiste en dar a todos lo mismo, sino a cada uno lo que necesita o, al menos, no frenarlo”.

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En el año 2010 un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT), en Boston, colocaron a un universitario de 19 años un sensor electrodérmico en la muñeca para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El experimento arrojó un resultado inesperado: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión; prácticamente nula. Los científicos pudieron probar así que el modelo pedagógico basado en un alumno como receptor pasivo no funciona.

“El cerebro necesita emocionarse para aprender”, explica José Ramón Gamo, neuropsicólogo infantil y director del Máster en Neurodidáctica de la Universidad Rey Juan Carlos. En el último lustro, en España han aparecido diferentes corrientes que quieren transformar el modelo educativo y una de ellas es la neurodidáctica. No es una metodología, sino un conjunto de conocimientos que está aportando la investigación científica en el campo de la neurociencia y su relación con los procesos de aprendizaje. “Antes solo se podía observar el comportamiento de los alumnos, pero ahora gracias a las máquinas de neuroimagen podemos ver la actividad cerebral mientras realizan tareas”, añade Gamo. Esa información sirve a los profesores y pedagogos para decidir qué métodos son los más eficaces.

Gamo, que estudia las dificultades de aprendizaje de personas con dislexia o TDAH desde hace más de 20 años, observó que en la mayoría de los casos esos problemas no estaban relacionados con esos síndromes, sino con la metodología escolar. Él y su equipo identificaron que el 50% del tiempo de las clases de primaria en España se basan en transmitir información a los estudiantes de forma verbal, algo que en secundaria sucede el 60% del tiempo y en bachillerato casi el 80%. “Indagamos sobre lo que estaba sucediendo en las aulas y queríamos saber qué decía la ciencia al respecto, si ese método estaba justificado”.

Basándose en diferentes investigaciones científicas y en las suyas propias, concluyeron que para la adquisición de información novedosa el cerebro tiende a procesar los datos desde el hemisferio derecho -más relacionado con la intuición, la creatividad y las imágenes-. “En esos casos el procesamiento lingüístico no es el protagonista, lo que quiere decir que la charla no funciona. Los gestos faciales, corporales y el contexto desempeñan un papel muy importante. Otra muestra de la ineficacia de la clase magistral”, explica Gamo.

Por ello, la neurodidáctica propone un cambio en la metodología de enseñanza para sustituir las clases magistrales por soportes visuales como mapas conceptuales o vídeos con diferentes apoyos informativos como gráficos interactivos que requieran la participación del alumno. Otra de las apuestas es el trabajo colaborativo. “El cerebro es un órgano social que aprende haciendo cosas con otras personas”, añade.

En los últimos cinco años, Gamo ha formado en neurodidáctica a docentes de una treintena de colegios públicos en diferentes comunidades autónomas. El principal problema, en su opinión, es que las escuelas no están tomando la decisión sobre hacia dónde quieren innovar, a lo que se suma que nadie les acompaña en la implementación de las nuevas metodologías. “La direcciones de los centros están enrocadas en los métodos tradicionales basados en clases magistrales, memorización y exámenes escritos”.

En ese escenario conviven cientos de profesores y entre ellos hay quienes no se conforman con lo establecido. Chema Lázaro, de 34 años, da clase a alumnos de sexto de primaria en un colegio concertado de Moralzarzal y desde hace dos años y medio aplica la neurodidáctica en el aula. “Mis alumnos siempre me decían que yo molaba mucho, pero que mis clases eran una porquería”, cuenta. Empezó a investigar sobre metodologías alternativas y creó el blog Pizarras abiertas, que en 2013 le valió el premio nacional sobre las TIC en el aula del Ministerio de Educación. Lázaro buscaba una base científica que apoyase su apuesta: hacer que sus estudiantes aprendiesen para toda la vida sin memorizar.

El 50% del tiempo de las clases de primaria en España se destina a que hable el profesor. En bachillerato es casi el 80%

“Mi método respeta el proceso por el que el cerebro aprende: primero va la motivación, luego la atención y por último la memoria. En ese orden”. Para explicar el antiguo Egipto intenta captar el vínculo emocional de los chavales. A través de su canal de YouTube les plantea jeroglíficos en vídeos con formato de tráiler cinematográfico. “Con ese material se motivan y así tengo alumnos atentos”, continúa. Utiliza la gamificación y las capitales se aprenden ganando puntos en la plataforma Kahoot. Para ver las pirámides, vista desde un dron o Google Earth.

Una de las plataformas de educación online basada en la neurodidáctica es Neurok. El director de la compañía, Agustín Cuenca, empezó a explorar el mundo educativo hace 10 años, cuando a su hijo de cinco años le diagnosticaron hiperactividad. “Partimos de que la formación online no funciona, solo un 10% de los que se apuntan a un MOOC -cursos online masivos y gratuitos- lo termina”. En una plataforma tradicional se encuentran contenidos, mientras que en Neurok hay debates.

Cuenca y un equipo de 10 pedagogos y profesores de universidad y primaria han aplicado los formatos de Twitter y Facebook a la educación. “Antes siempre sabías a quién pedir los apuntes. Ahora decides a quien seguir en esta red social en la que todos los alumnos comparten contenidos y debaten sobre diferentes temas. El profesor hace de guía y aporta criterio sobre qué contenidos son de calidad”, explica Cuenca. Lo más difícil de este modelo de aprendizaje, reconoce este informático, es la participación. El sistema cuenta con hashtags, menciones o notificaciones en el móvil, entre otros servicios. La idea de Neurok es ser utilizada como una plataforma de apoyo a las clases presenciales o directamente como el esqueleto de un curso online.

Eso es lo que sucede con el Máster en Neurodidáctica de la Rey Juan Carlos, un curso blended en el que el 80% del contenido se imparte en la red. Hasta ahora, también han usado Neurok en la UNED y en la Universidad de Extremadura, con la que están colaborando en una investigación para medir la calidad de los contenidos compartidos por los alumnos y su nivel de interacción en la plataforma.

“Todavía hay mucha gente que desconfía de estos métodos, pero en unos 15 años se empezarán a ver los resultados”, comenta Cuenca, que ya ha asesorado a más de 30 colegios públicos de diferentes comunidades autónomas a través de su consultora educativa Niuco. Para todos aquellos que busquen evidencias científicas de la neurodidáctica, el profesor de la Universidad de Barcelona Jesús Guillén recopila en su blog Escuela con cerebro las últimas investigaciones realizadas en diferentes partes del mundo.

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Aunque no nos gusten, debemos entender que el hecho de que los niños no paren quietos es normal. Están en la edad de descubrir y experimentar, y no deberíamos coartarles.

Un niño feliz, que disfruta interactuando y descubriendo el mundo, es ruidoso y revoltoso. Ahora bien, en los últimos tiempos está apareciendo un movimiento que nos llama mucho la atención y que nos preocupa: la “niñofobia”.

De un tiempo a esta parte ha aumentado un tipo oferta hotelera muy concreta, la que ofrece hospedaje “libre de niños”. Es decir, durante la estancia no nos encontraremos con bebés y otros menores que nos molesten por la noche con sus llantos o que nos incordien en la piscina con sus juegos.

Lo mismo ocurre en ciertos bares y restaurantes. Se trata de una oferta distinta para todos aquellos que deseen pasar un instante de paz alejados de la presencia infantil.

Este tipo de movimiento está teniendo mucha repercusión en Estados Unidos y Reino Unido, lo cual nos invita a reflexionar sobre una cuestión algo compleja.

¿Se nos ha olvidado ya lo que es la infancia? ¿Tan poca empatía tenemos que somos incapaces de conectar con esos años maravillosos, ruidosos y revoltosos que definen la niñez?

Cuando los niños molestan en nuestros espacios públicos

Empezaremos explicándote el caso de la cantante canadiense Sarah Blackwood. El año pasado experimentó una situación que la marcó y que denunció intentando que, con su historia, la sociedad reflexionara sobre algo importante.

Debía hacer un viaje en avión junto a su niño de 23 meses. Estaba embarazada  de 7 meses y, aunque no era la primera vez que hacía ese trayecto desde San Francisco a Vancouver, en aquella ocasión fue algo distinto.

Cuando el avión aún no había despegado, su hijo empezó a llorar. Al poco, todo el pasaje la miró con molestia. No tardó en escuchar reproches sobre “que era una mala madre“, alguien que no sabía atender a su hijo.

No tardó en acudir la azafata, advirtiéndole de que debía calmar a su hijo, porque el pasaje estaba quejándose y podrían barajar la opción de hacerla bajar del avión si el niño no se callaba.

La joven madre quedó casi sin aliento.

Los llantos de su bebé apenas duraron 10 minutos, porque pasado ese tiempo, volvió a dormirse y no se despertó hasta el aterrizaje.

¿Es que la gente ha olvidado lo que es la crianza? ¿Nadie recuerda que los bebés lloran, ríen, gritan y chillan?

La niñofobia o pensar que un niño que llora es el resultado de una mala crianza

  • Este es solo un pequeño ejemplo de lo que sufren día a día muchos progenitores. Ir a comprar, a pasar un rato a un teatro, a comer a un restaurante… Si un niño grita, llora o llama la atención de otras personas es porque sus padres “no están haciendo algo bien”.
  • Es una idea incorrecta y estigmatizada. Cada niño tiene su personalidad y su forma de interactuar en sus contextos más cercanos. Los hay más inquietos y los hay más tranquilos, pero ello no es siempre el resultado de la educación que les dan sus padres.
  • Los bebés lloran, y es el llanto ese lenguaje esencial para pedir algo, para comunicarse. Es algo natural que toda madre entiende.

De ahí, que debamos ser más empáticos y respetuosos cuando en un tren o un avión, vemos a esos padres que intentan calmar a su bebé durante el viaje.

La niñofobia está haciendo que en muchos espacios de ocio de Estados Unidos y Reino Unido se vete ya la entrada a menores. No obstante, con ello, se prohíbe la entrada también a sus padres. Es algo sobre lo que reflexionar.

Queda claro, sin duda, que en materia turística cada empresa puede ofrecer el servicio que desee, y si una persona desea pasar sus vacaciones sin ver ni escuchar a un niño, merece todo nuestro respeto.

Un niño feliz es un niño que corre, que grita, que llama nuestra atención

Los niños desean tocarlo todo, experimentar, sentir, reír, aprender… Si les obligamos a callar, a no llorar, a hablar bajito y a no moverse de la silla, lo que tendremos en realidad son criaturas temerosas que no se atreverán a explorar.

Los llantos se atienden, no se censuran ni tampoco se obvian. Si un niño quiere tocar algo lo protegeremos de que no se haga daño, pero es necesario fomentar su conducta de exploración, de curiosidad, de interacción con su medio.

La infancia es ruidosa por naturaleza. No hace falta más que pasar por una guardería o un centro de primaria a la hora del recreo para recordar lo que es ser niño.

Tiempo tendrán de crecer y de guardar silencio, de quedarse quietos en los asientos de un avión, sin molestar.

Mientras, respetemos a sus progenitores en su tarea de educar y seamos más empáticos con los niños.

http://naxio.com.ar/nino-feliz-ruidoso

Los mecanismos de defensa son rutinas mentales que empleamos para defendernos de supuestos ataques. Lo cierto es que esta estrategia de protección no siempre es infundada, aunque muchas veces no la elegimos con acierto. Además, este tipo de murallas no funcionan de manera aislada, sino que lo hacen de forma integrada con el resto de mecanismos de nuestra mente.

Freud fue uno de los primeros psicólogos en señalar la existencia de este tipo de defensas dentro del marco psicoanalítico. Su fin último sería conservar nuestra auto-imagen, proteger a nuestra autoestima de emboscadas que muchas veces creamos nosotros mismos en nuestro pensamiento en una especie de juego que es quizá una de las pruebas más evidentes de nuestra incomplacencia, de nuestra falta de estaticidad.

¿Existen los mecanismos de defensa?

Freud afirmaba en el marco de su teoría psicoanalista, continuada por su hija Anna, que los mecanismos de defensa “del yo” están asociados a los impulsos inconscientes. Serían esa reacción que la física postula de manera sencilla: “para cada acción hay una reacción”.

El objetivo de estas rutinas no es más que el de reducir las consecuencias negativas de ciertos eventos, tanto internos como externos. Así, de la misma forma que nuestros músculos se preparan para correr cuando nos sentimos amenazados, también nuestra mente se prepara para defenderse cuando se siente amenazada, cuando percibe que su equilibrio y su lógica es puesta en peligro.

Persona tapándose los ojos

Una persona sana no abusaría de estos mecanismos del mismo modo que una persona sana no suele pasarse corriendo toda la vida. No se trata de que no haya amenazas, sino que las que nos plantea el mundo actual no son leones de la sabana, sino hacer informes, diseñar planes de marketing, formarnos para ser competitivos, etc.

Por lo tanto hay que prestar mucha atención a la manera en que actuamos frente a los estímulos. Por ejemplo, si cada vez que nuestra pareja dice alguna palabra o frase le atacamos, estamos bloqueando la situación e imposibilitando recibir algo positivo. Para defendernos, atacamos y generamos un contexto de lucha que no tiene sentido.

¿Cuáles son los mecanismos de defensa más habituales?

Esas herramientas que empleamos para poder enfrentar la realidad o los hechos traumáticos pueden llegar a ser patológicos y de allí reside la importancia de conocerlos, analizarlos y aceptarlos de manera objetiva. Si bien Freud postuló la existencia de 15 mecanismos de defensa, hay algunos que son más frecuentes que otros. Las 5 más habituales serían:

1. Disociación

La defensa que ofrece la disociación es el distanciamiento con la realidad, en contraste con la pérdida de realidad que se da en la psicosis.

Esta alteración puede ser repentina o gradual, transitoria o crónica. La disociación se genera como un mecanismo defensa del yo ante un suceso que pone en disputa dos ideas o dos entendimientos, el sujeto evita la asociación entre le realidad consciente y el entendimiento del yo dentro del entorno, insensibilizando las emociones o sensaciones.

2. Negación

Puede ser confundido con la disociación. La diferencia reside en que los elementos negativos de una situación son eliminados por completo en la negación y no se reemplazan por otros. Negar la existencia de algo o alguien es un mecanismo de defensa bastante utilizado.

Por ejemplo cuando fallece un ser querido y no se acepta la noticia. La persona se comporta como si el fallecimiento no se hubiera producido, incluyendo a la persona que ya no está en el presente e ignorando a los demás cuando no lo hacen.

Persona sosteniendo un columpio

3. Proyección

La proyección está asociado a una atribución falaz de las virtudes o defectos propios a los demás. Por ejemplo algo que no nos gusta de nosotros lo trasladamos a un compañero de trabajo, a la pareja o a un amigo.

También puede significar proyectar los deseos o expectativas en los otros. Un caso muy común es el de los padres que quieren que sus hijos “cumplan” todos los sueños que ellos cumplir.

4. Represión

Con la represión el individuo rechaza ideas, recuerdos, pensamientos o deseos relacionados a personas o hechos trágicos o traumáticos. Los contenidos que han sido desaprobados quedan fuera de un lugar accesible a nuestra conciencia.

Sin embargo, la bolsa en lo que acumulamos lo reprimido no es infinitamente grande ni lo reprimido es manso o tranquilo, de esta forma tiende a manifestarse aunque sea de una manera difusa y aparentemente poco relacionada con el contenido de lo reprimido.

5. Regresión

Como su nombre lo indica, la regresión quiere decir “regresar” al pasado o a una etapa anterior del desarrollo, es decir, más infantil. Por ejemplo, cuando un niño se encuentra por primera vez con su hermano menor recién nacido puede comenzar a chuparse el dedo, volverse más anárquico en su comportamiento, no hablar claro, etc.

En un joven puede suceder cuando regresa al hogar paterno durante las vacaciones de verano de la universidad. En esas semanas experimenta un “volver”  ser adolescente o niño y no se plantea las situaciones como un adulto.

Como podemos analizar, los mecanismos de defensa nos ayudan en cierta medida a que nuestra vida sea un poco más “armoniosa” y podamos alejar de nuestra mente de todo aquello que nos hace mal.

También pueden considerarse como una manera de escapar de la realidad, de no aceptar lo que nos sucede y de mentirnos a nosotros mismos. ¿En dónde reside la diferencia? En cuánto ahínco se ponemos en mantenernos a resguardo y en qué momento nos damos cuenta de que nos estamos haciendo más daño ocultando, negando o cambiando las situaciones.

Existe una tendencia a infravalorar la escritura manual como una habilidad innecesaria, a pesar de que los especialistas han advertido de que aprender a escribir puede ser la clave para, en fin, aprender a escribir.

Más allá de la conexión emocional que los adultos podamos sentir con la manera en que nosotros aprendimos a hacerlo, hay un volumen cada vez mayor de estudios sobre lo que un cerebro que se está desarrollando con normalidad aprende mientras forma letras en la página, tanto en letra de molde o manuscrita como en cursiva. En un artículo publicado este año en el Journal of Learning Disabilities, los investigadores analizaban la manera en que el lenguaje oral y el escrito se relacionan con la atención y con las denominadas aptitudes de la “función ejecutiva” (como la planificación) en alumnos entre cuarto de primaria y tercero de secundaria con y sin discapacidades de aprendizaje. Virginia Berninger, catedrática de Psicología Educativa de la Universidad de Washington y autora principal del estudio, explica que las pruebas de este y de otros trabajos indican que “la escritura manual –formar letras– hace que la mente intervenga y puede ayudar a los niños a prestar atención al lenguaje escrito”.

El año pasado, en un artículo publicado en el Journal of Early Childhood Literacy, Laura Dinehart, catedrática adjunta de Educación Infantil de la Universidad Internacional de Florida, analizaba varias posibles asociaciones entre la buena caligrafía y los resultados académicos: los niños con buena letra suelen tener mejores notas porque a los profesores les resulta más agradable leer sus trabajos. Los niños con dificultades para escribir pueden encontrarse con que consumen un exceso de atención en producir las letras, en detrimento del contenido.

Los niños con dificultades para escribir pueden encontrarse con que consumen un exceso de atención en producir las letras, en detrimento del contenido

Pero, ¿de verdad podemos estimular el cerebro de los niños ayudándolos a formar letras con la mano? Según Dinehart, en una población de niños con bajos ingresos, aquellos que tenían una buena motricidad fina relacionada con la escritura antes de los cinco años más adelante obtenían mejores resultados en el colegio. La autora pedía más investigación sobre la escritura manuscrita en los años preescolares y sobre las maneras de ayudar a los niños pequeños a desarrollar las capacidades que necesitan para “una tarea compleja” que exige la coordinación de distintos procesos cognitivos, motrices y neuromusculares.

“El mito de que la escritura manual no es más que una aptitud motriz es totalmente erróneo”, afirma Berninger. “En ella utilizamos partes motrices de nuestro cerebro, y también planificación y control motrices, pero hay una región cerebral crucial en la que coinciden la visión y el lenguaje. Es el giro fusiforme. En él, los estímulos visuales se convierten efectivamente en letras y palabras escritas”.

Letras y formas

La investigadora asegura que hay que ver las letras con el “ojo de la mente” para trazarlas en la página. Las imágenes cerebrales muestran que la activación de esta región es diferente en niños con dificultades para escribir a mano.

Los escáneres funcionales de cerebros de adultos han revelado una red cerebral característica que se activa cuando leen y que incluye áreas relacionadas con los procesos motrices. Eso ha hecho pensar a los científicos que el proceso cognitivo de la lectura puede estar conectado con el proceso motor de formación de las letras.

Karin James, catedrática de Ciencias Psicológicas y del Cerebro de la Universidad de Indiana, realizó escáneres cerebrales de niños que aún no sabían escribir en letra de molde. “Sus cerebros no distinguen las letras; reaccionan ante ellas igual que ante un triángulo”, observaba.

Una vez que se enseñaba a los niños a escribir, los patrones de activación cerebral en respuesta a las letras mostraban una actividad mayor de la red de la lectura, incluido el giro fusiforme, junto con el giro frontal inferior y las regiones parietales posteriores del cerebro que los adultos utilizan para procesar el lenguaje escrito, aunque los niños estaban todavía a un nivel muy inicial como escritores.

“Las letras que producen por sí mismos son muy caóticas y variables, y eso es algo verdaderamente bueno dado cómo aprenden los niños”, dice James. “Parece ser una de las grandes ventajas de escribir a mano”.

Los especialistas en escritura manual se han esforzado en responder a la pregunta de si la letra cursiva confiere aptitudes y beneficios especiales más allá de las ventajas que proporciona la letra de molde. Beringer cita un estudio de 2015 que indica que, si se empieza aproximadamente en cuarto de primaria, la capacidad de escribir en cursiva da ventaja a la hora de deletrear y redactar, quizá debido a que los trazos conectados ayudaban a los niños a conectar las letras formando palabras.

En los niños pequeños con un desarrollo normal parece que teclear las letras no genera la misma activación cerebral. Por supuesto, a medida que nos hacemos mayores, la mayoría de nosotros pasamos a escribir a máquina, aunque, igual que muchos de los que enseñan a alumnos universitarios, yo misma me he enfrentado al tema de los ordenadores portátiles en clase más porque me preocupa que la atención de los alumnos se distraiga que por fomentar la escritura manual. No obstante, según los estudios sobre la toma de apuntes, parece que “es menos probable que los estudiantes universitarios que escriben en un teclado recuerden los contenidos y sepan reproducirlos que si escriben a mano”, afirma Dinehart.

Según Berninger, la investigación indica que los niños necesitan una formación introductoria en letra de molde, a continuación dos años de aprendizaje y práctica con la letra cursiva que empezarían en tercero de primaria, y luego algo de atención sistemática a la mecanografía a ciegas.

Es muy probable que utilizar un teclado, y especialmente aprenderse las posiciones de las letras sin mirar las teclas, se beneficie de las fibras que se intercomunican en el cerebro, ya que, a diferencia de lo que ocurre con la escritura manual, los niños utilizan las dos manos para teclear. “Lo que defendemos es que se enseñe a los niños a ser escritores híbridos”, precisa Berninger. “Primero a escribir a mano, por la lectura, ya que la escritura manual facilita un mejor reconocimiento de las letras; luego, la letra cursiva para el deletreo y la redacción; a continuación, empezando en los últimos cursos de primaria, la mecanografía a ciegas”.

Como pediatra, creo que se trata de otro caso en el que deberíamos tener cuidado de que la fascinación del mundo digital no prive de experiencias importantes que pueden tener impactos reales en los cerebros en rápido desarrollo de los niños. Dominar la escritura manual, aunque sea con mala letra, es una manera de hacer tuyo el lenguaje escrito en sentido profundo.

“En conjunto, mi investigación se centra en cómo el aprender e interactuar con el mundo utilizando nuestras manos tiene efectos realmente importantes para nuestra cognición”, concluye James; “en que escribir a mano cambia la función cerebral y puede cambiar el desarrollo del cerebro”.

© New York Times News Service.