A diario estamos acostumbrados a ver a adolescentes en los gimnasios intentando ganar masa muscular. Es cierto que cada vez los requerimientos estéticos son mayores y a temprana edad es muy importante comenzar a tener un cuerpo definido. Pero no es aconsejable realizar entrenamientos y sesiones maratonianas de musculación, ya que en edad de crecimiento los perjuicios pueden ser mayores que los beneficios. En este post nos queremos detener en ello.

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Siempre el deporte es aconsejable a cualquier edad y lo hemos defendido a capa y espada, pero existen diferentes actividades que pueden ser más o menos aconsejables. En el caso de los adolescentes el ejercicio aeróbico o la práctica de deportes grupales como el fútbol, baloncesto, natación… pueden ser una buena alternativa para entrenar los músculos en vez de decantarnos por la musculación.

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Qué sucede con los músculos

En primer lugar hay que tener presente que con los diferentes ejercicios de musculación sometemos a los músculos a una tensión elevada, al igual que sucede con las articulaciones y los tendones. En una edad adulta en la que el cuerpo no está en crecimiento el riesgo es menor. El problema está cuando estamos en época de crecimiento, ya que podemos lastimar cualquiera de estas partes y generar lesiones o vicios que a la larga pueden pasarnos factura.

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Qué pasa con los adolescentes

En el caso de los adolescentes, el ejercicio de musculación intenso y mal planificadopuede entorpecer el proceso de crecimiento, además puede poner en riesgo tendones y articulaciones, pues son mucho menos fuertes que las de un adulto. Por ello es necesario que se planifique un entrenamiento adecuado, y para ello es necesario consultar a un profesional que deberá asesorar en cada momento.

Es cierto que tonificar los músculos es algo muy bueno a cualquier edad, pero hay que entender que en la adolescencia el cuerpo no está todavía desarrollado, por lo que precisa de alimento y nutrientes necesarios para conseguirlo, además de evitar dañar los músculos. Esto nos lleva a la conclusión de que sí se puede hacer algún ejercicio de musculación, pero siempre con cargas livianas, incluso simplemente con el propio peso del cuerpo servirá.

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No hay que olvidar que muchas veces la dieta se adapta para conseguir una mayor definición o crecimiento muscular. En el caso de los adultos esto se puede hacer. En los adolescentes no es aconsejable debido a que necesitan de una alimentación rica y variada. Por ello no pueden restringir la ingesta alimenticia y para conseguir estar en forma servirá con realizar ejercicios mucho más ligeros y que les mantengan ágiles, activos y en perfectas condiciones.

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Por Delgado http://m.vitonica.com/musculacion/la-musculacion-en-adolescentes-un-riesgo

La pediatra y bloguera Lucía Galán critica que en este mundo competitivo se prepara a los niños para ser los mejores, pero no para aceptar el fracaso.

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Parece extendida la idea de que llorar es cosa de cobardes. Quizá por eso cada vez que uno derrama sus lágrimas, baja la mirada y trata de esconderlas. Y más si los espectadores son sus hijos. Pero, ¿qué hay de malo en mostrar las emociones? ¿Qué hay de malo en que los niños se den cuenta de que los mayores en ocasiones también están tristes? Estas reflexiones las hace la pediatra alicantina Lucía Galán en un post que ha recibido miles y miles de visitas y que circula por esos ya famosos grupos de WhatsApp de madres del cole.

Sus cinco consejos básicos:

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1. Da ejemplo. Los niños son lo que somos, hacen lo que hacemos y sienten de la misma forma que sentimos. 2. Ponte en su lugar. Conecta con tu hijo, no desde el autoritarismo y el «porque yo lo digo», sino desde el «Cariño, sé que no quieres ir al colegio, a mí me ocurría lo mismo cuando tenía tu edad, pero piensa que hoy ya es viernes y cuando salgas tendremos toda la tarde para estar jugando juntos». 3. No le grites. Para su autoestima es nefasto. 4. Cuéntale historias. Háblale de cómo te ha ido el día, haz que desarrolle su imaginación, su creatividad. 5. Dale la oportunidad de elegir. Y de equivocarse también. Es la única manera de aprender.

La bloguera critica que en esta «sociedad excesivamente competitiva» se prepara a los niños para ser los mejores, para lograr la excelencia, con la incoherencia de que número 1 solo hay uno…. «Me importa un pimiento que mi hijo sea el más rápido en cálculo mental. Lo que no consiento es que se venga abajo por ser el segundo, el tercero o incluso porque no haya sido seleccionado entre los 10 primeros», dice con firmeza esta madre de dos niños que tiene ahora el sueño de plasmar sus vivencias del blog en un libro.

—¡Qué difícil tarea esta de educar…!

—Cierto, ¡qué difícil! Pero al mismo tiempo es apasionante ver crecer a nuestros hijos y tener la posibilidad de ir dando forma a su personalidad y temperamento. ¡Es casi mágico ver esa evolución!

—¿Los padres se están volviendo ahora un poco locos con esto de la educación?

-¡Un poco tarumbas nos estamos volviendo, sí! Somos muy exigentes con nosotros mismos, queremos dar lo mejor de nosotros como padres, fruto, en parte, del nivel de exigencia tan alto al que estamos sometidos actualmente en esta sociedad. De vez en cuando hay que poner los pies en el suelo y, como yo digo, parar y contar hasta 10. Casi todo en esta vida puede esperar, así que… tranquilidad, que seremos madres toda la vida. El camino es largo y se trata de disfrutar de él.

—O sea, que hay una preocupación excesiva en ser mejores padres.

—Nos preocupamos mucho, pero creo que eso es positivo. Cultivar nuestra inteligencia emocional nos hace ser mejores personas y, por extensión, mejores padres.

—¿Considera que se forma uno en profundidad para el mercado laboral pero no lo hace para una tarea tan importante como es educar?

—Absolutamente de acuerdo. ¿Quiénes son nuestros maestros de vida? Nuestros padres, hermanos… Aquellos que han estado ahí, en las buenas y en las malas. Copiamos patrones. Somos lo que hemos vivido. En la universidad aprendemos conceptos, pero la verdadera universidad es la vida misma. Las verdaderas lecciones de vida son nuestros fracasos, nuestros desengaños, nuestras pérdidas, nuestras victorias, nuestro sudor y lágrimas. Eso no se olvida.

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—¿Vivimos en una sociedad excesivamente competitiva?

—Demasiado. Qué pena. Pero, ¿cómo cambiarlo? Yo no lo sé…

—¿Cómo hacer para que esto no afecte a los niños?

—Mis hijos son «mi territorio». Ahí estoy yo para mostrarles lo verdaderamente importante de la vida. Esa es mi lucha. Eso sí me quita el sueño, y no que no sea el primero en «mates».

—¿Cómo proporcionar a los hijos las armas adecuadas para el éxito?

—La sociedad actual prepara a los niños para el éxito. Qué fácil es recibir palmaditas en la espalda, qué maravilloso es que te cuelguen medallas. Pero, ojo, éxitos en la vida hay pocos. Y, de hecho, saboreamos esos triunfos gracias a que previamente hemos experimentado la derrota en cuerpo y alma. Creo que el secreto de manejar el éxito es enseñar a nuestros hijos a mantener los pies en el suelo: «Hijo, los pies en el suelo, no olvides tus orígenes y no dejes nunca de mirar al prójimo, quizá necesite tu ayuda».

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—¿Y cómo se les prepara para el fracaso?

—Uffff, qué difícil. Esto es especialmente difícil. Intento decirles a mis hijos que la vida es eso: éxitos y fracasos. Que no hay unos sin otros. Que tenemos (todos) que levantarnos en cada caída y seguir luchando. Que la lucha nos hace fuertes y que, pase lo que pase, al final SIEMPRE sale el sol.

—Mamá también llora, dice en su post. ¿Es bueno que el niño conozca los problemas de sus padres?

—Más que «tus problemas», yo diría «tus emociones». Sí, creo firmemente en ello. No somos máquinas. No somos perfectas. Al menos yo no lo soy. No pasa nada por decirle a tu hijo «Cariño, mamá es de carne y hueso, y cuando está muy triste llora, del mismo modo que si está muy contenta ríe a carcajadas».

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—¿Considera que la sobreprotección es uno de los problemas para la educación de los niños?

—Sí, sin duda. Es difícil no sobreproteger. Queremos hacerlo tan bien que a veces nos pasamos.

—Dice que otra educación es posible… ¿Por cuál apuesta?

—Este tema está muy de moda. En mi artículo de «Mamá también llora» del blog «Lucía, mi pediatra» criticaba duramente una práctica que se hace en algunas escuelas: las olimpiadas de cálculo mental, de ciencias. Se selecciona a uno o dos niños de cada clase (los mejores, por supuesto), cronómetro en mano y frente a un tribunal de profesores y padres, se les bombardea a preguntas. He visto en consulta a niños con verdaderos cuadros de ansiedad por este motivo. Pero, ¿estamos locos o qué? Yo apuesto por una enseñanza en la que los profesores se adapten al nivel de cada niño y no a la inversa de una forma rígida e inflexible.

—¿Y cuál es el mayor error que se puede cometer?

—El mayor error desde mi punto de vista es no educar las emociones. Educar a los niños como el que programa un ordenador: ahora va a ir a esta guardería, va a tener estos amigos, después irá a este otro colegio…

—En términos generales, ¿se es hoy mejor padre que ayer?

—Creo que sí. Estamos más concienciados en cuidar de su salud emocional igual que de su salud física. Del mismo modo que les preparamos con mimo el zumo de naranja recién exprimido, debemos cultivar su inteligencia emocional, su empatía. Solo así podrán ser verdaderamente felices y llevar una vida plena.

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Lucía Palacios.

http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150222/abci-entrevista-lucia-galan-201502221642.html

castigo1La disciplina ha de formar parte de la educación de los hijos y es, además, una tarea en la que se han de ver implicados padres e hijos. Pero, ¿cómo fomentarla? Y, sobre todo, ¿cómo convertirla en un recurso para que los niños aprendan valores como la responsabilidad y el respeto? Las psicólogas Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas nos dan algunas claves para lograrlo en el ámbito doméstico en este artículo, incluido en el monográfico “Hábitos y salud infantil“.

“Es la hora”, “recoge los juguetes”, “no te has hecho la cama”, “el baño así no se deja”, “los platos no salen solos del lavavajillas”, “deja las cosas como te las encuentras”, “los zapatos no van al zapatero si tú no los metes”… “Uf, el día menos pensado me cojo la maleta y no vuelvo”.

Si tienes hijos, te resultarán familiares estas frases, y, si no, puede que las hayas escuchado en tu infancia o adolescencia.

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La convivencia entre personas no es fácil y, por ser padres e hijos, no tiene que surgir de forma natural. Una de las responsabilidades que tenéis como padres es la disciplina relacionada con las tareas en casa. Se trata de que entiendan los beneficios de colaborar, sobre todo en la adolescencia, de moldear acciones desde pequeños y de enseñarles que el incumplimiento tiene consecuencias independientemente de la edad. Así que vuestro objetivo es que, desde pequeños, les inculquéis unos hábitos que ayuden a:

1. Favorecer la convivencia entre los miembros de la familia.

2. Educar en los límites con cariño porque ofrecen seguridad a tus hijos y fomentan su autonomía.

3. Tener una mayor organización en vuestro día a día que permitirá una mayor gestión del tiempo y disfrutar de otras actividades.

4. Educar en valores como la responsabilidad, el respeto y el sacrificio, válidos y necesarios dentro y fuera de casa. Son valores que pondrán en práctica cuando vayan al parque a jugar con otros niños o estén en el colegio.

5. Aprender en el seno familiar qué es la empatía y la asertividad, es decir, ponerse en el lugar de la otra persona y comunicar sin dañar, fomentando de este modo la inteligencia emocional.

6. Ofrecerles un modelo de comportamiento, una habilidad para responder de los actos que uno realiza, conociendo que existen unas reglas en la convivencia.

Pasos a seguir para fomentar la disciplina en casa:

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1. Alíate, dialoga con tu pareja antes de proponer una actuación. Recuerda siempre que la unión hace la fuerza. Si no estáis unidos y firmes en el objetivo, vuestro hijo acudirá al más permisivo de los dos hasta que ceda uno.

2. Detecta la conducta más importante que queráis modificar. No es cuestión de recuperar de golpe el tiempo perdido y sobrecargaros de cambios. Es mejor el efecto dominó: unos llevan a otros.

3. Ofrece margen de maniobra. No todo tiene que ser YA. Ten presente siempre que la paciencia tiene que estar contigo. Las cosas no se harán siempre como las haces tú, ni en el tiempo que tú quieres. ¡Están aprendiendo! Recuérdaselo a tu pareja.

4. Piensa y adapta a la edad de tus hijos lo que pretendes que hagan. A cualquier edad pueden llevar la ropa al cesto de la ropa pero no tenderla. Eso sí: fomenta el trabajo en equipo entre hermanos y en la igualdad. ¡Nada de tareas de chicas y de chicos! El pequeño saca la ropa y da las pinzas para que el mayor la tienda. Adapta también las tareas a sus características, iniciándoles en las más llevaderas. Así se favorece la colaboración y ya llegará el momento de aprender las actividades menos agradables. Pon sobre la mesa diferentes tareas como sacar al perro o rellenar su bebedero y comedero, regar las macetas, poner y quitar la mesa, sacar la basura o hacer la cama.  También pueden pactarlas entre hermanos y así educas en la resolución de posibles conflictos.

5. Reconoce y valora los intentos de tus hijos: si se cae una prenda y se ensucia de nuevo, o hay que bajar al vecino, puedes hacerlo con él la primera vez. No te alarmes, es cuestión de que la lavadora vuelva a limpiar. Diles que no pasa nada y que lo importante es intentar las cosas. Así, llegará un día en que lo harán bien. Si de repente entras en cólera y empiezas a reñir y a decir que es preferible que lo hagas tú porque ganas tiempo, tiras por tierra la oportunidad de que aprendan.

6. Tienes que aprender a transmitir las normas. Sé claro para que tu hijo entienda lo que le pides y cómo tiene que hacerlo. Buscar el momento y las palabras adecuadas es tener media “batalla” ganada. Ser asertivo implica hablar sin herir. No se puede implantar una norma en medio de una discusión o como consecuencia del incumplimiento de otra, o interrumpir un juego. Recuerda que hablar con firmeza no es chillar. Asegúrate de que habláis en el mismo idioma: la “habitación recogida” para vosotros tiene un significado, y para los hijos, otro. Hay que ajustar posturas y definir qué supone tener el cuarto recogido, que significa portarse bien, qué es ayudar en casa, qué implica ser responsable.

7. Saber cuándo se pueden razonar, pactar y decidir las normas. Hay normas negociables y normas que no se negocian, y hay que educar en ello desde pequeños. Las negociables dan sensación de control a los hijos, generan un mayor compromiso y fomentan su cumplimiento porque han colaborado en su diseño. No tengas miedo al “conflicto”: es necesario y os permite crecer como familia y como personas. Aprender a negociar es una de las asignaturas en familia que más enriquecen.

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8. Elogiar cada buena actuación de diferentes formas y en el momento con un guiño, un “gracias, hijo”, “gracias a que tú has hecho esto ahora podemos irnos en bici” o “al haber organizado el armario caben estos juguetes”. No olvides que deben tomar conciencia de las ventajas que ha supuesto su colaboración. Elogiar sinceramente, con cariño, llega al corazón y fomenta el autoconcepto porque los  niños ven que son capaces y sienten que sus padres valoran lo que hacen. A través del refuerzo transmites un valor muy importante en la vida: el agradecimiento. Y eso lo copian.

9. Predicar con el ejemplo. Lo que esperes de tus hijos, hazlo tú primero. Implicarse y esforzarse no depende del estado de ánimo. Tú tienes que ser el que inicie, proponga y se implique para que ellos copien lo que vean. No se les puede pedir que ordenen si tú no tienes ordenadas tus cosas.

10. En caso de incumplimiento pregunta antes qué le ocurrió para no cumplir con lo que se pactó y no te adelantes con suposiciones. Para evitar olvidos tras la organización semanal y los acuerdos, es recomendable elaborar un cuadro en el que quede plasmado qué hace cada miembro de la familia.

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11. No castigues en un momento de enfado. Seguramente será desmesurado, te arrepentirás y levantarás el castigo. Ni tampoco le digas que ya verás qué medida tomas y luego dejes de hacerlo.

No ayudan:

· Los sermones, que lo único que motivan es a desconectar.

· Los insultos, que minan la autoestima y los promueven en su grupo de iguales.

· ‘La ley del hielo’, es decir, dejarles de hablar. Fomenta la distancia por falta de comunicación y los sentimientos de culpa.

· Los castigos físicos, que fomentan la agresividad y sentimientos de venganza. Se les educa en un modelo de resolución de problemas basado en la agresividad.

· Las sanciones desmesuradas, que fomentan la rabia y la baja motivación al cambio.

· Perder la calma o transmitir sentimientos de venganza, diciendo, por ejemplo: “te acordarás de ésta…”.

· Ridiculizarlo delante de sus amigos, vecinos y familiares con frases como “hay que hacerle la cama como a los niños pequeños…”.

· Compararlo con conductas positivas de sus hermanos con un ”se te podía pegar algo de tu hermano”.

· Amenazarle, porque se sabe que son pocas las amenazas que se cumplen. No le digas cosas como: “a este paso olvídate de tu regalo de comunión” o “te quedarás sin salir dos meses como sigas así”.

· Los premios materiales, porque no ayudan a interiorizar por qué tienen la responsabilidad de hacerlo y solo lo hacen por conseguir ese juguete, esa propina…

Esperamos que esta lectura os ayude en vuestra labor de padres y, sobre todo, a disfrutar de los hijos y a hacer de ellos unos niños y futuros adultos sanos, también emocionalmente.

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por Patricia Ramírez y Yolanda Cuevas

* Patricia Ramírez Loeffler es Psicóloga del deporte y de la salud, fue Psicóloga deportiva del Real Betis Balompié y del RCD Mallorca y en la actualidad colabora en medios de comunicación como El País Semanal, Cope y Para Todos la 2 de TVE.

* Yolanda Cuevas Ayneto es Psicóloga de la salud y el deporte y Master en psicología clínica y salud. Tiene formación en coaching deportivo y es psicóloga de la Real Sociedad Deportiva Santa Isabel de Zaragoza.

http://www.fundrogertorne.org/salud-infancia-medio-ambiente/divulga/inspira-nuevo/2014/06/03/los-limites-y-la-obediencia-influyen-de-forma-positiva-en-el-bienestar-de-los-hijos/

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Eres un motivado! Y si no lo eres, puede que necesites un pequeño empujón.

Pero vamos a ver, tampoco se trata de tatuárselo en la piel… ¿O si?

Se trata de ese punch que necesitas cada día para salir a buscar lo mejor de ti.

Al fin y al cabo, este mundo tampoco es tan terrible.

Y seguro que no quieres ser uno de esos que se arrepienta de haber perdido el tiempo sin perseguir sus sueños.

Pero no te lances a lo loco, recuerda quien eres.

Y que no estas solo.

Así que sal y pelea, pero sabiendo que la mayor victoria que puedes conseguir, es la victoria sobre ti mismo.

Pero un momento, necesitas un último empujón: ¡bonus track!

¿Motivado?

Sal ahí fuera y ¡demuéstralo!

 

http://ummamag.com/2015/02/eres-un-motivado/

-¿A quién le mandas mensajes?

-A nadie. Sólo a Avery.

-Avery… ¿Avery? ¿Eso es nombre de chica o de chico?

-¿Eso importa?

-No, no importa… ¡A no ser que sea chico!

(Gru: mi villano favorito 2)

Las relaciones familiares durante la transición de los hijos hacia la adolescencia son hoy en día un tópico en la investigación, puesto que es considerada como una etapa de vaivenes emocionales, de respuestas impredecibles, de idas y venidas y cómo no, de un deterioro en el sistema familiar, el cual debe estar en transformación para acomodar las interacciones entre padres e hijos.

La adolescencia es comúnmente entendida como un periodo en el que los conflictos dentro de la familia aumentan en frecuencia e intensidad, puesto que nuestros niños y niñas (ya no tan dulces e inocentes) son más críticos con las normas, comienzan a dar sus puntos de vista y demandan una mayor independencia e intimidad en sus relaciones. Estos comportamientos, pueden causar confusión en los padres, ya que no pueden otorgarles una libertad adulta, pero las pautas y normas que siempre habían funcionado ya no son eficaces.

– Está bien, entonces dime ¿Exactamente cuándo podré salir con niños?

– Cuando muera…más 3 días, solo para estar seguro. (Ice Age 4)

Por su parte, la industria del cine de animación 3D, que ha dejado atrás la narrativa infantil e insustancial, ha ido tomando peso en la sociedad audiovisual actual, presentándonos distintos modelos familiares. Desde unos padres inexpertos y primerizos (Sherk 3; Shrek 4) a un padre adoptivo y soltero (Gru:Mi villano favorito), pasando por familias “normales” de corte tradicional (Los IncreíblesBrave) y padres viudos encargados de criar a sus hijos  (Buscando a NemoHotel Transilvania).

El cine de animación actual no ha pasado por alto esta etapa normativa del desarrollo y desde algunas de sus películas, se nos muestran a padres y madres gestionando diversas situaciones con sus hijos e hijas adolescentes, aportando a los profesionales una herramienta útil con la que poder visualizar diferentes escenas familiares, pautas comportamentales y resolución de conflictos.

El cine de animación nos brinda muchos casos de padres sobreprotectores (Fuente: Google Images)

El cine de animación nos brinda muchos casos de padres sobreprotectores

Algunos ejemplos de adolescentes en el cine de animación

En Brave se nos muestra a Mérida, una adolescente rebelde que ansía una libertad y autonomía, la cual no le es concedida. La creciente falta de comunicación con sus padres culmina en una huída en busca de esa independencia tan deseada.

En Los Increíbles conocemos a Violet, una adolescente tímida, insegura y con complejos, aquejada de que sus padres “no la entienden” ni son tan normales como quieren aparentar ser.

Padres sobreprotectores ¿cómo identificarlos?

Durante el proceso de crecimiento y desarrollo en los hijos, es frecuente encontrar a padres y madres que se responsabilizan sobre todo lo que pueda ocurrir, que constantemente están pendientes de cada movimiento, que avisan y se anticipan a cada uno de los peligros existentes y acompañan a sus hijos a todas partes… Exacto, estamos hablando de padres sobreprotectores.

El cine de animación se ha hecho eco de este modelo de parentalidad en películas como Hotel Transilvania y Buscando a Nemo, en las cuales ambos protagonistas son viudos y se vuelcan por completo en sus hijos, olvidándose de sí mismos y anticipando consecuencias negativas a cada ambición o intención de éstos.

– No puedes controlar mi vida.

– Sólo quiero protegerte, eso es lo que hace un padre.

– Pues, desearía que no fueras mi padre. (Ice age 4)

Características

Los padres y madres sobreprotectores suelen pensar que demuestran cariño hacia sus hijos cuando les facilitan las tareas, evitando que las realicen e incluso hagan esfuerzos por intentarlo. Se anticipan a sus deseos, pretendiendo controlarlo todo, sintiéndose culpables si algo falla y atribuyéndose todas las responsabilidades. Estas pautas se basan en el uso del miedo como mecanismo de protección anticipando las más desastrosas consecuencias, contestan por ellos y justifican o tapan sus errores; además no permiten que otros adultos los corrijan e intentan evitar salidas de sus hijos con otros compañeros de su edad… Es decir, impiden que se enfrenten a situaciones nuevas.

En este sentido, destacamos la siguiente escena de la película Buscando a Nemo, en la cual podemos observar algunas de las conductas descritas anteriormente.

– Recuerda que no nadas bien.

– Yo sé nadar muy bien. ¿Vale?

-No, no vale. No deberías nadar por aquí…tenía yo razón ya empezarás el colegio el año que viene o el siguiente.

-No papá, solo porque a ti te de miedo el mar…

-¡No! No estás preparado y no volverás hasta que lo estés… ¡Crees que puedes hacer de todo pero no puedes Nemo! 

Influencia en los hijos e hijas

Los comportamientos descritos anteriormente suelen tener un efecto a largo plazo en los aprendizajes de los hijos e hijas, enfatizando la inseguridad y el miedo, la dificultad para enfrentarse a situaciones nuevas, la disminución de la capacidad de esfuerzo y una actitud exigente con los demás a la hora de conseguir fines propios. Como consecuencia, no se da un aprendizaje normal en cuanto al desenvolvimiento en situaciones habituales y cotidianas.

Durante la transición a la adolescencia, suele producirse una demanda de autonomía y mayor libertad en la capacidad de decisión, además de actitudes desafiantes hacia las normas y límites impuestos hasta el momento. Los adolescentes van tomando conciencia de que sus compañeros suelen ser capaces de resolver situaciones nuevas con relativa seguridad y solvencia, a la vez que ellos van sintiendo más temor y rechazo. Como resultado, los hijos pueden activar una lucha de poder entre ellos y los padres.

En el vídeo anterior, podíamos ver a Nemo retando a su padre a favor de su apertura a la experiencia y oposición a los límites, también se nos muestra este comportamiento en la película Brave.

-Nunca miras por mí, este asunto del matrimonio es lo que quieres tu… ¿te has parado a pensar en qué es lo que quiero yo? ¡No! Te dedicas a decirme lo que tengo que hacer, lo que no tengo que hacer y a intentar que sea como tú ¡bueno!…Pues no voy a ser como tú.  

Soluciones propuestas desde el cine de animación

-¡Le prometí que no le ocurriría nada!

-¿A quién se le ocurre eso? No puedes impedir que le pasen cosas.

(Dory en Buscando a Nemo)

Y es que, una vez planteados los conflictos, éstos deben ser solucionados.

Educar sin sobreproteger es posible y además necesario. Conforme los niños y las niñas  van creciendo, los padres y madres deben readaptar las pautas y normas establecidas, partiendo del afecto y la comunicación… La familia es un sistema dinámico y transformador en constante movimiento, de ahí radica la importancia de acomodarse ante los cambios  que comienzan a experimentar los adolescentes.

Un ejemplo de reajuste en normas y privilegios dentro del cine de animación aparece en la película Hotel Transilvania, en la cual Drácula, un padre muy sobreprotector con su hija, decide al fin que ella misma debe comenzar a llevar las riendas de su vida y tomar sus propias decisiones.

Otro gran ejemplo se lo debemos a la película de animación Kung Fu Panda

– Mi viejo amigo, el panda jamás realizará su destino ni tú el tuyo hasta que abandones la ilusión de control.

– ¿La ilusión?

– Sí. Mira este árbol Shifu, no puedo hacer que florezca cuando yo quiera, ni hacer que dé fruto antes de tiempo.

– Pero hay cosas que podemos controlar. Puedo controlar cuando caerá la fruta. Y puedo controlar dónde plantar la semilla. Eso no es una ilusión, maestro.

– Es cierto. Pero no importa lo que hagas, esa semilla se convertirá en un melocotonero. Podrás desear un manzano o un naranjo, pero vas a tener un melocotón. 

Hacia una adolescencia en calma

  • Los padres deben alentar a sus hijos a enfrentarse a situaciones; de este modo  contarán con un mayor número de herramientas para convertirse en adolescentes seguros y con iniciativa.
  • Los padres no pueden renunciar al propio proyecto de vida para dedicarlo por completo a los hijos. Si buscamos ser modelos seguros y coherentes, debemos pensar en nuestro propio bienestar como personas individuales.
  • El adolescente debe percibir una cierta sensación de libertad y autonomía progresiva. Un exceso de control o rigidez extrema puede ser tan contraproducente como estilos de educación laxos y sin límites.
  • Es necesario establecer un reajuste en las exigencias, monitorización de actividades y responsabilidades para con nuestros hijos, enfatizando relaciones familiares cercanas, afectuosas, comunicativas y de confianza.
  • Debemos respetar las decisiones de los niños y fomentar prácticas parentales encaminadas al desarrollo de la toma de decisiones. Diversos estudios avalan que los padres que promuevan la autonomía tienen hijos con mejor desarrollo cognitivo y con un ajuste social y de competencias más adaptado al entorno.

Como hemos podido observar, el cine de animación puede ser una herramienta útil para los profesionales, siendo susceptible de ser enfocada tanto en niños como en adultos.

¿Quién dijo que ver películas era una pérdida de tiempo?

Para saber más…

  • Un artículo: La madre que se negó a resolverle a su hija los deberes del cole.
  • Un cuento: La princesa Floripitín (“una fábula para recordarnos que los niños deben aprender por sí mismos y que la sobreprotección y la falta de desafíos los empobrecen”)
  • Una película:Hotel Transilvania.
  • Una cita: “Cuanto más mimes a tu hijo, en la vida será más canijo” (Marge Simpson)

by Alba Sotelino Couñago ·

http://www.psicomemorias.com/educando-nemo-sobreproteccion-cine-animacion/

 

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El amor llega en la adolescencia

No se trata solo de que estiren unos centímetros: el cambio en la pubertad es tan espectacular que el resultado es una persona distinta a la que hay que aprender a tratar y enseñarla a funcionar. La herencia genética, la nutrición, el clima, además de la variable sexo, condicionan la aparición de los caracteres sexuales secundarios.

Además de los ajustes a la nueva imagen corporal, los adolescentes comienzan a experimentar deseos sexuales en una intensidad que depende de su grado de maduración. Pero antes o después, el despertar sexual llega, y las nuevas emociones y los impulsos para expresarlo, también.

Los amores de verano influyen en la adolescencia

Las vacaciones, el ocio, las fiestas locales, un encuentro con nuevas personas… El verano es una época propicia para que surja el primer amor de tu hijo adolescente, un acontecimiento agridulce, intenso y emocionante que puede causar estragos en el adolescente. En la segunda década de su vida, los niños comienzan a crecer, engordar… Su cuerpo cambia a una velocidad solo comparable a la de los primeros años de su existencia.

Mentes inmaduras en cuerpos desarrollados

La edad de iniciarse en la actividad sexual ha descendido en nuestro país, pero parece que el resultado de tales experiencias no ha sufrido muchas variaciones, y en numerosas ocasiones nos encontramos con unos cuerpos desarrollados para la actividad sexual, con unas mentes no tan preparadas para ello.love-couple

La confusión entre los sentimientos experimentados, unida a la mentalidad reinante de iniciarse precozmente y cuanto antes mejor, conduce a no dar la importancia que se merece al primer amor, tan decisivo para nuestra futura vida afectiva. Cuando caen en el enamoramiento, algunos adolescentes lo hacen sin cesar. Cambian continuamente su foco de interés, se enamoran cada poco de una persona distinta, lo que es propio de los jóvenes más inseguros y vulnerables. Otros, los más tímidos o difíciles de contentar, por el contrario, no lo consiguen aunque lo intenten.

En cualquier caso, el estado de enamoramiento altera su estado vital. Todo pasa a un segundo plano: los padres, los hermanos, los amigos y, no digamos, el estudio. El elegido o elegida queda investido de un halo de perfección por el que se suspira, y se producen unos cambios físicos palpables: falta de sueño, ensimismamiento, trastornos alimentarios por exceso o por defecto y sentimientos de euforia que llevan de la risa al llanto. Esta primera etapa de ánimo exaltado tiende a durar poco y pueden ocurrir dos cosas: o que se termine –el final del verano es propicio para los súbitos finales– o que se consolide y se transforme en un amor más firme y sereno.

El necesario apoyo de la familia

Para enfrentarse a todos esos cambios y la turbulencia de sentimientos, el adolescente necesita el apoyo de la familia y de su entorno. Para muchos padres, hablar con sus hijos de estos temas no es fácil. Temen que entablar una conversación sobre las relaciones amorosas signifique una invitación a la promiscuidad o sirva para transmitir “malas” ideas al hijo, cuando en realidad lo que sucede es exactamente lo contrario.

love2Desde la más temprana infancia no solo se debe responder a todas las preguntas del niño –algunos nunca preguntan nada–, sino además introducir nosotros el tema, abordándolo en sus distintos aspectos. Lo que no conviene es tener una única conversación en la que se cuente “todo” y en la que se le advierta de los peligros. Hay que aprovechar situaciones cotidianas para comentar, al hilo de algo concreto, noticias, sucesos familiares…Escuchar sus opiniones y estimular tanto su razonamiento como su capacidad crítica.

Cuando son mayores, a ellos les costará hablar de sus sentimientos y deseos, de los que a menudo se avergüenzan. Además, en ocasiones no conciben que sus padres puedan ser interlocutores válidos en estos temas. El egocentrismo propio de la edad les hará creer que han sido ellos los primeros en descubrir el amor, a la vez que verán a sus progenitores, no como a un hombre y una mujer, sino tan solo como a sus padres.

Temas de conversación

La conversación con los hijos es un elemento básico, y los temas a bordar diversos:

· Cambios en su cuerpo y en el de los demás. Es un tema fácil de abordar. Aunque en los centros escolares suelen tratarlo, no debemos dejar en manos de los docentes toda la información. Es nuestro deber y derecho, como padres, comentar estos cambios de su persona.

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· Emociones nuevas que van a experimentar. No hay que temer hablar de ellas directamente. Los adolescentes se sienten confusos cuando se enamoran debido, entre otras cosas, a la educación tan vacía de sentimientos que impera hoy día. Se preguntan: ¿es esto realmente amor? ¿Será solo atracción sexual? ¿Se parece a lo que veo en casa, a la relación de mis padres? Son muchos los padres que no tienen una relación afectuosa o que la ocultan delante de sus hijos como algo vergonzoso. Los hogares en los que no se siente el afecto, en los que el cariño no se manifiesta de forma física, en forma de besos, abrazos, caricias, son fríos y pésimos modelos para una educación en la afectividad. Las relaciones entre las personas deben tener emoción y ternura, y su expresión física no debe estar desvinculada de estas emociones.

· Aprender a escucharlos. Hay que permitirles expresarse y, lo más difícil, evitar caer en el sermón y el consejo antes de que terminen de hablar. No debemos condenar de antemano. Es mejor hacer preguntas indirectas sobre lo que sienten y les preocupa, para poder ayudarlos a razonar y a tomar decisiones.

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· Su información es insuficiente. Aunque las relaciones amorosas suelen ser el tema sobre el que versan todas sus conversaciones y sobre el que todos creen saberlo todo, la información que manejan es insuficiente y plagada de errores, a pesar de lo cual será frecuente que corten a sus padres cuando éstos traten de hablar al respecto.

· Enseñarles a controlar sus impulsos. Hay que mostrarles la necesidad de decir no cuando piensan que no y enseñarles a no dejarse arrastrar por las presiones de los demás. Deben saber valorar cuáles son las consecuencias de sus acciones.

· Hay que estar cerca cuando el periodo de exaltación llega a su fin. A veces acaba sin estridencias, pero en la mayoría de los casos no hay acuerdo en el momento de poner el punto final y aparece el sufrimiento que en algunos adolescentes llega a ser muy alto. Su escasa experiencia en la forma de resolver problemas afectivos puede llevarles a tomar decisiones y medidas desproporcionadas (depresiones, bajones en la autoestima…).

Para concluir, hay que inculcar a nuestros hijos que nadie debe obligar nunca a otra persona a hacer nada que no quiera hacer. Que conocerse y experimentar el amor debe ir ligado a unos sentimientos más profundos que los del mero desahogo. Hay que tener siempre presente que las primeras experiencias amorosas son fundamentales, porque se reflejan en nuestra posterior trayectoria personal.

María Peñafiel. Psicóloga

http://www.conmishijos.com/adolescentes/adolescentes-ocio/el-primer-amor.html

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Ha llegado 2015, el año al que viaja Marty McFly desde 1985, y Nike tiene que responder al desafío que lanzó Robert Zemeckis con las míticas deportivas de Regreso al futuro II. Tras unas zapatillas similares en aspecto, pero que no se ataban solas, lanzadas en 2011, la compañía de calzado ha confirmado el lanzamiento de un modelo que sí lo hará para este mismo año. Veamos cómo funcionarán, según una patente presentada por Nike en 2010.

   Los menos cinéfilos quizás no lo recuerden, pero en la segunda parte de la trilogía de Regreso al futuro, los protagonistas de la película viajaban 30 años hacia delante en el tiempo, concretamente al año 2015. Nada más llegar, Marty se calzaba unas fantásticas deportivas de Nike que se ajustaban automáticmanete a sus pies, además de una cazadora autoajustable y con secado incorporado. Ah, y se tenía que sacar los bolsillos por fuera de los pantalones porque iba a ser lo último en moda en 2015. Recordemos la mítica escena:

   La compañía de deporte no desaprovechó este conocidísimo ‘product placement’. Ya lanzó un modelo parecido al que lucía el personaje Michael J. Fox en la película en 2011, las Nike Mag, pero su cierre no era automático. Incluso se emitió un simpático anuncio en el que aparecía el doctor Emet Brown y criticaba que estas zapatillas no tuvieran “robocordones” (power laces, en inglés). En este punto, un empleado de la firma replicaba que eso no ocurriría hasta 2015.

   Bien, pues el futuro es hoy y es el momento de cumplir promesas.  Nike pretende enmendar su “error” y ganarse el perdón de los fans con un nuevo modelo que, esta vez sí, se ajustará automáticamente. ¿Pero cómo funcionarán? La compañía presentó una patente en 2010 en la que presentabade unas zapatillas con cordones motorizados que se atan solas. En Portaltic la hemos recuperado para hacernos una idea de cómo se ajustarán las esperadas Nike Mag.

   La magia de la película será posible gracias a un pequeño motor que  llevarán en la suela, concretamente en la zona del tacón. Este motor estaría conectado a un sistema de bobinas, donde irán enroscados los cordones, que rotarían desde la suela para que así se cerrasen los que están sobre el empeine. De esta forma, las zapatillas se ajustarán al pie sin que el usuario “tenga que hacer ningún trabajo”, dice la patente.

 Lo que no está claro es cómo se activará el cierre de los cordones. Nike se cubre las espaldas y propone dos maneras de poner en marcha todo el mecanismo: una más parecida a la de las zapatillas que utiliza Marty en la película (es decir, al introducir el pie en el calzado) y otra que requeriría más trabajo por parte del usuario.

   La primera opción consistiría en un sensor de peso que detectaría cuando nos ponemos la zapatilla y que activaría el motor automáticamente. Según la patente, los cuatro cordones se tensarían en el momento exacto en el que entra el pie o podrían hacerlo con un ligero retraso. Además, Nike explica que el modelo podría incluir más sensores (incluso, en los propios cordones) que definirían el ajuste perfecto para cada pie.

   La otra opción que se contempla, menos futurista, consistiría en activarlas manualmente a través de un botón que podría ir conectado a la zapatilla o funcionar como un control remoto.

   En ambos casos, para quitárselas bastaría con pulsar otro botón, probablemente camuflado en la zona del tobillo, que destensaría los cordones para que se pudiera sacar el pie.

   En cuanto al tipo de motor, Nike no especifica cuál será el elegido, pero sí que el ideal sería uno eléctrico y que iría alimentado por una batería interna recargable (que, incluso, podría conectarse vía USB).

   La firma no quiere limitar su patente a las deportivas de Regreso al futuro y describe que el ingenioso mecanismo podría aplicarse a cualquier tipo de calzado (botas, zapatos formales, etc.) y a cualquier diseño de deportivas (ya sean altas, como en la película, o bajas).

   Las Nike de Regreso al futuro 2 llegarán a las tiendas reales este mismo año, quizás en octubre, con el objetivo de conmemorar el viaje de Doc y McFly (21 de octubre de 2015).

http://www.europapress.es/portaltic/portalgeek/noticia-asi-funcionaran-nike-reales-regreso-futuro-ataran-solas-20150114095933.html

descubre-estudiantesSe mueven entre el pasotismo y el consumismo. Acostumbrados a una vida de entretenimiento y de series, los jóvenes describen el presente como “ inestable e injusto”

Su idea de una jornada ideal pasa por no acudir a clase, no madrugar, tener una tarjeta black (“pero sin corrupción”) y estar con los amigos y pasarlo bien. Lo cuentan entre risas y algo de rubor seis alumnos, de 17 años, del Instituto Severo Ochoa, en la localidad madrileña de Alcobendas. Chicos de clase media, la mayoría de padres divorciados y con problemas escolares, motivo por el que han sido derivados a Diversificación o al Programa de Cualificación Profesional Inicial Voluntaria, cursos para obtener la ESO con contenidos más bajos. Todos consideran a la familia como un valor fundamental. “La convivencia es buena aunque discutimos mucho. Me repite las cosas muchas veces y me rallo.Ella suele llevar razón pero a veces resulta pesada”, cuenta Daniel León Vargas, de 16. Su sueño sería irse con su novia a vivir a otra ciudad, quizás Nueva York.

Les mola mazo o les renta pero no se han chinado; viven en la keli y no les va el canteo. Estamos en el recreo, tres horas después de su llegada al centro escolar. Como el resto de sus compañeros entraron en tromba al patio, a las ocho de la mañana. Todavía quedaban unos segundos para una ojeada rápida a la pantalla del móvil y enviar un último WhatsApp. El centro escolar lo deja bien claro en los carteles pegados por las paredes. En clase están prohibidos los móviles, sobre todo para proteger a los profesores de filmaciones vejatorias que luego se cuelgan en Youtube. Para evitar conflictos los dejan sobre una mesa y se los devuelven a la salida. El castigo por usarlo en clase es una semana sin móvil. Los usan en los pasillos y los profes muchas veces hacen la vista gorda. Pillarlos con ellos en la mano supone un conflicto añadido y un enfrentamiento que conviene evitar. De los más de tres millones de adolescentes españoles (muchachos de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años) un 84%, posee teléfono móvil para su uso personal, pagado por sus padres, según datos del Instituto de la Juventud, basados en una encuesta de 2012. El sondeo avisaba de la tendencia al alza. Duermen con el móvil y miran la pantalla al menos un centenar de veces al día. España se encuentra en la media de Unión Europea y en todos los estados miembros se comprueba el mismo ascenso y comportamiento. Igual que su relación con las redes sociales que ya ha acabado por generalizarse. Su uso es mayor cuanto menor es la edad. En poco más de tres años se ha pasado del 60% en 2009 al 90% en 2011.

Infantiles, consumistas, críticos, de moral relajada, acostumbrados a una vida de entretenimiento y de series, los adolescentes de la era Instagram ya no van tan a lo grande como sus hermanos mayores. En su playlist suena Nirvana, Arctic Monkeys, Red Hot Chili Peppers, Imagine Dragons, David Guetta y algo del peor reggaeton. Entre sus prioridades no figura cambiar el mundo pero sí su entorno. Son más individualistas que las generaciones que los han precedido. “Mis alumnos son muy de tripas, se mueven por instinto, pueden leer cualquier cosa sin necesidad de intelectualizar nada. En esos años, les afectan sobremanera las separaciones de los padres. Llevan una vida muy de entretenimiento; se ríen con programas como Adán y Eva, la exaltación de la estupidez supina, pero son clientes fieles de series como Homeland o Juego de tronos”, cuenta Victoria Menéndez, profesora de Lengua y de Inglés del Severo Ochoa. Lleva 25 años en la enseñanza y casi siempre con adolescentes. “Antes se rebelaban contra todo, ahora no necesitan pelear tanto como antaño. Disponen de un mundo propio que Internet y las redes sociales han contribuido a crear pero los veo muy positivos y honestos”.

Según el estudio Jóvenes y valores sociales, del Centro Reina Sofia, los adolescentes españoles han asumido que les tocará vivir una vida low cost. Han aceptado que deben revisar a la baja sus expectativas, fundamentalmente en relación con perspectivas o proyectos personales. Describen el presente como “incierto, inestable e injusto”. Se sienten engañados y desconfían del sistema. En general culpabilizan a las instituciones adultas —de las que no se sienten partícipes— pero focalizan su desconfianza especialmente en la política tradicional y en la figura del político profesional. Cada vez son más los que apuestan por actitudes de compromiso social y de cambio. El filósofo José Antonio Marina cree que los jóvenes del siglo XXI son conscientes de que se ha roto un pacto social implícito. “Antes la sociedad le decía al joven que si cumplía su alianza y se portaba bien la comunidad estaría en condiciones de responder pero eso se ha fracturado. Hemos ido a una época de impotencia confortable, en el sentido de decir, esto es lo que hay y me voy a ir acomodando para aprovechar lo que tengo, sin grandes esperanzas. Desde hace unos cuantos años, pensando que los estamos cuidando lo que estamos es condenándolos al desánimo, los mimamos para luego abandonarles”.
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Las hermanas Nolla estudian cuarto de la ESO en el Instituto Bilingüe Beatriz Galindo, en Madrid. / Samuel Sánchez

Adolescencia. Su uso se ha generalizado pero el concepto teen como tal tiene su origen, en los años cincuenta del siglo pasado. En todas las culturas existía un rito de paso, de final de la infancia a otra vida, pero se ha creado específicamente un espacio formativo que se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial y que coincide con mejoras notables como la escolarización total y la llegada de los jóvenes al mundo del trabajo a partir de la mayoría de edad. En ese tiempo se han vertido ríos de tinta tratando de analizar la rebeldía adolescente, algo que básicamente no ha cambiado con el tiempo aunque ahora surjan nuevas teorías sobre esa etapa de la vida. En la adolescencia se desarrollan las grandes capacidades sentimentales e intelectuales. También la mayor parte de las adicciones nacen en esa etapa. Hasta ahora, muchos de los comportamientos escandalosos o un poco arriesgados lo atribuíamos a las pobres hormonas pero nuevas teorías proponen aprovechar esa etapa en lugar de malgastarla.

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El talento de los adolescentes (Ariel), nuevo título de José Antonio Marina, anuncia el cambio de modelo que se está viendo en muchos países y por caminos distintos: “No se trata solo de un asunto sociológico y pedagógico, el cambio viene de la mano de la neurología. Hasta ahora, sabíamos que había un gran periodo de aprendizaje que era prácticamente donde se consolidaba todo y eso sigue siendo verdad, pero lo que no habíamos sospechado es que en la adolescencia se produce un rediseño completo del cerebro. Es como si la naturaleza hubiera preparado el cerebro primero para hacerse cargo de un mundo al que el pobre niño llega tremendamente despistado y luego lo vuelve a aprovechar para que se independice y se haga adulto. Es como atravesar dos etapas de enorme plasticidad”.

En el Severo Ochoa, los problemas los dan 25 alumnos de una plantilla de 1050, un porcentaje mínimo pero, como sucede en otros centros escolares, en torno a esos conflictos se articula la leyenda. “Se ha generalizado el mito de la crisis de la adolescencia, cosas como que de repente lo pasan muy mal, con angustia vital, seres imprevisibles e irresponsables y eso no es así, pero si lo repetimos un buen número de veces acabaremos por creerlo”, recalca Marina.

A mediodía, la puerta del instituto madrileño Beatriz Galindo, se transforma en una marea de sudaderas, deportivas, vaqueros y leggins. Solo unos pocos encienden ansiosos un pitillo antes de despedirse hasta el día siguiente. Julia y Clara Nolla, hermanas de 15 años, alumnas bilingües de cuarto de la ESO “odian” que le presenten el futuro que les espera como un mundo donde habrá más pobres y trabajos peor remunerados. “Necesito tener ideales, ya basta de amenazas. Entiendo que nos preparan para ser mayores pero estamos en nuestro derecho de soñar. Pienso en el mañana como algo lejano aunque, sinceramente, espero que se hayan resuelto los problemas económicos cuando sea mayor”, dice Clara. Las hermanas no se dejan llevar por la “yupi vida”. Clara toca el bajo en un grupo, saca buenas notas y no sabe bien lo que quiere ser de mayor, quizás psicóloga. Su hermana Julia comparte esa opinión sobre cómo los adultos tratan de contarles la vida a partir de su experiencia y, claro, ellas quieren vivir su “propia vida”. Ambas dieron un paso al frente cuando se debatía la reforma de la Ley del aborto que proponía el entonces Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. “Mucha gente se quedó en sofá pero pensamos que era el momento de hacer algo. Fuimos a las manifestaciones. Si se juega con nuestro futuro hay que intentar cambiarlo”, cuenta Julia. En el centro escolar disponen de una capilla pero ellas ni son creyentes ni han sido bautizadas. Les gusta que Religión sea una optativa.
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Sergio Gato y Jaime Alba, de 14 y 15 años, tienen una web de venta de sudaderas. / Samuel Sánchez

El fin de semana, los que no juegan al fútbol salen a “a divertirse” con los amigos. Recalan en los parques cercanos, las boleras o los pubs. Evitan la violencia pero reconocen que en cualquier momento puede llegar un gamba con ganas de liarla. Basta un “¿y tú que miras?” desafiante para que las cosas se compliquen. De vez en cuando, puede caer alguna cerveza, pero no es lo habitual aunque ninguno niega que en su entorno se fuma (porros también) y se bebe alcohol con total naturalidad. Las encuestas más recientes del Instituto de la Juventud apuntan que un 55% puede llegar a casa a la hora que quiere y el 50,6% por ciento puede beber copas sin problemas. “La tolerancia con el alcohol es muy estúpida. No nos preocupa el botellón sino el efecto que produce entre los vecinos”, añade Marina. Sostiene que estamos importando el modelo nórdico: emborracharse cuanto antes consumiendo bebidas fuertes. “Hasta en esto estamos modificando la sana costumbre mediterránea de tomar bebidas suaves que acompañaban la conversación y la fiesta”.

A los alumnos de Victoria Menéndez no les gusta que la policía los trate como delincuentes “por sistema”, una queja que comparten algunos de sus alumnos. En ocasiones, protesta Jonatan Cueva, alumno de Diversificación, “estamos sentados en un banco hablando tranquilamente y los secretas nos piden que nos identifiquemos o que enseñemos las mochilas”. Las multas por beber pueden llegar a los 500 euros.

Virginia del Álamo, compañera de clase, toca en Bus Stop, un grupo de sonidos acústicos, que se foguea artísticamente en pequeños antros. El domingo visitó el Rastro madrileño en busca de banderas anarquistas y republicanas para decorar los locales de ensayo. Toca la guitarra, el bajo y la batería. Se lleva bien con sus padres aunque no le gusta que la fiscalicen o que su padre la llame al móvil cuando está con los amigos exigiendo que vuelva a casa “ya mismo”.

Su compañero, David Alcázar, de 17 años, quiere ser policía. Desde pequeño admira a los agentes que protegen a las mujeres maltratadas y le gustan los documentales de Policías en acción. Ni la profesora ni los alumnos soportan la imagen estigmatizada que se tiene de esta etapa de la vida que la RAE define como aquella en que se pasa de la niñez al desarrollo completo del organismo, lo cual influye en el carácter y en el modo de comportarse.

En la adolescencia se desarrollan las grandes capacidades intelectuales. También las grandes adicciones / Samuel Sánchez

Hace 25 años, cuando Menéndez empezó a impartir clases, leía a sus alumnos Tiempo de silencio, algo impensable en la generación Instagram. “Ahora, no lo entenderían. Usan un lenguaje muy limitado y plagado de onomatopeyas. En clase solo se pueden leer fragmentos. Elegimos los más atractivos y asequibles”. Entre las lecturas recomendadas figuran La Celestina y el Mío Cid, pero algunos profesores, sobre todo si no dependen de grupos cerrados, prefieren iniciarlos en otras lecturas. Ha probado con textos tan dispares como las rimas de Bécquer y algunos fragmentos de Gomorra y ha triunfado: “¿Profe, dónde venden ese libro?”. Le importa un bledo lo que lean con tal de que lean.

Fernando J. López profesor de un grupo de teatro del instituto madrileño San Juan Bautista, en el que participan treinta alumnos de entre 14 y 18 años, comparte plenamente esa tesis. Se rebela ante lo que considera una aberración: “El sistema es mecanicista y eso no favorece la creatividad. ¿Cómo es posible que digamos que los adolescentes no leen en absoluto si luego se agotan determinadas lecturas? la cuestión no es que no leen, sino que no leen lo que nosotros queremos que lean”, dice. Como profesor y escritor, autor de La edad de la ira, un best seller juvenil y una novela de iniciación que narra desde dentro la vida en una escuela de un grupo de adolescentes, trata de ponerse en la piel de los chicos y ofrecerles textos que les puedan interesar para convencerles de que la literatura es fascinante. Su retrato de los jóvenes con los que trabaja a diario rebosa optimismo. “Viven en la edad en la que te formas como persona y trazas las relaciones con tu entorno. Adolescente es el que adolece de algo y ellos están llenos de ganas de hacer cosas, aunque, a veces, no sabemos conectar con eso. Los profesores y los padres marcan mucho, demandan pero no comunican. ¿Qué necesitamos de verdad? un lenguaje común”. A pesar de la edad del pavo o precisamente por ello en esos años se pueden generar vocaciones, intereses y aficiones. La idea de este escritor es que se combine la exigencia con el optimismo. “Los chicos de hoy además de las clases llevan a cabo actividades extra escolares. Son muy capaces”.

Todos conocen y se enorgullecen de Malala, la joven paquistaní de 17 años, que obtuvo en el año que acabó el jueves el Premio Nobel de la Paz. Sergio Gato, de 15 años, y Jaime Alba, de 14, alumnos de cuarto de la ESO en el colegio privado Ramón y Cajal, compaginan los estudios con la exploración de cosas nuevas. “Ya se pasó la época en que buscábamos el vértigo en el parque de atracciones, ahora tenemos un punto de vista diferente de las cosas”, apunta Gato. “Mucha gente piensa que somos vagos y solo estamos para nuestras cosas, que se resumen en jugar a la play y salir los viernes pero nosotros también estamos hartos de clichés”, añade Alba. Ambos han creado con el dinero de sus ahorros (900 euros) una firma de ropa, Kuone, que vende camisetas y sudaderas. Tienen planes de ampliación para el verano. En clase trabajan con el iPad y para la asignatura Iniciativa emprendedora, una hora semanal, diseñaron una web que facilita la comunicación para una parroquia del barrio de Caño Roto, surgido en los años 50 para acoger a los inmigrantes,

Todos los adolescentes consultados para este reportaje Darían una oportunidad a Podemos, aunque luego sean como los demás. Gato y Alba sostienen además que todos los partidos son malos y que hay que hacer una limpieza. Y vosotros con quién os quedáis: “Con el partido de en medio”.

http://politica.elpais.com/politica/2015/01/01/actualidad/1420136881_404916.html

USTA Boys' 18 & 16 National Tennis Championships - Early rounds of 16's and 18's singles matches at Stowe Stadium (8/4/08)

La actividad y el ejercicio físico son esenciales para el mantenimiento de la salud. Sin embargo, en la infancia son algo más. Actividad y ejercicio resultan esenciales en los más pequeños para potenciar diversos procesos físicos, prevenir diferentes patologías que puedan desarrollarse en la edad adulta –como el sobrepeso y la obesidad– y fomentar el bienestar psicológico.

Lo recuerdan los especialistas en el Simposio ‘Implementación de la actividad física, objetivo esencial en salud pública’, en el marco del Congreso Extraordinario de la Asociación Española de Pediatría (AEP) que se ha celebrado en Madrid. Así, niños y adolescentes deben practicar actividad física de moderada a vigorosa al menos una hora diaria durante cinco días a la semana y las actividades sedentarias no educativas no deben exceder las dos horas diarias.

El sedentarismo es un problema para la salud, equiparable a la hipertensión o el tabaquismoLa doctora Rosaura Leis, coordinadora de la Unidad de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela y Profesora Titular de Pediatría de esa universidad, destaca que “el importante aumento de la obesidad en nuestro país en los últimos años guarda estrecha relación con los profundos e importantes cambios acontecidos en nuestros hábitos, como el descenso de la actividad física y el aumento de la inactividad y el ocio pasivo”.

Para el doctor Gerardo Rodriguez, del Grupo de Actividad Física de la Asociación Española de Pediatría, “el sedentarismo es un grave problema para la salud, equiparable a otros factores como la hipertensión, la hipercolesterolemia y el tabaquismo”. Según este experto, “la última Encuesta de Salud de España muestra que el 12% de los niños entre 5 y 14 años y el 45% entre los 15 y los 24 años realizan nula o escasa actividad física“.

A este respecto, Javier Rico, gerente de la Fundación Deporte Galego, aboga por la intervención en centros escolares como fórmula para el fomento de la actividad física, ya que “intervenir en los centros educativos permite actuar sobre el 100% de la población en edad escolar”.

Igualmente, la profesora Marcela González-Gross, del Departamento de Salud y Rendimiento Humano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte-INEF de la Universidad Politécnica de Madrid y miembro de CIBERobn, “la actividad física proporciona un equilibrio psicofísico y un aumento de la capacidad funcional de los diversos sistemas orgánicos”.

Maduran las neuronas y los huesos

Pero además, añade, en la infancia resulta determinante para potenciar el crecimiento y desarrollo, tanto neurológico como músculo-esquelético, facilitando una mayor mineralización de los huesos y mejorando la salud ósea en la edad adulta. Junto a ello, la actividad física desde edades tempranas favorece la maduración del sistema nervioso motor y aumenta las destrezas motrices, además de ayudar al control del sobrepeso y obesidad, previniendo la obesidad en la edad adulta. También mejora el estado de ánimo y aumenta la autoestima, fomenta la sociabilidad y aumenta la autonomía y la integración social”.
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Según esta experta, “en la actualidad, las condiciones de vida urbana, seguridad, horarios de actividades curriculares y ocio condicionan la actividad física en cuanto al tiempo, el lugar y las modalidades, pero es importante que el niño y adolescente incorpore la actividad deportiva como un estilo de vida, en el que el pediatra tiene un rol fundamental”. Aunque el consenso científico recomienda ejercicio una hora la día cinco días a la semana, los expertos consideran importante adaptar la actividad física a las diferentes etapas de crecimiento. Así la profesora González-Gross diferencia entre la edad preescolar, la edad escolar y la pre-adolescencia y adolescencia.
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“Entre los 2 y los 5 años el objetivo es estimular la percepción sensorial, la coordinación motriz y el sentido del ritmo, mientras que entre los 6 y los 12 años se trata de buscar el dominio y control del equilibrio junto a la adquisición o perfeccionamiento de movimientos automáticos –explica–. Entre los 10 y los 11 años es importante no insistir en el carácter competitivo del deporte y que se practiquen varios diferentes y ya en la adolescencia, es relevante evitar el abandono del ejercicio físico”.

http://www.20minutos.es/noticia/2161778/0/ninos-adolescentes/ejercicio-diario/estilo-vida/

En muchas casas hay temas tabú, como el divorcio, la muerte, el sexo… evitándolos, algunos padres piensan que eluden los conflictos, sin darse cuenta de que tal vez estén generando más de los que evitan. Todos los padres deben comunicarse con sus hijos de forma efectiva, ¡la consecuencia de no hacerlo puede ser desastrosa en su relación!

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Cuando les falta comunicación, los niños pueden llegar a sentirse aislados, haciendo que se retraigan, tengan ansiedad y se vuelvan incapaces de hacer frente a las dificultades.

¿Te has dado cuenta que todos, cuando podemos hablar de las cosas que nos preocupan y desahogarnos, somos más felices y estamos más relajados? Es muy importante que los niños de todas las edades se sientan cómodos hablando con sus padres sobre cualquier tema, y que sientan que ellos les escuchan. Leer un periódico o ver la televisión mientras tu hijo te está contando algo, o que te pregunte algo importante y no les estés prestando atención, no está bien, piensa que puede tratarse de algo importante.

cont-ninos-sexoSi realmente no dispones de unos minutos para dejar lo que estás haciendo y charlar con él o con ella sobre lo que necesite saber, ya sea de sexo o de cualquier otra cosa, demuéstrale que te interesa y queda para hablarlo más tarde, cuando estés más relajado y tengas tiempo.

Programa conversaciones serias. Si tienes que tratar un tema que atañe a todos los miembros de la familia, como un divorcio, una mudanza, las tareas o el toque de queda a la hora de salir, espera a que estéis todos o convoca una reunión familiar formal, donde cada miembro de la familia tenga la oportunidad de hablar o expresar sus dudas y preocupaciones.

Entender su silencio. Si los niños no quieren hablar de un tema en un momento determinado, algo que suele suceder durante la adolescencia, acéptalo y trata de hacerles saber que estarás disponible para hablar más adelante, cuando ellos estén preparados para hacerlo.

Cuide su lenguaje corporal. Los brazos cruzados y una mirada de enfado o impaciencia no harán que los más pequeños se sientan cómodos a la hora de abrirse o expresarse. Si están sentados en el suelo, siéntate junto a ellos junto a ellos para ponerte a su nivel y hacer tanto contacto visual, demostrándoles que estás escuchándoles, que estás con ellos.

Pregunta. No siempre es posible saber a la primera cuándo y de qué debes hablar con tus hijos, así que si tú quieres hablar de algo concreto, pregúntales o aprovecha sus preguntas para abordarlo.

Elige el momento adecuado. Procura no discutir un asunto importante con tus hijos nada más llegar a casa de la escuela o cuando tú llegues del trabajo. Es importante estar tranquilo y tener la cabeza despejada para transmitir el mensaje con calma y claridad.

Buena y mala comunicación. Manteniendo una relación fluida y una comunicación adecuada, ayudarás a tus hijos a expresar sus opiniones, escuchar la tuya y a resolver con éxito los problemas. No juzgues o etiquetes de forma automática, si los niños te cuentan algo y tú les dices “no seas tonto, eso es ridículo”, podrían creer que sus opiniones no son válidas y podrían optar por dejar de contarte las cosas.

Atacar el problema y no a la persona. Por ejemplo, cuando tengas que regañar a tu hijo, dile “no puede ser que no les de comer al perro”, en lugar de “eres perezoso”. Tampoco debes decirle a los adolescentes que son unos irresponsables por fumar, en lugar de eso, pregúntales por qué y cómo han decidido empezar a fumar, gánate su confianza para que les resulte más fácil contarte cosas y ayudarles a encontrar una solución.

No interrumpas. Puede causar que los niños dejen de escucharte o que se pongan a la defensiva, e incluso sientan rencor. Dales a tus hijos la oportunidad de terminar lo que están diciendo antes de hablar tú. Además, procura no hacerles de menos ni tratarles como si fueran menos importantes, esto incluye gritos, mofas, palabras mal sonantes y cargarles la culpa.

No mientas. Puede ser incómodo hablar de sexo con su hijo adolescente, pero apuesta por ser abierto y sincero, eso le animará a ser igual de honesto contigo.

No niegues los sentimientos, compréndelos. Si un niño está triste por no haber ganado una carrera, por ejemplo, dile algo como “sé que realmente querías ganar. Es duro perder a veces. ¡Habrá otra ocasión y entonces lo conseguiremos!”.

https://www.proximaati.com/familia/ninos/articulo/mama-papa-hablad-con-nosotros